+STAGE 05: IDIOTAS+

Estar solo en la habitación del hotel, dejaba mucho que desear.

Estaba aburrido ya de jugar con la gorra entre sus dedos, más aburrido estaba de mirar el techo y muchisimo más aburrido estaba de estar tirado en la cama, esperando que la mujer se dignara a volver y le contara que había averiguado.

Aunque cuando pensó en que ella volvería, lo recorrió cierto escalofrío desde la punta de los pies hasta la nuca y empezó a sudar sin poder controlar su nerviosismo, haciendose así las preguntas más insólitas respecto al tema y lo caro que le iba a salir el trabajito que la había mandado a hacer.

¿Pero qué? No se iba a poner él, a seducir al policía de la estación.

Aún si hubiera alguna posibilidad de encontrarse con un hombre homosexual, eso no descartaba el hecho de que él era el ladrón y que era su cara la que seguro estaba pegada por toda la oficina, por lo que al chico sólo le restó esperar que su chica se encargara de todo y por fin le trajera las buenas noticias que él quería escuchar.

Sin embargo parecía eterno cada minuto sin ella, no se había dado cuenta que podría llegar a extrañarla de esa manera tan infantil y que estaría rogando por volver a presenciar su humor ácido, así como plantarle alguna que otra muestra de afecto y pasar el día entero con su compañera jugando a nada inocente.

Le costaba admitirlo, sí... pero se sentía solito si ella no estaba ahí, la habitación parecía dos veces más grande sin la chica dando vueltas y la cama parecía de cuatro plazas si su cuerpo no estaba junto al de él, por lo que el chico sintió como lo invadió una sensación de tristeza y una vez más sucumbió a pensar en la rubia mujer.

Lo tenía como loco la posibilidad de que ella se hubiera fugado, de que lo hubiera abandonado sin siquiera dignarse a despedirse y que lo hubiera dejado con ese vacío incrustrado en el pecho, quizá porque ya había aprendido a quererla más de la cuenta y porque no podía negar que ella ya no era la simple chica con la que huyó del pueblo.

Ella era su hermosa pero testaruda compañera de viaje, ella era su calcudora pero vulnerable cómplice del asalto y ella era su inocente pero atrevida mujer de sus fantasías, ella era la chica que tiernamente le había pedido ayuda y ella era la única a la que quería proteger con su propia vida.

A esta altura esos ya le parecían motivos suficientes para alarmarcé, habían pasado como mínimo tres horas desde que ella había salido a juntar información y él no podía evitar pensar cualquier cosa mientras el tiempo corría a contrareloj,, como la posibilidad de que alguien se la hubiera llevado por ahí o que el asunto con el policía hubiera llegado a mayores en contra de la voluntad de la rubia.

Horo Horo pareció enfurecer de sólo cruzarsele la idea por la cabeza, lo desesperaba que algo como eso podría haberle pasado sólo por su culpa y porque él la había mandando a hacer el trabajo sucio, sabiendo que en primer lugar él tendría que haberla cuidado como correspondía y no despacharla del lugar para entregarla a los brazos de un comisario degenerado.

Por eso dio vueltas por toda la cama portandose como un caprichoso, se estampó la almohada contra la cara repetiendose mil veces lo imbécil que era y maldiciendose consecutivamente por haberla dejado marchar así, así sin que tuviera la oportunidad de confesarle lo que sentía y de decirle que ella no sólo lo enloquecía por medio de algo tan básico como el sexo.

Iba más allá de que si se acostaba con ella o no, ya poco le preocupaba las necesidades que sentía para con esa mujer y simplemente su deseo carnal se había fugado entre su preocupación, entre quizá el cariño indomable que había aprendido a tenerle únicamente a ella y entre los latidos incontrolables de su corazón que traían a su chica de vuelta a sus vivos recuerdos.

COMO LA TRAJERON DE VUELTA, ESA VEZ.

Al azulito le habrían faltado alrededor de diez minutos más para echarse a llorar, sí... pero ella pareció ser la deslumbrada en esa ocasión, la dejó como tonta encontrarlo ahí portandose como cualquier celoso y hasta le provocó ternura ese costado del ladrón que conocía, el ladrón al que pensaba cobrarle la dichosa apuesta a cualquier precio y aún si eso le costaba el poco orgullo que difundía al lado del hombre.

Pero igualmente la sonrisita conmovida se dibujó en sus labios finos, quizá porque él seguía golpeandose con la almohada como un infante o porque seguía hablandose solo entre los miles de "idiota" que se dedicaba, ganandose ese costado sensible que la rubia intentaba ocultar y aún más si se trataba de un hombre como Horo Horo.

Porque Anna estaba segura de que no quería enamorarse de él ni por casualidad, sabía que su interés por él no pasaba por los sentimientos florecentes de amor y mucho menos por lo conmovedora que pudiera resultar semejante actuación, sólo que quizá la victoria recién obtenida la había ablandado un poco y ahora se dejaba llevar por un chico que se hacía pasar por un nene menor de edad.

Sin embargo la risa escapó de su boca en un acto fallido, se escabulló de su interior una carcajada de lo más escandalosa ante la presencia del hombre y así fue él quien se giró para encontrarla en la puerta de la habitación, casi sin poder contener las lágrimas producto de lo divertida que ella encontraba la situación y lo cómico que le parecía que él estuviera aguardando por ella como un fiel cachorro.

SIN SABER QUE, ÉL YA LE HABÍA JURADO FIDELIDAD, ÚNICAMENTE A ELLA.

-¿Me estabas esperando?-preguntó ella, secandose las lágrimitas-Que lindo-

-Estaba por quedarme dormido, ya-respondió él, soltando la almohada-¿Por qué tardaste tanto?-

-No quería que sospechara-dijo ella, metiendose dentro-Así que, me tomé mi tiempo-cerró la puerta, empujandola con el pie-Pero valió la pena-

-¿En serio?-encarnó las cejas, él-A ver, cuentame-

-Bueno...-ella soltó, la cartera-Lo que me dijo Hao, fue que...-

-Espera-interrumpió él, incorporandose de un brinco-¿Hao?-la miró, como sospechando-¿Quién es ese?-

-Ah, me saltee esa parte-recordó ella, con poca memoria-Es el policía, con el que hablé-le explicó, quitandose los zapatos-El Oficial Asakura, en realidad-pensó, detenidamente-Pero él dijo que por favor lo llamara Hao-

-Que sujeto más descarado-comentó, él, con rabia-Es un aprovechado, ese tipo-se golpeó, los puños-No te hizo nada, ¿verdad?-la miró, entre alterado-¡Demonios, tendría que haber ido contigo!-y así, golpeó el colchón

-¿Estás preocupado?-preguntó ella, entre cómica-¿O estás celoso?-

-¿Celoso de quién?-esquivó él, sin verla a la cara-¿De ese viejo verde?-agregó, como para simismo-No digas pavadas, ¿quieres?-

-Es un hombre joven, Horo Horo-especificó, ella-Te estás portando como un tonto-cerró, las cortinas-¿Por qué no admites que estás celoso y ya?-

-Encima que me preocupo por ti, Anna-se levantó, él, como de un tirón-Mira con lo que me sales, ¿eh?-se sacudió, los pantalones-No estoy celoso, ya te dije-

-¿Entonces cuál es el problema con que lo llame Hao?-insistió ella, como si fuera apropósito

-Sigue siendo un policía, aunque te haya cortejado-aclaró él, con cierto disgusto-Eso digo, que no se te pase ese detalle-

-Bueno, ni que fuera a volver a verlo-comentó ella, sin darle importancia-¿O acaso tengo que volver a la comisaría?-

-Eso depende de tu amiguito Hao-se burló, él-¿Qué pudiste averiguar?-

-Sí, saben que robaste el banco-contestó ella, serena-Y que yo soy tu cómplice-

-¿¡Qué?-él se tiró, prácticamente, de los pelos-¿¡Y me lo dices así de tranquila?-

-Pero nunca dije que nos estuvieran buscando-le contó ella, para tranquilizarlo-Él me dijo que, no sabían ni nuestros nombres ni habían visto nuestras caras-contó, con paciencia-Así que...-

-Fácilmente, pudo haberte mentido-se descontroló, él-Ya que, prácticamente, te invitó a salir-siguió, con el ataque-¿No te dio su número, por si acaso?-la miró, entre burlón-En caso de que se te presentara una urgencia, digo-

-Que estúpido eres-suspiró, ella-¿Qué te pasa hoy?-lo encaró, sin contemplación-No pareces tú-

-¿No parezco yo, dices?-se sacó la gorra, como violento-¡Pero si estoy perfecto!-se estiró, un poco la remera-Eres tú, la que está rara-

-¿Yo?-encarnó las cejas, la desconcertada mujer-¿Qué hice ahora?-

-Hao esto, Hao aquello...-le hizo burla él, sin fijarse en nada-Porque Hao me dijo esto, porque Hao me dijo aquello...-imitó los movimientos, de las manos de la rubia-Comportate, ¿quieres?-se cruzó, de brazos-¿Qué tiene de especial ese tipo?-y así, hizo un puchero

-¿Más cerebro que tú?-delató ella, para provocarlo-Sí, por supuesto que tiene-

-¡Ay, por favor!-achicó los ojos, como entre tontuelo-¡Se nota que tiene cerebro que, bastó con que le mostraras el escote, para que escupiera toda la data!-le habló, bastante vulgar-¡Es un calentón y tú no te das cuenta!-

-¿¡Qué me importa eso ahora?-chilló ella, también-Ya hice lo que me pediste y no pienso discutir más del tema-y así, encaró directa el baño

-¡Vamos, anda!-la agredió, él como un imbécil-¡Escapate, entonces!-le gritó, antes de que cerrara la puerta-¡Pero a Hao no lo vas a encontrar ahí!-

A la rubia le parecía increíble lo ingenioso que era el hombre a la hora de humillarla, era malisimo para cualquier otra cosa que requiriera menos inteligencia que esto y sin embargo parecía que su fuerte era lastimarla con comentarios de ese estilo, sólo porque era tan cobarde que no se animaba a reconocer lo que sentía por ella y porque era tan cagón que se rehusaba a admitir que estaba celoso del dichoso Oficial Asakura.

De igual manera ya no le veía el caso a soportar los berrinches de semejante inmaduro, demasiado había tenido por hoy con el trabajito que le había encargado en la estación de policía y con hacerse la inocentona pero provocadora mujer frente al moreno baboso, como para ahora estar de humor para bancarse que su compañero le saliera con berrinches y que le hiciera planteos como si tuviera algún derecho para atreverse a reclamarle algo en realidad.

Por eso se metió en el baño sin hacer caso al que ahora creía "imbécil", estaba cansadisima de todo lo que implicaba una vida como fugitiva y de alguna manera su cuerpo le pedía despegarse de toda la mugre que tenía encima, cosa que se había multiplicado con la mirada lasciva por parte del Asakura y hasta se había triplicado con el recuerdo de esos ojos café puestos en sus piernas ligeramente abiertas.

Por un momento le dio muchisimo asco lo que había hecho, abrirse de par en par frente a alguien de La Ley sólo para sacarle información y seducirlo perservamente hasta que él solito escupiera todo sin necesidad de esforzarse, fue algo que en algun lugar le remordió la conciencia y que la dejó deliberando si en verdad el ladrón se merecía semejante sacrificio.

Y que se lo mereciera o no era por el momento un problema menor, ella necesitaba al menos borrar minimamente los recuerdos vivos de aquella farsa y sentirse más cómoda con la mujer en la que se había convertido a causa del azulito, antes de que no pudiera soportarlo más el mirarse en el espejo y de esa manera huyera en un intento desesperado de recuperar su bondad.

Entonces abrió las canillas palpando el agua mezclandose, las gotas en su piel le transmitian mucha más tranquilidad de la que necesitaba y la hacían vagar despreocupadamente por todo lo que yo creía fantasía, ignorando que su presente realidad estaba más clara que el agua y que el corazón del hombre al fin había dejado de dudar.

Él se le apareció de sorpresa sin darle tiempo a asimilar, venía cargando el remordimiento en su fornida espalda y en los ojos chiquitos que amenazaron con soltar una lágrima, antes de que la envolviera con sus potentes brazos sin controlar la fuerza y ocultara la cara en uno de los chiquitos hombres de su linda mujer.

Pero ella inexplicablemente se sintió complacida por el regreso de su compañero, por eso reposó las heladas manos sobre las grandotas pero calientes del chico y se recargó sobre él como mezclandose entre su cabello, llenandose del aroma que se aventuraba a volverla loca y del amor que emanaba de él tan abiertamente con tal de hacerle perder la cabeza.

-Eres un idiota, ¿sabías?-sonrió ella, sinceramente

-Pero un idiota lindo, ¿verdad?-respondió él, sin mostrar la cara

-Sí...-asistió ella, de lo más feliz-El más lindo de todos los idiotas...-