Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK. Rowling.
N/A: Gracias por leer, por comentar y por esperar. Falta muy poco para el fin y quiero que antes de que acabe el año, el fic termine. Así como el título de este capítulo, creo que yo también necesito un cambio. Espero que les guste. En lo que siga volverán los demás personajes. Gracias por todo, besotes enormes. Lu.
15
Cambio
Se bajó del auto dando un fuerte portazo que hizo paralizar a Natalie. Ella también se bajó. Habían quedado varados en el camino de regreso a Londres, pero lo peor era que no habían logrado recorrer ni medio trayecto. Theodore estaba bastante fastidioso por ello y su celular no tenía señal, así como el de Natalie se había quedado sin batería.
―Parece una broma ―musitó y luego chasqueó la lengua. Natalie lo observó con una mueca que indicaba que estaba esforzándose por no reírse. Theo estaba apoyado contra el auto, iluminado con la luz de la luna y de brazos cruzados, resoplando como un niño empacado―. ¿Puedes creer que se rompa el auto ahora mismo? Ni siquiera podríamos volver caminando a la casa de Weasley, sería una locura y no llegaríamos antes de que pasaran dos horas.
―Quizá debamos esperar tranquilos hasta que se decidan a pasar por aquí para regresar. Estoy segura de que Harry y Ginny al menos no se quedarán ―comentó Natalie, tratando de tranquilizarlo.
El camino era de Tierra entre un enorme campo abierto, con pocos árboles y mucha hierba. Donde se habían quedado, había a lo lejos varias cabañas, casas de campo que parecían no estar habitadas. La más cercana lucía tenebrosa y parecía que la madera crujía hasta cuando la brisa daba contra ella. Natalie se apoyó en el auto también, dándole la espalda a esa casa, pero se volteó para mirarla fijamente.
―Parecen casas en desuso ―dijo como para conversar de algo. Theodore se había quedado pensativo. Hacía frío esa noche y le preocupaba la idea de quedarse allí por más tiempo.
―Tal vez en alguna haya alguien que tenga un teléfono, ¿no crees?
―¿Bromeas? No veo mucho cableado por aquí y no parece haber gente en esas casas… ―inquirió Natalie.
―¿Acaso tienes miedo? ―preguntó Nott con mirada pícara.
―Para nada, creo que tú eres el único con miedo aquí. Veamos qué hay en la más cercana… Por las demás, ya podemos perder las esperanzas.
Con decisión, la joven comenzó a caminar hacia la cabaña tenebrosa dejando con la palabra en la boca a Theodore. Él comenzó a seguirla, titubeando primero, luego caminando con más tranquilidad. Natalie giró su cabeza a medio camino para ver si Theodore la estaba siguiendo, pero él se había frenado y la miraba abstraído. Ella alzó las cejas y sonrió. Luego puso los ojos en blanco y continuó el camino hablándole.
―¿Se puede saber qué miras? ―preguntó, acercándose más hacia la casa.
―Te miro a ti ―respondió retomando el camino.
―¿Te parece divertido?
―Lo que veo no me divierte, pero me entretiene ―aseguró apresurando el paso para alcanzarla. Ella se volteó justo cuando él la alcanzaba.
―No soy un entretenimiento.
―Claro que no, y aun así no evito entretenerme ―inquirió tomándola de una mano y mirándola fijamente―. Lo que veo es… perfecto. ―Volvieron a caminar con las manos entrelazadas. Natalie no dijo nada y eso dio pie a que él continuara― Aunque dicen que la perfección no existe, es por eso que a veces… me quedo quieto y te miro fijamente como si en cualquier momento te fuera a…
―Comer... He experimentado la sensación de ser más un alimento que una mujer ―admitió riéndose de la situación. Llegaron al pie de la casa y se miraron―. La verdad es que… No sé si quiero entrar ahí.
―Si te hace sentir mejor, yo tampoco pensaba hacerlo ―convino Theo―, pero estoy dispuesto a sentarme aquí un rato.
Se sentaron en los escalones de la entrada, muy juntos y entrelazando sus manos. Luego de unos minutos en silencio, un viento frío hizo titiritar a Natalie y Theodore la envolvió en sus brazos, permitiendo que ella se recostara un poco en su pecho.
―No sé si es buena idea esperar aquí ―dijo Natalie alzando la cabeza. Theo la miró enseguida y suspiró.
―¿Quieres ir al auto? Debes tener frío, ven ―agregó parándose rápidamente y tirando de ella para que lo siguiera―. Otra vez a realizar el camino tenebroso.
―¿Así lo llamas? ―Se rio y lo abrazó por la cintura―. No dejas de ser un rarito, eh.
―Y aun así estás aquí conmigo ―comentó siguiendo el camino hacia el auto―, al menos no te doy miedo.
―¿Quién te ha dicho que no me das miedo? ―preguntó sin perder la sonrisa siempre sincera.
―¿Ah sí? Entonces, ¿por qué me tienes miedo ahora? ―quiso saber.
―Porque estamos solos en medio de un camino casi desértico y en una noche bastante oscura… y por si fuera poco, ya tengo una idea de lo que eres capaz ―argumentó Natalie con soltura. Llegando al auto, se metió en el lado del copiloto y Theo fue por su lado. Antes de intentar nada más, trató de hacer arrancar el auto, pero éste no se puso en marcha. Miró al costado, Natalie le sonreía con cierta pena por no poder arrancar su auto, pero estaba tranquila como siempre y eso le lograba infundir tranquilidad a él también. Ella cerró los ojos, apoyando su cabeza en el asiento, mientras con una mano, mantenía presionado un botón que hacía reclinar el respaldo hacia atrás. Theodore la observó embelesado. Ella seguía sonriendo con los ojos cerrados, ahora acostada cómodamente.
―Hermione creyó que sucedería algo más entre tú y Ron en el granero… ―comentó recordándolo de repente. Natalie suspiró y abrió los ojos, sin moverse de posición.
―¿Y tú qué creíste? ―preguntó con suavidad.
―Le dije que si no podía confiar en Ron, al menos confiara en ti ―respondió. Ella se mordió el labio ante esa respuesta y lo miró. Theodore seguía sentado, apoyando su cabeza en el dorso de su mano, que a su vez estaba sobre el asiento, y la miraba sin poder creer estar viviendo aquello.
―Gracias ―musitó ella. Él se movió un poco y buscó también el botón que reclinaba su asiento. Cuando estuvo recostado a su misma altura, pero manteniendo la cabeza en alto y apoyada sobre un brazo, le preguntó por qué con una mirada interrogante―. Por ser como eres…
―Bueno, gracias a ti, porque si soy así es por tu culpa ―admitió él.
―Me alegro por eso ―aseguró ella con una voz susurrante, casi sugerente.
Theodore no supo si fue por el tono de voz que usó y la forma en que lo miró en ese momento, con aquella pequeña sonrisa desvaneciéndose de a poco y transformándose en unos labios sumamente apetecibles…, no tuvo idea, simplemente supo que se acercó a ella y la besó. Y sin pensar claramente o sólo teniendo una idea en mente, se dejó llevar tanto por la situación y por los besos que nada tenían que ver a todos los anteriores que pudieron haberse dado, se posicionó sobre ella, pegando sus cuerpos mientras se acariciaban allí, en medio de esa noche sin estrellas.
Claramente habían disfrutado la cena. Hermione no recordaba haber comido tan rico en años y aunque el embarazo todavía era muy prematuro y no sentía ganas de alimentarse más de lo normal, la comida Weasley había abierto su apetito. Ginny se divertía mirando de reojo a su hermano, ya que éste parecía mantener sus ojos sobre Hermione como si en cualquier momento fuera a necesitar alguna ayuda. Entre tanto, Molly había recuperado un poco de color y Arthur parecía tranquilo a raíz de ello. Percy y Audrey cenaron demasiado rápido y desaparecieron en acción. Ambos eran muy trabajadores y responsables, así que no se permitían excederse de hora. Por otro lado, Bill y Fleur parecían tener todo el tiempo del mundo y se dedicaban a intentar que Dominique comiera algo ya que no había probado bocado y todos habían terminado ya. Victoire era una santa, se portaba demasiado bien aunque a veces miraba con una extraña sonrisita a Hermione, que la hacía incomodar, sobre todo si el otro hermano de Ron, Charlie, parecía susurrarle cosas en el oído, que hacían que la niñita pusiera más atención todavía en ella. Pasaron un tiempo de sobremesa y luego Ginny y Hermione se encargaron de preparar café para los demás.
En la cocina, la pelirroja emitió una risita que no pasó desapercibido para Hermione.
―¿Qué sucede? ―preguntó Hermione, un poco cansada de la situación.
―Nada, creo que llama mucho la atención tu presencia en casa, es todo ―convino Ginny.
―¿En serio? Pues, me parece lógico, pero nunca se habían comportado así, incluso Ron me hace sentir incómoda ―aseguró Hermione con evidente molestia.
―¿Te sientes incómoda, querida? ―preguntó Molly que había entrado a la cocina de improviso. La mujer hizo una seña a Ginny para que ésta desapareciera de allí y se acercó a Hermione, que no quiso mirarla a los ojos.
―Eh, yo… ―balbuceó sin saber qué hacer ni decir.
―Tranquila ―dijo Molly apoyando una mano en su hombro. Le sonrió amablemente y luego se sentó en una banqueta―. Ha pasado mucho tiempo, Hermione, pero Arthur y yo sabíamos que algún día volverías aquí con mi hijo, ustedes dos estaban destinados.
―Yo… La verdad es que si hubiese estado en mis manos, jamás hubiese tenido que pasar todo este tiempo lejos de ustedes.
―Lo sé. Me estoy poniendo vieja pero sigo siendo tan capaz como antes para darme cuenta de estas cosas. No sé qué habrá pasado entre ustedes, pero Ron te merece, querida, yo lo sé ―aseguró la mujer, siempre con su voz sabia aunque ya no tan llena de vida.
―Él ha cambiado mucho… ―comentó Hermione entre un suspiro.
―Me atrevo a decir que tú también cambiaste y aun así pareces quererlo mucho ―inquirió―. Las personas cambian Hermione, es una ley de vida, pero siempre y cuando mantengan su esencia y los sentimientos sean los mismos o quizá hasta evolucionen, entonces no tendrás por qué sentirte incómoda. Aunque mis otros hijos sean unos chismosos y generalmente es lo que provoquen. Al menos con Ginny estarás a salvo…
Hermione la vio sonreír y la imitó.
―No están los gemelos, no es poca cosa de lo que me salvé… ―admitió la castaña acercándose a Molly. Apoyó una mano sobre la envejecida piel de la mujer y la acarició brevemente―. Si en algo pudiera ayudarla, señora Weasley…
―Podrías empezar por llamarme Molly como muchas veces te he pedido ―dijo la madre de Ron manteniendo su sonrisa y sus ojos húmedos por el sincero ofrecimiento de Hermione.
―Hecho…, Molly ―sentenció. Un carraspeo desde la puerta las hizo voltear. Ron se apoyaba contra la puerta y las miraba sin algún gesto definido.
―¿Todo bien por aquí? ―preguntó justo cuando el agua comenzó a hervir y Hermione se apresuró a apagar el fuego al mismo tiempo que él. En aquel punto de encuentro, cruzaron una mirada de complicidad.
―Todo bien ―contestó Molly, aunque ya no era demasiado visible para los dos jóvenes. Hermione a su vez había asentido con la cabeza y volvía a mirar hacia abajo, tratando de no mover con torpeza sus manos mientras preparaba el café.
―Me alegro ―agregó Ron, con aterciopelada voz, alejándose de la castaña para que estuviera más tranquila en su quehacer y acercándose a su madre para ayudarla a regresar a la cocina. La mujer lo miró con un brillo en los ojos y le guiñó uno de ellos. Ron bajó la vista y se sonrojó, aunque Hermione no había visto ninguna de aquellas acciones.
Luego de tomar café, Bill y Fleur también decidieron irse junto con sus hijas que comenzaban a ponerse fastidiosas por el sueño. Cuando se marcharon, Fleur susurró algo a Ron en el oído, pero nadie supo qué fue. Molly y Arthur se fueron a la cama y quedaron solamente Harry, Ginny, Charlie, Ron y Hermione. Charlie no iba a pasar desapercibido por tanto tiempo, dejaría su huella como buen Weasley, y a falta de sus revoltosos hermanos Fred y George, los gemelos, había decidido cuestionar un poco a Hermione. Se sentó a su lado en el sofá grande, mientras Ron despedía a su hermano mayor desde la puerta y aprovechó que Harry y Ginny parecían estar en otro mundo, besándose como si fueran los únicos en esa misma habitación.
―Y dime… ¿Por fin eres novia de Ron? ―preguntó el pelirrojo.
―¿A ti qué te parece? ―inquirió Hermione alzando las cejas ante el atrevimiento del hermano de Ron.
―Tienen pinta de amantes, de esos que se esconden del mundo. Por eso tengo mis dudas, ¿qué haces aquí? ¿Se decidieron a formalizar?
―Estoy casada…
―Y la historia se pone cada vez mejor ―comentó Charlie agrandando su sonrisa―. Ya sabes… si te cansas del tonto de mi hermano…
―¡Hey! ―interrumpió Ron, que lo había escuchado. Hermione se puso roja, aunque no más que Ron, y Charlie siguió sonriendo como si se estuviera burlando de ellos―. Ni siquiera lo pienses.
―Estoy bromeando, hermanito ―aclaró poniéndose de pie. Miró a Hermione nuevamente―. Lo siento, me alegra haberte conocido al fin. Aunque no lo creas, cuando mi hermano era pequeño vivía hablándome de ti en sus cartas que me enviaba a Rumania.
―Eso no es cierto ―dijo Ron frunciendo más el entrecejo.
―Tú no lo recuerdas seguramente, era como un tonto enamoramiento de niños. Ahora mírate, te convertiste en un hombre y sigues prendado a la misma mujer… No puedo más que felicitarte ―aseguró Charlie riendo mientras lo decía. Se alejó y comenzó a subir las escaleras―. Me quedo a dormir aquí, buenas noches.
―Buenas noches ―dijeron todos, incluso Harry y Ginny que parecían haber vuelto a Tierra. Ron los miró con cara de pocos amigos al sentarse al lado de Hermione.
―¿Y ustedes qué? ―dijo de mala manera.
―¡Oh, no me digas que volvió el Ron gruñón otra vez! ―exclamó Ginny desanimada.
―No, para nada, sólo estoy expresando mi desagrado por ustedes cuando se muestran así de pegajosos. ―Hermione sonrió y miró hacia el suelo.
―Se le llama "amor", por si no estabas enterado ―comentó Harry.
―Pero resulta que ustedes parecen unos adolescentes desesperados ―replicó Ron.
―Yo creo que sólo parecen desesperados, sin la parte de "adolescentes" ―agregó Hermione.
―Gracias por lo que nos toca ―ironizó Harry a la vez que Ginny miraba a Hermione con gesto fruncido.
―No creo que estemos frente a las dos personas más maduras del planeta, de hecho… ―dijo Ginny. Ron se puso de pie, sin enojo, simplemente, pareció algo incómodo con la situación, se revolvió un poco el cabello y balbuceó algo de querer tomar aire. Ginny se encogió de hombros―. Tal vez quiere hablar contigo a solas, Hermione…
―Sí, iré con él. ―Se puso de pie también pero se volvió un segundo―. A propósito, ¿luego me llevan a casa? Creo que Ron se quedará y…
―Por supuesto, Hermione ―afirmó Harry sonriéndole amablemente.
―Gracias ―dijo volviendo a dirigirse hacia fuera de la casa. Ron estaba parado a unos metros de la puerta principal, ella se acercó hacia él con paso tranquilo y cuando llegó a su lado, lo tomó de una mano.
―Es agradable estar aquí.
―¿Te gusta? ―Hermione asintió y él continuó hablando― A mí también, la ciudad no es lo mío, aunque ya me acostumbré a ella.
―Aquí se respira aire puro y tu familia es tal cual la recordaba ―comentó.
―¿Y cómo ves a mi madre?
―Pues... creo que no importa lo que vaya a pasar. Yo la veo feliz a pesar de todo. Así es como tiene que verse pase lo que pase.
―Entonces, estará bien ―dijo Ron mirando hacia el suelo.
―No vayas a llorar antes de tiempo, Ron. Puedes tener miedo, es natural, pero ella es más fuerte si sus hijos están bien. Lo único que debe desear es que ustedes sean felices ―le dijo apretando más su mano.
―Creo que sí, nunca pensó más en ella que en nosotros... ―Levantó la vista y la miró con intensidad―. Serás buena madre.
―No lo sé.
―Lo serás. Pero no serás la mejor... Mi madre es la mejor, creo que no lo entenderías porque no es tu madre pero... ―Ron tragó saliva, estaba haciendo eso que Hermione le dijo que no hiciera, estaba llorando antes de tiempo. Ella lo abrazó inmediatamente.
―Shh, yo sé que lo es. No tienes que decirlo... No sufras más, Ron. No me gusta que lo hagas. ¿Le has dicho a Molly cuánto la quieres? ―preguntó, acariciando su espalda como si quisiera darle calor.
―Ella sabe... ―comentó Ron sollozando, con la voz irreconocible― creo que ella lo sabe.
―Sabe seguramente, le donaste una parte de ti, hiciste que se sintiera mejor, eso fue más que un acto de amor. Eres uno de sus siete hijos, ¿crees que no lo sabe?... Igualmente le gustará escucharlo. Debes decirle ―convino Hermione.
―Se lo diré, se lo diré... ―dijo tranquilizándose. Hermione lo siguió abrazando para que se calmara. Ron esperó bastante tiempo para separarse, porque quería que sus irritados ojos se normalizaran―. ¿Ya tienes que irte?
―Tal vez… Sería lo más prudente ―aseguró Hermione separándose de él, aunque todavía con sus manos alrededor de su cuello.
Harry y Ginny salieron de la casa y los llamaron para que se acercaran. La pelirroja se dio cuenta de la visible e inesperada sensibilidad de Ron. Lo saludó con un abrazo y les hizo saber que se irían. Hermione volvió a insistir con que la llevaran, ya que creía que las intenciones de la pareja eran obviamente que se quedara allí a pasar la noche con Ron. Harry saludó a Ron también y asintió a Hermione, que besó a Ron brevemente en la comisura de sus labios y se dirigió hacia el auto resueltamente pero temblorosa y sin saber por qué. Harry frunció el ceño sin entender a ese par y aún tomando la cintura de Ginny, observó que Ron alcanzó de improviso a Hermione, la hizo voltear hacia él como en una telenovela y la besó en la boca. Ginny sonrió al ver la escena y se mordió el labio inferior, reaccionando y empujando a Harry para que entrara en su auto y lo pusiera en marcha de una buena vez, mientras veía a su hermano besando en toda confianza a aquella chica que quería desde siempre que fuera su cuñada.
Hubo un cambio en él, se notaba. El simple hecho de besarla frente a Harry y Ginny y dar por sentado que apostaría por ella a todo o nada, suponía un gran cambio y seguridad interior. No aquella seguridad que parecía tener antes y de la que carecía completamente al utilizar métodos violentos para sentirse el único dominante de las situaciones, nada más lejos de la realidad, queriendo esconder que en verdad sus emociones estaban desbordadas en su totalidad y casi en la locura permanente. Porque esa noche aquel beso era dulce y apasionado, pero perfecto, sin aquella lujuria que los caracterizaba en la intimidad, esa morbosa forma de hacerse saber que se pertenecían, perversa manía, algunos la tacharían de sucia, inmensa dentro del universo infinito del amor y el desenfreno. Ahora distintos, él produjo un cambio y sus gestos, también sus labios, lo demostraban junto a sus brazos que le rodeaban la cintura y la estrechaban como si no quisiese que se fuera nunca de su lado… Esa era la verdadera intención.
Pero Harry no evitó hacer sonar la bocina de su auto sólo una vez, suficiente para sacarlos de su ensueño y para no despertar a los habitantes de la casa. Ron se separó apenas y volvió a rozar sus labios una vez más, también tocándolos con sus dedos, como si quisiera que su textura fuera recordada no sólo por sus propios labios, si no por sus grandes manos que ahora temblaban. Hermione lo miró a los ojos un momento más.
―Este es, ¿lo sabes? ―dijo repentinamente, y Ron no entendió exactamente a qué se refería―. Este es el Ron del cual me enamoré, el que nunca se irá de aquí ―confesó señalando su pecho y asintiendo.
Por el rostro de Ron se extendió una media sonrisa y suspiró satisfecho. Dejó libre la cintura de Hermione y se alejó un paso de ella, dándole pie a que se subiera al auto de Harry y se fuera con ellos, aunque realmente no sentía estar lejos de ella, habiéndose quedado con semejante sensación de felicidad inmensa en el cuerpo.
