―G... Gut ―se las arregla para decir aun muy sonrojado.

―Danke ―agradece Austria con una pequeña inclinación de cabeza, separándose de él para volver a sentarse en la butaca, ligeramente incomodo también.


Suiza carraspea sin saber bien que hacer.

―¿Quieres algo de beber? ―sigue diciendo nerviosito mientras se ve las manos. Austria asiente aparentando tranquilidad.

Ja, bitte.

―¿Quieres... vino? ¿Cerveza? ¿Agua? ¿Jugo? ―le ofrece intentando con mucho esfuerzo ser un buen anfitrión.

―Lo que tengas estará bien ―responde con calma, todavía esta un poco tenso, así que no pretende ponerlo difícil, por ahora.

Suiza le mira incómodo. Dioses... ¿querrá agua? no, eso es muy barato. Quizás un poco de vino, aunque no es demasiado... ¿Una cerveza? Eso tomó la última vez. Dios mío, Austria siempre sabe lo que quiere, siempre pide exacto.

―¿C... cerveza, te parece bien? ―le sonríe un poco, esperando con esto que quizás se compadezca de él y le de una instrucción clara. El moreno le mira, no es como que realmente quiera algo de beber, lo que quiere es que se vaya de la habitación dos segundos para que su espalda vuelva a su posición habitual con la que no se puede forjar una espada.

Ja, lo que... ja, está bien. Danke.

Gut ―sale corriendo del cuarto a la cocina, a buscar las cervezas, las copas y todo lo demás. En cuanto entra a la cocina y cierra la puerta, se recarga... con sonrisa de absoluta felicidad en los labios. Resopla un poco y respira, por primera vez desde que abrió la puerta, con normalidad.

Cuando por fin se ha ido, Austria vuelve a respirar y se acuerda de cuan gratificante y beneficioso es hacer eso y por que tiene que evitar dejar de hacerlo. Se frota las sienes. Mein Gott... esto se supone que debería ser más fácil y fluir a medida que... y lo único que esta pasando es que parece todo cada vez más tenso. ¿Se habrá pasado?

Luego, Suiza se pone a buscar en la alacena las mejores copas que tiene y abre el refrigerador en busca de la cerveza, mientras tararea la canción de Heidi. Pone ambas cervezas en una charola junto con unas servilletas y sale de la cocina, tensándose de nuevo.

―Eeeehm... Österreich... tengo algo que... decirte... ― empieza Suiza dejando la cerveza en la mesa.

―¿Qué es? ―pregunta suavemente, agradeciendo un cambio de tema. Suiza se lleva una mano a la cara, tallándose los ojos.

―Compré el silencio de Ungarn de lo que... de lo de casa de Deutschland por no hacerle nada a Preußen ―suelta muy muy rápido con los ojos tapados, levanta un dedo y mira a Austria―. Y no le puedes decir nada ni a Preußen, ni a Ungarn. ¿Vale?

―El... silencio... ―Austria lo valora pensando en la conversación―... por eso Ungarn decía que encestaría darle una explicación para Preußen. Si hizo ese trato contigo, ella no puede contarle ―se relaja un poco y se sonrie recostandose en la butaca―. Eso es un alivio, no necesito a Preußen haciendo el imbécil tratando de meterme en problemas por culpa de Mariazell.

Y ahora Suiza se siente más culpable. Dioses... Prusia le ha hablado de Mariazell y él es quien ha hecho el imbécil... le va a decir.

―¿Sabes?

―Es definitivamente mucho mejor así... pero no veo en que te beneficia a ti, significa que si Preußen es el culpable de esto, no vas a poder hacer nada.

Preußen... parece... tener la idea de que Mariazell tiene otro efecto ―suelta Suiza con los ojos cerrados―. Y no, a mi no me beneficia en nada, eso es cierto ―concede apretando más los ojos, sabiendo que Austria va a golpearle o algo. Austria cierra la boca tratando de no sacar conclusiones precipitadas y mirando fijamente a Suiza.

Bitte... discúlpame ―Suiza le dice abriéndo los ojos para mirarle―. Österreich, si no te digo esto ahora, va a acabar por ser un malentendido más grande aun. Preußen... me dijo al teléfono que Mariazell te calmaría ―confiesa sonrojándose―. Yo... sólo... ―le sostiene aun la mirada―. Yo nunca pensé que este fuera el resultado.

El de las gafas se frota las sienes.

―Hice el trato con Ungarn para que Preußenno se enterara de que yo realmente había probado lo que hacía Mariazell.

Preußente preguntará él mismo ―sentencia aún con los ojos cerrados.

―Será simple decirle que no lo he probado ―Suiza le dice como si cualquier cosa. Austria abre los ojos y le mira.

―De ninguna manera.

―¿De ninguna manera qué? ―hace cara de angustias.

―¿Estás completamente seguro de que Preußen cree eso de Mariazell? ¿Te dijo como llegó a esa conclusión?

―Dijo que Frankreich lo había probado con Canadá y Spanien con Römer...

Mein gott in himmel... ¡Frankreich está en esto! ―sigue lamentandose, quitándose las gafas y pellizcándose el puente de la nariz―. Schweiz―le vuelve a mirar fijamente.

―Lo siento ―le dice una vez más completamente ruborizado.

―Si Preußen... o cualquiera de esos tres te pregunta por Mariazell, les dirás que lo probaste y que funcionó ―ordena. Suiza se sonroja AÚN mas.

―¿P... per... perdón? ¿Quieres que les diga que tiré de Mariazell y...? ―arriba de la cara de Suiza se podría freír un huevo. Austria se sonroja un poco también.

―No que funcionó... como funciona. Si no que logró calmarme, que funcionó tal como él te dijo ―matiza.

―Oh... Mientras Preußen no quiera probarlo ―Suiza le dice mirándolo a los ojos.

―Y agradecería que añadieras que solo fue por unos instantes y que luego aún lograste ponerme más furioso ―pide―. Eso evitará que Preußen tenga una escusa.

―Oh, bien. Puedo hacer eso ―concluye relajándose un poco. El moreno le mira.

―No va a ser fácil, especialmente si es Frankreich quien te pregunta ―le advierte.

―¿Decirles la verdad? ―le mira de reojo― Porque yo no recuerdo que Mariazell haga otra cosa mas que tranquilizarte unos segundos y luego eres como veinte veces más desesperante e insufrible. ¿Frankreich? ¿Qué hace Frankreich que sea tan especial? ―le mira de frente.

―Sabrá que mientes ―sentencia.

―¿Cómo? ―le pregunta intrigado.

―Pero el caso no es que no lo sepa... si no que no pueda demostrarlo ―añade.

―¿No te lo acabo de decir convincentemente? Creeme... puedo ejemplificar la sensasión exacta en el momento en que uno quiere vaciarte una pistola en la cabeza ―le explica sonriendo un poco para que entienda que es una... ¿broma?―. ¿Que no pueda... demostrarlo? Österreich, cómo va a demostrar que Mariazell no... ―se sonroja de nuevo―. A menos de que venga y tire de él. Y si a Frankreich se le ocurre te juro que esta vez... ―Suiza recuperando su carácter original.

―Exacto. Obviamente no voy a dejar que se me acerquen, pero lo que van a buscar no es tu explicación, si no hacerte cometer un error ―explica.

―Pero si yo puedo defenderme bien, no cometí ningún error con Preußen ―se miente a sí mismo descaradamente.

―No he dicho que no puedas hacerlo, he dicho que no es tan sencillo ―concede mirándole dándole animos.

―Pues voy a intentarlo ―asegura muy serio y convencido, con determinación.

Danke ―agradece sinceramente―. Y mein gott in himmel, la proxima vez que Preußen te diga cualquier cosa... asegurate de que es cierto en vez de darlo por hecho ―pide prácticamente como una súplica. Suiza se relaja mucho, mucho, al ver que Austria no se ha ido ni le ha roto la cara o... algo así. Niega con la cabeza mientras vuelve a masajearse las sienes.

―Nunca... nunca debería de salir de esta casa... ―se dice a si mismo y ahora todos sabemos que a Suiza no le gusta salir ni que nadie vaya porque es un TORPE de primera.

―Lo que tú digas, pero si vas a convertirte en un ermitaño no me quedará más remedio que llevarme a Liechtenstein conmigo ―responde muy serio.

―No voy a convertirme en un ermitaño, Österreich, pensé que eso había quedado claro desde la primera vez que te pedí disculpas ―le dice en un tono ligeramente exasperado, dándole el último trago a la cerveza―. Y Liechtenstein no puede irse a vivir a esa casa de locos, antes sería mejor que tu te vinieras aquí.

Austria levanta las cejas pensando en si Suiza es realmente consciente de lo que está diciendo... y luego decide que seguramente está bromeando.

―Lo que realmente sería mejor, sería que alguien fuera a pasar una escoba por mi casa ―asegura medio desinteresadamente. Suiza levanta las cejas.

―¿Vamos a ir a Wien? ―y realmente... es que realmente es adorable. Luego piensa en darse un tiro el a su propia cabeza al notar que es evidente que Austria planeaba ir a su casa él solo.
―De hecho, según la versión oficial, yo estoy en Wien―explica Austria ignorando el asunto del plural. Suiza levanta las cejas, asintiendo.

―Oh... oh.

―Pero quien sabe, quizás nos ahorraríamos lo pagos regulares a Ungarn si solo... ―no acaba la frase esperando que Suiza pille el asunto. Suiza le mira sin entender nada―. Si Wienestuviera en condiciones... podría ser un lugar adecuado para no dar más clases de apicultura a nadie ―explica siendo un poco más especifico al notar su desconcierto, sin mirarle.

―¡OOOOOOOOOH! ―Suiza casi se ahoga cuando le ha entendido y enrojece otra vez como una manzana encontrando repentinamente que el suelo merece el 99% de su atención―. Ejem... Quizás pueda ayudarte a que lo esté. Wiensiempre me ha parecido un sitio bonito y... ―empieza a parlotear de nervios―, la gente es muy especial, además hacen una comida espléndida... Especialmente los postres que son muy buenos, aunque no siempre llevan del mejor chocolate suizo, pero…

Ja... creo que se puede decir que conozco Wienun poco ―suelta cortándole y Suiza se calla.

―Ejem... ―levanta la cara y le sonríe un poco y luego se pone serio de nuevo―. ¿Q... quieres algo más? ―le pregunta señalando la cerveza. Austria mira la cerveza que ni siquiera a tocado.

―No, creo que prefiero empezar esta primero antes de empezar otra.

―Eh... claro. Quizás quieras empezar a beberla... va a calentarse ―le dice algo incómodo.

―Quizás la prefiera caliente ―se burla.

―Si quieres guardarla ―se encoge de hombros―. ¿Tienes un piano en Wien? ―le pregunta de la nada. Austria le mira con cara de "¿qué te hace pensar que Viena no se construyó alrededor de un piano?".

Nein―responde escuetamente. Suiza levanta las cejas.

―¿Nein?

Nein―repite sonriendo un poco. El rubio le mira suspicaz.

―¿Cuántos tienes?

―Cuatro ―sonríe abiertamente. El helvético le sonríe de vuelta.

―Me gusta que toques el piano... quizás podrías traer uno aquí ―cree que piensa, pero en realidad lo dice en voz alta… carraspea. Austria vuelve a mirarle pensando que de nuevo debe estar bromeando.

―Quizás podamos traer uno ―suelta el de las gafas. Suiza lo mira, muy serio.

―Quizás podamos traerlo ―declara mirándole―. Antes había uno aquí.

Austria se detiene, ha dicho eso por seguirle la broma, no como un asunto serio. El helvético se queda en silencio, mirándolo y frunciendo el ceño. Luego se pone de pie.

―Voy por otra cerveza ―declara y se va a la cocina, exasperado de todo. Austria toma la suya y se bebe más de la mitad de un solo trago.

Mein gott...―susurra.

Suiza entra a la cocina, abre una cerveza, se la toma ENTERA de un solo trago y luego se sirve un vaso con agua.

Mein Gott, Swiss... Tienes que controlarte ―se dice así mismo, nervioso―. Tema neutral, tema neutral... deja de decirle que traiga un verdamnt piano, bitteschön! ―se reprende a si mismo con ganas frustradas de ir a gritar un rato a los Alpes.

Austria trata de recuperar su ritmo cardiaco normal. Llevar un piano a Bern... ¿En qué estaba pensando? Es cierto que las cosas parecían empezar fluir ultimamente pero... Joder, esa misma tarde casi parecía que iban a dejarse de hablar para siempre. Quizás podía comprar un piano nuevo en vez de llevar uno de los suyos.


Y hasta aquí, final abierto señoras y señores, por que lo que pasó a continuación necesita demasiada contextualización histórica para poder ser añadido :) Esperemos que os haya gustado.

Like ever, una mención especial (en estricto orden alfabético) a nuestras comentadoras habituales, Fallon Kristerson, Kurai Ikari y Natamsha. Dankeschön.

Y gracias a ti, que has leído hasta aquí.

Por que no dedicar un Long trae mala suerte: A la Profesora de Química de Agua, que no sabía restar y por eso se pudo escribir está historia durante las pausas reflexivas.