Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK. Rowling, como es obvio. Sólo los uso para alimentar mi imaginación y la de otros generosos que tienen ganas de leerme.
N/A: Disculpen el retraso, espero que les guste el capi =) aunque no sea lo que esperaban, es para mejor. Ya verán. El próximo capítulo trataré de subirlo la semana que viene. Hasta pronto, y dejen reviews para que pueda seguir!
6
Situación
Hacía calor y su cercanía no ayudaba para nada. Ron la miraba y caminaba a su alrededor, como evaluándola. Hermione tenía la impresión de que calculaba matemáticamente el punto exacto en donde quería morder su piel, el violento ataque que darían sus manos, y en cualquier caso quizá la forma en que la poseería esta vez. Al parecer estaba divertido con la situación pero ella no parecía captar realmente lo que sucedía.
—¿No que íbamos a hablar? —inquirió ella.
—Y tú sabes hablar muy bien mi idioma… —aseguró Ron acercándose.
Hermione se puso roja. Aún recordaba que cuando era novia de Ron, sólo habían hecho el amor una vez, y había sido la primera de ambos. Lo recordaba porque había sido la cosa más dulce y tierna que había vivido jamás, junto a un Ron que era totalmente cuidadoso, inexperto y tímido. Pero había algo que le molestaba seriamente en su mente. Tenía la inquietud de no saber si le gustaba más el Ron dulce de aquel tiempo, o el cavernícola salvaje en el que se había convertido. Si pudiera elegir, preferiría una combinación de ambos.
—No, no lo sé. ¿Por qué desde que volviste me estás tratando como a una más? Vas y haces lo mismo con todas las mujeres de este edificio, ¿no? —preguntó Hermione, queriendo anteponer una conversación en lugar de pasar a los hechos. Ella era razonable, jamás hubiese deseado engañar a su marido y que el culpable fuese Ron, el mismo que había decidido dejarla sin explicación para irse a otro continente a estudiar su tan preciada profesión.
—No te trato como a una más, de hecho, a las demás las trato con un poco más de respeto —confesó Ron con una sonrisa ladeada. Escurrió una mano dentro de la camisa de la castaña pero ella hizo algo que no esperaba. En lugar de alejarse, intentó besarlo y Ron alejó su rostro algo molesto—. ¿Qué haces?
—Me pregunto por qué tienes tanto miedo de besarme… Eso hago —dijo ella volviendo a intentar acercar sus labios para besarlo. Él se volvió a retirar e incluso alejó su mano y dejó de tocarla.
—¿Quieres unirte al juego, verdad? —preguntó él fingiendo una sonrisa que quería demostrar tenerlo todo bajo control.
—El único que se divierte jugando eres tú, yo sólo quiero saber tus motivos…
—Se me está yendo el tiempo, Granger. Si quieres conversar, llámame por teléfono en cuanto regreses a tu oficina con las piernas temblando de excitación —comentó mofándose y abriéndole bruscamente la camisa.
—Insisto —dijo Hermione alejándose rápidamente y escapando de sus brazos—, tienes miedo de besarme. Eso te hace un débil, Weasley. Eres estúpido e inmaduro.
—¡Cállate y no me hagas perseguirte! —ordenó poniéndose rojo. Hermione no se molestó en abrocharse la camisa, y tampoco pudo alejarse más ya que había pasado del escritorio y no había a dónde correr, así que Ron llegó hasta ella y la alzó por las piernas y sosteniéndola con su hombro derecho. La depositó como si fuera un saco de papas encima del escritorio, que estaba vacío con un solo propósito—. Hoy estás muy contradictoria, me estás haciendo enojar.
—Tú siempre estás enojado, haga lo que haga, así que da igual… Eres patético y no te permito que… —Fue silenciada por una de sus enormes manos que cubrían enteramente su boca.
—¿No me permites tocarte? —inquirió con una sonrisa burlona, aunque pronto se convirtió en una mueca de dolor; Hermione lo estaba mordiendo fuerte y decididamente—. ¡Ahh! ¿Ahora eres caníbal?
—¿Por qué no me besas? ¿De verdad te asusta volver a enamorarte de mí? —preguntó y se ligó que él la tomase del cuello como muchas veces hacía.
—Nunca voy a volver a enamorarme de ti… —anunció con rabia muy cerca de su rostro mirándola a los ojos y la soltó porque sabía que ya no estaban en horario del almuerzo así que debían seguir trabajando. Había perdido su oportunidad. Hermione se abotonó la camisa y se acomodó rápido, sin decir nada más y claramente algo decepcionada, se fue de allí escurriéndose por la puerta—. ¡Mierda!
El video por supuesto que sería un desastre. Alcanzó la cámara y retrocedió la cinta para ver lo que se había grabado. Estaba ella fastidiándole su plan, insinuándole cosas y él salía como un debilucho que por momentos parecía un violador desencajado y golpeador de mujeres. Chasqueó la lengua en desagrado… ¡En qué se había convertido! Volvió a retroceder y a escuchar repetidas veces la misma frase: «¿De verdad te asusta volver a enamorarte de mí?»
—No tengo miedo, Granger, y te lo voy a demostrar… —aseguró para sí, deshaciéndose del video.
Ginny se miró las manos. Estaba sudando como cuando se ponía nerviosa en un examen oral. Frente a ella, con una mirada penetrante y malhumorada, se encontraba su esposo. Sus rodillas se rozaban por debajo de la pequeña mesa. Pero Harry no parecía molesto, seguía observándola escrutadoramente. Había comprendido por qué Ginny tenía cita con Malfoy y le parecía de lo más interesante, pero estaba furioso por dentro. Su mujer se limitaba a bajar la cabeza e intentaba disimuladamente secarse las manos con la parte del mantel que caía sobre sus piernas. A su lado se encontraba Draco, y al lado de éste, Roger. Pero al lado de Harry, enfrentando a los clientes de Ginny, estaban John Dawlish, el dueño de la empresa demandante que iniciaba juicio contra Davies y Malfoy, y lo acompañaba una mujer, que como el hombre, debía tener poco más de cincuenta años.
—¿Y bien? —inquirió Draco, un poco exasperado.
—Proceda, señor Potter —dijo Ginny alzando la cabeza y enfrentando la situación.
Harry expuso en un monólogo lleno de intentos de interrupción, todos los motivos por los cuales claramente quedarían sus oponentes varados en un camino sin retorno. Argumentó con frialdad pero a la vez cierta diversión en las comisuras de los labios, el por qué perderían, sin decir aquellas palabras exactas. Pero a Ginny le quedó clarísimo que no pensaba perder un caso que le resultaba tan fácil a él. Lo cual ella supo responder alegando pruebas inexistentes (un gran truco de su parte), sobre que Roger a la hora de plasmar el contrato con la empresa de Dawlish, no había hecho ningún movimiento fuera de la ley. Que el responsable de firmar los papeles era John y que si no había leído correctamente las cláusulas, era totalmente su falta y no la de sus defendidos.
—Discúlpeme, pero yo ese contrato lo leí y hablaba claramente de un presupuesto que nosotros pagaríamos para que nuestra marca saliese en todos los números semanales de la revista que publican en su editorial —comentó Dawlish claramente enfadado. Harry secundó.
—Es cierto, lo he estudiado entero —convino Harry, acomodándose sus gafas y dando un sorbo a su café— No menciona para nada el costo adicional que la editorial quiere cobrarle al señor Dawlish, ni menos que saliera su publicidad en ediciones especiales de cada mes. Claramente están cobrándole demás por algo que ni siquiera estaba acordado. No sé cómo arreglarán esto, parece que si siguen sosteniendo la farsa todas las evidencias se llevarán sí o sí frente al juez. Sugiero que se busquen una mejor solución. Como viene la mano, parece que van a juicio y que de seguro están fritos.
—Y eso los dejaría con una reputación terrible. Las demás marcas no financiarían, bajarían sus ganancias al no vender demasiado… Y por si fuera poco, esa cadena los llevaría a fundir la empresa, y aún así, tendrían que pagarme todo lo que me deben… —aseguró el hombre—. Gracias por todo, Potter, nos retiramos.
—Me parece que ustedes no están entendiendo… —comenzó Ginny con tranquilidad. Davies y la mujer de Dawlish que eran los que estaban más alejados de ella, se volvieron con interés a mirarla.
—¿A qué se refiere, señora Potter? —preguntó Harry, convencido de que ella tenía un as bajo la manga.
—Me refiero a que no sabemos en dónde está ese contrato… Insisto en que el documento mencionado, que es este —dijo mostrándoles el original que tenía en una carpeta— sólo dice que las publicaciones de su famosa marca, se harían una vez al mes en la edición especial de la revista. Como comprenderán, la editorial es muy importante y la revista del mes lo es mucho más, por eso los costos elevados. Tranquilamente, podrían pedir, los señores Malfoy y Davies, la financiación del mismo negocio con otra empresa, y no habría quejas. Creo que el problema es de ustedes. Esto está financiado por el resto del año… Y usted lo firmó, señor Dawlish, ¿no entiendo cuál es su queja? ¿Está drogado o qué?
—¡Ginny! —Harry la miró significativamente, sabiendo que de alguna manera su esposa y aquellos hombres habían jugado sucio.
—¿Qué? —le preguntó desafiante. Harry se quedó callado. Dawlish resopló y se levantó furioso junto a su mujer. Se fueron y Harry decidió seguirlos con la intención de que lo esperaran, pero no los alcanzó.
Geoffrey escribía diariamente algún artículo de interés general. Ese día había decidido mandarle todas las redacciones a Hermione para que las controlara porque aunque él fuera el escritor en jefe, ella era muy perspicaz y sabía lo que funcionaría o no al ser publicado. Llegó a su oficina unos minutos antes de que acabara el horario de almuerzo, y por eso no la encontró allí. Dejó las cosas sobre el escritorio y antes de voltear escuchó que alguien ingresaba también.
—Hola, señor Hooper —saludó Natalie felizmente mientras se sentaba en el sillón de Hermione y revisaba los papeles que él acababa de dejar.
—Parece que estás cómoda y sólo llevas una semana de trabajo. ¿Hermione es estricta, verdad? —preguntó el rubio, demostrando la blancura de sus dientes.
—La verdad es que no tanto… Creo que son sólo apariencias —opinó la joven frunciendo un poco el entrecejo al ver una de las notas que Geoffrey había escrito—. "¿Lo que ellas quieren?"… Suena a un artículo de un hombre frustrado.
—No… Lo veo más como un artículo de un hombre que conoce a otros hombres frustrados por mujeres que no les dan ni la hora —aseguró él, y al ver la cara cómplice de Natalie agregó:— Un artículo como para un chico como Theo. Es mi amigo, pero hay que ver lo tonto que suele ser.
—Más bien, pienso que es un artículo para mujeres tontas que piensen que te las sabes todas y que puedan venir a preguntarte… —convino Natalie con destreza. Alzó sus ojos miel y observó que detrás de Geoffrey y sobre el marco de la puerta, se encontraba una Hermione algo nerviosa pero estable—. Señora Davies…
—Debías llamarme Hermione, Natalie… —arregló la mujer con cansancio—. ¿Cómo estás, Geo? ¿Mucho trabajo?
—Bastante, no pude asomar la cabeza fuera de la oficina en toda la semana. Parece que Nott está dibujando las portadas de lo mío y Weasley las que Nott escribe… ¿Supiste lo del juicio? —preguntó el hombre, apoyándose confiablemente sobre el escritorio.
—¿El de Roger y Draco contra Dawlish? —comentó Hermione y él asintió—. Sí, creo que metieron la pata hasta el fondo.
—Fue la estafa maestra de tu querido marido y el rápido de Malfoy… Tal vez Astoria haya ayudado con sus cálculos matemáticos —opinó sin omitir una risita. Natalie los miraba intentando sacar información pero no entendía bien de qué hablaban, entonces Geoffrey se volvió hacia ella—. Después de que revise eso Hermione, ¿puedes llevárselas a Theo?
—Por supuesto —aseguró Natalie poniéndose de pie y cediéndole el lugar a Hermione. Geoffrey se despidió y salió de la oficina a la vez que la joven secretaria también intentaba marcharse.
—¡Aguarda! —pidió Hermione. La chica cerró la puerta y se volvió hacia ella.
—¿Qué necesita?
—Después de las cuatro mi marido ya habrá llegado de su reunión. Solamente necesito que subas a su piso y que averigües lo que sucedió allí —le pidió Hermione, pero Natalie frunció el entrecejo sin entender—. Sé que tengo el teléfono y que puedo llamarlo yo misma para preguntarle, pero sospecho que… Descuida, mejor lo averiguo yo.
—¿Segura? Mire que haré lo que me pida…
—No, está bien, Natalie. Le preguntaré yo. —Hermione se puso algo nerviosa. En realidad buscaba alguna excusa para poder estar enojada con Roger, era algo que acostumbraba últimamente ya que se sentía culpable al estar engañándolo mientras él parecía impecable y todas las cosas le salían bien. Necesitaba encontrarle un defecto para no ser la única que estuviera tirando abajo su matrimonio.
—Si me necesita estaré al lado, en mi oficina —inquirió la chica, saliendo de allí tranquilamente.
Por otro lado, Ron se aseguró de devolver la cámara a dónde pertenecía, y chocó con Theodore que llevaba unas carpetas hacia el centro de estudios de fotografía. El chico era el director en esa área, tenían un próximo evento que anunciar para el fin de semana y debían sacar fotos promocionando la estilística de la fiesta. Theo le cedió los papeles a un muchacho para que los acomodara en una mesa y se aventuró a hablar con Ron. No era que el pelirrojo y él se llevaran bien, ni siquiera se llevaban, pero desde que le había devuelto el puesto de dibujante, sentía que podía confiar en él.
—¿Para qué te llevaste la cámara? —preguntó Nott, cruzándose de brazos. Sobre su pecho le colgaba una cámara profesional de fotografía.
—Necesitaba probar una cosa, pero no me funcionó —explicó Ron, sin inmutarse. Observó a su alrededor. El cuarto piso era diferente a todos. Tenía pocas oficinas y en el centro —que era en donde ellos se encontraban— no había cubículos ni nada por el estilo, más bien un amplio espacio para llevar a cabo las sesiones de fotos.
—Si necesitas algo referente a una cámara, puedes preguntarme a mí, Weasley —aseguró Theodore.
—¿Aquí no me llamas "señor Weasley" con patético tono de miedo? —inquirió frunciendo el entrecejo.
—Si realmente quieres que todo el mundo te tenga miedo, lo estás logrando, pero no sé en qué te hace feliz eso —dijo recordándose que no debía sonreír ni un poco ante él o se llevaría un buen golpe.
—¿Por qué no sigues con tu trabajo, niñito? —le espetó Ron fulminándolo con la mirada, pero ambos se volvieron al escuchar un carraspeo. Era Natalie.
—¿Otra vez eres el malo de la película? —preguntó la chica sonriendo adorablemente. Theodore estaba por decirle que eso no era buena idea, pero para su sorpresa, Ron le devolvió la sonrisa y luego la abrazó a modo de saludo.
—¡Qué extraño! Tenía en claro que golpearías a cualquiera que te sonriera un poco —convino Theodore, recordándoles que estaba allí.
—Ladra pero no muerde —aseguró Natalie.
—Yo diría muerde pero no ladra… —dijo con cierta diversión el pelirrojo.
—Venía a traerte estos artículos, Nott. Son de Geoffrey —le explicó Natalie—, te estuve buscando por el segundo piso pero bueno, aquí estás.
Le tendió los papeles y él se quedó mirándola fijamente por un momento. Esta vez fue Ron el que carraspeó y provocó que la joven se sonrojara ya que ella también se había quedado allí, petrificada y mirándolo indiscretamente. Le parecía un chico demasiado curioso.
—Me parece que me voy, no hay posibilidad de un trío aquí… ¡Adiós! —dijo insolentemente mientras sonreía y se marchó rápido hacia el elevador.
Natalie analizó lo que dijo su amigo aunque Theodore había entendido la frase inmediatamente y se le habían teñido de rojo sus mejillas provocando consecuentemente que ella entendiera también.
—Es así, compréndelo. No es una mala persona… —aseguró refiriéndose a Ron.
—No debe ser una mala persona, pero no puedo comprenderlo —dijo Nott, y señalando su cámara y los papeles indicó entre un balbuceo poco entendible, que debía volver al trabajo. Natalie asintió y se volvió al segundo piso.
—Realmente me impresionas —le dijo Draco a Ginny sonriendo. Ésta alzó las cejas despectivamente y les tendió la mano a ambos hombres. Harry, que había escuchado aquello, le echó una mirada agria a Malfoy.
—¡Sabía que Hermione no desvariaba al decir que eras buena, Ginny! —exclamó Davies que de buen humor se puso de pie también y se acercó a la recepción para pagar los cafés que habían consumido todos.
—No exageren… Nos veremos antes del juicio para preparar la sesión, a menos, claro, que decidan anular el juicio porque saben que no ganarán… —Hizo una sonrisa burlona al mirar a Harry que esperaba junto a la puerta con las manos dentro de sus bolsillos.
Roger y Draco la saludaron e hicieron lo mismo con Harry aunque más fríamente ya que era obvio que el marido de Ginny no tenía ni la mínima intención de llevarse bien con ellos. Los dos se fueron y sin dirigirle la palabra, la pelirroja pasó por delante de su esposo y salió para dirigirse a su auto. Harry la alcanzó y se subió con ella, aunque habían llegado separados creía en vano no irse juntos, dado que vivían en la misma casa.
—¿Cómo te las arreglaste para desaparecer el verdadero contrato de la faz de la Tierra? —preguntó entre molesto e impresionado.
—Mis estrategias son sólo mías, Potter. Limítate a pensar que te meto los cuernos con Malfoy. Dado que me pareces menos absurdo pensando eso que creyendo que te pasaría información sobre mis trucos, métodos o mis contactos… —convino Ginny ignorándolo por completo con la mirada y ya conduciendo hacia su casa.
—¿Por qué lo haces? ¿Por qué aceptaste un caso que sabes que es sucio? ¡Se suponía que era el caso más fácil de la historia para mí! Ahora todos van a pensar que yo te facilité los papeles porque soy el bueno de tu esposo, un dominado total que no quería que perdieras de forma humillante y contra mí… —comentó Harry algo cabizbajo.
—¿El bueno de mi esposo? ¡El nulo y desconfiado, querrás decir! —le echó en cara Ginny con cierta rabia interior.
—¡Tenía mis motivos! Hace días estamos peleando… Te pusiste así desde el día en que te dije que quería tener un hijo —le recordó él apenado.
—Sólo te respondí que no quería tener hijos, no por ahora… Y eso fue lo que te alejó de mí. ¿Qué tiene de malo ser libre un poco más de tiempo? —inquirió y luego chasqueó la lengua con frustración. No le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación.
—Tiene de malo que me lo gritaste como si fuera el peor pecado lo que había dicho… Tiene de malo que si te casaste conmigo, es porque ya no querías ser libre… De otra manera sólo seríamos novios, amantes o lo que sea… Además, eso no importa. No tenías por qué jugar sucio con este caso —aseguró Harry. Ginny frenó el auto en la puerta de su casa.
—¡Ni siquiera sabía que ibas a ser tú mi contra! Y no me refería a ser libre en ese sentido, más bien en tener más tiempo para nosotros, porque con el trabajo y todo estuvimos muy alejados. Llegas cansado algunos días y si no, la que llega cansada soy yo… —explicó Ginny queriendo encontrarles una solución. Lo miró a los ojos un momento y le acarició la mejilla—. Es todo tan complicado… Por otra parte, ¿no te parece obvio el por qué ayudé a Malfoy y a Davies, aunque tuviera que recurrir a algunas trampas?
—Proteges a la empresa para que Ron no se quede sin trabajo…
—Ni Hermione —agregó Ginny, asintiendo con la cabeza.
—Esto no arregla nada, aún sigo enojado —comentó Harry como quien no quiere la cosa y se bajó del auto bruscamente.
—Yo también sigo enojada, así que no intentes nada, ¿de acuerdo? ¡No tendré piedad! —aseguró Ginny aunque con cierta diversión. Harry abrió la puerta de la casa y pasaron—. Y dormirás en el sofá, por idiota.
—No, eso nunca… —masculló él, cerrando la puerta y atrayéndola hacia sí—. ¿Qué te piensas, eh? Dije que estoy enojado, no que no te deseo junto a mí.
—Ya. Pero tendrás que aguantarte… No quiero ser indiscreta pero estoy menstruando en este preciso instante —aseguró Ginny observando la cara de horror de su marido. Lo tenía muy cerca, y sin embargo, sentía que era mejor castigarlo negándole también sus labios. Por eso se apartó cuando él quiso besarla y se encerró en el cuarto dejándolo fuera mientras se duchaba antes de dirigirse a hacer la cena .
