+STAGE 08: INEVITABLE+

Al principio, quizá la notó un poquito asustada, mucho más de lo normal.

Se había quedado petrificada contra la puerta sin musitar palabra, con la cabeza gacha en medio de los cabellos reboloteados y las manos ásperas que escurría contra la madera, a la par en que era su corazón el que salirsele del pecho y era su sangre la que parecía querer escaparse en medio de las venas.

Pero simplemente estaba atontada por aquello que había escuchado, haberse enterado así que ella había sido la víctima y que había sido ella la engañada por un hombre hábil, fue algo que quizá hirió profundamente su orgullo y terminó por quitarle el último gramo de fuerza que tenía para ponerse a la defensiva.

Quizá era cosa del momento este extenuante, pero... la situación ya parecía prácticamente indominable para ella, ponerse a conciderar las posibilidades que la involucraran dentro de la celda y en medio de un montón de convictas quizá con tendencia violenta, por lo que fue su conciencia la que la obligó a desahogarse y buscar un objeto justificado en el cual depositar semejante carga de estrés.

Y claramente entonces encontró su respuesta en un santiamén, todo había sido culpa de él desde el primer momento en que se apareció en su casa y todo había sido culpa de él cuando la invitó a marcharse con él, por lo que el hombre era absolutamente culpable de la situación en que la que estaba ahora y en la misma que ella quizá no tan a la fuerza también estaba involucrada.

Sin embargo no podía negar que ese imbécil tenía sus encantos, la había conquistado con esa mezcla de niño junto con hombre que portabas y le había vendido esa sonrisa tremendamente estúpida para hacerla caer como una idiota, para después poder manipularla de la manera correcta y así exponerla frente a la Justicia con tal de poner en riesgo su propio pellejo.

Le parecía increíble lo ingenua que había sido todo ese tiempo, dejandose llevar por un par de sentimientos deliberamente falsos y por un par de besos que ahora parecían realmente insignificantes, sólo porque el azulito sabía de manera exacta cómo conquistar a una mujer como ella y exactamente así fue que se ganó el corazón indefenso de la mujer en medio del período de fuga.

Pero ella no podía darse el gusto de pensar en ese amor falso, no podía volver a caer en las garras de ese hombre disimuladamente manipulador y no podía volver a estar a disposición suya como alguna especie de esclava, por lo que únicamente se dedicó a concentrar toda la rabia en su garganta e intentó espantar al ladronzuelo así como pretendía espantarse a simisma.

-Ey-se acercó, él, con paciencia-¿Qué pasa?-

-¡Estamos en problemas, eso pasa!-gritó ella, sin poder aguantar-¡Porque fui una estúpida!-apretó, los puños-¡Fui una estúpida al hacerte caso!-y así, empezó a dar vueltas por la habitación

-¿Puedes calmarte?-atacó él, siguiendola con la mirada-Me estás poniendo nervioso-

-¿Nervioso tú?-dijo ella, entre burlona-¡Yo debería estar nerviosa!-levantó, la voz-¡La policía me tiene fichada, ¿entiendes?-casi, perdió la compostura-¡¿Cómo quieres que esté tranquila?-

-¿Qué no te dijo tu amiguito lo contrario?-se burló, él-¿O me equivoco?-

-No seas idiota, ¿quieres?-lo miró, como asesinandolo-Esto es grave, en serio-recurrió, a repetirle el punto-Deja de portarte como un pendejo-

-Pero estabas muy segura de que te había salido perfecto-insistió él, en jugarle de burlón-Te creíste demasiado, parece-

-¡¿Y qué quieres que haga?-se aproximó ella, para empujarlo-¿¡Que me lamente?-gritó, sin aguantar la ira-¿¡Por haber sido tan ingenua o por haberme metido contigo?-

-Eh, tranquila-replicó él, sosteniendola de los hombros-No es como si se acabara el mundo, ¿verdad?-le habló, tranquilo-Encontraremos una solución, ¿sí?-y así, le regaló una sonrisita

-¿Una solución cómo?-se liberó ella, del débil agarre-¿Cómo vas a arreglar algo como esto?-achicó, los ojos-¿Vas a devolver el dinero, acaso?-le dio, una idea-¿O piensas volver el tiempo atrás, para no robar el banco?-

-¿Qué no te estás olvidando de algo, acaso?-refutó él, entre ofendido-Si es que todavía te acuerdas, claro-

-¿Huh?-encaró las cejas, ella-¿Qué cosa?-

-Si yo no me hubiera robado el banco, nunca nos hubieramos conocido-comentó él, con semblante serio-¿No te pusiste a pensar en eso?-

-Sí, claro que lo pensé-contestó ella, en seca-Y quizás ahora...-bajó, la cabeza-Hubiera sido mejor, si no te hubiera conocido...-

Ellos dos no se caracterizaban por tener una relación de ese estilo tan hiriente, pero... las últimas palabras de la rubia habían conseguido lastimarlo, fue como una puñalada a su corazón escucharla decir semejante cosa y fue su corazón inexperto el que sufrió por la crueldad de esa mujer, que ahora se parecía a una bruja muchísimo más que antes y que de alguna manera todavía seguía teniendo ese aire a niñita muerta de miedo.

Horo Horo entendía perfectamente la contradicción por la que ella estaba pasando, entendía a la perfección el miedo que le daba llegar a separse de él y también el miedo que le daba la idea de quedarse a su lado, quizá porque todavía el orgullo seguía reprimiendo sus sentimientos y era la cobardía la que ahora parecía tomar control de la hermosa mujer.

Pero que entendiera la situación en la que la dama se encontraba y demás... no significaba que a él no le diera rabia semejante cosa, quizá porque él la conocía como la chica que no encogía ante nada y que claramente no se dejaba intimidar por nadie, por lo que inconsientemente aquello lo puso furioso como nunca antes y fue su inconsiente el que lo forzó a enfrentar a la mujer de la manera quizá más incorrecta.

-¿Es así, entonces?-habló él, luego de un rato-¿Eso es todo?-

-¿Y qué esperabas?-contestó ella, juntando sus cosas-Te dije que no iría a la cárcel-

-¿Por qué tienes que ser tan negativa?-refutó él, entre malhumorado-Ya estás dando por sentado, que me van a atrapan-

-Es que te van a atrapar, que es diferente-respondió ella, acomodando el bolso-Saben en dónde te estás escondiendo, con quién estás y hasta quizá cómo andas vestido-le remarcó, cada uno de los detalles-¿Cuántas posibilidades hay de que te puedas escapar?-

-Tendremos tiempo suficiente, si salimos ahora mismo-replicó él, como implorandole-Lo juro-

-Sólo dejame salir primero, ¿quieres?-contestó ella, haciendose la tonta-No quiero que me sigan relacionando contigo-juntó, uno que otro trapo viejo-Al menos, no por el momento-

-¿Crees que, si te separas de mí, él se olvidará de tu cara?-preguntó él, con más dolor que fastidio-¿En serio eres tan ingenua, como para creer eso?-

-Pero tengo que arriesgarme-refutó ella, bastante seca-No tengo opción-

-Ven conmigo, entonces-se apuró él, a tomarla de las manos-Yo te sacaré de aquí, una vez más-le prometió, en esa declaración-Como ya lo he hecho antes-

-¿Huir contigo?-se apartó ella, ignorando al hombre-¿Vivir como una prófuga?-volvió, a su maleta-¿De verdad crees que eso es lo que quiero para mí?-

-Creí que yo era lo que querías-comentó él, como entre ofendido-¿Qué ya no es así, acaso?-

-Quizá nunca lo fue...-dijo ella, como la última palabra

Fue la primera vez que, quizá él sufrió a la par de ella.

Seguramente había sido una estupidez aquello o quizá un acto inconsiente por parte de su compañera... pero estaba seguro que ambos les había dolido por igual aquel par suelto de palabras, cómo toda su relación tan hermosamente amorosa se había venido a pique y cómo eran sus corazones los que ahora parecían reclamarles un acercamiento, antes de que ellos dos llegaran a su fin de la manera más dolorosa y antes de que fuera ella la primera en abandonar la habitación sin mirar atrás.

Pero Horo Horo no podía mover siquiera un mínimo músculo, simplemente había quedado como petrificado entre los chillidos de la ropa arrugada y entre el cierre maldito del bolso pequeño ese insistente, ignorando también a la mujer rubia que se detuvo por una milésima de segundo y dejó salir la lágrima más desdichada que nunca antes había corrido por su mejilla.

De igual manera se resistió notoriamente a caer en medio de esa debilidad, no podía darse el gusto de sucumbir ante el amor no tan falso que la ataba desesperadamente a él y tampoco podía dejar que su orgullo la llevara a pisotearlo como si fuera quizá la peor basura del mundo, por lo que únicamente se limitó a retirarse de la recamara quizá medio vacía y detenerse fuera sólo un segundo antes de separarse de él definitivamente.

Sólo entonces lo escuchó derrumbarse en un intento fallido de llanto, cómo las rodillas prácticamente lo quebraron contra el piso frío y cómo fue su espalda la que de alguna manera lo encorvó como a un gusano, dandole lugar a que los cabellos de cielo se enrredaran entre los temblorosos dedos y que fuera su abandonado corazón el que comenzara a alterarse en semejante soledad.

Por supuesto que a ella le pareció cruel dejarlo así, pero... la mujer también estaba asustada de entregarse completamente a ese joven, quizá porque toda su vida se había cuidado sola como había podido o porque ningún hombre siquiera le había demostrado algún signo de confianza, lo que la llevó a desconfiar inexplicablemente del ladrón que la había cuidado y que de alguna manera había dicho amarla más que a nada en el mundo.

De esa manera se alejó de la puerta arrastrada por esa desconfianza maldita, luego de dedicarle únicamente a él unos pocos minutos de lágrimas y de desprenderse de la vida de fugitiva que venía llevando como desde hacía un mes, para así bajar las escaleras que ahora lo mantenían quizá a kilometros de distancia de su chica y a ella peligrosamente cerca de un encuentro que de alguna manera parecía inevitable.

-Así que, realmente existes, ¿eh?-comentó el más chico, al verla bajar

-¿Perdón?-volteó ella, medio malhumorada

-Mi hermano me habló de ti-respondió el moreno, aclarando-Dijo que te estaba buscando-

-¿Ah, sí?-reaccionó ella, ante el parecido-¿Eso dijo?-

-Sí, eso dijo-sonrió el chiquito, algo idiota-Y parecía bastante interesado, en realidad-

-¿En mí?-preguntó ella, sin disimular-¿O en encontrarme?-

-No lo sé-habló, él-Quizá ambas-reconsideró, la posibilidad-Las mujeres siempre tienen efecto en él, después de todo-

-Ya sabías que era yo, ¿verdad?-cuestionó ella, al moreno sonriente

-Sí, por supuesto que lo sabía-confesó él, tranquilo-También sé que el que está arriba, es el ladrón del banco de Funbari-

-¿Entonces, por qué no dijiste nada?-refutó ella, entre desconfiada-¿Por qué no nos delataste a él y a mí?-

-Nadie me dijo que debía llamar a la policía, ¿verdad?-le susurró, el de pelo corto-En caso de que el ladrón y su cómplice se aparecieran por el hotel-

-Eso te hizo ver tonto, ¿sabías?-sonrió ella, antes de desviar la vista, hacia el nombre pegado en su camisa-Yoh-

-Lo sé-dijo él, entre patético-Pero, al menos, sonreíste-justificó, entre contento-¿O no?-

-¿Eh?-se sonrojó, ella

-Eres muy hermosa, para estar así de triste-le comentó, el moreno chico-Y mucho más, para ir a prisión-le armó, uno que otro piropo-No podía permitirle a Hao una cosa como esa-

-Gracias, entonces...-contestó ella, lo más seca posible-Te debo una, Asakura-

-Cuando quieras-sonrió él, como entre complacido

-A propósito...-habló ella, viendo la puerta-Necesito que me llames un taxi y que cargues mis maletas-le señaló, hacia atrás-¿Puede ser?-

-Por supuesto que sí-se apresuró el recepcionista, a cumplir con el pedido-¿Vas a salir?-

-Sí, algo así...-terminó ella, con media sonrisa

No era aire lo que necesitaba, pero... de igual manera salió antes a la calle, a la calle medianamente transitada por un ligero par de personas y una docena de coches caramente importados, lo que provocó que ella se fijara en el auto chiquito que desentonaba en categoría y se enfocara en la patrulla estúpida de un chino que a la rubia le pareció tremendamente galante.

-¿Kyoyama, Anna?-le comentó él, una vez junto a ella-Soy el Comisario Tao-