¡Gracias por los review a [Anónimo] (?), Sam-w2.0, HyuugaLore, ariadonechan y nyanko1827!
Veamos, hay 5. Eso es... ¡mucho! Gracias a todos por el apoyo. Y me alegro de que esto ayude a gente a descubrir este pairing. Mis historias de este pairing no son de las mejores ni mucho menos, hay por ahí una community con una recopilación de RusiaXEspaña. "Imperio RusiEspa", se llama. Hay muchos fanfics, y también hay alguno medianamente largo (alrededor de 10.000 palabras). Yo diría que es un buen lugar para empezar si queréis seguir leyendo sobre este pairing. Y, bueno, sobre gente que está indecisa para escribir... Si yo puedo, vosotros también (¡y seguro que mucho mejor!)
Sobre este capítulo, las escenas están en tercera persona. Son variaditas, sin mucha relación entre ellas. En un principio iba a hacer dos por review (pensaba que no recibiría más de dos, en el mejor de los casos) pero después me di cuenta de que las escenas me salían más largas de lo esperado. En un principio iban a ser cortas, de unas 100 palabras o menos, como "flashes". Cuando hice la primera vi que no serían tan cortas y que hacer dos por review sería demasiado. Así que solo hay 5 (pero son más largas de lo planeado). Supongo que habrá al menos una os gustará... Bueno, eso espero... ^^'
Disclaimer: Hetalia no me pertenece.
-¡Antonio! ¡Estas no son horas de emitir películas de terror violentas y sangrientas en la televisión!-exclamó Rusia desde el sofá una tarde después de comer.
-¿De qué estás hablando? A estas horas no hay películas de ese tipo, Iván-dijo Antonio extrañado entrando en el salón y sentándose en el sofá junto a la nación del norte.
-Mira eso-dijo el rubio señalando a la televisión-. Esa mujer grita como una banshee, esa otra parece una arpía, ese tío parece que le vaya a arrancar la cabeza a aquel otro en cualquier momento...
-Iván... Eso no es una película de terror-dijo Antonio frunciendo el ceño al escuchar los gritos que salían de la televisión.
-Entonces, ¿qué es?
-Un programa... de cotilleos-murmuró el español evitando mirar hacia la pantalla del televisor. La verdad es que su novio había descrito con total acierto el espectáculo que estaban dando en ese programa, pero nunca lo admitiría. Al menos no lo haría en voz alta.
-América gritaría como una niña pequeña si viera esto. Se escondería detrás del sofá y tendría pesadillas durante semanas-comentó Rusia con una sonrisa sin apartar la vista de la televisión.
España no se atrevió a decirle que había vuelto a acertar, que eso fue lo que pasó la última vez que Alfred le hizo una visita y que desde entonces el americano no había vuelto al País de la Pasión. Antonio se limitó a reír y a dirigirse a su habitación a echar una siesta como cada día.
En una fría noche de invierno, las dos naciones estaban intentando dormir sufriendo los efectos de las bajas temperaturas que había en ese momento en la habitación. Aunque cada uno las sentía de forma muy diferente a como lo hacía el otro.
-S-sólo una más-suplicó Antonio acercándose más a Rusia para entrar en calor. Tenía muchísimo frío y llevaba una hora tratando de convencer a su novio de que deberían ir a por otra manta más.
-Ni hablar, esto empieza a parecerse una sauna-se quejó el ruso, acostumbrado a temperaturas mucho más bajas que esas. Él, a diferencia del español, se sentía agobiado por estar debajo de tantas mantas y quería deshacerse de alguna.
-O-oh, venga. Se me están congelando los p-pies-susurró el español, ya sin muchas esperanzas de tener éxito.
-A esta temperatura no se congela ni el agua, quejica-rió suavemente el ruso, abrazando a Antonio para que entrara en calor más rápidamente-. Recuérdame que nunca te invite a mi país en invierno.
-Tranquilo, no tenía pensado ir... Bueno, si me dijeras que tienes calefacción me lo pensaría...-murmuró sobre el pecho del ruso, ya sin sentir tanto frío.
-Friolero...-murmuró Iván, encontrando la situación divertida.
Unos minutos después el ruso intentaba quitar algunas mantas de la cama sin despertar al joven de cabello rizado que dormía abrazado a él.
-Media hora, Rusia. Llevamos aquí media hora. Yo debería estar en la camita echándome una siesta-se quejó España.
-Lo sé, lo sé. Ten paciencia, queda poco-le pidió Rusia mirando al frente con ansiedad preguntándose si ese semáforo se pondría en verde algún día.
Las dos naciones estaban en su coche esperando impacientemente delante de un semáforo en rojo. Era domingo y una emergencia les había hecho salir de casa para dirigirse al centro de la ciudad. Bueno, una emergencia para Rusia y una molestia innecesaria para España.
-¿Esto es necesario, Iván?-preguntó Antonio por enésima vez intentando no bostezar.
-Sí. Antonio, si falta un bien de primera necesidad un domingo solo podemos ir al centro a comprarlo y comernos el atasco-le recordó el ruso.
-Pero el vodka no es un bien de primera necesidad-se quejó España mientras el semáforo se ponía en verde.
-Tampoco lo eran tus tomates el mes pasado y me hiciste salir contigo a las tres de la madrugada en busca de una tienda de esas que abren todo el día-replicó la nación del norte, silenciando efectivamente a la nación española, que apoyó su cabeza contra el frío cristal de la ventanilla y cerró los ojos. El ruso sonrió-Yo al menos esperaré hasta llegar a casa para beberme el vodka. Tú dejaste la tapicería del coche hecha un desastre...
-Entendido, no me quejaré más-murmuró medio dormido.
Rusia y España habían salido a dar una vuelta por las calles del barrio en el que vivían desde ya hacía meses. La primavera había llegado y ya no quedaba ni rastro de las hojas de los árboles que se amontonaban en el suelo de las aceras o de las mantas que se amontonaba sobre la cama de la habitación. Las naciones disfrutaban del silencio que reinaba en las calles. No se habían cruzado con nadie, ni siquiera con un coche. Esto no pasó desapercibido para Rusia quien, a pesar de disfrutar de la paz que había aquella mañana, se preguntaba a qué se debía tanto silencio.
-Antonio, ¿no encuentras esto un poco extraño?-preguntó en voz baja, como si no quisiera romper por completo el silencio.
-¿A qué te refieres?-preguntó el español, también en voz baja.
-¿No hay demasiado... silencio? No nos hemos cruzado con nadie y no hay tráfico. Esto está desierto-explicó sin alzar la voz.
-¿No has mirado el calendario? Hoy es un día festivo, la gente está en casa haciendo el vago o pasando la resaca-rió España.
-¿Otra vez? ¿Por qué tienes tantos días festivos, si se puede saber?-preguntó un sorprendido Iván.
-Porque me gusta hacer el vago en casa-respondió Antonio como si fuera lo más obvio del mundo.
-¿Y pasar resacas?-bromeó el rubio.
-¿Ves? Eso ya no me gusta tanto- rió el español-. Pero no todo iba a ser perfecto, ¿no?
-Cierto. Pero, ¿sabes qué? No conozco a nada ni nadie que se acerque más a la perfección que tú-le dijo dándole un beso al español.
España y Rusia llevaban unos días metiendo sus cosas en maletas. Ya estaban listos para irse el día siguiente y volver a ver al resto de naciones. España estaba estresado, como siempre, preocupándose de no dejarse nada en el piso. Rusia estaba pensando en cómo les recibirían sus compañeros.
-Antonio, ¿qué crees que pasará mañana?-le preguntó desde el salón, alzando la voz para que el español le oyera desde su habitación, donde tenían las maletas.
-¿Mañana? ¿Tú también estás preocupado por eso?-escuchó que le preguntaba.
-Bueno, sí. No saber lo que pasará me pone de los nervios-confesó el ruso.
-Ah, ¿que todavía no lo sabes? Qué poco previsor...-comentó España.
-¿Previsor?
-Sí, si vieras el tiempo en la televisión como yo, sabrías que mañana lloverá y que tendremos que conducir con cuidado. Porque estabas hablando sobre el tiempo, ¿no?-le dijo.
-Eh... Antonio... Hablaba del hecho de volver a ver a todo el mundo mañana-le explicó con paciencia.
-¡Ah! Pues eso también es obvio-le dijo entrando por la puerta y sentándose al lado de su novio-. Italia del Norte nos ofrecerá pasta, Romano me insultará, Alemania pedirá silencio, América se hará el héroe, Bielorrusia te pedirá matrimonio y Prusia me dirá que vayamos a tomar una cerveza y que invite yo.
-Con un "pasará lo de siempre" hubiera bastado-dijo Iván sorprendido por lo tranquilo que estaba Antonio-. Pero tienes razón, nada cambiará.
-¿Cómo que nada cambiará? Iván, en la próxima reunión estaremos juntos-sonrió la nación de pelo castaño.
Muchos reviews, así que hay más escenas de las que planeé. Empecé a escribir esto tras revisar uno de mis oneshot "cómicos", así que sé que me ha salido menos serio de lo que pretendía. De verdad, lo siento si no os gustó. Pero bueno, me gustaría "leer" alguna opinión y tal...
Siento la tardanza, he estado trabajando en otro fic al que le estoy dando "máxima prioridad" por el momento ^^
Review? Please~
PD: Hay una encuesta un poco tonta en mi profile, pero agradecería si alguien se pasara a votar :3
