Disclaimer: Ya saben, todos los personajes son de JK Rowling, yo sólo me robo sus nombres por un ratito para darles una función en otro contexto y luego los devuelvo al cannon original (?)
N/A: Tardé demasiado, entre irme de viaje y meditar sobre cómo seguir (porque no estoy haciendo las cosas tal cual las planeé en un principio), bueno, se me fue un poco el tiempo, incluso la facultad me tuvo muy ocupada y entretenida también. Tal vez, soy de esas pocas personas a las que le cansa, pero le encanta aprender todo lo que está aprendiendo. Por eso de nada me arrepiento. Ahora tengo tiempo libre y espero terminar el fic antes de fin de año. Sólo restan otro par y tal vez un capítulo de cierre pero no epílogo. No lo he dicho antes, pero esta historia tiene una segunda parte que no necesariamente sigue la línea de esta misma. Seguirán Ron y Hermione con esta nueva situación de ser padres, algunos personajes se irán, otros secundarios pasarán a tener roles más protagónicos y demás. Pero eso lo diré después, no es necesario que me sigan leyendo ni seguir torturándolos jaja, solamente quiero probar con una historia donde Ron y Hermione estén con el embarazo ya que se abren otras posibilidades de contar cosas que nunca pude narrar, así que seguir la historia en otro fic me viene como anillo al dedo. Gracias por esperar..., y para quienes sé que están ahí pero no me comentan porque son demasiado vagas, muchas gracias! =) Es un placer escribir para todos ustedes.
PD: Mierda, nunca escribí tanto antes de dejarlos con el capítulo. No molesto más =D Sólo decir que partí el cap en tres para que no fuera largo ni aburrido. En unos días publico el siguiente que se llama Cambio!
14
Distensión
Ginny ponía demasiada atención a la mano en movimiento de Theodore. El muchacho dibujaba muy bien y arrastraba rápidamente un lápiz sobre una hoja blanca de su inseparable carpeta de dibujo. Posando para él se encontraban Bill y la pequeña Dominique, que intentaba escapar de los brazos de su padre. Natalie lo había dejado allí, expresando su arte, mientras ella se dirigía a caminar un poco con Ron para poder hablar a solas entre amigos. Como ya era la media tarde, se había levantado una brisa cómoda que a Ginny le provocó frío mientras observaba desde una banca a su familia distendida por el jardín, algunos charlando, otros jugando. Harry pasó delante de ella y se sentó a su lado abrazándola por la cintura y haciendo que la joven se recargara sobre su pecho. Suspiró tranquilamente sintiendo la cercanía de su marido y sonrió alzando la cabeza para mirarlo. Él también la observó de los ojos a su boca, alternativamente.
―¿A qué se debe esa dulce sonrisa? ―preguntó Harry, con los ojos verdes brillando a través de sus cristales.
―A nada que tú no sepas… ―comentó Ginny alzando un poco las cejas, sugestivamente, como invitándolo a cometer alguna indecencia. Harry sonrió pero dejó de mirarla mientras sentía que su corazón se aceleraba de a poco. Se sonrojó mirando hacia el frente pero sintiendo la mirada de Ginny completamente dirigida hacia él―. Me da risa que te pongas tan nervioso.
―Y a mí me da gracia que a veces seas tan obvia ―respondió Harry mordiéndose el labio y volviéndola a mirar. Ladeó la cabeza y se acercó a ella rozando su nariz con la suya.
―Me gusta arriesgarme con las cosas y si se trata de algo… llamémosle sucio, más aún, porque tú te pones muy histérico y no puedo evitar divertirme a base de eso ―explicó la pelirroja a quien el sol vespertino le daba de lleno y provocaba que su cabello se viera más rojo fuego de lo normal y encandilara más a Harry con su natural belleza, resaltándole las pecas e imperfecciones de las que él estaba enamorado.
―¿Quieres hacer algo sucio aquí? ¿Con casi todos tus hermanos presentes y tus padres? ―preguntó Harry en un susurro apresurado mientras fruncía las cejas. Ginny asintió y él puso cara de pocos amigos―. No, gracias, quiero seguir con vida.
―Querer no es poder, Harry. Y nosotros definitivamente no haremos nada de eso hoy, pero me gusta jugar con tus reacciones ―admitió y disminuyó la distancia, embargándose de su aliento y besándolo despacio, mientras con su mano acariciaba la mejilla del muchacho que estaba muy caliente por haber recibido el sol largo rato de un mismo lado. El sonido de un celular vibrando fue lo que generó la separación de aquellas disconformes bocas. Harry chasqueó la lengua y buscó el móvil en su bolsillo.
―Es el mío ―dijo poniéndose de pie. Miró un segundo el aparato para identificar quién era pero el número era desconocido, así que atendió sin más―. ¿Sí? Ah… ¿Cómo estás?... ¿Seguro? Puede ser que sí… ¿Cuándo? ¿¡Mañana! Ahh… pero sabes que lleva bastante tiempo, no es de un día para el otro…
Hermione se acercó observando con gracia cómo Harry parecía hacer muecas extrañas mientras hablaba por teléfono. Se sentó junto a Ginny que fruncía el entrecejo sin entender nada y se cruzó de brazos tirándose sobre el respaldo mientras en su rostro surgía una sincera sonrisa de bienestar. No sabía cuánto podía durar eso, pero se sentía bien estando con la familia Weasley casi al completo. No había que entrar a la casa para saber que Percy estaría sentado en el sofá cómodamente mientras leía el periódico, que Arthur estaría preocupándose por su mujer y atendiéndola con gusto y amor en todo lo que necesitara o tal vez mirando la televisión mientras dejaba que ella durmiera la siesta recostada a su lado, o que Audrey y Fleur estarían charlando como dos fascinadas adolescentes mientras observaban revistas femeninas de chimentos y las comentaban intentando no hablar muy alto y molestar a Percy de esa forma. Hermione pensó en aquella familia, bien constituida, totalmente enorme y feliz… Sus padres no eran los mejores, pero la amaban demasiado, igualmente se sentía extraño tener una familia tan diferente a la de Ron. Observó a Charlie pateando un balón con muy poca fuerza, mientras hacía que Victoire la atajara al otro lado y se pusiera a chillar y reír con nerviosismo cuando no podía hacerlo por más lenta que iba la bola. Más lejos, bastante más, Natalie y Ron miraban hacia el granero, mientras él parecía estar señalándole algo y explicándose sobre su casa. En realidad, Hermione sabía que no precisamente iban a hablar de esas cosas, que la jovencita vivaz quería saber acerca de su relación y cómo habían llegado a estar de acuerdo. Pensando en eso, sus ideas volaron hacia Theodore, que alzó la cabeza y la miró sonriéndole y saludándola con una mano, para seguir luego con sus dibujos mientras Dominique, mucho más apaciguada, le seguía pidiendo retratos, ya que le habían gustado mucho sus dibujos. Bill ponía los ojos en blanco, pero luego se enternecía con su pequeña y no podía dejar de mirarla con una sonrisa boba. Harry, sin embargo, seguía caminando de un lado al otro pero ya no hablaba con nadie, miraba su celular y parecía pensativo. Se mordía las uñas, cosa que muy pocas veces solía hacer, excepto cuando estaba nervioso por alguna cosa que tuviera que decir. Ginny bufó y Hermione la observó curiosa.
―¿Qué le pasa a Harry? ―preguntó volviendo a mirar al moreno.
―No tengo idea, alguien llamó y está así ―dijo señalándolo―. Tal vez sea por trabajo, a veces algunos casos lo ponen más nervioso que a mí misma.
―Puede ser… actúa raro ―murmuró y en ese momento el aludido la miró y tragó saliva. Se acercó a ellas titubeando sin saber qué decir.
―¿Todo bien, Harry? ―inquirió Ginny. Él resopló.
―Sí, solamente era un cliente… ―respondió.
―¿Y por qué tan nervioso? ―dijo Hermione, aunque repentinamente su atención se desvió un poco hacia Ron, que se alejaba más todavía, junto a Natalie, dirigiéndose hacia el viejo granero.
―La gente a veces es muy nerviosa y me suelen traspasar sus nervios a mí… Nada importante ―comentó rascándose detrás de la oreja. Hermione no le dio importancia, aunque Ginny miró sospechosamente a Harry, y se puso de pie para averiguar qué tramaba Ron con su mejor amiga, pero alguien le chistó y la hizo detenerse.
―¿Adónde cree que va, señorita Granger? ―Fue Theodore el que habló y se puso de pie alcanzándola, dejando su dibujo terminado junto a sus cosas mientras Dominique le echaba un vistazo con ojitos brillantes.
―Quiero seguir a Ron ―sentenció Hermione observando que el pelirrojo y su amiga se perdían dentro de aquellas paredes de madera. Nott apoyó una mano en su hombro y la miró tan seriamente como siempre, pero con ese dejo de humildad.
―No te quiero pedir que confíes en Weasley, pero en Natalie puedes confiar ―convino él encogiéndose de hombros.
―Theo, supe que te habías enamorado de ella probablemente desde la primera vez que la viste. Es evidente y ahora estás intentando algo con ella pero, efectivamente, estamos hablando de Ron… ―comentó ella resoplando luego y acercándose un poco más, machacando con fuerza la hierba bajo la suela de sus zapatos. Theo la volvió a seguir y a frenar su caminata.
―Retiro lo dicho, creo que deberías confiar en Ron… Me parece lo más sensato, si lo quieres tanto como para abandonar a un tipo tan seguro como Davies por él… No quiero decir nada de lo que me pueda arrepentir pero c-creo que tu actitud da… lástima.
Hermione parpadeó lentamente y lo fulminó con la mirada, aunque luego la suavizó. Theodore era una persona sincera y poco segura de sí misma, pero muchas veces tomaba coraje y decía lo justo y con razón. Siempre le había dado ternura su respetuosa manera de ser y de dirigirse a ella y aunque esta vez le molestó un poco lo que escuchó de su boca, sabía que era cierto. Chasqueó la lengua y bufó volviendo su mirada hacia el granero.
―No te quiero mentir, puede ser que esté desconfiando de él, pero la verdad… Además de eso, me da mucha curiosidad saber qué es lo que se supone que harán ahí dentro ―respondió ella frunciendo un poco las cejas.
―Pues si es por eso vamos a acercarnos lo restante y a averiguarlo, pero no vamos a ir con la mente sucia pensando en que puede estar sucediendo algo indebido ―sugirió el castaño.
Hermione asintió tratando de creerse las palabras de Theodore para no ir pensando mal, aunque evidentemente no podía dejar de tener ciertas dudas… Una vez instauradas, difícilmente se las sacaría de la cabeza un chico inocente e incapaz de pensar mal de alguien.
Se acercaron un poco más y antes de traspasar la puerta, se miraron en complicidad, ya que escuchaban cierto sonido poco predecible pero descifrable. No había que pensar mucho para adivinarlo. Con un chirrido, corrieron la puerta hacia delante y pasaron, observando entre aliviados y perplejos, que Ron y Natalie se batían seriamente a duelo jugando al ping-pong casi como si compitieran por algún premio en especial, con pasión, dando secos golpes con sus respectivas paletas. El tenis de mesa, como algunos llamaban a aquel deporte, era uno de los pasatiempos favoritos de Ron desde hacía unos años, justamente desde que había conocido a Natalie en Brooklyn. Ella era fanática de aquel juego y tanto fanatismo se lo había inculcado a Ron, que finalmente había decidido instalar aquella mesa allí, en el granero que ya de mucho no servía. Jugaban muy seriamente, con rivalidad, porque Ron jamás había podido ganarle a su amiga. Él era mucho mejor en ajedrez, pero la joven poseía una destreza interesante para el ping-pong y mucha práctica encima y a Ron se le notaba lo contrario.
Natalie remató el partido con un último golpe que dejó fuera de juego a Ronald, frustrado y contrariado. Ambos giraron sus cabezas hacia Theodore y Hermione, que seguían allí de pie; él con una media sonrisa y ella con los brazos cruzados y expresión neutra. Ron bajó la vista inesperadamente pero Natalie se acercó a ellos.
―No me dijiste que jugabas ping-pong ―inquirió Theo demostrando su sorpresa en la voz, mientras Ron emitía una risa socarrona.
―¿Jugar dices?... Directamente aniquila al oponente ―aseguró Ron, pasando uno de sus dedos por la mesa color verde y mirándoselo luego, casi como si esperara encontrar polvo y suciedad allí.
―Yo creo que simplemente te supera… y no te gusta nada ―convino Hermione, haciendo una media sonrisa. Ron levantó la vista para cruzarse con sus ojos y suspiró.
―De todas formas ya hice mi trabajo aquí ―agregó Natalie, liberando la tensión―. Está oscureciendo afuera, será mejor ir yendo.
―Sí, nosotros pensamos volver. Tenemos que estar descansados para mañana comenzar la semana ―recordó Nott. Natalie abrazó a Ron y saludó a Hermione. Theodore simplemente les envió una mirada significativa y salió junto a su chica del granero.
―¿Te pasa algo, Ron? ―inquirió Hermione, habiéndose quedado parada del otro lado de la mesa de ping-pong. Ron la observó, con aquella distancia casi de cuatro metros entre ellos y negó con la cabeza.
―Nada ―tomó la pequeña bola con una mano y la paleta en otra e hizo un gesto para que Hermione tomara la que estaba de su lado. Ella titubeó pero lo hizo y Ron le lanzó la pelota suavemente, dejando que ella respondiera y tomara confianza con aquel juego. No perdían la bola y eso era bueno, simplemente la pasaban de un lado a otro con toda facilidad.
―Fleur me contó su historia contigo ―comentó ella, como si tocara el tema al pasar.
―Sabía que te contaría…
―¿De veras a ti no te incomoda nada al menos con tu hermano presente? ―preguntó y pasó nuevamente la bola.
―Sinceramente, he estado molesto mucho tiempo y aunque luego traté de convencerme de no estarlo, siento que sí seguía estando molesto ―relató Ron.
―¿Por qué no se lo dices a Bill? ―sugirió ella.
―Estaba molesto pero hace mucho que no me importa. Ya lo acepté. Quiero a Bill y Fleur es una gran persona para él, tienen dos hijas perfectas y creo que es porque ellos son una pareja perfecta. Me sentí mal conmigo mismo, es todo ―aseguró mirando a Hermione por primera vez desde que habían iniciado el juego. Dejó de responder al último pase de ella y la pequeña bola de ping-pong pasó de largo por su lado―. Ella no significó nada para mí, más que un consuelo momentáneo. Si supieras lo duro que ha sido todo. No fui muy buena persona que digamos… últimamente, ya sabes… he tratado mal a todo el mundo.
―Y te volviste un psicópata sexual, eso lo tengo claro… ―musitó Hermione, sin saber exactamente qué hacer con las manos ahora que no tenía que devolver la pelota al otro lado de la red― incluso me embarazaste, no es poca cosa… Espero que no hayas estado embarazando a más mujeres.
―Créeme, he estado con algunas mujeres en este tiempo pero estoy seguro de haber usado la cabeza… un poco ―dijo tragando saliva luego, al recordar una noche que pasó con la secretaria de Roger, Lavender Brown.
―La verdad es que no quiero saber nada de eso ―admitió evitando que alguna imagen desagradable se le pasara por la cabeza. Aunque inmediatamente pensó en Parkinson, a quien creía la más atrevida y descarada de todo el edificio. Sacudió la cabeza y a Ron el gesto exagerado le pareció gracioso.
Se acercó a ella, dejando la paleta sobre la mesa, Hermione también la dejó pero no se movió de lugar. Ron la observó de lado, muy cerca, lanzando un suspiro justo en su mejilla. Ella no hizo absolutamente nada, más que cerrar los ojos y sentir que él apoyaba sus labios allí y le daba un pequeño beso.
―Eres importante para mí… ¿sabías eso, no? ―dijo Ron tranquilamente, tomando una de sus manos y acariciándola.
―Comienzas a asustarme. Debería haber sonado algo tierno, pero a veces… creo que dices cosas que son tan impropias del Ron de estos últimos tiempos, que todo lo tierno que quieras ser me parece un poco psicópata ―convino Hermione, tratando de ser verdaderamente sincera.
―¿Eso es lo que te sigue molestando de mí? ―preguntó y resopló― Sé que no sueno creíble… Estuve hecho un idiota por mucho tiempo. Sólo mírame a los ojos y fíjate si estoy mintiendo o no.
Hermione alzó la vista. Los ojos azules de Ron se veían extremadamente claros, seguros y sinceros.
―No creo que mientas, pero es bastante difícil de creer, aunque no imposible ―aseguró ella observándolo con cautela.
―Eres importante para mí, Hermione… ―volvió a decir, esta vez acariciando su mentón―. Eres muy importante. Tú haces que cambie de forma de ser, incluso hasta llegar a ser un psicópata, como dices que soy…
―Yo sé que te importo pero… un hijo tal vez sea una responsabilidad muy grande para ti.
―Tú no eres perfecta tampoco, aprenderemos juntos ―dijo elevando un poco la voz. Evidentemente no le había gustado nada lo último que Hermione había dicho.
―Ron, no te estoy haciendo a un lado, tranquilo. Solamente… Cuando entraste aquí con Natalie, los dos solos, por un momento creí… ―Miró hacia abajo haciendo una pausa y luego continuó―. No me siento cómoda. Creo que debo confiar en ti, pero no sé si puedo y… siento que no es justo para ti, aunque de injusticias tú puedas hablar muy poco por todo lo que me has hecho. Pero yo no soy así. No me gusta pagarles con la misma moneda a las personas. Eres el padre de mi hijo y creo que deberíamos ir con más calma en este asunto.
―Si habías pensado en todo esto, a lo mejor directamente no deberías haber venido. Ahora todos creen que estamos juntos y…
―¡No me malinterpretes! Yo quiero estar contigo, Ron. Estamos juntos pero… no me gusta desconfiar de ti ―inquirió con energía.
―Te di muchos motivos, Hermione. Me lo merezco, de verdad ―dijo Ron aceptándolo sin ser cortante, simplemente franco―. Ahora que sabes la verdad sobre mí, no me alejes. Soy una persona capaz de soportar muchas cosas, pero tengo mis límites. Traté de volverte loca en todo este mes y lo único que he conseguido fue ser un idiota, indecente y calentón cuando no debía.
―Que te quede claro: si lo que querías era volverme loca, lo has logrado con creces ―admitió Hermione sacando tensión al asunto. Apoyó sus manos en los hombros de Ron y lo miró directamente a los ojos. Su voz sonó mucho más suave cuando volvió a hablar luego de un suspiro―. Llevemos esto con mucha calma, por favor.
―Está bien. Seré bueno ―inquirió haciendo una pequeña sonrisa.
Hermione acercó su rostro al de él y le dio un beso que no logró más que acentuar su sonrisita siempre fastidiosa. Sin dejar siquiera que sus bocas se abrieran apenas un poco para besarse con más intensidad, la castaña se separó y lo abrazó fuertemente, enterrando su nariz en su cuello, esperando sólo a que él le correspondiera ese gesto de cariño, pero también dando a entender que esta vez todo debería ser serio por su situación y el hijo que vendría. Ron pasó sus brazos por su estrecha cintura y así se quedó un largo rato, sintiendo que a pesar de sus diferencias, tenía bastante más controlada esa situación que las anteriores donde parecía haber sido un total dominador.
Ginny se había quedado con la interrogante inconclusa en la cabeza. No pudo más que preguntarle a Harry qué era lo que había pasado con la anterior llamada, para llegar a ponerse tan nervioso delante de Hermione. Cuando el sol había terminado de bajar, su madre salió acompañada de Arthur y los invitaron a quedarse para la cena. No hizo falta que insistiera demasiado, era algo que Ginny tenía pensado desde que habían llegado Ron y Hermione. No se perdería una velada en conjunto con toda su familia y la persona que hacía demasiado tiempo debía ser su cuñada oficial. Ajenos a lo que dirían estos últimos, Ginny aceptó por ellos y los únicos que no se quedaron fueron Theodore y Natalie que, tras salir del granero para dejar a solas a Ron y Hermione, habían decidido irse. Agradecieron por las horas pasadas y el trato tan familiar y hogareño y marcharon nuevamente por donde habían venido.
Para cuando Harry se decidió a contestarle a Ginny lo que le pasaba, Fleur estaba intentando que Dominique se comportara mientras le daba de comer y Bill había comenzado a molestar a Percy junto a Charlie para que el hombre dejara la seriedad y se relajara como los demás. Él los miró molesto e ignoró a sus hermanos en cuanto Victoire se subió en su regazo y le pidió que le leyera un cuento. Tampoco le hizo demasiada gracia aquello, pero era mucho mejor leer cualquier cosa, que andar jugando con sus hermanos como si fueran niños de ocho años. Charlie no se hizo problemas y tomó el balón para jugar con Bill un largo rato a la luz de algunos reflectores. Audrey, entre tanto, se inclinó por ayudar a Molly en la cocina y conversar animadamente sobre la futura boda que ya planeaban anunciar con su novio. La única que verdaderamente sabía de ello era la matriarca Weasley y eso la tenía muy contenta esos días. Percy era el gran ejemplo de la responsabilidad, pero nunca había pensado que su hijo se convirtiera en el hombre que era ni que consiguiera que una chica como Audrey terminara junto a él para formar una familia. Era lo último que esperaba de él y se alegraba demasiado de haberse equivocado, de haber creído por algún momento, que su hijo en lo único que fracasaría sería en el amor. No así, su tercer hijo lo tenía todo, aunque… Cada uno era feliz a su manera. La mujer pensó en Ron un momento y en Hermione también y luego sacudió la cabeza para seguir cortando cebollas.
―¿Vas a decirme o qué, Harry? ―insistió Ginny que volvía a mirarlo luego de haber desviado la vista hacia sus hermanos mayores que jugaban entretenidos con el balón.
―Era Roger Davies ―habló el moreno intrigando más a Ginny.
―¿Qué quería? ―preguntó teniendo algunas ideas posibles en mente.
―Quiere que le ayude con los trámites de divorcio. Quiere separarse cuanto antes de Hermione ―explicó Harry, moviendo sus dedos nerviosamente sobre su rodilla― para casarse con otra…
―¡¿Eh? ¿Cómo que con otra? ―interrogó Ginny sin entender cómo podría Roger casarse tan rápido―. ¡No puede hacer eso! Sería bastante irrespetuoso de su parte… Como si olvidara a Hermione demasiado rápido o nunca la hubiese querido.
―La verdad es que no le quise preguntar mucho, pero él me dijo que con Hermione todo estaba bien, así que me dio curiosidad y le pregunté si Hermione ya le había hablado de separarse, él me dijo que era algo que tenían decidido pero que no habían arreglado nada todavía… Así que, bueno, creo que será algo un poco chocante para Hermione ―aseguró Harry con su rostro afligido. Ginny miró hacia el suelo un momento, mientras sus manos buscaban las de Harry sin siquiera proponérselo.
―Supongo que igualmente es algo que Hermione también quiere hacer… Al fin y al cabo está aquí con Ron cuando debería estar en su casa ―comentó Ginny. Levantó la vista y observó los verdes ojos de su esposo―. Qué suerte que tú y yo no tengamos tantos problemas. Ya sabes, como abogada creo que siempre te ganaría cualquier cuestión.
―¿Ah, sí? ―inquirió Harry alzando una ceja. Ginny sonrió y él hizo lo mismo antes de darle un beso y ser interrumpidos por Ron y Hermione que habían salido del granero con un aspecto cómplice mientras sus manos permanecían unidas―. ¿Todo bien? ―les preguntó poniéndose de pie junto a Ginny.
―Todo bien ―respondió resueltamente Ron.
