Finalmente aparezco! Vale, vengo con retraso, es cierto, pero el último capítulo de esta maravillosa aventura se me ha resistido hasta esta mismísima mañana. Ha sido un auténtico infierno terminarlo, en serio XD
Ni siquiera he contestado los reviews anteriores (si, lo se, muy feo T.T) porque estaba literalmente desquiciada con mi existencia, pero POR FIN! Eso ya ha pasado para bien o para mal ^^
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Mentira nº 22: Un enemigo que no respeta tu familia, no merece tener un nuevo día.
Marco despertó despacio con la extraña sensación de que faltaba algo. Rodó a un lado perezosamente y fue entonces cuando notó que no tenía almohada. Frunció el ceño con fastidio y alargó una mano alrededor de su cabeza tanteando la cama todavía con los ojos cerrados por pura pereza. No dio con ella. Pestañeó pesadamente y se giró un poco hacia la cálida depresión que se hundía a su lado. Una encantada sonrisa se dibujó en su rostro ante la visión del cuerpo desnudo de Ace abrazado a la dichosa almohada de la que se había apoderado, todavía durmiendo a pierna suelta como si ninguna de las responsabilidades que debía asumir como comandante del segundo escuadrón fueran con él. Permitiéndose observar cada detalle de su cuerpo sin que nada entorpeciera la vista, Marco no pudo evitar pensar que podría acostumbrarse muy fácilmente a despertares así. En su desnudez, Ace era aún más apuesto (si es que aquello era posible) a pesar de aquella estampa casi infantil. Pasó la yema de sus dedos siguiendo las suaves ondulaciones de su vientre y sus abdominales provocándole un ligero escalofrío. Le oyó murmurar una protesta en sueños y sonrió al escuchar su nombre salir de sus adormecidos labios. Ace se giró dándole la espalda, mostrándole la tremenda cicatriz que estaba allí al igual que en su pecho. Marco se apoyó en uno de sus codos y besó con delicadeza la piel sensible y ligeramente rugosa antes de pasar un brazo por la cintura del otro hombre y arrimarse hacia él.
-Vamos, bella durmiente – susurró suave y juguetonamente en su oído -. Va a perderse usted el desayuno.
-Hmmmh… ¿Q-qu…? – Ace abrió un ojo trabajosamente y giró la cabeza lo justo para ver a Marco abrazado a él, tras lo cual se aferró aún más firmemente a la almohada y volvió a hundir la cara en ella -… Huf… cinco minutitos más, anda…
-No quiero – respondió Marco imitando su voz adormilada y caprichosa.
-Hmnn… Que te jodan… – le replicó sin energía.
-¿Quieres hacerlo tú? – susurró en su oído sensualmente notando cómo se estremecía. Al no recibir respuesta dio un suave mordisco a su hombro aprovechando para comprobar que sus orejas estaban teñidas de un rojo intenso. Marco rió entre dientes imaginándose cómo estaría su cara -. Está bien, cinco minutos, pero ni uno más.
Se desperezó ampliamente antes de levantarse de la cama pasándose las manos por la nuca rapada con un bostezo. Recogió su ropa esparcida por ahí y la dejó a un lado antes de buscarse una camisa limpia y encaminarse a la ducha sin que Ace diera la más mínima señal de estar pensando en levantarse. Abrió una de las claraboyas para dejar entrar el aire fresco de la mañana ganándose una nueva puya hacia su persona que sencillamente pasó por alto con una suave risita. Abrió el grifo de la ducha para hacer tiempo mientras se calentaba el agua y el alegre goteo empezó a sonar suavemente por toda la habitación. Ace se revolvió en la cama tapándose hasta arriba en un vano intento de amortiguar el sonido y oscurecer el ambiente, acabando sumergido en lo que parecía un capullo de seda gigante. Rodó un par de veces buscando otra vez la postura ideal, pero ya no había manera. Marco le había desvelado. Refunfuñó por lo bajo y apartó la colcha y las sábanas sentándose con un gran bostezo. Cuando abrió los ojos de nuevo pesadamente vio a Marco con una toalla liada en la cintura y dirigiéndose hacia él con lo que le pareció un paso demasiado seguro para su gusto.
-Los cinco minutos ya han pasado – sentenció al llegar ante la cama. Antes de que Ace le mandara a tomar por culo de nuevo echó todas las sábanas a un lado y le cogió de la muñeca haciéndole levantarse.
-¡¿Q-qu…? ¡Co-coño, Marco, espera, que estoy en bolas!
-No te hace falta la ropa.
-¡O-oye! ¡Joder…!
Ace soltó un par de tacos y más de una palabra para nada bonita cuando Marco le arrastró literalmente por media habitación y le empujó dentro de la cabina de ducha, justo debajo del chorro de agua. Demasiado fría para su gusto, se quedó encogidito los segundos que Marco tardó en quitarse la toalla y entrar con él cerrando la puertecilla corredera. Sonrió al encontrar como recibimiento a Ace abrazándose a sí mismo con cara de pocos amigos.
-Podría haberlo hecho yo solo.
-Era urgente, no sabes el pestazo a macho que echas.
-¡Es por tu jodida culpa!
Marco se sonrió de nuevo, aprisionándole sensualmente contra la pared en busca de un beso mientras el agua ya caliente se deslizaba por el cuerpo de ambos. Ace le miró con cara de circunstancias, sin dejarse.
-No me vas a convencer con esas – refunfuñó.
-¿Siempre te levantas así de gruñón en la intimidad?
-Me parece que tienes un concepto de "intimidad" un tanto especial. Yo no veo muy íntimo arrastrarme medio dormido y desnudo por medio cuarto para después meterme en una ducha helada y esperar que esté contento.
-Ya no está fría.
-¡Que no me cambies de tema! Y no pienso hacerlo ahora – añadió al verle las intenciones cuando los brazos de Marco le rodearon para estrechar el cuerpo desnudo de Ace contra el de él.
-Anoche te gustó en la cama, ¿por qué no iba a gustarte aquí? – ronroneó contra sus labios con una mirada ardiente.
-Pero es que anoche no… a-ah – vaciló cuando los dientes de Marco encontraron los nervios tiernos de su cuello al tiempo que su cintura iniciaba un sensual movimiento que hizo a Ace cerrar los ojos con los labios entreabiertos.
-Sigue.
-…Ah…noche no me sentía como si no pudiera andar cómodamente en una semana – jadeó, sofocado – Marco rió en su oído.
-Sólo son un par de agujetas.
-¡¿Agujetas? ¡Esto no son agujetas! – bufó.
-Exagerado – sonrió.
-¡Pero y tú qué sabes!
-Sé distinguir cuándo mientes, ¿crees que no voy a saber cuándo exageras?
-¡¿Entonces te da igual?
-Claro que no.
-Además, ¿es que tú piensas ser siempre así de… activo? – Marco parpadeó ante la pregunta.
-¿Te gustaría más si no lo fuera?
-Sí, bueno, no. No lo sé, yo no quiero – levantó los ojos hacia él asegurándose de que Marco hablaba tan en serio como él -… No es nada personal y no es que no… que no me guste, que me ha encantado – se apresuró a aclarar, abochornado al reconocerlo -, pero es que ser pasivo no me hace sentir muy… masculino.
Marco no dijo nada ni tampoco se movió. Simplemente se quedó mirándole con seriedad a través del fino vaho que les envolvía a ambos dentro de la estrecha cabina de ducha. La incomodidad de Ace creció por momentos mientras se llevaba una mano a la nuca desviando la mirada.
-¿No estarás… enfadado, verdad? No pretendía molestarte…
-Puedes tocarme y besarme siempre que quieras, Ace, no tienes que pedirme permiso. Soy absoluta y exclusivamente tuyo.
-Ya lo sé – murmuró, abrumado por la facilidad con la que aquellas tiernas palabras salían tan fácilmente de los labios de Marco.
-Soy absoluta y exclusivamente tuyo – repitió dulcemente en voz aún más baja al comprobar cómo todo el cuerpo de Ace reaccionaba ante la suavidad de su voz -. Si quieres algo de mí sólo tienes que cogerlo.
-Ya lo…
-Soy tuyo, Ace.
El chico con pecas le miró sin poder evitar la cara sorprendida e innegablemente complacida que estaba seguro de tener. Sabía que Marco podía ser muy seductor cuando se lo proponía, pero verle (y sobre todo oírle) tan entregado a él, aparte de conseguir impactarle, desataba en Ace una sensación muy dulce cercana al deseo.
-Bésame, Ace…
La atracción de la voz de Marco fue como una caricia que le recordó que el hombre al que amaba estaba allí mismo, ante él, con las finas gotas de agua caliente deslizándose sobre su cuerpo desnudo. Las pupilas de Ace se dilataron más, devorándole con la mirada. El rubio era sencillamente demasiado sensual sin necesidad de hacer nada. Su maravillosa sonrisa, su largo y atractivo cuello, sus ojos… Ace entreabrió los labios tendiendo el rostro hacia Marco, trayendo su cuerpo más cerca de él sintiendo la calidez húmeda del otro. Dejó su lengua probar los labios del rubio antes de profundizar en él iniciando un beso intenso, sensual, apasionado. Marco suspiró con los ojos suavemente cerrados, entregándose al deleite de sus propias sensaciones sin tomar ninguna iniciativa por una vez, ni siquiera cuando Ace profundizó en su boca de forma más exigente empujándole contra la pared de azulejos con una exhalación, tomando el control de forma vehemente. El aliento de Marco huyó de él y un ronco gruñido escapó de su garganta murmurando el nombre de Ace aferrado a su cintura con mayor firmeza. Ace se sonrió. La sensación de victoria era deliciosa. Siguiendo un impulso, capturó sus muñecas ganándose una mirada desconcertada de Marco cuando sus manos se entrelazaron con las de él sobre la pared y las mantuvo a ambos lados de su cabeza acercando su rostro al suyo con una sonrisa pendenciera.
-Creo que me debes unos cuantos jadeos y no pocos gemidos, Marco – ronroneó contra su boca. Los ojos del rubio cobraron un brillo provocador y divertido al escucharle.
-¿Quieres más?
Ace ejerció una ligera fricción con una de sus piernas contra la incipiente e indisimulable erección de Marco haciendo que soltase una bocanada de aire y logrando que sus ojos se abrieran de par en par, sofocado. Los labios de Ace se cernieron de nuevo sobre su piel y su boca comenzó a explorar su garganta con leves roces y firmes mordidas, vagando sobre su cuello antes de volver a subir y detenerse junto al lóbulo de su oreja para respirar sobre ella. Lentamente, le pasó la lengua hacia arriba para probar su sabor antes de morderla.
-Quiero los tuyos, obviamente.
-¿Y a qué se debe este… a-ahh… cambio de actitud?
-No soy tan complaciente como para dejarte hacer siempre conmigo lo que quieras.
-¿Y en qué has pensado, si puede saberse? – preguntó Marco con una sensual media sonrisa y un brillo pícaro en la mirada.
Al momento siguiente los labios de Ace estaban de nuevo en los de él sintiendo el cuerpo de Marco desprender mucho más calor que antes, un calor que sospechaba no tenía ya nada que ver con el agua caliente que todavía llovía sobre ellos a través del vaho. El rubio gimió de nuevo. Le gustaba. Definitivamente leencantaba que Ace quisiera ser dominante con él, y verle tomándoselo tan en serio era verdaderamente excitante.
-¿No crees que vas un… poco rápido… para empezar? – objetó sin resuello juguetonamente.
-Es culpa tuya por estar tan jodidamente bueno – jadeó Ace presionando su propia erección contra la de Marco en la breve pausa que necesitaron para recuperar el aliento -, y tremendamente cachondo – añadió. Marco resopló profundamente. Tendría que haberse imaginado que el vocabulario de Ace acabaría por volverse más desvergonzado y lascivo en cuanto tuviesen más confianza, al fin y al cabo estaba en su carácter el ir provocando por la vida. No es que lo estuviera lamentando, claro, pero oír aquella clase de comentarios salir de su boca era como una droga. Potente y exquisita. Entonces notó una de las manos del moreno buscar la suya para hacerla descender hasta su miembro impacientemente, incapaz de esperar más -. Acaríciame – suplicó Ace con la voz llena de ardor y vehemencia. Para su desgracia, Marco no se dejó arrastrar por la lujuria tan rápidamente como él.
-Pensaba que no querías que yo fuera dominante – ronroneó, envolviendo su hombría sin iniciar ningún movimiento y aprovechando aquel momento de debilidad por parte del moreno para morderle el cuello mientras le pellizcaba uno de los pezones con su mano libre. Podía oír a Ace empezando a jadear ligeramente al tiempo que las tornas cambiaban de forma fulminante a su favor.
-Y nga-ah… no quiero…
-En ese caso, tendrías que aplicarte más – le regañó inclinándose hacia él comenzando a mordisquear y lamer la piel húmeda de su garganta. Ace gimió en respuesta y echó la cabeza hacia atrás golpeando la pared con un sonido sordo ofreciéndole más piel al rubio, suplicando más. Marco gruñó suavemente con sorpresa y placer sintiendo su propio miembro responder a la demanda, aprisionándole con su cuerpo contra la pared de azulejos en la que hasta hacía un momento había estado él mismo. Había que tener mucha voluntad para no caer en la autocomplacencia cuando se trataba de dar placer o de provocar al otro, pero por desgracia Ace era demasiado impaciente para resistir sus impulsos demasiado tiempo. Y demasiado ardiente. Aún tenía mucho que aprender para volverle loco, pero él desde luego él estaba más que dispuesto a mostrarle cómo -. Quizás necesitas algunas lecciones… – murmuró roncamente contra su boca.
Su comentario consiguió que los ojos de Ace se abriesen como platos y su mirada se volvió turbia cuando Marco ciñó su cintura aún más contra la de él, incitante. Ace le besó hambrientamente y frotó su cadera hacia delante buscando mayor fricción con aquella fastidiosa mano que deseaba tan ardientemente. Perdió la cabeza. Su miembro palpitó cuando oyó su propio nombre brotar de los labios de Marco en un húmedo y provocador murmullo y no pudo más. En cuanto tuvo la oportunidad deslizó su lengua dentro de la boca caliente de Marco, profundizando más luchando por el dominio. Finalmente, Marco rompió el beso dejándole totalmente anhelante.
-Eso ha sido todo por hoy – Marco se separó de él y salió de la cabina de ducha alcanzando de nuevo la toalla para enredársela en la cintura.
-¡¿Qu-qué? ¡No puedes irte y dejarme así ahora! – Ace tardó unas centésimas de segundo en reaccionar antes de salir chorreando detrás de él y tirarle del brazo -. Vuelve ahí dentro ahora mismo – ordenó. Marco se tendió hacia él con una misteriosa sonrisa antes de besarle y empujarle de vuelta a la ducha.
-Toma nota y ven a verme cuando hayas hecho los deberes. Hasta entonces…
-¡Y una mierda! ¡Marco! ¡Marco, ven aquí! ¡Me cago en…! – pero el primer comandante sencillamente se fue cerrando la puerta del baño detrás de él.
"¡Pero será hijo de puta!" Pensó para sí volviendo a encerrarse desquiciado en la cabina y echando un vistazo al panorama de su entrepierna. Joder. ¡¿De verdad se había ido tan fresco dejándole allí con… con…? ¡Coño! ¡¿Con aquel calentón, joder? "Se la va a cargar." Sentenció Ace mentalmente. "En serio, ¡ésta se la guardo!"
Marco no tardó mucho en vestirse y salir de su camarote con paso tranquilo hacia el comedor. Cuando llegó se encaminó a su mesa habitual saludando a los piratas que se giraron hacia él al pasar. Izou ya estaba allí y Vista y Jozu hablaban un poco más allá mientras el okama leía distraídamente la prensa matutina. El primer comandante se sentó frente a él buscando algún otro periódico con la mirada.
-Buenos días – saludó Marco con su habitual normalidad.
-Buenos días, Marco – contestó Izou entregándole el suyo con un grácil gesto antes de empezar a rellenar de tabaco su pipa. Con una cerilla la prendió avivándola con la primera bocanada. El humillo olía ligeramente a menta y flor de cerezo. Parecía una de sus nuevas mezclas extrañas, aunque por lo menos ahora no iba con ese pestazo a todas partes. Izou se sirvió su acostumbrado té verde y después de darle un pequeño sorbo volvió a dirigirse al primer comandante.
-Bueno, qué. ¿Os habéis acostado ya? – Marco suspiró quedamente. Si es que se lo tendría que haber visto venir.
-Sí, Izou, nos hemos acostado ya, así que por Dios deja de preguntármelo todas las mañanas de una puñetera vez.
-Estupendo – comentó despreocupadamente, inclinándose hacia delante y alargando una mano para servirse un par de galletas de canela -. ¿Y qué tal ha ido?
-Izou…
-¿Bien, entonces?
-No sigas por ahí.
-Vale, vale – el travesti hizo un mohín y siguió sirviéndose el desayuno graciosamente -. Desde luego que mira que tenía que tener Thatch paciencia contigo. Es que no se te puede preguntar nada.
-No creo que mi vida sexual sea de tu interés, Izou.
-Ah, bueno, si a mí no me importa, es sólo que como últimamente irradiabas frustración por cada poro de tu cuerpo pues deduje…
-Te la estás jugando – advirtió sin muchas ganas de seguirle el juego.
-Tampoco hace falta que me hagas un esquema, yo me apaño con poco – bromeó, guiñándole un ojo haciéndole saber que sólo estaba tomándole un poco el pelo. Marco simplemente rodó los ojos.
-¡Buenos días! – saludó Ace risueño al llegar a su altura. Dios, al menos él sería un blanco más fácil al que desquiciar y Izou le dejaría tranquilo. Hoy precisamente tenía las ideas puestas en algo más serio para todos.
El chico con pecas se sentó a su lado sin mirarle ni acercarse demasiado a él preguntándole a Izou si sabía de algún plan interesante para aquel día al tiempo que empezaba a atacar la bandeja de bollos con un apetito atroz. Marco escuchó su conversación sin demasiado interés mientras se ponía un café bien cargado leyendo el periódico. Después de un rato en el que básicamente toda la tripulación de los piratas de Shirohige ya estaba allí desayunando, Marco carraspeó y se puso de pie dirigiéndose hacia sus camaradas.
-Hay algo que tengo que… – se detuvo. El gallinero que tenía por tripulación no le estaba haciendo ni el más mínimo caso. Sólo un par de mesas del enorme comedor se habían girado hacia él llamando al silencio, pero el resto nada. "Son como borregos." Bufó internamente. Siguiendo un impulso, se subió a la banqueta periódico en mano. Aquella vez sí que tuvieron que hacerle caso -. ¿Os importaría dejar de comer como unos animales muertos de hambre durante cinco miserables minutos, por favor? – clamó alzando la voz con la misma severidad que empleaba en los castigos de carácter general en los viejos tiempos. Los piratas captaron el mensaje y Marco pudo continuar su discurso en un tono de voz más normal, aunque todavía hablaba alto para que todos pudiesen oírle -. En primer lugar, me gustaría pediros disculpas a todos por mi deplorable comportamiento estos tres últimos meses. Para mí fue… muy difícil – nadie dijo nada, simplemente asintieron en silencio. Ellos tampoco eran de piedra, podían entender lo que como primer oficial durante más de veinte años tendría que haber sentido Marco al perder a Barbablanca ante sus ojos, sobre todo teniendo en cuenta que Thatch y Ace siempre habían sido las personas más cercanas a él. Que se lo arrebataran todo tenía que haber sido una experiencia desoladora, pero Marco había conseguido levantarse de nuevo -. Sé que todos estáis dispuestos a no mirar atrás y seguir adelante – continuó -, pero no podemos hacer eso – hubo un murmullo de estupefacción general -. La bandera de Shirohige sigue alzada en nuestro mástil, y aunque sólo sea de palabra, nosotros seguimos siendo sus hijos. Lo siento, pero yo no puedo perdonar la deuda por la que nuestro capitán y el comandante del cuarto escuadrón nos fueron arrebatados – Ace contempló entristecido cómo los ojos de Marco se llenaron de pesar al decir esas palabras. Él no pudo más que sentir lo mismo. Había pasado más de un año, pero el vacío que Thatch había dejado era demasiado grande para llenarlo con recuerdos y palabras -. No hay justicia en eludir asuntos pendientes. Teach debe ser castigado. Severamente – añadió. La mirada del primer comandante se endureció hasta que sus ojos azules resplandecieron como el acero. Marco no había olvidado, no había perdonado, y no estaba dispuesto a rendirse.
-Nuestro primer comandante tiene razón – asintió uno de los piratas coreado por una docena más.
-¡Y casi le costó la vida a Ace!
-¡Por su culpa la marina nos obligó a entrar en aquella estúpida batalla y muchos más hombres murieron allí!
-¡Él y su tripulación tienen que pagar por ello! – hubo un aluvión de vítores que secundaron rabiosamente el grito. Marco levantó las manos calmándolos de nuevo.
-Nada tenemos nosotros en contra de sus subordinados – les recordó -. Pero todos estaremos de acuerdo en que las consecuencias de su traición son imperdonables. Kurohige no puede permanecer impune.
La ovación que siguió al vehemente discurso de Marco hizo estremecer las paredes del enorme comedor y muchos piratas golpearon las mesas con sus jarras en señal de aprobación. Todos sus hermanos sentían la misma necesidad, la misma frustración que él. Todos estaban de acuerdo.
¿Y quién nos dirigirá en tamaña empresa? – inquirió Izuo con delicadeza exhalando una bocanada de humo mirando significativamente a Marco.
-Creo que todos coincidirán conmigo en que esa pregunta está fuera de lugar – intervino Vista con una sonrisa -. ¡¿No es así, muchachos? – el escándalo de los vítores se repitió al grito de "¡Marco! ¡Marco, nuestro primer comandante! ¡Hasta la muerte!"
Ace vitoreó con ellos con fuerza, sintiendo de corazón cada palabra. Así eran ellos. Por todo el mundo temidos, los piratas eran considerados hombres sin honor ni moral. Los hijos del mar que tan orgullosamente surcaban los océanos con la libertad como estandarte y la tripulación por familia. Nadie esperaba de ellos conceptos como hermandad y fidelidad, pero los piratas de Barbablanca eran así. Siguieron a su capitán hasta la muerte, combatieron hasta el último aliento, pero había más batallas que librar, o al menos una más en la que centrar sus objetivos. Y Marco era el hombre en quien depositaban toda su confianza, todo su valor e incluso sus propias almas. Porque sabían que su primer comandante jamás descansaría, jamás les fallaría. Si había alguien capaz de liderarles a todos, ése sería él. No querían a ningún otro. Ni Ace tampoco.
Marco estaba decidido, imbatible. Era aquella pose magnífica y noble la que inflamaba el corazón del segundo comandante haciéndolo latir. Ace había sentido admiración por muy pocas cosas en su vida, por muy pocos hombres, pero Marco era realmente una persona digna a la que admirar. Y le quería. Le quería sin reservas, hasta la muerte. Invadido por aquella certeza, Ace se puso en pie.
-¡Yo también tengo algo que anunciar! – declaro subiéndose ágilmente al banco junto a Marco ganándose algunas risotadas, con todos convencidos de que iba a decir alguna estupidez.
Marco le miró con extrañeza al igual que muchos otros sin adivinar lo que se proponía. Casi se cayó del banco cuando Ace le cogió el rostro en las manos y sus labios se encontraron en un beso intenso y ligeramente brusco antes de que pudiera esperárselo. Fue un contacto breve, de apenas tres o cuatro segundos, pero más que suficiente para que la fachada del siempre imperturbable y confiado Marco desapareciera delante de todos sin que pudiera hacer nada por impedirlo. Cuando Ace le soltó, sencillamente se quedó sin nada que decir, sumido en el mismo silencio estupefacto que se había apoderado del resto la tripulación. Sus ojos azules estaban abiertos de par en par ligeramente vidriosos. La sorpresa le sentaba extraordinariamente a su rostro.
-Te quiero, Marco – le susurró Ace con una triunfante y enorme sonrisa dibujada en su rostro con pecas. Marco tragó saliva trabajosamente. No necesitó que se lo dijeran. Por la cara de Ace sabía perfectamente lo que estaba pasando. Se había puesto rojo. Rojísimo. Delante de todo el mundo. Ya daba igual lo que dijera. De aquella no le sacaba ni Dios. Por suerte, Ace dejó de recrearse en el resultado de su desvergonzada acción para girarse hacia la pasmada tripulación atrayendo todas las miradas hacia él de nuevo -. ¡Pues eso es lo que hay! ¡Así que si hay alguien que tenga algo que decir, que lo diga ahora y…!
-¡Ace! ¡Qué maravillosa voz de tenor tienes! ¡Qué guardadito te lo tenías! – gritó alguien oculto entre las innumerables cabezas de piratas que ocupaban todo el comedor. La radiante sonrisa desapareció del alegre rostro con pecas para ser sustituida por un intensísimo rojo amapola cuando se le unió otra más.
-¡A nosotros nos lo vas a decir, que dormimos en el nivel inferior!
-¡Por Dios, yo creía que iban a destrozar los muelles!
-¡Qué gente más bestia!
-¡Si es que se ve que se tenían ganas!
-¡Degenerados! – gritó alguien consiguiendo que todos estallaran en carcajadas.
-¡Mira…! ¡Iros…! ¡Iros todos a la mierda, coño! – explotó Ace muerto de vergüenza. Las risas y el jolgorio general se detuvieron. Lo único que resonó fue una débil tos seca -. ¡Encima de que intento ser responsable, ¿se me os ponéis chulitos? ¡¿Pero vosotros de qué vais?
La tos seca se repitió, desquiciándole los nervios. ¡¿Es que ya no le iban a tomar en serio de por vida o qué? ¡¿Quién era aquel cabrón? Ace lo buscó con la mirada torva. Se iba a comer la puerta. Pero claro, no había puertas suficientes para toda aquella manada de animales que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírse en su cara. De repente, Marco soltó una carcajada haciendo que Ace brincase ligeramente, estupefacto. Rió fuerte y alegremente con los brazos en jarras hasta que empezó a faltarle el aire irremediablemente, librándose con la risa de aquella aprensión expectante que se había afincado en su pecho.
-¡¿Y tú de qué te ríes? ¿Qué es tan divertido?
-¿Qué?
-¿Qué te ha hecho tanta gracia?
-Es que tendrías que haber visto la cara que has puesto…
-¡PUES IGUAL QUE LA TUYA, IMBÉCIL!
-¡Como una cereza! – añadió alguien desatando un coro a su favor. Ace se volvió hacia el responsable hecho un basilisco.
-¡Y vosotros! ¡¿Qué formas son esas de dirigirse a un superior? ¡Y a vuestro comandante! ¡Debería daros vergüenza!
-¡Vergüenza a usté, que no nos dejó dormir en dos horas! ¡Eso es privación del descanso!
-¡Yo sí que te voy a poner a descansar!
-No, si después de eso ya se notaba que movimiento poco…
-¡¿Pero tendréis cara?
Su queja sólo sirvió para que se rieran a carcajadas aún más fuertes, desquiciándole del todo. Se alejó de ellos echando chispas. ¡Perfecto! Ahora se estarían cachondeando de él hasta el fin de los tiempos. ¡¿Pero es que no le podía salir nada a derechas, coño? ¡Para una vez que había dicho la última palabra, joder!
-¿Estás huyendo? – escuchó preguntar a su espalda una voz familiar. Ace se dio la vuelta en el pasillo encarando a un sonriente Marco.
-Eso jamás – replicó, desafiante.
- Sólo te están tomando un poco el pelo, ya los conoces.
-Ya lo sé. Es sólo que no me daba la gana de que se rieran de mí conmigo delante.
-Siempre tan susceptible – rió Marco entre dientes, acercándose hasta él. Antes de que Ace opusiera resistencia le envolvió en un cálido abrazo -. Gracias – susurró junto a su oído -… por decírmelo. No sabes la de veces que lo he deseado.
-B-bueno, sí, ya ves. ¿No te lo esperabas, eh? Venga, suéltame que nos van a…
Marco le ignoró. En un mismo gesto aflojó el agarre e inició un beso suave y lento, acariciando su cintura y enterrando los dedos en su pelo negó azabache. Ace terminó por rendirse y dejarse arrastrar hasta que finalmente la falta de aire hizo que Marco tuviera que separarse de él de nuevo.
-Pues que nos vean – replicó, divertido. Ace simplemente frunció el ceño y rodó los ojos con fastidio sin poder evitar que una radiante sonrisa de felicidad se dibujara en su rostro con pecas.
Días mejores estaban por venir en el Moby Dick negro, tendrían paz y tranquilidad durante el viaje antes de poder dar con el hombre que ya se les había escapado dos veces de recibir su castigo. Teach se había ganado un incansable y fuerte enemigo al que enfrentarse. Puede que él fuera el hombre más poderoso de todo Grand Line y del Nuevo Mundo, pero tener en su poder dos Akuma no Mi no le salvaría. Ellos se asegurarían de que no fuera así.
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No sé qué decir. Ha pasado mucho tiempo, muchas cosas, y es triste llegar al fin de algo. Todas las palabras de agradecimiento por seguirme hasta aquí en esta pequeña (y friki XD) aventura literaria son para vosotrs, mis lectores, y muy especialmente a todas esas personas que me han dedicado parte de su tiempo comentando y ofreciéndome sus más sinceras opiniones del progreso de esta historia.
Siento mucho dejaros, pero quien sabe, podría animarme y hacer otra más de estos dos… son una pareja muy dulce *^*, me ha encantado escribir sobre ellos.
Espero de corazón que hayáis disfrutado, me encantaría saber si ha sido así.
Un gran beso y muchísimas gracias a tods por leer.
yurikoXVIII
