Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK. Rowling.

N/A: Sólo espero que les guste este final que deja algunas historias abiertas, que tal vez continuaré algún día o tal vez no. Gracias por haberme acompañado hasta acá. Bita, este fic está dedicado a vos, enteramente. No sé si fue más o menos como lo querías ver, pero espero que sí. Un beso enorme y muchas gracias a quienes dejaron comentarios, son importantes para escribir.

¡He dicho, este es el final! Feliz año nuevo a todos =)


16

Futuro

―Basta… ―dijo por octava vez la castaña en sólo cinco minutos de viaje.

―¿Qué? ¡No dije nada! ―replicó Ginny mirándola con una sonrisa y con su cuerpo medianamente girado hacia el lado de Harry, para poder ver bien a Hermione que estaba en el asiendo trasero.

―Cielo, si bien es cierto que no has dicho nada, la miras como si fueses tú la que se acaba de besar con ella y no Ron… ―convino Harry tratando de salvar a su amiga.

―Solamente estoy feliz, ambos son unos aguafiestas ―comentó Ginny mirando nuevamente al frente y cruzándose de brazos. Hermione se sonrojó pero no dio tiempo a que Harry la observara por el espejo retrovisor ya que Ginny volvió a hablar y señalaba al frente―. ¿Ese no es el auto de Theo?

Los tres observaron mientras se iban acercando, que el auto estaba estacionado y parecía no haber movimiento dentro. Hermione pensó que tal vez se habían confundido y no era el mismo auto de Theodore, pero realmente era muy raro que alguien a esas horas y con el mismo coche se quedara varado justo en ese camino. Harry estacionó detrás e hizo ademán de salir para echar un vistazo.

―¡No, espera! ―le pidió Hermione―. ¿Y si están…? Ya sabes… haciendo cosas.

―¡Hermione, por favor! ―Ginny no pudo evitar reír ante el sonrojo de la castaña y su inocencia― ¡Tienes veinticinco años, déjate de joder! Como si tú y Ron no…

―¡Bueno, eh! No incluyas a Ronald en el tema, Ginny ―pidió y se cruzó de brazos―. En todo caso, iré yo a ver qué sucede.

Se bajó del auto sin esperar respuesta de los otros y se acercó hacia el vehículo estacionado delante. Con cautela, observó desde la ventana lateral, que eran efectivamente Theodore y Natalie, pero aunque parecieran haber tenido una noche agitada, los encontró en regla y vestidos. Sonrió ladeando la cabeza y mirándolos con cierta ternura. La pareja estaba dormida, abrazada y ciertamente incómoda.

―Chicos… ―llamó despacio― Nat, Theo…

―¿Qué? ―dijo el muchacho con la voz bastante ronca. Miró hacia la ventana y pareció asustarse―. ¿Qué sucede?

―Eso mismo pregunto yo… ―inquirió Hermione. Natalie se removió un poco hasta que abrió los ojos―. ¿Decidieron pasar la noche en la ruta?

―¡Se nos quedó el auto, Hermione, cómo crees! ―musitó el muchacho. Los dos se acomodaron y pusieron derechos sus asientos, mientras Hermione sonreía y hacía una seña a Harry y Ginny.

―Vamos a volver en el auto de Harry y Ginny, entonces ―aseguró.


El día siguiente se adornaba con caras de sueño en toda la empresa. Pansy había pedido ayuda en el piso de fotografía y había creado una imagen en la que anunciaban el futuro casamiento de Natalie y Theodore. Había perdido gran parte de la noche distribuyendo la imagen en cada piso… Por supuesto, la broma no llegó a mucho, excepto que Natalie, con mucho cansancio, se paseó por todo el edificio quitando los carteles con su foto que aparecían en todas las paredes. La morena les enviaba una sonrisa pícara en respuesta siempre que la pareja protagonista de la foto la miraba fastidiada. Entre tanto, las cosas habían vuelto a la normalidad para Hermione. Se la pasaba en su oficina, controlando la producción de los empleados de diseño y escribiendo de la misma manera en que Geoffrey lo hacía. En verdad, creía que con Cedric Diggory, quien ocupaba el puesto de Ron, no habían perdido casi nada y que de hecho era una ganancia. El chico trataba con elegancia a los clientes y no era ningún bruto como Ron. Aunque, pensar en que no era como el pelirrojo, le producía recordar que Ron tampoco era como habían creído los demás y hasta ella misma. Suspiró recostándose en el respaldo y se acarició el vientre. Ni ella misma podía creer en su embarazo, pero se sentía feliz gracias a eso. Sería un buen comienzo de una historia que nunca tendría que haber finalizado.

Por otra parte, Roger estaba evitando a Daphne, se sentía muy nervioso. Había hablado con ella y discutido un tema que a ella la tenía también bastante histérica. Pretendía vender la empresa y no quería saber nada con que lo convencieran de lo contrario. Quería irse y dejar ese trabajo atrás, el trabajo familiar que ya no le atraía. Para sus padres no era más que un cobarde…

¿Por qué harás eso? ¿¡No te das cuenta de que vives cometiendo errores en tu vida! ―había gritado su padre.

Hice lo que pude, pero no quiero ser más parte de eso, es mi herencia y haré lo que me plazca ―respondió él con demasiada tranquilidad.

Pues no me parece, yo estoy de acuerdo con tu padre ―insistió una mujer morena y de facciones refinadas aunque bastante llena de arrugas en el rostro y el cuello.

No lo repetiré más, la empresa ya no es algo familiar. Está en mis manos, seguirá en regla seguramente pero no quiero saber más nada con ella ―aseguró Davies impasible.

Eres un caprichoso y un insolente. Haces estupideces y eres un cobarde, seguramente por eso Hermione te engañó… Eso eres, ¡un cornudo! ―PLAF. La bofetada que le dio a su viejo padre resonó por toda la impersonal y pulcra casa en la que vivía el matrimonio. Con frustración, salió de aquel lugar sin volver a mirar atrás.

Aquel reciente recuerdo lo fastidiaba. No podía pensar en otra cosa más que en la certera decisión que había tomado; se iría de allí, se iría para siempre. Miró su muñeca como por tercera vez, sin siquiera recordar que había olvidado su elegante reloj en el baño de su departamento, ese que ya no compartía con Hermione, al irse ella a vivir a casa de sus padres. Observó con el entrecejo fruncido, que Draco entró sin pedir permiso y se cruzó de brazos sin siquiera cerrar bien la puerta y acercándose con un gesto interrogante.

―¿Y? ¿Qué sucede, compañero? ―preguntó el rubio.

―Sé que estás interesado en ser dueño de esta empresa, el cargo de jefe editor ya no te llena ―comenzó Roger, poniéndose las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

―Sí… Es lógico, hace rato que no hago nada más que vigilar a los nuevos ―admitió Draco.

―Lo haré corto, además Astoria ya te habrá contado algo porque ella sabe de mis intenciones.

―¿Y qué tanto tiene que saber Astoria de lo que tú hagas o dejes de hacer? ―intervino Draco.

―Nada, olvida que la mencioné, ¿está bien? Contigo no se puede hablar, sólo sirves para los celos…

―Y para cazar recompensas ―convino el muchacho con indignación.

―¡Lo que sea! ―musitó fastidiado―. Quiero vender la empresa y sé que tú comprarás. Y no digas que no porque no se la venderé a nadie más… No confío en otra persona, ¿entiendes?

―Jamás diría que no. ―Draco lo miró como si estuviera loco. Roger se sacó las manos del bolsillo y comenzó a jugar con un bolígrafo que encontró en uno de ellos―. ¿Qué se te dio por vender, eh?

―Quiero irme lejos y no tienes que preguntar por qué.

―Quiero hacerlo, ¿por qué te irás?

―¿Básicamente?... Porque soy una vergüenza para mi familia. Las cosas se aminoraron cuando me casé con Hermione. Ahora que me separo todo vuelve a ser la misma mierda y ya me cansé. Me iré de aquí porque nada me retiene ―sentenció él simplemente.

Draco se sorprendió de que la familia de Roger tuviera algo que ver con su decisión. Se conocieron gracias a sus familias y por ello Draco sabía que los padres de Roger eran buena gente, al menos, eso parecían ser. Pero al recordar lo que sus propios padres aparentaban de cara a la sociedad y lo que él realmente sabía de ellos, hacía que dudara con respecto a las apariencias de los demás… Las apariencias siempre engañan.

Charlaron un poco más sobre el asunto, lo que no sabían era que Daphne los había estado escuchando y se dirigía de muy mal humor hacia el baño de chicas. Geoffrey la había alcanzado a ver. No era habitual que estuviera en el noveno piso, pero de vez en cuando subía y tenía que admitir que había estado recorriéndose el edificio durante toda la jornada para poder encontrar a Pansy, aunque definitivamente ella seguía evadiéndolo también. Era un día de mal humor puro, aunque se habían podido reír de lo lindo con la broma de la morena hacia Theodore y Natalie, realmente ya habían dejado eso atrás y las cosas se volvieron tensas de nuevo, el clima de trabajo era lo menos animado para alguien tan hiperactivo como Geoffrey Hooper. Lo único que esperaba era que su amiga saliera pronto del baño y que pudieran hablar un poco, pero la muchacha parecía tardar una eternidad. En un momento, Geo hizo un ademán de entrar disimuladamente, pero la secretaria de Roger lo vio con las manos en la masa y él tuvo que excusarse vanamente. Antes de que la discusión llegara a límites de griterío, Daphne salió del baño y miró con mala cara a Lavender por estar reprendiendo a su amigo. Se lo llevó de inmediato a rastras y utilizaron el ascensor para bajar hacia el tercer piso, en donde se encontraba la oficina de la mujer. Una vez allí, Geoffrey pudo observar detenidamente a su amiga. Tenía el rostro pálido y las mejillas un poco sonrosadas, sus ojos estaban hinchados, parecía haber estado llorando, y tenía el cabello algo mojado en sus raíces de las sienes y la frente, cosa que hacía pensar a Geo, que se había lavado la cara varias veces, tal vez para disimular su evidente malestar.

―¿Qué sucede, Daph? ―preguntó él luego de un suspiro, mientras se acercaba abriendo sus brazos. Ella lo abrazó inmediatamente sintiéndose protegida.

―Tal vez debería hablar con mi hermana o con Draco, pero ambos son unos farsantes, siempre saben todo de Roger y no me dicen nada ―inquirió ella, casi hablando consigo misma.

―¿Me dirás qué ocurre? ―insistió Geoffrey y le besó la frente.

―Pues… Roger pretende vender la empresa y largarse de aquí. Y… tú sabes, sabes todo de todos, eres un real chismoso.

―¡Hey, más respeto! La gente me tiene confianza, simplemente.

―No te he contado nada últimamente, pero creo que te lo imaginas…

―¿Que estás en algo con Davies?... Eso lo tenía entendido, pero no anduve diciéndole nada a nadie, si eso crees ―se apresuró a defenderse.

―No, ya lo sé. Las cosas se fueron hacia otro lado, ¡se suponía que ahora estaríamos juntos y él pretende vender la empresa e irse! ¡Y nada lo retiene aquí! ¿Cómo debo tomarme eso? ―preguntó con frustración y enojo. Geoffrey presionó una de sus manos que había enlazado con la de ella y la miró con una sonrisa ladeada.

―Creo que es un hombre de palabra ante todo, si te prometió algo, seguramente lo cumplirá. No des las cosas por hechas, Daphne, no te hagas mala sangre antes de tiempo ―aseguró él, tratando de ser comprensible―. Yo no entiendo, y lo digo ya que hablamos del tema, ¿para qué se casa la gente si luego se separan?... Mejor dicho, ¿para qué se casan sin estar seguros? Definitivamente, Hermione y Roger son todo un caso.

―Ya está, eso es tema aparte. No viven más juntos y se van a divorciar ―la joven suspiró y observó a su amigo a los ojos, esos claros ojos que él poseía―. Dime, ¿qué te pasa a ti?

―Yo también soy todo un caso, pero un caso perdido ―comentó riéndose de sí mismo.

Daphne se mordió el labio inferior y lo abrazó dándole su apoyo y escuchándolo divagar un rato más sobre Pansy y su enamoramiento casi encaprichado. El muchacho la dejó sola y trabajando luego de un instante y se convenció de ir a buscar a la chica que lo tenía pensativo y triste, para declararle sus sentimientos abiertamente. Sus ilusiones se volvieron realidad, cuando vio a Pansy en el pasillo llamando al elevador que justamente abría sus puertas. Cuando la morena vio que Geoffrey la había visto y tenía intenciones de entrar con ella, se apresuró a seleccionar una planta y las puertas se cerraron evitando que el rubio hombre llegara hasta ella. Geoffrey se sintió mal por esa situación. Pansy no solía escapar jamás, a lo sumo lo llamaba idiota, se reía de él y después las cosas terminaban como habían empezado, en la nada. Pero esquivarlo de esa manera hacía sentir a Geoffrey que ni su amistad de años valía para ella. Bajó las escaleras rápidamente, algo decepcionado pero sin sentirse resignado y se dirigió a la planta más baja intuyendo que era adonde Pansy se dirigía; escapar completamente, desahogarse, salir del edificio, eso querría su amiga, su amante, título que le iba mejor. Llegó a las corridas y el ascensor ya había abierto sus puertas recientemente, liberando a su transportada. Pansy se fastidió al verlo allí de nuevo, siguiéndola insoportablemente. Comenzó a caminar rápido hacia la salida y él apuró el paso para seguirla bien de cerca. Katie, la recepcionista, codeó a Dean del otro lado del mostrador, para que mirara hacia esos dos tercos que salían por la puerta y se dirigían quién sabe dónde. Ambos estaban tan aburridos, que resultaba una novedad y entretenimiento ver salir a dos empleados de los más conocidos y confiables de la empresa antes de la hora de finalización de la jornada. Ignorando que hubieran sido observados tan evidentemente, Pansy se dirigió a un costado del edificio, donde siempre se juntaban a fumar con Geoffrey luego del trabajo, hasta que éste la frenó de golpe para poder hablar y plantear sus verdades.

―¡Basta quieres! ¡Deja esa actitud, por Dios! Ya estoy harto, dime qué es lo que quieres y lo haré, pero deja de evitarme.

―No te estoy evitando, no eres el centro del mundo ―respondió con indiferencia.

―¿Qué pretendes con todo esto?

―Nada, tú eres el problema. ¡Mierda! Déjame en paz ―pidió. Geoffrey se pasó una mano por la cabeza con frustración.

―Si eso es todo lo que quieres... Te dejaré en paz para siempre, ¿te parece? ―dijo tratando de llamar su atención.

―Haz lo que quieras ―le restó importancia.

―Sí, lo haré.

―No te hagas el ofendido ¿quieres? Lo nuestro fue un error, debiste saberlo ―le explicó Pansy con la fiereza que la caracterizaba siempre.

―¡Eres una hipócrita! La verdad, mereces quedarte sola ―dijo con enojo.

―Pues eso pensaba hacer ―dijo cuando Geoffrey se alejaba de ella. Pero él escuchó y volvió a enfrentarla.

―¿Se puede saber qué te pasa? ¿A qué le tienes miedo? ―le recriminó alzando la voz.

―¿Miedo? No temo a nada. ―Se cruzó de brazos y volteó un poco la cara.

―Entiende que te conozco, eres ante todo mi mejor amiga, o eso parecías ser... No te reconozco, no sé qué te pasa. Sólo sé que me enamoré de ti y ahora no tengo idea de qué hacer ―confesó dolido intentando que ella lo mirara.

―¿Matarte? ―sugirió Pansy con sarcasmo, pero a Geoffrey no le hizo gracia―. ¿Sabes qué? Me gustabas más cuando te tomabas las cosas con humor.

―No todo en la vida es un chiste, mujer.

―Y tampoco te tomes las cosas tan en serio ―respondió esta vez con la misma seriedad que Geoffrey.

―¿Cómo puedo tomarme el confesarte lo que siento y que sigas como si nada? ―preguntó incrédulo.

―Es que no cambia en nada, lo digas o no, ya lo sabía ―admitió Pansy, sin lugar a ser modesta.

―Y además de todo, eres una egocéntrica y malcriada.

―Puede que sí, tengo mis razones en esta vida ―respondió, alzando el mentón y volviendo a mirar hacia la calle de enfrente por donde pasaban transeúntes constantemente, cada quien con sus vidas.

―¿No vas a decir nada más?

―¿Qué esperas que diga? ―Volvió a mirarlo.

―No tienes remedio ―comentó chasqueando luego la lengua, contrariado.

―Me lo haces difícil si estás esperando algo de mí.

―Soy el hombre más fácil sobre la Tierra, Pan ―le dijo suavemente.

―No me es fácil a mí, no quisiera decepcionarte, ¿sabes? ―dijo bajando la vista.

―A veces, es inevitable decepcionar, tú ya lo has hecho varias veces, no sé qué tendría de diferente si me decepcionaras un poco más ―inquirió él provocando que ella lo volviera a mirar con ojos interrogantes.

―¿Estás decepcionado de mí? ¿Alguna vez te di esperanzas? ¿He cambiado acaso? Porque yo siempre fui la misma persona, no he actuado diferente.

―Es precisamente eso lo que me decepciona. Quisiera que actuaras diferente alguna vez. No es necesario que seas seria, si no sincera y ni siquiera conmigo, pero sí contigo misma.

―No sé qué quieres decir. Debemos volver al trabajo ―dijo haciendo ademán de emprender el regreso.

―¿No me quieres? ―la frenó mirándola a los ojos fijamente. Alzó su mano haciendo un gesto con el pulgar e índice―. ¿Ni un poquito?

―Sí te quiero... un poquito ―aclaró sonriendo ante la ternura de su amigo que ladeaba la cabeza.

―No me mientas.

―No podríamos funcionar juntos... ―dijo sin negar no sentir algo más por él.

―¿Por qué lo dices? Somos completamente el uno para el otro.

―No creo en esas cosas. Tú eres como Daphne, debiste enamorarte de ella.

―Yo te quiero a ti... Siempre fue así.

―Geoffrey ―advirtió Pansy al ver que éste se acercaba― no lo hagas. No quiero…

―Yo sí quiero ―susurró.

Pansy sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras Geoffrey provocaba un roce de sus narices, aunque no pudo llegar a más, ni terminar con lo que había empezado. Harry había llegado con un maletín y no se había dado cuenta de la situación. Comenzó a balbucear una frase que se quedó a medio camino y quedó silencioso observando. Con aire decepcionado, Geoffrey se alejó y resopló. Pansy se fue de inmediato y se adentró al edificio.

―¿Interrumpí algo, Hooper? ―inquirió alzando las cejas.

―No, para nada ―dijo de mal humor.

―¿En serio? Juraba que estabas por besarla ―insistió Harry, sonriendo.

―Desaparece, Potter... ¡ahora! ―le pidió en toda respuesta. Harry supo que había metido la pata. Se decidió por entrar al edificio para hablar con Roger, como el hombre le había pedido, antes que el Geoffrey se decidiera por estrangularlo con sus manos.

Con su ondulado cabello rubio ya bastante crecido y moviéndose con la brisa, Geoffrey se quedó allí unos minutos, se sentó en aquel lugar predilecto y se apoyó en sus rodillas, pensando mucho sobre qué hacer con la chica que le robaba el sueño.


El viernes se realizaba un evento festivo con los miembros de la empresa para recibir al nuevo personal como era debido. Draco había anunciado varias contrataciones y prefería que las cosas se dieran de manera elegante. Como el día se hizo de esperar lleno de expectativas, por fin llegó y las mujeres y hombres vestidos de gala no se hicieron de rogar.

Hermione sabía que llegaría tarde, siempre intentaba ser puntual, pero últimamente los imprevistos estaban poniéndose de acuerdo para plantarse en su puerta. De alguna forma, esto no fue tan así literalmente, pero desde hacía tres días había alquilado un espacio personal para no tener que importunar a sus padres y Ron de vez en cuando pasaba para darle un poco más de agilidad a sus días. Ahora que el pelirrojo desquiciado no tenía trabajo, andaba deambulando sin tratar de conseguirse uno, simplemente porque decía que quería pasar más tiempo con Hermione. Ella, desde luego, no ponía muchas objeciones mientras supiera que él no necesitaba trabajar por el momento. Mientras viajaban en el auto hacia la fiesta de la empresa con toda prisa, Hermione no evitó recordar lo sucedido recientemente…

Se estaba duchando, ajena al reloj que corría en su contra, y tenía excesiva espuma en su cuerpo y sobre todo en su cabello. Se llevó un susto cuando de improviso, unas grandes manos se deslizaron desde su cintura hacia su abdomen, pero se tranquilizó al sentir el roce conocido y la respiración de Ron sobre su oído. No dijo nada, sólo suspiró mientras se dejaba llevar por la sensación que le provocaba que el padre de su futuro bebé la tocara, sintiendo cómo su pecho desnudo se pegaba a su espalda y cómo el agua realmente hacía que los temblores en su cuerpo se produjesen más seguidamente por aquella situación tan excitante.

¿Me extrañabas? ―preguntó sensualmente y comenzó a besarle la mandíbula de a poco.

Siempre ―contestó Hermione con rotundidad.

Se quiso voltear pero Ron no la dejó y subió sus manos acariciándole los senos y envolviéndolos casi al completo. Ella echó la cabeza hacia atrás ante el nada sutil contacto y Ron se dio la oportunidad de besarle el cuello. Mientras Ron hacía un exagerado movimiento y masajeaba la zona de la cual se había apropiado, comenzando sin siquiera notar lo que estaba haciendo, a friccionarse con su cadera a la de ella, rozando con su intimidad con su húmeda piel. El agua seguía corriendo y caía sobre ambos. Hermione sintió el duro miembro de su chico, rozándola apremiante, presionando contra ella y escapando de sus fuertes brazos, se volteó y lo miró; un recorrido que fue de abajo arriba, provocando una sonrisa pervertida en Ron. Él elevó una ceja sugerente, mientras sus manos la acariciaban por la espalda y bajaban descaradamente hacia su trasero. Ella no se alarmó para nada y lo miró mordiéndose el labio.

Sabes que no podemos… ―dijo rogándole con su voz a punto de ceder.

Podemos, será la última vez ―aseguró Ron acercándose a ella y entreabriendo sus labios para atrapar su boca. Se besaron un instante, provocando que sus lenguas jugaran animadamente junto al agua que corría por sus rostros sin timidez por meterse entre los dos amantes. Ron pasó sus manos por su cara, sin resultar nada delicado, y se deshizo de la cantidad de jabón que amenazaba con metérsele en los ojos a la castaña. Lo tiró para atrás y le enjuagó el cabello, hasta que volvió a besarla un poco más.

Para ti no hay última vez, Ronald ―inquirió Hermione luego de separarse un poco, pero siguiendo abrazada y tentada a estar con él―. Además… ―Observó hacia abajo y volvió a mirarlo con una sonrisita― tu amigo está muy tímido ahora.

Ron también se observó y frunció en entrecejo mientras bajaba una de sus manos y se tocaba sin ningún tapujo. Hermione no pudo evitar reír.

Necesita cariño ―convino Ron con su mueca desquiciada― y dice que mi mano no lo ayuda, no lo entiende… Necesita de una experta.

Ron ―dijo con voz neutral.

No querrás que te obligue a nada, ¿no? ―bromeó él.

No volverías a ser tan animal ni aunque quisieras…

Créeme, contigo así, por supuesto que quiero. ―La admiró con sus ojos azules, fascinado por ella y le hizo una pequeña caricia debajo de su ombligo.

Ronald… ―advirtió ella, otra vez respirando más entrecortadamente.

Él le sonrió más ante la actitud casi encaprichada de Hermione y le acarició la mejilla, corriéndole mechones de pelo mojado que se pegaban a su rostro. Hermione observó la cara llena de pecas de Ron, que mostraba una mueca pícara, y éste inesperadamente la alzó con energía y cerró los grifos con una mano casi libre.

¿Qué haces? ¡Aún tengo algo de jabón! ―Sus brazos rodeaban su cuello y sus piernas, su cintura. Ronald la llevó hacia el cuarto y la dejó en la cama, apoyándose sobre ella.

Me lo tragaré, si te molesta… ―convino Ron, sin hacerse problemas, comenzando a besar su cuello.

Ron, estoy embarazada y no llegué a los dos meses aún. Yo preferiría consultar si está todo bien y si podemos…

No voy a lastimarte, Hermione, ni tampoco lastimaré a nuestro hijo, sólo… déjame, por favor ―le pidió observándola tranquilamente―. No te lastimaré.

El hecho de que lo reiterara mirándola a los ojos, daba seguridad completa a Hermione, aunque Ronald a veces fuera un desmedido para el sexo. El cuarto en el que estaban, no se parecía en nada al departamento de Ron, ni al que Hermione compartía antes con Roger. Era mucho más acogedor, de paredes empapeladas en tonos pastel y con un ropero amurado color madera en una de ellas. Las cortinas de la única ventana de la habitación, eran casi transparentes y verde manzana y sólo parecían estar como parte de la decoración que Hermione no había elegido. Provisoriamente se encontraba allí, por eso mucho no le importaba cómo se viera el lugar si intentaría mudarse pronto, pero sí le interesaba que se sintiera cómodo y a juzgar por cómo se estaba en el lugar, parecía que sí lo era. No le hubiese gustado verse desde un punto exterior, ya que se encontraba nuevamente vulnerable entre los brazos de Ron y con las piernas abiertas, dejando que él la explorara, lleno de pasión y entendimiento, con un ritmo tan lento y tan poco acostumbrado en él, que lo volvía un desquiciante acto. Más allá de eso, Hermione se sintió en libertad de rozar con sus uñas la espalda de él, primero tranquila, sólo con un roce, un recorrido artístico a base del agua de la ducha que había quedado y las nuevas gotas que eran producto de un fino sudor, aunque luego tuviera que presionar sus dedos y hundir sus uñas en su piel, casi lastimándole la espalda, con intenciones de aferrarse a su cuerpo, abrazarlo y sentir más profundamente el acto del que era protagonista con aquel fogoso pelirrojo que juraba no llegar a lastimarla pero a cada segundo respiraba más salvajemente y la besaba y tocaba como si no existiera un mañana, empezando con un ritmo torturador y siguiendo con otro imposible casi de seguir. Ella simplemente se dejaba llevar y sentía la placentera sensación que la embargaba cada vez más fuerte. Sus lenguas se juntaron y reconocieron tan ávidamente entre sus besos, que ya no querían dejarse desde el primer momento. Ahogaban sus gemidos entre sus bocas, Ron le mordía el labio superior y luego el otro, jugueteando y deseando que el deseo, precisamente, fuera más inmenso. La enloquecía mientras sus embestidas lograban moverle hasta el alma y hacer saltar a su corazón como loco. Y finalmente los gritos para nada ahogados y bien justificados llegaron a oídos de ambos, respectivamente el uno del otro, envueltos entre un abrazo y la unión perfecta y más intensa que lo significaba todo…

Ahora sí… ahora nos tocará bañarnos ―comentó Ron, depositándole un beso corto pero dulce sobre sus entreabiertos labios que buscaban aire desesperadamente.

Eres… bueno, Ronald. Lo admito ―aseguró Hermione y sonrió.

Sonriendo de esa forma había logrado salir de casa. Con esa misma sonrisa habían llegado a la fiesta y Ron no podía más que sentirse orgulloso por ser el dueño, por ser quien la originara.


El salón no era más que una parte de reuniones reservadas en la planta baja del edificio de la empresa Davies, detrás de recepción, unas puertas corredizas se abrieron para dejar un amplio espacio, decorado con las exposiciones más famosas de las revistas que habían salido durante el año, las ediciones especiales y revistas de mes. Las mesas redondas, repartidas por todo el salón, tenían manteles combinados en blanco y negro, así como también las sillas. Las paredes eran color crema y cada terminación tenía un diseño pulcro y moderno en yeso. Un enorme ventanal daba a un jardín, que nadie de la empresa sabía que existía, y el escenario, que se encontraba en uno de los extremos del salín y elevado a sólo medio metro del piso, estaba bien iluminado en tonos cálidos, con el suelo de madera y los instrumentos relucientes a manos de expertos. Los músicos contratados eran los hermanos Duke, Kirley y Meaghan, que componían baladas y el clima se mantenía en armonía en mayor parte gracias a ellos.

Astoria recibía gente en las enormes puertas del edificio. Estaba reluciente con un vestido de seda y amplio escote, que casi era del mismo color que las paredes. La mayoría de invitados estaban allí ya. Los que llegaron casi al último y que era a quienes tendría que conducir la mujer hacia su mesa, eran Ron y Hermione. Éstos se dieron paso; ella con un vestido largo hasta las rodillas y de color rojo sangre, que mostraba lo justo y necesario como para dejar volar a la imaginación pervertida de su pelirrojo acompañante que la llevaba del brazo y estaba vestido de traje gris, camisa blanca y corbata negra, bien tradicional y un poco desarreglado y revoltoso. La mujer de Draco los miraba un poco insegura, no estaría bien visto que Hermione estuviera casada con el dueño de la empresa y llegara con otro, aunque tampoco podría quejarse de eso, ya que era su propia hermana mayor la que estaba del brazo de Roger Davies, aunque ambos parecieran en su mundo y alejados mentalmente del otro. Daphne llevaba un vestido bastante recatado en color morado, con algunos volados de su cintura hacia abajo. Llevaba guantes largos y oscuros también, que nada tenían que ver con la época.

―¿Qué nos perdimos? ―preguntó Hermione mientras pasaban la mirada por los invitados.

―La comida de recepción, básicamente, han bailado un poco y los músicos se presentaron ―explicó Astoria buscando a Draco con la mirada, aunque primero dio con la joven Natalie, que había dejado su cabello suelto y no recogido como siempre, y con Theodore que la sostenía de la cintura en todo momento―. Ah, también se perdieron la llegada de los tórtolos. Pansy, Geoffrey y Draco se pusieron a aplaudir cuando llegaron juntos, sin razón alguna, y el resto hizo lo mismo porque pensaron que aplaudían a alguien demasiado importante… Debo admitir que fue gracioso.

―Pobrecita, Nat, hubiese deseado ver eso ―comentó Ron haciendo una sonrisa imaginando el bochorno de su amiga. Hermione lo codeó.

―Llegamos tarde por tu culpa, no sé si recuerdas… ―inquirió ella, alzando las cejas.

―No fue enteramente mi culpa ―dijo Ron, y mientras Astoria encontraba a Draco y le pedía que se acercara, él continuó hablando en su oído― tú tienes la costumbre de dejar las puertas sin llave y estabas demasiado tentadora para mí.

Le dio un beso en la mejilla al finalizar y se adentraron juntos de lleno en el salón, mientras Astoria caminaba delante con Draco en su encuentro. Hermione, con su rostro acalorado, saludó a Natalie y la chica al verlos se acercó jovialmente. Se saludaron y Ron se abrazó a ella un tiempo prolongado.

―¿Ya no pasarás los días en La Madriguera? ―preguntó Natalie, iniciando conversación.

―Preferí volver… tuve ofertas de trabajo ―aseguró en un tono bajo. Hermione alzó las cejas, es no era algo que ella supiera―. Además… extrañaba mi departamento.

―Eres tan mentiroso ―inquirió su amiga mirando de reojo a la castaña, que ahora estaba tomada del brazo de Theodore, quien le señalaba algo del escenario.

En ese mismo instante, una música lenta comenzó a sonar y las parejas de la fiesta no habían dudado en llenar la pista del centro del salón. Theodore comenzó a bailar con Hermione y, de igual forma, Ron sacó a bailar a Natalie.

―Estás diferente, Ron ―admiró Natalie― Antes no podía notar siquiera que parecías estar demente, pero ahora sí que lo noto, de verdad eras raro y cambiaste.

―Siempre fui el mismo ―dijo encogiéndose de hombros.

En ese momento, su sonrisa quedó estancada y observó que Geoffrey, a unos metros de allí, le tendía una mano caballerosamente a Pansy, que estaba sentada y usaba un vestido color verde oscuro. Su amiga aceptó y cuando se pusieron en marcha para acomodarse en el centro de la pista, Ron vio que sus dedos estaban entrelazados, como si tuvieran algún acuerdo entre ellos, únicos conocedores de una verdad.

―¿Qué les ves? ―preguntó Natalie con curiosidad. Ron chasqueó la lengua.

―Pansy es más tímida de lo que pensaba… Creí que si llegaba este día, ella sería feliz.

―¿Qué día? ¿Qué tienen?

―Ella lo mira de esa manera, de una manera que no ha mirado a nadie. Lo entiende, está enamorada de él. Sabe que él la quiere también ―relató Ron, casi como si no existiera nadie a su alrededor, no notaba que Theodore y Hermione estaban bailando tan cerca de ellos, que también estaban escuchando su discurso― pero tiene miedo porque nunca se había sentido así, conoce muy bien a su mejor amigo y sabe que es difícil confiar en él, que a pesar de que sí confíe plenamente, piensa que así como ella puede llegar a lastimarlo a él, que está completamente entregado, ella también podría salir herida y no quiere eso.

―Vaya, ¿ahora comprendes la situación sentimental de los demás? ―preguntó Hermione sorprendiéndolo, pero enviándole una sonrisa.

―Es porque es mi amiga, ya sabes que yo entiendo de chicas… ―se mofó Ron. Theodore agachó la cabeza y se rio de lo dicho.

―Entiendes de chicas… sí ―dijo ella restándole importancia. Ron le cedió a Theo la mano de Natalie, para que siguiera bailando con ella y así, tomó de nuevo a Hermione entre sus brazos y se perdieron por la pista, admirando el poder pensar sólo en ellos, olvidándose de los demás. Aunque no por mucho tiempo… El besazo que se estaban dando sus amigos en ese mismo instante acaparó su atención.

―¡Hey, suéltala! ―pidió Ron indignado. Hermione lo miró con reproche por no dejar en paz a Theo para que besase cuando quisiese y como quisiese a Natalie―. Pero parece como si se la quisiera tragar…

―Sola hace falta que te mires a un espejo de vez en cuando ―inquirió Hermione con las manos en la cintura, dejando de bailar.

―¡A ti te gusta cómo te beso!

―Y a Natalie le gusta que Theo la bese también, sea de la forma que sea… ―agregó ella tomándolo de las manos y colocándoselas en su cintura―. Relájate, ella se puede defender sola y si no quiere que él haga lo que hace, lo alejará solita.

―Nat es muy joven y frágil.

―Ron, cierra la boca y baila ―ordenó ella, girándole la cabeza para que la mirara a ella. Él se quedó callado y comenzó a dejarse llevar.


Natalie entreabría su boca unos centímetros y la movía con sensualidad mientras Theodore hacía lo suyo y le correspondía muy hábilmente. Ambos habían decidido tomarse las cosas tranquilas, pero no tenía nada de malo el hecho de besarse en público, ya habían soportado las bromas más pesadas que podrían obtener de sus insoportables compañeros y no creían que tuvieran aún más para hacerlos quedar mal parados y llenos de vergüenza. Él la abrazó y su boca quedó a la altura de su oído.

―Estás preciosa ―le dijo.

―Gracias, tú también ―agregó ella abrazándose más a él y apoyando su cabeza en su pecho.

―Tal vez, en estas vacaciones de invierno deberías conocer a mi padre… ―sugirió él. Natalie se despegó de él y lo miró.

―¿El de la casa del mar? ―preguntó sonriendo. Theo hizo una mueca de obviedad.

―¿Cuántos padres crees que tengo? ―instó él e hizo reír a su novia.

―Solamente lo pregunté por simple entusiasmo… Creo que estamos avanzando muy rápido, pero que para Navidad falta y si, ojalá, seguimos juntos, no tendré ningún problema en ir… A cambio, tú también deberás pasar por casa y conocer a mis padres ―aseguró Natalie resueltamente. Theodore asintió mientras le colocaba un mechón detrás de la oreja.

―Claro que sí, tengo tendencia a caerle bien a la gente…

―¿Disculpa? ¿Desde cuándo esa arrogancia? ―preguntó sorprendida.

―No es arrogancia ―dijo encogiéndose de hombros―, es la verdad.

―Eres tan inocente que no puedo discutirte ni en broma ―musitó ella y se volvió a abrazar a él. Moviéndose muy lentamente al ritmo de la música, ambos se perdieron entre la gente.


―No estás incómodo, ¿verdad? ―preguntó Pansy a Geoffrey mientras bailaban.

―Estoy bien, pero quiero que quedemos en algo… ―comentó él. Era de los pocos hombres que no llevaban corbata puesta.

―Ya te he dicho que yo no quiero nada. Al menos, no quiero nada serio ―le dijo de nuevo.

―Podemos ser amigos si quieres…

―¡Geoffrey, ya somos amigos! ―musitó Pansy perdiendo la paciencia. Él sonrió y su mano rozó la esbelta espalda de la chica. Pansy se enderezó mucho y lo miró con sus grandes ojos claros.

―Me refería a otra clase de amigos. Podemos… tener derechos, reglas ―mencionó él y ladeó su sonrisa pronunciada.

―Francamente, eres un idiota ―dijo la morena haciendo un ademán de querer dejarlo solo, pero él la retuvo.

―No te enojes, soy un arriesgado, si no te gusta la idea, la verdad es que lo puedo aceptar… Sólo amigos ―dijo tratando de convencerse a sí mismo.

―Amigos, sí ―musitó ella.

―Igualmente quiero preguntarte algo. ―Pansy lo miró atenta, con un rubor en las mejillas, sus pestañas bien curvadas, sus deslumbrantes ojos fijos en él y su cabello recogido y oscuro pero bien brillante, con algunos mechones rebeldes que se le venían a la cara― ¿Estás muy segura de que no quieres nada conmigo, no? ¿Ni siquiera informalmente…?

―Estoy muy segura ―repitió ella y miró hacia abajo. Él tomó eso como una mentira despiadada. Sostuvo fuerte una de sus manos y de improviso se la llevó del centro de la pista, caminando rápido y casi arrastrándola―. ¿Y ahora qué?

―Se me está parando…

―Geoffrey, habla en serio ―pidió ella tratando de no reír. Cuando llegaron a la desolada recepción del edificio él alzó las cejas y se miró el pantalón.

―Yo siempre hablo en serio ―dijo e hizo una sonrisa. Pansy lo observó; tenía la entrepierna abultada.

―¡Santo cielo! ¡Dije que no! ―inquirió ella y miró hacia otro lado que no fuera ahí, ni a sus ojos.

―Eh, no te traje para que hagas algo al respecto, si piensas cosas sucias no es mi culpa… No quería dejarte mal parada ahí sola mientras yo me iba como un loco.

―Parada, justamente, dejaste a otra cosa. ¿Se puede saber qué tienes en la cabeza? ¡Eres un calentón! ―le reprochó.

―¡No! O sí, bueno, pero tú estás así como si nada y me mientes en la cara y me dices que no… Sabes que yo no puedo con los rechazos ―se excusó Geo.

―Geo, yo sólo quiero ser tu amiga ―dijo volviéndolo a mirar, ahora con lástima.

―Está bien, lo acepto ¿entiendes? Y como amiga que eres, compréndeme, es un estado natural.

―Estás grande para estas cosas… ―dijo cruzándose de brazos.

―Ya entendí, no me basurees, espérame, voy al baño y así volvemos juntos, por favor ―le pidió él, casi en un ruego.

―Bien, te espero. Pero no tardes… ―inquirió con cara de pocos amigos. Geoffrey comenzó a caminar hacia el baño, con cierta dificultad―. ¡Y lávate las manos!

Suspiró y se pasó una mano por su rostro totalmente resignada y con una serie de sensaciones en el cuerpo. Esperó cerca de la puerta del pequeño baño de servicio que nunca nadie usaba, en el cual Geoffrey se había metido y resopló fuerte mientras pensaba una locura. «¡Al carajo mi pesimismo!», pensó totalmente convencida, entrando de un impulso en el baño tras Geoffrey, sabiendo que aquello no era lo que su mente había acordado en un principio con su corazón y que si se equivocaba con él, corría un terrible riesgo de perderlo incluso como amigo.


Daphne volvió a cruzarse de brazos por quinta vez en lo que iba de la noche. Su hermana le decía que no lo hiciera, que lucía como una pequeña niña encaprichada, pero no podía hacer nada por evitarlo. No había vuelto a cuestionar a Roger, casi no se dirigían la palabra, se sentía a punto de perder al único hombre que había querido, nuevamente sentía que sus posibilidades de estar con él se debilitaban. Le había sucedido cuando vio cómo se escapaba de sus brazos casándose con otra y lo sentía ahora, que había sentenciado que vendería la empresa y se iría lejos porque nada allí lo retenía. Observó bostezar a Draco frente a ella, sentado en la misma mesa que compartían seis, ellos con sus respectivas parejas, Geoffrey y Pansy, que también habían ido juntos, aunque los últimos estaban desaparecidos hacía más de media hora. Su hermana, Astoria, acarició el cabello rubio platino de Draco y él le sonrió y atrapó su mano para darle un pequeño beso allí. Daphne se sentía encandilada por la clase de relación que habían forjado ellos y por un momento se preguntó cómo era que ella y Draco no habían terminado juntos. Decidió pensar que ella era demasiado complicada para él y que Astoria era mucho más sencilla y todo lo que su amigo siempre había buscado. Por un lado, elegante y hermosa, por el otro, una mujer que no se hacía problemas por nada, excepto que estuviera demasiado tranquilo el día y se inventara alguna excusa para animarlo un poco. No fue tan perceptible para ella, que Roger Davies ya no estuviera sentado a su lado y menos aún, que se hubiese ido para acercarse al micrófono encima del escenario e intentara decir unas palabras a todos sus invitados. Las cabezas se desviaron hacia él, cuando se presentó y los músicos se obligaron a parar en medio de una melodía. Daphne escondió un poco la cabeza, pero la curiosidad pudo un poco más que ella, así que trató de ver y escuchar con atención. Ron y Hermione también dejaron de bailar en la pista y se acercaron al escenario.

―Bienvenidos a todos ―comenzó Roger Davies, sosteniendo con una mano el micrófono, aunque estuviera bien encajado en el soporte, y con la otra, su copa a medio llenar― quiero decir principalmente, gracias por estar aquí hoy y no, no subí e interrumpí por estar borracho ni nada de eso. Estoy bien, gente. ―Algunos rieron. Hermione tenía los ojos húmedos y no sabía siquiera por qué―. Antes que nada, quiero anunciar algo importante. Esta será mi última aquí, he decidido vender la empresa y… ―Alzó las manos para que nadie reclamara nada―. Por favor…, decía, vendí la empresa. Sí, como escucharon, ya lo hice, no es que "voy a hacerlo". El nuevo dueño, es nada más y nada menos que Draco Malfoy, el editor en jefe. ―Lo señaló y sonrió antes de llevarse la copa a los labios, mientras Draco era felicitado por su mujer y las personas que tenía más cerca.

Geoffrey y Pansy se acercaron a Theodore y Natalie que observaban hacia el escenario. Tenían un aspecto caluroso y jovial, y no estaban tan arreglados como en un principio.

―¿De qué nos perdimos? ―susurró Geoffrey a Nott.

―Draco Malfoy es el nuevo dueño de la empresa y Roger se larga de aquí. Hasta ahora eso… ―respondió Theo en el mismo tono, sólo acercando su cabeza a él pero sin dejar de mirar al escenario.

―Ahh ―respondió bobalicón―. ¡La de cosas que pasan cuando uno se ausenta unos minutos!

―Geo… ―dijo Pansy con reproche. Lo miró y él sonrió.

―Quedará entre nosotros ―comentó en su oído. Se alejó y le guiñó un ojo―. Como amigos…

―Como amigos ―sentenció ella, aún sonrojada por lo que había pasado entre ellos.

Mientras tanto, Roger continuaba hablando.

―Más importante es, sin embargo, otra decisión personal que surgió muy de improviso. De un día al otro, Hermione y yo nos dimos cuenta de que no estábamos hechos el uno para el otro ―explicó el hombre con mucha claridad. Volvió a beber―, teníamos en la cabeza y en el corazón a otras personas. Decidimos separarnos, pero eso ya lo sabían seguramente. Lo que no saben es que realicé demasiado rápido los trámites del divorcio y que ya están listos para ser firmados, que no es un capricho y que mi mujer es maravillosa y una persona de la que pude aprender mucho… ―Hermione sonrió agradecida mientras sus miradas se cruzaron―, que por ello no tenía apuro en separarme, pero otra cosa me impulsó a hacerlo… Estoy enamorado de alguien más. ―Su mirada fue directamente hacia Daphne, quien estaba algo sonrojada y perdida, ya que no se esperaba aquello para nada. Todas las miradas siguieron la de Roger inmediatamente―. Daphne Greengrass ―la nombró y suspiró mientras alzaba la copa―, no soy de los que hablan en público ni mucho menos, pero te quiero y quiero que aceptes ser mi esposa…, en cuando Hermione firme el divorcio, claro está. ―Volvieron las risas, junto con algunos suspiros de mujer, pero pronto todo se sumió en silencio. Nadie lo sabía, tal vez sólo él. Sólo Roger estaba enterado de que el sueño de Daphne era casarse y formar una familia algún día y eso provocó que la mujer se llevara las manos al corazón y se le cayeran algunas lágrimas de felicidad y entusiasmo―. Vendí esta empresa porque quiero viajar, es cierto, pero quiero que me acompañes, quiero dejar de fracasar, quiero que esto funcione y…

Ron observó a Hermione llorar en silencio. Estaba emocionada, demasiado para su gusto. Hermione, al sentirse observada, también lo miró.

―¿Qué? ―preguntó. Él se encogió de hombros―. ¡No seas insensible, Weasley!

―Vaya… extrañaba mi apellido en tu boca ―comentó―. ¡Larguémonos de aquí, esto se pone cursi!

Como bien dijo Ron, Roger se había bajado del escenario, los músicos acompañaron muy bien el momento y Daphne que se acercó a él con paso apresurado, se encontró con su futuro marido en un punto medio y se besaron apasionadamente.

―Cliché romántico, ¿no te extraña que todas las historias terminen igual? ―volvió a decir Ron en voz baja. Hermione lo miró con resignación. Ron no cambiaría más. Observaron a la pareja besarse y aplaudieron―. Para colmo, tú eres "la otra" y todavía estás casada.

La risa de Ron hizo que su paciencia se le fuera rápidamente. Por fortuna, Harry y Ginny aparecieron en la fiesta e interrumpieron el discurso que Hermione le plantaría a Ron. Harry llevaba unos papeles consigo. Ambos venían bien vestidos, recién llegados de una cena con sus abogados amigos. Al no saber de eso Ron, chasqueó la lengua y dijo:

―No quiero ni saber por qué ustedes llegaron el doble de tarde que nosotros… Y pensé que yo tardaba en… ―Hizo un gesto obsceno y Hermione lo miró con más indignación.

―¡Ronald, ¿por qué siempre tienes que ser desubicado? ―Fue su hermana la que preguntó y luego explicó de dónde venían.

―¿Qué traes ahí, Harry? ―preguntó Hermione con interés.

―¡Ah, sí! ¡Sorpresa! Es tu divorcio ―aclaró Harry―. Roger no perdió el tiempo.

―¿Por qué no me habías dicho que habías iniciado tú los trámites?

―Te acabo de decir que era una sorpresa de Roger ―dijo Harry tratando de restarle importancia―. Serás libre, además, yo sólo hice mi trabajo y ni me digas, fui un flash.

―¿A que no sabes? ―habló Ron a Harry―. Yo te lo agradezco más que Hermione y ese Federer te lo agradece el triple, está prendado a Greengrass. Incluso, no sé si con una espátula los podría separar.

―¡Las cosas que dices, por Dios! ―exclamó Hermione―. A ver, pásame los papeles, Harry.

El moreno de gafas redondas le preparó las hojas que tenía que firmar y Hermione hizo lo propio cuando él le prestó un bolígrafo que traía consigo. Ni siquiera tuvo que pensarlo, firmó todo con decisión y antes de poner su último sello allí, observó el rostro de felicidad de Daphne y la sonrisa de Roger; nunca lo había visto tan feliz. Se cruzó con su mirada un momento y no lo pensó un segundo, bajó la vista y firmó por última vez.


Más tarde, cuando los invitados comenzaban a retirarse y sólo quedaban los más antiguos de la empresa y los jefes de sus respectivos pisos, Ron y Hermione subieron hacia la oficina de ella y se sentaron juntos en la cómoda silla detrás del escritorio; Ron debajo y ella sobre su regazo, como si fuera una niña. Uno de sus brazos pasaba por detrás de su cuello y con su mano acariciaba distraídamente su pelo rojo. Él rodeaba su cintura y su mano libre la apoyaba en el abdomen de ella, como si quisiera mimar a su futuro bebé. Hermione agachó un poco la cabeza y él acercó su rostro para besarla quedamente. Se separaban, rozaban sus narices, juntaban sus frentes y volvían a besarse con tranquilidad, como si no existiera el tiempo, como si no tuvieran que irse jamás de allí.

―Quiero confesarte algo ―dijo Hermione y él estuvo atento a sus palabras―. A mí sí me gusta lo cursi.

―Lo noté… ―aseguró Ron―. No puedes esperar mucho de mí.

―Lo sé, con tenerte así me basta ―admitió ella y volvió a besarlo.

La puerta se abrió imperceptible y lentamente. Harry, con Ginny delante de él, observó a la parejita, acurrucada en el sillón de Hermione, besándose despacio, felices. Ron acarició la mejilla de Hermione en un momento, pero lo que a Ginny no le pasó desapercibido, fue que cuando terminó de hacer el tierno acto, bajó su mano nuevamente y le tocó el vientre con ternura, mientras sus labios seguían apoyados sobre los de ella. Harry miró a Ginny sin darse cuenta muy bien de la situación. Ella le sonrió e hizo un gesto para que su marido cerrara la puerta y dejara solos a Ron y Hermione, junto a la esperanza de un futuro latente y, a todas luces, hermoso.

FIN


N/A: Gracias totales.