+STAGE 03: REGALO+

Lo primero en lo que invirtió su fortuna, fue en ropa para la que quería animarse, a llamar "su chica".

Él sólo calzó una remera nueva que no oliera a sucio y una gorra que le cubriera lo suficiente la cara que lo delataba, mientras acompañaba a la mujer por todo el centro de la ciudad más cercana y la veía probarse los atuendos más lindos que nunca le hubiera imaginado puestos, sólo porque la había conocido prácticamente semidesnuda y porque era el negro el único color que le había visto puesto.

Pero claro que hasta ella se daba cuenta de lo infantil que se veía de rosa, parecía que la hacía diez años más joven o diez años más inocente y no le gustaba nada que él la tomara por una nena chiquita, a la que le gustaba vestirse como una especie de osito y como si estuviera antojada todo el tiempo de algodón de azucar.

Por eso la decisión definitva fue un conjunto despampanante, unos pantaloncitos cortos de color gastado que apenas le tapaban el trasero y una playera sin mangas tremendamente ajustada de color negro, haciendo juego con un par de botas del mismo tono que pasaban ligeramente sus tobillos y un collar como una pulsera de perlas azules para agregarle otro detallesito más a la dama.

Horo Horo sólo se limitó a pagar toda la primer muda de la chica, sentía que estaría en problemas si se animaba a mirar mucho o si ella lo descubría babeandose frente a su atuendo delicuentemente sexy, por lo que abandonaron la tienda como dos normales compradores y se regresaron al hotel donde se habían hospedado para ocultar el dinero.

Anna se sentía agotadisima después de haber caminado tanto rato, se tiró en la cama matrimonial ocupandose todo el lugar literalmente y dio un suspiro en el que hasta el chico pudo palpar su alivio, de tal manera que se aproximó a la ventana con cierto desgano y cerró las cortinas antes de que él terminara por quemarlos vivos.

Quizá fue un impulso el que la obligó a levantarse, pero... alcanzó a su compañero de una manera que ella encontró divertida, se aproximó a él en puntiltas de pie como si estuviera en medio de un espionaje y así le arrebató de golpe la gorra que ocultaba su identidad, lo que provocó que el chico se revoloteara los pelos que ahora lo ponían atractivo y buscara por todos lados recuperar aquello que lo estaba exponiendo como el gran ladrón.

Y lo único que encontró fue la sonrisa divertida de la chica, jugando inocentemente con la gorra entre sus finos dedos y provocandole a él una sensación de picardía que nunca antes había visto en ella, como si no fuera la misma mujer con la que discutió en el bosque o que se había hecho la ofendida sólo porque le gustaba salir ganando siempre.

¿Deseo? ¿Provocación? Claramente, ella estaba logrando que él captara todas esas indirectas, en un milesima de segundo.

De igual manera lo siguiente también le pareció un acto de seduccción, cómo ella se colocó con clase la gorra para nada femenina y cómo la acomodó bien para que al menos se le vieran los ojitos, que clavó en él mordiendose el labio inferior y pasando uno de sus dedos por su tibia boquita entreabierta.

Ella era claramente la viva imagen de la enemiga de la castidad, le había armado todo ese jueguito previo que él imaginaba sexual y el hombre había caído como una mosca en la tela de una araña, sólo que al ladrón no le molestaba que ella le tendiera una trampa o que en el peor de los casos se lo comiera vivo.

¿Era porque la encontraba endemoniadamente seductora? Ni que le fuera a hacer caso a su cabeza, a esta altura.

-¿La puedo usar yo, mientras estemos aquí dentro?-le suplicó ella, jugandole de inocente

-Claro-aceptó él, sonriente-Te queda mejor que a mí, sin duda-

Fue la experiencia más exitante que había vivido con ella, sólo le había pedido usar su gorra por el rato que estuvieran dentro y sin embargo a él le pareció la mismisima previa antes del acto sexual, quizá porque ella lo había mirado con más lujuria que nunca en su vida o porque a él le resultaba estimulante que ella actuara como una virgen.

Obviamente Anna había logrado su cometido, había conseguido meterme hasta en lo más profundo de sus fantasías hormonales y sólo porque casi se chupó el dedo en frente de su cara, lo que le probaba a la mujer que él era tan básico como cualquier hombre y tenía la misma debilidad que los otros ante el personaje de "la nenita con viirginidad encima".

Pero la rubia sólo había querido jugar un poquito con el viajero, había notado que la había estado esquivando desde que se cambió la ropa y exactamente por eso puso a prueba su voluntad, si era realmente ella la que lo intimidaba o si en verdad era su nuevo atuendo el que haría sangrar su nariz por una sola ojeada.

Sin embargo había estado divertido ponerlo frente a semejante presión, prácticamente se le había insinuado en lo que le quedaba de inocencia y hasta había sentido las ganas palpables que a él le invadieron, de plantarle un beso hasta deborarle la boca y llevarla a la cama todas las veces que pudiera hasta que acabara el día.

Era una gran satisfacción para ella comprobar lo que ese hombre sentía, cómo deseaba su cuerpo de la manera más animal que podía exisitr y cómo se moría por arrimarse a su boca de una vez por todas, ignorando que no debía involucrarse con ella de esa manera o de lo contrario no separía capaz de dejarla nunca en su vida.

Igual no podía negar el cansancio que todavía la dominaba, movió las caderas tan danzantes hasta la cama de la habitación y así volvió a desplomarse en el regordete colchón, donde se sintió sofocantemente acogida y dejó huir una especie de gemido que reflejaba el placer que le provocaba semejante comodidad.

Así de la nada apareció la oportunidad que el hombre estaba esperando, cuando ella empezó a golpear los piecitos contra las sábanas limpias y se movió de lado a lado como reclamandole un poco de atención, en tanto emitía los quejidos más adorables que él nunca había escuchado y cerraba los ojitos como entregandose a un sueño que la reclamaba insistentemente.

Obedeció quizá en lo que le tomó una milesima de segundo, se arrodilló frente a los pies ligeramente violentos de la pequeña mujer y así agarró su piel sin poder disimular el deseo que lo indavía, dejandola por fin quieta como también contenta frente a la situación y con un gemido ligeramente suave que escapó de los labios de la rubia con la espalda un poco arqueda.

Lo incitó el ruego que la mujer emitió ante el primer contacto, bajó las manos desde las desarmadas rodillas de "su chica" con paciencia y volvió a pasar repetidamente cuando reparó en el efecto producido, en el suave gemido que ella soltaba cada vez que sentía el tacto y cómo su cuerpo parecía vibrar frente a la lentitud de la caricia que la electrizaba.

¿Qué? A él, le dieron ganas de no quitarle los zapatos nunca, en realidad.

Era su única excusa el pretender descalzarla, de lo contrario no estaría prescenciando tal acto de leve lujuria en esa habitación y tener en su poder a la mujer que antes lo había provocado descaradamente, la misma que ahora parecía la viva imagen de una mujer experimentada y la misma que amaba que fuera el hombre el que tomara las riendas en el asunto.

A él le parecía una mujer completamente distinta a su habitual faceta, a simple vista ella se veía definitivamente inalcanzable sin importar los métodos y tan obstinada que nunca cedería ante nada sólo por defender su género, aunque ahora era ella la que se estaba rebajando a ser complacida y a implorarle de la manera más degradante que él siguiera haciendola tan increíblemente feliz.

Igual el ladronzuelo bajó el cierre de las botitas que jugaban como su excusa, despojó a la rubia del par izquierdo sin perderse ni un detalle y se quedó fascinado cuando ella dibujó una sonrisa de lo más complacida, a la par en que él se atrevía a acariciar la planta de su pie desnudo y provocaba que ella le respondiera con la faceta que más le favorecía según el ansioso hombre.

-Mmm-gimió ella, como entre cariñosa-¿Puedo contratarte como ama de llaves?-

-¿Que ese no es trabajo de mujeres, acaso?-comentó él, haciendo un chiste

-Eres bueno, quitando los zapatos-agregó ella, como conteniendose-No entiendo por qué no te va el trabajo-

-¿Sólo para quitarte los zapatos?-refutó él, siguiendole el juego-Eso es mezquino, Anna-

-¿Qué?-escapó de ella, una débil carcajada-¿Vas a decir que quieres sacarme la ropa?-le miró, a la cara-Depravado-

-Ey, intento ser respetuoso aquí-contestó él, haciendose el puro-No me tientes, ¿de acuerdo?-

-¿Hmm?-encarnó las cejas, ella-¿Eso quieres decir que eres fácil de convencer?-y así, volvió a echarse hacia atrás

-Bueno, si me lo vas a pedir tirada en la cama y en esta posición...-señaló él, como entre medio de sus piernas-¿Cómo quieres que me resista?-

-No me toques tanto los pies-se opuso ella, liberandose del masaje-¿Es una estrategia para exitarme, acaso?-

-¿Cómo crees?-sonrió él, confiado-No necesito caer tan bajo, para conseguir algo contigo-

-¿En serio?-lo miró ella, entre provocadora-¿Y qué tan abajo quieres llegar, eh?-y así, se mordió los labios

-Todo lo que tú me dejes, linda-contestó él, con ganas de comerle la boca

Ella se sintió incentivada por la forma en que su compañero habló, provocandole las mismas ganas de avanzar la relación que mantenían y olvidarse de que la mujer estaba cuidandose detenidamente, solamente porque no quería caer en las trampas del ladrón y que fuera ella la única que saliera lastimada después de ese juego.

Pero de igual manera hizo caso a los instintos que la desbordaban, se levantó del lecho animandose a buscar esa boca entreabierta y así siguió camino hasta la ventana dejando escapar su sensualidad, con la que conquistó al chico dispuesto a entregarle lo que fuera y también listo para seguirla hasta el fin del mundo.

Así la rubia tomó las riendas en el asunto sin concluir, volteó a ver al varón que me había dejado estupefacto y se agarró gozosamente de las cortinas que amortiguaban la caída del sol, enrredando las largas piernas como jugando eróticamente y mordiendose el labio inferior deliciosamente en medio de una sonrisita que hizo estallar las hormonas del ladrón aventurero.

-Ven aquí-le ordenó ella, viendole de arriba y levantando un poquito el mentón

No hubo necesidad de que le repitiera aquella invitación, él entendió enseguida la jugada arriesgada de la joven viajera y sintió una satisfacción interior que no podía explicar, tanto que siquiera intentó disimular la mirada lasciva y él también entró en el juego que se había armado de seducción.

Sin embargo fue enmudecido otra vez por la chica, él le había puesto los ojos inconsientemente en las piernas tan sugestivas y pudo entonces contemplar un acto de tentación que casi le hizo perder la cabeza, por esa mujer que ahora encontraba tan endemoniadamente sexy y tan tremendamente malvada a la hora de hacer explotar su instinto animal.

En realidad, a Horo Horo no se le había olvidado ese detalle, pero... la chiquita mujer aún seguía con una de las botas nuevas recién compradas, que usó para exitar al chico por el gustoso placer que le daba y así ligeramente se ayudó con el otro pie desnudo, para bajar la botita con la misma lentitud que él la había tocado y con la misma lentitud que ahora desesperaba muchisimo más al ladrón.

¿Cómo aguantó aquello? No supo ni por casualidad, pero cuando al fin terminó, él solamente dejó disparar su detonador.

Se arrimó a la expectante mujer recargandose ligeramente contra su cuerpo, se sujetó de las mismas cortinas que ella parecía tirar y miró fijamente a la muchacha que casi parecía estar debajo de él, que le respondió con una risita tremendamente pícara y elevando un poco el mentón para que el hombre se largara a hacerle lo que se moría de ganas de hacerle.

Obvio que Horo Horo no necesitó mucha inteligencia para captar el mensaje, podía sentir el deseo carnal emanando del estrecho cuerpo de ella y cómo esa boquita ansiosa lo invitaba a gozar, por lo que se acomodó entre las piernas de la chica que lo recibieron y así bajó la cabeza para alcanzar aquello que ahora su acompañante le ofrecía.

La tomó por la cintura para atraerla rápido hacia él, ella pasó los brazos tras el potente cuello en un acto de inocencia y entonces le ganó la primer batalla al atractivo bandido, al que le plantó un besito cortito pero electrizante e inconsientemente se enamoró del sabor de esos labios varoniles.

-Me besaste...-reaccionó él, incrédulo-Tú... me besaste...-

-Sí, te besé-respondió ella, entre contenta-Por el día de hoy, ése es tu regalo-y así, le sonrió