Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo los tomo prestados para escribir esta humilde historia.
N/A: Hola! Muchísimas gracias por sus reviews =), no se acostumbren a lo rápido que publico esta vez, de casualidad me dieron los tiempos y la inspiración bendita. No quedan muchos capítulos más, sin embargo, no puedo decirles con precisión cuántos restan. Entre cuatro y seis, más o menos... Lean, y por favor, cualquier cosa que quieran expresar, dudas, comentarios, sugerencias, me avisan. Gracias, espero que les guste! El próximo capítulo es el capítulo de "la verdad". Hasta pronto.
11
Renuncia
Se escuchaba de fondo la televisión a bajo volumen en algún canal de noticias mientras Roger Davies revolvía su taza de té con una cucharita. Con aspecto aburridor, sosteniendo su cabeza con su mano desocupada, se dejaba abandonar por algunos pensamientos. Aún estaba en pijama de camiseta blanca con mangas largas y pantalón celeste corto ―una extraña rejunta usada como ropa de dormir― cuando dejó su taza intacta y encendió un cigarrillo que tampoco se decidió a fumar demasiado, sino que dejaba involuntariamente que se consumiera solo mientras lo sostenía entre los dedos. El departamento se sumía en silencio cuando Roger salió de su abstracción mental al escuchar los pies descalzos de Hermione resonar por el piso. Ella se acercó y se sentó. También estaba en pijama.
Era la mañana del domingo después de la fiesta, aunque ya casi estaban dándole la bienvenida al mediodía. Hermione subió las piernas a la silla, se llevó las rodillas al pecho y las abrazó mientras miraba a su marido con la cabeza ladeada y apoyada en sus piernas. La cara soñolienta de ambos era un indicio no sólo de la fiesta de la noche anterior, si no de cuánto tiempo habían tardado en poder dormirse luego de que los invitados se fueran.
―No me gusta que fumes ―comentó Hermione de repente. Roger la miró y apagó el cigarrillo aplastándolo contra el cenicero de cristal que estaba en la mesa.
―Voy a dejarte, ¿sabes? ―dijo él con pena, pero totalmente decidido―. Lo de Weasley…
―Él… No es lo que piensas. ―Se encogió de hombros, tomó el control remoto del televisor y comenzó a jugar con él mientras buscaba qué decir y cómo― Las cosas que él dijo, ya sabes que estaba borracho y… bueno, puede que tengan algo de verdad, me temo, pero no quiero que sea motivo para echarlo de la empresa.
―La empresa es un desastre, Hermione. Hace tiempo que no es lo que era, imagínate ahora que ni tú ni yo somos serios ―planteó Roger con tal intensidad que provocó que ella lo mirara más directamente.
―¿Tú no eres serio? ¿Te refieres a que hiciste algo que no debías? ―preguntó con cierta molestia pero contradictoriamente esperanzada de no ser la única que había metido la pata hasta el fondo.
―Hace más de un año estamos casados, Hermione. Tengo veintisiete, casi veintiocho años y aún soy un idiota que no ha hecho nada de su vida porque todo lo tuve de arriba, toda la empresa heredada de mis padres… Me casé porque pensé que tenía que sentar cabeza, porque pensé que eras la indicada, y no sólo veo que yo me equivoqué con esto.
Hermione se detuvo a pensar en qué significaba aquello. Ella realmente nunca se había planteado dejar a Roger. Había querido frenar a Ron más de una vez cuando empezó a buscarla durante las horas laborales. Cuando se casó estaba decidida, si no era amor, algún sentimiento cercano a ese la invadía, y cuando Ron reapareció de los cimientos, de un pasado que habría preferido enterrar, como salido de algo parecido a un sueño transformado en pesadilla, y comenzó a mortificarla y, en cierta medida, a abusar de su poder sobre ella, Hermione pasó de sentirse atrapada entre la espada y la pared, a estar completamente confundida, porque a pesar de que Ron fuera bastante cavernícola, sabía que había un motivo detrás de eso, una venganza por haberse casado con otro, un deseo de hacerle sentir que se había perdido de vivir esos momentos que a duras penas y en pocos minutos disfrutaban y que podrían haber sido mejores si estuviesen realmente juntos.
―¿Y tu anillo? ―preguntó Roger, luego de unos minutos de silencio, dándose cuenta de que su dedo anular estaba vacío.
―Lo perdí… ―respondió sonrojada.
―Fue Weasley, ¿no?
―En serio, no lo despidan por mi culpa ―se adelantó.
―¿Tanto te importa? ―inquirió molesto y Hermione bajó el rostro―. Si lo echamos no será por tu culpa, eso lo puedes apostar.
―Yo… Roger ―balbuceó sin saber cómo mirarlo―, si pudieras perdonarme alguna vez…
―Aún no, quiero entender primero. ¿Cómo que sigues enamorada de él? ¿Cuándo lo estuviste? Yo sólo creí que habían sido compañeros… Dijiste que andaban Harry, él y tú todo el tiempo, pero que Ronald y tú no congeniaban bien y que por eso no se siguieron hablando cuando ya no fue necesario verse… ―razonó en cuestionamiento. Roger sabía que no tenía que juzgar a Hermione si él también había estado jugando sucio, pero primero quería comprender algunas cosas, ahora entendía por qué en su familia siempre lo habían tratado de despistado.
―Te mentí. La verdad es que Ron fue mi primer novio… ―dijo, sintiéndose tonta al saber que sus mejillas estaban coloradas.
―¿Y entonces? ―la apremió a seguir.
―Él y yo tuvimos una relación bastante larga, aunque… en realidad para mi gusto fue demasiado corta. Habíamos cumplido un año juntos, pero después él misteriosamente se levantó un día diciendo que no me quería más y se fue… No sólo fuimos novios, ¿entiendes? Habíamos sido amigos durante gran parte de la infancia y adolescencia ―le contó Hermione, y se mordió el labio superior con cierta rabia―. De todas formas los Weasley no se molestaron en contarme nada y parecieron desaparecer de la faz de la Tierra en cuanto Ron se fue de viaje… Ni siquiera Ginny me lo dijo.
―Quizá tuvieron algún problema… ―sugirió Roger, metido en la historia y estando más tranquilo sabiendo la verdad de las cosas.
―Harry me había contado algo una vez. Me dijo que Ron debía irse a estudiar a otro país por una beca o algo así, pero sé que había algo más… Si fuera por aquello, él simplemente me lo hubiera dicho y no habría tenido que dejarme.
―Él dijo que tú estabas enamorada de él pero… bueno, eso parece ser cierto ahora que sé más de la historia, pero ¿qué le pasa a él? Está bastante desquiciado ―advirtió Roger. Hermione hizo una mueca apenada y su esposo estiró una mano hacia ella y la acarició―. Sabes que puedes confiar en mí.
―Quisiera estar enamorada de ti, creí estarlo. Como tú dijiste, nos equivocamos, nos apresuramos… No sé de quién querías escapar tú, pero yo de verdad estaba tratando de sentir que no lo estaba esperando más, sentí que eras tan importante para mí cuando nos casamos, que lograrías sacármelo de la cabeza, arrancármelo del corazón… La verdad es que soy una ilusa, una mala esposa, e incluso no sé ni para qué sirvo si tampoco estoy segura de que Weasley sienta algo por mí.
Hermione agachó la cabeza para que sus pequeñas lagrimitas no fueran vislumbradas por Roger, pero esto fue en vano.
―¿Por qué quieres que te perdone, entonces? ¿Me has estado engañando o no?
―No he… sido capaz de frenarlo nunca ―dijo entrecortadamente.
―¿Frenarlo? ¿¡Pero qué…! ―Comenzó a alterarse pero Hermione alzó una mano y lo interrumpió negando con la cabeza.
―¡No! Él no ha sido muy prudente, ni yo mucho menos… Pero no me obligó a nada. Puede que al principio sí, un poco pero…
―¿Te estás escuchando? ¡Es un psicópata! ―dijo poniéndose bruscamente de pie―. ¡Voy a matarlo!
―¡No! No lo entiendes, él no me ha hecho nada obligándome… Sucedió que b-bueno, todo comenzó cuando regresó ―contó Hermione, que se había puesto de pie y lo había arrastrado hasta el sofá para que se sentara con ella y se tranquilizara―, empezó a molestarme y a…
―No quiero saber esto, no quiero saberlo, de verdad… ―le dijo Roger suplicándole― Pero si te sentiste… mal, por así decirlo, cuando él… intentaba hacerte… cosas… bueno, eso. Si te sentiste sometida a algo que no querías hacer, deberías haber hablado con alguien, si no podías decírmelo porque las reglas del juego eran en plan "que no se entere mi marido", tendrías que haber sido capaz de decírselo a alguien más… Ahora, si no querías decir nada simplemente porque… te gustaba la situación, entonces no tienes por qué quejarte.
―Al principio sí me sentí mal. Me molestaba que Ronald hubiera cambiado tanto en su manera de ser, pero cuando ya se me hizo costumbre…
―Me siento más insultado que engañado al escuchar esto ―comentó con resignación, tomándose la cabeza entre las manos.
―Yo… lo siento. Si te lo estás tomando de esta manera es porque tú también tienes algo que decirme ―convino Hermione, mirándolo a los ojos, aquellas oscuras esferas que siempre le habían parecido tan sinceras y que ahora escondían algo―. ¿Quién es?
Roger tragó saliva y la miró por sobre su propio hombro, de costado. Su voz grave interrumpió la pausa.
―¿Por qué piensas que es alguien en específico?
―Lo sé, simplemente. ¿Me equivoco? ―inquirió Hermione.
―No… ―Suspiró―. No sé para qué nos casamos sin estar completamente seguros.
―Antes de casarnos, ¿ya habías tenido algo con… esta mujer?
―No, pero nunca me fue indiferente. ―Roger volvió a mirar al piso y cuando levantó la mirada, ahora húmeda, confesó― Es Daphne, Hermione… Daphne Greengrass.
Hermione abrió mucho los ojos al imaginárselo. Jamás lo habría adivinado; Daphne no parecía ser la clase de persona que podría interesarse en Roger, aunque en realidad sí fueran lo bastante compatibles, por estilo de vida, por profesión…
―No lo esperaba… ―musitó pensativa―. ¿Estás enamorado de ella?
―Creo que sí ―dijo suavemente, esperando que ella le gritara algo. Se encogió de hombros―. Con lo descuidados que nos tenemos a nosotros mismos, no sé qué esperábamos… No puedo, no consigo dejar de pensar en ella.
Hermione sonrió. En ese momento sentía envidia por Daphne. No precisamente porque le gustaría que Roger sintiera eso por ella, sino porque él era tan dulce como le gustaría que lo fuera Ron.
―¿Ella te quiere? ―preguntó.
―Parece… No lo sé ―respondió dudando. Resopló y se puso de pie―. ¿Quieres salir, comer algo?
―Sí, supongo que es mejor plan que quedarse en casa ―admitió Hermione, y ambos se dirigieron hacia la habitación para cambiarse como si nada hubiera pasado.
El lunes por la mañana, Ron se dirigió a la empresa con mal semblante. Había pasado una mala noche, entre la resaca de la fiesta y lo liviano que se sentía, como si flotara en lugar de caminar. Había sufrido vómitos durante todo el día anterior, y no parecía mejorar. Quizá en primer lugar fuera por el alcohol ingerido, pero algo le decía que no se mintiera a sí mismo, que no había tomado demasiado como en aquel momento aparentaba a ojos de todos.
Con más fuerza de voluntad que otra cosa, entró en el edificio y saludó con un asentimiento de cabeza a los chicos de recepción, Dean y Katie. El chico de piel morena pareció anotar algo en una planilla y marcó un número llevándose el teléfono a la oreja, mientras que la chica miró preocupada a Ron y se salió de su puesto para acercarse a él.
―¿Está bien, señor Weasley? ―preguntó amable.
―Sí, no se preocupe ―dijo con actitud evasiva y trató de sonreír aunque lo logró muy brevemente―. Subo, hasta después.
Tras saludarla, se encerró en el ascensor apenas llegó a la planta y apretó el botón del piso siete. Estando dentro se apoyó contra la pared y resopló. Tenía sueño y no parecía querer esforzarse por que no se notara aquello en su rostro. Nadie interrumpió su viaje y salió de allí directo a su planta. Por el camino aparecieron varios empleados y uno de ellos lo frenó.
―Señor Weasley, escuché que lo necesitan en el piso de arriba. Mandaron unos cortometrajes de animación para analizar y editar ―le informó con rapidez y se esfumó tan deprisa que Ron se preguntó si habría sucedido o se lo había imaginado.
Se escabulló en su oficina y aunque no era claramente a lo que había ido, no pudo evitar correr al baño y devolver lo poco que había podido desayunar. Se sentó en el suelo y se apoyó contra la pared, tratando de quedarse quieto y no sentir que el mundo le daba vueltas a su alrededor. Luego de unos minutos, aunque le parecieron horas, apareció Natalie diciendo que lo buscaban para una reunión en el último piso. Tras ella entró Theodore también diciendo necesitarlo. Al parecer era un día movedizo y ocupado, y él no podía siquiera intentar responder, no podía ponerse de pie.
―¿Ron? Me dijeron que habías llegado, ¿en dónde estás? ―insistió Natalie mientras se acercaba a la puerta del baño y miraba a Theodore como preguntándose qué pasaba con Ron. Se lo encontró tirado allí, dando una imagen de lo más lamentable―. Dios, ayer cuando te llamé me dijiste que no me preocupara… ¿Qué pasa?
―¿Qué tiene? ―preguntó Theodore acercándose también y observando el estado deplorable del pelirrojo―. No se ve nada bien, está pálido.
Natalie apoyó una mano en la frente de Ron y comprobó que tenía un poco de temperatura. Se volteó a ver a Theodore y éste entendió, sin necesidad de palabras, que debía localizar un médico rápido. Nott llegó hasta el teléfono y avisó en recepción para que enviaran a alguien, mientras Ron se levantaba con ayuda de Natalie y ésta lo sostenía cuando él volvía a vomitar en el retrete.
―¿Quieres que lo sostenga yo? ―preguntó Theo a Natalie. Ella asintió agradecida.
―Tengo que ir a avisarle a Hermione…
―En realidad no debes ―dijo él, ocupando su lugar y preocupándose por ver que Ron no se cayera hacia adelante.
―No es por lo que piensas, es que soy su secretaria y me dijo que le avisara que tiene reunión en el último piso, debe saber que no va a poder asistir.
―En todo caso, podrías buscar a Pansy, ella es la secretaria de Ron, por lo tanto cuando no está él debe representarlo ―indicó Nott.
―Si la encontrara por alguna parte… Quédate con él por favor, voy a buscarla ―dijo Natalie que le echó una mirada de preocupación a Ron y se fue.
―Pareces tan vulnerable ahora ―comentó Theodore con lástima.
Ron dejó de vomitar y se puso más derecho aun recibiendo ayuda de Nott. Se acercó al lavabo y se enjuagó la boca varias veces. Luego se irguió y miró con ojos cansados a Theodore.
―¿No estás… enamorado de ella, verdad? ―preguntó Ron, se volvió a sentar en el suelo y Theo hizo lo mismo a su lado―. Estoy hablando de Hermione.
―No. Lo que dije lo dije porque es la verdad. Nadie me ayudó como ella, yo solamente era un chico con el perfil adecuado, pero no parecía ser lo suficientemente bueno como para entrar en la empresa. Ella insistió demasiado. Creo que más que enamorarme, fue un descubrimiento… No es mi amiga, ni tampoco estoy enamorado, pero ella es diferente, ¿entiendes? Me genera demasiado respeto. Ella es la persona que comprende a los demás antes de intentar comprenderse a sí misma ―afirmó, hablando casi como si de verdad estuviera enamorado. Ron lo escuchaba pensativo, estaba pasmado, no esperaba recibir esa respuesta―. No merece sufrir, estoy seguro, y tampoco es alguien para dejar ir. Es una mujer como para casarse, como Natalie, por ejemplo…
―Lo es, ¿verdad? ―dijo Ron embobado y con la voz ronca, asintiendo.
―Sí, por eso Roger se terminó por casar con Hermione, fue casi un negocio para ambos, aunque en un principio parecieran enamorados ―explicó Theodore. No sabía por qué le hablaba educadamente cuando entre ellos no tenían una relación fluida y los pocos momentos de encuentro, Ron se la pasaba insultándolo, pero no estaba en su naturaleza armar escándalos ni ser rencoroso.
―Lamento haber… sido una pesadilla para ti desde que llegué ―convino Ron tranquilamente y con sinceridad, cosa que sorprendió a Theo.
―Permiso. ―Era Natalie de nuevo. Observó la situación un segundo y volvió a hablar―. Llegó el médico, Ron. ¿Estás mejor?
―No lo creo ―convino Theodore poniéndose de pie y ayudando a Ron―. Te dejo en buenas manos, supongo.
―Gracias ―dijo Ron, dubitativo. Theodore cruzó mirada con él y antes de marcharse repasó los ojos de Natalie. Algo le decía que ella los había estado escuchando. Cruzó a Pansy en la entrada y la morena pasó para ver cómo se encontraba Ron, mientras el médico se dirigía a revisarlo.
Cuando Natalie había logrado localizar a Pansy, ésta se comunicó con Lavender, la secretaria de Roger, y pudo avisar directamente que Ron no iba a pasar por el piso porque necesitaba atención médica. Lavender, haciendo su trabajo, pidió el permiso pertinente para interrumpir la reunión, e ingresó en la oficina de Roger. Dentro estaban también, Draco, Hermione y las hermanas Greengrass. Lavender miró a su jefe y le comunicó el recado.
―Disculpe, señor Davies, el señor Weasley no podrá presentarse… ―Draco no pudo contener una risa pero Daphne lo codeó para que se pusiera serio.
―¿Debido a qué? ―preguntó Roger algo ofuscado mientras echaba una mirada a Hermione.
―Me dijeron que se encuentra enfermo, tuvo que subir la asistencia médica a verlo y… ―informó la rubia, aunque de nuevo se interrumpió porque escuchó que alguien abría bruscamente la puerta, entraba y daba un portazo.
―¿Weasley? ―preguntó Roger con voz más aguda de lo usual, al sorprenderse de la llegada de Ron. Lo miró entrecerrando los ojos, escudriñándolo―. Mi secretaria me estaba diciendo que no vendrías, que estabas enfermo.
Ron se tambaleó un poco por la reciente corrida y Lavender, que era quien estaba más cerca, llegó a sostenerlo, aunque todos tuvieron la leve intención de auxiliarlo.
―No tienes que estar aquí si no te sientes bien ―le indicó Draco, cruzándose de brazos y frunciendo el entrecejo.
Hermione asintió observándolo con temor a que se desmayara allí mismo.
―En realidad sí tiene que estar ―aseguró Astoria, mirándolo seriamente. Ron alzó la cabeza un poco y le clavó sus ojos azules fijamente.
―¿Ya encontraste a quién me reemplace? ―le preguntó él, desconcertando a los demás.
―¿Renunciaste? ―preguntó incrédulo Draco, y miró a su esposa cuando Ron asintió―. ¿Cuándo pasó eso que no me dijiste?
―Ayer envió un email diciendo que iba a presentar la renuncia y me llenó de nombres de buenos futuros reemplazantes. Aunque necesitemos a más de uno para cubrir su puesto ya que él es un poco multifunción… ―explicó Astoria alzando las cejas y encogiéndose de hombros.
―Estoy seguro de que sabrán reemplazarme bien, hasta hace dos meses no me necesitaban ―inquirió Ron, ya que antes no había pertenecido nunca a la empresa. Miró a Hermione de soslayo y se volteó despacio. Antes de que pudiera salir, Pansy ingresó sin llamar a la puerta y chocó con él.
―Ay, lo siento. Temía que te fueras a caer por el camino, como escapaste del doctor… ―comentó ayudándolo. Lavender se retiró de allí y Pansy se llevó a Ron, logrando hacerle una seña a Daphne para que luego se encontraran a hablar.
―Raro este Weasley, eh… ―dijo Draco luego de lanzar un silbido―. Pero realmente me cae mejor cuando está borracho.
―Ubícate ―le pidió Astoria con cara de pocos amigos.
―¿Qué? ―preguntó inocentemente como si no hubiera hecho nada. Su mujer simplemente resopló.
―De todas formas ya habíamos terminado con esto. No sé a ustedes, pero me preocupa realmente el puesto de Weasley en la empresa, así que voy a seguir buscando en los perfiles que me mandó a ver si encuentro uno que pueda reemplazarlo… ―informó y se retiró de allí.
―Tu hermana está rara… ―le comentó Draco a Daphne, frunciendo el entrecejo, cuando ésta se fue.
―A mí me parece que está igual que siempre ―respondió sin prestarle mucha atención―. ¿Ha terminado la reunión entonces?
―Definitivamente ―aseguró su cuñado―, yo me voy, que hay mucho por hacer.
―Yo igual… ―dijo Hermione, hablando por primera vez. Draco se fue sin más, pero ella se volvió y observó de a uno a la vez a Roger y a Daphne―. Sí…, probablemente debía haberlo imaginado.
Sonrió un poco y los dejó solos. Daphne no entendió exactamente por qué dijo aquello, Draco y su hermana le habían contado lo que pasó en la fiesta de Hermione luego de que ella se fuera con Pansy y Geoffrey, pero no tenía mucho que ver con lo que la castaña había insinuado entre ellos. Roger la sacó de sus pensamientos al pararse frente a ella y acariciarle la mejilla.
―Le he dicho a Hermione que le fui infiel ―le dijo. Daphne no respondió, agachó un poco la cabeza y Roger la obligó a mirarlo―. ¿En qué piensas? ¿Qué pasa?
―¿Ella te dijo que tiene algo con Weasley y que te dejaría? ¿Por eso es que le hablaste sobre nosotros? ―preguntó la chica que, con incomodidad, se echó sus oscuros mechones de pelo de su frente hacia atrás.
―No, le dije que iba a dejarla antes de que me contara lo de Ron ―dijo Roger―, y después le conté que era por ti.
―¿Se van a separar, entonces? ―preguntó incrédula―. En su tiempo hubiese jurado que eran la pareja perfecta.
―Seguramente lo éramos, porque las parejas perfectas no existen, linda. ―Él se inclinó lo suficiente y llegó a besar sus labios. Daphne le correspondió despacio y luego se separó―. Es lógico que vayamos a separarnos.
―Yo no lo veo tan lógico… Podrían fingir que nada pasó ―sugirió Daphne, deseando que no sucediera así realmente.
Davies resopló y negó con la cabeza. Daphne sonrió y lo besó de nuevo, poniéndose un poco de puntitas de pie. Mientras se besaban abrazados intentaban hablar también.
―Rechacé una noche con Geoffrey y Pansy por ti ―comentó ella, riéndose y luego atrapando su labio superior en un nuevo beso.
―¿Estás loca?... ¿Cómo no caíste en semejante tentación? ―inquirió Roger abrazándola más fuerte.
―Tenía que hacerme a un lado y sentar cabeza contigo, ¿no? ―aseguró volviendo a reír mientras se separaban.
―¿Y esos dos tontos por fin ligaron o qué? ―preguntó él, corriéndole tiernamente un mechón de pelo detrás de la oreja. Daphne se mordió el labio inferior y asintió sonriendo.
―Seguro que sí, todavía tengo que averiguar los detalles…
―Sí, claro… morbosa ―musitó él, volviendo a acortar distancia, besándola.
En pisos inferiores, Geoffrey repasaba las columnas que había escrito esa mañana para la revista local, sin embargo, no podía concentrarse bien. De vez en cuando corregía alguna que otra falta de ortografía, y sustituía palabras por otras pero en general parecía abstraído. Estaba por rendirse y ponerse de pie, justo cuando alguien entró de improviso y a medio camino él se volvió a dejar caer sobre la silla. Era Astoria y lo miraba con censura.
―Vengo a dejar las cosas en claro ―afirmó con rotundidad.
―¿Sí? ¿Dígame qué necesita, señora Malfoy? ―inquirió con cierto sarcasmo, aunque trató de ponerse serio cuando ella se cruzó de brazos y dio un aspecto más aterrador.
―Necesito que no seas tan idiota, y que te dejes de joder, ¿puede ser? ―Geoffrey abrió mucho los ojos, pasmado, pero asintió.
―¿Algo más?
―Sí, que voy a ser sincera con Draco, porque no es que no me pueda sacar tu beso de la cabeza, así que no te mofes de nada, pero es que me molesta estar con la sensación de ocultarle algo. Así que para que estés alerta, si te despide no será mi culpa… ―informó ella, volteándose decidida y dando un portazo al irse.
―Pero… ¡Ay, no! ―exclamó girando su silla y quedando de espaldas a la puerta que volvía a abrirse―. ¡Soy un idiota!
―¿Y recién te das cuenta? ―ironizó Pansy conteniendo la risa, mientras entraba, provocando que él se pusiera de pie para enfrentarla―. Ron renunció, tendrás que hacer trabajo extra mientras consigan un reemplazo.
Geoffrey sonrió socarronamente al verla, sin escuchar realmente lo que había dicho de Ron, y ella le devolvió una mirada enojada. Con más entusiasmo, Hooper pronunció su sonrisa y generó un resoplido en ella.
―¿Vas a responder algo o vas a seguir evocando alguna imagen mental bien sucia?
―No sé qué te dio a pensar que estaba pensando en algo como eso… ¿Será que tú no te lo puedes sacar de la cabeza? Porque yo tengo la conciencia bien limpia ―argumentó él, poniéndose las manos en los bolsillos y acercándose a ella.
―Sería bueno que respetaras el espacio personal ―admitió ella, sin dar un paso hacia atrás, con aspecto desafiante.
―No, no soy de esos, si quieres a un romántico deberías haber calentado a Theo, él sí que sería tu perrito faldero… ―dijo de forma burlesca, ladeó la cabeza y a Pansy le resultó simpática la manera en que sus hoyuelos de las mejillas se acentuaron más con su siempre sonrisa fastidiosa.
―Vine a avisarte lo de Ron, tú sigue fantaseando en tu mente… ―dijo Pansy. Aunque amagó a irse, se acercó a él lo suficiente como para rozar su nariz con la suya. Geoffrey entreabrió los labios, pero ella se alejó con una sonrisita triunfadora y se fue de su oficina sin más.
Geoffrey se tapó la cara con las manos y se insultó a sí mismos varias veces, hasta que decidió sacarse a la chica de la cabeza y volver al trabajo…, o al menos intentarlo.
―¿Ron? ―preguntó por tercera vez Natalie.
El pelirrojo estaba sentado en su silla detrás del escritorio, permanecía callado y con los ojos cerrados, y tenía la frente sudada aunque su amiga se empeñaba en pasarle paños de agua fría por allí e intentaba bajarle la fiebre.
―El médico dijo que es mejor que vayas a casa, ¿por qué eres tan terco? ―dijo con cansancio.
―Quiero morir… ―dijo con voz robótica en toda respuesta.
―No digas eso, tonto.
―Quiero decirle algo a Granger, y después quiero morir ―insistió.
―Yo también digo estupideces mientras estoy afiebrada, pero igualmente si debes decirle algo a ella, te aconsejo que lo hagas cuando estés más sobrio… ―convino la joven― Al final parece que la única forma de hacerte confesar es emborrachándote o estando enfermo.
―Es porque los borrachos y los enfermos son lo suficientemente débiles como para retener algo que ha estado guardado y clavado en el fondo de su corazón por tanto tiempo…
―Pero no es la manera adecuada de decírselo ―afirmó Natalie, y le quitó el paño de la cabeza. Se fue hacia el baño justo en el momento en que Hermione entraba a la oficina. La joven se quedó allí, sin saber si salir e interrumpir o no.
―¿Por qué renunciaste, Ron? ―preguntó con lástima.
Lo ojos del pelirrojo se abrieron levemente y la observaron. Hermione parecía otra persona, físicamente igual, pero daba la impresión de estar menos rígida, menos estructurada, de haberse cansado de las apariencias.
―Porque no tengo por qué trabajar aquí ―dijo―, sólo te causo problemas.
―Creo que te prefería cuando no te importaba cuánto molestaras.
―Decídete, mujer, porque la verdad es que no te entiendo ―aseguró.
Hermione se acercó a él rodeando el escritorio y apoyó el culo allí mientras él tiraba su silla un poco para atrás, para dejar un espacio entre ellos. Sentía los párpados muy pesados, pero aun así siguió mirándola. Metió una mano en su bolsillo y sacó la alianza que le había robado la otra noche. Hermione hizo caso omiso a aquello y se inclinó un poco, mirándolo de cerca y tocándole la frente caliente.
―No estás bien, deberías irte… ―inquirió.
―Ya me iré ―afirmó― y para siempre… Sólo tengo que empacar algunas cosas.
―Es extraño poder hablar contigo civilizadamente ―comentó y Natalie sintió la misma extrañeza mientras observaba la situación desde un costado, escondida tras la puerta entornada del baño.
―Debo devolverte esto. ―Ron tomó la mano izquierda de Hermione y aunque estuviera temblando, le supo colocar bien el anillo en el dedo anular con delicadeza y mirándola a los ojos.
―Ya no voy a necesitarlo ―dijo casi en un susurro y con los ojos brillantes, observándose el anillo, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda tras la sensación de los dedos de Ron colocándole esa pequeña joya. Se inclinó y lo besó en la frente brevemente―. Cuídate.
―Hermione… ―Ella se volteó casi llegando a la puerta―. Lo siento.
Hizo una pequeña sonrisa aceptando sus disculpas y se fue dejando a Ron callado y en paz. Natalie salió del baño con una mueca de ternura.
―No digas nada ―pidió Ron y ella sonrió―. ¿Me ayudas con mis cosas?
―¿En serio te vas a ir? ¡Justo ahora que las cosas se ponen buenas! ―dijo con frustración aparente.
―No te hagas la loquita, ambos sabemos que no eres así y que lo mejor es que me vaya.
―Si tú lo dices… ―Se encogió de hombros y comenzó a guardar cosas en algunas cajas junto a él.
