8. Separación

El día en que me había llegado la carta , decidí avisar a la universidad diciéndoles que ya no podría seguir yendo a clases por motivos personales. Me fastidiaba tener que dejarlo nada más empezar , era mi sueño.

Ese día me dio por entrar en Doramaniacas, obviamente la principal del sitio web estaba presidida por mi grupo favorito:

Se nos ha informado hace unas horas , que el grupo de música SHINee ha tenido que cancelar su concierto en Alemania , debido a que un integrante , Taemin , el menor del grupo ha tenido un accidente donde desafortunadamente se ha roto la pierna y ha sido traslado de urgencia esta madrugada a Corea . Solo nos queda darle animos para que se recupere y vuleva pronto a cantar y a bailar.

PD: Corren rumores de que el accidente ha sido causado por una chica española que se coló en las instalaciones.

Tragué saliva, aliviada en parte de que mi nombre no se mencionase, estaba segura que de ser así, tendría que mudarme de país y de planeta para que no me persiguiesen fans de todo el globo queriendo lincharme.

Al día siguiente habían llamado al timbre y cual fue mi sorpresa al encontrarme a Onew esperándome fuera.

— ¿Te ayudo? — dijo refiriéndose a la única maleta que llevaba.

— No , no hace falta — me arrepentí en el momento de decirlo, le había ofendido , se le notaba en su expresión.

— Igualmente gracias , pero puedo yo sola — le afirmé intentando formar la mejor sonrisa que podía hacer en ese momento.

Mi madre salió detrás de mí , nos habían permitido despedirnos en el aeropuerto.

Miré a la furgoneta de ocho plazas — conductor incluido — esperándome enfrente de mi casa. Estaba decidida a montar en el asiento de delante cuando el líder me abrió la puerta trasera , encima, tendría que sentarme con los chicos. Me senté en el sillón vacío de mi derecha ya que Jonhyun, Key y Minho estaban juntos en el otro y, obviamente Onew se sentó a mi lado. Mi madre montó al lado del conductor. La puertas se cerraron y emprendimos el corto trayecto hacía barajas, miré por la ventana evitando encontrarme con las caras de SHINee.

Me encontraba en las pistas, delante del avión que me alejaría de mi país y mi familia. Lo admito, me había quedado embobada al ver el avión con la cara impresa de los chicos. Eran personas famosas, que sino fuese porque estaba en esa situación, me alegraría de poder estar a su lado. Entonces mi madre y yo nos miramos a la misma vez, conscientes de que había llegado la hora de despedirnos. Mientras la grúa con la escalera se aproximaba hasta nosotros ella y yo nos abrazamos fuertemente mientras nuestras lagrimas se desbordaban por nuestros rostros empapándonos la ropa.

— Llámame Bianca, cuando llegues allí, me da igual diferencia horaria, llámame.

— Sí — no podía decir mas, sentía que se me salía el corazón.

— Prométemelo — me apremió ella.

— Te lo prometo — la dije mientras se me quebraba la voz en esa última palabra. Sentí alguien cogerme suavemente del brazo, era Onew , me llevaba hasta las escaleras.

Sentí que cada peldaño que subía me alejaba mas y mas de todo lo que conocía dirigiéndome hacia un lugar — prácticamente — desconocido para mí.

Ya se lo había dicho a Micky, mi sueño estaba en otro país, Japón.

Abrí los ojos desmesuradamente, si me había quedado embobada con el ``aspecto´´ exterior de la aeronave, con el interior me había quedado muda de asombro. Estaba parcialmente decorado con madera de color claro y brillante , en cambio lo que rodeaba las paredes de los lados del avión era blanco donde resaltaban pequeños televisores incrustados a los lados de las amplias ventanas. Todo el aeroplano estaba impreso de lujo y riqueza. Los asientos eran individuales.

No me moví mientras veía como los chicos se sentaban en sus asientos, solo decidí empezar a moverme cuando Onew señaló el asiento de enfrente suyo para que me sentara. Miré por la amplia ventana el pequeño trozo del aeropuerto de Madrid, lo último que vería de España durante un tiempo. Cinco minutos después el avión empezó a moverse por las pistas dirección Corea del Sur y yo con él.

No quería seguir llorando , pero en el momento en que despegamos una lágrima se escapó de mis ojos haciéndome cosquillas hasta llegar a la barbilla. Entonces recordé el día anterior.

Cuando salí de la ducha y tras secarme , bajé las escaleras en dirección a la cocina donde mi madre me esperaba con una taza de café en la mano. No la dije nada. Simplemente deposité la hoja en su mano. Ella me miró confundida durante un segundo y empezó a leer. Ví como, a cada línea que leía su tez empezó a ponerse pálida , cuando terminó, volvió a mirarme y en ese momento no pude aguantarme mas , lloré como una niña pequeña mientras me abrazaba. Las dos sabiamos que tenía que irme, esa cantidad no la podríamos pagar en vida.