―Auf wiedersehen, Preußen... ―se despide Suiza volviendo a la mesa e incluso riendo un poco, nerviosito, con lo de las fresas. Cuelga, sonríe y le devuelve el teléfono a Alemania―. Discúlpenme, Preußen me ha dado cierta información interesante ―le sonríe a Austria.

Hungría se ríe por lo bajo pensando que Prusia le ha dicho a Suiza lo de las propiedades erógenas y haciéndole gracia que se lo tome con esta naturalidad.


―¿Qué te ha dicho? ―pregunta Alemania, nervioso.

―Hablábamos de algo... Personal ―vuelve a sonreírle a Austria.

―Personal... Al parecer hoy hasta las clases de apicultura de Liechtenstein son algo personal para ti ―se burla Austria. Hungría se ríe por lo bajini y Suiza pierde la sonrisa sonrojándose.

Mein gott, Österreich! ¡déjalo ya!

Alemania carraspea y después prosigue la comida tranquilamente en la que la conversación gira acerca de dónde puede estar Prusia, sobre todo.

¡Franciaország y Anglia! Tantas peleas pero en el fondo tiene que haber algo más. Nunca he sabido que tipo de... ―empieza Hungría con los ojos en forma de corazón―. Ejem... nada. ¿Alguien quiere más? ―ofrece cambiando de tema.

―No, danke ―responde Suiza suavemente.

―¡Ah! No te preocupes por eso, ¡tenemos postre! ―asegura Hungría recogiendo los platos―. Ahora lo traigo.

La chica vuelve con una bandeja de fresas con nata por encima. Suiza sigue tamborileando los dedos en la mesa, absorto del postre.

Dankeschön, Ungarn.

―Esta bien ―sonríe amablemente―. Liechtenstein me ha dicho que te gustan.

Suiza ve el postre y abre los ojos como platos, sonrojándose otra vez.

―¿L... Li... Liechtenstein te ha dicho eso? ―voltea a ver a Austria, nervioso, quien está fulminando a Hungría con la mirada.

―Eh... No, de hecho no me lo ha dicho ella ―aclara. Suiza, entonces fulmina con la mirada a Austria.

―Sí, ciertamente me gustan las fresas... aunque creo que a Österreich le gustan más ―toma un plato.

―Hay otras cosas que elegiría antes ―replica el de las gafas sin mirarles, Hungría y Suiza levantan las cejas.

―A mi me fascinan las fresas ―intercede Alemania como siempre, sin enterarse de nada.

―¡Están más buenas con grappa! ―Italia también a su rollo. Suiza hace los ojos en blanco.

―¿Qué otras cosas elegirías antes, Österreich? ―se arriesga a preguntarle, más por la molestia de saber que el idiota es quien le ha pedido las fresas, que por querer aclararlo en público.

―Seguramente eso también será algo personal, Schweiz ―responde con calma, mirándole a los ojos y sonriéndole.

Hungría abre los ojos y sonríe sin poder creerlo. Suiza lo mira entrecerrando los ojos y cerrando los puños.

―No es lo mismo.

―¿Por qué no? ―pregunta ahora sin saber a que se refiere el helvético.

―Porque mi conversación con Preußen no tiene nada que ver contigo y esto... ―se detiene, malhumorado tratando de calmarse y fallando miserablemente.

―¿Tu conversación con Preußen? ¿Quién la ha nombrado?

―Pues me estás diciendo eso de lo "personal" en respuesta a lo mío personal ―lo mira y señala con un dedo―. No creas que no te conozco.

―Me estaba refiriendo a la miel ―suelta con sorna―. O al chocolate...― sigue y luego sonríe bajando el tono―. O no... ―añade para si mismo. Suiza levanta las cejas hasta el techo.

―M... miel... ―asiente con la cabeza, sonrojándose. Hungría se frustra un poco creyendo que Austria se refería a algo aun más interesante con lo que acompañar las fresas, como por ejemplo al propio Suiza. Y luego, al ver la reacción de este, piensa que quizás es una clave como lo de las abejas.

―¡Oh, sí! La miel es GENIAL ―suelta mirándole. Austria se pellizca el puente de la nariz.

Suiza parpadea y procesa la información. Miel... genial... sexo... genial... fresas... Austria... Hungría... Liechtenstein...

Alemania termina de comer su plato con fresas y les mira intrigado.

―¿L... la mi... miel? ―balbucea el helvético sonrojado de tal manera, que nos preguntamos que sangre es la que se está oxigenando en sus pulmones―. Y de nuevo Österreich... tu y tus absurdas ideas humorísticas ―le dice a Austria por lo bajo.

―A mi me gusta la mieeeel~ ―canta Italia.

―¿Tu que opinas, Schweiz? ―presiona Hungría con cara de ángel.

―La miel... ―baja los hombros, derrotado―. La miel suena bien.

―Es pegajosa ―comenta Alemania―. ¿Sabes? Deja los dedos pringosos, toques lo que toques ―insiste.

―¡Ah! ¡Seguro hay en la cocina! ―Italia sale corriendo a por ella. Hungría hace un increíble esfuerzo por no descojonarse y Suiza se lleva una mano al puente de la nariz y bufa.

―Esto debe ser una broma colectiva...

―Tienes razón, Deustchland ―sigue Austria como si tampoco supiera de que va el tema―. Pero si la usas en los lugares adecuados...

―Ehmm, bueno... ―Alemania sin tener mucho que decir y sin entender de lo que va nada―. ¿En los lugares adecuados? ―le pregunta a Austria sin entender.

―Creo que por eso Liechtenstein quería saber de apicultura ―suelta Hungría―. A mi también me gustaría saber.

Suiza hace un sobreesfuerzo por no imaginar que lugares le parecerían adecuados para usar miel con Austria.

Österreich, cállate! ¡Los dos! ―da un golpe en la mesa con la palma abierta.

Austria levanta las cejas.

Ungarn, mein gott! Un poco de seriedad, bitte. No te prestes a su juego ―continua Suiza, echando humo por las orejas―. Y tu... tu deja de estar jugando a esto ―le dice a Austria.

Hungría mira a Suiza e Italia vuelve con la miel.

―¡Toma, Svizzera! ―se la ofrece contento. Alemania mira a Austria intrigado, sin entender nada.

―¿Jugar? ―pregunta Austria tratando de parecer inocente.

―Aaaargh... ―Suiza lucha contra el terrible impulso de darse golpes en la cabeza con la mesa. Hungría y Austria luchan contra el impulso de descojonarse.

―¡Claro que sí estás jugando! ―abre los ojos desmesuradamente y baja el tono de voz―. ¡Enloquezcamos a Schweiz! ¡Claro! ―se le va la oooollaaaaaaaaa―... y luego, cuando saque el arma y nos apunte a todos en la cabeza, ¡hagamos un comentario mordaz y critiquémosle!

Schweiz, tranquilízate, bitte. Todos están hablando de postres aquí, si no te gusta la miel... ―empieza a dar explicaciones, Alemania.

―A mi me parece que solo tenemos una pequeña conversación sin malicia sobre postres, Schweiz, no sé que te estés imaginando tu ―suelta Austria también.

―Hombre, Deustchland. Ya podrías enterarte de algo ―se gira a verle―. Seguro si cuchicheas con Österreich, o al parecer también con Ungarn, te puedes enterar ―suelta ácido, y luego se vuelve a Austria―. Conversación sin malicia Österreich... como si no te conociera ―Suiza, nervios a flor de piel tamborilea un poco más en la mesa.

―Quizás podrías decirnos a todos de qué crees que estamos hablando ―le reta Austria como el maestro que le dice al alumno que cuente el chiste para toda la clase. Suiza vuelve a enrojecer y se cruza de brazos.

―No. Y no me hagas parecer demente...

―Yo no hago nada, te lo estas haciendo tu solo ―le responde.

―Sabes perfectamente bien de que estamos hablando todos. Incluidas las malditas fresas ―le escupe al final mientras Italia empieza a comerse la miel tan felizmente―. Yo no sé en que momento se han comunicado ustedes dos... ―los mira intermitentemente, a Hungría y a Austria―. Pero esta broma no tiene ninguna gracia.

Italien, bitte, no embarres todo... ―Alemania le reprime.

Ungarn, dinos tu... ¿de qué crees que hablamos? ―le pregunta Austria mirándola fijamente. Suiza abre los ojos como platos, sonrojándose histérico, temiendo la respuesta, mientras mira a Hungría.

―De... El postre y de... fresas y de... miel y de... cosas geniales ―suelta Hungría nerviosa.

―Eso mismo ―sonríe Austria.

―Pues claro, compinchados los dos. No es como que Ungarn sea capaz de... ¡Claro, hagamos que Schweiz parezca un loco!

―Compinchados... Svjác, ¿estás bien?―pregunta Hungría empezando a preocuparse.

―¡No, claro que no estoy bien! ―bufa mientras mira a Austria de reojo―. ¡No puedes hacer esto una y otra vez! ―amenaza intentando controlarse.

―Creo que hay algo aquí que no estoy entendiendo ―declara Alemania.

―He estado toda la mañana contigo. Solo falta que ahora digas que lo que he comprando en el supermercado también era algo contra ti ―protesta Austria apartando la mirada un poco incomodo, recostándose en su silla.

―¿Te parece, Deustchland? Porque de acuerdo a ellos dos, parece que soy yo el que no está entendiendo na... ―Suiza se detiene al oí la palabras del moreno y vuelve a enrojecer pensando en los condones que ha comprado en el súper y en que lleva toda la mañana con él, y haciendo A + B nuevamente―. ¿Desde cuándo adquiriste tu esta libertad para hablar de ESAS cosas en público? ―le dice en un tono bajito.

―No sé cuando crees que pueda haber hablado con Ungarn de nada sin que hayas estado tu también presente ―añade Austria.

―Yo no he estado presente en ninguna conversación con Ungarn, en particular no cuando hemos hablado de... ejem... con Liechtenstein.

―No se por que hablar de fresas y bombones te incomoda ―Austria bloqueando la parte incomoda de todo el asunto en su mente y autoconvenciéndose de que solo hablan de postres, aun que sabe que no es cierto. Suiza niega con la cabeza.

―¿No sabes? ¡No puedes no saber! Puedes engañarlos a ellos, pero a mi no me engañas.

―Engañar... Que palabra tan fea ―comenta Austria. Suiza frunce el ceño.

―Eeeehm... ¿Alguien quiere café? ―ofrece Hungría levantándose y tratando de calmar la tensión―. ¿O un tranquilizante? ―añade para si misma.

―Pues tú eres el que la está poniendo en práctica ―sigue Suiza serio, ignorando a Hungría.

―O tu eres el que esta malinterpretando ―responde Austria en el mismo tono.

―No estoy malinterpretando. Estás hablando del tema como si hablaras del frío y del calor. Este tema no es sólo de fresas ―sentencia acercándosele.

―Quizás tú eres quien no quiere que lo sea, ¿cómo puedes estar seguro? ―le aguanta la mirada sin titubear.

Hungría empieza a recoger la mesa temiendo que se tiren los platos por encima.

Italien, ven a ayudarme, por favor ―le pide para sacarle de ahí.

―Pues estoy seguro por lo que ha pasado en la mañana. Sería absurdo repetir el tema si no fuera con una intención, Österreich ―dice sin poder evitar dudar un poco.

―Vamos ha hablar de las coincidencias ―suelta Austria con sorna―. Seguro sabes lo que son.

Suiza pega de nuevo en la mesa.

―¡Claro que lo sé! ¡deja de tratarme como si fuera idiota!

Hungría e Italia se van a la cocina, la chica por si acaso, sube a por la cámara.

Alemania carraspea sin que nadie le haga el más mínimo caso.

―Pues no actúes como si lo fueras ―dice Austria simplemente.

―¡YO NO SOY EL QUE ESTÁ ACTUANDO COMO UN NIÑO, ERES TU EL QUE ESTÁ JUGANDO A HUMILLARME! ―grita una vez más, rojo de ira.

Schweiz, cálmate y deja de gritar. Si alguien te esta poniendo en evidencia ese solo eres tu mismo ―responde Austria frunciendo el ceño.

―Argh! ―Suiza se lleva la mano a los ojos intentando controlarse―. Eres... eres...

Alemania parpadea y no se mueve, Austria no puede evitar soltar una sonrisita cáustica, Hungría esta vigilando desde la cocina.

―¡Y deja de reírte! ¿es que lo haces a posta? ¿es tu deporte nacional? ¿"Histerizar a Schweiz"?

―Interesante. Nunca lo había planteado de este modo ―Austria se pone bien las gafas―, pero no es justo que me des a mi todo el mérito cuando lo único que hago es prender la mecha.

―¡Y seguir avivando el maldito fuego! Y no es mérito ―lo mira de lado―. Ningún merito... ¿Qué ganas con ponerme así, eh?

―Lo que tu digas ―sentencia encogiéndose de hombros sin mirarle.

―Aaaaargh! ―le mira con odio dispuesto a pegar de nuevo en la mesa o romperle la cabeza en el canto de ella o quizás algo más interesante, no sé, ¿sacar el arma y vaciársela encima, por ejemplo?

¡Es desquiciante! él, siempre (o casi siempre) controlado, tranquilo, neutral... haciendo escenitas una y otra vez a la mitad de la casa de Alemania sólo porque Austria decide "prender la maldita mecha".

¿Quién había comisionado a Austria a semejante tarea? ¿por que acababa una y otra vez en las mismas, desquiciado e histérico? Si tan solo hubiera una forma de lograr detenerlo, alguna forma de... ¡Oh, espera! ¡Prusia! "El mechón puede tranquilizarlo, cuando está insoportable". ¡JA!

Con un movimiento suave y decidido, se recarga más en la mesa hacía Austria y lo detiene del hombro. Luego, aprovechando el factor sorpresa, estira la mano hacia el rulo y tira de él, con delicadeza.


Glosario de terminos:
Anglia: Pequeño animalillo rubio, histérico y chillón de cejas superpobladas. Mantenerse alejado de cualquier cosa que cocine.
Grappa: es el nombre con el que se conoce en Italia y en la Suiza italiana al aguardiente de orujo, licor con graduación alcohólica que varía entre 38 y 50 grados, obtenido por destilación de orujos de uva, es decir las partes sólidas de la vendimia que no tienen aprovechamiento en la previa elaboración del vino


Merecemos un review... venga, uno pequeñito. Uno que nos haga seguir :)