¡Hola!Disculpen la tardanza, comencé la universidad y todo se me complicó, pero acá estoy, yo no abandono mis cosas, no sé cuántas veces tendré que repetirlo, es el real problema de no ser relativamente conocida en esta página, que no saben que no está en mi naturaleza dejar algo sin terminar. Sobre todo porque seguramente a mí me interesa saber más cómo me quedará la historia con final de lo que les pueda interesar a ustedes..., por eso para aquellas personas que ponen todo su interés y que dejan reviews haciéndome saber que esto no lo hago sólo para que mi conciencia se divierta, les digo GRACIAS, infinitas gracias, me alegro de hacer algo que les guste, de entretener un poco al menos. Y lo bueno es que es gratis, ¿no? jaja, este capítulo no me salió como esperaba, pero tiene la esencia, espero que les guste. Besos!
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la diosa J.K. Rowling, a mí déjenme jugar con ellos xD
10
Alcohol
Durante la velada, varias cosas pasaban al mismo tiempo; Harry y Ginny terminaban de hacer el amor en el armario de la casa de Hermione, Geoffrey, Pansy y Daphne se decidían a saltearse el resto de la fiesta para ir al departamento del primero, Natalie y Theodore mantenían la mirada fija en el otro, y Roger se daba cuenta de que Hermione no estaba en su propia fiesta. Por más que hiciera esfuerzos por poner interés en ella, en su mujer, se había quedado pasmado viendo cómo su amante se escapaba con Geoffrey Hooper, de quien se sabía bien que era un mujeriego sin reparos. Draco Malfoy le apoyó una mano en el hombro y lo trajo a Tierra de nuevo. Él fingió una sonrisa y continuó hablando junto a su socio y Astoria, quien estaba anonadada por el comportamiento de su hermana, y ¿por qué no?, por el idiota de Geoffrey que era un descarado borracho irremediable.
Se había levantado un vientito que aliviaba el clima. La noche era ideal y Hermione seguía abrazando fuerte a Ron por la espalda mientras se besaban. Él no quería dejar de hacerlo, pero habían pasado varios minutos allí y seguramente alguien los estaría por echar de menos. Sosteniendo su nuca con una de sus grandes manos, la separó de él y observó la satisfacción en el rostro de la castaña al tiempo que abría despacio los ojos y le devolvía la mirada. Estaba tan ruborizada que hizo sonreír a Ron brevemente, aunque éste luego volvió a su postura de siempre fría, excepto por sus ojos, tranquilos y no amenazantes. Hermione acarició el labio inferior de Ron con su pulgar y se acercó nuevamente intentando besarlo pero Ron se lo impidió.
―Espera ―le dijo echando un poco la cabeza hacia atrás aunque continuó abrazado a su cintura― ¡eres casada!
―¿Recién ahora lo notas? ―preguntó Hermione molesta. De repente, el despampanante reciente beso se le había borrado de la mente y volvía a estar ante el Ron desesperante, el que siempre hacía una broma semejante cuando no debía.
―No, pero… Olvídalo. No deberías haberte casado…, y menos con ese Federer ―comentó Ron volviendo a hacer su típica sonrisa. Se separó de ella lo suficiente como para parecer los mismos de antes, como si aquella sortija de oro que tenía Hermione formara un campo invisible de fuerza que los mantuviera alejados―. Deberíamos volver… por separado.
―Ron… ―Suspiró y él la miró mordiéndose el labio―, ¿alguna vez vas a pedirme perdón? ¿O piensas arreglarlo todo así como así?
―Yo no tengo que pedirte perdón por nada… ¿O sí? ―preguntó, acercándose de nuevo y tomándola de una mano, sostuvo el anillo de casada de Hermione y se lo sacó lentamente―. ¿Tal vez por robarte esto?
―¡Devuélvelo! ¿Acaso estás loco? ―inquirió Hermione tratando de sacárselo de su mano. Pero Ron fue muy rápido, estiró un poco su pantalón y bóxer y dejó caer allí aquella diminuta joya ante la mirada atónita de Hermione―. ¡Dios!
―No sé si Dios, por ahora sólo soy Ron Weasley. ―Ladeó una sonrisa y sin esperar llevó una mano a su nuca y atrapó los labios de Hermione entre los suyos. Succionó cada extremo de ellos, besándolos, lamiéndolos, introduciendo su lengua profundamente en su boca, robándole finalmente un gemido y luego separándose con una mueca de triunfo―. Si quieres tu sortija de nuevo, tendrás que conseguirla, Granger.
―¡No puedes hacerme esto! No en mi fiesta de cumpleaños, en mi casa, con mi marido cerca… ¿Te das cuenta? Estás jugando con fuego… ―inquirió perseguida, observando el interior de su habitación, por si alguien entraba.
―Oh, no. Yo soy libre, quien está jugando con fuego aquí eres tú… Tengo la conciencia limpia, Hermione ―dijo completamente seguro de sí mismo. Metió una mano en su bolsillo y sacó una cadenita de plata que tenía las iniciales de Hermione grabadas en el dije―. ¿Recuerdas esto?
―Creí que la había perdido ―musitó ella tomándola entre sus temblorosos dedos―. ¿Por qué la tenías?
Aquello significaba bastante para Hermione. Cuando eran novios, durante su adolescencia, Ron le había dado esa cadenita al cumplir un año, luego él había roto con ella y Hermione había descubierto que ya no tenía su regalo alrededor del cuello como siempre desde el día en que la recibió. Lo cierto era que recién después de cumplir el año de noviazgo habían estado juntos por primera vez, y aquella vez, entre una cosa y la otra, la cadenita había quedado olvidada entre las sábanas de Ron, quien la encontró luego de días y no quiso devolvérsela ya que sabía que iba a dejarla.
―Apareció en mi cama un día, y como en aquel entonces yo… supe que iba a irme, no quise dártela, pensé que sería demasiado raro que te la diera mientras te dejaba. Además, supongo que te haría recordarme y me odiarías más ―explicó mientras ella mantenía la vista fija en aquel dije y sus ojos se volvían húmedos.
―Pensé que era importante para ti, ¿sabes? ―le dijo alzando la vista―. Habían pasado tantos años, nos conocíamos tanto… pero entonces te fuiste. Dijiste que no me querías, días atrás habíamos estado juntos por primera vez… yo… nunca voy a entenderlo. Luego preguntas por qué me casé, como si no te hubiera esperado años.
―A veces hacemos cosas que no deseamos hacer aunque debamos hacerlas ―habló Ron en toda respuesta. Hermione bufó; esa era una de las frases más insoportables de la existencia, pero era razonable.
―Pues yo deseaba que dijeras que te tenías que ir por algo, no que no me querías ―murmuró Hermione dolida y cerró su mano fuertemente sosteniendo su cadenita en ella.
―Hubiese sido más fácil así, no sé qué se me pasó por la cabeza entonces… ―Resopló y se interrumpió cuando iba a seguir hablando, porque alguien entró en la habitación y fue directo hacia donde estaban ellos, en el balcón.
―¿Qué hacen aquí? ―preguntó Ginny con un exagerado revuelto en la cabeza y los ojos como platos.
―Resulta ser que es mi habitación y puedo estar aquí ―contestó Hermione, aliviada de que fuera Ginny quien los encontrara y no Roger―. ¿Y tú? Se solucionó el problema con Harry por lo que veo…
―No voy a hablar de sexo con mi hermano presente ―aseguró y Ron hizo una mueca de desagrado.
―Pervertida, asquerosa… ¿Ahora resulta que encontraron un buen hueco en la casa como para hacerlo durante la fiesta? ―preguntó Ron, descolocado y rojo como un tomate. Hermione sonrió un poco; era la primera vez que veía a Ron y Ginny juntos desde que éste volvió del extranjero y disfrutaba en particular con su intercambio de palabras como cuando eran niños.
―Si no quieres que suelte la lengua será mejor que te calles, Ronald ―se defendió la pelirroja―. Así que ustedes también están en algo oscuro, ¿eh?
―¿Qué insinúas? ―preguntó Hermione mirando a Ron de reojo.
―¡Está ebria! ¿Qué esperas que insinúe?
―¡Momentito, Weasley! Yo no estoy nada ebria, tu culo lo estará, yo solamente venía a despedirme de mi amiga porque la fiesta está descontrolada y porque Harry ahora pretende hacerlo sobre una cama…
―¡Ginny! ―dijeron Ron y Hermione al unísono.
―Mejor yo salgo de aquí ―comentó Ron echándole una última mirada a Hermione y caminando algo incómodo con el frío anillo en su intimidad, cosa que ella no pasó por alto e incluso casi suelta una risa por aquello, aunque le entró la preocupación en el cuerpo al recordar que esa era su alianza. El portazo que dio Ron la trajo a la realidad de nuevo.
―¿¡Qué demonios sucedió entre ustedes! ―inquirió Ginny acomodándose bien el pelo tras entrar nuevamente bajo techo y observarse en el espejo de Hermione―, y no me digas que nada porque la verdad no te creeré.
―Pues resulta que creo que Ron estaba por decirme por qué se fue y tú interrumpiste el asunto ―convino Hermione―. ¿En serio te vas con Harry ahora?
―Claro que me voy, se hace tarde…, ¡pero no me cambies de tema! ¿Ron iba a decírtelo? ¿Estás segura? ―preguntó mirándola con extrañeza. Hermione guardó su cadenita en un alhajero y le devolvió la mirada.
―La verdad es que creo que iba a decírmelo. ―Suspiró― Está arrepentido, pude notarlo. Lo malo es que… sé que si yo hubiese querido saberlo, hace tiempo que lo hubiese descubierto de alguna forma… En cambio, por miedo a saber esa verdad, por miedo a que me lastimara más la verdad que el que se fuera en sí, me quedé esperando y ahora que Ron volvió no puedo no querer saberlo, porque de alguna forma él no se va a volver a ir… La verdad no me da miedo ahora, creo que Ron no se fue por mí.
―Hermione, ya hasta empezaba a dudar de tu inteligencia… Era hora de que te dieras cuenta. Ron es un gran mentiroso, es tan típico de su orgullo decir que no te quiere. Es igual que tú. Tampoco admites quererlo ―aseguró Ginny y le sonrió.
―Yo no soy orgullosa, y estoy casada, si admitiera quererlo estaría realmente en problemas.
―Ya estás en problemas, querida ―afirmó la pelirroja, y luego de abrazarla, decidió salir con ella al pasillo y devuelta llegaron al centro de la fiesta.
Ron por su parte, se había acercado a Theodore y a Natalie y los había interrumpido cuando parecía que ambos estaban inclinándose cada vez más el uno hacia el otro. El pelirrojo disfrutó especialmente de poder separarlos. Sonrió y se sentó junto a ellos con socarronería, mientras tomaba un bocadillo y se lo metía entero en la boca.
―Veo e se tán divertendo, ¿no? ―habló con la boca llena y luego de tragar se chupó un dedo que le había quedado manchado.
―No sabía que además de violento y todo eso, fueras un cavernícola ―inquirió Nott. Ron se rio completamente tentado.
―Yo no me extrañaría de ti si usaras pañales aún…
―Ron ―advirtió Natalie ladeando la cabeza―. ¿Qué sucedió con Hermione?
―Pues nada que les importe, seguramente.
―Básicamente, a mí me importa que no la trates como lo hiciste la última vez ―dijo Theodore sin inmutarse por el comportamiento siempre inmaduro y agresivo de Ron. El pelirrojo lo miró fijamente, casi haciendo un último intento por ahuyentarlo, entonces comprendió que él no se iría, que era confiable.
―A mí realmente me interesa saber, no quiero que la trates mal y tampoco me gusta que te engañes a ti mismo ―explicó su amiga mirándolo con el mismo cariño de siempre.
―Les diré una cosa con toda sinceridad ―empezó Ron acercando la cabeza hacia ellos― yo seré el tipo que diga "me opongo" el día que se casen… Seguramente no quieren eso, ¿o sí? No digan que maltrato a Granger, la trato como se merece, así que, si me dejan en paz...
―Fuiste tú el que se acercó a nosotros ―dijo entre dientes Theo, tras Natalie estar demasiado abochornada como para responder algo.
―Y sí que estás furioso, marica, ¿te molestó que interrumpiera tu instante de gloria? ―preguntó Ron, sonriendo macabramente. Tomó de una botella de vino sin siquiera pararse a servirse en un vaso, y se bebió enteramente el cuarto final que quedaba en ella.
―Eres realmente un asco ―dijo Theodore―. Si Geoffrey hubiese visto que te ibas tras Hermione seguramente hubiera ido a golpearte. Pero aunque yo quisiera haberlo hecho, no podría, porque sé que hay algo, algo más que sucede y que no entiendo, pero que tiene que ver con Hermione, y con que ella te deja hacer lo que haces simplemente porque sabe que no le harás daño. Pero si le haces daño yo…
―¿Estás enamorado de ella acaso? ―preguntó Ron entrecerrando los ojos. Natalie observó la reacción nerviosa de Theo.
―Lo estuve… Creo que cualquiera que la conoce bien se termina enamorando un poco de ella. Pero no lo suficiente. No como supuestamente la quieres tú… ―confesó tratando de aligerar su timidez.
―¿Quién te dijo esa huevada? ―preguntó más fastidiado todavía al saber que tenía un nuevo contrincante. Se buscó otra copa por la mesa y volvió a tomarse la primera bebida alcohólica que encontró―. Natalie, ¿este chico te atrae? Es un estúpido, te lo advierto desde ya para que después no digas que no te avisé.
―¡Deja de insultar y de decir cosas que no son! ―pidió enfadada la chica―. Me estás haciendo dudar de todo lo que pensaba sobre ti, Ron. Creí que eras valiente y buena persona.
―¿Que te estoy haciendo dudar dices? ―Ron parecía alterado, llegando al punto de haber tomado lo suficiente como para empezar a hacer cosas de las cuales al día siguiente estaría arrepentido―. ¡ESCUCHEN TODOS!
Había bastantes personas que se habían ido, pero quedaban algunos miembros de la empresa, y los más íntimos; Astoria y Draco se mantenían cerca, Roger ahora sosteniendo a Hermione de la cintura, Harry y Ginny, que estaban terminando de despedirse y de repente se quedaron estáticos observando al pelirrojo que se había parado tambaleando sonriente y había logrado con su llamado de atención, que bajaran la música y que todos lo miraran sorprendidos.
―¡Escuchen bien, eh! ¡Tengo un anuncio importante que hacer! ―dijo Ron, alzando su copa y Hermione contuvo el aliento.
Geoffrey no había sido el conductor ni por asomo. Daphne era realmente la más sobria, así que cuando decidieron irse los tres juntos, ella no dejó que ni Pansy ni él tuvieran su oportunidad al volante. Cuando llegaron al departamento de Parkinson, costó bastante entrar y dedicarse a lo que habían ido, el alcohol que llevaban encima era una constante que no les dejaba pensar, pero Daphne estaba lúcida, ella sabía perfectamente cuándo poner el freno. Apenas cerró la puerta, quedando con ellos dentro, pensó que todo eso era una locura, así que dejó las llaves sobre una mesa, y se acercó a su amiga que seguía tambaleando mientras Geoffrey se dedicaba a acostarse y a quedarse en cueros y las miraba con una mueca embobada. Él realmente era un tipo sin problemas, aunque frunció la mirada cuando Pansy se sentó en la cama y en lugar de girarse hacia él, vio a Daphne inclinarse hacia ella, guiñarle un ojo y besarla de lleno sin ningún tipo de drama. La mirada de Geoffrey cambió totalmente a una de sorpresa, que luego se transformó en lujuria cuando observó cómo las lenguas de ambas muchachas se tocaban. Pansy se separó un poco de su acompañante, y se quitó la blusa. Daphne sonrió y observó a Geoffrey mordiéndose el labio inferior lascivamente.
―Ya regreso ―dijo traviesa, y se dirigió al cuarto de baño.
Geoffrey extendió una mano hacia Pansy y la apoyó sobre su espalda, buscando exactamente el pequeño enlace que le impedía dejar libres los senos de la chica. La morena alzó el rostro y viró su cabeza hacia él, su postura parecía nerviosa, y más cuando Geoffrey alcanzó a deshacerse de la prenda que la había mantenido protegida. Él, en lugar de explorar con sus manos aquella porción de piel que había liberado, la tomó del rostro e inclinó su cabeza para besarla. Y cuando lo hizo, ella dejó de estar incómoda, y se pegó un poco a él. Sus pechos exactamente quedaron friccionándose con el torso desnudo de él mientras se besaban cada vez con un poco más de pasión.
―Geoffrey ―susurró casi en un gemido cuando se separó de su boca. Parecía desconcertada y sin entender cómo había llegado hasta allí.
―¿Quieres parar? ―preguntó él frunciendo el ceño. Pansy negó y se dedicó a besarlo nuevamente, comiéndole la boca con desmesurado entusiasmo. La pura verdad era que estaban borrachos, que ambos eran la misma clase de persona y que hacía bastante tiempo que se tenían ganas, cosa que Daphne sabía muy bien.
Esta última salió del baño y en su rostro se volvió a reflejar la misma sonrisa de cuando los había dejado solos. Agarró las llaves de su auto y se fue del departamento sin siquiera hacerles notar que no compartiría la velada con ellos. Ella estaba completamente segura de que sucedería, de que con o sin alcohol, Pansy por fin tendría algo con Geoffrey, y que el muchacho, mujeriego o no, ya se lo iba mereciendo desde hacía rato. Era una broma personal que siempre se hacían entre ellos, aquello de hacer un trío. La verdad, ambas muchachas eran suficientemente amigas y liberales como para no tener importancia en algo semejante, pero había algo que cambiaba las cosas. Una cosa era decirlo, y otra cosa era llevarlo a cabo. Daphne estaba pasando de su obsesión por Roger a un enamoramiento serio, y aunque Pansy no quisiera aceptarlo, acabaría por entender que Geoffrey era un buen partido, que aunque se fijara en todas, sólo tenía detalles y molestias con ella.
Cuando Daphne cerró la puerta de un portazo involuntario, Geoffrey volvió su mirada lentamente hacia allí, como embobado, disfrutando de los beso que la morena le proporcionaba en su pecho, aunque al notarlo distraído, alzó la cabeza y lo observó con curiosidad, casi como si por primera vez en toda la noche estuviera consciente.
―¿Se fue, verdad? ―preguntó ella, haciendo referencia a su amiga. Geoffrey le sonrió asintiendo, como un padre hace con su hija, pero con una gran diferencia; que ella no era su hija, era una mujer de su edad y la quería de otra forma que no sólo su mirada sabía expresar bien, si no sus actos que lo decían todo.
―Lo hizo a propósito, creo… ―comentó con la voz ronca, acariciándole el cabello oscuro, corriéndoselo hacia atrás.
―Dalo por hecho ―aseguró Pansy, conociendo bien las intenciones de su amiga, y volvió a besarlo.
Geoffrey quiso tomar protagonismo y provocó que rodaran sobre sí mismos para quedar él sobre ella. Bajó su cabeza y comenzó a besarle los senos mientras Pansy lo sostenía de la nuca enterrando sus dedos entre su cabello rubio y ondulado. Ella se arqueó un poco y la situación fue acalorándose, haciéndose necesaria la impronta de quedarse al desnudo para unir sus cuerpos. Cualquiera que los conociera bien diría que eso ya había pasado, que no eran amantes nuevos, que no lo hacían juntos por primera vez, pero realmente aquello no había pasado nunca entre ellos, simplemente porque Pansy Parkinson se había negado demasiadas veces. Pero actualmente eso estaba olvidado. Él mordisqueaba cada parte de su cuerpo, sudaban luego de comenzar con las primeras embestidas, quizá Pansy estaba gritando el nombre de él y Geoffrey el de ella… No lo sabían, porque ni siquiera podían pensar en aquello. Manteniendo las piernas fuertemente enredadas en la cintura de él, Pansy sintió cómo su sexo envolvía completamente el miembro excitado de Geoffrey, que parecía ser un novato con todas las energías del mundo, y repartía besos en el cuello terso de ella al tiempo que la penetraba, moviéndose cada vez con mayor ritmo, incrementando fuerza y velocidad, jadeando junto a ella, que terminó por clavar sus uñas en la espalda de él. Sudando, completamente unidos, abrazados, entrelazados con sus manos y dedos, mirándose a los ojos finalmente, sonrieron y no dejaron de reír hasta decidir que debían volver a comenzar de nuevo…
―¡RON! ¡Baja de ahí ahora mismo! ―El pelirrojo se había subido a una silla y estaba tambaleante con su copa en mano, a punto de anunciar algo que Hermione comenzaba a temerse que sería para problemas. Ginny volvió a gritarle a su hermano, pero éste hizo caso omiso. Natalie y Theodore observaron al pelirrojo con preocupación, aunque en el fondo, ella estaba segura de que Ron no había tomado demasiado como para hacer estupideces… Podría estar fingiendo, aunque… Comenzó a dudarlo tras escuchar lo siguiente.
―Llegué a la empresa con un solo motivo… ¡Sí, señores! Muchos aquí saben cuál es… ―aseguró Ron, como si estuviera dando una conferencia de prensa o un discurso político―. VINE A RECLAMAR LO QUE ME PERTENECE… Así que Don Federer, ¿puedes irte al carajo?
―Weasley, bájate, no seas payaso… ―dijo Roger tomando cartas en el asunto y acercándose a él. Hermione comprendió que no había entendido a qué se refería Ron―. Eres uno de los mayores referentes de la empresa, no me hagas odiarte, me caes bien.
―No debería caerte bien, Davies. Te voy a decir dos cosas: la primera; me calienta tu mujer ―confesó con total descaro, riéndose con socarronería. Nott no evitó echar una risita por lo bajo junto a Natalie, no esperaban que dijera aquello ni por asomo.
―¡RONALD! ―gritó Ginny al lado de un anonadado Harry y cerca de Hermione que se mantenía completamente sonrojada, más por lo que Ron había dicho que por que la miraran todos, excepto su marido que seguía mirando ofuscado a Ron, ya casi con odio―. Pedazo de animal, borracho, desubicado…
―No puedo creer que Geoffrey se esté perdiendo esto… ―le dijo Draco por lo bajo a su mujer. Astoria lo miró incómoda pero después volvió su mirada con interés hacia el pelirrojo.
―Diré la cosa número dos… ―Roger lo miró seriamente y bastantes personas contuvieron el aliento por no saber con qué otra cosa saldría―; Hermione sigue enamorada de mí, así que, loser, no pierdas el tiempo con ella.
―¡Es suficiente! ―farfulló enojado Davies―. ¡Lárgate de aquí, imbécil! ―Lo tomó de la camiseta, haciéndolo bajar de la silla y lo empujó un poco hacia la puerta.
Francamente, Ron no iba a pelear con un tipo como él pero volvió sobre sus pasos, terco como una mula, y de improviso se acercó a Hermione, que estaba paralizada, y la abrazó. La abrazó tan fuerte y tan sentidamente, que Hermione no supo cómo no corresponder, y por inercia sus brazos se movieron solos, y se enrollaron en la espalda de él, viendo por encima de su ancho hombro a Roger, que no tenía una particular mirada amistosa. Tragó saliva y trató de separarse de Ron. Él suspiró y se separó de ella, mirándola a los ojos luego.
―Me alegro de que hayas pasado un buen cumpleaños ―dijo guiñándole un ojo y sonriéndole de lado, provocando que ella recordara aquel corte de luz en el edificio de la empresa. Sin prestar atención al insulto que recibió del marido de Hermione, se fue hacia la puerta y desapareció dando un portazo final, dejando la tensión a altos niveles de escala dentro.
―¿Está demás decir que se acabó la fiesta? ―ironizó Roger, mirando a Hermione pero dirigiéndose a los demás, que se despidieron brevemente y se largaron de allí lo más rápido que fueron capaces―. ¿Tienes algo que decir, Hermione?
―No ―dijo ella pero se corrigió rápidamente―. Ahora no…
Con ideas poco claras y el latido fuerte de su corazón golpeando fuerte contra su pecho, se encerró en el cuarto de baño y no salió de allí por largo rato, quizá el suficiente para aligerar el clima e irse a la cama sin responder preguntas por el momento.
