+STAGE 04: APUESTA+

Después de haber probado las armas de seducción de la mujer, Horo Horo tuvo una idea tremenda, para sacar provecho de semejante don.

Según la mente orgullosa de su compañera, era el plan más estúpido como también machista que hubiera escuchado en su vida y le pareció rídiculo que él se lo relatara, como si realmente fuera a funcionar o como si en verdad los policías fueran tan bobos.

Aunque la había halagado con eso de que era una mujer irresistible, no quería dejar que él la dominara como lo había hecho su abuela antes y que la mandara a hacer ese tipo de cosas que sólo la humillaban, por lo que rotundamente se opusó al plan surgido de aquella cabezita y dejó que el chico se retorciera a su lado suplicandole que no fuera terca.

Y a ella esa situación le produjo un placer inexplicable, tenerlo ahí rogando por su ayuda como si su vida dependiera de ello y oírle repetir incontable número de veces un "por favor" cada vez más desesperado, en tanto le ponía las manos en posición como para una especie de plegaria y se mostraba vulnerable frente a la mujer que disfrutaba ser la dominante.

De tal manera que ni se dio cuenta cuándo fue que pasó, cómo hizo para abrazarse a la chica tan delgadita y recargarse en uno de sus hombros que comodamente lo recibieron, despertando en él una sensación tan placentera que prácticamente lo desbordó y convirtiendolo en un adicto al aroma que enamaba de la tersa piel de la hermosa mujer.

Pero a ella no le incomodó en lo absoluto la estrategia por parte del varón, sabía perfectamente qué quería lograr con ese acercamiento que fingió involuntario y podía ver sus intenciones de hacerla caer tan claras como el agua, por lo que sólo se giró ignorando el hecho de que él seguía hablando y pretendió hacerse la sorda frente a cualquier oferta que él pudiera hacerle a cambio.

Sin embargo no contaba para nada con que el varón fuera tan audaz, se giró también casi instantaneamente después de ella y se pegó a su espalda en un intento desmoralizado de establecer contacto, para así sujetarla posesivamente entre sus potentes brazos y acomodarse en su hombro como acurrucandose listo para dormir.

¿Qué? A ella le pareció, al principio, un acto de ternura sano.

Para cuando la mujer reparó en la proximidad que habían establecido, se encontraba ya aprisionada contra el cuerpo latente del joven hombre y víctima de la manera tan elocuente que él tenía para convenserla, cuando lo sintió al fin susurrarle un último "por favor" al oído y estamparle un besito nada inocentón detrás de su sensible oreja.

-¿Estás loco?-se quejó ella, sin apartarse-¿Por qué tengo que poner yo la cara en la comisaría?-le habló, del plan-Tú robaste el banco, no yo-

-Exactamente por eso tienes que hacerlo tú-comentó él, sin despegarse-A mí me está buscando la policía, ¿recuerdas?-emitió, como en tono cómico-Y seguramente, toda la maldita estación debe estar plagada con mi foto-

-¿Y?-se puso, ella, en forra-No te vendría mal, ir a prisión-le jugó, de divertida-Al menos, por un rato-

-Claro-se alejó él, siguiendole el juego-¿Y dejar que te fugues, con mi dinero?-se acomodó, como arriba de la chica-Ni loco que estuviera-

-Me ofendes, con tan poco confianza-se giró ella, quedando boca arriba-Soy una mujer de palabra, lo juro-

-Entonces, haz tu parte, ¿sí?-le repitió él, en medio de la victoria-Sacale información a algun policia tonto y después, me cuentas todos los detalles-volvió a mencionar, la idea tan genial-Te recompensaré, si quieres-

-Te das cuenta de lo que estás haciendo, ¿verdad?-buscó ella, darle un cargo de conciencia-Me sacaste de ese lugar para que no viviera más de esa manera-recordó, el primer encuentro-Y fijate ahora-le miró, entre angustiada-Me estás mandando a "sacarle información" a un policía-

-No es lo mismo, Anna-justificó él, sin dejar de ser cortés-No te estoy pidiendo que te acuestes con él o que te dejes poner la mano encima-le especificó los detalles, ante la mujer que parecía no haber entendido-Simplemente, que contribuyas a nuestra causa, ¿sí?-

-Te va a costar caro, te lo juro-aceptó ella, sin dar el brazo a torcer-Te voy a hacer pagar, el exponerme así-

-Tranquila, linda-se levantó él, atrapado en las piernas de su chica-Pide lo que tú quieras, que el dinero sobra-

-Está bien-se incorporó ella, aproximandose al varón-Apostemos, entonces-le sonrió, como provocandolo-¿Te animas?-y así, volvió a calzarle la gorra, al verdadero dueño

-Bien-aceptó él, medio juguetón-¿Qué quieres a cambio?-

-Me vas a llevar a cenar, esta noche-le informó ella, rozandole el pecho-Y quiero una cena, con todo incluido-le vio, con lujuria-Sólo que tú serás mi postre-y prácticamente, buscó los labios del fugitivo

-De acuerdo-accedió él, sin ocultar la satisfacción-Tú has hablar al policía y a la noche, lo hacemos como tú quieras-

-Preparate, entonces-le habló ella, casi dentro de la boca varonil-A mí me gusta, estar arriba-

A la mujer le había parecido un trato justo, teniendo en cuenta lo que él la estaba mandando a hacer.

Si ella estaba por ir a arriesgar su pellejo, quería asegurarse de que valiera la pena correr semejante riesgo y le vino perfecto que el chico tuviera ese apetito sexual, por lo que se valió de la confesión espontanea del viajero y se preparó para atacar al policía víctima con todo lo que tenía.

¿Qué? ¿Arriesgarse a perder frente a un hombre y encima, un hombre como Horo Horo?

Porque tampoco era que no le interesara la recompensa, al contrario había sido idea de ella someterlo a concretar y casi ni sabía por qué había considerado aquello como adecuado, teniendo en cuenta que no se sentía atraída hacia él en lo absoluto y que un chico como ese no le resultaba nada pero nada atractivo.

Al menos eso era lo que la rubia quería creer desesperadamente, no planeaba sucumbir ante los sentimientos que empezaban a florecer dentro suyo y de ninguna manera se iba a permitir terminar locamente enamorada de ese vandidito, así tuviera que buscar motivos para aprender a odiarlo o al menos lograr que el chico le cayera un poquito mal.

Sin embargo le pareció tentadora la propuesta de jugar un poco más, ella había empezado a provocarlo de la noche a la mañana casi inconsientemente y le había dado un besito de lo más inocentón la noche pasada, cosa que a los dos les había alborotado bastante las hormonas y a ella la había hecho sentir como en la flor de su juventud.

Juventud de la que no estaba nada orgullosa, sí... pero de igual manera eso no cambiaba lo que había sentido, en el preciso instante en que robó su boca expentante y tuvo el placer de probar sus labios como de sorpresa, dejandola con un cosquilleo en el estomágo que la hacía sentir tonta y con un escalofrío desde la punta de los pies cada vez que estaban cerca.

Igualmente una parte de ella deseaba llegar a "segunda base" con ese hombre, quizá fue la misma que la impulsó a acomodarse bien y así salir a matar a cuanto policía de porquería se cruzase, con tal de poder reclamar su premio esa misma noche y poder conocer una cara del ladronzuelo de la que nunca llegaría a enamorarse.

Tardó entre unos quinces o veinte minutos para encontrar la estación, era un lugar chiquito casi del tamaño de una oficina y con el espacio adicional mínimo para ubicar una celda, con un misero patrullero estacionado prácticamente en la puerta y con un olor a pueblo como podrido que amenazó con espantarla.

Hasta que recuperó la conciencia que la pestilencia le había bloqueado, mandandose derechita por la puerta ligeramente entornada y encontrandose con el sonido que emitía el sillón al moverse, cuando se encontró con ese tipo uniformado correctamente como si amara su trabajo y con una coleta alta que a ella la obligó a ponerse en dulce antes de en cosquitadora.

-¿Puedo ayudarla, señorita?-le escuchó preguntar, al moreno

-Ah, perdón que me tomé el atrevimiento de pasar-habló ella, con cortesía-Es que la puerta estaba abierta y...-

-Está bien, no hay problema-dijo él, girandose en su asiento-No se preocupe que. aquí estamos acostumbrados así-

-Me deja más tranquila, eso-ella se tocó el pecho, en señal de alivio-A este paso, iba a terminar muriendome de vergüenza-

-Por favor, no diga eso-respondió él, como haciendose el cortés-Usted no es de por aquí, ¿verdad?-

-Estamos de pasada, con...-se mordió la lengua, ella-Con mi hermano, sí-agregó, como hablandose a simisma-Con mi hermano, estamos de pasada, eso-

-¿Y la ha dejado venir sola hasta aquí, con ese atuendo?-señaló el moreno, la ropa sugerente de la mujer-No es que este lugar sea muy peligroso, pero...-le chusmeó, confiansudo-Siempre hay algun que otro delincuente suelto dando vueltas-

-Por supuesto-coincidió ella, sonriendole-¿Como usted, quizá?-

-Mucho peores que yo, en realidad-refutó él, en cómico-Pero que no la asuste lo que dije-se enrredó, entre líneas-No me haga caso, en serio-le hizo señas, con las manos-Con tantas horas que llevo de servicio, ya ni sé lo que digo-se golpéo, levemente, la frente-Disculpe, usted-

-Entiendo perfectamente-dijo ella, actuando con pudor-Debe estar muy cansado, ¿verdad?-dejó ver, seducción, en medio de eso-Prácticamente agotado, me atrevo a decir-

-¡Y no tiene idea, usted!-se recargó, en su silla, él-Nunca pasa nada por esta comisaría-estiró, los brazos-Hasta que apareció usted, claro-y así, le dedicó una sonrisa a la rubia

-Hmm...-le siguió el juego, ella-Que galante-se sonrojó, forzosamente-Me averguenza, oficial-

-Perdoneme, que estoy de servicio-recuperó la compostura, el hombre-Aún no sé qué es lo que necesita-se acomodó, para escucharla-Digame, entonces-

-En realidad, es algo bastante personal-habló apenada y de repente, desvió la mirada hacia la placa en su uniforme-Oficial Asakura-

-Por favor, llamame Hao-aclaró él, ante el descubrimiento-Y no tenga vergüenza, le pido-agregó, cuando la rubia bajó la cabeza-Puede confiar en mí, en serio-

-Hmm...-sonrió, entre dientes-¿Está muy ocupado?-le preguntó, cambiando la voz-Oficial-y así, lentamente, caminó hacia él

-Depende lo que usted necesite-contestó él, siguiendo el vaivén de la mujer-¿Qué es lo que se le ofrece?-

-Quería hacerle una pregunta, muy personal-ella bordeó, los extremos del escritorio-Y me gustaría que me respondiera la verdad, ¿sí?-le dedicó una mirada, como de lujuria-Ya que estamos en tanta confianza-y así, empujó suavemente, el sillón del oficial

-Por supuesto-respondió él, hipnotizado-¿Qué es lo que quiere saber?-

-En ese caso, entonces...-sonrió ella, subiendose al escritorio-¿Qué sabe usted del robo al banco del pueblo vecino?-cruzó las piernas, delante del moreno baboso-Funbari, si mal no recuerdo-

-Sólo que el ladrón escapó con el dinero-contestó él, fijo en la tentación-Y que tenía una mujer, como cómplice-

-Ah...-ella se estiró, para alcanzar el sillón, con los pies-¿Entonces, ustedes también los están persiguiendo?-

-Nosotros no...-refutó él, ansioso por su piel-Siquiera hemos visto las caras de los sujetos-le confesó, inocente-Y mucho menos, sabemos sus nombres-

-Hmm...-ella abrió un poco las piernas, para que el moreno alcanzara a ver-Tampoco es posible que empiezen a buscarlos en el futuro, ¿verdad?-

-No, no es nuestro problema-el moreno rojo, clavó los ojos en las partes de la rubia-Además, los ladrones no acostumbran venir aquí-

-Heh...-ella atrajó lentamente, el asiento hacia si-Entonces, parece que sí tiene razón-se arrimó, a la boca del policia-En este lugar, nunca pasa nada-

-Exactamente eso-terminó él, víctima de su propia debilidad

Bastó con que ella se cayera apróposito sobre las piernas de Hao, para que pudiera salir del lugar sin que él la encontrara como una sospechosa o algo.

¿El hecho de que ese hombre fuera más básico, que el mismo macho en celo? Directamente ya ni le afectaba en ningún sentido, porque lo único que invadía su mente era la novedosa satisfacción y las ganas de llegar al hotel lo más rápido posible, para poder reclamar las felicitaciones que su ladrón tendría que darle y lo sabroso que iba a ser comerselo sin cansancio hasta que ella pudiera sasear ese hambre repentino por el azulito.

-Gané, la apuesta-