Disclaimer:Los personajes pertenecen a J.K. Rowling.

N/A: Muchas gracias por sus comentarios, espero les guste este capítulo lleno de sorpresitas. Y sepan que los personajes que no salen en este capítulo saldrán en el que sigue. Gracias, espero sus reviews.


8

Orgasmo

Ron sabía perfectamente que aunque no estuviera invitado directamente a la fiesta próxima del cumpleaños número veinticinco de Hermione, acabaría yendo o haciéndole una fiesta privada, cosa que pensaba seriamente en su oficina. Ya era miércoles entre tanto y tanto. Y los miércoles, al parecer se había impuesto una nueva costumbre en la empresa; efectuar una reunión con los destacados miembros de cada piso. Lamentablemente, debían juntarse todos en el noveno piso, ya que allí el espacio era amplio y el dueño y el editor jefe se encontraban allí cómodamente. Se suponía que hablarían un poco de la producción y los proyectos de cada semana, pero a Ron le parecía una pérdida de tiempo. Aún así decidió apresurarse porque ya estaba cayendo la tarde y debía asistir a la reunión.

Apagó su computador y tomó su chaqueta, luego apagó todas las luces de su oficina y cerró con llave para irse de una buena vez, así cuando terminara la junta se iría directamente a casa y no tendría que pasar de nuevo a organizar todo allí. Se dirigió al ascensor y esperó un rato con cara de sueño. Verdaderamente se sentía cansado. Se puso a tararear una canción hasta que se abrieron las puertas e ingresó dentro.

—¿No seremos muchos, eh? —ironizó abriendo un poco los ojos. Dentro, estaban Pansy, Geoffrey (algo sofocado), Astoria, Theodore y Hermione. Esta última volteó los ojos y se corrió hacia el fondo mientras todos se movían para dejar paso a Ron.

—Todavía no entiendo el fin de esta reunión —aseguró Pansy una vez que el elevador se puso en marcha.

—Te diré que lo que yo no entiendo es qué demonios tienes que hacer tú en una reunión como esta —inquirió Ron con una sonrisa malévola. Pansy frunció el ceño asesinándolo con la mirada, pero después se tranquilizó.

—Oí que no tenías pelos en la lengua, Weasley, pero hasta el momento no sabía por qué. Veo que tratas bien a tu secretaria —comentó Astoria mirándolo con recelo. Era una de las primeras veces que coincidía con él en alguna parte.

—Se supone que es mi secretaria, sin embargo, no deja de corretear por otros pisos…

—En serio, ¿qué clase de reunión es esta? —dijo Geoffrey interrumpiendo. Se abrieron las puertas del elevador y nadie contestó nada más. Salieron de allí caminando como si fueran un grupo de lo más unido y coordinado, y Astoria con toda elegancia se abrió paso hacia la oficina de su marido en donde se juntarían.

—Parece que llegaron —habló Roger levantándose de su asiento. Daphne, Seamus (el chico de la imprenta) y Draco miraron hacia la puerta cuando comenzaron a desfilar personas por ella. Roger besó a Hermione en la boca brevemente. Ella se apartó algo incómoda y tomó asiento a su lado, sintiendo todo el peso de la mirada azul de Ron—. Esperábamos que trajeras también a Natalie…

—Ya terminó el horario de trabajo y tenía un compromiso hoy. No vi necesario hacerla quedarse más tiempo —comunicó Hermione. El resto se acomodó en otras sillas formando un círculo y una muchacha rubia y voluptuosa ingresó en la habitación.

—Lavender, ya puedes irte también —aseguró Roger a su secretaria que asintió.

—Y si ves a Parvati por ahí dile que también terminó por hoy —le dijo Draco a la chica, refiriéndose a su propia secretaria.

—Sí, señor. Hasta mañana. —La joven se fue sonriendo amable aunque observó a su derecha antes de cruzar la puerta. Ron la miró con curiosidad y le envió una sonrisa de suficiencia. Ella se sonrojó y abandonó la oficina de una vez por todas.

—¿Se conocen? —preguntó Geoffrey al notar que nadie decía nada y que Hermione estaba tensa a su lado. Roger al otro lado de ella observó a Ronald con una sonrisa pícara.

—Parece que Weasley conoce muy bien a las mujeres de la empresa… —dijo.

—Ni imagina cuánta razón tiene, señor Davies —contestó él ladeando su cabeza. Hermione se sintió totalmente aludida.

—Vamos a lo que nos compete, muchachos —inquirió Draco tomando unas planillas de su escritorio. Luego ocupó lugar entre Roger y Astoria—. Al perder el negocio con Dawlish empezamos a tener complicaciones para atrapar a otros inversionistas. Las cosas andan bien pero sinceramente no podemos darnos el lujo de tomarnos libertades. Estas reuniones que haremos cada miércoles, tendrán como objetivo chequear todo lo que avancemos y lo que no.

—¿No se supone que eso lo hace Astoria en administración? —preguntó Theodore seriamente.

—En realidad lo que yo hago es revisar los gastos y cómo ganamos en producción —respondió la mujer de Draco—. El problema aquí es que estamos usando más de lo que se supone que deberíamos.

—¿Por qué no nos reunimos los viernes para comentar el resumen semanal? La verdad creo que hoy es un día para volver a casa a horario… —sugirió Ron cruzado de brazos.

—Lo consideramos al principio, pero sabiendo que los viernes por lo general todos tienen compromisos y al ser el último día quieren escapar de aquí lo más rápido posible, descartamos la idea —explicó Roger con su potente voz.

—Bien, como quieran —dijo Ron frunciendo el entrecejo—. ¿Usted qué opina, señora Davies?

—¿Eh? —dijo Hermione. Estaba totalmente perdida en sus pensamientos y casi ni había escuchado la conversación—, ¿qué sucede? —preguntó al ver que todos la observaban.

—¿Te parece mejor que las reuniones sean el viernes? —le preguntó Geoffrey mirándola con tranquilidad para que no se pusiera tan nerviosa como creía que estaba.

—Me da igual —musitó.

Luego de aquello no pasó gran cosa. Estuvieron conversando unos minutos más pero llegaron a la conclusión de que las reuniones serían los viernes, aunque empezarían a partir de la siguiente semana. Roger y Hermione se disculparon y lograron escabullirse antes que todos. Pansy también se fue y los demás decidieron salir cuanto antes. Ron bajó con parsimonia y se encontró a su morena secretaria fumando un cigarrillo nuevamente en la entrada.

—¿Qué esperas?

—Un taxi, ¿no es obvio? —inquirió de malos modos. Ron se sentó a su lado en el borde del enorme masetero que decoraba la vereda.

—¿Sucedió algo en el ascensor antes de que subieran los demás? —preguntó interesado mientras le robaba el cigarrillo de entre los labios. Ella lo miró con mala cara nuevamente.

—¿Qué sabes si fui la primera en subir?

—Lo intuyo… Geo estaba a tu lado totalmente rojo.

—¿Quieres decir que estaba con él? ¿Insinúas que tuve tiempo de hacer algo en el ascensor con ese intento de escritor antes de que subieran los demás? —dijo enojada, tomando de nuevo su cigarrillo.

—Insinúo que sucedió algo antes de que él te siguiera hasta el ascensor y que se quedó con las ganas ya que los demás subieron unos segundos después de eso…

—Intuyes bien, pero es él el retrasado que piensa que quiero algo con él.

—¿Por qué no le das una oportunidad? Te creía más fácil… —dijo extrañado.

—No soy fácil, pero soy como tú, me gusta divertirme —aseguró expulsando humo por su boca—. Lo que sucedió fue que él me besó, y alguien que viene y te besa no es precisamente una persona que sólo quiera de ti sexo o cualquier derivado de esa situación. Él parece una persona seria.

—¿Geoffrey una persona seria? —Ron no evitó reírse— te estás equivocando mucho. Él no es serio, de verdad que no.

—¡Tú ni siquiera lo conoces! Hace poco estás aquí… Él es de los enamoradizos —replicó ella enterrando el cigarrillo en el masetero.

—¡Qué chica limpia! —ironizó— Puede que parezca serio y también que le gustes, pero él quiere pasar el rato, ¿qué hay de malo en eso?

—Que no me gusta estar con una persona que corra el riesgo de enamorarse de mí, no me gusta pensar que puedo lastimar a alguien.

—¿Y si la que termina enamorándose eres tú? —preguntó astutamente.

—Eso tampoco me gustaría —aseguró arrugando la nariz.

—¿Sentiste algo cuando te besó?

—… Impotencia. Me solté rápido y le grité que no volviera a tocarme. Siempre me gustó fastidiarlo pero la verdad es que no pensé que se atreviera a nada —convino ella.

—Tuviste la culpa de que haya pasado eso. No te quejes —dijo Ron acusándola con una mirada fruncida.

—¿Y tú qué con esa Lavender?

—Sexo —respondió con una mirada perversa como si fuera lo más natural del mundo—. Me la crucé en un bar, hubo mucho alcohol de por medio y amanecí en su cama… O en el piso. No recuerdo bien, pero me dolía todo después de aquel día.

—No parece una loca de esas… —comentó Pansy riéndose al imaginar la situación—. ¿Una vez o más?

—Sólo esa noche, pero fue suficiente como para recordar su cara por el resto de mi vida —respondió Ron sonriendo tranquilamente—. No volveré a estar con ella, ya creo que sabes cómo soy.

—Estoy aprendiendo más de ti de a poco. Sobre todo a saber que cuanto más insultas es una señal de aprecio, así que gracias por querer echarme a patadas de la reunión hoy.

—Estaba interesado en saber si Geoffrey te defendería…

—Pues no lo vi mover un dedo al respecto.

—Interrumpió mi verborragia sobre ti —inquirió Ron ladeando su sonrisa—. Te propongo algo.

—¿Qué cosa?

—Ir a casa, cenar…

—¿Cenar? —preguntó alzando mucho la voz—, ya veo sus intenciones, señor Weasley.

—Bueno —dijo mordiéndose el labio y mirando hacia otro lado con una pequeña sonrisa—, tú te lo pierdes.

—Está bien, vamos —dijo riéndose de la situación. Lo tomó del brazo y se dirigieron hacia el auto del pelirrojo, perdiéndose por las calles londinenses al subirse en él.


La siguiente tarde de trabajo estaba resultando pesada. Hermione estaba de cumpleaños, sin embargo, eso la traía sin cuidado. Algunos que la veían pasar de un lado a otro la felicitaban, ella hacía una sonrisa en agradecimiento y volvía a lo suyo. Estaba preocupada; no sabía qué podría esperarse de Ron, pero algo haría al respecto, y sobre todo le preocupaba que aún no hubiera aparecido para saludarla, eso suponía que preparaba algo distinto…, algo en su contra. Natalie la vio entrar nuevamente en la oficina y se puso histérica al no encontrar unos documentos para Geoffrey.

—¡Estaban aquí, estoy segura! —dijo casi gritando. Natalia se alarmó y se puso en pie dejando de teclear. Rodeó el escritorio y apoyó una mano en el hombro de Hermione.

—Creo que necesitas descansar unos minutos… —dijo con tranquilidad y sonriéndole sinceramente.

—No, estamos trabajando y…

—Hermione —interrumpió otra voz a sus espaldas. Era Pansy—, disculpen la interrupción. Ron me mandó a buscar unas cosas a lo de Geoffrey pero él dijo que las tenías tú…

—Sí pero creo que… —Iba a decir algo pero se quedó callada analizando lo que había escuchado—. Un segundo, Geoffrey le tiene que mandar sus reseñas a Nott, lo que significa que Weasley no tiene nada que hacer con ellas. ¿Para qué las querría, verdad? Esto me deja pensando que el muy ingrato te mandó a preguntar por ellas sólo para fastidiarme, porque sabe que llevo toda la tarde buscándolas, seguramente las robó él.

—Aguarda, ¿no crees que estás muy alterada? —inquirió Pansy frunciendo el entrecejo. Natalie bajó la vista y disimuló una sonrisa—. Tal vez Ron se confundió… Subiré a decirle que Geoffrey no tiene nada para mandarle.

—No, subiré yo a decirle que devuelva lo que me robó —aseguró con una desafiante mirada. Salió disparada hacia el ascensor y subió al séptimo piso.

—Creo que sí está bastante alterada —dijo Natalie observando cómo Pansy se extrañaba de aquella reacción. En ese momento Geoffrey cruzó la puerta también y la situación se puso algo tensa. Pansy balbuceó algo sobre el primer piso y se dirigió hacia la escalera para bajar a la otra planta.

—Todos están extraños el día de hoy —comentó Geoffrey algo sonriente. Natalie sospechó algo pero no dijo nada, y conversaron un rato allí sobre la fiesta de cumpleaños de Hermione que se celebraría el sábado en casa del matrimonio Davies-Granger, hasta que Theodore fue esta vez el que interrumpió la agradable charla.

—Lo siento, pensé que encontraría a Hermione —dijo haciendo una mueca que más bien parecía de dolor.

Natalie alzó las cejas levantándose rápidamente del escritorio en donde se había apoyado y Geoffrey se dio cuenta de a qué venía la cara que había puesto su amigo. Lo sabía desde el primer momento en que Theodore se fijó en Natalie. Ella le gustaba y él hacía esfuerzos sobrehumanos para ocultarlo.

—¿Necesitas algo? —preguntó Natalie, con su vocecita dulce.

—Ya te dije, buscaba a Hermione… —dijo tanteando un momento la situación.

—Tengo que seguir trabajando, si me disculpan… —Geoffrey se evadió directamente guiñándole un ojo a Natalie, que no supo cómo interpretar aquella seña. Theodore también recibió un guiño de su parte y frunció el entrecejo. Cuando se quedaron solos vio que Natalie esperaba expectante.

—¿Y bien?

—¿Y bien, qué? —inquirió ella algo frustrada.

—Pues ¿en dónde está Hermione? Necesito hablar con ella… Ya sabes, estamos trabajando y no conversando vagamente —acusó Theodore acercándose un poco y dejando un documento, de entre los tantos que tenía, sobre el escritorio.

—Si tratas de hablar entre líneas déjame decirte que eres muy obvio…

—¿Qué compromiso tenías ayer? —le preguntó alzando el mentón y viéndola fijo a los ojos.


Entre tanto, Geoffrey puso pie en el ascensor topándose con Astoria. La rubia era una de las dos mujeres en quienes aseguró que no debía fijarse (la otra era Hermione), y sin embargo, supo que sus deseos habían sucumbido cuando un apagón repentino mientras el elevador se ponía en marcha hacia los pisos de arriba, los hacía quedar atrapados vaya a saber por cuánto tiempo en él y no evitó observarla entre su nerviosismo y sofoco por el encierro.

—Esto me pasa por usar el elevador… ¡Una vez que lo uso sucede esto! —dijo intranquila caminando de un lado a otro por el reducido espacio.

—Cálmate, seguramente llamarán a un técnico y la luz volverá rápido. Tú que eres experta en gastos, ¿no hemos estado usando mucha luz? —Geoffrey se encogió de hombros cuando ella lo miró con aire asesino y se corrió hacia un rincón sentándose en el suelo.

—Será mejor que ahí te quedes… —dijo Astoria haciendo una mueca de resignación.


Cuando Hermione traspasó las puertas de la oficina de Ron, se llevó la sorpresa de no encontrarlo allí. Se quedó un minuto inquieta observando las cosas que poseía su ex novio, los libros de estantería y demás objetos peculiares que coleccionaba y que no cuidaba demasiado a la hora de "jugar" con ella cuando nadie más podía verlos. Repentinamente hubo un corto y quedó a oscuras, iluminada levemente por la luz del atardecer que se reflejaba en la ventana. Se volteó asustada cuando entró Ron con aire de suficiencia y supo inmediatamente que él había sido el culpable de aquel desperfecto técnico.

—¿Qué hiciste?

—Feliz cumpleaños —saludó él caminando hacia ella. Sólo vio su figura tranquila cerrando con llave la puerta y luego acercándose.

—¿¡Qué hiciste! ¿No te das cuenta que estás enfermo? ¿Cómo se te ocurre…? —Pero se silenció al ser atrapada por él y su gran mano que tapaba su boca.

—Dije "feliz cumpleaños"… Haz el favor de agradecer al menos —comentó Ron— aunque… de alguna forma lo mejor es que agradezcas después de recibir mi regalito. Todos están ocupados con el corte de luz. Pacté con los técnicos que lo repararan más o menos en una media hora o cuarenta minutos… Tiempo suficiente, ¿no crees?

—Supongo… Depende para qué —dijo Hermione con total sarcasmo. Su aliento se entremezcló completamente con el de Ron pero sabía perfectamente que él no se acercaría lo restante hacia su boca, por el contrario, comenzó a bajar la cremallera de su falda y a meter mano por allí—. Siempre tan… descarado.

—Di que te encanta y te llevarás el mejor regalo de mi parte… —pidió deshaciéndose al completo de aquella prenda y comenzó a desabotonar la camisa de la castaña.

—No me gusta que me trates mal —advirtió enredado sus pequeñas manos alrededor de su cuello.

—Lo que digas será la revés, Granger —musitó el pelirrojo jalándola hacia el suelo y quedando encima de ella—. Tendremos que hacerlo rápido.

—¡No! —replicó fastidiada pero sin alejarlo—. ¿Rápido y doloroso?

—Cuando me concedas más de una hora contigo pensaré en cómo evitar lo doloroso, ¿de acuerdo? —Todo aquel sarcasmo fue acompañado de roces entre sus manos, que se provocaban al quitarse la ropa, hasta quedar casi al desnudo—. Tú sólo trata de no hacer ruido.

—¡Sucio, pervertido, como si fuera tan… simple! —dijo casi jadeando al sentir los dedos de Ron tocando su intimidad.

—Si todo fuera fácil estaríamos aburridos, eh —aseguró y sin más comenzó a mover sus dedos hacia el interior de Hermione.


Pansy bajó a la primera planta con una extraña sensación. Había pasado la noche con Ron, algo bastante más inocente que sus encuentros en la oficina, y no había sentido nada por él nuevamente. Se seguía preguntando por qué no le daba una oportunidad a Geoffrey si en realidad el hombre parecía no querer nada serio tampoco. Buscó a Daphne en la oficina de su hermana, ya que no la había encontrado en el tercer piso. Necesitaba hablar con una buena amiga y ella era la única que podía distraerla. Sin embargo, tampoco se encontraba allí, y Astoria ni siquiera estaba, iba a salir pero el apagón general del edificio la asustó y se quedó inmóvil. «¡Genial!», pensó. Antes de intentar traspasar la puerta, alguien entró de improviso y la volvió a empujar hacia adentro, besándola de lleno en la boca, tomándola con fuerza por la nuca con una mano y cerrando la puerta con la otra mientras quedaban encerrados. Quiso zafarse pero no sabía cómo. Aquella persona la estaba dejando sin aliento, y tardó casi un minuto y medio en razonar sobre quién podría ser el indiscreto y buen besador que le estaba comiendo la boca. Sintió su aliento a menta, y se dejó llevar unos segundos, aunque volvió en sí tratando de apartarlo. Y bruscamente él se separó de sus labios con los ojos bien abiertos, aunque no pudiera ver bien.

—¿Tú? —preguntó—, ¿qué demonios haces aquí?

—Estaba… buscando a Daphne. Yo… —Pansy no sabía qué decir. De todas las cosas que había vivido, realmente esa había sido la más loca y extraordinaria.

—Ni una palabra a nadie de esto… Yo pensé que eras Astoria —aseguró con nerviosismo.

—Lo sé, Malfoy. Aunque no sé por qué tardaste tanto en darte cuenta de que no era tu mujer… —inquirió Pansy, en un susurro que a Draco lo hizo temblar.

—Es su oficina, no te vi bien, lo más lógico hubiese sido que ella estuviera aquí. Ni siquiera eres su secretaria. Y para tu información, Daphne trabaja en el tercer piso —dijo con fastidio.

—Pues para tu información, si Astoria es tu esposa deberías reconocer al instante su forma de besar, su aroma, su pelo… Tampoco es que te esté acusando de algo, eh —dijo llena de ironía y haciendo una sonrisa perversa.

—Podemos olvidarnos de este inconveniente, lamento haberte… besado —comunicó Draco resoplando. Se volteó y se fue de allí dejándola con la palabra en la boca.

—Sí, claro. Seguro que lo lamentas, idiota —musitó cuando él se fue, haciendo una mueca graciosa en son de burla. Y salió también de aquella oficina, tratando de olvidar el inconveniente como Draco le había pedido.


Theodore iluminó su paso con su teléfono móvil y trató de volver a su oficina mientras ponía los ojos en blanco cuando Natalie lo agarraba del brazo y trataba de no perderlo de vista para que le dijese por qué había sido tan descarado preguntándole por sus asuntos personales.

—¡Déjame en paz, quieres! —Trató de alejarla, pero ella lo siguió hasta que se adentraron a oscuras en la oficina del muchacho, dejando la puerta abierta y corriendo las cortinas para tener algo de luz, aunque el sol ya estaba bajando.

—¿Qué te traes? ¡Dime! —preguntó Natalie tranquilamente y él pudo imaginársela poniendo sus brazos en su pequeña cintura.

—Nada. Estás actuando como tu amigo, Ron —le dijo chasqueando luego la lengua, suspiró y se sentó en su cómoda silla, al otro lado del escritorio.

—Se cortó la luz y no tengo nada que hacer, y tú tampoco así que, ¿por qué quieres saber sobre mis asuntos?

—Fue una pregunta amable. Hermione mencionó que ayer no te podías quedar a la reunión y entonces te pregunté. ¿Tiene algo de malo ser curioso?

—Deberías dedicarte a dibujar —aseguró Natalie, sacando un poquito de maldad de la que no tenía.

—Está bien, ¿y qué quieres que dibuje? ¿Tal vez a ti junto a Geoffrey vagando por los pasillos?

—Estás celoso —afirmó incrédula.

—¿Qué?

—Que estás celoso —volvió a decir enfatizando más las palabras. Se sentó frente a él apoyándose en el escritorio tratando de visualizar su cara.

—Sé lo que dijiste, pero estás equivocada —explicó él.

—Para que lo sepas, muy pocas veces me equivoco, y creo que esta vez es una de las veces en las que estoy en lo cierto —aseguró sosteniendo su cabeza con una mano y mirándolo casi con ternura—. Eres tan raro.

—No sé a qué te refieres… —dijo seriamente evitando mirarla. Abrió uno de sus cajones, ya acostumbrado a la semioscuridad y sacó un lápiz y una hoja blanca y completamente virgen. Delicadamente comenzó a dibujar, de vez en cuando alzando sus ojos y mirando la extraña fascinación de la joven empleada que se quedó callada observándolo dibujar.


—¡QUIERO SALIIIIIR! —gritó Astoria golpeando las puertas del ascensor. Hacía diez minutos al menos que estaban encerrados y le exasperaba que el "bueno para nada" de Geoffrey no intentara hacer algo al respecto.

—¡Ya cálmate, mujer! —le pidió por enésima vez, parándose y apoyando una mano en su hombro— No conseguirás nada gritando así.

—Me estoy ahogando —sollozó desesperada y se volteó a verlo—. ¡Pide ayuda, maldita sea!

—¡Llamé por teléfono a mantenimiento! ¿Qué más quieres que haga? —preguntó hastiado—. No sabía que estabas loca. Todas las mujeres son iguales.

—¡Mentiras! Todos los hombres son unos idiotas —aseguró Astoria estirándose el cabello rubio hacia atrás—. ¿Por qué aún no llega nadie? Necesitamos ayuda. Y si fuéramos claustrofóbicos, asmáticos, o algo parecido...

Geoffrey estaba realmente harto de esa mujer. Creyó que tal vez de tan estirada que era se callaría y fingiría esperar educadamente a que la rescataran del maldito ascensor, pero la muy desubicada no dejaba de gritar e insultarlo aunque él no tuviera la culpa de nada. Recordó cómo había besado a Pansy el día anterior y cómo ella le había respondido con una bofetada. ¿Haría lo mismo la mujer de Malfoy si él se atrevía a eso sólo para calmar sus estúpidos insultos que no solucionarían nada?

—Tendré que callarte a la fuerza —murmuró para sí mismo pensando en aquello. Astoria lo miró casi con odio y comenzó a gritar nuevamente pidiendo auxilio y abanicándose con las manos.

—¡Quiero salir! ¡Que alguien me ayu…! —Sin más Geoffrey le estampó un beso y la silenció rápidamente. Astoria se apartó y quiso golpearlo ante su desubicación, pero él sabía que haría eso, así que la frenó sosteniéndola de las muñecas—. Eres un… ¿Cómo te atreves?

—¿Vas a callarte o no? —preguntó entre dientes muy cerca de su rostro. Astoria se sonrojó y bajó la cabeza asintiendo—. Bien, así está mejor.


El aire estaba muy caldeado. Ron tapaba la boca de Hermione bruscamente con su mano aunque ella intentaba morderlo y lo besaba allí, sin poder hacer otra cosa más que arquear su cuerpo y sentir cómo él la poseía sin ningún inconveniente. Lo acariciaba por la espalda y mientras, él embestía una y otra vez jadeando pero conteniéndose para no gemir demasiado. Hermione envolvió su cintura con sus piernas, enloquecida por todo aquel esfuerzo físico pero placentero. Ron dejó de taparle la boca y apoyó una mano en el suelo, al costado de su cabeza mientras con la otra acariciaba los senos de Hermione y hundía por primera vez su cabeza en el hueco de su clavícula y viajaba con su boca hasta el cuello y la pequeña oreja de ella. Escuchó cómo ahogaba un gemido tras morderle el lóbulo y embestir constantemente contra su cuerpo, friccionándose, cada vez más rápido.

—Ahh, la puta madre… No puedes estar tan jodidamente buena, Granger —dijo Ron sin poder controlarse cuando ella también se acercó a besar su cuello—. Es una lástima… Tenemos que apurarnos ya.

—¿Más rápido? —preguntó ella con la voz ronca—, tengo una idea.

Lo empujó y se colocó sobre él, que al principio se quedó acostado sobre el suelo, pero luego se sentó y se abrazó a su menudo cuerpo sintiendo cómo penetraba más y más su excitado miembro en ella, que se movía con experiencia.

—Hoy te rendiste totalmente…

—Aprendí que es en vano pelear contigo, eres un necio, Weasley —aseguró jadeando más.

—Y te gusto —afirmó él sonriendo mientras volvía a poner su mano sobre los labios de ella, quien otra vez besaba sus dedos provocativamente. Se movieron más rápido si fuera posible y en cuestión de minutos acabaron ambos.

Acostada sobre su pecho desnudo y descansando unos minutos, Hermione sintió cierta melancolía. Ron no la había tratado mal esta vez y últimamente estaba aflojando un poco. Hacía bastante que no estaba con él en todos los sentidos. El pelirrojo siempre metía mano donde no debía pero esta vez las cosas eran diferentes. Incluso, se sentía rara estando allí, rodeada por sus brazos sobre su cintura, sintiendo su respiración pausada y armoniosa. Pensó infinidad de cosas y no supo cuántos fueron los minutos que estuvieron así, pero se puso de pie casi tambaleándose luego de que Ron mostrara interés en levantarse. Y ambos en un cómodo silencio se vistieron levemente iluminados por la luz natural proveniente de la ventana. Ron destrabó la puerta mientras Hermione entraba en el baño privado de la oficina tratando de despegarse del aroma varonil de él, aseándose un poco el cuello y la cara, e intentaba peinarse aunque seguramente no tuvo mucho éxito. Sintió cómo Ron se acercaba por atrás, ya que otra sombra podía visualizarse en el espejo. Él la abrazó por la cintura y apoyó su boca cerca de su oreja.

—Apuesto a que un orgasmo es un regalo muy original, ¿verdad? —admitió Ron con suavidad, atrapando casi inocentemente entre sus labios la parte superior de su oreja.

—Es bastante original. Supongo que serás el único capaz de regalarme uno —contestó Hermione, uniéndose a su juego mientras no evitaba cerrar los ojos.

—Podría regalarte más si tuviéramos tiempo —aseguró cuando repentinamente volvió la luz—, pero parece que debes irte.

Se miraron a los ojos a través del espejo. Ron se atrevió a encender la luz del baño a pesar de que ya entraba la iluminación de la oficina que se había encendido completamente. Hermione volteó hacia él y observó la mirada azul de Ron. Se acercó y para su sorpresa Ron no retrocedió, ni volteó su cara. Era el momento de ceder, rozó su nariz con la de él y estaban a punto de besarse pero…

—¡Ron! —gritó Pansy entrando en la oficina. Él se alejó espantado y salió para evitar que Pansy intentara buscarlo allí y se encontrara con Hermione—. Ahí estás, necesito saber una cosa… —Y lo besó sin más, sorprendiéndolo completamente.

La castaña se asomó un segundo, y lo que vio no le gustó nada. Salió apresurada aprovechando que Pansy mantenía sus ojos cerrados con fuerza y se dedicaba a comerle la boca a Ron, esa misma que unos segundos atrás casi reclama como suya, y salió de la oficina, a vista de Ron, que por primera vez en todo ese tiempo, sintió real lástima por Hermione.