Saludos, gente! ^^
Aquí llega el primero de los capis subidos de tono… O.O
Bueno, ya he hecho un par de lemons antes, pero para este fanfic me he esforzado en sacarle un partido más… "picante" que antes, ha sido como mi pequeña evolución personal ^^
Me serían muy útiles todo tipo de críticas, sobre todo para futuros fanfics/one shot d Ace y Marco (aunque no serán tan largos como estas 2 historias, xk es agotador XD)
No os distraigo más, espero que lo disfrutéis^^
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Mentira nº 20: Nada más terrible que una tentación para el que no sabe caer en ella.
Ace sinceramente no se esperaba el ardor que se apoderó del primer comandante. Inmediatamente se abalanzó en busca de sus labios dejándole en un estado de confusión total, incapaz de reaccionar ante aquello. Marco se abandonó. Nunca se había acostado con nadie en el barco, mucho menos lo haría en otro lugar que no fuera su cuarto, pero en ese momento avanzó a tientas hacia la cama de Ace aferrando su cuerpo casi con desesperación, sin darle la oportunidad de resistirse. Los muelles chirriaron cuando ambos se derrumbaron en ella. Prácticamente devoraba los labios de Ace como si fueran un manantial y él estuviera sediento en el desierto mientras que lo estrechaba cada vez más contra él. Cuando se detuvo para dejar que Ace tomase una profunda bocanada de aire, jadeante, comenzó a besar su garganta, cubriéndola con besos febriles de sonidos húmedos, probando el sabor salado de su piel en contacto con su lengua caliente y áspera.
-M.. Ma-ah… Marco, es-esper… – le acalló de nuevo con un ardiente beso, indagando exigentemente en él como si quisiera beberse su aliento.
Ace cedió irremediablemente, empezando a perderse entre tanta pasión vehemente. Mientras sus bocas estaban ocupadas, los brazos de Marco dejaron de rodearle el cuerpo deslizándose hacia delante en el casi inexistente espacio entre ellos, recorriendo su pecho y pellizcando con suavidad sus oscurecidos pezones. Ace se arqueó involuntariamente con una exhalación y Marco se separó ligeramente esbozando una sonrisa satisfecha ante la abochornada expresión que se dibujó en el rostro del segundo comandante. Era imposible no sucumbir ante tanto encanto. Acarició sus labios con su nariz notando cómo Ace apoyaba las manos en el colchón en un vano intento de retroceder. No dudó en impedírselo aprisionándole con su propio peso deslizando sensualmente una pierna entre las de él, haciéndose sitio, mordiendo aquel cuello fuerte y moreno que tanto adoraba. Ace abrió los ojos desorbitadamente sintiendo que todo se estaba precipitando. Le encantaba cuando Marco le miraba con aquellos ojos inundados de deseo. Amaba cuando tocaba su pecho suave e intensamente, pero aquellos besos hambrientos y las demandantes caricias del rubio le intimidaban. Se sentía estúpidamente cohibido, y al mismo tiempo impaciente. Sólo necesitaba un momento, apenas un instante para ordenar sus ideas y… Oh, Dios… Ace cayó en su propio torbellino de lujuria apasionada ante el contacto de una cálida mano deslizándose sigilosamente entre sus piernas. Antes de darse cuenta empezó a empujar instintivamente contra la tentadora presión, jadeando, sintiendo cómo la excitación crecía en él bajo las expertas caricias de Marco. No fue consciente de lo lejos que estaban llegando hasta que Marco enredó sus dedos entre su pelo e intentó hacerse paso con la lengua hacia su boca al mismo tiempo que frotaba la palma de su mano firme e insistentemente contra él, más fuerte, exigente, haciéndole gemir. Ace se apartó bruscamente de él y se dio de espaldas contra el cabecero de la cama con la respiración entrecortada y las piernas todavía ligeramente abiertas. Marco se detuvo al ver la reacción del más joven. Se quedaron mirándose sin saber qué decir.
-…Perdona, Ace, no pretendía ser tan…
-N-no, Marco – sonrió nerviosamente, venciendo su momentánea sorpresa -, es que estoy… un poco nervioso, es todo.
Después de un instante Marco sonrió dulcemente, comprensivo. Había sido demasiado impetuoso, demasiado exigente. Le había intimidado. Quizás Ace no estaba listo para aquello después de todo por mucho que lo desease. Quererlo y hacerlo eran dos cosas muy diferentes. Él no quería presionarle. Quería que Ace se entregase a él cuando estuviese dispuesto, pero quizás aún era demasiado pronto. Todo aquello era nuevo para él y aunque las bromas y los besos no le suponían un gran problema, Marco podía entender que ir a mayores sí que era un paso que sólo Ace podía decidirse a dar. Suspiró.
-Dejémoslo ahí – Ace le miró confuso -. No estás listo, ni curado tampoco. Esto puede esperar.
-Pero, de verdad que yo…
-Tenemos mucho tiempo – continuó, bajando suavemente la voz y acercando su rostro al de Ace -. Puedo esperar un poco más – besó su frente para después fundirse en un cálido abrazo añadiendo junto a su oído -. No quiero que te sientas presionado, puedo entender lo que sientes.
Ace negó enérgicamente con la cabeza sin dejarle terminar y subió las manos hasta los hombros de Marco y les giró a ambos hasta quedar arrodillado encima de él. Todavía erguido, se le quedó mirando desde allí. Tenía pensado a decir algo firme y convincente, pero las palabras sencillamente no acudieron a sus labios. Marco no se movió, simplemente se quedó tumbado en el colchón mirándole con seriedad antes de hablar por él.
-No tienes por qué llegar hasta el final con esto. Lo sabes, ¿verdad? – esa pregunta sí que logró hacerle vacilar.
-B-bueno, sí, pero es que yo…
Se quedó en silencio. La vacilación se había apoderado de él sin que pudiera ocultarlo y Marco pudo verla en sus ojos con innegable nitidez. Estaba ansioso por complacerle, pero iría despacio, mostrándole lo que deseaba de él y ofreciéndole más a cambio. Todavía tumbado, Marco alcanzó uno de los brazos que sujetaban sus hombros y lo apartó suavemente para empujarle lentamente hacia atrás hasta devolverle de nuevo a la cama sin decir nada. Ace se recostó despacio, guiado por los brazos del hombre que volvía a estar sobre él. Marco le dedicó una sonrisa tranquila, simplemente apoyado en su pecho antes de iniciar un beso lento y largo al que Ace accedió sin reservas.
-Está bien, no pasa nada, Ace – el rubio entrelazó sus dedos con los de él y le besó las manos antes de mirarle con aquellos ojos en los que sentía que podía sumergirse cada vez que los miraba -. Sólo párame cuando no quieras seguir.
Ace fue a decir algo más, poco dispuesto a permitir que siempre tuviera que contenerse por su culpa, pero se detuvo al ver cómo Marco se llevaba sus dedos a los labios y los besaba uno a uno, mirándole con intensidad. Suspiró. Sentía que podría derretirse cuando le miraba así. Entonces Marco entreabrió los labios y le mordisqueó el dedo índice haciéndole sonreír… para después deslizarlo dentro de su boca suavemente. La respiración de Ace se agitó en respuesta, pero no lo retiró. Hizo lo mismo con su dedo corazón y anular. Primero uno a uno, luego dos, y luego los tres juntos. Para entonces Ace ya era plenamente consciente de cómo había vuelto a despertarse el deseo en su ser, preguntándose con desesperación como era posible que algo tan simple pudiera excitarle de forma tan bestial. Los labios de Marco acabaron por abandonar sus manos cuando comprobó que el muchacho se había relajado de nuevo entrecerrando los ojos suavemente y pasó a tentar los nervios tiernos de su cuello. De allí a la cicatriz de su pecho, su estómago y…
-A-ha… Mn… Mar…
Sonrió suavemente satisfecho cuando al separarse ligeramente de él para acomodar mejor su cuerpo, Ace se arqueó contra él y gimió suavemente, llamándole. Sus besos bajaron por su abdomen hasta pasarle la lengua por el ombligo y empezó a trazar un camino descendente logrando que un ligero escalofrío recorriera la espalda del más joven y abriera los ojos para mirarle al sentir el rumbo que había tomado su boca. Ace tragó saliva con el pulso desbocado.
-Marco, no…
¿Te gustaría que lo hiciera? – Marco no levantó la cabeza de su estómago mientras esperaba que Ace le contestase. Besó su vientre y después describió un círculo con su lengua en torno a la pequeña depresión de su ombligo comprobando complacido que Ace se arqueaba de nuevo hacia él con la respiración entrecortada.
-A-ah… ah… S-sí, pero…
-¿Y quieres que lo haga?
-Y-yo…
Gimió sin ser capaz de dominar sus palabras sintiéndose al borde del hedonismo. Marco sonrió al comprobar que no podía contener un jadeo cuando comenzó a juguetear con la hebilla de su pantalón. Las manos de Ace se crisparon sobre las sabanas a ambos lados de su cuerpo en un intento de dominar los incipientes espasmos de su cintura cuando las manos de Marco acabaron por aflojarle el cinturón y se lo deslizó hasta quitárselo mientras le sostenía la mirada con una provocadora sonrisa en los labios. Entonces noto como sus dedos llegaban al botón de sus pantalones y lo desabrochaban con descaro sin dejar de mirarle en ningún momento antes de deslizar su rostro aun más abajo, asegurándose de dejar un rastro de besos húmedos a través de su vientre. Pasó las manos una vez más a través del pecho desnudo y las fue bajando poco a poco hasta el pantalón, lentamente.
Ace sentía que Marco iba a matarlo de excitación de un momento a otro si seguía provocándole de aquella manera. Esa imagen… Tenerle mirándole desde su vientre le recordaba tanto al sueño erótico que había tenido con él semanas atrás… Entonces sólo había sido un deseo reprimido, pero ahora… no podía creer que aquello fuera real y Marco estuviera dispuesto a… Un ronco jadeo escapo de sus labios cuando sintió sus manos sujetar su cintura y al mirar… Dios… Marco esperó a que él mirase para coger la cremallera con los dientes y empezar a bajarla muy, muy despacio. Prolongando la espera.
-D-dios, Marco…
Alcanzó a oír una risita entre dientes, pero el rubio no subió el rostro para mirarle hasta que no hubo abierto por completo la cremallera. Marco le sonrió provocadoramente desde allí y continuando la broma se relamió los labios con todo el descaro sin separar sus ojos de él.
-Se te ve contento.
-Bas-bastardo…
Ace maldijo a Marco y su malintencionado comentario. Aquello le hizo tomar plena conciencia de aquello que crecía en el sur de su cuerpo. Y entonces notó el pálpito de su deseo, el ardor… Nada más sentirlo notó su corazón desbocarse y su cuerpo reaccionó antes que su propia mente. Su respiración se volvió pesada y agitada y sus gemidos aumentaron de volumen sin acordarse de reprimir la voz, resonando en todo el camarote cuando Marco se aventuró a acariciarle a través de la fina tela que aún quedaba separándoles. Su mirada recorrió el joven cuerpo que tenía bajo él sin disimulo alguno mientras Ace se entregaba al torrente de sus deseos. Todo el calor y toda la excitación que brotaba de su ser refulgía en sus extasiados ojos negros con el mismo fuego que embriagaba su cuerpo de forma febril. Marco ya podía notar que su propio miembro estaba plenamente despierto, estimulado por aquellos gemidos que se oían por toda la habitación envolviéndolos por completo, pero era en Ace en quien quería centrar toda su atención.
La única prenda que le quedaba encima eran los bóxers rojo vino que ya de nada servían para ocultar la más que evidente parte de su anatomía que se adivinaba debajo. Recorrió el borde elástico con los dedos jugueteando con él al mismo tiempo que sus labios regresaban al pecho de Ace para torturarlo a besos arrancándole más de aquellos deliciosos jadeos, mortificándole con cada roce. La respiración del moreno se volvió irregular y pesada. Sus manos buscaron la nuca de Marco para tirar de él reclamándole un beso desesperado que tuvo que romper con un ronco gemido cuando Marco aprovechó ese instante para aventurar sus dedos bajo la tela más allá del corto vello negro incipiente, acariciándole en su necesidad iniciando un movimiento lento y constante.
Ace se arqueó en el colchón sin ser capaz de dominarse y apenas unos minutos después, cuando ya estaba aferrado a las sábanas siguiendo con la cintura el ritmo que aquella mano había impuesto en su ser, el cálido aliento de Marco que se estrellaba contra su boca desapareció y la rítmica caricia se detuvo. Ace abrió los ojos con lentitud, desorientado por aquel cambio y jadeando totalmente insatisfecho. Entonces, antes incluso de atinar a preguntarse qué había sido de Marco, sintió el inesperado golpe de húmedo calor cubriendo lentamente su miembro hasta que estuvo entero, reanudando un nuevo movimiento de vaivén pausado y regular que definitivamente le robó el juicio apenas hubo empezado.
-¡Ahh…!¡Mar-Marco…! A-aah… mn-hnf… Ahh… Marco… N-no… no pares…
Su aliento se convirtió en un hálito desesperado. Sus manos buscaron delirantes el cabello de Marco por pura inercia y se aferró a él guiando febrilmente sus movimientos. Aquella boca… le estaba destrozando. El perfecto balance entre succiones y roces con su lengua y sus dientes le arrastró rápidamente de una cima a otra cada vez mayor, despojándole de toda razón. Se le nubló la vista. El frenético empuje de su cintura y el balanceo de aquella tortura insoportable empezaron a superarle hasta que todo Ace comenzó a tensarse en rápidos y fulminantes espasmos de placer recorriéndole el atlético cuerpo concentrándose en la parte baja de su abdomen con una fuerte oleada de calor. No podría resistirlo mucho más.
-¡A-aah…!Marco... hnn… Marco… Mar… ¡A-aahhh…!¡N-no puedo…!
En condiciones normales, Ace habría tratado de aguantar un poco más, pero Marco le había enviado directamente al éxtasis apoderándose de su cintura e iniciando una serie de mamadas especialmente lascivas, acabando de arrebatarle toda coherencia posible a los roncos jadeos que escapaban de lo más profundo de su garganta. Con el aliento roto, Ace gimió una vez más el nombre del primer comandante con los ojos fuertemente cerrados, ciego de placer en la cima del paroxismo al que Marco le había arrastrado. Y así, en el momento en que Marco lamió hacia arriba su miembro de una manera particularmente avariciosa y lasciva, Ace se arqueó dominado por los convulsos espasmos que se apoderaron de él. Con los ojos fuertemente cerrados y sus dedos enterrados en el cabello rubio de Marco, se corrió con un grito ahogado en su boca inundando con su esencia la húmeda cavidad ansiosa por recibirle. El sentimiento de liberación pareció no tener fin, consumiendo su cuerpo hasta la médula hasta que se derrumbó en la cama, jadeante.
Sin aliento, Ace cayó inerte en el lecho bañado en sudor, todavía dominado por los electrizantes espasmos del que había sido el mejor orgasmo de su vida hasta la fecha. El cuerpo le temblaba, casi había rozado la inconsciencia al alcanzar el éxtasis. Había sido sencillamente increíble. Sintió la cama ondularse a su lado y los labios de Marco se hundieron en su garganta recuperando él también el aliento para después mirarle sin más con una desvergonzada sonrisa. Ace se quedó allí, jadeando sin ser capaz de moverse ni de pronunciar palabra después de aquello. La garganta le dolía, rajada por las desesperadas bocanadas de aire que había necesitado para respirar, pero no le importaba. Aprovechando el agotado estado del muchacho, Marco apoyó los codos a ambos lados de su cabeza y contempló su obra de cerca. La mirada turbia, ojos ardientes, piel perlada de sudor, rostro sonrojado, labios enrojecidos, aliento agotado… La erótica de aquella imagen que Ace le había entregado era insoportable. El deseo que le estaba minando desde hacía tanto tiempo hacía ahora mella en él con mayor urgencia, acabando por manifestarse en su mirada con una fuerza vehemente. Marco llevaba más tiempo caliente que él, y no estaba hecho precisamente de piedra. Sabía que todavía no podía llegar demasiado lejos con él, pero quería saborear más, tocarle, sentirle… Lo quería todo de él.
Cuando los ojos de Ace se encontraron con los de Marco le devolvió una cansada sonrisa, todavía con el aliento agitado. Fue en ese momento en el que notó la firme dureza que presionaba contra su pierna al estar el rubio ladeado hacia él, sintiendo el intenso palpitar de la sangre a través de su pantalón. Y su mirada… Ninguna mujer le había mirado nunca con un hambre tan voraz como el que ardía en los ojos de Marco. Aquello le recordó que sólo él era el que había salido beneficiado de aquello. Marco se lo había dado todo para hacerle disfrutar, sacrificando su propia satisfacción. Aquello no estaba bien. Ace se recostó en el cabecero con determinación, ganándose una mirada de curiosidad del rubio a la que no respondió. Tan sólo tiró suavemente de él, reclamándole a su altura hasta que se quedó arrodillado sobre su cintura. Marco esperó algún comentario, pero nunca llegó. Apenas un instante después los labios de Ace estaban descendiendo por el pecho desnudo que le ofrecía la camisa abierta del primer comandante, derramando suaves besos sobre su piel. Marco dejó escapar un leve suspiro en respuesta a sus caricias y sintió los dedos de Ace crisparse sobre su cintura al escucharle antes de comenzar a desatarle lentamente el girón de tela celeste que siempre llevaba. Algo en sus movimientos despertó a Marco de su pequeña ensoñación hecha realidad y al percatarse del camino descendente que seguían sus nerviosas manos en su cintura, el rubio las retuvo en un tremendo esfuerzo por ser amable.
-No tienes por qué hacer eso.
-¿Q-qué pasa? ¿Que tú si puedes meterme mano pero yo a ti no?
-Sabes que no es por eso – se quejó el rubio con una suave sonrisa.
-No es justo que…
-Schh…
Marco se inclinó sobre él y delineó sensualmente su labio superior con la lengua pidiéndole paso. Ace frunció el ceño con frustración, pero su boca se abrió gustosamente en respuesta… Sólo para ser él quien se apropió de sus labios. Marco siseó un instante, aturdido ante su fulminante pérdida del control de la situación, pero rápidamente se encontró abriendo más los labios facilitándole su invasión al comprobar la obstinada seguridad con la que Ace se empeñaba en besarle, ofreciéndole el sabor de su propia esencia. No pasó mucho tiempo hasta que necesitaron aire de nuevo y Ace comenzó a reducir el ritmo, volviendo a la ternura y la calidez con la que habían comenzado. El contacto de sus labios fue convirtiéndose poco a poco en pequeños roces hasta que se separó de él para mirarle.
-¿Te ha gustado? – exigió saber.
-Sí, Ace. Me gusta.
-Entonces cállate y déjame seguir.
La momentánea cara de perplejidad del primer comandante no tuvo precio, y antes de que pudiera agregar nada Ace cortó cualquier posible comentario con un segundo beso. Marco entreabrió los labios cediéndole paso y cuando se separaron para tomar aire Ace rió nuevamente.
-Aunque vas a tener que enseñarme… un par de cosas. No te importa, ¿verdad? – añadió con una sonrisa. Tenía una mirada verdaderamente ardiente, provocándole. Marco no pudo controlarlo. Un estremecimiento de excitación le recorrió por entero al escucharle. Temió no poder dominarse. El chico con pecas sonrió satisfecho cerniéndose sobre su cuello empezando a morderlo al mismo tiempo que le desprendía de su camisa morada, deslizándola hábilmente por sus hombros hasta arrebatársela y tirarla lejos.-. Marco… estás temblando – su voz ronca se le antojó devastadoramente sensual. Su aliento se enganchó al sentir que las manos del más joven le invitaban dulcemente a cernirse aún más sobre él -. ¿Necesitas… que te caliente? – le pinchó, pero fue demasiado. Deseó a Ace sin control.
"Al diablo con todo" – pensó sin contenerse más tiempo.
Marco se había estado esforzando para mantenersu acostumbrada calma, pero su cuerpo le exigía más de aquella pasión abrasadora y ya no le quedaba apenas temple para contenerlo. Al principio se dejó seducir por las suaves indagaciones de las manos de Ace y sus tiernos besos en cuello y hombros, pero no pasó mucho tiempo para que dejara de ser suficiente. La sensación de tener su cuerpo tan cerca y el sentir el calor húmedo de su respiración en su piel fue tan intensa que no llegó a conseguirlo. Los labios de Ace regresaron a su boca para iniciar un ardiente beso mientras sus manos ya estaban acariciando su cintura de nuevo buscando el cierre de su pantalón. No pudo acallar un jadeo. Marco le oyó soltar una risita de satisfacción, pero ésta vez no tuvo aliento para replicarle. Sus manos acariciándole le superaban. Entonces sintió los dedos de Ace ascender por la cara interna de sus piernas hasta que encontraron su hombría, apenas rozándola a través de la tela antes de volver a retirarse. Cerró los ojos y entreabrió los labios dejando escapar un ronco gemido frustrado. Los nudillos se le pusieron blancos por la fuerza con que se aferró a la madera.
-Ah… Ace…
Marco intentó mantenerse ía los ojos cerrados con fuerza y su mandíbula tensa evidenciaba sus dientes apretados, pero no pudo controlar el escalofrío que le recorrió por entero. Era perverso que jugase así con su necesidad, pero aquellos suaves roces le excitaban más de lo que cualquier caricia ardiente podría haber hecho, y Ace lo sabía. La tortura se repitió de nuevo mientras Ace lamía sus labios y Marco se pego aún más a su cuerpo, haciéndole notar plenamente su apremiante excitación contra su cuerpo.
-Sigue, Ace – jadeó con una urgencia que rayaba en la súplica aferrándose con fuerza al cabecero de la cama mientras inconscientemente se frotaba contra él exigiendo más. El muchacho rió levemente sin ocultar su satisfacción, torturándole un poco más antes de hacer lo que le pedía.
Marco dejó escapar un fuerte gemido cuando comenzó a acariciar su miembro suavemente, iniciando una deliciosa fricción. Su cabeza cayó inerte sobre sus hombros y su respiración empezó a volverse irregular a medida el ritmo de Ace se fortificaba y la cintura de Marco le seguía vehementemente. Se mordió los labios sintiéndose extasiado. Él siempre había pensado que como Ace era más joven no tendría aquella clase de iniciativa. Siempre había tenido una imagen de él más… inocente, menos activa… Nunca se había esperado que el puñetero fuese tan bueno siendo tan joven y sin ninguna experiencia con hombres, pero lo que estaba haciendo era… era… oh, Dios, era glorioso. Le encantaba. Desde allí le llegaba el intenso aroma del almizcle de Ace mezclado con el suyo, desatando un nuevo latigazo en su hombría que acabó por hacerle perder el control por completo. Era demasiado. No podía soportarlo un minuto más. Marco empezó a exigirle lo que quería de él en lugar de esperar a que Ace se lo diese. Presionó una palma sobre su pecho y le empujó hacia atrás hasta tumbarle de nuevo, acomodándose entre sus piernas al mismo tiempo que tomaba sus labios en un beso exigente, impulsivo.
Ace vaciló medio segundo antes de ceder ante él, ofreciéndole todo su ser para explorar y entregarse a aquel placer que su cuerpo le exigía sin que tuviera que sentirse responsable de nada al mismo tiempo que incrementaba la rapidez de sus caricias. Marco rompió el beso con una exhalación, jadeando con fuerza. Se rindió a sus más exigentes necesidades y antes de darse cuenta empezó a empujar a la desesperada contra aquella mano suave y firme. Ace dejó de besarle y levantó la vista hacia él para mirarle mientras Marco buscaba aire entre jadeos. Sintiéndose totalmente al límite cuando los espasmos invadieron su cintura, exclamó su nombre con voz ahogada en el mismo instante en que tocó el cielo y su esencia se derramó entre los dedos de Ace. Se besaron intensamente, derrumbándose en el colchón cuando Marco enterró su aliento en sus labios envolviéndole en un abrazo posesivo para finalmente dejarse caer a su lado, exhausto. Ace se limpió las manos discretamente en el colchón disfrutando de la sensación el ardiente cuerpo de Marco junto el suyo mientras sus respiraciones volvían a la normalidad. Al final había conseguido que se dejase llevar ante él por una vez y le mostrase aquella visión tan tremendamente sensual del rubio tirado en la cama jadeando suavemente con los ojos nublados por el orgasmo. Ace se quedó mirándole hasta que giró el rostro hacia él. Entonces Marco se apoyó en un codo para regalarle un beso mucho más lento y suave, compensando la brusquedad del que antes le había robado. Ace se limitó a cerrar los ojos y responder con la misma lentitud, satisfecho.
-Al final gemiste mi nombre – comentó sin ocultar su complacencia. Marco sonrió suavemente, concediéndoselo. Entonces rodó a su lado y le abrazó antes de volver a besarle.
-Me pillaste por sorpresa… No creía que fueras a hacerlo.
-¿Es una acusación? – rió.
-Todo lo contrario. Me ha encantado – los ojos de Marco le capturaron cuando se cernieron sobre él -. Pero aun así casi no puedo esperar a hacerte mío – Ace no pudo evitar que la sonrisa vacilase en su rostro.
-¡¿Y p-por qué leches tengo yo que ser pasivo por gusto?
-Porque te deseo – el sensual susurró de Marco logró hacerle estremecer ligeramente -. Y cuando estés mejor quiero tomarte la primera vez que lo hagamos.
-P-pues yo creo que eso es pedir demasiado – tartamudeó, abochornado -. No sé qué te hace pensar que yo…
-¿Te has puesto rojo?
-¡No te rías de mí, imbécil! Si es que no se por qué duermo contigo – refunfuñó.
-Porque me quieres.
-Hah. Yo no he dicho eso nunca.
-Pero lo piensas...
Ace abrió un par de veces la boca en un vano intento de devolverle la aguda réplica, pero sencillamente no encontró el modo. Mosqueado, tiró de la sábana para taparse y le dio la espalda haciéndose el ofendido cubierto de pies a cabeza con un intenso rubor.
-Tú también lo piensas – masculló después de un silencio tan largo que estaba casi convencido de que Marco se habría dormido.
-Pero yo lo reconozco.
El chico con pecas se giró hacia el rubio encontrándole exactamente en la misma postura. Simplemente se había quedado esperando a que le contestase con la total seguridad de que Ace le replicaría. ¿De verdad era tan transparente para él? Marco aprovechó aquel instante de perplejidad para abrazarle. Besó su frente y hundió el rostro entre su pelo negro azabache, inspirando su aroma y dejando que su cuerpo se relajase.
-B-buenas noches, Marco – masculló.
-Buenas noches, Ace – Marco se sonrió suavemente. Quería que lo supiera: él siempre tendría la última palabra.
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*(yuriko se esconde tras una silla)* XD
