La antropóloga más importante del Instituto Jeffersonian se hallaba en su oficina revisando información relacionada con un cuerpo de más de 4000 años de antigüedad procedente de una excavación arqueológica en la sierra argentina, que llegaría al laboratorio al día siguiente para su evaluación. De pronto el timbre de su celular la sobresaltó, "Brennan" respondió distraídamente a la llamada.
Del otro lado de la línea escuchó una voz infantil, "¡Hola Huesos, soy Parker! ¿Puedes hablar?", era el hijo de su compañero, el niño la llamaba Huesos tal y como lo hacía su padre, eran las únicas dos personas en el mundo a las que permitía decirle de esa manera.
"Hola Parker, no padezco de afasia, ni disartria así que no tengo impedimentos para hablar contigo", respondió la antropóloga en el mismo tono con el que solía dirigirse a sus colegas, mientras aprovechaba el momento para dejar su computadora, levantarse del escritorio y estirarse, aumentando el flujo sanguíneo a sus músculos, mejorando así su circulación.
El niño arrugó el ceño, sorprendido por los extraños nombres que tenían las amigas de la doctora Brennan, pero se alegraba que pudiera charlar y prosiguió, "Huesos, mi mamá viajará a Quebec en Nochebuena para visitar a mis abuelos y quiere que vaya con ella, pero yo prefiero pasar la Navidad contigo y con mi papá…", el pequeño se quedó en silencio tratando de encontrar la mejor manera de pedirle ayuda a la novia de su padre.
La antropóloga supuso que Parker se había quedado callado esperando algún tipo de respuesta de parte de ella y aunque se le hacía muy difícil saber que decir en una situación así, pensó en Angela, recordó que tenía que empezar a escuchar a su corazón, y entonces las palabras brotaron de sus labios con facilidad, "tu padre y yo estaríamos muy felices de que te quedes estos días con nosotros, si tu madre está de acuerdo", puso especial énfasis en la última frase.
Con una sonrisa de alivio en el rostro, una sonrisa que era idéntica a la de su padre, invocando a la suerte cruzando los dedos de la mano con la que no sostenía el teléfono, ansioso y muy nervioso, el pequeño exclamó, "¡eres la mejor Huesos!" y luego empleando todo el valor del que era capaz, el mismo que había tenido cuando defendió al niño más pequeño de su clase de Tony, el bravucón del quinto grado, en un tono de voz casi inaudible agregó, "te quiero pedir un favor… mi mamá dice que lo está pensando… pero yo creo que si tú hablas con ella no podrá decir que no".
Ni en los difíciles meses en que participó en la identificación de restos del genocidio en Ruanda, siendo permanentemente vigilada por miembros de la milicia hutu, se había sentido tan abrumada como en este momento frente al pedido de Parker. Estaba intentando decidir cómo explicar al hermano de su futura hija, que no se sentía facultada para ayudarlo en esta situación, cuando el pequeño interrumpió sus pensamientos, "pero tiene que ser un secreto entre tú y yo, tenemos que darle una sorpresa a mi papá… Huesos, tengo que irme a cenar, te doy el número de mi mamá ¿tienes dónde apuntar?… mejor llámala mañana… a la hora del almuerzo estará bien…"
Se le hacía muy difícil recordar como terminó su conversación con Parker, había dejado de oírlo después de anotar el número de teléfono de Rebecca. Sin saber cómo, estaba embarcada en la tarea más difícil que había tenido en su vida, no conseguía ni imaginar como podría lograrlo.
Necesitaba un café para ayudarla a pensar, pero como había decidido no consumir bebidas estimulantes hasta después que naciera su hija, esperaba que el simple olor del café fuera suficiente. Se levantó del sofá en que había caído presa del pánico durante la conversación sostenida hace unos minutos, y caminó con la mirada fija en algún punto del infinito hasta la máquina de café, se sirvió una taza y disfrutando de la calidez originada por la transferencia del calor, decidió pedir ayuda a la única persona capaz de resolver este dilema.
Angela estaba en su oficina, preparando un video familiar que enviaría como regalo de Navidad a su padre, ni bien se percató de la presencia de su mejor amiga, se volteó a mirarla y con solo darle un vistazo supo que algo ocurría, "¿qué pasa cielo?… no me digas que has peleado con Booth", preguntó la artista dejando el mando del Angelator sobre su escritorio, para luego sentarse en el confortable sofá de tres cuerpos que se hallaba del otro lado de su oficina y dando un par de suaves golpes en el asiento, junto a ella, invitó a su mejor amiga a acompañarla.
Brennan estaba segura de que la mujer sentada a su lado era la persona idónea para ayudarla a salir de este dilema, aplicando sus capacidades de interrelación supra desarrolladas sabría cómo lograr cumplir con la temible misión encomendada por el hijo de su pareja, solo debía explicarle la situación de manera clara y precisa.
La especialista en reconstrucciones faciales tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar una carcajada al escuchar a la mujer que quería como a una hermana, narrarle con lujo de detalles la conversación sostenida con el pequeño Booth, ese crío era un diablillo, había logrado en un par de minutos lo que ningún adulto conseguiría ni en un par de años… dejar a la mejor antropóloga del país casi en estado de shock.
"Tómatelo con calma cariño, respira profundo y deja todo en mis manos, esto es pan comido" dijo la artista intentando transmitir toda su seguridad a la mujer que la miraba con verdadero espanto en los ojos, y agregó con una sonrisa traviesa "te daré la oportunidad de demostrar esa increíble curva de aprendizaje de la que tanto presumes".
La futura madre respiro profundamente, sentía como el aire entraba en sus pulmones bastante presionados por su avanzado estado de gestación, y aunque no entendía de que pan hablaba Angela, decidió no preguntarle al respecto pues supuso se trataba de una metáfora. Manteniendo el control de su respiración de manera consciente clavó su azul mirada en los ojos rasgados de su mejor amiga esperando la siguiente indicación.
"Al toro por las astas" empezó a decir la artista, pero al ver la cara de desconcierto de Brennan, aclaró "es una metáfora, cariño, lo que quiero decir es que debes hablar con Rebecca frente a frente", luego agregó dirigiendo su mirada a la enorme barriga de la mujer junto a ella, "debes aprovecharte de tu estado pues es muy poco probable que pueda negarse al pedido de una mujer embarazada".
La científica miró a Angela sorprendida y con verdadera curiosidad replicó "no conozco la investigación que respalda las probabilidades que mencionas", y guardó silencio esperando una aclaración.
Dedicándole la mirada más comprensiva del mundo, la única mujer capaz de leer en la mirada de la científica y descifrar sus verdaderos sentimientos, explicó en tono de broma "me baso en los resultados de un estudio que realicé durante mi reciente embarazo, y estoy segura que pronto comprobarás cuánta razón tengo".
Transcurrieron casi dos horas desde que la antropóloga más famosa del mundo había recurrido a su mejor amiga, durante todo ese tiempo ambas mujeres pusieron todo de su parte para conseguir darle la mejor sorpresa de Navidad al mejor agente del FBI… al principio, Angela fingía ser Brennan y la mujer de ciencias hacia de Rebecca, de manera que la mujer de escasas habilidades interpersonales aprendiera la mejor manera de reaccionar ante los diversos caminos que podía tomar su conversación con la madre de Parker… luego, cuando Angela consideró que ya habían cubierto todas las diversas situaciones posibles, intercambiaron roles… y solo llegado el momento en que Brennan se sintió lo suficientemente segura, decidieron que era hora de partir a casa.
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"Habla la doctora Brennan", dijo a manera de saludo, eran las diez de la mañana del día siguiente y estaba en su oficina llamando a Rebecca bajo la atenta mirada de Angela, que la reconfortaba dedicándole la mayor de sus sonrisas mientras le mostraba la clásica señal de aprobación apuntando hacia arriba con los pulgares de ambas manos.
"Buenos días doctora Brennan", respondió la madre de Parker, no pude evitar sonreír para sí misma mientras asentía con la cabeza. No la sorprendía en lo absoluto la llamada de la científica, después del pedido que Parker le hizo el día anterior, estaba convencida de que su pequeño buscaría toda la ayuda posible para convencerla de dejarlo quedarse en Washington a pasar la Navidad con su padre. Y esta llamada no hacía más que confirmar que el afecto que su hijo sentía por la famosa escritora era, contra todo lo que ella podía suponer, aparentemente recíproco.
Después de una conversación muy breve e incómoda, habían quedado de encontrarse para almorzar y aunque Rebecca tenía muy claro cuál sería el tema principal de conversación, e incluso ya se había decidido al respecto… no perdería la oportunidad de observar de qué manera la mujer que según palabras de su pequeño era la persona más inteligente del mundo, intentaría convencerla.
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La mujer de larga cabellera rubia miró el reloj de su celular, todavía faltaban cinco minutos para la hora acordada, involuntariamente hizo una señal para que se acercara la mesera, "por favor, podría traerme una botella de agua helada con gas" indicó a la joven mujer que la atendía, y se sorprendió al notar que su voz sonaba más intranquila de lo que quería demostrar.
Procurando recuperar la calma, se sirvió parte del agua en un vaso y empezó a beber, fue en ese preciso momento cuando observó a la mujer que sin proponérselo se había convertido en una gran influencia en la vida de su hijo atravesar la puerta de entrada a la cafetería. Se levantó de su asiento y llamó su atención agitando una mano a manera de saludo.
"Buenas tardes Rebecca me parece que llegaste un poco antes de lo acordado", fueron las primeras palabras de la científica que hacía su mayor esfuerzo por esbozar una sonrisa a pesar de lo insegura que se sentía, por un momento se arrepintió de no haber aceptado la propuesta de Angela, definitivamente se sentiría mucho más tranquila si su mejor amiga también estuviera allí, pero este era un asunto al que debía enfrentarse sola.
La madre del niño que había provocado la difícil situación en la que se hallaban ambas mujeres respondió al saludo diciendo, "hola Temperance… disculpa que te tutee pero dado que has empezado a formar parte importante en la vida de Parker, considero que deberíamos ser menos formales".
Sentadas frente a frente, ambas mujeres permanecieron por breve momentos en un silencio incómodo, la una buscando las palabras adecuadas para empezar la conversación, la otra poniendo a prueba a la mujer que pretendía hacerse cargo de su hijo durante esa Navidad… "¿desean ordenar'?", la alegre y desenfadada voz de la joven mesera rompió el tortuoso mutis en que habían caído.
Las mujeres ordenaron presurosas sus respectivos almuerzos, y fue entonces que Rebecca no pudo evitar preguntar, "¿eres vegetariana?". Como un acto reflejo la mujer que compartía la mesa con ella, recuperó su aplomo y respondió, "soy vegana, no consumo ni utilizo ningún producto de origen animal" explicó enfáticamente. Ese fue el inicio de una interesante conversación en la que ambas mujeres descubrieron que más allá de sus evidentes diferencias exteriores, coincidían en muchos aspectos de mayor importancia, como su compromiso con el ecosistema, sus preferencias políticas, su preocupación por el nivel educativo de las escuelas públicas y, sobre todo, su interés por el bienestar de Parker.
Rebecca no pudo menos que sorprenderse al escuchar a la mujer de enormes ojos azules decir de buenas a primeras, "gracias a Booth, he aprendido que existen muchos tipos de familias…", pero realmente se le hizo un nudo en la garganta cuando su interlocutora agregó con la voz entrecortada por la emoción provocada por recuerdos de épocas muy difíciles, "en mi adolescencia pasé por muchos hogares de acogida… nunca tuve la oportunidad de sentirme parte de una familia, y si bien quizás por ello soy profesionalmente excepcional, si fuera físicamente posible cambiar mi pasado, lo haría sin dudarlo".
La madre del pequeño causante de esta emotiva conversación estaba eligiendo las palabras que le permitieran reconfortar a la mujer que tenía delante, pero antes que pudiera decir algo la científica prosiguió con un tono de voz que denotaba claramente lo conmovida que se hallaba, "… espero que no consideres como una intromisión de mi parte, mi genuino interés por la educación de Parker... considero que es importante que crezca sintiéndose parte de una gran familia y no dividiendo sus afectos entre dos familias separadas", y al cruzar sus miradas comprobó que los ojos de la mujer que hasta antes de esa conversación consideraba fría y carente de emociones, estaban llenos de lágrimas.
Y fue en ese momento que la mujer que alguna vez rechazó la propuesta de matrimonio del mejor agente del FBI , entendió porque Booth se había enamorado perdidamente de esa mujer, comprendió porque Parker la quería y admiraba tanto … pudo descubrir en los ojos de esa mujer todo el dolor y la soledad que probablemente había sufrido durante gran parte de su vida, toda la incomprensión de la que debía ser víctima a diario por su apariencia fría y distante… pero también observó que detrás de la fachada de científica-brillante-escritora-exitosa-sin-sentimientos se escondía una mujer íntegra, poseedora de una fortaleza a prueba de todo, con la capacidad de defender a los suyos con toda su alma y con un corazón dispuesto a entregarse por completo a quienes fueran capaces de ver en su interior.
No necesitaba ningún tipo de explicación, ni justificación adicional, gracias a esa almuerzo compartido había comprobado por ella misma y sin lugar a dudas que esa mujer, aparentemente incapaz de demostrar sus emociones, realmente amaba a su pequeño hijo… así que decidió dar un poco de paz a la madre de la futura hermanita de su único hijo.
Luciendo una hermosa sonrisa que la hacia lucir varios años más joven e imaginando lo feliz que se pondría su pequeño al recibir las buenas noticias, sin mayores rodeos afirmó, "partiré a Quebec el 24 en la mañana, tenemos que acordar a qué hora pasarás a recoger a Parker".
La mujer que se autoproclamaba como un ser humano excepcional tardó menos de una fracción de segundo en comprender que había logrado su cometido, no sabía cómo, pero había conseguido que el hermano de la pequeña criatura que crecía en su interior se quedara en Washington para pasar esa Navidad con ella y con Booth… la vida había sido generosa con ella una vez más, y le permitiría darle al hombre que le enseñó a creer en el destino el mejor regalo de todos.
