Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Lo demás me pertenece xD.
N/A: Gracias por todos sus comentarios anteriores. Espero que les guste este capítulo. Les puedo adelantar que lamentablemente otra vez quedarán algo picados porque no termina de saberse la verdad... Para eso falta más. Igualmente las cosas avanzan bastante. Espero que dejen sus comentarios, hasta la próxima! =)
7
Celos
Con cansancio acumulado, Hermione apagó las luces de su oficina y cerró con llave para dirigirse al ascensor. Llevaba unas carpetas en mano y sus tacos le hacían doler los pies. En el ascensor se encontró con Natalie, también bajaba para retirarse a casa. Ya era viernes.
—Una semana de locos, eh… —musitó Natalie sonriendo mientras su jefa pasaba y bajaban juntas.
—Aquí siempre es así, hay días en que no hay nada que hacer, y otros en que no paramos ni dos segundos —respondió Hermione mirando al frente, con aire agotado—. Es tu segunda semana pero aprendes rápido. Eso es bueno.
—Sí, no es mi primer trabajo. Cuando vivía en Estados Unidos trabajé en una fábrica, pero bueno, trabajo oficinista es otra cosa —se interrumpió cuando el elevador tocó la primera planta y las puertas se abrieron.
—¿Te vas sola? —preguntó Hermione comenzando a caminar a su lado y dirigiéndose a la salida.
—No… Ron me llevará a casa —inquirió bajando tímidamente la voz y sonrojándose. Hermione hizo un gesto de indiferencia.
—Ah, pues no lo veo disponible —comentó observando cómo el pelirrojo encendía un cigarro y se lo llevaba a la boca mientras charlaba con Pansy Parkinson y la chica de recepción, Katie Bell. Luego de algo dicho por él ambas se reían como idiotas.
—Es bastante hiperactivo, se cansa de esperar… —explicó Natalie en su defensa, aunque internamente Hermione pensó que no debía decirle cómo era Ron, ya que ella bien sabía que el verdadero chico que vivía dentro de ese canalla estúpido, era uno muy tranquilo y apaciguado, que de hiperactivo tenía lo que ella de modelo de pasarela.
—¡Hey Nat! —la llamó Ron al verla. Sonrió ladeadamente y tiró el cigarrillo en la acera, pisándolo luego para apagarlo. Saludó con un gesto inconcluso a las chicas y se acercó a Natalie y a Hermione—. Granger.
—Weasley —respondió en el mismo tono irónico. Recordó de pronto que sus pies estaban a la miseria y habló pronto—. Tengo que irme, mi marido espera.
—Entonces no lo haga esperar, señora —añadió Ron. Hermione frunció el ceño y lo fulminó con la mirada. Ron, a su vez, la miró intensamente.
En la puerta, aparcó un elegante auto que tocó un bocinazo ansioso. Roger bajó el vidrio y la apresuró. Hermione con cierto nerviosismo, observó que Ron sonreía y saludaba con la mano a su esposo. Natalie se mantuvo al margen, apenas sonriendo. Su jefa la saludó y pasó de Ron como si no existiera. Se subió al auto, su marido le robó un casto beso y se largaron en unos segundos más, sin lograr visualizar el gesto de desagrado que puso Ron al verlos juntos.
—¿Por qué no saludaste al payaso de Weasley? —inquirió Roger ya en camino.
—Lo he saludado antes —mintió Hermione—. Además, ya sabes, es un payaso y un fastidioso.
—Bien que supuestamente eran compañeros en la escuela, junto con su cuñado —comentó Roger y frenó en un semáforo.
—Pues sí, pero no éramos muy amigos, sucede que yo siempre fui amiga de Ginny. Y hablando de ella, tengo que verla, hace mucho que no hablamos —dijo Hermione desviando el tema.
—Bueno, la verás pronto, recuerda que el jueves es tu cumpleaños, linda. —Hermione resopló al acordarse— ¿Te conté lo bien que hizo Ginny para salvarnos a Draco y a mí? ¡Es genial! ¡En serio que Harry estaba con cara de idiota y no sabía qué decir!
—Harry siempre pone cara de idiota cuando mira a Ginny, no es por nada en particular… —admitió Hermione sonriendo. Sus amigos siempre habían estado juntos y desde jóvenes tenían las mismas expresiones para demostrar su amor.
—Parece que están algo picados entre los dos... No sé si era una cuestión profesional o tienen problemas como pareja.
—Supongo que profesional, pero le preguntaré a Ginny en cuanto la vea —aseguró Hermione.
Por otra parte, Natalie viajaba con Ron y él estaba empecinado en negar todo lo que ella quería que aceptara.
—¡Claro que no, Natalie! Lo vuelves a mencionar y te hago bajar aquí mismo —dijo algo fastidiado.
—Ron, digas lo que digas, eso fueron celos. ¿Cuál es el problema en admitirlo? ¡Soy yo, no le estarás confesando nada a Hermione! —le recordó la joven muchachita—. Además, ¿qué quieres que te diga? La estás volviendo loca.
—Se lo merece.
—¿Se lo merece? —repitió ofuscada tratando de averiguar lo que sucedía con su amigo.
—Granger es una de las desgracias más grandes de mi vida… —musitó.
—No digas eso —inquirió con mala cara—, sé que no es así.
—Claro que sí. Sólo fue un estúpido error… Una noviecita de la adolescencia, nada más.
—¿Una noviecita que te partió el corazón al casarse con otro?
—Natalie, no hables si no sabes.
—Por Dios, ¿es eso no? ¿Y cómo pasó que te fue a dejar por Roger? ¿Perseguía su fortuna familiar? —indagó de lo más interesada, sabiendo que estaba hartando a Ron y que cuando éste se ponía así lograba sacarle información valiosa.
—Sólo… la dejé, ¿de acuerdo? —dijo rojo de impotencia. Aparcó frente a un edificio y golpeó nerviosamente el volante—. La dejé ir. Me fui sin más y ella…, se casó. Como ves, no ocurrió nada del otro mundo. ¡Y no estoy celoso!
—¿Por qué la dejaste? Eres cruel, ¿lo sabías? —inquirió con una expresión fruncida que a Ron le hizo gracia.
—Porque no me interesa.
—Mientes.
—Solamente tenía la necesidad de viajar, Natalie. Tú sabes por qué —dijo con cansancio mirándola a los ojos.
—¡Claro que sé por qué! Pero quiero que tú lo tengas claro. Si te fuiste por eso, deberías hacérselo saber y no mantenerla en ascuas y que te odie para toda la vida. ¿Acaso tienes derecho a reprocharle que se haya casado?
—No, no se lo reprocho. No me interesa, ya te lo dije. Sabes cómo soy de jodido, me gusta cualquier mujer que pase por ahí y ella no es la excepción a la regla. Si están casadas más me gusta fastidiarlas… ¿Qué no me conoces? —preguntó como si lo que hubiese dicho estuviera completamente bien y fuera sensato.
—Te conozco, me divierte que seas así, pero no me gusta saber que te estás lastimando aunque no te des cuenta. Y de paso, entérate que estás lastimando a un tercero, que es Davies, porque lastimar a Hermione parece que es una nueva afición que ya te sabes de memoria. Acabarán mal los tres… Gracias por traerme.
Lo besó en la mejilla y se bajó del auto dejándolo pensar solo. Caminó por la acera con la mirada de Ron en la nuca, y se metió en su edificio de inmediato. A Ron le costó varios minutos salir de sus cavilaciones y ponerse en marcha para volver a su departamento. La cuestión "señora Davies" lo estaba trayendo de la cabeza. No quería pensar, no quería ser un débil, no quería darle vueltas al asunto. Ni siquiera debía haber un asunto en el que pensar, pero Natalie siempre lo hacía reflexionar sobre cosas que él parecía tener controladas y a la primera de cambio ya le hacía ver que no era así, que todo estaba patas para arriba y que tenía que madurar.
—Realmente yo no puedo madurar… —susurró ya estando en su casa, cómodo en su sillón y con una botella de cerveza entre manos, mientras miraba sin mirar un programa de televisión e imaginaba mentalmente, y para su desquicio, lo que podría estar haciendo Hermione con su "Roger". Después de ver el breve beso entre ellos había quedado algo irascible, obsesionado con aquella imagen.
Pero aunque lo que pasara en casa de Davies no era muy distinto a lo que Ron imaginaba, Hermione estaba algo incómoda y no de lo más emocionada con la situación. Roger la besaba en el cuello y jadeaba de vez en cuando mientras se introducía en ella con cuidado y precisión. Ella intentaba concentrarse simplemente en entregarse a él, pero la mirada penetrante que Ron le había echado fuera del edificio donde trabajaban era realmente una pesadilla. La perseguía mentalmente mientras cerraba los ojos y acariciaba la espalda sudorosa de su esposo, y también cuando miraba hacia el techo tratando de ocultar la vergüenza que le provocaba estar engañándolo con Ron tan descaradamente, casi enfrente de sus narices, y ahora mismo mientras pensaba en él. No podía relajarse, no podía siquiera gemir de placer y se mordía la lengua para no pedirle que se apartara de ella. Incrementando el ritmo de la acción, Roger acabó y tan pulcro como siempre, esperó unos minutos y se retiró hacia el cuarto de baño para quitarse el condón. Hermione, respirando entrecortadamente, se mordió el labio inferior controlándose para no derramar ni una sola lágrima. No podía seguir con eso. Su cuerpo desnudo tembló y se enrolló entre las mantas, haciéndose la dormida para cuando Roger llegara nuevamente a su lado.
Ginny no estaba muy entusiasmada con la idea de ver a Hermione para tomar un café esa tarde de sábado. Sabía que aquello venía con intenciones ocultas. De otra forma, no tomarían ningún café si no fuera que la cuestión era hablar particularmente de algún tema. Este tema seguramente era Harry. La miró a los ojos en cuanto ella le preguntó el famoso «¿Qué está pasando?», típico de novela y trató de responder serena.
—No estoy muy segura… Es… —Ginny agachó la cabeza y volvió a mirarla luego de suspirar—. Sabes que yo amo a Harry.
—Lo sé —respondió Hermione con obviedad en su tono de voz.
—Bueno, resulta que odio que desconfíen de mí. Sabes que es lo que más odio en la vida porque justamente no soy ninguna mentirosa… —inquirió gesticulando demasiado y provocando que su rizado y pelirrojo cabello se moviera adorablemente—. ¡Harry quiere tener un hijo!
—¿¡Qué!... No espera, esa no era la pregunta… —dijo con una mano en alto y llena de sorpresa en el rostro— ¿Qué tiene que ver eso con que desconfíe de ti? ¿Hiciste algo para que desconfiara?
—¡No! ¡Está celoso de Malfoy! ¡Es completamente ridículo! —aseguró Ginny poniéndose roja como el color de su cabello.
—¿Segura que Harry está siendo ridículo? —preguntó torciendo el gesto al ver el rostro de su amiga.
—Hermione, no te fíes del color de mi cara, me provoca impotencia y asco pensar en Draco de esa manera… No es que no esté bueno, tengo ojos para ver pero…
—¡Ginny! —se quejó Hermione pero sonrió ante su ocurrencia.
—La verdad es que sólo fui su abogada y la de tu marido. Nada más. Él y mi hermano siempre odiaron a Draco, ¿recuerdas? —Hermione asintió sin querer meterse en terrenos llamados "Ronald Weasley"—, bueno eso. Como no tenía idea que defendería ese caso y para colmo Harry terminó siendo el abogado defensor de Dawlish… Imagínate que él piensa que le oculto cosas.
—¿Y lo de tener un hijo? —preguntó Hermione y luego bebió de su café—. ¿Tiene algo de malo?
—Pues… Yo no quiero aún. Creo que es muy pronto. Pero se fastidió porque me puse nerviosa y se lo dije un poco… mal —admitió la pelirroja con cierto arrepentimiento.
—Bueno, ¿y por qué no se arreglan ya? El jueves cumpliré los veinticinco y seguramente Roger preparará alguna fiesta el próximo sábado. No quiero que tú y Harry vengan enojados…
—Sí, bueno, ya veré cómo nos arreglamos… No estamos mal con todas las letras, digamos que solamente lo mandé a dormir en el sillón hace algunos días.
Hermione ahogó una risa y se volvió para hablar.
—¿Hace cuánto que no…?
—¡Hermione! ¡Luego dices que soy desubicada! —dijo enojada y entrecerrando los ojos. La castaña no evitó reírse abiertamente—. La verdad es que harán ya… Mmm, casi desde que Ron está trabajando en la empresa.
—¡No! —se extrañó totalmente con aquello—. ¿Segura? ¿No es mucho tiempo más de un mes para ti?
—¿Para mí? ¡Muy graciosa! Para todas las personas en pareja estable, querrás decir —corrigió Ginny enfatizando mucho las palabras—, es bastante tiempo y conociendo a Potter, no sé cómo demonios está aguantando.
—Conociéndote a ti yo diría que ya sé por qué Harry sospecha de Malfoy. Realmente creo que esta vez lo único que tienes que solucionar es volver a… eso. No tendrás miedo de quedar embarazada, ¿verdad?
—En realidad, creo que sí. Ya sé que me tengo que cuidar y ya está pero… Desde que me lo planteó siento como si él lo deseara tanto que… Bah, nada. Tonterías mías. Cambiemos de tema, por favor —pidió resoplando y se terminó el café rápidamente—. ¿Cómo estás con Roger?
—Bien… Gracias por preguntar.
—No seas tan entusiasta, a ver si me contagias… —ironizó Ginny.
—Es que estoy bien en serio, pero nada del otro mundo. —Bajó la mirada.
—¿Es por Ron? ¿Pasó algo?
—No es por él —dijo con una seguridad que casi la convence a ella misma—, es por mí. Llevamos casi un año de casados, pero… La verdad es que creo que fue demasiado rápido todo.
—¿Pero no era que estaban bien? —preguntó Ginny alzando las cejas.
—Estamos bien —quiso asegurar nuevamente, pero esta vez no sonó demasiado convencida—. Es que me inquieta algo… Tu hermano.
—Ok, era obvio que se trataba de Ron.
—No es directamente por él. —Chasqueó la lengua fastidiada—. ¿Por qué me dejó y ahora vuelve para molestar? Siento que me perdí de algo importante y que nadie quiere decírmelo pero que todos saben qué es.
—Hermione, eso puedes preguntárselo a él. Es su vida.
—¡Ginny, eres su familia, estoy segura de que lo sabes!
—Claro que sí. Pero es asunto suyo. Pregúntale, te lo contará si tienes suerte y logras persuadirlo bien…
—No quiero persuadirlo, sólo quiero saber. Estoy tan cansada de permanecer en la ignorancia —admitió derrotada. Ginny se encogió de hombros y no supo qué decir—. Mejor lo dejamos aquí, tampoco quiero enojarme contigo por el idiota de Ronald. ¡Nos vemos el sábado!
La saludó y dejó unos billetes sobre la mesa para pagar su parte. Ginny le sonrió apenada y se quedó allí pensando un poco en las cosas que Hermione quería saber, en el por qué Ron se había ido de esa abrupta manera y había vuelto tan cambiado, frustrado, enojado. No tenía demasiado en claro por qué resultaba ser así ahora, pero le gustaba pensar que era simplemente porque Hermione no lo había esperado. Aunque fuera totalmente entendible que no esperara por alguien que no se había dignado siquiera a despedirse.
