Para él se trataba sin duda de la mejor época del año, el momento perfecto para hacer las paces con el pasado y mirar hacia el futuro con esperanza.
Así lo había hecho siempre, desde que era un niño pequeño que acompañaba a su madre a la iglesia para rezar junto a ella agradeciendo por todo lo bueno que recibía, por su familia y amigos, rogando porque su padre dejara de beber y lo amara tanto como él lo hacía.
Años después, cumpliendo su deber en el ejército, se había preocupado de mantener intacta su relación con el creador, de encontrar en él la fortaleza para superar sus propios temores y fantasmas, logrando que más allá de todas sus dudas su fe se mantuviera inquebrantable, y descubriendo la manera de sobreponerse a todas las muertes de las que fue testigo y de las que se sentía por momentos tan culpable.
Siendo padre, había llegado su turno en la vida de guiar a su propio hijo, de enseñarle a su querido Parker a dar gracias a Dios por cuidar de él, por ayudarlo a convertirse en un hombre de bien. No podía dejar de mirar la foto de su hijo, su por ahora pequeño e inocente niño, pero que pronto se convertiría en un adolescente.
Inevitablemente llegaría el día en que tendría que explicarle a su hijo sobre todas las vidas que había tomado en el cumplimiento de su deber, primero como francotirador y después como agente del FBI. Cuando pensaba en eso se llenaba de angustia, sentía claramente como su pulso se aceleraba. Después de todo el tiempo transcurrido, si se lo proponía, podía recordar con claridad cada una de esas vidas, cada instante en que tras haber apretado el gatillo comprobaba como su objetivo caía sin vida… era el responsable directo de que más de cincuenta almas abandonaran este mundo.
Y ahora que iba a convertirse en padre nuevamente, en padre de una niña a la que amaría y cuidaría con su propia vida de ser necesario… volvían a asaltarlo sus temores más profundos, en el futuro, cuando llegara el momento de hablar con su pequeña sobre su pasado, sería su hija capaz de comprender sus motivaciones, de perdonarlo por decidir que terminar con la vida de sus semejantes era la única manera de lograr que el mundo fuera un lugar mejor.
Huesos nunca lo había cuestionado al respecto, gracias a su extrema racionalidad, ella comprendía y aceptaba su pasado como francotirador sin controversia alguna. Ella no dudaba ni por un segundo que el padre de su futura hija había hecho lo correcto, y él agradecía a Dios por eso… el ex francotirador sabía que no podría soportar que la mujer a la que amaba más que a su vida desconfiara de su pasado.
Faltaban pocos días para Navidad, y aunque ya tenía el regalo para su amada Huesos, temía que no fuera suficiente o quizás que fuera demasiado… sentado frente a su escritorio se preguntaba a sí mismo cómo hacer que su regalo transmitiera lo que realmente sentía, sin que pareciera una formalidad o una petición, qué fuera simplemente una expresión de todo su amor, de su confianza en esa vida que empezaban a crear juntos.
"¿Qué ocurre agente Booth?" era la voz de Sweets, cualquiera que no lo conociera podría suponer que se trataba de un aprendiz iniciándose en el FBI, acercándose a la oficina de su superior.
El hombre del FBI levantó la cabeza y dirigió su mirada hacía la puerta para comprobar que una vez más, el inoportuno psicólogo se presentaba en su oficina sin invitación y en esta ocasión, no estaba de humor para seguirle el juego, "estoy ocupado Sweets, así que gira 180 grados y regresa por donde viniste", fue la respuesta que ofreció a su interlocutor, tenía mucho en que pensar, le quedaba poco tiempo para decidir si comprar un nuevo regalo para Huesos o...
"¿Me parece percibir problemas entre usted y la doctora Brennan?", insistió el joven psicólogo acostumbrado a la rudeza con que solía tratarlo el agente Booth, y agregó muy seguro de sus palabras "seguramente la doctora no desea celebrar la Navidad y…"
Pero antes que pudiera terminar su idea, el agente lo interrumpió, "es suficiente Sweets!", poniéndose de pie en actitud desafiante, remangándose la camisa, retándolo con la mirada a soltar otra suposición relacionada con él y Huesos.
A pesar de todos los años que llevaba conociendo al hombre que tenía en frente, y sabiendo que era una persona que odiaba la violencia innecesaria, no pudo evitar dar un paso atrás y levantar las manos para dejar claro que había entendido que era mejor no insistir, "comprendo, pero si necesita hablar al respecto sabe dónde encontrarme" dijo dispuesto a salir por la puerta camino a su consultorio.
No había dado ni dos pasos cuando escuchó la voz del agente, "alto Sweets!".
Lentamente volteó a mirar por sobre su hombro derecho y observó al agente apoyado en su escritorio con los brazos cruzados sobre el pecho, "sí agente Booth, dígame" dijo en un tono de voz lo más calmado e indiferente posible, sabía que si se mostraba demasiado interesado solo conseguiría ser rechazado nuevamente.
"¿Cómo puedo hacer para qué Huesos no rechace el regalo que tengo para ella?" soltó sin rodeos el hombre que después de más de seis años consiguió que la mejor antropóloga forense del país aceptara el amor que le ofrecía.
Con la intención de dar el mejor consejo posible, el especialista en relaciones humanas preguntó "¿de qué regalo se trata?" mientras tomaba asiento en una de las dos sillas colocadas delante del escritorio, frente a dónde se encontraba apoyado el agente especial.
Booth sacudió la cabeza negándose a responder y señaló "eso es entre Huesos y yo", e inmediatamente después se puso de pie rodeando el escritorio hasta sentarse cómodamente en su sillón, agregando "así que si no puedes sugerirme algo interesante, te doy las gracias por nada y creo que será mejor regreses a jugar con tus pacientes", dijo esto último al mismo tiempo que con el índice de la mano derecha apuntaba hacia la puerta, y fingía empezar a leer algunos documentos que tenía desordenados sobre el escritorio.
El joven poseedor de más doctorados que la mayoría de psicólogos del FBI, respiró hondo intentando encontrar en sus conocimientos las palabras que fueran una ayuda efectiva para el preocupado hombre que tenía próximo a él, empezó diciendo "sabemos que la doctora Brennan será incapaz de interpretar el significado de su regalo así que expóngale claramente los motivos que lo hicieron elegirlo antes de entregárselo", y añadió, "muéstrele sus sentimientos, no deje nada por sentado."
Poniéndose de pie al mismo tiempo que recogía su chaqueta, el agente estuvo a punto de dejar su oficina con una enorme sonrisa en los labios, pero justo antes de salir, se detuvo, se acercó a un Sweets que no había terminado de hablar y le dio un pequeño golpe de puño en el hombro a manera de agradecimiento. El psicólogo sonrió satisfecho, tal parecía que lo poco que logró decir había sido suficiente.
Camino del estacionamiento, el mejor agente del FBI buscó ansiosamente en el bolsillo del pantalón y sintió la pequeña caja aterciopelada en cuyo interior se encontraba el regalo que había escogido para ella, dos aros de oro blanco con el exterior finamente grabado con arabescos que dibujaban dos "Bs" entrelazadas… sabía perfectamente que ella no creía en el matrimonio, y no le pediría que se casara con él, al menos no por ahora… sin embargo, estaba convencido de haber encontrado la forma de que ella aceptara utilizar uno de esos aros, mientras él utilizaba el otro.
En el fondo de su corazón, él estaba ansioso de salir al mundo luciendo ese aro, de gritar a los cuatro vientos que le pertenecía en cuerpo y alma a esa maravillosa y talentosa mujer que transformó su vida hace más de siete años ayudándolo, sin proponérselo siquiera, a convertirse en un mejor ser humano, y que aunque a los ojos de la mayoría podía parecer una mujer fría, dura e incapaz de tener sentimientos por nadie; él sabía lo cálida y tierna que era realmente, todo lo apasionada que podía llegar a ser en la intimidad… solo él había sido capaz de ver dentro de su corazón y descubrir los maravillosos sentimientos que se escondían temerosos, pero dispuestos a mostrarse ante quien supiera apreciarla.
Si ella había sido capaz de aceptar ser amada por él, si había tenido el valor de empezar una familia juntos, no podría negarse a llevar un símbolo de su confianza en ellos como pareja, un recordatorio permanente de que él estaría siempre allí para ella… y ya tenía claro que palabras mandaría grabar en cada aro.
"Destino" en el de ella, porque después de tanto tiempo siendo compañeros, confidentes, amigos… la mujer que para él era la más hermosa del mundo había aceptado compartir su vida con él, crear un futuro a su lado durante los próximos 30, 40 o 50 años.
Y en el suyo grabaría la palabra "alma", porque era gracias a esa pequeña alma que nacería en pocos meses y que crecía en el vientre de su Huesos que ambos habían logrado superar todos sus temores, recuerdos, frustraciones e inseguridades, reemplazándolos por amor, esperanza, paciencia, confianza del uno en el otro.
