+STAGE 02: CÓMPLICE+
La primer noche que pasaron despiertos los dos, le sirivó para conocerla mejor de lo que ya creía conocerla.
Se enteró hasta del más íntimo detalle de la vida que la mujer quiso contarle, estuvo al tanto de sus gustos infantiles por los dulces que vendían a la vuelta de su casucha y de la necesidad quizá adolescente que la unía a una provadita de alcohol, asunto que él encontró sinceramente cómico y de alguna manera similar a aquellos pasados días de su linda juventud.
No creía llevarle mucho a su casi pequeña compañera de viaje, pero... estaba seguro de que podía afirmar que algún que otro añito le hacían mayor, quizá porque ella todavía tenía este toque de incoencia en su cara o porque su voz a veces sonaba igualita a la una chiquita caprichosa, cosa que él encontraba tan tierna como peligrosa y no recayó en lo mucho que se estaba apegando a la joven mujer.
Pero igual parecía no molestarle en lo absoluto tener algo así con ella, se sentía realmente cómodo cada vez que se sentaban los dos a hablar y era ella la primera que mostraba interés en contar sus dilemas, que la perseguían desde que decidió escaprse con él y dejar que el negocio que dependía de sus encantos se pudriera en el infierno.
Él únicamente encontraba gracioso el ponerse a charlar de semejante cosa, le daba risa que la rubia le presentara berrinches como si realmente se conocieran y que encima terminara golpeandole la cabeza, antes de repetirle que siempre se portaba como un idiota y que nunca escuchaba lo que ella tenía para decir.
Exactamente pasó así, les había tomado una sola noche en vela desarrollar una confianza que quizá construirían en años y que ella no se pusiera nerviosa si él le revoloteaba demasiado cerca, hasta el punto en que ella terminaba recargada en su hombro y así escuchaba al hombre tierno hablarle de sus historias de aventuras.
En realidad Horo Horo no era un chico que hubiera nacido con un don para el humor, al contrario a ella le parecían bastante malos los chistes que hacía y pocos confiable el hecho de que hubiera vivido semejante cosas, como si él se pintara como un pirata que navegaba por el siete mares y que ahora escapaba por tierra de l,a Marina que no le perdía pisada.
Sin embargo la voz de él tan entusiasmada la mantuvo despierta toda la noche, con un estado tan desbordante de felicidad que ni ella se lo creía y con una comodidad tan tremenda que de vez en cuando sentía un escalofrío, cada vez que le veía sonreír como ya había sonreído mil veces y así hacer que las mejillas de la rubiecita ardieran de calor.
¿Que si durmieron? Ella durmió menos que él, en realidad.
-Incluso pones esa cara cuando duermes-dijo, medio conmovida-Idiota-
Después de dedicarle suavemente ese comentario, la recién despierta cómplice se dedicó a regalarle una última mirada al dormilón y así marchó hacia el chiquito lago que reposaba algo cerca frente a ellos, como ofreciendose a que la chica depositara sus impurezas dentro y tomara una especie de baño que hasta podía resultarle exhibicionista.
Pero como el ladrón del banco aún continuaba dormido como un bebé, ella simplemente se tomó el atrevimiento de desnudarse de golpe y entonces meterse en el agua fría que primero le dio un escalofrío, antes de que pudiera acostumbrarse a la temperatura marcada a primeras horas de la mañana y zambullirse dentro para olvidar la estúpida culpabilidad que sentía por haberme dejado aquel negocio.
Fue relajante pasar ese tiempito limpiando todo lo que antes había sido mugre, se sentía tremendamente fresca entre las aguas calmas del pequeño lago y estar entre medio de tanta naturaleza le traía muchisima tranquilidad, como si pudiera dejar atrás el tormento que había vivido antes y que con la llegada del hombre de peinado extravagante su vida diera el mejor vuelco de todos.
Quizá se comunicaban por telepatía, pero... él respondió al llamado inconsiente por parte de la mujer, se despertó alterandose un poquito al no verla cerca y se levantó desesperado para mandarse a buscarla, que no fuera cosa que a ella se le antojara delatarlo y quedarse con su dinero después de mandarlo a la cárcel.
Sin embargo se encontró ante sus ojos incrédulos la ropa sugestiva tirada por el césped, marcando un camino que él siguió hipnotizado y así el paisaje le permitió deleitarse con la más grande de sus bellezas, la silueta marcada de la fina mujer de cabello doradamente rubio y la misma que se hallaba ligeramente sumergida en las aguas que hacían brillar su cuerpo moldeado tan perfectamente.
El corazón del antes tierno hombrecito latió salvaje dentro de su pecho, las manos empezaron a sudarle en medio de lo que parecía hipnosis y las piernas se le aflojaron cuando vio a la chica acurrucarse, entre lo que parecía el hueco desde el cuello hasta el hombro y dejar que los pelitos le cubrieran el rostro como si intentara ocultar algo.
-¿Estás llorando?-preguntó él, sin esconder la preocupación
-No-contestó ella, sin verle-¿Por qué debería?-evitó, tocar el tema-No es que extrañe algo, en realidad-
-¿Estás arrepentida, entonces?-buscó él, sacarle información-Por ser cómplice de un ladrón, digo-
-¿De un ladrón tan pervertido como tú?-refutó ella, siempre tan pícara-No, por supuesto que no-le salió espontaneamente, el sarcasmo-La estoy pasando de maravilla, te juro-
-Burlate, si quieres-jugueteó él, también-Pero no eres la primera mujer, que veo desnuda-le habló, de sus andanzas-Así que, no te creas importante-
-Sí, claro-sonrió ella, como victoriosa-Y creeme tú, que mi espalda será lo único que verás, en toda tu vida-
-No esperaba menos de ti-contestó él, sin quitarle los ojos de encima-Eres una mujer con todas las letras, después de todo-
-Nunca dejas esa caballerosidad, ¿verdad?-amenazó, con darse vuelta-Así te ganas a las mujeres, ¿no?-volteó y él, también le siguió la corriente-¿Haciendote el que las respetas, más de lo que te respetas a ti mismo?-
-¿Crees que, porque soy ladrón, tengo que ser vulgar?-cuestionó él, al oírla dejar el agua-Está bien, admito que quizá estoy fingiendo un poco-habló, de espaldas-Pero lo hago porque sé del ambiente en el que viviste-confesó sincero y ella, casi perdió el orgullo-No quiero tratarte como esos viejos-
-Es a lo que estoy acostumbrada-se puso, en dura, de nuevo-No es que me vaya a hacer más mal, ¿cierto?-y así, empezó a vestirse
-No soy un mal tipo-dijo él, mirando hacia el cielo-Quiero que sepas eso, nada más-
-¿Y quieres que te crea, así de golpe?-se calzó, los interiores-Te robaste un banco, por si no te acuerdas-se acomodó, la pollerita-No es que estés dando el ejemplo, ¿sabes?-
-¿Qué pasa?-él se atrevió, a mirar-Hasta hace un rato, nos llevabamos de maravilla-le reclamó, con una reacción desconocida-¿Por qué me estás echando mala onda, ahora?-
-Quizá, porque no importa lo que digas o lo que hagas, no dejas de ser un hombre-respondió, la desconfiada mujer-No importa lo bueno que seas, sigues teniendo las mismas necesidades que cualquier otro-
-No me corras con eso-él la frenó, antes de que se escapara-No soy como cualquier otro-
-Tal vez-mantuvo la compostura, ella-Pero no me interesa descubrirlo, tampoco-y así, nada más se liberó del agarre
Fue durisimo para ella actuar de esa manera tan desinteresada frente a él, le había dolido en el fondo actuar como si no tuviera ningún interés en él y como si lo prefiriera lo más lejos posible, cuando lo que más deseaba era que ese hombre la abrazara con todas sus fuerzas y que le susurrara al oído que todo iba a estar bien mientras él pudiera cuidarla.
Pero el orgullo que se negaba a perder como lo que le quedaba de mujer, le impedía avanzar de la manera que venía deseando con él y así la tenía prisionera de una fachada que la hizo ver detestable frente al hombre, el mismo que se planteó ignorarla por lo que restara del insoportable día y dedicarse a las pocas cosas que podía hacer en ese bosque desierto.
Se puso a limpiar cuidadoso los restos de la fogata extinta, las cenizas todavía ardientes que rodeaban los pobres leños quemados y los cigarrillos que se habían fumado los dos como adictos, sin dejarse sucumbir igual ante los recuerdos de la noche anterior y de la cara que había conocido de la mujer que minutos atrás lo había despreciado.
Como siempre ese silencio incómodo se hizo presente entre los dos, él que juntaba la insignificante mugre como si fuera una mucama y ella que yacía tirada en el césped dandole la espalda sin preocuparse demasiado, como si en realidad estuviera en condiciones de tomar una siesta y dejarle todo el trabajo a él que encima era el dueño del dinero con el que iban a vivir.
Rabia fue lo primero que el chico sintió frente a la actitud de la mujer, le hubiera dicho un millón de cosas horribles si hubiese estado borracho y quizá hubiera hecho que el asunto empeorara sólo para enseñarle una lección, instinto que retuvo en tanto estuvo en el mismo espacio que ella y que expulsó apenas se retiró a fumar con la intención de acabarse el atado.
Se sentó a la orilla del lago que trajo semejante estúpido problema, dejando escapar por el humo toda la frustración que tenía acumulada y la impotencia que le desbordaba el alma en ese momento, sugiriendo así que esa mujer era la causante de sus dilemas y que eran sus caprichos de nena lo que ponía así de loco.
Por eso no se había equivocado al compararla con la misma dinamita, ella era como una bomba de tiempo que hoy había terminado por explotar y él no había sabido cómo parar el estallido, quizá porque ella no se dejaba ver o porque realmente no quería que la conociera ni un poco.
Y eso igual sólo le dio más ganas de ir en contra de su decisión, le dieron más ganas de fastidiarla hasta que ella lo dejara entrar y le hiciera el lugar que ahora de repente parecía negarle, sin darse cuenta que su interés iba más allá del desafío o de lo mucho que él amaba los problemas que venían con una presentación como la de ella.
-¡No puedes ignorarme toda la vida!-le gritó él, para que lo escuchara-De lo contrario, te dejaré aquí, ¿oíste?-
-¡¿Qué me importa?-contestó ella, revelando su estado falso de sueño-¡Ya dejame en paz!-
-¿Ah, sí?-la provocó, él-¡¿Y qué vas a hacer, si yo me voy?-se burló, para captar su atención-¿¡De qué vas a vivir, eh?-
-¡Puedo arreglarmelas sola!-respondió ella, sin dejarse humillar-¡No te necesito, creído!-
Seguramente estaban conectados por medio de alguna cosa telepática, él volteó a la par en que ella se acomodó boca arriba y se vieron los dos con una mirada de lo más desafiante, que seguramente ambos estaban dispuestos de jugar este juego de humillación y ver con satisfacción quién terminaba dominando a quién.
Él adicto al juego no pudo hacerse a un lado al captar aquello, sentía los ojos de la mujer puestos en él como tentandolo a acercarse y así hizo caso sin chistar al pedido silencioso de esa vez, sin fijarme que estaba entrando en terreno peligroso y que ahí había más de una bomba que podía explotar si no se andaba con cuidado.
No podía negar que en esa ocasión esa mujer le atraía de manera sobrehumana, poco le importaba ya respetarla como ningún hombre la había respetado y era su instinto carnal el que rugía a sus pies, obligandole a acelerar el paso para llegar a su compañera lo antes posible y confesarle que estaba dispuesto a entregarle todo el dinero con tal que se quedara con él.
Quizá fue insensato al mandarse así con ella, pero... podía estar seguro de que ella lo había estado provocando, que lo había estado poniendo a prueba a ver que tan lejos se animaba a llegar y él obviamente no tenía intención de echarse atrás, no si la mujer que ahora le hipnotizaba yacía bajo su cuerpo ligeramente encorbado y con la boquita entreabierta tentandolo a que le plantara un beso.
¿Cómo llegaron a eso? Él se le tiró encima en un segundo y ella, simplemente se lo permitió.
-No me importa si me odias-le dijo él, entre sonriente-Te vienes conmigo, quieras o no-
-¿Ah, sí?-se sintió, victoriosa-¿Qué vas a hacer, eh?-le incitó, a perder el control-¿Me vas a vender por dinero?-
-Te dije que no te iba a dejar volver a ese lugar-contestó él, sin dejar de ser un caballero-Y lo pienso cumplir, no importa lo que me cueste-
-Cursi-refutó ella, sacando la lengua-No voy a caer en esa-y así, apartó la cara
-Como quieras-sonrió él, palpando una pequeña victoria-No sabes lo que te pierdes-susurró en el oído, de su compañera-Cómplice-y así, le depositó un besito, en la mejilla
