Saludos, lectores de fanfiction! Aquí (sí, después de hacer esperar ¬¬ ) el capítulo 9 de LADRÓN DE CORAZONES.
Hmmm… ¿qué puedo decir? Pues espero que lo disfruten y que me digan qué les pareció, eh? (no olviden dejar review porfaaa ^^)
Agradecimientos a:
LoveHao, hamt, HaNnA, snoopy, lakatoo y Namii Heartphilia
+STAGE 09: ORGULLO+
Sintió que se le había venido la noche, cuando ese tipo se apareció frente a ella.
Definitivamente no era un sueño ni en lo más mínimo, ese que tenía enfrente era un policía de verdad y era un policía que decía ser el comisario del pueblo, el pueblo en el que ella andaba de fugitiva de la justicia y todo porque había permitido que su estúpido corazón la convenciera.
Parecía una estupidez, sí… pero todo había sucedido a raíz de eso, ella se había sentido débil ante la primer sonrisa de su chico y más débil se sintió después cuando empezó a conocerlo, tanto que siquiera se dio cuenta cuándo fue que terminó en su cama y peor aún perdidamente enamorada de él como lo estaba ahora mismo.
Por esa misma razón era que estaba frente a esa patrulla, era por eso que se había encontrado directamente con un policía quizá demasiado joven y era por eso que en realidad siquiera se molestó en contestar, permitiendo así que aquel nuevo hombre la llevara un poco más lejos de esa calle y así la invitara a ella a hablar tranquilos en un lugar ajeno a lo que era la bruta comisaria del pueblo.
La elección del apuesto hombre fue un local ligeramente chico en una esquina de la avenida principal, donde le cedió paso a la mujer ubicándola estratégicamente en una mesa del rincón y donde le pidió que lo esperara un poquito antes de comenzar, antes de alejarse de la rubia que había quedado extremadamente turbada y que se había dejado convencer por esa sonrisa espontánea del maldito comisario.
De igual manera lo siguió con la mirada hasta que llegó a la barra, se fijó detenidamente en la naturalidad con la que el cantinero lo recibió amablemente y cómo Tao respondió a ese gesto con la mejor faceta que tenía a la hora de devolver el cumplido, lo que provocó en Anna un mínimo gramo de curiosidad acerca de ese hombre misteriosamente vergonzoso y el mismo que le robó un sonrojo que en principio a cualquiera le hubiera parecido inocente.
No supo en qué momento pero sí miró atentamente a su acompañante, se fijó exclusivamente en el movimiento de su boca al hablar en ese tono seductor y hasta hizo incapie en la sonrisa escasamente espontánea que cada tanto él dibujaba, dándole a su rostro de rudo un toque amplio de hombre tierno y quizá arrimar muchísimo más a la rubia a caer presa de sus encantos.
Fue justo en ese momento en que sintió al chino ponerle los ojos encima, un escalofrío la recorrió por completo cuando recibió la mirada penetrante del hombre de La Ley y hasta le costó respirar en el momento exacto en que él abandonó la barra, dirigiéndose pacientemente hacia la mesita que la mujer había ocupado en primer lugar y haciendo que el corazón de la rubia latiera desenfrenado como queriendo salirse de su pecho intranquilo.
Así al Tao le tomó unos pocos minutos el regresar cómodamente con su compañera, la misma que lo persiguió con la mirada hasta el preciso momento en que tomó asiento y que de alguna manera le esparció cada una de sus emociones a través de la distancia de la mesa que los separaba, lo que provocó en la dedicatoria de una sonrisa atrevida y que la mujer volviera a ponerse a la defensiva antes de ceder ante el estúpido sonrojo.
-Comisario-habló ella, apenas llegó su té-Realmente, encuentro esto muy poco profesional de su parte-
-Sólo quiero que hablemos tranquilos, ¿está bien?-él revolvió, su café-La comisaría no es lugar para ti, después de todo-y otra vez, volvió a sonreír
-Pero quiere interrogarme, ¿no es así?-atacó ella, sin dejarse manipular-¿No le parece inadecuado invitarme un café, en vez de llevarme a la comisaría?-
-Sólo necesito hacerte un par de preguntas, ¿sí?-el chino la miró, atento-Y prefiero que nada ni nadie te ponga nerviosa-le puso azúcar, a su amarga bebida-Porque espero que, esta vez, me digas la verdad-agregó otro sobrecito, de ese endulzante-Que no soy tan básico como Hao, te aviso-
-¿Qué es lo que quiere saber?-preguntó ella, seca
-Quiero saber en dónde está el ladrón de Funbari-reveló él, tranquilo-Has estado viviendo con él en su escondite, ¿verdad?-agregó, sosteniendo el mentón, con sus palmas-Necesito que me lleves hasta él-
-No tengo idea de dónde está-contestó ella, disimulada-Hace rato que no lo veo-intentó sonar, lo más confiable posible-Pero estoy segura de que no le resultara complicado encontrarlo-volvió a beber, su té caliente-Él desentona con este pueblo, después de todo-
-Te recomendaría que no juegues conmigo-él la miró, como entre asesino-Sé que acabas de verlo y que recién se separaron-dijo, en victorioso-¿Puedo saber por qué?-
-Porque no quiero ir a la cárcel, por eso-se limitó a decir, sin sentirse nada orgullosa-Sólo que él no lo entiende-
-Así que, es eso, ¿eh?-levantó las cejas, él-Bueno, hagamos un trato, entonces-terminó, su cafecito-¿Te parece?-
-¿Hmm?-atendió, ella-¿Qué trato?-
-Entrégamelo y quedas libre-confesó, el Tao-La policía no te perseguirá, no te reconocerá ni nada-especificó, los detalles-Sólo serás una mujer común y corriente-
-No le creo-frunció el ceño, ella-¿Qué, se va a borrar la memoria, acaso?-lo atacó, sin fijarse en modales-Usted y su compañero, digo-
-Siempre y cuando cumplas tu parte, no habrá problema-remarcó, el comisario-De lo contrario, sabes lo que te espera, ¿verdad?-
-¿Huh?-encarnó las cejas, la mujer-¿Me está amenazando?-
-Te estoy advirtiendo, nada más-contestó, tranquilo-Ya jugaste con nosotros una vez y te salió mal-le recordó, la escena de seducción-No creo que seas tan tonta, como para repetir ese error, ¿verdad?-
-¿Por qué ya está dando por sentado que lo voy a hacer?-replicó, ella-En ningún momento dije que iba a entregarlo-
-Y no tienes que hacerlo, ahora-contestó, el Tao-Pero lamentablemente, no puede pasar de esta noche-le aclaró, entre simpático-No queremos que se escape, ¿entiendes?-
-¿No cree que es estúpido lo que me está proponiendo?-habló ella, entre rabia-Dandome tiempo para pensarlo y eso…-le aclaró, devolviéndole la mirada-¿Cree que me quedaría dando vueltas por aquí, si fuera a negarme?-
-Entonces, no te vas a negar-sentenció, él-Porque, de lo contrario, pienso perseguirte-frunció, el ceño-Adonde sea, ¿entiendes?-le sonrió, en malvado-Con tal de meterte a la cárcel, claro-
-¿Todo esto si no lo entrego?-chistó, ella-Sinceramente, me parece una estupidez-extendió, los brazos-¿Qué puedo saber yo que no sepan ustedes?-
-Carnada-musitó, él-Eso eres-le repitió, en victorioso-Carnada-
-¿Eh?-tembló, ella
-Lo manipulaste todo este tiempo, ¿verdad?-le dijo, acercándose a ella-A su corazón tanto como a sus sentimientos-nombró, en el dolor de la mujer-Entonces, él no dudará en acercarse si se trata de ti-presumió, de su sabiduría-Morderá el anzuelo, gracias a ti-
-¿Ese es el plan?-preguntó, ella-¿El estúpido plan?-casi, se aguantó la risa-No es tan necio, como para caer en eso-
-Pero caerá, te lo aseguro-sonrió, él-Después de todo, era inevitable, desde un principio-
-¿Hmm?-ladeó la cabeza, ella
-Eres realmente una mujer hermosa, Kyoyama Anna-dijo, tomándola del mentón-Ésa debe haber sido una de las razones, por las cuales se escapó contigo-atinó, a tocar sus labios-Y tú hiciste buen uso de esa belleza, con la que has sido premiada-agregó, casi dentro de la boca de la chica-Ahora, sólo tienes que cooperar conmigo y todo terminará-se mantuvo en medio, de la respiración de la mujer-Con él tras las rejas, claro-
-Hasta la medianoche, ¿verdad?-preguntó ella, sin alejarse-Hasta entonces, tengo tiempo, ¿cierto?-
-Sí, no lo olvides-sonrió él, volviendo a su lugar-Y por supuesto, ni pienses en engañarme, ¿de acuerdo?-
-Entiendo, Comisario-culminó ella, en semblante serio-Con su permiso, entonces-y así, se retiró del lugar
No había sido un "sí" directo, pero… prácticamente le había dado a entender que lo haría, que ella iba a tenderle la trampa al ladrón con tal de quedar en libertad y que en realidad no le importaba romper su corazón más de lo que ya lo había hecho, cosa que a ella en primer lugar le desató el llanto incontrolable y volvieron a su alma las ganas de estar cerca del hombre que la había enamorado.
Todavía podía distinguir desde la esquina la ventana de la habitación que habían rentado, las cortinas estaban completamente cerradas en lo que parecía un acto de terror y siquiera podía distinguir la sombra del hombre dando vueltas por el chiquito lugar, lo que a ella inevitablemente llegó a desesperarla de la manera más sofocante posible y fue el temor de perderlo para siempre lo que la impulsó a correr hasta el hotel.
Quizá era más fuerte que ella o quizá no podía evitarlo… pero necesitaba verlo así fuese por una milésima de segundo, necesitaba saber que él seguía siendo el mismo que anteriormente había jurado protegerla y que seguía siendo el mismo que momentos atrás había dicho amarla más de lo que podía amar a alguien, necesitaba más que nada encontrarse con el hombre de sonrisa ampliamente divertida y con el caballero que la había rescatado como una princesa aunque no hubiese sido de un castillo embrujado.
¿Ahora? Sí, ahora ya lo admitía.
LO AMABA, CON TODO SU CORAZÓN.
Por eso tenía que llegar antes de que alguien pudiese seguirla hasta el escondite, tenía que llegar para asegurarse que ese hombre antes abandonado todavía seguía ahí y que aún estaba esperando que ella regresara en medio de un ataque de arrepentimiento, tenía que confirmar que él seguía siendo igual de amoroso antes que rencoroso y que quizá él la dejara volver a su lado así le costase más que la dignidad.
De esa manera se mandó en el ataque de una ráfaga por la puerta principal, ignorando por completo los llamados consecutivos del recepcionista alterado y dándose paso entre los escalones de madera que a la larga a ella le parecieron interminables, ante la posibilidad de que él literalmente ya la hubiera abandonado así nada más y que de esa manera no volviera a verlo nunca más en lo que fuera que le quedara de vida.
Por eso las lágrimas fluyeron casi impulsadas por más que desesperación, forzando a sus propios pasos a saltearse los peldaños de la maldita escalera de una manera peligrosa y acortando la distancia que la separaba de aquel piso quizá hasta quedarse sin aire, sin importarle en lo más mínimo otra cosa que no fuera él y el perdón que esperaba que su chico amablemente le concediera.
Rápidamente alcanzó su objetivo sin fijarse en ningún otro detalle más, aparte de la necesidad incontrolable que la ataba condenantemente a su apuesto hombre y aparte del dolor prisionero que pareció oprimirle el pecho cuando se sostuvo del picaporte, antes girar la perilla mínimamente al paso en que tragó saliva y así asomó la cabeza sólo para husmear débilmente dentro de la habitación masculina.
Allí se encontró con la espalda aún encorvada del hombre ligeramente maduro, que todavía mantenía la cabeza pegada al piso en un intento de calmar su dolor y que igual mantenía los dedos temblorosos agarrados de su pelo como queriendo desangrarse, lo que provocó que ella ni se fijara en cómo cerró la puerta en medio del ruidoso chirrido y tampoco en el momento preciso en que él se volteó a verla quizá con más de un gramo de dolor.
Y cuando la rubia se encontró cara a cara con esos ojos, que parecían reclamarla aún más allá de lo que significaba el borde del llanto… sus lágrimas no pudieron contenerse ni un segundo más lejos de su hombre sufrido, por eso se abrazó a su cuerpo apenas él pareció dejar de temblar por una milésima de segundo y entonces se recargó sobre el hombro varonil dándole permiso a que el agua con sabor a sal corriera por sus mejillas, para entonces poder apretarse contra el torso estático pero dolorido del chico que todavía sentir como abandonado y envolver entre sus brazos la espalda de él que pareció crujir entre las uñas de la hermosa pero arrepentida mujer.
Exactamente así tuvieron ese momento de conexión que a ella le pareció irreal, Anna pudo palpar el dolor emanando dentro de él así como el suyo propio y hasta sintió la mezcla de agonía como también de paz que parecía florecer ante esa cercanía, por lo que simplemente abrió la boca antes de que el orgullo amenazara con ganarle en batalla y se escapó en su voz algo muchísimo más grande que la pérdida de su gastado orgullo.
-Juro que estaba segura-tembló, ante él-Pensé que estaba preparada-le repitió, entre los dientes-Pero no puedo hacerlo-lo abrazó, con más fuerza-Te amo más de lo que quisiera-y así, ella lo besó
