Disclaimer: Los personajes son de JK ¬¬ por si no se dieron cuenta!

N/A: Bueno, disculpen la demora, estaba escribiendo otras cosas y además estoy intentando escribir un libro, así que no es poca cosa. Muchas gracias por esperar ahí. Sigan comentando y sin miedo, cualquier sugerencia viene bárbaro. Besos y gracias de nuevo.

PD: como siempre, el cap es cortito. La semana que viene o en menos tiempo tendrán el siguiente!


5

Problemas

La siguiente semana fue complicada. Ginny recibió una llamada de parte de su jefe para dirigir un caso en el buffet. Como su marido, era abogada y ejercía mayormente por gusto más que por necesitarlo. Ahora sentía que Harry y ella estaban lejos y ni se molestó en comentarle de su nuevo cliente a defender. ¡Qué diría él si se enterara que defendería a Roger Davies y a Draco Malfoy contra un demandante estafado por ellos!

Perfectamente, Ginny estaba al tanto de que Malfoy era tan capaz como Davies de estafar a una empresa en conjunto. Al parecer ella defendería a los malos y aunque no le gustara mucho el asunto, todo tenía que ver con Ron. Porque si la empresa cerraba por culpa de sus malos accionistas, Ronald se quedaría sin trabajo y Hermione, que a pesar de no verse mucho seguía siendo su mejor amiga, también estaría perdida y tendría un marido preso.

Pensando en varias de esas cuestiones y organizando su agenda para combinar las reuniones con el abogado que le llevaba la contra en el caso, sumados los tiempos que tenía para hablar con Draco o Roger, entró en su despacho y se llevó la sorpresa de no encontrarlo vacío. Allí, Harry alzó la vista del periódico que tenía en sus manos y se levantó rápido del cómodo sillón de su mujer.

—¿Se puede saber qué haces usando mi oficina? —preguntó con calma y una ceja alzada. Harry se acercó a ella y la miró de arriba abajo.

—Es mi casa también… Estaba buscando el diario y como lo encontré aquí me puse a leerlo y olvidé que estaba en tu despacho —comentó restándole importancia y rodeando su cintura con un brazo—. ¿Cuántos días te pasarás enojada conmigo?

—Yo no estoy enojada, deberías preguntarte a ti mismo cuál es el problema —aseguró Ginny, acercando sus labios a los de él seductoramente—, quizás el trabajo es lo que te aleja de mí.

—No voy a dejar de trabajar, tengo un nuevo caso y tiene toda la pinta de que lo voy a ganar… —explicó Harry, abriendo un poco la boca intentando atrapar sus labios aunque Ginny no se lo permitió. Se movió un poco y de sus manos cayó la agenda al suelo quedando abierta en una página que Harry pudo leer mientras la alcanzaba—, ¿Cita con Malfoy? ¿Qué es esto?

—Nada —contestó tajante, quitándole sus papeles.

—¿Cómo nada? ¿Por qué te vas a ver con ese? ¡Es por él! ¡Todo esto es por él! —preguntó furioso alzando la voz.

—¡Por favor, no seas idiota! —gritó Ginny y al ver que Harry se iba y cruzaba la puerta volvió a chillar persiguiéndolo— ¡Entre Malfoy y yo no hay nada, Harry!

—No me grites y no me sigas. Me voy a trabajar —dijo entre dientes.

Su cara enrojecida hizo saber a Ginny que estaba a punto de llorar. Pero no pudo verlo y tampoco lo siguió. Se sintió horrible, últimamente estaban peleando mucho, pero desconfianza jamás habían tenido. Ahora parecía que las cosas eran más dramáticas, todo por no querer decirle que estaría trabajando para Draco y el marido de Hermione.

Llegaba el mediodía y Ron como de costumbre iría al café de la esquina para comer algo rápido. Estaba bastante alejado de todos, su malhumorada forma de ser había alertado verdaderamente a más de uno y ya casi no lo molestaban en la empresa. La cuestión ahora era que se aburría. Podía seguir molestando a Hermione y de hecho eso pensaba hacer, pero estaba cansado de ciertas cosas, necesitaba algo más, necesitaba que Roger se enterara de lo mal que se portaba Hermione a sus espaldas.

«—¡Un video! —pensó de inmediato y luego se tomó la cabeza mientras se apoyaba con los codos en la mesa del bar—… Realmente eso sería jodido.»

—Señor, ¿le tomo el pedido? —preguntó una camarera sonriéndole. Ron se mordió el labio y la miró seductoramente.

—No, gracias. Se me fue el hambre… —convino él mostrando su blanca sonrisa, tomando su abrigo y levantándose para irse.

—Cuando le de hambre estaré aquí esperándolo —aseguró la descarada mujer.

—Espere sentada —murmuró Ron por lo bajo, y se fue de allí con una idea macabra en mente.

Masticando algunos confites que compró por ahí, decidió volver al edificio y pasar por el piso de fotografía para conseguir una cámara. Aquella aventura nueva le resultaba excitante y graciosa. Cuando llegó al cuarto piso, en donde Theo dirigía la producción, aunque en esos momentos debía estar almorzando como los demás, revisó que nadie pudiera observarlo al retirar una de las cámaras que no se estaban usando. Chequeó las baterías y si tenía espacio en ella y se la llevó sin más. Aunque al voltearse se frenó en seco al ver a su secretaria llegar también por un elevador.

—¡Ron, no esperaba encontrarte aquí! —dijo ella acercándose con su sensual movimiento de caderas hacia los costados.

—Yo menos —aseguró Ron, observó que nadie apareciera cerca, el piso estaba bastante despoblado a esa hora, como el resto del edificio, así que se acercó más a ella y con su mano libre la tomó de la nuca—. No le irás a contar a nadie que estuve aquí, ¿verdad?

—¿Cómo crees, Weasley? Mi jefe eres tú, haré lo que digas… —convino ella, rozando apenas sus labios. Rasgó débilmente su mejilla con los dientes y se alejó de él con una sonrisa.

—En sólo diez minutos ya se me tiraron dos regaladas… —musitó Ron al aire mientras caminaba nuevamente hacia el ascensor y se dirigía a su oficina en el séptimo piso.

Colocando la cámara en su sitio, apuntando hacia el escritorio en donde generalmente se llevaba a cabo la acción, la dejó grabando y salió en busca de su presa, hacia el segundo piso. Mientras tanto, cruzó en el ascensor a Davies que bajaba apresurado y algo molesto. Ron sonrió socarronamente.

—¿Algún problema, Don Federer? —preguntó mirando al frente mientras indicaba el número de piso y las puertas se cerraban para comenzar a descender.

—Ningún problema, Wood… —dijo con su gruesa voz de hombre poderoso, refiriéndose a él con un apodo para devolverle el mismo trato.

—¿Wood? —dijo Ron con incredulidad—. Oh, vamos, no se te ocurre una mejor, ¿verdad?

—Tú me lo dices por mi nombre, yo te lo digo por el tuyo. Como Ron Wood de los Stones.

—Eres bueno, eh… —admitió Ron, y le guiñó el ojo al bajarse en el segundo piso mientras el dueño del edificio seguía de largo negando con la cabeza con cansancio por el extraño humor del pelirrojo—… Si supieras que tu chica es mía.

—No deberías andar murmurando esas cosas, Ronald Weasley —lo sorprendió Natalie saliendo de detrás de un mostrador en el pasillo.

—¿¡Qué demonios haces ahí! Casi me da un infarto… —contestó Ron entre susurros apresurados, acercándose a ella.

—Bah, no finjas conmigo. ¿A dónde ibas, eh? —preguntó con una ceja en alto. Ron se disponía a contestar cuando alguien más los interrumpió.

—McDonald, vuelve al trabajo, necesito que pases estas tablas a la computadora —ordenó Hermione con cara de pocos amigos, entregándole una planilla. Aún así miraba a Ron.

—De acuerdo, pero no olvide que estoy en horario de almuerzo… —inquirió Natalie, algo molesta.

—También yo, querida —contestó ahora sí mirándola a ella—, cuanto más rápido hagamos, podremos salir antes.

—Sí, señora. —Agachando la cabeza, caminó hasta perderse dentro de la oficina de su jefa.

—¿Por qué la tratas así? —preguntó Ron frunciendo el entrecejo.

—¿Te dio un ataque de justicia o qué?... No es con ella mi problema, ¿qué haces aquí? —interrogó hablando de corrido y observando que nadie la descubriera teniendo esa conversación.

—Quiero hablar contigo… En mi oficina.

No hizo falta que dijera más, Hermione sabía a qué se refería. Se quedó quieta mientras él, sin dar más explicaciones, se iba por donde había venido. Respirando entrecortadamente, lo vio entrar en el ascensor, y antes de que se cerrara del todo la puerta, la sostuvo y la volvió a abrir incitándola a acompañarlo. Bufó por lo bajo ante su comportamiento, pero decidió seguirlo. Tal vez tendría suerte y su mente se estuviera equivocando. Y si se equivocaba, seguramente él querría hablar en serio. Pero a juzgar por la tranquilidad de él, parecía que estaba jugándole un truco sucio, y lo que menos harían, sería hablar.

—No quiero más problemas, Weasley —dijo Hermione, intentando convencerse a sí misma de sus palabras que resonaron en su cabeza hasta que entraron en la oficina sin que los viera nadie.

—No habrá problemas aquí —dijo Ron con intenciones ocultas, mientras le daba la espalda y cerraba con llave—, pero de la puerta para afuera le aseguro, señora Davies, que seguirán siendo los mismos… Y más.