Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK. Rowling, yo sólo inventé esta humilde historia (?).
N/A: Holaaa, sólo espero que les agrade el capítulo y me digan qué tal está! Saludos chicas, muchas gracias por estar ahí =) Me alegran mucho sus comentarios y no imaginan cómo ayudan a seguir. Este capítulo se lo dedico a Bita =D que ama el Harry y Ginny por sobre todas las cosas!
9
Calor
—¿¡Qué demonios estás haciendo! —preguntó separándose bruscamente de ella.
—Lo siento, Ron. No pensé que te fuera a molestar tanto... —aseguró Pansy mordiéndose el labio inferior.
—No puedes entrar en mi oficina como si nada, gritando como loca y luego besándome así. ¿Qué querías probar?... Pensé que lo de anoche fue una especie de despedida. ¡Seremos amigos y nada más! —inquirió algo enojado. No le hubiese molestado realmente si no sintiera que Hermione era la más perjudicada con eso y justo el día de su cumpleaños.
—¡Pero te equivocas! No quería probar estar enamorada de ti o algo así si es lo que piensas, eh… Es que me ocurrió algo extraño… ¡Muy extraño! —dijo Pansy sin mirar específicamente a algo, casi como si estuviese viendo una imagen que Ron no podía ver.
—¿Y se puede saber qué te pasó? —preguntó Ron suspirando y sentándose sobre su escritorio. Pansy se apoyó a su lado y le contó lo de Malfoy—. ¿¡Te besó por error y sentiste algo por él!
—No sé si sentí algo… Pero fue un beso como el que te di recién. Quería saber si era por el estilo de beso o porque era él quien me lo daba —explicó dubitativa.
—Estás perdida, es por él ¿verdad? —Pansy asintió pero refutó la idea.
—Es por él pero no es que sienta nada por un simple beso.
—No fue un simple beso —objetó Ron haciendo una sonrisa perversa.
—Bueno, no. Pero me refiero a que Malfoy es un idiota, es el jefe de todos y parecía de verdad arrepentido. Además, no te digo que no me pueda gustar, pero no somos de la misma clase… Y también está Astoria. Pareceré liberal y todo eso pero yo no juego a nada con tipos casados —comentó bastante arrepentida de haber estado en el lugar y el momento equivocado—. Bueno, no me hagas caso, Weasley, iré a buscar a la zorra de Daphne que dice ser mi amiga pero nunca está cuando la necesito. Y ni siquiera sé en dónde se ha metido durante el apagón.
—Tal vez estaba afuera buscando los últimos rayitos de luz solar… —sugirió Ron con diversión—. Vuelve pronto, que estás en horario de trabajo. Aquí no se jode, ¿ok?
—Bien dicho. —Le dio un beso en la mejilla y salió de la oficina rápidamente.
Ron suspiró con pesadez y los pelitos de su frente volaron hacia arriba. Esperaba poder terminar la jornada y calmar un poco su últimamente incontrolable corazón, que no paraba de pedir a gritos más muestras de poder, dominio, adrenalina… En síntesis, jugar con fuego y quemar de paso a Hermione.
Daphne caminaba de un lado a otro, sudaba y se secaba con una servilleta de papel, en el cuello y la frente. Su pelo estaba indomable y sus mejillas rojas a más no poder. Cuando escuchó la cadena y la secretaria de Roger salió del cubículo del baño unos segundos después, la abordó de inmediato.
—¡Lavender, por Dios, dime que no dirás nada! —inquirió rogando con ambas manos unidas. La rubia la miró con desdén y asco.
—Es la segunda vez que los encuentro en la misma situación, aunque esta vez el jefe era quien estaba sobre ti, pero no es el punto… —explicó algo cansada.
—¡Ya sé, no me avergüences más! —pidió desesperada.
—Eres la hermana de la mujer del tipo más importante de la empresa, es un escándalo. Tirártele a Davies, mira que hay hombres por ahí pero él…
—No me le estoy tirando nada, él me busca también… —la interrumpió Daphne.
—¡Es casado! —insistió la joven con acusadora mirada.
—Sí, pero parece que Hermione no lo satisface en nada. Sólo te estoy pidiendo que me guardes el secreto…
—No te debo nada a ti, ni siquiera somos amigas… Sólo soy una simple secretaria que hace un esfuerzo sobrehumano para que su jefe no la despida cuando el pesado de Malfoy, que no soporta la incompetencia, me mande al frente con él, sólo por haberme visto tomar un café en dos minutos y medio de tiempo.
—¡No hables así de mi cuñado porque antes de ser familia, es mi mejor amigo! —le espetó con enojo. De un momento a otro entró Parvati y tuvieron que abandonar la conversación—. Ya hablaremos… Buenas tardes, Patil. —Y se fue dando un portazo, dejando anonadada a la secretaria de Draco.
—Esta maleducada —farfulló Lavender.
—¿Qué le dijiste? —preguntó todavía asombrada Parvati.
—Nada, está perseguida. Ya todo el piso sabe que se le tira a Roger y me pide que guarde el secreto —le contó.
—¡Qué descaro! Hasta la mismísima Hermione debe estar a punto de enterarse…
—Sí…
Theodore Nott terminó de dibujar y alzó la vista nuevamente. Natalie estaba adormecida sobre el escritorio, apoyada en sus antebrazos, y respiraba pesadamente. Él observó su dibujo; casi en la misma posición, pero con una dulce sonrisita, el rostro de Natalie le devolvía la mirada. Le escribió la fecha en un extremo inferior, «19-09-04», y dejó a un lado el lápiz. Con tranquilidad, se levantó de su asiento y rodeó el escritorio. Se acuchilló al lado de ella y le rozó milimétricamente sus dedos en su mejilla suave y blanca, con delicadeza, corriéndole un pequeño mechón de cabello. Natalie abrió los ojos y él se alejó casi con brusquedad, enderezándose.
—Estaba despierta… —murmuró con voz débil, pero no se movió de su posición y eso le dio algo de confianza a Theo.
—Finges muy bien entonces —dijo. Natalie alzó su cabeza y se puso de pie muy cerca de él. Theo tragó saliva con nerviosismo—. Por si no te diste cuenta, ya volvió la luz y terminé el dibujo.
—Me di cuenta —admitió ella. Sonrió y buscó con su mirada el papel en el que él había plasmado perfectamente la parte superior de su cuerpo y su rostro de expresión soñadora—. Gracias, es precioso.
—Sólo te he copiado, no es tan precioso como la realidad que veo —dijo muy despacio, casi como un susurro. Estaba embelesado, y no sabía exactamente por qué. Natalie lo miró de nuevo y le sonrió de tal manera que él no pudo no contagiarse de aquella mueca, mostrándole sus dientes perfectos.
—Me gusta que sonrías —confesó ella— te hace ver más joven. Eres demasiado serio siempre.
—Es que soy tímido y los desconocidos me ponen nervioso —inquirió avergonzado.
—¿Sigo siendo una desconocida?, incluso cuando me has regalado un retrato de mí misma… —preguntó entrecerrando los ojos.
—No te lo he regalado, fuiste mi modelo pero el dibujo es mío —comentó casi con diversión.
—¿Es un chiste? —preguntó alzando una ceja.
—No, para nada. Aún no te lo he regalado… Si cambio de opinión, no dudaré en hacerlo —le explicó.
—Eres malo.
—¡Chicos! —interrumpió Geoffrey entrando acalorado a la oficina sin darse cuenta de la cercanía y comodidad en la que estaban ambos compañeros de trabajo— ¡A que no saben qué me pasó!
—¿Quieres que adivinemos? —preguntó Natalie observándolo divertida mientras él ocupaba el lugar de Theodore cómodamente como si fuera su propia oficina.
—¿Qué pasó? —interrogó Theo con impaciencia.
—¡Me quedé encerrado en el ascensor con Astoria Greengrass durante el apagón! —dijo con ojos desorbitados.
—¡Ay, pobrecitos! ¿Y ella no se asfixió?, así de extremista que parece ser… —inquirió entre risas.
—En realidad, me sorprende que lo digas, porque amenazaba con morir tal como dices… —dijo sin mirarlos directamente, como si estuviera recordando la situación.
—Bueno ¿y qué pasó? —insistió Nott.
—No se callaba, y tuve que besarla.
—¿Eh? ¿¡Y lo dices así! —se alarmó Theo viendo la expresión tranquila de Geo. Natalie no evitó soltar una risita.
—¿En serio hiciste eso? ¡Tu trabajo debe correr peligro ahora mismo! —inquirió ella.
—No lo creo, esta mujer no es de las que le irían con el cuento al marido. Además, esta empresa sin mí no puede seguir en pie… —se mofó cruzándose de piernas y sonriendo de lado.
—Ahh, modesto lo tuyo —dijo con sarcasmo Theodore—, me da la sensación de estar frente a Draco Malfoy… Y a propósito, ¿te puedes salir de mi lugar? Necesito seguir trabajando.
—¿Trabajarás así como estabas trabajando recién? ¿Concentradísimo en los ojos de la secretaria de Hermione? —atacó Geoffrey con suficiencia.
—¡Hey, que todavía estoy aquí! —dijo alzando las cejas—se supone que son amigos, no peleen.
—Tranquila, eso es normal entre ellos —dijo una voz nueva en escena. Era Hermione que había aparecido con aspecto cansino y más tranquilo de lo que la habían visto antes.
—¡Vaya día para cortarse la luz! —comentó Geoffrey con perspicacia, mirándola y poniéndose de pie para acercarse a ella—. Suerte que ya volvió, ¿no?, porque tu cumpleaños está resultando muy raro.
—Hum, ¿estás insinuándome algo? —preguntó ella haciéndose la desentendida y cruzándose de brazos.
Geoffrey no era ningún tonto, y desde que había escuchado rumores de que Hermione engañaba a Roger, sospechó de inmediato quién era el tercero en discordia. Uno que se había incorporado no hacía mucho en la empresa y que la fastidiaba a más no poder. Theodore siempre tímido y discreto, trató de no prestar atención a la conversación, pero como Natalie también estaba atenta a ellos, no quedó más remedio que escucharlos.
—No, estoy confirmándolo con mis ojos… —musitó rozándole el cuello con un dedo, en donde tenía una porción de piel irritada—. Oh, no estoy seguro si es la medida de la boca de Roger…
—¡Geoffrey, no tienes vergüenza! —farfulló Theodore defendiendo por respeto a Hermione.
El muchacho acusador sólo caminó hacia la puerta y la cerró al completo. Volvió a posicionarse al lado de una pasmada y sonrojada Hermione y la abrazó por los hombros.
—Estamos en confianza, ¿no? —inquirió Geo.
—Francamente, eres muy chismoso —dijo calmada. Natalie tuvo intención de irse y Theo, que no entendía nada, también pero Hermione negó con la cabeza y ellos se quedaron inmóviles—. ¿Hace cuánto lo sabes?
—¡Por Dios! Soy hombre pero no tonto —dijo alzando la voz y agarrándose la cabeza. Sonrió—. Apuesto a que Natalie lo sabe…
—Es difícil no saberlo… —agregó ella tímidamente— siendo amiga de él.
—¿Weasley? —preguntó Nott al entender la situación. Natalie se mordió el labio inferior mirándolo con ternura y Geoffrey se golpeó la frente. Hermione miró hacia el suelo, aún más roja.
—Hasta Theo se dio cuenta, ahora sí que estás perdida… —aseguró Geoffrey.
—¿Podrías simplemente no hablar del tema, Hooper?
—¿Ahora vuelvo a ser Hooper, verdad? —inquirió con su sonrisita molesta—. Me pregunto por qué Weasley te jode de esta manera. Si quieren ser amantes deberían ir a un hotel…
—¡Basta, Geo! —suplicó cansada—, es mi cumpleaños, te pido un solo regalo: no-hables-del tema.
—¿Por qué? ¡Somos amigos! —dijo con obviedad.
—Tú eres muy liberal.
—En otros tiempos me hubieses negado a muerte que acabas de acostarte con Weasley —dijo pero se volteó de inmediato cuando la puerta se cerró de improviso.
—Ahh, bueeeeno. ¿Ahora tenemos cómplices también? —preguntó Ron que sólo había escuchado «acostarte con Weasley». Su frase tenía sarcasmo, pero también se escuchó algo fastidiado. Se acercó y pasó entre los cuatro presentes, inclinándose y dejando unos documentos en el escritorio de Theodore—. ¡Están bien los dibujos, por cierto!
—¿Pueden dejar de desubicarse un poco? —dijo Hermione resoplando ya de mal humor.
—¿Yo? Si soy el único que está trabajando, y mientras tú andas de charla contando intimidades… —contraatacó él.
—¿De qué intimidades hablas? ¿De cómo no había terminado de salir de tu oficina cuando ya tenías a Pansy colgando de tu cuello? —le espetó totalmente roja.
—Será mejor que nos vayamos —susurró Natalie a los otros dos que miraban anonadados, pero Geoffrey chistó para que se callara y se quedaron observando la discusión.
—Ella fue la que me besó, ¿qué culpa tengo de eso?... Además, ¿qué tengo que explicarte a ti? —replicó muy cerca de su rostro. Hermione abrió la boca pero tardó bastante en encontrar las palabras exactas, lo suficiente como para que Ron se diera cuenta de que no sólo estaba celosa, estaba herida por su culpa.
—Por supuesto que no quiero ninguna explicación tuya, Weasley —aseguró entre dientes. Lo miró con fiereza, haciendo esfuerzos por no doblegarse ante él, y más sabiendo que sus compañeros de trabajo y amigos los observaban—. Sólo entré aquí para invitar a Theodore a mi cumpleaños, y de paso que me encontré con Geoffrey y Natalie, pensaba hacer lo mismo. Pero desafortunadamente entraste tú.
—Claro, por eso escuché a Geo decir eso de "acostarte con Weasley", ¿no? —dijo con sarcasmo.
—Me parece que se están pasando —dijo repentinamente Theodore. Con toda seriedad separó un poco a Ron de Hermione y miró a ambos de a uno a la vez—. No me interesa si son amantes, amigos, enemigos, ni quiénes estén en el medio… Me da igual. Pero es tu cumpleaños, Hermione, no te sometas a los insultos de este tipo, y tú —dijo mirando a Ron directamente, que alzaba las cejas y lo miraba pasmado—, deberías tratarla mejor. No sé cómo hacen para supuestamente ser amantes y luego venir odiándose e insultándose, y encima se pelean en mi oficina. No seré el jefe, pero este es mi espacio y aunque me digan obsesivo, pretendo trabajar. ¿Se irán o qué?
—¡Un momento, marica! A mí no ma hablas así —le dijo Ron tomándolo por el cuello.
—¡Déjalo! —pidió Hermione. Geoffrey se acercó dispuesto a separarlo pero Theodore pudo alzar una mano y frenarlo para que lo dejara así.
—Ron, sabes cuánto te quiero pero si no lo sueltas ahora puedo decir cosas que no quieres que se sepan —aclaró Natalie con nerviosismo.
—Aguarda, Nat, no te adelantes a los hechos —convino con voz demencial. Volvió a mirar a Theodore que estaba rojo pero no tardaría en verse violeta—. ¡A ti no te da igual un carajo! ¿Escuchaste? Y mucho cuidado con lo que haces o dices, porque te estaré vigilando.
—¡Suéltame! —musitó casi ahogado.
—¡Vas a matarlo, Ronald, suéltalo si no quieres que llame a seguridad! —amenazó Hermione.
—Llama a quién se te cante el culo, todavía tengo que dejarle algo en claro a este putito…
—¿Qué quieres aclararme? ¿Que eres un golpeador, violador o algo similar? ¿Que tenga cuidado porque no sólo te puedes ensañar con Hermione? Cuéntanos, ¿también eres un pervertido con otros hombres? —desafió Theodore, ya casi sin aire.
—No —dijo con naturalidad Ron y lo soltó aún quedándose muy cerca de él, mientras le acomodaba la camisa—, quiero aclararte que ella fue quien me buscó, y también quiero decirte que si la lastimas, no te mato, te la corto.
—¿Eh? —preguntó desorientado. Ron miró a Natalie, que estaba completamente asustada por su actitud y luego volvió a mirarlo.
—Lo que escuchaste, ¿o quieres que te dé señales de humo? —inquirió intentando marcharse luego pero Hermione tuvo la fuerza para detenerlo.
—¿Por qué eres así? —musitó enojada e incrédula, casi llorando. Habló más bajo como para que solamente él escuchara—. Theo es la mejor persona que puede existir en este mundo, ¿cómo te atreves a amenazarlo así? No tienes respeto por nada…
—Y aún así estás enamorada de mí —aseguró Ron, sin mofarse, evidentemente lo dijo casi como si eso le doliera. Porque así era, le molestaba estar en lo cierto, y le molestaba exactamente porque sabía que él no se merecía que ella lo quisiera.
Hermione no pudo sostenerle la mirada y lo dejó ir. Los demás no hicieron comentarios y ella no pudo decir nada, sin embargo, se sentía en total libertad, de un momento a otro, de poder llorar frente a ellos. Y así lo hizo, y ya previniéndolo, Natalie se acercó a ella inmediatamente y la abrazó para contenerla.
—Lo siento —se disculpó Hermione, escondiendo su rostro en el pecho de su secretaria—, siento que hayan tenido que presenciar algo así.
—Hermione… —habló Geoffrey que estaba serio y sabía que la situación no era ningún chiste ya—. ¿Él no ha…? ¿No ha abusado de ti, no? Porque si no yo…
—¡No, no! Ni lo pienses… —dijo separándose de Natalie, que la sostuvo por un brazo—. Él no es de esos. Sólo… tenemos una relación muy rara. No quiero hablar del tema… quiero ir a casa. Lamento esto, Theo.
—No te preocupes, estoy bien —dijo el chico.
—¿Quieres que te alcance hasta tu casa? —se ofreció Geoffrey—, tengo el auto en la puerta.
—¿Seguro?
—Por supuesto, te acompañaré. Hoy es tu cumpleaños, nada de estar triste. ¡Y el sábado festejaremos en grande! —dijo volviendo a ser el tipo alegre de siempre, aunque no pudo contagiar su entusiasmo a Hermione.
—A propósito, ¿en dónde es? —preguntó Theodore, y Natalie también se interesó.
—En mi departamento. No seremos muchísimos como en veces anteriores, en las que Roger invitaba a cualquiera que merodeara por la empresa y que ni yo conocía, así que estaremos nosotros y algunos más —explicó—. Natalie, tú podrías venir con alguno de ellos que saben en dónde es. Supongo que a las diez estarán llegando todos.
—Bueno, mañana puedes avisarnos si hay algún cambio —dijo Geoffrey con serenidad y la tomó por los hombros—. Ahora vamos. Adiós, muchachos.
—Nos veremos —saludó Theo, quedándose a solas nuevamente con Natalie y aprovechó para preguntarle— ¿cómo alguien como tú puede querer a un tipo como Ron?
—Lo quiero fraternalmente —aclaró.
—Pero lo quieres, ese es el punto, y no lo entiendo —admitió él rascándose la barbilla.
—Te aseguro que él no es malo.
—Ya me has dicho eso antes…
—Si quieres discutir que sea otro día. Ya ha sido mucho por hoy —dijo ella, que no esperó respuesta y se largó de aquella oficina.
El día terminó tan rápido abrazando al otro amanecer así como también el viernes se pasó volando entre trabajo, malas caras, silencios por parte de Pansy, que estaba inhabitualmente tranquila y se dedicaba a trabajar, así como Astoria evitaba un poco a su marido, de la misma forma que Hermione no quería cruzarse con Ron y, en situación incomodísima y parecida, Theodore y Natalie no se hablaban más que con monosílabos. No por nada en especial… La empresa se sumía a un anormal día de trabajo en el que todos estaban irascibles y no pretendían escuchar ni un murmullo del otro. Los únicos que seguían tan normales como siempre eran Roger y Daphne, que insistían en besarse a escondidas o intentar cosas más jugadas y llenas de adrenalina. Ni siquiera Ron conversaba con su secretaria o tampoco Geoffrey hacía sus típicos comentarios.
Entre tanto llegó el sábado y en la noche todos tuvieron que cambiar el semblante tenso y silencioso para estar acorde con el acontecimiento que era festivo. Hermione recibió a Harry y a Ginny como últimos invitados de la noche y se abrazó muy fuerte a ellos. La pelirroja y ella compartieron una mirada cómplice en cuanto Harry pasó y saludó a Ron antes que al mismísimo Roger, como si éste no existiera. Cuando Ron había llegado, la situación fue más incómoda, ya que Geoffrey y Theodore se pusieron tensos por la sorpresa de verlo presente, pero supieron que sería muy raro que él no asistiera a la fiesta, siendo uno de los máximos referentes de la empresa. También fue extraño incluso para Pansy, la forma en la que Ron la saludó, como si fueran amigos, como si todo estuviera bien, dándole un pequeño abrazo y deseándole feliz cumpleaños casi al oído y sonriendo de lado, pero sin hacer demasiado circo. Lo más raro fue que Hermione se sorprendió, pero trató de actuar con naturalidad.
Compartieron la velada entre risas, mucha comida y alcohol, incluso Daphne colocó música divertida y en la sala se unieron varios presentes. Entre algunos compañeros de trabajo conocidos y algunos tantos que Roger decidió invitar, aunque Hermione había pensado que no vendrían porque eso le había pedido a su esposo, la fiesta parecía colmada. Su hogar, elegante y sofisticado, con mucho color blanco y negro predominando, se trasformó casi en un piso de baile y ella sorprendida y estresada, no soportó aquello por mucho tiempo, y requirió tomar aire. Se dirigió a su habitación y abrió el ventanal hacia el pequeño balcón. Hacía calor, bastante más del esperado, y había tomado varias copas, como siempre hacía cuando no quería sentirse estúpida y sin hacer nada en su propia fiesta.
Por otra parte, Ginny reía como loca luego de comenzar a beber y bailaba con Geoffrey, que a la vez estaba pendiente de Pansy, también miraba a Daphne y de paso descubrió a Astoria observándolo. Draco a todo esto charlaba con Roger y ambos miraban a las mujeres alocadas con una feliz sonrisa, mientras Finnigan se disponía a hablarles vaya uno a saber de qué. Entonces Draco fue empujado hacia el centro y tuvo que bailar obligado por la mismísima Ginny, a quien Harry miraba con ojos entrecerrados mientras se tomaba otra copa de unos pocos tragos largos y rápidos.
Decir que Theodore era un tronco bailando era demasiado porque al menos sabía disimular. Natalie estaba a su lado, se habían sentado luego de fracasar entre tantos buenos bailarines no profesionales. La hermana de Ron se ganaba todos los premios, y era una lástima que su marido no supiera acompañarla bien. Incluso Roger estaba mejor en ese sentido, y ahora Astoria lo había jalado a él hacia la pista. Todo parecía descontrolarse gradualmente.
—¿Crees que esto terminará bien? —preguntó Theo a Natalie.
—No lo creo —aseguró ella sonriendo con ojos brillante y luego vio a Ron escabullirse por un pasillo—, no irá nada bien… —Theo quiso levantarse para impedirle a Ron que fuera seguramente por Hermione, pero ella lo frenó apoyando un brazo en su pecho—. Déjalo, confía en mí.
—¿Y a dónde van esos dos? —inquirió minutos después con una mueca divertida mientras veía cómo el azabache amigo de Hermione tiraba de la pelirroja y se perdían también por el pasillo.
—Harry y Ginny a veces no tienen vergüenza… —Fue todo lo que Natalie dijo sabiendo lo que sucedería en cualquier lugar a donde se dirigieran ambos.
—¿Me tenías que sacar así de la pista? —farfulló molesta mientras él la metía bruscamente en un cuarto, que no era tal, más bien era un metro por un metro que se usaba como armario, pero aún así se encerró con ella.
—¡Te amo! —dijo de repente Harry a Ginny, que lo miró incrédula.
—Ehh, ¿volvimos a ser adolescentes y yo no me enteré? ¡Ya lo sé, Harry, yo también te amo! —aseguró Ginny, volteando los ojos y bufando con fastidio. Seguían con su problemita que incluía a Harry durmiendo en el sofá y la pelirroja se imaginaba a qué venía todo ese circo, pero no quería dar ella el primer paso.
—No me importa si estás enojada o si quieres seguir con este jueguito de "no te me acerques, Potter" —dijo imitando su voz y eso a Ginny la puso furiosa.
—¿Qué demonios te crees, eh? —preguntó Ginny, acalorada por el reducido espacio, el alcohol ingerido, su cercanía…
—Creo que no tienes forma de escapar esta vez —objetó con claridad. Ella entrecerró los ojos pero no dijo nada ya que él había acortado bruscamente la distancia y ahora la besaba con fuerza.
—¡No, aguarda! —dijo separándose de él, apoyando sus manos en su pecho.
—¿Te dije que me encanta ese vestido que tienes puesto? —inquirió con insistencia, besando su cuello.
—¿Te convertiste en un imbécil como mi hermano y yo no me di cuenta? —preguntó ella comenzando a respirar entrecortadamente, no sabiendo hasta cuándo se podría resistir.
—Me encanta —repitió Harry sin prestarle la menor atención, apoyando las manos en sus muslos y levantándole el vestido negro y de tirantes mientras, a su vez, la alzaba.
Ginny se dejó besar en la boca intensamente permitiéndose perder el control de una vez por todas. Sintió algo rígido y duro apretar su intimidad, y soltó un gemido ahogado. Rodeó las piernas en la cadera de Harry que no dejó de besarla, y girando un poco, la apoyó contra la puerta, recorriendo con una mano sus senos por sobre la ropa y con la otra, palpando más abajo, en donde Ginny sentía que no sólo ella latía interiormente, sino que también tenía contra ella el mismísimo miembro de su esposo, totalmente excitado. Alborotándole el pelo y tocando el sudor de su espalda, la pelirroja lo volvió a besar esta vez en el lóbulo de su oreja, atrapándolo y volviéndolo loco. Susurrando su nombre y algunas palabras ininteligibles que provocaban igualmente que Harry la deseara más a cada segundo, eterno, caliente. Ginny bajó sus manos y le desabrochó el pantalón, pudiendo rozar de inmediato su excitación, que no tardó en quedar al aire, expuesta y desafiando la gravedad. Harry trató de quitarle a Ginny su ropa interior pero casi resultaba imposible. Ella lo besó y se deshizo del abrazo que sus piernas le daban a la cadera de Harry, y así pudo dejar caer sus bragas rápidamente y volviendo a la misma posición ante un desesperado Harry, que estaba más desalineado que nunca. Se friccionaron inmediatamente, y Harry tuvo toda la necesidad y poco tacto de penetrarla enseguida, cosa que provocó un gemido incontrolable en ambos, aunque la suerte de tener música de fondo ayudó. El calor que sentían era insoportable, casi no se podía respirar.
—Ohh, casi me olvidaba de cómo se sentía esto… —musitó Harry tras embestir varias veces y cada vez con más constancia y fuerza. No podía frenar el impulso de amarla y tampoco hacía esfuerzos por ser menos brusco. Ginny no se quejaba, al contrario, por momentos sonreía y otras veces lo miraba con tanto deseo que él sentía que no podrían acabar al mismo tiempo, ya que ella parecía querer más.
—¡Esto es desquiciante, un… delirio! —comentó ella agitada, recibiéndolo con gusto y besándolo mientras tanto—, no debimos pero…
—Te encanta —terminó Harry por ella, mordiéndole el labio inferior, besando todo su rostro, sosteniéndola firme de la cintura, mientras ella lo envolvía más.
—Sí… Te extrañaba —aseguró entre jadeos—, te extrañaba mucho… Hace calor.
Y era verdad, el fuego interno que sentían no se apagaba, pero debían terminar rápido, debía acabar esa locura para no ser descubiertos y morir de vergüenza. Si Hermione los encontrara…
Pero Hermione estaba muy lejos de esa realidad. No literalmente lejos, pero en fin, sus pensamientos estaban en otra parte, en otra persona. Seguía sintiendo la misma impotencia que el día de su cumpleaños, sólo que esta vez, no podía soportarlo más, no podía engañarse a sí misma. Se apoyó en la barandilla, y observó hacia abajo, cosa que provocó que el agua que se acumulaba en sus ojos terminara por desbordar. Fue sólo una lágrima escurridiza, lo suficientemente visible, para que otra persona a tres metros pudiera apreciarla. Y fue Ron quien entró en su habitación y se acercó a ella casi sobresaltándola. Fue él, quien a tres metros, dos metros, uno, percibió la lagrimita salada bajando por su mejilla y se sintió culpable. Porque era el culpable verdaderamente.
—Hermione… —susurró.
—Vete —le ordenó en tono neutro y mirando hacia la ciudad nuevamente.
—No me iré.
—Hazlo, no quiero que me molestes.
—No voy a hacerlo.
—No confío en ti.
—Deberías…
—Ronald, por favor.
—No quiero que llores —le dijo con sinceridad.
—Déjame hacer lo que yo quiera, déjame en paz. Porque tú nunca haces lo que yo quiero, nunca me dices lo que guardas en secreto, no me explicas nada y ahora pretendes que haga lo que tú quieres —dijo ya levantando la voz y derramando algunas lágrimas más.
—Shhh… —Ron alzó la mano con mucho cuidado, y le secó las lágrimas con sus dedos, y la miró con ojos caídos, entristecidos por ella—, no llores, por favor.
Se acercó a ella un poco más, ladeando la cabeza e instintivamente Hermione pensó que él la besaría. No estuvo muy lejos de la realidad, ella inmóvil, temblando, y él, actuando con total delicadeza. Apoyó sus labios en su mejilla y depositó un beso allí. Varios segundos pasaron y sintió cómo él pasaba un brazo por su cintura, y luego otro, abrazándola.
—A veces te odio —susurró Hermione cuando él generó que aquello fuera un abrazo hecho y derecho, en el cual ambos quedaron con la boca a la altura de sus respectivas orejas.
—También yo —contestó él, con el mismo tono tranquilo de voz que utilizó ella.
Se separó un poco pero siguieron abrazados, y él la miró a los ojos obligándola a hacer lo mismo, sintiendo el tiempo detenerse y olvidando todo a su alrededor. Entonces él se acercó un poco más, rozándola, chocando su nariz con la de ella, con ternura. Cerrando de a poco los ojos, apoyando sus frentes. Iba a hacerlo, otra vez sentía que estaba a punto de. Otra vez Ron había tomado la iniciativa para besarla, y Hermione no iba a dejar que esa oportunidad volviera a escaparse. Entonces, con el corazón latiéndole a toda velocidad, ella también cerró los ojos y entreabrió sus labios, humedeciéndolos con su lengua, acortando la distancia restante entre ellos, y lo besó. Y no pudo definir exactamente qué sintió. No pudo pensar con claridad, sólo se abandonó a la sensación de sentir sus suaves besos, y entendió de inmediato el por qué Ron se había resistido tanto a ser besado por ella. Una vez que lo hubo rozado, él se prendió fuego, y no pudo dejar de besarla, de pelear con su lengua, de sentirla totalmente suya, trasmitiendo su calor a ella. Porque Hermione había estado furiosa, enojada, caliente de rabia que bullía en todo su cuerpo. Desde el jueves que se encontraba en ese estado, y ahora estaba igual pero sintiendo cómo Ron dominaba ese fuego, lo controlaba, y luego, lo iba disipando. Apagando aquella llama nacida entre el dolor y el sufrimiento, y avivando otra que había estado dormida, pero que ahora calentaba su corazón como si por fin se llenara un espacio que había quedado vacío temporalmente, y que aguardó el momento exacto para reaparecer en todo su esplendor con naturalidad.
