Muchas gracias a todos, sepan que gracias a los comentarios es que me dan más y más ganas de continuar. Como el fic en su extensión, esto se lo dedico a Bita y le mando un beso enorme ya que hoy es su cumpleaños =) te quiero morocha. Enjoy!
4
Complicidad
Ron:
Ayer, ni tú ni yo tuvimos conciencia. Tu computadora acabó en el suelo… No tiene caso, traté de encenderla pero no funciona. Espero al menos que descubran que no tienes el trabajo listo para la semana entrante y que tu proyecto se vea afectado. Sé que no cumplirás con la próxima publicación, y te despedirán. No lo lamento realmente. Malfoy es despiadado para mi alivio, te despedirá seguramente. Sé que es cruel, pero espero que lo haga y así acabemos con el jueguito. No deberías estar cerca, me disgusta mucho mentir y por ti últimamente lo hago todo el tiempo. Roger es mi esposo, no tú… ¡Déjame en paz!
Hermione.
Esa fue la nota que encontró Ron al día siguiente en su oficina, doblada cuidadosamente y metida en el interior de un libro al alzar, encima de su escritorio. Algo que lo hizo sonreír y sin dudas no esperaba, era que todo estuviera perfectamente prolijo, limpio, ordenado. Hermione tenía un impulso desesperado por el orden. Él lo sabía, pero no se merecía ese recibimiento.
—Granger… ¿Qué no sabes que soy graduado en ingeniería electrónica? —preguntó al aire, como burlándose de ella, aunque Hermione no estuviera presente.
Miró la nota y partió en pedacitos el papel para luego hacer una pequeña bola con él y lo arrojó a la basura. Tomó el ordenador y comenzó a inspeccionarlo para devolverle vida. Lo hizo en cuestión de unos minutos, no por nada era el técnico del edificio. Cierto, ahí era diseñador principalmente, pero la informática y electrónica era lo suyo.
Dos pisos arriba, en el último, se encontraba la oficina principal, separada por una pared de madera, y una puerta conectando ambos espacios. De un lado, estaba la oficina de Draco, al otro, Roger y sus llamados telefónicos. Desde luego, a veces tenía distracciones. En esos momentos, Malfoy había salido fuera del edificio para fumar un poco y él aprovechaba para relajarse.
Minutos más tarde, cuando Draco subió, vio salir apresurada y acomodándose el cabello a su propia cuñada, Daphne Greengrass. La morena chocó con él y sus ojos revelaron el miedo y nerviosismo, Draco no la dejó ir y la agarró fuertemente de los brazos, sosteniendo una sonrisa ladeada y socarrona mientras ella intentaba explicarle algo que a él ni le interesaba.
—¿Te le tiraste al dueño de la empresa? —preguntó burlándose.
—¡Cómo crees! ¡Cállate, Draco! —le susurró Daphne totalmente roja y sofocada. Él la aprisionó más.
—No lo creería de ti si no fuera porque creo que tienes un poco de respeto por tu hermana… —Se rió de ella aún sin soltarla—, pero ¿sabes? Creo que sí te le tiraste al jefe…
—Basta, Malfoy, suéltame… Por dios, ¿y qué si lo hice? —inquirió mirándolo fijamente—. Al parecer, Hermione no le está dando lo que necesita…
—Eres sucia, ¿sabes? —le dijo mirándola con una sonrisa traviesa y mordiéndose el labio—. Ahora tengo algo para extorsionarte…
—¿Por qué tendrías que extorsionarme? —preguntó muy segura y muy cerca de su rostro ya que no quería que nadie escuchase esa conversación.
—Pues… No lo sé, tal vez luego me darás algún motivo… Saber los secretos de esta empresa y lo que se trae cada uno me favorece. Aunque si lo pienso mejor, al que puedo extorsionar es a Davies. ¡Qué manía, revolcarse con mi cuñada teniendo a Hermione de esposa! —se mofó él. Escucharon un carraspeo y se separaron inmediatamente al ver a Astoria mirándolos con las cejas fruncidas.
—¿Qué significa esto? —preguntó cruzándose de brazos.
Daphne miró significativamente a Draco, como rogándole que no abriera la boca y luego se fue apresurada. La rubia siguió mirando mal a su esposo, él se acercó y la rodeó con sus brazos por la cintura.
—Nada —siseó el joven—, estaba tratando de averiguar con qué hombre se está viendo tu hermana… Es muy traviesa aunque sea mayor que tú.
—¿Se puede saber por qué querrías saber eso tú? ¡Déjala tranquila! Ya te estás pareciendo al chismoso de Hooper… —inquirió Astoria corriendo la cabeza a un lado cuando él la quiso besar—. Y no me gusta que respetes tan poco el espacio personal… Conmigo puedes, pero no con mi hermana.
—¿Hablas en serio? —preguntó Draco incrédulo—. ¡Carajo, mi mujer está celosa!
Aquello lo dijo alzando la voz y algunos empleados que andaban dando vueltas por allí se quedaron viéndolos mientras Astoria lo miraba seriamente y le pedía que bajara la voz mientras negaba esa afirmación. Draco se siguió riendo de ella hasta que la joven se cansó y entró en la oficina de él para que pudieran hablar a solas. Malfoy la siguió y cerró la puerta. Aún mantenía su sonrisita.
—¿Qué te traes, eh? —preguntó ella muy seriamente.
—Nada. Ya te he dicho… Creí que tu hermana andaba jugando al gato y al ratón con algún muchacho de por aquí, sólo quería averiguar, me parece graciosa cuando anda sigilosa por todos lados —afirmó él muy seguro. Se acercó a ella y la abrazó—. ¿Seguirás negando que estás celosa?
—No lo estoy, pero no me gusta esa complicidad que tienen… —aseguró separándolo un poco y dándole un corto beso—. Me refiero a que es mi hermana y te tiene mucha más confianza a ti.
—Somos amigos de toda la vida, gracias a ella nos conocemos, así que no te quejes por eso… —convino Draco acariciándole la mejilla—. Soy el tipo malo de la empresa, ¿recuerdas? Pero no soy el que engaña a su mujer y menos con su cuñada…
—¡Eres un seductor, eso eres! —le dijo ella dejándose besar.
Theodore dibujaba totalmente concentrado, el carboncillo se deslizaba por el papel de la forma más natural. Estaba compenetrado, ilusionado. Adoraba su trabajo y no desaprovecharía la oportunidad que le estaba dando nuevamente Weasley. Terminó con el último trazo y antes de poder despegar la mano del papel, el teléfono sonó.
—Nott —dijo al levantar el aparato.
—Pasa por la oficina de Hermione, te criticará… —le aseguró Natalie, con una vocecita dulce. Él imaginó su sonrisa y no pudo evitar el mal humor en su contestación.
—¿Cómo estás tan segura, McDonald? ¿Entraste a la empresa para fastidiar? Eres como tu amigo, Ron ¿verdad? —preguntó Theodore frunciendo el entrecejo al imaginarse que la más jovencita de las secretarias que poseía la editorial también habría caído en la red de Weasley.
—No te atrevas, idiota. Ven a la oficina de la señora Davies y no repliques. Tengo que trabajar, adiós —le dijo ella aún con su tono tranquilo y de cierta forma humillante para Nott.
El muchacho sentía que no podía ser que esa joven se tomara tan a la ligera cada comentario y no se dejara influenciar por las malas vibras de las personas. Sólo hacía un día que trabajaba allí y sentía conocerla de toda la vida, era fácil de leer su personalidad a simple vista, o era lo que quería mostrar. Desde el primer momento en que la vio, supo que era de esas estúpidas jóvenes que le sonreían al mundo, escondiendo más de su personalidad. Pero aquello lo llevó a pensar que él era lo contrario, escondía su personalidad a través de un rostro enojón y sin rastros de sonrisa. Serio, serio y más serio. «Weasley y yo tenemos algo en común…», admitió al pensar que el diseñador hacía exactamente lo mismo.
Se abrochó los primeros botones de su camisa y se ajustó bien la corbata para salir a ver a Hermione. Caminó hasta su oficina. Era horrible saber que él nunca había querido secretaria y que de vez en cuando Hermione mandaba a la suya a ayudarle. Antes lo hacía con Pansy, pero eso significaría que haría lo mismo con Natalie y no quería. No quería porque aunque Geoffrey había sido directo y sabio, y la chica estuviese pasable y no llegase a ser indeseable, él odiaba relacionarse con más personas de las que ya se relacionaba, no quería contactos, no quería sonrisas, y sobre todo, le costaba bastante formar una nueva relación de cualquier tipo con alguien desconocido. Definitivamente así sucedió hace un mes cuando Ron ingresó a la empresa y así sucedería con esa joven.
Golpeó y cuando le dieron el permiso pasó. Natalie escribía rápidamente todo lo que Hermione le dictaba. Tecleaba sin parar y no borraba su rostro sonrosado y sonriente. No levantó la cabeza para ver al recién llegado ni cuando su jefa se detuvo y dio un salto para saludar al fotógrafo.
—¿Ronald te hizo algo? ¿Intentó golpearte, te gritó, fue maleducado? —preguntó Hermione como si fuese su madre y le indicó que se sentara a su lado, mientras del otro lado del escritorio, la otra castaña esperaba indicaciones.
—No. Él… No sé cómo cambió de opinión tan rápido, pero estuvo bastante… bien —aseguró, obviando contarle que lo había tomado del cuello de la camisa sólo por sonreír un poco ante la noticia de su reincorporación.
El teléfono sonó y Natalie atendió sin necesitar la decisión o pedido de Hermione. La joven ya entendía en dónde estaba metida y sabía manejar la cuestión sin problemas.
—¿Qué tal, Nat? ¿Se encuentra allí la esposa de Don Federer? —Natalie no pudo evitar reír y bajó su cabeza sonrojada cuando Hermione y Theodore la escrutaron con la mirada.
—Está aquí, señor. ¿Necesita que le deje algún mensaje? —preguntó la joven a su amigo.
—Simplemente dile que se cuide las espaldas, o mejor dicho, sus prendas interiores… —comentó Ron Weasley, haciéndola reír una vez más.
—¿Qué sucede? —preguntó Hermione con voz cansina y resignada sabiendo que podía tratarse seguramente de Ron.
—Pon el altavoz, Nat —le pidió Ron, llamándola nuevamente por el apodo que había adoptado desde que se conocieron. Ella activó el altavoz y dejó el teléfono sobre el escritorio—. ¿Qué tal, Granger? Sólo quería comunicarte que mi ordenador está sano y salvo, que no me despedirán y que si no hubiese encendido el aparato, tengo miles de copias de las cosas que hago. Si tú tienes ese tipo de fallas, no creas que yo sí las tengo también… ¿Te está tratando bien, Natalie?
—Ron, estamos trabajando. Deja en paz a mi secretaria y no molestes. No puedo decir que estoy feliz de que tu proyecto esté a salvo… —aseguró Hermione con amargura, mientras veía a Theo hacer un gesto como para irse por si quería que no escuchara esa conversación. Hermione negó con la cabeza, pero antes de cortarle al pelirrojo él volvió a hablar.
—Está bien, Granger. Luego pídele a tu secretaria que te pase el mensaje, palabra por palabra… Hasta pronto. —Cortó y la tensión en el rostro de Hermione desapareció.
—Será mejor que salgas, Nott. Luego mandaré los resultados finales de tus escritos por medio de Natalie —aclaró Hermione, apenada por haberlo molestado en vano. El chico bufó pero no se molestó mucho. Salió sin replicar.
—Lamento lo que sucedió —dijo inmediatamente Natalie—, Ron a veces es un poco…
—¿Inmaduro, insolente, desesperante? —preguntó Hermione levantándose y caminando por su oficina sin poder contenerse—, ¿Cuál es ese mensaje que tienes que darme?
—No creo que Ron hable en serio… No sería apropiado decírtelo —admitió la joven de sólo veintiún años, que se sonrojó de inmediato.
—Dime, conociendo a Ronald no será tan desubicado como para decirte lo peor a ti… Y no te aflijas, desde que entró esto fue así todas las malditas mañanas… Aunque con Pansy de secretaria jamás me llamaba ni hacía este tipo de estupideces. Creo que por eso decidió cambiar todo.
—Bueno, si así te parece… Dijo que te cuidaras las espaldas, y luego aclaró que sería mejor que cuidaras tus prendas interiores… ¡Cosas de Ron! —convino Natalie bajando la cabeza y sumergiéndose nuevamente en el trabajo.
—Sí… —murmuró Hermione por lo bajo, resoplando y tragando saliva— cosas de Ron.
