Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo los tomo prestados para escribir esta humilde historia.

N/A: Hola! Ayyyy muchísimas gracias por todo lo que dijeron en sus reviews, le dan vida a esto. Ya están llegando las partes finales del fic, aunque no tengo decidido cuántas exactamente faltan. Espero que les guste, sobre todo a mi querida Bita. Bienvenidísimas a las lectoras nuevas, espero cubrir alguna expectativa, y lamento que mis fundamentos quizá para algunos no sean del todo verosímiles, o mejor dicho, los fundamentos de Ron. Gracias por todo, gracias por leer.


12

Verdades

Tradicionalmente, Astoria era una mujer decidida y conservadora. Se había enamorado de Draco en el instituto mientras él andaba tras su hermana, babeando por ella y se había empeñado en conseguirlo como si fuera una especie de trofeo. Luego de comprender que aquello era una obsesión, se había desinteresado una vez que Draco puso los ojos en ella por fin. Daphne sencillamente sólo podía ser amiga del rubio, en cambio, Astoria tenía una leve debilidad por él debido a sus días que pasó de incógnita persiguiendo por todos lados al que ahora era su esposo. Empezaron a verse seguido. Primero se llevaban demasiado mal, luego llegaron a ser compatibles con sus gustos y placeres, convenientemente descubrieron ser perfectos amantes el uno para el otro y aunque fueran bastante jóvenes, al tiempo decidieron casarse tras sufrir la abrupta confesión salida desde el pecho a la garganta, que sólo rezan las personas enamoradas: un «te amo» a partes iguales que lo sellaría todo.

Ahora ella se jugaría una carta cruel en el juego. Nunca se habían mentido. Nunca habían tenido la necesidad porque ambos iban de frente. A ambos les gustaba dominar y sentirse fuertes, y en ese momento, Astoria agachaba la mirada con cierta cobardía pero trataba de tomar aire para infundirse valor y así poder decirle lo que la tenía apresada y temerosa. Draco hizo un insistente golpeteo con su pie y se tomó el cabello.

―¡Dios santo, ¿vas a decirlo o qué? ―se desesperó.

―¡Geoffrey me besó! ―soltó y se puso de pie con nerviosismo. Estaban en la oficina de él, en el noveno piso.

―¿Que qué? ―preguntó alterado y con los ojos bien abiertos―. ¿Y tú lo dejaste?

―¡No! En realidad… No sé. Se había cortado la luz y estaba nerviosa por el encierro dentro del ascensor y…

―¿¡Pero de qué mierda hablas! Ese estúpido, mujeriego, voy a golpearlo… ―dijo desencajado, pero Astoria lo sostuvo, alejándolo de la puerta.

―¡No! Vamos, Draco, solamente te lo dije porque sabes que no puedo mentirte, pero no pasó nada… Él está en otra… ¡Ya sabes cómo es! ―le insistió tratando de serenarlo.

―¡Es un idiota, eso es lo que es! ―farfulló furioso y dejó de hacer fuerza mirándola enojado y a los ojos―. ¿No hay nada más que tengas que decir?

―No, ¡y no me hables así!, ¿qué culpa tengo yo de que todo el mundo en esta empresa tenga las hormonas por las nubes? ―se quejó ella, frotándose un brazo que había resultado levemente herido tras intentar retener a su esposo. Draco resopló y le levantó la mirada tomándola del mentón.

―Tienes razón, lo siento. Es que me vuelve loco la idea de alguien más besándote… ―aseguró acariciándole ahora la mejilla. Observó su brazo―. ¿Te lastimé?

―No es nada… Te vuelves loco y algo salvaje, pero te comprendo… También me volvería loca si alguien te besara. ―Aquello hizo ruido en la cabeza de Draco. Ella estaba siendo muy sincera con él, en cambio, él había decidido callar lo de Pansy, aquella vez que la besó por error en la oficina de su esposa―. ¿Qué pasa?

Y aunque Astoria estuviese segura de que Draco jamás le mentiría, y él fingiera muy bien que nunca lo había hecho, esta vez se decidió por ocultarle la verdad. Había cosas que realmente no valía la pena que salieran a la luz, según su manera de pensar, y sin sentirse demasiado orgulloso por eso, sonrió y negó con la cabeza convincentemente, asegurándole a su esposa que nada sucedía.

―¿Ya arreglaste lo de Weasley? ―preguntó luego de besarla para olvidar el tema.

―Sí, me consiguió un tal Diggory y lo llamé, parece que es el adecuado ―comentó Astoria―. Ahora Ronald estará yéndose con sus cosas. Estuve pensando en eso… La demanda nunca había sido tanta antes de haberlo incorporado al equipo… Creo que aprenderían mucho de él los demás empleados.

―¡No tan rápido, mujer! ―exclamó seriamente―, no te vas a encariñar con Weasley tú también ¿eh?

―¿Encariñarme?... Sólo con Geoffrey me ha pasado. ―Draco la miró más seriamente si fuera posible y ella sonrió provocando que el brillito de sus ojos acentuara la claridad en ellos― Es broma, lo siento.

―Más te vale ―inquirió fingiendo estar ofendido. Se rascó la barbilla como si no supiera qué más hacer allí y miró hacia todos lados.

―¿Qué pasa ahora? ¿Qué piensas? ―preguntó arrugando el gesto.

―No estaba pensando en nada, estaba como en blanco.

―Eso sólo puede significar una cosa... ―dijo alzando las cejas mientras se apoyaba en el escritorio.

―¿Que cuando estoy en blanco actúo como un animal?

―Un animal sexual ―aseguró susurrando.

―Eres una pervertida, yo no estaba pensando en eso ―negó Draco manteniendo el mismo tono de voz y cruzándose de brazos, indignado.

―Por supuesto que no, dijiste que estabas en blanco.

―No me siento competente aquí... ―mencionó el rubio resoplando, apoyándose también en el escritorio a su lado―. Nada competente.

―¿Por qué estamos susurrando?

―Tú empezaste a susurrar cuando usaste el doble sentido ―dijo, mirándola aún sin dejar de susurrar.

―No usé nunca un doble sentido... ―continuó en el mismo tono provocando que la situación se tornara graciosa. Draco se quedó pensativo.

―Puede que no, tienes razón, fuiste bien directa.

―Estás algo idiota y despistado hoy…

―¿Será porque mi mujer me dijo que se besó con otro y tengo ganas de demostrarle que sólo me pertenece a mí?

―Claro, entonces no estabas en blanco, ¿sabes?

―¿Tenemos sexo? ―le preguntó casi como si la idea sonara a un descubrimiento, aunque Astoria le cortó el entusiasmo.

―En casa... ―dijo sonriendo, ladeando la cabeza y recuperando el timbre normal de voz.

―Aguafiestas ―inquirió mordazmente, volviendo a mirar al frente.

Resopló y se despegó del escritorio. Se volvió hacia ella, la besó y Astoria aunque pareciera en un principio querer resistirse, lo abrazó por el cuello y entreabrió los labios para devolverle el beso. Luego lo separó apoyando sus manos en su pecho.

―En casa ―volvió a repetir con la misma sonrisa―, mejor me voy a trabajar a mi oficina.

―No me gusta nada que me rechaces, te lo advierto ―aseguró Draco, acariciando una porción de piel de su cintura.

―No te tengo miedo…

―Debería, señora Malfoy. Ya me conoce lo suficientemente bien…

―¡Assie! ¡Aquí estás! ―interrumpió su hermana resoplando―. Llegó un tal Diggory, dice que lo llamaron para una entrevista.

―Lo atenderé enseguida ―dijo Astoria separándose más de Draco y poniéndose en marcha―, después nos vemos.

Le dedicó una mirada fugaz, llena de sensualidad a Draco y su hermana miró hacia el suelo riendo para sí al haber contemplado tal momento entre la pareja.

―Sí, claro ―murmuró Draco, mordiéndose el labio al verla salir. Daphne carraspeó cuando estuvieron solos y él la miró.

―Es un buen lugar para eso pero contrólate, es mi hermana ―dijo rodando los ojos. Draco se acercó sonriente y la abrazó con cariño.

―Lo sé. ¿Recién ahora asumes el papel de hermana mayor protectora?… Te recuerdo que ya estoy casado con ella ―inquirió y sintió cómo la risa de su amiga rebotaba en su pecho agradablemente.

―Lo digo porque la conozco, yo soy la sucia de las dos, ¿recuerdas? Ella no sería ella si intentara algo contigo en una oficina. Aquí sólo abundan los problemas y busca su espacio de placer en un lugar más adecuado… Cosa que no comparto, como es lógico, pero lo respeto ―admitió la joven, separándose de él, aunque Draco siguió abrazándola por los hombros.

―Por gente como tú o tu amiguito Geoffrey, esta empresa está de cabeza, ¿sabes? ―indicó Draco ladeando su sonrisa aún más.

―No te la agarres con Geo, le tienes celos porque es simpático…

―¿Simpático? ―preguntó entrecerrando los ojos, ofuscado, haciéndose la idea de ese hombre besando a su mujer. Negó con la cabeza y se fue a sentar tras su escritorio―. Mejor ve a trabajar, Daph.

―Buena sugerencia, iré a echarle ojo al nuevo, se rumorea que está bueno ―admitió con descargo y, tirándole un beso en un gesto amigable, se despidió y abandonó la oficina.

―Mujeres… ―murmuró desganado, negando con la cabeza y volviendo a lo suyo.

Ron seguía sintiéndose mal pero aún no podía irse del edificio hasta plantear ciertas cuestiones con su reemplazante. Astoria estaba atendiendo la parte legal y contable con el muchacho, mientras tanto, el pelirrojo esperaba tambaleándose por su oficina ya vacía, con la fiebre ya aminorada pero la frente perlada en sudor. Había logrado bajar todas sus cosas con ayuda de Natalie y Pansy, que estaban bien solícitas a él. La morena, por su parte, se despidió con un abrazo de Ron y alegó que debía ir a encontrase con Daphne para matarla. Ron no hizo mucho caso al comentario, aunque Natalie la miró frunciendo el entrecejo.

―Es un lunes de locos ―comentó Natalie resoplando―, ¿necesitas algo, Ron?

―Estoy bien ―aseguró, sentándose en el escritorio vacío, dejando las piernas colgando como un niño, sin que le llegaran a tocar el suelo. Se quedó allí con la cabeza gacha un rato―. Me iré unos días al campo a visitar a mis padres… estaré bien.

―Es una buena idea, pero no quiero que desaparezcas. Te contratarán rápido en otro lugar, ya verás ―lo animó Natalie, acercándose a él y acariciándole la cabeza.

―No tengo problema con eso, ya tengo una buena oferta desde hace tiempo ―informó Ron―. Diggory hará bien su trabajo…

―¿Quién? ―se sorprendió― ¿Has dicho… Diggory? ¿Cedric Diggory?

―Sí, ¿De dónde lo conoces? ―preguntó extrañado Ron, alzando las cejas y tomando cierto color en las mejillas antes de volver a la carga― ¡Tiene seis años más que tú…!

―¡No te adelantes! ―advirtió Natalie alzando una mano y mirándolo con enojo―, solamente es un amigo.

―Ah, lo siento. Igualmente, ya ves cómo es de rápido. Hace sólo unas horas renuncié, lo sugerí y ya está haciendo papeleo para incorporarse en la empresa… Y no dudo que sea un pícaro para otros aspectos de su vida.

―Tampoco lo dudo, lo conozco… ¡Pero no quiere decir nada! Como dije, es sólo un amigo ―repitió. Salió de la oficina con resignación dejándolo solo y bajó por el ascensor al primer piso para esperar a que el reemplazante de Ron saliera de la oficina de Astoria para saludarlo.

Daphne se encontró con los reproches de su amiga directamente en el pasillo de su piso (el tercero), en donde se dirigían los espacios de escenografías montables para fotos de revista. Esa zona trabajaba en conjunto con el cuarto piso dirigido por Theodore, ya que se encargaban de la fotografía. Daphne no tenía mucha idea en general de aquel trabajo artístico, lo único que sabía era supervisar que cada quien hiciera su trabajo y la habían designado a ella a ser quien supervisara por el simple hecho de que su oficina estuviera plantada en el mismo piso en donde se llevaba a cabo aquello. Pero a Pansy poco y nada le importaba que allí tuviera que ser discreta y que hablar a alto volumen en los pasillos sobre temas privados, provocaba un sonrojo descomunal en su amiga que intentaba callarla y la arrastraba con ímpetu hacia el interior de su oficina. Una vez que estuvieron dentro, Pansy explotó:

―¡Cómo me hiciste esto! Pensé que éramos amigas... ―gritó caminando de un lado a otro, sin mirarla.

―Lo deseabas más que nada, tonta. ¡Tú que eres libre y puedes estar con quien quieras, no te opongas por histérica! ―le planteó.

―No soy ninguna histérica, Daph, pero sabes lo mucho que me gustaba que Geoffrey sólo fuera un amigo normal… ―dijo suavizando el tono de voz.

―¡ES un amigo normal, no cambió nada! ¿Acaso no te acostabas con Weasley y siguen siendo amigos? ―preguntó sin entender la postura de su amiga.

―Sí, pero me acostaba con Ron sólo por placer, nada de sentimientos. Y con Geoffrey… ―respondió Pansy.

―¡No me jodas, por eso mismo te lo digo! Si con Ronald fue sin sentimientos y siguen siendo amigos, con Geo debería ser igual. Pero sentiste algo por él y por eso estás como loca, ¡admítelo de una vez! ―le pidió Daphne cansada de la situación, encarándola.

―¡Lo único que sentí fue asco!

―¡Sé que no! ―dijo y se mordió el labio ante aquel descaro.

―Le vomité encima cuando terminamos de hacerlo… como por tercera vez… en el suelo… ya amaneciendo ―Pansy se fue encogiendo de hombros ciertamente avergonzada mientras su amiga no evitaba poner cara de desagrado y luego estallar en risas.

―¿Tres veces en una noche?... ¿Le vomitaste encima? ―Daphne volvió a reír imaginando a Geoffrey―. ¡A él debió de darle más asco!

―En realidad, me llevó al baño y dejó que terminara de vomitar mientras él se limpiaba con el agua de la ducha… ―comentó Pansy, bastante azorada, aunque luego volvió a hablar bastante segura―, debo decir que fue una imagen muy sexy para mis ojos.

―Geoffrey es sexy desde siempre.

―Es un idiota.

―¿No te dijo nada por vomitarle? ―Pansy negó con la cabeza―. Créeme, hay que tener mucha fuerza de voluntad para no hacerlo.

―Solamente debe pensar que seré "comida fácil" cuando no tenga a quién cazar un viernes por la noche… ―aseguró a su amiga.

―Sabes que no es así… y volviendo al tema interesante, si lo hicieron tres veces déjame decirte que además de gustarte, te encantó, lo volverías a hacer y no debería ser un problema… ―finalizó cruzándose de brazos y mirándola como si supiera exactamente que todo eso iba a pasar tarde o temprano.

―¡Es un problema!

―Claro que no… ¿Qué pasó después de la ducha de Geo?

―Lo obligué a vestirse y lo eché.

―¿Así sin más?

―¡Por Dios! ¿Qué más querías que pasara! ―dijo Pansy abriendo mucho los brazos y gesticulando de manera exagerada.

―Dímelo, te conozco…

―Me duché yo también, hice que saliera del baño, me lavé los dientes… ¿más detalles?

―Sé que algo más pasó, sólo suéltalo ―inquirió Daphne dándole pie a que siguiera.

―Me sequé y salí del baño. Después me puse algo de ropa… Geo ya estaba acostado, medio dormido, así que me acosté con él y después nos dormimos ―narró la chica, algo agobiada por la mirada pícara de su amiga―, ¡y sí, cuando nos despertamos el domingo sí que lo eché! Así que deja de mirarme de esa forma…

―Lo trataste bastante tiempo con amor, todo un record.

―No te burles, sabes que no sirvo para eso… ―comentó frustrada. Se acercó a ella y Daphne la abrazó como una madre.

―Aún no comprendo el problema ―dijo dulcemente.

―Creo que es porque no lo hay. Seguiré tratando a Geo de la misma manera… por idiota ―agregó al final, provocando la risa de Daphne―. Te dejaré tranquila por hoy, pero sigo enojada.

―Mentirosa ―dijo entre un carraspeo. Pansy la miró mal y se fue, dejándola sola.

Theodore asomaba sus ojos marrón verdoso por detrás de la revista semanal. Su puerta estaba abierta y observaba a Natalie, que estaba en el pasillo charlando con un chico de dorado cabello y una altura envidiable, que parecía ser el nuevo. La joven le señalaba las respectivas puertas explicándole todo sobre el edificio, Theo la miraba de reojo en silencio mientras lo hacía. Y allí se quedó. Observando, las luces se comenzaron a apagar, la gente se iba, el sol se había escondido. Theodore sólo miraba en trance hacia fuera. Natalie seguía allí, ajena a él, el chico nuevo también y se miraban embobados. Todos de a poco se habían ido, dejándolos solos y él era un observador único de la situación…

―¡Hey! ―lo movió alguien zarandeándolo―. ¡Nott…! ¡Theo despierta!

―¿Eh? ―El hombre alzó la cabeza; su pelo estaba desordenado y sus ojos se veían cansados. Natalie le sonrió.

―Te quedaste dormido, la chica de la limpieza pretende entrar aquí ―le informó ella.

―¿Weasley ya se fue? ―preguntó desconcertado, mirando alrededor pero sin ponerse de pie.

―Sí, dio todas las indicaciones a Cedric y se fue. No dejó que Hermione hiciera intento por saludarlo, simplemente se fue ―comentó la joven―, igualmente iré a saludarlo esta noche, porque hará un viaje unos días.

―Bueno, espero que al menos deje de vomitar por todos lados ―inquirió Theodore. Trató de bajarse los mechones de pelo que se disparaban en cualquier dirección y a Natalie le pareció gracioso―. ¿Y ese Cedric…?

―¿Qué pasa con él? ―preguntó y se sentó frente a él, con el escritorio de por medio. Las luces seguían apagadas, casi quedaban a oscuras realmente.

―Lo vi en confianza contigo… ―musitó.

―Lo conozco. Sus padres son amigos de los míos… Nos vemos de vez en cuando, aunque hacía mucho que no nos juntábamos ―le explicó la chica sin dejar de sonreír―. Te aseguro que trabajar con él será mucho mejor para ti, no te tratará nada mal.

―No sé, empiezo a creer que Weasley era mejor que cualquier otro ―comentó por lo bajo.

―¿Te pasa algo? ―preguntó preocupada. Él apoyó su cabeza entre las manos y la miró.

―Nada, aún estoy algo dormido ―contestó con la voz ronca. Bajó una mano y la deslizó por el escritorio. Natalie hizo lo mismo en un acto reflejo, dejándose acariciar. Miró sus manos entrelazadas y alzó la vista, encontrándose con sus ojos.

―¿Vas a… quedarte… trabajando?

―No. ―La soltó y se puso de pie de improviso, pasando al otro lado del escritorio. Natalie se puso de pie al instante y se puso nerviosa cuando él se acercó a ella… Demasiado. Lo vio agachar la mirada y sacar un papel doblado de su bolsillo. Se lo dio y ella lo tomó, desdoblándolo.

―Es… ―Natalie observó su dibujo y sonrió entendiendo. Él se lo estaba regalando finalmente―. ¡Gracias!

Lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Theodore le correspondió el abrazo y la retuvo un instante bastante prolongado, hasta que un carraspeo interrumpió y los hizo separarse. La mujer de la limpieza los miró con mala cara y encendió la luz.

―Haré mi trabajo… Si me disculpan ―dijo entrando en el lugar mientras Theo intercambiaba una mirada turbada con la chica. Tomó sus cosas y salieron de allí.

―Entonces… ¿irás a ver a Ron? ―inquirió él mientras el ascensor los llevaba a la planta baja. No se miraban, simplemente observaban al frente.

―Sí, probablemente ―respondió ella, con el rubor esparcido por toda su cara.

―Mándale saludos.

―Lo tomará como un chiste.

―No lo creo, hazlo. ―Las puertas se abrieron dejándoles paso. Saludaron a Katie y Dean en la recepción y salieron.

Pansy y Geoffrey estaban sentados a un costado, ella fumando y él apoyando sus brazos en las rodillas, con la cabeza gacha. Al parecer tarareaba una canción. Pansy se veía sumisa y bien callada, como si no quisiera estar allí. Theodore les echó una mirada y cabeceó hacia allá para que Natalie también los observara.

―¿Qué les sucede a todos hoy?... Parecen deprimidos ―comentó Natalie abrazándose a sí misma. Theo volvió la vista hacia ella.

―Deben de estarlo… Quizá sea por la ida de Weasley ―dijo con ironía, sabiendo que nadie estaba mal por eso.

―Es mi amigo ―dijo ella mirándolo mal.

―Lo sé. Me quedaré un rato con ellos… no parecen cómodos ―convino Nott volviendo a virar la cabeza hacia sus amigos―. ¿Te vas en auto?

―No… prefiero caminar, no está lejos. Nos vemos mañana, supongo ―saludó Natalie, acercándose a él con cierta indecisión. Theo sintió a su corazón enloquecerse, recibió con gusto otro beso en la mejilla por parte de la chica y cuando la sintió separarse y ella tomó la iniciativa de irse, la volvió a acercar a él jalándola por un brazo y la besó en la boca.

―¿Qué están viendo mis ojos? ―susurró Geoffrey a Pansy al girar la cabeza y encontrarse a sus amigos besándose. Natalie pareció sorprenderse pero afirmarse más para responder el beso. Pansy echó una risita.

―Los molestaré de por vida… ―aseguró la chica.

―¡No seas perra!

―Tú también lo harás, Hooper, así que no te vengas a hacer el bueno…

Natalie se separó de Theodore, aunque realmente no parecía desearlo, y lo miró con curiosidad. Él sonrió tímidamente y se encogió de hombros. Pansy y Geo los vieron desaparecer juntos. Aunque en un principio no era la idea de Theo acompañar a la chica, dada la circunstancia decidió hacerlo sin necesidad de tener que debatirse mentalmente. Geoffrey se quedó con el gesto fruncido mientras Pansy lo observaba.

―Te la querías mover a ella también y Theo te ganó de mano, ¿eh? ―preguntó Pansy tratando de sonar normal.

―En realidad, ya me acosté con todas las que quería y llegó por fin la última por la cual me decidí… ―dijo él, alzando las cejas graciosamente, robándole el cigarrillo y apagándolo bajo la suela de sus zapatos. Pansy lo miró mal, aunque lo escuchó atenta―. Con ella es diferente, ¿sabes?, no sólo me quiero acostar, quiero dormir.

―Es prácticamente lo mismo…

―No es lo mismo para nada.

―No vamos a discutir esto ―sentenció Pansy, intercambiando una mirada significativa con él. Geoffrey se levantó molesto y se fue hasta su auto sin siquiera saludarla. Pansy se quedó allí, observando el cigarrillo apagado en el suelo y pensando en el significado de sus palabras.

Ginny estaba en su oficina días después de enterarse de la renuncia de Ron, que estaba refugiándose en La Madriguera, la casa de sus padres. Leía el diario en el momento en el que Harry entró nervioso y se sentó frente a su escritorio, mirándola impaciente. Ella igualmente siguió con los ojos en el periódico y subrayaba algunas cosas de las noticias de vez en cuando.

―Las cosas que hay que leer, Dios, ya ni se puede vivir en este mundo de delincuentes... ―musitó bostezando luego.

―¿Y? ¿Ya tienes una respuesta, verdad? ―inquirió inclinando su cuerpo hacia delante con evidente desesperación.

Ella lo miró con una sonrisita contagiosa y volvió la vista al periódico sin contestar.

―Me pones nerviosa si me miras así mientras trabajo...

―¿Qué clase de mujer eres? ¡Quiero saber tu respuesta, amor! ―se quejó como un niño.

―Pero Harry, no podemos, tenemos tanto que hacer y el trabajo...

―¡Hacer! ¡Sí, eso! Tenemos que hacer el amor ahora ―dijo con entusiasmo levantándose y echándole el pestillo a la puerta.

―No, no, no y no ―dijo Ginny también de pie, caminando hacia él―. ¿En qué estás pensando? Estamos en mi oficina, no seas loco...

―Pero es que así te distraes y me das un sí de una vez y nos olvidamos del mundo ―se explicó berrinchudo mientras la abrazaba mimoso.

―No soy tan fácil ―bromeó la pelirroja siempre con su sonrisa y ojos brillantes― además quiero hablar con mamá, quiero verla y consultarle algunas cosas. Tenía pensado que fuéramos a la Madriguera mañana, si te parece bien...

―Sí, claro que me parece bien ―aceptó él sin ningún problema, separándose apenas para mirarla―. Está todo bien por ahí, ¿no?... Quiero decir, ¿sigue bien?

―Sí, por ahora parece que sí… Sería buen momento para decírselo.

―Te amo, ¿sabías eso? ―dijo Harry casi sobre su boca, acariciándose nariz con nariz.

―No te pongas dulce, Potter, o volverás a dormir en el sofá...

Apenas Ginny terminó de decir aquello, arrastrando un poco la voz, Harry la besó con anhelo, como si fuera la primera vez, y ella dejó que lo hiciera, aunque trató de controlar la intensidad del beso para que las cosas no se les fueran de las manos en su propia oficina.

Ron despertó tranquilo, como hacía tiempo no le sucedía, inundado por el intenso efecto de luz que provocaban sus cortinas naranjas combinadas con los rayos de sol de media mañana. El perfecto aroma de la naturaleza cercana le hurgaba las fosas nasales. Se estiró y pasó por el baño antes de bajar a desayunar. Su madre, Molly, observaba por la ventana principal hacia fuera, sin escucharlo al parecer y su padre hojeaba un diario a través de sus anteojos, mientras engullía unas tostadas calentitas.

―Buenos días ―deseó Ron desde el último escalón y se acercó a la mujer regordeta que estaba de espaldas observando un vehículo que llegaba. La abrazó por detrás y le dio un beso en la mejilla.

―Buenos días ―respondió escudriñando con interés.

―Son Harry y Ginny, mamá, podrías usar los anteojos si te quieres enterar antes de que estén en la puerta. ―La mujer lo miró con reproche y le dio un buen coscorrón.

―Dijeron que vendrían para el almuerzo. Ni modo, mejor que llegaron antes ―comentó su madre haciendo una sonrisa sincera―. ¿Dormiste bien? Hoy tendrías que terminar el antibiótico.

―No me cuides tanto, ¿sí? Yo estoy perfecto ya ―le aseguró Ron, frotándose la cabeza, viendo a Ginny y Harry acercándose tomados de la mano.

La Madriguera era la casa de campo en la que habían sido criados él y sus hermanos, el nidito de amor de sus padres. Estar allí no sólo lo reconfortaba, sino que le traía viejos recuerdos de su pasada vida, cosas que quisiera tener siempre presentes. Dejó que su madre recibiera a su hija más pequeña y él mientras tanto se sentó con su padre y engulló una tostada como siempre, sin tapujos a la hora de comer lo que estuviera frente a sus ojos. En el periódico que su padre leía, salía una foto de Roger Davies, estrechando su mano con la de Cedric Diggory, la persona que él había recomendado días atrás. Ya era sábado, para sorpresa de todos Ron había pasado más de cuatro días con sus padres después de mucho tiempo de no hacerlo. Volvió a mirar la foto y le llegó a la mente la imagen de Hermione aceptando sus disculpas el día de su renuncia. ¿Qué estaría haciendo? ¿Qué estaría pensando de él?, se preguntaba en silencio.

―¡Hola, Ron, hola papá! ―saludó Ginny pasando hacia el comedor. Harry acompañó a la señora Weasley hasta su silla y saludó a su suegro.

―¿Cómo están, chicos? ―preguntó Arthur Weasley quitándose los anteojos y sonriéndoles.

―Bien ―respondieron al unísono e intercambiaron miradas. Ron los observó y rodó los ojos.

―Pareces otra persona, Ron ―inquirió Harry, observándolo con sus verdes ojos curiosos tras sus tradicionales gafas.

―Soy el mismo ―aseguró él, volviendo a llenarse la boca de comida y sin llegar a tragar, también bebió de su café con leche.

―¡No seas bruto, Ronald! ―le pidió su madre mirándolo reprobatoriamente. Su hijo bufó y se levantó, dirigiéndose hacia la escalera.

―Iré a buscar algo, enseguida vuelvo.

Ginny se sentó con su madre y la tomó de una mano, sonriéndole con cariño. Molly suspiró y Arthur alzó una ceja mirando a Harry.

―¿Sucede algo? ¿Por qué no se sirven y toman algo? ―dijo el hombre.

―En realidad quiero hablar con mamá, si no les molesta… ―dijo Ginny.

―¿Pasó algo? ―preguntó su madre, con evidente alarma. Sus cansados ojos la hicieron parecer vulnerable y su hija, que había heredado sus mismos ojos chocolate, le sonrió nuevamente.

―En realidad todavía no… ―Harry y Arthur se levantaron intercambiando una mirada de entendimiento y se fueron hacia la parte delantera de la casa. Ginny volvió a hablar―. Harry y yo queremos tener un hijo, mamá.

―¿Estás embarazada? ―preguntó de inmediato Molly.

―No, mamá, te estoy anunciando que quiero… Tal vez no ahora, pero en un tiempo empezaremos a buscar un hijo con Harry… Antes no estaba segura pero ahora me hago la idea… quiero saber qué te parece eso ―dijo con un sonrojo acentuado en sus mejillas. Molly presionó su mano y se sintió emocionada.

―Aún eres muy joven pero no soy quien para decirte eso. La verdad yo era más joven que tú cuando William fue concebido ―admitió Molly y se acercó para no elevar la voz demasiado―. No por eso debes esperar si no quieres. Ser joven es relativo, ya llevas tu carrera de abogada, aunque recién comiences, pero la llevas muy bien.

―No sé si eso de verdad lo llevo bien. Hago lo que puedo y Harry es quien me ayuda… ―comentó pero no se detuvo pensando en eso―. Creo que podría intentarlo y me gustaría que estuvieras de acuerdo.

―Jamás estaría en contra, Ginny. Sabes que quiero mucho a Harry y tu padre lo adora ―la tranquilizó y le corrió un mechón de cabello a un costado―, y además adoro a los niños, no por nada tuve siete.

―Sí, lo sé, mamá. Solamente quería que lo supieras, me siento más segura ahora ―aseguró Ginny, levantándose un poco y besando la frente de su madre―. ¿Estás bien?

―Sí, con tu hermano aquí yo también me siento más segura…

―¿Se ha portado bien contigo?

―Por supuesto, ¿alguna vez lo viste hacer algo malo? ―inquirió su madre indignada pero al ver la cara de Ginny agregó―, no me respondas. La verdad es que Ronald ha estado raro, pero tan mimoso y cuidadoso como siempre.

―Pues eso es lo raro para mí ―anunció Ginny con sarcasmo.

―¿Se puede? ―preguntó Harry entrando nuevamente junto a Arthur. Molly asintió y vio con felicidad cómo el chico se volvía a sentar al lado de su hija y le plantaba un beso en la mejilla mientras pasaba un brazo por su cintura.

En su vieja habitación, Ron se mantenía observando fijo su teléfono móvil. Quería llamarla… Deseaba hacerlo pero no sabía qué iba a decirle. Todo lo que había ocurrido en esas pocas semanas durante su estadía en la empresa había sido un caos, una mezcla de sensaciones en su corazón, de sentimientos encontrados y venganzas inconclusas. Quería que Hermione sufriera un poco por todo lo que él había sufrido y, sin embargo, no podía cumplir con ese objetivo. Al parecer, al menos había logrado hacerla recapacitar, Roger y ella se separarían. En su interior resonaba una frase llena de rencor: «Directamente ni debiste casarte, Hermione». Ron se había planteado volver luego de completar sus estudios y así poder hacerle ver a su antigua novia lo mal que había hecho en casarse. Cuando se fue, ella no lo detuvo, le creyó que no la quería y él fue demasiado débil, dadas las circunstancias, como para quedarse a intentar explicarse, como para justificar que en realidad no quería irse, pero debía hacerlo y que por el bien de los dos, era mejor dejarlo.

Marcó un número que tenía en su agenda y que generalmente no lo usaba, sólo para mandar mensajes depravados en horario de trabajo. Ya no volvería a hacer algo así, no más. Presionó el botón verde para llamar y esperó con el corazón en la boca.

Hola.

La suave voz de Hermione le decía que ella en realidad estaba esperando que en algún momento él la llamara y le diera noticias suyas. Realmente se había quedado preocupada.

―¿Ron?

―Sí, tenemos que hablar ―dijo tranquilamente, aunque sus manos sudorosas demostraban que lo único que no sentía era calma precisamente.

¿Estás mejor?

―Estoy bien, ¿tú estás bien?

Sí, estoy en casa de mis padres. Con Roger terminamos bien pero no podemos seguir viviendo juntos.

―Yo estoy en La Madriguera… Quisiera contarte algunas cosas, explicarte…

―¿Es necesario que sea por teléfono, Ronald?

―Quiero verte, pero no sé si podré decirte las cosas en la cara.

―¿Por qué? Es lo mejor que puedes hacer…

―Tengo… miedo de quedar como un idiota, no siento que mis justificaciones puedan ser válidas para ti.

―Ron, di lo que tengas que decir o terminaré por decirte yo algo que necesitas saber…

―¡Veámonos! ―solicitó resoplando con nerviosismo.

―¿Cuándo?

―En unas horas… iré a mi departamento, ¿sabes dónde es?

―Sí, tengo una vaga idea de cómo llegar. No me plantes.

―No lo haré. Adiós.

Inmediatamente se alistó para salir y cuando bajó, no quiso dar demasiadas explicaciones a sus padres, iría hacia la ciudad y volvería al día siguiente probablemente. Saludó con un beso a todos y aseguró que volvería. Nadie le preguntó nada porque si no llevaba su equipaje, era evidente que tendría que volver por él. Arriba en su auto, lo único que pensó fue en cómo encarar la situación y sin embargo, aunque lo pensara, sabía que no le iba a salir de ninguna forma aunque lo planeara. Cuando llegó, después de horas y con las piernas entumecidas, Hermione estaba sentada en un primer escalón de su edificio. Ron la observó, ella todavía no lo había visto llegar, él había estacionado el auto a unas cuadras y llegaba caminando. Ella alzó la vista al escuchar sus pasos, hizo un amago por levantarse, pero él la frenó y se sentó a su lado. Miró hacia el suelo y chasqueó la lengua.

―Te ves mejor ―admitió Hermione. Lo observó pero también bajó la vista.

―Ya no estoy enfermo, ni con resaca…

―Ron, ¿qué quieres explicarme? ¿Me dirás por qué te fuiste aquella vez? ―preguntó. Cruzaron una mirada y él accedió a hablar.

―Mi madre está enferma, Hermione. Cuando me fui, fue por una posibilidad que tuve de salvarla ―comenzó a decir. Ella se quedó en silencio, temía que algo semejante hubiera sido el motivo―. Creí que la prioridad era ella y no me arrepiento de haber reaccionado de la manera en que lo hice.

»Un médico estadounidense ofrecía una operación de trasplante gratis pero a cambio de filmar un documental en directo, no sólo no costaba nada, de hecho, cobraríamos una suma importante por eso. Doné un riñón a mamá, mi hermano Percy se suponía que lo haría, pero se echó atrás y yo quería hacerlo igualmente porque tenía una posibilidad de estudiar allá, me quedaría en el país y, lo más importante, quería salvar a mi madre.

»Hacía poco me había enterado de lo que pasaba, creí que era menos grave, decidí hacerlo. Pero era vergonzoso. No poder pagar una operación… y probablemente lo que más me molestaba, era pensar que si se enteraban mis amigos, si te enterabas tú, podrías pensar que sólo lo estaba haciendo con motivos propios, para poder estudiar y ganar dinero y…

―¡No! ―negó Hermione con la cabeza, conmovida con la situación. Ron tragó saliva, no quería ser interrumpido y eso sería un problema―. Jamás pensaría eso nadie que te conociera lo suficiente…

―Me sentía avergonzado, Hermione. No quería que supieran la forma en que conseguí que trasplantaran a mamá, no quería realmente. Pensaba contártelo un día, fui un iluso. Creí que al volver estarías sola, pero la verdad es que volví demasiado tarde. No me gustó que estuvieras con Roger, no me gustó volver y ver que te habías comprometido con él, no me gustó decirte que no era lo mejor para ti y luego ver que te habías casado con él finalmente… Por eso me fui de nuevo.

Era cierto, Ron había vuelto luego de casi un año de estar en el extranjero, con su madre en mucho mejor estado y con la ilusión de poder disculparse con Hermione, sin tener que decirle la verdad de la situación, pero igualmente ella había rehecho su vida y él se había sentido solo y perdido, y con su posibilidad de estudiar en el extranjero, decidió irse allí a vivir unos años y luego volvió cuando Hermione ya estaba casada con Roger, provocándole la enferma idea en la cabeza a Ron, de tener que hacerle la vida imposible a su ex, de querer hacerle saber qué era lo que había perdido al no esperarlo.

―Yo… Hubieses dicho todo esto, Ron. ¿Por qué Ginny no me dijo nada? ¿Harry tampoco sabía? ¿Por qué? Yo te esperé, es cierto, volviste tarde. ¿Y todo lo que me hiciste sufrir este mes? ―inquirió con disgusto y llena de más reproches que le gustaría decir. Contrariada, pudo vislumbrar una media sonrisa en Ron.

―Eso no fue un sufrimiento… Te gustó. Todo el tiempo, te gustó todo lo que pasó…

―¡No seas pervertido y no cambies de tema!

―Hermione, no trataste de buscarme, ni de entender qué pasaba, no es que solamente yo fui un idiota que no dijo nada, tú no me insististe.

―¡No salgas con estupideces!

―No es nada estúpido, ¿sabes? No para mí. Mamá sigue enferma y parece que ni sirve lo que done… No sirvo para nada ―dijo ofuscado volviendo a bajar la vista, con los ojos llorosos, furioso, enojado consigo mismo.

―Es muy valiente lo que hiciste, si tan sólo te hubieras ahorrado todo lo demás. Cuando volviste para pedirme que no me casara… Sentí que eras sincero, pero me habías lastimado y Roger me había hecho sentir bien.

―¿No te sentías demasiado joven como para desperdiciar tu vida casándote sin quererlo? Porque es lo que yo hubiera sentido.

―¡Deja de atacarme, soy tan víctima como tú de tus actos! ―aseguró ella mirándolo mal. Se puso de pie y se tomó la cabeza, caminando de un lado a otro―. ¿Qué sucede con tu madre? ¿Puedo hacer algo por ella?

―No… Ahora está mejor, sólo es cuestión de tiempo… ―dijo poniéndose de pie también, sacando las llaves de su departamento.

―¡No digas eso! Eres tan pesimis…

―¡Hermione! ―la interrumpió tomándola por sorpresa, acercándose demasiado y sosteniéndole los brazos a un costado―. No tengo mucho más que explicarte, dime lo que tú debías decir y ya dejemos las excusas para otro momento.

Hermione lo miró con cierto miedo, la fiereza impulsiva de Ron resultaba ser amenazante, aunque sus cálidos ojos expresaban esa mezcla de angustia y fogosidad permanentes. El sol de media tarde dio de lleno en sus rostros, provocando un ambiente extraño e intenso… un momento muy particular. La respiración de él golpeó en la parte inferior de su rostro, cerca de su boca, apremiándola a decir algo antes que él le arrebatara las palabras.

―Estoy embarazada ―dijo con un hilo de voz, bien audible. Sus ojos se clavaron totalmente en él cuando agregó― y es tuyo.