Disclaimer: Los personajes pertenecen a Jk. Rowling.

N/A: Hola gente bonita, gracias totales por todos los comentarios. Aquí el siguiente capítulo. Faltarían dos más para el final (aunque muy ajustado todo). Quisiera haber hablado un poco más de las personas que aparecieron y bastante más de las que no aparecen en este capítulo, pero por cuestión de tiempo y espacio, no pude hacerlo y corté el capítulo hasta donde leerán. Un beso grande!


13

Familia

―¿Eh? ―musitó Ron soltándola y alejándose un paso atrás, como si no pudiera salir de su estupefacción. En un segundo cambió el gesto y se alivianó― ¿es broma, no?

―¿Cómo crees que…? ¡Olvídalo! ―dijo Hermione resoplando y volteando los ojos. La humedad de ellos indicaba incredulidad, tristeza.

―¿Estás embarazada? ¿En serio? ―preguntó Ron mirándola seriamente, con curiosidad pero con el corazón en la boca. Hermione asintió―. Pues no creo que sea mío…

―Si le hubiese dicho a Roger del embarazo, si le dijese que es suyo, lo habría aceptado sin más. ¿Y tú no me crees?

―¿Admites que es de él? ―cuestionó Ron cruzándose de brazos.

―¡No! No he dicho eso… ―explotó Hermione poniéndose roja. Una pareja que pasó paseando a un perro frente al edificio, los observó sin disimulo pero al ver cómo Ron los fulminaba con la mirada, siguieron de largo―. Lo que sí he dicho es que al menos es un caballero y lo habría aceptado si fuese de él.

―No te hubiese creído tampoco, ya sabe que te revolcaste conmigo ―inquirió y recibió un golpe seco en la mejilla que le giró la cara bruscamente―. ¿Ahora resulta que dije algo fatal?

―Eres un desquiciado ―dijo Hermione en tono neutral y vagó su mirada por el suelo. Ron hizo ruido con sus llaves, al quitárselas de los bolsillos mientras suspiraba. Las alzó delante de la cara de la castaña y las movió haciéndolas sonar.

―¿Quieres pasar? ―le preguntó seriamente.

―No sé si sería buena idea.

―Si vas a estar así de indecisa no sé para qué me vienes a contar esto… ―comentó bajando el brazo con desgana.

―Porque eres el padre y se supone que tienes que saberlo… Y porque no oculto las cosas como otros hacen ―agregó observando sus azules ojos.

―Mira, tengo que volver a casa con mi familia, vine solamente a hablar contigo y…

―¡Porque no podías soportar la culpa! ¡Tenías algo que decir y ahora que ya lo hiciste te sientes libre de irte y no escucharme! ―le gritó en la cara y Ron se cubrió a la defensiva.

―¿Por qué estás tan histérica? Te estoy escuchando y no tienes que gritarme así ―sentenció Ron y la tomó de un brazo jalándola hacia dentro del edificio.

―¡Suéltame, Weasley, o no respondo! ―amenazó Hermione mientras él, con toda tranquilidad pero siempre de manera brusca, la empujaba dentro del ascensor y presionaba el botón que los llevaría unos pisos más arriba.

―¿Qué vas a hacerme, eh? ¿Acaso piensas gritar y llamar a la policía porque te estoy dirigiendo a mi departamento para poder hablar del que dices que es mi hijo? ―cuestionó desafiante mientras acercaba su rostro al de ella en el escaso espacio.

El timbre de llegada y las puertas abriéndose automáticamente no lograron sacarlos de su enfrentamiento y ofuscación. Hermione lo observó anonadada, por un lado quería salir corriendo, sentía ganas de llorar. A cada segundo se humillaba más frente a él, primero porque no le creía que el hijo fuera suyo y segundo porque había pensado que tras contarle la verdad, Ron iba a ser un poco más cordial, pensaba que se parecería al Ron de antes, el joven y paciente y no el loco en que se había convertido. Pensaba que iba a reaccionar de otra forma y, sin embargo, aunque no le gustara su manera de ser, no podía sacarle los ojos de encima, ni podía correr como quería hacerlo. Simplemente humillada, así se sentía, porque él parecía estar burlándose de ella… otra vez.

Con el rostro a centímetros del de Hermione, Ron bajó la mirada hacia los rozados labios de ésta, aunque cerró los ojos con pesar cuando escuchó de nuevo el sonido que anunciaba que las puertas se cerrarían tras ellos.

―¿Quieres dar un paseo en ascensor? ―preguntó casi con cansancio, pero con su dejo de sarcasmo siempre.

―Quiero que me apoyes…

―¿En qué sentido? ―dijo haciendo una mueca pícara alzando las cejas, pero sin sonreír―, si me adelanto un poco más, ya te estaré rozando…

―¿Por qué los hombres siempre piensan con un doble sentido? Me refería al bebé, quiero que me apoyes en lo que tiene que ver con él, no quiero que desconfíes de mí sólo porque sí, si necesitas una prueba puedo hacérmela simplemente… Sólo tienes que pedirlo amablemente ―aseguró Hermione casi rogando con la mirada. Ron volvió a presionar un botón, sin contestarle todavía y en cuestión de segundos caminaban por su piso hacia la puerta de entrada de su departamento.

―Te lo pediré amablemente entonces. ¿Y de cuánto estás? ―preguntó Ron queriendo saber mientras abría la puerta y la hacía pasar.

Hermione se dio paso resoplando y observó la ordenada vivienda de Ron. Casi tan meticuloso como en su oficina, el pelirrojo tenía todo en su lugar. Hermione se volteó cuando él cerró la puerta y se apoyó en ella cruzándose de brazos y mirándola como si la traspasara al completo. La chica se sonrojó por aquello y contestó.

―De un mes, ¿recuerdas… aquella primera vez cuando… regresaste? ―preguntó teniendo algunas imágenes mentales de golpe en la cabeza. Ron asintió evocándolas también en su mente―. Pues… ese fue exactamente el momento, creo.

―¿Estás segura de que es mío? ―preguntó Ron, sin despegarse de la puerta, como si se castigara, como si se prohibiera a sí mismo acercarse a ella, tratando de fingir enfado o, al menos, cierto reproche.

―Sí, segurísima. Con Roger… Bueno, no es que no lo hayamos hecho, pero con él me cuidé siempre. Además, desde que llegaste estuve fastidiosa y… me resistía demasiado a… hacerlo c-con él ―explicó con timidez, casi como si supiera que Ron usaría eso en su contra para fastidiarla con aquel cuento innecesario que decía que no era sexualmente activa con el "idiota" de su marido. Sin embargo, Ron siguió mirándola intensamente, con las cejas levemente fruncidas y la mirada limpia y tranquila.

―Ojalá me hubieras dicho que no lo habías hecho con él desde que yo volví ―deseó descruzándose de brazos pero metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón. Hermione se acercó un poco, dubitativa, pero sin dejar de corresponderle la mirada.

―Seguíamos juntos, tenía la esperanza de que desaparecieras y me dejaras vivir en paz con él. Ahora todo está al revés… No creo soportar alguna otra huida de tu parte ―admitió ella y tragó saliva mientras sentía como el ritmo de su corazón se aceleraba.

―No me atarás a la cama, ¿o sí? ―musitó Ron despacio, arrancándole una pequeña sonrisa a Hermione.

―Seguramente eso no serviría de mucho ―comentó, acercándose más decidida.

Él no se movió, los metros que los separaban de repente se hicieron centímetros y éstos se redujeron a la nada misma, en cuanto Hermione dejó de dudar, dejó de sentirse humillada y dejó de pensar para dejarse llevar por un impulso reciente, el impulso quizás más lindo de la vida; el querer besar a una persona y hacerlo sin impedimento alguno. Ron no se movió, seguía paralizado. Era la primera vez que se sentía víctima de una situación, con un escalofrío recorriéndole por la espalda incluso. Había estado pensando segundos antes en aquella frase que no dejaba de resonar en su cabeza: «Estoy embarazada y es tuyo», escuchaba la reverberación interna. No sabía cómo, sus manos parecían inexpertas y subieron temblorosas hasta situarse en la espalda de Hermione, mientras ella se dedicaba a besarlo en la boca, succionando sus labios con toda sensualidad y cierto salvajismo. Se dejó llevar por ella, hasta que un gemido de su garganta y la separación literal de sus labios lo devolvieron a Tierra, haciéndolo suspirar.

―Estoy embarazada, Ronald ―repitió con falta de aire, muy cerca de su boca, rozándolo―. ¿Me crees?

―Sí ―respondió él en un susurro, dándole un corto beso y apoyando su frente en la de ella.

―Entonces no me hagas poner tan fastidiosa, me haces rabiar por nada ―dijo Hermione y se dedicó a besarlo una vez más.

―Tú me provocas ―comentó entre un beso.

―Eres muy fácil de provocar…

―No tan fácil.

Enterrando sus largos dedos en el cabello de la nuca de Hermione, la obligó a no separarse mientras se seguían besando casi con desespero. Todos sus sentidos se pusieron en juego cuando Hermione gimió su nombre pero se separó de él de improviso.

―¿Qué pasa? ―le preguntó de inmediato y comenzó a besar su cuello esperando que su respuesta resonara en su oído, haciéndole cosquillas en aquella zona.

―Quiero, pero no podemos… ―dijo ella, dejando que Ron siguiera acariciándole la piel con sus labios.

―Nada malo pasará, lo hicimos la semana pasada, en tu cumpleaños… Haz de cuenta que no lo sabes todavía ―comentó Ron al separarse, entendiendo el miedo de Hermione.

―Lo sé, pero no quiero que vayamos tan rápido ―inquirió y Ron sonrió casi con burla. Se separó de la puerta y la hizo girar para que fuera ella la que quedara contra allí, aprisionada por él―. Ron…

―¿Qué? ―preguntó desafiante, con una sonrisa ladeada.

Hermione se mordió el labio inferior antes de besarlo de lleno, con los labios completamente entreabiertos y su lengua tocándose con la de Ron, ávida y pervertida, feliz de sentirse en casa, en su lugar preferido. Ron la cargó, al separarse, y la llevó a su habitación para terminar lo que habían empezado.


Observando el horizonte, el sol cayendo en pleno crepúsculo, Natalie sonrió. La brisa movía levemente su cabello hacia un costado, permitiéndole a Theodore jugar con algunos detalles sombreados en su dibujo. El chico aficionado por aquel arte, tomaba un retrato de ella, apoyada sobre la barandilla del balcón de su habitación, estando descalza y sólo con una larga camisa celeste que no le pertenecía y le cubría parte de sus piernas también desnudas. Ella quiso girar la cabeza pero no lo hizo para respetar la posición, sin embargo, habló igual.

―¿Y? No es que esté incómoda pero ya me estoy entumeciendo un poco ―comentó provocando una suave risa en el moreno.

―Quédate así, sólo me falta una parte… ―aseguró él, trazando varios caminos con su lápiz en el papel.

Un viento un poco más enérgico del que sopló en toda la tarde, hizo que el pelo castaño casi rubio de Natalie, se pusiera en sus ojos y tapara parte de la mejilla que Theodore pretendía acentuar. Él se paró de inmediato, apoyó su teléfono sobre la hoja para que no se volara y se acercó a ella, corriéndole con ternura los mechones de cabello a donde correspondieran. Natalie hizo un movimiento casi por instinto al sentir una cosquilla pero Theo la frenó con un susurro.

―No te muevas ―le pidió y le provocó un escalofrío―. Estás temblando.

―Por el viento… ―aclaró Natalie no muy convencida de aquello.

Theodore volvió a correrle un pelito que, por el gesto de Natalie, parecía estar molestándole justo arriba de una ceja. Pasó el dedo delicadamente por allí, respirando pesadamente sobre la oreja de ella. Bajó aquel mismo dedo, recorriendo la mejilla, buscando su cuello y llegando a la parte descubierta de su hombro. Natalie carraspeó.

―Pensé que eras un poco más tímido ―inquirió sonrojada, con los ojos cerrados, sin moverse.

―¿Después de lo que pasó anoche?... No, definitivamente no puedo ser tan tímido contigo ―admitió, aunque igualmente lo dijo con inocencia que Natalie supo reconocer.

La chica sabía a qué se refería exactamente. Luego de su primer beso, él la había acompañado hasta la casa de Ron y allí la había dejado, despidiéndose escuetamente. Los días siguientes en la empresa, habían estado bastante comunicativos e incluso tenían momentos de miradas cómplices o roces de manos, pero nada más allá de eso. Sucedió que el viernes se fueron tarde y Natalie accedió a acompañar a Theodore a su casa para cenar juntos. El chico le contó sobre su pequeña familia, que sólo su madre tenía un hermano, aunque ni siquiera se aparecía a cumplir un rol de tío, que ella había muerto años atrás, que su padre tenía una industria maderera, vivía junto al mar y había rehecho su vida con otra buena mujer… Que a él le gustaría vivir junto al mar también, cuando no necesitara trabajar. Natalie supo varias cosas esa noche y también contó algunas otras, sólo que su familia era muy tradicional y aburrida y, según ella, no tenían nada de interesante. Eran hijos únicos, algo en lo que ambos coincidían, no era de lo mejor. Aquella noche, Natalie olvidó que no había pasado mucho tiempo de conocerlo, ni mucho menos de besarlo por primera vez, rompiendo una regla propia establecida por su cabeza racional, que decía que al menos debían pasar varios meses de conocer a la persona con quien estaría en todos los sentidos, había dejado que Theodore llegara mucho más lejos que unos simples besos, sintiéndose en plena confianza de embriagarse por aquel sentimiento enamorado, que sin pensarlo demasiado los había unido totalmente.

Actualmente, Natalie no sabía qué contestar, el pecho desnudo del muchacho se apoyaba contra su espalda y sus carnosos labios rozaban su mejilla en un pequeño y dulce beso. Él la abrazó y ella se apoyó en su pecho, olvidando la posición que debería respetar para el dibujo.

―Estás ruborizada ―comentó al pasar, riéndose un poco. Natalie también sonrió.

―Estaba recordando ―dijo.

―¿Se puede saber qué? ―La pregunta hizo que Natalie se separara y volteara para verlo de frente. Enroscó sus brazos alrededor de su cuello enseguida.

―Tú sabes qué… ―contestó alzando una ceja sugerente.

―No, no lo sé, ¿puedes explicarme? ―Hizo una pequeña sonrisa antes de ver como ella se acercaba para atrapar sus labios entre los suyos y cerró los ojos. Su corazón se aceleró, mientras sus brazos rodeaban el menudo cuerpo de Natalie. Cuando se separaron, ella también estaba devolviéndole la sonrisa.

―¿Quieres acompañarme mañana a visitar a Ron? ―le preguntó la chica―, estará en la casa de campo de sus padres.

―Ya sabes que no es santo de mi devoción… ―comenzó a decir―, pero me parece que siempre tuvo sus razones para ser como era. Con esto de su renuncia, ¿crees que cambió?, ¿o que volvió a ser ese que dices que era antes?

―Ron siempre fue igual, lo que pasa es que no se muestra como es… Tú eres así también, así que comiences a juzgarlo. ¿Quieres acompañarme o no? ―preguntó acariciándole abstraída el pelo oscuro en algún punto detrás de su oreja.

―Sí, es probable… Con una condición ―inquirió.

―¿Cuál?

―Que me dejes terminar de dibujarte ―dijo y Natalie pareció resoplar aliviada―. ¿Qué?

―Pensé que me pedirías que posara desnuda o algo así… ―admitió. Theodore sonrió inmediatamente.

―Eso te lo pediría para otra cosa, sería muy tentador tenerte así sólo para retratarte ―confesó con su aterciopelada voz y provocó que ella lo golpeara en el pecho bien despacio.

―Me gusta que dejes la timidez pero no tomes tanta confianza ―le sugirió Natalie y lo abrazó dándole un beso en el cuello antes de dejar descansar su cabeza en el hombro de él.

―Sólo bromeaba, tú sacaste el tema… ¿Aceptas la condición entonces?

―Sí, pero termina rápido porque se nos va el sol ―respondió la chica separándose y tratando de posicionarse igual que antes. Theo la miró, negó con la cabeza y se volvió a sentar para finalizar el dibujo.


Quizás habían dormido tres horas luego del desgaste físico que habían estado haciendo. Sólo sabían que era de noche cuando volvieron a abrir los ojos, Hermione antes que Ron, abrazándose a su cuerpo desnudo, aquella piel caliente que tanto le gustaba rozar y que volvía a hacerla sentir como en su primera vez, protegida, amada. Él se removió un poco y la observó. Hermione lo miraba fijamente, mordiéndose el labio, respirando con tranquilidad. Ron se escondió bajo la fina tela blanca que los cubría y Hermione sin saber exactamente qué tenía pensado él, sintió que apoyaba sus labios cerca de su ombligo y sonrió.

―Este vientre plano crecerá demasiado, ¿no? ―escuchó que decía Ron―. Si será Weasley, comerá demasiado.

―¡Ron! ―pronunció Hermione enternecida. De un momento a otro, el pelirrojo se movió descendiendo y Hermione gimió alargando el cuello y estirándose hacia atrás―. ¿Qué demonios me haces?

―Shhh, no digas esas palabras, Granger, no eres tú cuando lo haces.

―No soy yo cuando me tocas ―masculló entre dientes mientras sentía cómo la lengua de Ron inspeccionaba un área que la hizo vibrar al completo. Se arqueó hacia atrás y abrió más sus piernas dejándolo hacer su labor desquiciante―. ¿No te c-cansas nunca?

Ron no contestó, apoyó sus manos a los costados de su cuerpo y hundió el colchón al hacer fuerza para incorporarse más y quedar a la altura de ella, volviendo a surgir debajo de la sábana, observando la cara de disfrute de la mujer que tanto le gustaba, quien ese mismo día lo había sorprendido con la noticia de que le daría un hijo. Hermione lo miró a los ojos y respiró entrecortadamente al sentir que el miembro de Ron volvía a rozar su intimidad, queriendo pedir permiso para entrar en ella, mientras Ron le devolvía la mirada con sus azules ojos, intensos como el cielo. Subió una mano hacia ella y le acarició el rostro, trazando un breve camino por el puente de su nariz hasta sus labios. Hermione enredó sus piernas alrededor de la cintura de Ron y lo dejó embestir contra ella cómodamente. Él le besó el mentón y bajó por su cuello mientras los músculos de su espalda se tensaban y destensaban en cada movimiento de vaivén. Ella lo seguía abrazando, permitiendo que sus manos reconocieran cada superficie que tocaban, jadeando los dos mientras más rápido y profundo penetraba Ron en ella. Hermione volvió a buscar la boca de Ron, él la entendió perfectamente y se besaron iniciando una batalla de lenguas insaciables. Cuando cortaron el beso tras un gemido ahogado de Hermione, ella lo miró intensamente y habló.

―¿Estarás conmigo, Ron? ―le preguntó.

―Estoy aquí ―dijo, moviéndose sobre ella, observando con gusto cómo ella no podía quitar su expresión de placer.

―Quiero saber… ―comenzó a decir, con dificultad para hablar mientras le faltaba el aire y Ron volvía a besarla.

―¿Qué… quieres… saber? ―logró preguntar Ron entre beso y beso. Hermione le mordisqueó el labio y Ron alzó su cabeza luego, para escucharla.

―No estás jugando conmigo, ¿no? ―Sus ojos reflejaron la seriedad de aquello que tanto le preocupaba.

―Nunca jugué contigo… ―contestó Ron.

―¿No? ―preguntó con voz irónica.

―Hice todo lo que tenía que hacer… ―aseguró él volviendo a embestir fuertemente. Ella entreabrió los labios y Ron la escuchó gemir su nombre, completamente extasiada―, para recuperarte.

―Fuiste un demente ―dijo ella, subiendo una mano para acariciarle la mejilla.

―Soy un demente y te gusta que lo sea ―inquirió Ron sonriendo. Hermione suspiró antes de darle un corto beso―. ¡Mierda, terminemos con esto!

―Ay, ¿por qué eres tan…? ―No pudo decir nada más ya que Ron le tapó la boca para que no hablara más y ella simplemente comenzó a seguir el ritmo frenético de él, llegando a terminar con aquel apasionado acto.

Ron se corrió a un lado, respirando profundamente, con su pecho subiendo y bajando, al igual que el de Hermione, ambos perlados de sudor. Giraron la cabeza para verse, satisfechos el uno con el otro, y Ron le corrió un mechón de cabello castaño que se le pegaba a la frente, hacia un costado.

―Dije que volvería a la Madriguera, ya es muy tarde, sería mejor viajar a la mañana temprano… ¿Quieres venir? ―le preguntó Ron y luego tragó saliva, esperando una buena respuesta de su parte.

―Me encantaría pero… es muy pronto. ―Él sabía que diría algo así.

―No es tan pronto, si cuentas todos los años que hace que no vas allí ―dijo Ron.

―No sé si sea lo mejor… enfrentarse de un momento a otro a todo el pasado. Además, no quiero que nadie sepa nada del embarazo todavía, me enteré esta semana y... bueno, no me siento demasiado segura ―admitió ella. Ron la abrazó, pegándola a su pecho y besándola en la frente.

―Yo tampoco quiero decírselo a nadie. Es mejor esperar ―comentó estando de acuerdo con ella―. Pero ¿vendrás?

―Está bien. Sólo una cosa ―condicionó― ¿qué diremos de nosotros? Yo… todavía estoy casada con Roger.

―¿Siempre tienes que mencionarlo? ―inquirió con mala cara―. Pues nada, no tenemos que dar explicaciones.

―Hum…

―¿Qué?

―Nada.

―¿Quieres que nos levantemos?

―Sí y no.

―Un poco de decisión, mujer ―dijo Ron, negando con la cabeza. Sin esperar a que dijera algo, él se sentó en la cama y se puso de pie sin inmutarse por su desnudez. Hermione alzó las cejas y sonrió al ver su deseable figura. Ron ladeó una sonrisa y luego bajó la vista mirándose―… y luego soy yo quien no se cansa nunca.

―No he dicho nada… ―aclaró Hermione, sin dejar de mirarlo, mientras él se vestía. Dejó su torso descubierto y recorrió el espacio hasta salir de la habitación.

―Si quieres quédate, cocinaré algo ―le dijo Ron alzando la voz.

―¿Sabes cocinar? ―preguntó ella extrañada.

―No te ilusiones ―comentó asomándose de nuevo por la puerta―, soy muy básico.

―Oh, vaya, eso debí imaginármelo ―contestó ella, burlándose. Ron frunció el entrecejo pero luego sonrió y volvió a la cocina para dedicarse a algo simple.


El domingo llegó, regalando un día de sol a pleno. Para cuando Ron y Hermione llegaron a la Madriguera, una niñita de cabello rubio los abordó corriendo hacia ellos, con una mujer totalmente parecida persiguiéndola para que no se fuera más lejos de lo debido. Ella se detuvo cuando vio que era Ron quien había llegado y que alzaba a su sobrina en brazos. Hermione observó todo quedándose cerca del auto, sin animarse a avanzar por el camino de tierra. La rubia puso los ojos en ella, con mucha curiosidad, pero luego, cuando Ron bajó a su hija, fue hacia él y lo abrazó con una gran sonrisa. Ron le correspondió y la abrazó muy fuerte, hasta levantarla del suelo.

―¡Hola, Fleur! ―saludó Ron, separándose de ella pero sosteniéndola por la cintura―. ¿Cómo estás?

―Todo en orden, ¿y tú? ―preguntó mirando de reojo a Hermione, a quien se le había acercado la pequeña de cuatro años.

―Bien ―aseguró Ron, también mirando a la chica―. Ella es Hermione.

―¿Hegmione? ―preguntó la niña con una vocecita muy aguda, mirándola con los ojos azules muy abiertos―, ¿es tu novia, tío Gon?

―¡Demonios, se le pegó tu acento! ―dijo Ron como un reproche hacia su cuñada, sin contestarle a la rubiecita. Fleur lo miró entrecerrando los ojos, lo soltó y se acercó a Hermione para saludarla.

―Mi nombge es Fleug y ella es mi hija Victoige… ―se presentó, dándole un beso y haciendo que su hija también la saludara.

―Lo que quiso decir es que ella es Fleur y mi sobrina se llama Victoire, no le prestes atención a su acento raro ―le pidió Ron graciosamente y se quedó serio luego, al levantar la cabeza y observar al hombre que se acercaba a ellos, pasando por el portillo con otra niña en brazos, aunque mucho más pequeña y pelirroja como él―. Hola, Bill…

―Buenos días ―contestó el muchacho, saludándolo―. Dale un beso a tu tío, Dom.

La niña que tenía los ojos azules tan grandes como su hermana, sonrió perversamente y pataleó para que su papá la bajara, sin saludar a Ron.

―Esa niña no me quiere, no me cansaré de decirlo… ―comentó Ron mientras veía a Victoire y Dominique corriendo por todos lados en derredor a los adultos. Bill se acercó a Hermione, la supo reconocer, la había visto muchas veces cuando era pequeña.

―¡Hermione, cómo has crecido! ―le dijo Bill, dándole un pequeño abrazo. Ella le sonrió―, no esperaba verte por aquí.

―Ni yo misma lo esperaba ―aseguró ella, bastante sonrojada y miró a las niñas―. ¿Son tus hijas?

―Sí, claro, imagino que ya Ron te presentó a Fleur ―dijo él con simpatía, pasando un brazo por los hombros de su mujer.

―Sí, ya lo hizo ―respondió mirando a Ron, quien a su vez, se quedó mirándola.

―¡Dominique! ―gritó de repente Fleur, sacándolos de su ensoñación―, baja ya de ahí.

―¡No! ―contestó la niña, empacada. Ron sonrió observando la situación y se cruzó de brazos; la hija pequeña de Bill y Fleur estaba encima de un pequeño tronco y su hermana la miraba con mala cara. Fleur la tomó en brazos e hizo que Victoire también la siguiera de cerca.

―¿A quién salió este pequeño demonio? ―preguntó Ron abstraído. Bill lo miró frunciendo el entrecejo.

―Mi hija no es ningún demonio… Ya veré qué tan bien te las arreglas cuando tengas algún hijo tú ―respondió algo ofendido y se fue persiguiendo a su mujer, para ayudarla a que las niñas entraran en el predio y dejaran de hacer locuras.

Ron y Hermione se miraron en complicidad y avanzaron siguiéndolos. Ella tomó su mano mientras más se acercaban a la casa. Por la puerta delantera salió Ginny, con sus rizos pelirrojos atados en una coleta alta y su sonrisa siempre brillante, y al ver a Ron y Hermione de la mano se quedó paralizada, analizando la situación. Luego Hermione se soltó de él y se acercó a abrazar a su amiga que le correspondió gustosa y le susurró algo que sólo ella pudo escuchar: «ya era hora».

―No sabía que estarías aquí ―dijo Hermione, feliz, porque al menos había alguien más con quien podría no sentirse incómoda―, ¿Harry está aquí?

―Sí, por supuesto, ya sabes… Lo traigo atado con correa ―dijo en broma, sonrió a su amiga y saludó a Ron también susurrándole algo―. La vuelves a lastimar y te la corto, Ronnie.

Ron tragó saliva exageradamente, fingiendo miedo y le dio un beso en la mejilla a su hermana. Volvió a acercarse a Hermione y esta vez fue él quien la tomó de la mano y la llevó hacia el interior de la casa. La situación no fue tensa para nada. Molly y Arthur habían visto a Hermione años atrás, incluso cuando Ron no estaba en el país, pero hacía tiempo que no pasaba por allí. Para Hermione, ahora que sabía la verdad, era notorio que la madre Weasley estaba enferma y bastante envejecida, y se daba cuenta de que era como Ron decía, cuestión de tiempo.

Estaban cerca de la hora del almuerzo, Hermione saludó a toda la familia presente, que incluía a Percy y su novia Audrey, y a Charlie, que era la primera vez que lo veía en casa, ya que el hombre siempre andaba viajando al extranjero. Los gemelos Weasley no estaban en casa. Harry se sentó con Ron, Ginny se dedicó a ayudar a su madre y, mientras, esperando la cocción de la comida, Fleur salió afuera junto a Hermione, sentándose ambas en una banca de madera, mientras observaban a Victoire y Dominique jugar por el jardín.

―Así que tú eges la famosa Hegmione… ―dijo Fleur, como si nada.

―¿Sabías de mí? ―inquirió con el ceño fruncido.

―Clago, Gon fue el primeg Weasley que conocí… Estábamos en Estados Unidos ―relató ella―, él me habló de ti. Nos hicimos amigos y tuvimos una muy cogta gelación… ya sabes, de una noche.

―¿En serio? ―preguntó con recelo―. ¿Y no resulta algo… incómodo?

―Al pgincipio sí. Gon se había obsesionado un poco conmigo, pogque yo lo había hecho sentig bien y él estaba mal pog ti… Pego, bueno, después conocí a Bill y me enamogé de él. Gon se sintió engañado pego lo aceptó enseguida en cuanto se dio cuenta de que ni Bill ni yo habíamos pgemeditado querernos. Además, quedé embagazada muy gápido ―le explicó ella.

―Pero… digamos que… teóricamente ¿Victoire podría ser hija de Ron? ―preguntó avergonzada sólo por pensar en plantearle aquella posibilidad.

―No, nada de eso… Con él había estado bastante tiempo antes ―aseguró Fleur, aliviando a Hermione.

―Y entonces, ¿Ron aceptó lo de Bill y tú al darse cuenta de que estaban enamorados o sólo porque tendrían a Victoire? ―preguntó Hermione.

―Lo único que lamento es que desencadenamos con esto que dejaga de confiag en las mujeges… Fue mi culpa, pego es bueno que ahoga estén de nuevo juntos ―dijo Fleur, convencida al máximo, con una sonrisa sincera―. Él aceptó lo nuestgo simplemente al dagse cuenta que pog mí no sentía nada más que apgecio. Es una buena pegsona y no hay nada incómodo entge nosotgos ni entge él y Bill. Pego nadie más sabe de esto.

―No tendrá por qué saberse entonces ―acordó Hermione entendiendo su mirada.

Más tarde, luego de un almuerzo exquisito y los muffins de chocolate preparados por Ginny, llegaron Natalie y Theodore para sorpresa de todos. Se dio una extraña situación, en la que la familia Weasley y demás allegados estaban dispersos por el jardín delantero, disfrutando del sol, cuando Ron y Hermione se acercaron con las manos entrelazadas hacia la cerca de madera para recibir a la pareja, que también se acercaba con las manos unidas, y se quedaron enfrentados, sorprendidos de encontrarse así.