+STAGE 06: POSTRE+
El reloj dio las ocho en punto, cuando ella se giró a verlo.
Le parecía imposible ya rehusarse a la situación, prácticamente estaban en el lugar indicado para empezar y de alguna manera ella no podía controlar sus pensamientos, involucrando al hombre a cargo de una situación que no era tan desdichada y a la mujer al frente de un acontecimiento que seguramente le traería mucho más que dicha.
Por eso miró a los ojos a su compañero aún entre sus brazos, él siempre lograba transmitirle esa sensación inmensa de seguridad y hasta le brindaba más protección de la que necesitaba, por lo que ella se encogió de hombros quizá por vergüenza y apretó los puños esperando poder moverse en algún momento.
A él solamente le provocó ternura ese acto por parte de su chica, sinceramente lo conmovió ser testigo del miedo latente en ella y que por fin ella le permitiera ver que estaba asustada, a pesar de que siempre actuaba así de orgullosa y así de mandona.
Así se aventuró a tomarla sin pedirle permiso alguno, se aproximó a su boca con la misma lentitud que no solía caracterizarlo y de esa manera besó sus labios aún mucho más inocente que un niño, a lo que ella pareció responder mínimamente recibiendo su labio inferior y soltandose débilmente de la caricia quizá inexperta del chico.
Fue la primera vez en que el azulito se sintió avergonzado de mirarla, quizá porque ella le veía más temerosa de lo que pudiera llegar a soportar o quizá porque él mismo no se explicaba lo intimidado que lo tenía la situación, porque él también se sintió demasiado chiquito para esto al igual que ella y a él también le invadió un poco de temor si de casualidad apuraba las cosas.
Después de todo Horo Horo no quería arruinar lo que hasta el momento tenían, no quería que ella huyera despavorida en caso de que saliera mal y que lo abandonara como si no fuese más que un mendigo con dinero, sólo porque a ella la necesitaba de una manera que no podía entender realmente y porque la quería muchisimo más de lo que quizá pudieran explicar las palabras.
Igualmente la rubia le habló como en el intento desesperado de una suplica, le susurró casi en contra de su orgullo que lo hicieran otra vez y así permitió que el hombre interpretara el sonrojo en sus mejillas, lo que provocó que él tragara saliva para calmar su nerviosismo y se aproximara a su chica con tal de dejar de temblar como un cachorro.
De esa manera robó de la boca femenina el primer beso de la noche, se prendió a sus labios dejandose llevar por el espacio que ella le cedió y así se animó a abrazarla contra su cuerpo fornido, intercambiando con su compañera aquel par de caricias inocentes y que después de un tiempo les quitó el aliento para conducirlos a la locura.
Sinceramente la mujer no pudo creer lo que ese hombre había conseguido con aquello, la había dejado sin aliento con un besito quizá de secundaria y encima había logrado dejarla impaciente por el próximo ataque, cosa que llegó a alterar su paciencia hasta el punto de estallar y esta vez fue ella la que quiso controlar el asunto al fin.
Anna se calzó de sus caderas apenas él la agarró de las nalgas, acomodandola firmemente contra su cuerpo fuerte y de esa manera darle permiso a la mujer para abandonar el romanticismo, cuando ella se prendió a la boca varonil cediendole la totalidad de su espacio y dejó que la influenciara la pasión que ambos habían empezado a transmitirse.
El ladrón se llevó la puerta por delante en el intento de salir del baño, lo que provocó una risita medio tonta por parte de su chica y que entonces lo besara muchisimo más contenta de lo que nunca hubiese imaginado, paseandola entonces por toda la habitación del hotel y abriendole paso a que la felicidad dentro de ella se implantara en el hombre de la misma manera.
Era la cosa más tonta que Horo Horo había hecho en toda su vida, jamás había sentido algo tan fuerte como lo que sentía al lado de ella y lo hermoso que era para él tenerla en sus brazos así de amorosa, riendo a la par en que se enrredaban entre las cortinas del lugar y dandole los besos más adictivos que jamás hubiera probado en lo que iba de su vida sentimental.
De tal manera que llegaron a la cama en ese mismo estado de alegría, la rubia soltó una risa casi borracha apenas se dio contra el colchón y volvió a recibir en su boca al hombre que se estampó contra su cuerpo, acomodandose cómodamente entre las piernas ligeramente abiertas de ella y ocupandose en un intento desesperado de la playera recién comprada.
Justo entonces ella tomó el control de la situación, se desprendió de esos labios a los que ya era adicta y le obligó al chico a tenderse sobre las sábanas limpias, acomodandose ligeramente entre la cintura tentadora de él y sentandose levemente sobre lo que quizá más tarde se transformaría en su erección.
Era mucho más fuerte que ella lo que le provocaba ese ladronzuelo, la hacía sentirse atrevida aunque ella siempre jugaba de inocente y la hacía sentirse lista para cualquier cosa que viniera, por lo que se mordió los labios sugestivamente al tocar el pecho de él y de esa forma lo despojó lentamente de la remera que en realidad sólo le estorbaba.
¿Quién lo hubiera dicho? Él era muchisimo más atractivo, de lo que Anna jamás se hubiera imaginado.
Parecía que esos brazos apropiadamente fuertes no eran lo único bueno que tenía, al contrario su abdomen perfectamente marcado hacía referencia a muchisimos años de trabajo y su piel se sentía tremendamente tersa entre los dedos incensatos de la mujer, tanto que simplemente no pudo resistir más la tentación y así acarició el torso del viajero sin perderse ningún detalle por más mínimo que fuera.
Podía jurar que tembló apenas le puso las manos encima al chico, era la primera vez que tocaba a un hombre deseandolo como lo deseaba a él y era la primera vez que tenía las ganas de terminar satisfecha al lado suyo, por lo que deslizó las manitos hacia abajo ignorando su ombligo y así desabrochó el pantalón del chico después de remover el cinturón.
Entonces el azulito se incorporó secuestrando los labios de su amante, la atrajó hacia él arrastrandola desmedidamente en ese beso y de esa manera le proporcionó a ella un poco más de exitación, cuando guió a aquel par de tijeras cuesta abajo en el territorio femenino y le dedicó a su chica una penetrante caricia en su intimidad sobre la tela de los pantaloncitos.
Aquello le gustó más de lo que hubiera querido a la rubia mujer, podía sentir los dedos varoniles moviendose entre las cavidades vaginales ligeramente abiertas y repitiendo sucesivamente el mismo recorrido con tal de sacarle mucho más que saliva, por lo que ella se separó de aquel beso antes de que llegara a faltarle el aire y así se exivió frente al hombre que ahora disfrutaba del placer de oírla gemir.
Era la sensación más placentera que hubiera experimentado en toda su vida, lo bien que la hacía sentir la fuerza con que él frotaba su zona íntima y lo agradable que era para ella estar conciente de las reacciones de su propio cuerpo frente a esa situación, cuando su cuerpecito de dama empezó a temblar al ritmo de los dulces gemidos y no fue sólo la exitación del bandido lo que vibró como debajo de ella.
Parecía imposible que Anna pudiera aguantarse frente a la osadía de él, la respiración caliente escapandose de su interior no la dejaba ver más allá de los estímulos y de esa manera empezó a contraerse dulcemente con tal de capturar la mano del hombre, que igual siguió masajeandola en el diminuto espacio que tenía de libertad y logró contagiar a la chica el instinto animal que ya había despertado en el azulito.
Le tomó quizá una milesima de segundo controlar su propio cuerpo, se desvistió frente a los ojos del varón sin esmerarse en quedar como una dama y fue la playera sin mangas la primera en desflorar la desnudez de la precoz rubia, regalandole a él la hermosa vista de sus senos apretados en el sostén y los cortos pelitos rubios quizá un poco pegados a la cara de la joven ligeramente sudada.
Quizá se quedó tan embobado con los atributos de la viajera que, ni reparó cuándo fue que removió la mano de aquel lugar estratégico y así escuchó el leve ruidito que emitieron los botones entre los dedos de la chica, cuando ella se despojó de esos metidos pantaloncitos cortos y volvió a encontrarse de frente con el disimulado grado de excitación por parte del azulito.
Era sensualidad lo que ella transmitía en aquella actuación, antes le había dicho que era ella la que quería tener el control en ese caso y ahora estaba cumpliendo con aquella premonición al pie de la letra, tanto que él únicamente la ayudó a removerle del todo los pantalones y a quitarle los interiores en lo que pareció el zarpaso de un animal.
Entonces ella solita se depositó suavemente sobre su fuerte, acomodandose sobre las rodillas con las que había rodeado sus caderas y sosteniendose en las palmas de las manos con las que se había amarrado a sus piernas, para poder acostumbrarse gustosamente a la potente excitación de su compañero y al ritmo adictivo que ella misma lentamente empezó a marcar.
Anna lo guió por cada rincón del goce como para volarle la cabeza, con golpecitos primero suaves adecuandose tiernamente a los primeros minutos de la entrada y después con golpes mucho más violentos impactandose contra sus caderas como en mezcla de un extasis desbordante, lo que hizo que él también se incorporara con tal de conseguir cercanía con su bella amante y de esa manera la abrazó entre sus fuertes brazos refugiando la boca en uno de sus endurecidos pezones.
Sin embargo aquella demostración de afecto no la hizo sentirse para nada chiquita, al contrario era imposible concentrarse en otra cosa que no fuera el principio del desarrollo sexual y la velocidad con la que ella audazmente planeaba hacer explotar a la vez el éxtasis, con tal de que ese chico no se atreviera a soltarla nunca más en su vida y que ni se le cruzara por la cabeza abandonarla con un primer amor anidando en su interior.
De todos modos inconsientemente le dio más importancia a la situación en proceso, quizá porque el placer de tenerlo dentro se expandía por cada centímetro de su cuerpecito o porque la satisfacción que le provocaba él podía más que su corazón primerizo en el amor, por eso se entregó completamente a los deseos que la invadían al igual que al chico y fue la velada tan sexualmente emocional la que hizo de ella una mujer enamorada.
Así el ladrón ni se molestó en pedirle permiso a la chica, la volteó contra el supuesto cómodo colchón en un arrebato de locura y esta vez fue él quien se dedicó a complacerla como era debido, rodeando la estrecha cintura de la chica con sus musculosos brazos y viendola a la cara por primera vez en lo que iba de esa noche con más de una apuesta.
Sus ojitos negros antes temerosos brillaban resplandecientes frente a él, tenía la boquita esa tentadora un poco más abierta de lo normal y podía distinguir cómo el calor dentro suyo se había instalado en sus adorables mejillas, en tanto lo llamaba insistentemente en medio de esa respiración entrecortada y en medio de las vibraciones que la rubia empezó a emitir debajo de él.
Sin querer apartar la vista fue testigo de algo de ese estilo, presenció cómo el cuerpito de la rubia se arqueó inhumanamente sobre la espalda y cómo su compañera echó la cabeza hacia atrás soltando un dulce ronroneo al azar, a la par en que aprisionó las caderas del hombre atrayendolo obsesivamente hacia su entrada e hizo de ese encuentro algo muchisimo más placentero que el sexo en si.
Por eso se tomó la libertad de tenderse sobre ella lentamente, palpando el sudor que se esparcía por cada centímetro de la piel femenina y alentando a que sus pectorales tan envidiables establecieran contacto con los endurecidos pezones, para después depositarse prácticamente dentro de la boca de la hermosa mujer e intercambiar con ella el goce interminable que ahora huía principalmente a través de sus respiraciones calientes.
Fue en ese preciso momento cuando él pudo imponer más fuerza, la atacó quizá un poquito más brutal cuando estuvo cerca de ella y se dio paso como alguna especie de animal para traspasar las barreras de la exitación rugiendo dentro de la rubia, a lo que su compañera respondió atrapandolo en un beso con muchisimo gusto a saliva y así lo retuvo asfixiantemente todo el tiempo que pudo con tal de que aquello no terminara jamás.
Las embestidas por parte del hombre parecían deslizarse dentro suyo, podía sentirlo adentrandose en su interior tan cómoda como gososamente y también lo satisfecha que se sentía al poder recibir sin problemas aquello en su totalidad, lo que la incentivó a clavar las uñas en la formada espalda de su chico y hasta arañar fogosamente con la intención de que soltara algo más que sangre.
A raíz de eso Horo Horo le proporcionó choques un poco más duros, tomandose su tiempo en cada asalto para hacer vibrar a la mujer y así volver a invadirla con otra dosis de cortos golpes secos, en lo que apretó los dientes para hacer caso al gemido tipo suplica de la rubia y salpicó las entrañas de la viajera con la sustancia caliente acumulada en el fondo de su erección nada precoz.
Y sin embargo ella no suspiró como de alivio o de agotamiento, al contrario se aprovechó del momento de debilidad que el chico tuvo y así lo obligó a volcarse en la cama ubicandose sobre él, a lo que plantó las femeninas manos sobre su exhausto pecho y dibujó frente a él la sonrisa más pícara que la hubiera definido como una mujer de clase aún ardiendo de deseo.
-¿Y?-intentó recobrar el aliento, él-¿Qué apostamos la próxima vez?-
-Lo que me prometiste, obvio...-sonrió ella, victoriosa-La cena, con todo incluido-se aproximó, a él-Y por supuesto, el postre...-y así, sucumbió entre los labios de su hombre
