+STAGE 07: TRAMPA+

Había sido la mejor noche, que hubiera pasado en toda su vida.

Él la había tratado con muchísimo más cariño de lo que hubiera esperado, la había cuidado como si en cada movimiento fuera a desarmarse y sólo había hecho caso a los deseos que ella pareció mostrarle, por lo que la chica tomó consciencia de su real caballerosidad y confió ciegamente en los sentimientos ya desarrollados en el hombre.

Pasaron la mañana entera con ella descansando en su pecho, él durmió placidamente todo el tiempo después de que saciaron el hambre y su compañera encontró muchisimo más atractivo presentarle atención al chico, la manera en que sus agotados pulmones tomaban aire repetidamente y la forma en que su pequeño corazón bombeaba sangre con una tranquilidad que hasta ella sintió.

Por esa misma razón la rubia se había desvelado quizá desde el amanecer, había escuchado por primera vez uno de los latidos de su compañero y simplemente no pudo volver a pegar un ojo desde entonces, quizá porque logró distraerla del sueño que parecía dominarla y del cansancio que seguramente predominaba en cada uno de sus huesos.

Así permitió que aquello le transmitiera mucho más que tranquilidad, como si no fuera sólo seguridad lo que él le provocaba y de esa manera dejó que su corazón sucumbiera hasta las mismisimas profundidades, de un sentimiento que infantilmente había nacido y que ahora imprudentemente estaba invadiendola por completo.

Por eso depositó encantada el oído sobre el torso desnudo del hombre, refugiandose en lo feliz que él siempre lograba hacerla sentir y lo contenta que ella estaba de haberlo encontrado al fin, sin que nada ni nadie estuviera ahí para impedirle lo que ya se moría de ganas de hacer.

A ella también le parecía increíble, sí... pero todavía los recuerdos de anoche estaban frescos en su cabezita, llevandola por los lugares más insólitos de la imaginación en medio del sueño y haciendola revivir aquel encuentro fogoso con el mismo calor, que la había invadido de la misma manera que había invadido a su chico y que ahora amenazaba con tentarla a volver a buscar su tacto.

Primero comenzó con los fuertes brazos que él tenía tendidos, rozando suavemente con los dedos cada uno de esos musculos y contagiandose de la calidez que desprendía la piel del azulito, para así repetir el recorrido aquel como unas diez veces consecutivas y sucumbir ante el deseo precoz que rugía a los pies de la rubia.

Fue entonces que se acomodó sobre su cuerpo ahora adormecido, se colocó entre las sábanas pegajosas que cubrían su anterior exitación y le miró por un ratito consiliar el sueño como todo un niño inocente, lo que a ella mínimamente le provocó un gramo misero de ternura y después pareció sufrir un ataque estúpido de pedofilia.

¿Qué? No podía negar que él, con ese semblante durmiente, se parecía a un lindo bebé.

Sin embargo eso no le impidió mirarlo más lasciva que nunca, se sentía totalmente atraída hacia él sin importar lo rídiculo que se viera y sencillamente no podía negar que estaba siendo tentada a abusarlo de cualquier manera, porque era imposible que ella se resistiera a ponerle las manos encima y que dejara de desearlo como lo estaba deseando justo en ese preciso momento.

De esa manera se dedicó a ponerse mimosa antes de que él despertara, atacó su cuello al ritmo de unos besitos de lo más suaves y fue marcando delicadamente aquella porción de piel ligeramente estirada, antes de ponerse a mostrarle afecto con un poco más de profunidad y dejar que sus labios envolvieran gustosamente los rincones del cuello varonil.

Así recorrió a su chico quizá arañando la desnudez con más pasión de la que hubiera imaginado, pasó por sus formados pectorales con esa boquita sugestivamente húmeda y rondó como para provocarlo entre las tetillas masculinas sin tocar directamente, como si aquello quizá aumentara la adrenalina que a ella le provocaba la situación y la satisfacción que ella sentía por poder volverlo a tener como lo había tenido la noche pasada.

Exactamente igual siguió bajando por la visible desnudez del ladrón, bajó por su abdomen como succionandole la piel en cada besito sugerente y se acomodó perfectamente para poder alcanzar la corona del Rey, que ahora yacía bajo las sábanas pegadas a las caderas fornidas y bajo el mando del hombre que recién despertaba de un largo viaje de ensueño.

-Ah, buen día-levantó la vista, ella-Dormilón-y así, le sonrió pícara

-Buenos días, juguetona-respondió él, notando la proximidad de la mujer, a su fuerte-¿Me vas a despertar siempre así?-

-Depende-se acercó ella, a la boca de su chico-Si es que no dejas de ser tan lindo, claro-y así, le plantó un ligero besito

-Entonces, que suerte tengo-la envolvió en sus brazos, él-Espero no envejecer por mucho tiempo-y así, aprisionó los labios de su compañera

-Por favor-dijo ella, jugando entre el metón masculino-Hasta de viejo, serás lindo-

-¿Y tú me vas a seguir queriendo?-preguntó él, sin chistar-¿Lo harás?-

-Mientras que no seas un viejo cascarabias...-le punteó la nariz, divertida-Supongo que no habrá problema, ¿verdad?-y entonces, se desprendió de los brazos de su chico

-Y mientras que tú estés conmigo...-refutó él, con una mano en el corazón-Yo estaré bien, linda-

-Cursi-revoleó los ojos, ella-¿Qué quieres para desayunar?-

-Pues, no sé-se incorporó, en desinteresado-¿Qué tal tú?-y así, la agarró de la cintura, para atraerla a su cuerpo

-Eso no va a poder ser, lamentablemente-contestó ella, acomodada entre sus piernas-No puedes comerte el postre en el desayuno, ¿sabes?-y casi, pretendió comerselo, de un bocado

-No me vas a dejar repetir, ¿eh?-le siguió el juego, él-Mezquina-y entonces, se arrimó a la boca de su compañera

-Vamos, anda-lo apartó, con un ligero empujoncito-¿Qué quieres para desayunar?-

-Lo que sea que haya, Anna-la soltó, casi por instinto-Que ya me has dejado con las ganas-y entonces, volvió a tenderse en la cama

-Pues, no puedo traerte hielo-le jugó, en cómica-¿Qué prefieres?-lo miró, sonriente-¿Dulce o salado?-

-Dulce, por supuesto-contestó él, girandose a verla-Como tú-y así, le sonrió

Por última vez, besó la boca de su compañero, antes de dejar la habitación.

Quizá fue de lo más imprudente el comentario que él le hizo, pero... ella se sentía complacida por haber sido halagada así, haber presenciado los sentimientos floreciendo dentro del corazón tan amable del chico y haber sido el objeto de su deseo en una mezcla de amor tremendamente infantil, lo que a la chica le provocó muchisima más felicidad de la que hubiera imaginado y que la hizo andar por el pasillo con una sonrisa bobalicona estampada en la cara.

Pero igual no le preocupaba para nada la actitud que tenía frente a aquello, no le importaba en lo absoluto que alguien pudiera llegar a verla deambular tan contenta y que marchara llena de felicidad en busca de comida para su lindo hombre, porque quería reservarse a simisma como el postre que degustaría por la noche y como la única que podía saciar su hambre en lo que pasara un par de horas.

Por eso llegó al enorme pero lujoso comedor en una milésima de segundo, de tal manera que rápidamente se inclinó a servirse millones de dulces empalagosos y escabullirse disimuladamente hacia la recepción con tal de pedir alguna bebida, sólo para poder celebrar junto a él el hecho de que se hubieran encontrado y que se hubieran conocido como se habían conocido la noche anterior.

Sin embargo lo primero que distinguió fue el uniforme aquel oscuro, las botas pesadamente puestas contra el gigantesco mueble y la coleta alta que cubría muchisimo más que sólo su fornida espalda, a la par en que apoyaba los codos molestamente sobre el artefacto y se ganaba una mirada medio asesina por parte del recepcionista del hotel.

-Así que este era el trabajo que conseguiste, ¿eh?-habló el mayor, ojeando el lugar-Es de no creer, realmente-

-¿Qué haces aquí?-atacó, el más chico-¿Viniste a molestarme, como siempre?-

-A diferencia tuya, hermanito...-le fanfarroneó, el uniformado-Yo sí tengo cosas de las que ocuparme-se acomodó, la chaqueta-Como mi trabajo, por ejemplo-

-Éste es mi trabajo, por más que te pese-contestó, el moreno más joven-Aunque deshonre al apellido Asakura, como tú dices-

-Lo digo porque lo haces-refutó, el oficial-Rebajandote a estar en un lugar como este-

-Dime que quieres, ¿de acuerdo?-sentenció, el de mirada tranquila-Porque, si es sólo para fastidiarme, mejor lárgate-

-Tengo órdenes de ocuparme de un caso, personalmente-le relató, el encargado de la Justicia-Y es bastante grave, Yoh-

-¿Y?-encarnó las cejas, el chiquito-¿Qué quiere, un policía como tú, en este hotel?-

-Estoy buscando a esta mujer-enseñó una fotografía, el hombre de pelo largo-¿La has visto?-

-¿Por qué?-reaccionó, el recepcionista-¿Qué hizo?-

-Es cómplice de un ladrón-respondió, el hombre de coleta-Que se robó el banco más grande de Funbari, el pueblo vecino-

-¿Y tú personalmente la estás buscando?-rió espontaneo, el más joven-No te creo nada de lo que dices-

-¿Qué es lo que no crees, imbécil?-frunció el ceño, el pelilargo-Estoy de servicio, ¿qué no ves?-

-Seguro que es una mujer que se escapó de ti-chistó, el de pelo corto-Y ahora la estás persiguiendo por la ciudad, para recuperarla como sea-armó, una pequeña historia-Tú haces ese tipo de cosas, Hao-

-¿Y crees que usaría mi autoridad, para encontrar a una mujer?-señaló orgulloso, su placa de policía-¿Parezco idiota o algo yo?-

-Bueno, es la impresión que das-aclaró, el moreno tranquilo-Cualquier mujer podría tomarte el pelo, fácilmente-le habló, desde el mostrador-Siempre fuiste débil frente a cualquiera que se te cruzase, ¿o no?-

-Exactamente por eso la estoy buscando-razonó, el oficial-Porque se me presentó en la comisaría, para sacarme información-casi, le susurró al otro-Y yo escupí todo, como un tarado-dejó fluir, un poco de rabia -Aunque le mentí, igual-

-¿Qué es, entonces?-comentó, el más chico-¿Venganza?-

-Obligación, hermanito-contestó, el pelilargo-¿Qué quieres, que tenga problemas con Ren?-

-Ese comisario no es problema mío-concluyó, el nuevo recepcionista-Y tampoco, la supuesta mujer, de la que me hablaste-

-No seas estúpido y avisame, ¿de acuerdo?-se hizo el sordo, el mayor-Si es que la ves por aquí o la reconoces de alguna forma, ¿entendiste?-

-Sí, sí-le asistió, el chiquito cómico, como un soldado-Entendido, Jefe-

¿Hermanos? ¿Eran hermanos? ¿Había sido un complot, entonces?

Poco le importó los problemas que el mayor tuviera con el tal Ren, al contrario más le preocupaba la situación en la que ella se encontraba ahora y cómo el tipo ese degenerado la había engañado como una chiquita, sólo porque ella se confió estando frente a la primera impresión precipitada y simplemente lo calificó como el típico idiota básico al que podría sacarle información por sexo.

Pero desgraciadamente la engañada había sido ella, ella había mordido el anzuelo aún mucho más fácil que un pez de porquería y ahora estaba como atrapada entre lo que el oficial sabía acerca de su paradero, por lo que se dirigió sin emitir ni un ruido a la habitación que rentaban y confesarle a él el terrible error que había cometido en un ataque de victoria cantada.

Subió las escaleras sin intención de ocultar la desesperación que ya recorría su interior, se salteó unos cuantos escalones con tal de llegar lo más rápido posible y de no dejarlo solo por mucho más tiempo de lo que ya lo había hecho, porque tenía muchiisimo miedo de que la policía tuviera alguna que otra información secreta y que pudieran llegar a llevarselo a la cárcel por culpa de uno de sus estúpidos descuidos.

Entonces abrió la puerta de la recamara como llevandosela por delante, se metió dentro en un intento desesperado de trabar cada una de las aberturas y así se recargó contra la áspera madera sin poder recobrar el aliento, por lo que mínimamente abrió la boca a la par que tragó saliva y declaró ante él algo de lo que avergonzaba aún más de lo que se había avergonzado en esa comisaría.

-Caí...-susurró ella, casi sin querer

-¿Eh?-reaccionó, él-¿Te caíste?-repitió, como entre confundido-¿De dónde?-

-¡Caí, dije!-gritó, minimamente, ella-¡Caí en la trampa!-