N/A: Holaaaa, les agradezco mucho sus reviews, espero que dejen más conforme lean la historia así me entero qué les parece y puedo seguir subiendo capítulos semanalmente! Gracias a todos! =) Advierto que este capítulo es uno de los tantos subidos de tono, ya lo había dicho, deben ser mayores o leer bajo su responsabilidad totalmente. Hasta pronto y que lo disfruten!
3
Maltrato
Theodore salió apresurado luego de hablar con Pansy sobre sus reseñas para la semana, ajetreado y concentrado como siempre resultaba estar, salió rápido de su oficina luego de recibir el llamado de Ron. Estaba tan nervioso y llevaba tantos papeles para dejar de paso en la oficina de Hermione, que no vio lo que tenía delante chocó con alguien casi tumbándolo. Resultó ser la chica nueva, Natalie, que inmediatamente se disculpó y comenzó a juntar todos los papeles que se habían desparramado por el suelo. Theo alzó la vista cuando se agachó con ella para terminar de juntar todo, y ella lo miró avergonzada con las mejillas tiernamente teñidas de color rosado, pero sonrió.
—Lo siento —dijo tímidamente y le entregó el último papel del suelo, aunque no se levantó de allí—. Soy un poco torpe. No pude esquivarte.
—Está bien —pronunció Nott fríamente. Tragó saliva y se puso de pie con toda fuerza de voluntad—. Estoy apurado. Bienvenida a la revista…
Se fue maldiciendo por lo bajo mientras la dejaba allí pasmada y extrañada por esa poca calidez de bienvenida. Parecía echarla con la mirada. Antes de que se diera cuenta, el castaño hombre volvió y le tendió los papeles con nerviosismo.
—Son para Hermione.
Fue lo único que dijo, Natalie frunció el ceño al verlo desaparecer por el elevador. Negó con la cabeza y sonriente como acostumbraba a dirigirse siempre por la vida, se dedicó a dejar los documentos en el escritorio de su jefa. Todavía no había tenido oportunidad ni de cruzar palabra con ella. Se dirigió a su pequeño despacho, y se sentó recibiendo llamados y anotando lo que debía decirle a Hermione durante la tarde.
Se escuchó un golpeteo nervioso en la puerta de su oficina. Ron alzó la cabeza y permitió entrar a quien estaba del otro lado. Theodore era un hombre alto de piel bronceada y no tan blanca como la suya propia, y tenía unos pequeños ojos pero llamativos y redondeados, que a simple vista eran marrones, pero al estar cerca se podían apreciar motitas verdes cerca de las pupilas. El chico era simplemente trabajador, callado y bastante meticuloso, escribía cuando le mandaban algo exclusivamente, pero era fotógrafo y subía al cuarto piso para ese fin cuando se lo llamaba y también era un dibujante excepcional, y eso a Ron lo exasperaba o al menos eso quería que pareciera. Le encantaba el respeto que le tenían desde que formaba la parte más importante de la empresa, sin mencionar que era el director en el octavo piso donde se encargaba de la animación de videos que producían allí. Lo miró fijo y le indicó que se sentase.
—Tenemos un asunto que aclarar… —comenzó Ron, carraspeó y siguió mientras le señalaba las reseñas de Geoffrey—. Tómalas.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó cauteloso mirándolas.
—Tu trabajo. Dibujarás la portada y los marcos de las páginas… Pero sólo dibujarás las cosas que Hooper escriba. Lo que tú escribas me lo mandarás a mí. Resulta ser que dar una visión artística siempre es mejor verla desde otro punto de vista… Tal vez si dibujaras lo que tú mismo escribieras no resultaría entendible del todo para la audiencia —explicó Ron.
—¿En s-serio? ¿Vuelvo a dibujo? —preguntó sonriendo. Pero su sonrisa se fue tras un arranque de violencia de parte del diseñador, que se acercó y bruscamente lo tomó del cuello de su camisa provocando que su estómago chocara contra la mesa mientras se inclinaba sin voluntad hacia él. Mantuvo el rostro mirándolo desafiante—. ¿Hice a-algo mal?
—No sonrías… —le ordenó soltándolo y dejándolo caer en la silla.
—Bien. —Se levantó y se fue temeroso. Algo serio debía haberle pasado a Weasley para que le hiciera mal o le enfurecieran las sonrisas sinceras. Tragó saliva y bajó felizmente por su trabajo reincorporado en el dibujo. Salió a las corridas del ascensor, tan feliz, que volvió a arrollar a Natalie por el camino.
—Lo s-siento, de nuevo…
—¿No me esquivaste? —preguntó más suelto y menos indiferente, ayudándola a ponerse de pie. Natalie lo miró con una sonrisa pero aún así frunció el ceño extrañada por el cambio repentino de actitud.
—Eres raro… —musitó pensando en voz alta, aunque se dio cuenta de eso y agregó rápidamente—, lo digo porque te fuiste corriendo nervioso y serio y vuelves sonriente y más calmo, aunque parece que te gusta correr por los pasillos.
—Me gusta, sí… Es que Weasley me reincorporó a dibujo —admitió volviendo a dejar escapar una sonrisa—. Si me disculpas, tengo que trabajar.
—Sí… —Natalie lo observó metiéndose en su oficina con aquellos documentos que traía encima, y sonrió por Ron. Su amigo se hacía el duro, pero realmente era una buena persona. Pensando en aquella posibilidad que le había dado al muchacho, del cual todavía no sabía ni el nombre, se sintió feliz por él y entró sonriente en la oficina de Hermione, aunque para su mala suerte, había entrado sin permiso pensando que no se encontraría allí, pero esta vez ella estaba y la miraba acusadoramente, aunque luego le dedicó algo parecido a una sonrisa.
—Tú debes ser McDonald… —inquirió Hermione. Natalie avanzó unos pasos y como acostumbraba, siguió sonriendo.
—Sí, Natalie —le indicó. No le gustaba que la llamaran por su apellido—. Es un placer conocerla, señora Davies —dijo tranquila. Aunque Hermione pensó en lo horroroso que sonó aquel nombre referente a ella, siempre había pedido que se la siguiera llamando por su propio apellido o que directamente le dijeran Hermione. De antemano, la miró mal pensando que Ronald la había enviado exclusivamente para fastidiarla.
—Si yo te llamo Natalie, tú me llamarás Hermione, ¿de acuerdo? —expuso con una mirada desafiante. Si esa mujer era otra de las zorras que se acostaba o andaba tocándose con Ron, juraba que le haría la vida imposible—. ¿De dónde conoces a Weasley?
—Un día me atropelló estando borracho, en Brooklyn —confesó la joven recordando la situación—, de todas maneras, fui afortunada de encontrarlo, es una gran persona.
—Así que eras tú la del juicio que no se llevó a cabo, Ginny me comentó algo de eso… ¿Por qué no quisiste mandarlo preso? —preguntó interesada.
—Solamente me fracturé la tibia, él pagó los daños y como él no quería que su hermana o cuñado se metieran en el asunto dejamos el tema legal fuera…
—Pero conducía borracho…
—Pero no lo estaba del todo. Bajó inmediatamente y me asistió llamando a la ambulancia. Se quedó conmigo tres días en el hospital, tras la operación porque fue fractura expuesta… E incluso se disculpó con mis padres —explicó Natalie, aliviada de poder contarle justamente a ella un poco del lado bueno de Ron. Estaba completamente al tanto de que ambos se odiaban por cosas del pasado, pero también tenía sabido que se traían una historia a espaldas de todos—. Ha sido bueno hoy mismo, acaba de reincorporar a ese hombre de los dibujos. El que tiene oficina en este mismo piso…
—¿A Nott? ¿Reincorporó a Theodore al trabajo de dibujante? —preguntó incrédula. Natalie asintió suponiendo que ese era el nombre del muchacho. Hermione emitió una leve sonrisa y le indicó que ya podía irse. Suspiró quedando a solas.
Marcó el número de la oficina central y esperó a que Roger atendiera. No fue él quien descolgó el teléfono. Parvati, su secretaria, le dijo que en minutos la atendería. Esperó un momento, moviendo nerviosamente la pierna hasta que una voz masculina sonó.
—¿Qué sucede, cielo? —preguntó Davies al otro lado.
—¿Ya te tienes que ir a la reunión? Está por terminar la jornada… —le recordó Hermione.
—Lo sé, estaba guardando todos los informes y el contrato. ¿Me acompañarás? Astoria acompañará a Draco… —le dijo él.
—Lo siento, no puedo ir. Debo quedarme para terminar de revisar todo, incluso las cuentas con la papelera y los gastos que se reparten por todo el edificio… —se excusó Hermione, sabiendo que aquella no era la verdad más sincera. Esperaba poder quedarse para agradecerle a Ron la incorporación de Theodore.
—Está bien, haz lo que debas, preciosa. Te veré en casa en unas horas… Ya me voy, adiós. —Cortó. Hermione suspiró con el pulso acelerado.
Los trabajadores terminaban su jornada, la mayoría ya estaba yéndose. Natalie también se retiró aprobada por Hermione. Geoffrey y Theodore se fueron juntos y Pansy bajó hasta el piso de Daphne para pasar por ella. En cuanto a tres de los cuatro cabecillas de la empresa, Roger, Draco y Astoria, salieron inmediatamente para la firma de un contrato en unión con una marca conocida para tomar publicidades dentro de la revista semanal.
Hermione estaría sola con algunos empleados de otros pisos, pero si no se equivocaba, Ron no se iría hasta terminar con lo suyo, y como era sabido, siempre era uno de los últimos en irse. Antes de salir, guardó todo lo que tenía sobre su escritorio, ordenó las impresiones y apagó su ordenador, dejando prolija la oficina como a ella le gustaba. Cuando cerró y tomó el ascensor hacia el séptimo piso (el de Ron), entró a la oficinal de él, casi tan amplia como la suya, y lo observó trabajando pacíficamente entre su desorden descomunal.
—Si haces el favor —indicó de mala manera sin siquiera mirarla—, cierra la puerta y quédate a un costado.
—Solamente quería agradecerte, Ronald —dijo ella trabando la puerta y apoyándose en ella.
—Genial, entonces quítate la ropa y cállate… —ordenó con sarcasmo en su tono de voz, aún observando el proceder de su mano que sostenía el mouse de su computador y manejaba un programa difícil de diseño. Bufó cuando un punto se le corrió de la imagen.
—No, Ronald, sólo… —Guardó silencio cuando Ron se puso de pie mirándola furiosamente mientras se tomaba la sien.
—¡Te dije que te callaras! ¿Te das cuenta? Tuviste la culpa de hacerme saltar un punto en el programa, el cual ya casi lo daba vuelta y tendría terminado todo el maldito trabajo para la semana entrante… —masculló furioso acercándose peligrosamente a ella quien levantó el mentón y lo miró desafiante.
—¡Deja de gritarme, Weasley! No soy tu marioneta, si tuviste un error ha sido sólo tu culpa —le recriminó plantándose frente a él.
Ron la tomó del cuello fuertemente con ambas manos, provocando que ella se sobresaltara, y la empujó fuertemente contra una pared provocándole un dolor insoportable en la cabeza que le hizo humedecer los ojos. Pronto comenzó a quedarse sin aire. Él se apoyó contra ella y la miró de cerca mientras su rostro enrojecía por la presión y la falta de oxígeno. Aflojó un poco la presión mientras ella intentaba gritar. La sostuvo con una mano, y con la otra fue directo hacia sus piernas y le subió la falda rápidamente, colando su mano debajo de ella, y asegurándose de hacer a un lado sus bragas, tanteando la zona, generando la impotencia de Hermione.
—¡Suéltame! ¡Eres un maldito violador! —gritó ella.
—¿Eso crees? —rugió Ron haciendo más fuerza para presionar su cuello—. Yo creo que esto te excita… ¿no es así? Estás tan caliente…
Él comenzó a tocarla en su intimidad, le soltó el cuello y la alzó apoyándola más contra la pared mientras derribaba una torre de libros que tenía a un costado. Nada le importó, la sostuvo en el aire por la cintura mientras su cuerpo la aprisionaba y su otra mano se movía ágil rozándola debajo de su ropa, introduciendo sus dedos mientras ella no evitaba gemir. Le dolía ya que Ron la tocaba demasiado fuerte cuando ni siquiera había iniciado su estado de excitación. Pero pronto comenzó a estar húmeda, y él deslizó sus enormes dedos a través de ella, provocándole un placer agónico que no tenía fin… Estaba desesperada. Amnésica.
—No, no… ¡Ronald! Me estás haciendo mal… —gritó entre la locura mientras él seguía manipulándola, tocándola, sintiéndola con su tacto, explorando su interior, todo su ser estaba allí. Aumentó la velocidad provocándole más jadeos incontrolados y la miró a la cara viendo su sonrojo, su vergüenza y cómo se mordía la lengua tratando de ahogar gemidos. De sus ojos le salían lágrimas involuntarias. No lo estaba haciendo mal, Ron lo sabía—. Por favor… Ahh, Ron. ¡No hagas eso!
Ron estaba retirando su mano a propósito, sabiendo que ella le iba a implorar que siguiera. Así era como funcionaba; primero le decía que no, luego no quería que parase. Le enloquecía, en pocas palabras… Volvió a la carga, la humedad entre sus piernas era pronunciada. Dejó de tocarla mientras ella le rogaba más, y la llevó cargándola hasta su escritorio. Derribó lo que había en él y se encargó de acostarla allí sin ningún tipo de cuidado. Hermione tenía el pecho agitado, sus senos subían y bajaban. Aquella imagen estaba haciendo estragos en Ron, pero intentaba controlarlo. De eso trataba el juego de hoy, de provocarla tanto hasta ver de qué era capaz ella. Se tiró sobre su cuerpo, y deslizó una mano hacia su pecho, la tocó apretándola fuerte, mientras su otra mano volvía a su intimidad, hundiéndose sin piedad en ella, provocándole espasmos y fuertes gemidos. Su espalda se arqueaba, su respiración era dificultosa, su voz ronca y cuando Ron alejó su mano de allí, sus manos tomaron vida propia, queriendo cesar esa tortura, ese fuego que estaba arremetiendo contra ella, esos latidos que nacían debajo de su ombligo y más allá. Palpitaba en su interior, mientras se llevaba sus propias manos delicadas pero decididas y Ron observaba paralizado la escena que estaba logrando una tortura en él. La observó masturbarse, manipulándose, tocándose desesperadamente y él no pudo más con eso.
—¡Dios, esto no puede estar pasando! —rogó mirándola con los ojos casi fuera de órbita.
Se sintió fuerte, pero no contaba con aquello… Se llevó sus manos hacia su miembro excitado con tal imagen y comenzó a tocarse, apretándolo fuertemente, moviéndolo de arriba abajo, rápidamente, exageradamente, fuertemente… Y mientras lo hacía no evitó acercar su boca en donde ella trabajaba con éxito su zona íntima y cada vez más húmeda. Se inclinó solicitando espacio ella se dejó de tocar para que Ron terminase aquello. Él le besó sus dedos pecadores, y volvió a hundir su sedienta lengua allí debajo, soltándose su miembro para separarle mucho más sus piernas, cuando comenzó a besarla allí, siguió con lo que había comenzado en su propio cuerpo. Estaba completamente extasiado.
—¡Dios, acaba con esto! —gimió ella, a punto de sollozar—. No debiste, no quería esto… ¡Me estás e-enloqueciendo, Ron!
—¿Si no querías, para qué demonios cerraste la puerta con llave? —preguntó astutamente Ron volviendo a lo suyo, mientras ella admitía su derrota con el silencio y más gemidos.
Luego de unos minutos, Hermione seguía gritando con la cabeza echada hacia atrás, incómoda, dolorida, con sus piernas flaqueando. Si no estuviese sobre aquel escritorio, probablemente caería al suelo. Ron le provocó un orgasmo, y otro… No sabía cómo estaba sucediendo, volvía a meter su mano allí, volvía a hurgar, aprisionarla, empujar sus dedos deliberadamente. Sin uso de razón, simplemente haciéndolo. Maravillado por el poder que tenía sobre ella. Terminó allí, la tortura acabó y él se siguió tocando, aún le faltaba. Hermione tragó saliva y trató de recuperar el aire, no podía moverse, temblaba de arriba abajo, y venía cómo Ron se tocaba por encima de su pantalón. Lo atrajo con una mano temblorosa por el cuello de su camisa y él se situó sobre ella inquieto porque no podía terminar con su propio fuego. Hermione sonrió despacio, totalmente cansada. Deslizó su mano hacia su miembro y Ron dejó de tocarse para dejar que ella terminara.
Su rostro estaba tan cerca del de Hermione que por un momento casi caía en la tentación. No quería caer, no quería besarla. Ya bastante débil había terminado siendo, queriendo provocarla a ella, pero teniendo que ser él el último en sentir todo el placer, utilizándola a ella. No quería que lo hiciera, pero no podía controlarlo en ese momento, debía acabar. Sus ojos no parpadeaban, se miraban y fundían en el otro. El chocolate y el azul cielo… Necesitaba gritar, gemir, implorar. Su rostro se tornó violáceo y se mordió completamente la lengua para evitar soltar palabra que hiciera a Hermione sentirse orgullosa. El sudor corría por su espalda de la misma manera que lo hacía por el pecho de ella. Tomó aire y se alejó, mientras la castaña, ya más calmada, se acomodó la ropa y se sentó totalmente mareada sobre el escritorio.
—¿Por qué…? —preguntó ella luego de haber recuperado el aliento. Ronald se había relajado y comenzaba a acomodar los libros que había arrojado, y los papeles que estaban esparcidos por el suelo. No la miró hasta que ella volvió a hablar y clavó sus ojos en su rostro—. ¿Por qué te fuiste, Ron?
—Hace tiempo intento saberlo… —musitó con desgana. Se acercó a ella nuevamente y levantó una mano, acomodándole un poco el pelo, más tierno gesto que Ron no había tenido en mucho tiempo. Aunque luego volvió a caer, y la tomó del cuello, no fuerte como antes pero sí lo hizo—. ¿Te hace gritar hasta desfallecer? ¡Dímelo!
—N-no… —susurró ella débilmente—. No lo consiguió nunca…
—¡Qué pena! —La soltó y volvió a acomodarle un pequeño mechón— Estuviste muy bien hoy, editora… Tal vez deje de molestarte, o quizá nos pongamos en práctica más seguido.
—Aún quiero saber qué pasó contigo… —murmuró ella, pensando en cómo era Ron antes de dejarla e irse de viaje.
—Tendrás que averiguarlo —le indicó, recogiendo sus cosas y saliendo de la oficina. Ella se quedó pensando un rato largo.
Él sinceramente había cambiado mucho, usaba la violencia, el maltrato; una máscara de frialdad. Usaba el poder y su puesto en el trabajo para ocultar a todos lo que verdaderamente era. Porque Hermione estaba segura de que seguía guardando en su corazón las mismas manías tranquilas, dulces e inocentes de cuando sólo eran niños y adolescentes.
