Capítulo 3
Se puede decir, que aquella noche del 18 de Enero, fue la peor noche de mi vida, los recuerdos me asaltaban, las imágenes abarrotaban mi cerebro y no fui capaz de dormir mas de dos horas seguidas, las pesadillas no me dejaron.
Sobre las 9 de la mañana decidí levantarme de la cama, pase al cuarto de baño y la imagen que reflejo el espejo, me asusto, mi cara estaba surcada por dos ojeras y mis ojos hinchados me daban una apariencia demacrada.
Me lave la cara con un poco de agua fría y decidí ir a la cocina a desayunar algo, antes de salir a por un nuevo móvil, necesitaba llamar a Georgia, a mi madre y a Vicky.
Ya en la cocina encendí el pequeño televisor que se encontraba en la encimera y me di media vuelta para buscar el café, una noticia me saco de mi búsqueda, un reportero en la puerta del hospital contaba el estado de Doug, mientras un pequeño grupo de fans empezaba a llegar y a poner flores y pancartas en una esquina, parecía un pequeño altar y solo pude gritar, ¡sigue vivo, no ha muerto!, el estómago se me cerró y decidí salir a la calle, últimamente no aguantaba en los sitios cerrados, eche mano de la cartera, el abrigo y unas gafas de sol y puse rumbo al centro de Londres.
Era un día frío y el aire se colaba por mi cuello, haciendo que mi piel se erizara, rezaba por que nadie me reconociera, no tenia ánimos para las fans, solo quería desaparecer, perderme por la ciudad, dejando la mente en blanco.
Pase a una tienda de móviles y compre uno nuevo, en muy poco tiempo ya estaba saliendo de ella, con un teléfono y una tarjeta duplicada. Le envié un mensaje a Harry, notificándole mi nueva adquisición y rogándole que me avisara con cualquier noticia. Me empezaron a llegar mensajes, la mayoría de llamadas perdidas, de Harry, Tom, Georgia, Vicky y algún que otro amigo más. También recibí algún mensaje de ánimo, decidí guardar el móvil por el momento y entrar a un Starbucks a por un café bien cargado.
Cuando salí camine directamente hacía un pequeño parque que se encontraba en la acera de enfrente, encontré un banco bastante aislado y me senté, con el café calentándome las manos y la mirada perdida en los árboles.
Saque de nuevo el teléfono y marque el número de mi novia, ya era hora de que hablara con ella. Sonaron dos tonos y entonces escuche su voz al otro lado de la línea.
- Dan, cariño, ¿Cómo estas? - no me dejó contestar y siguió hablando ella, eso era algo muy habitual- Ayer me llamó Gio, me lo contó, todo, también lo de tu móvil, estaba muy preocupada, no sabía como localizarte, he pensado en coger un vuelo esta noche e ir a Londres, tengo que hablar con el director, pero no creo que me ponga ninguna pega, debería entenderlo. También he visto las noticias esta mañana, ¿Sabes algo nuevo? ¿Hay alguna noticia sobre su estado? – cuando empezó la retahíla de preguntas decidí cortarla.
- No hay noticias nuevas, por lo menos, no que yo sepa. No creo que haga falta que vuelvas, acaba el trabajo, solo te queda una semana, además aquí no hay nada que puedas hacer, yo estoy bien, de verdad, estoy en casa de Harry. Dentro de lo que cabe estoy bien, además pasare muchas horas en el hospital – la realidad era, que no me apetecía tenerla a mi lado preguntándome todo el tiempo mi estado, estaba siendo muy egoísta, pero no quería a nadie a mi lado, quería estar solo con mis pensamientos, solo.
- Danny, yo voy si tu me lo pides, a mi no me cuesta, quiero estar a tu lado, se que esto es muy duro para ti – no, ella no tenía ni idea de lo duro que era para mí, ella pensaba que estaba mal por tener a mi amigo así en un hospital, pero era mucho más que eso.
- Geo, en serio, no hace falta, no quiero que pierdas tu trabajo por esto, se lo duro que has trabajado, prometo llamarte en cuanto tenga noticias, estaremos comunicados en todo minuto – eso pareció convencerla, porque su respuesta fue la que en mi interior esperaba y deseaba.
- De acuerdo, volveré la semana que viene, cuando acabe este trabajo, pero por favor, llámame con lo que sea, ¿vale?
- Si, tranquila, yo te llamo, te dejo, tengo cosas que hacer, cuídate Geor.
- Te quiero Dan.
Colgué, nunca había sido bueno con las despedidas por teléfono y en realidad, odiaba ese tipo de te quieros, nunca los había dado, por lo que supe que ella no se sorprendería por no recibir uno a cambio.
Mire la pantalla del móvil, comprobando la hora, eran las 11 y hasta después de comer no empezaba la hora de visitas de la UCI, dí un sorbo a mi café, ya bastante frío, me ajuste el abrigo intentando taparme el cuello y me levante del banco. No sabía que hacer, no quería ir a casa y sentarme a esperar, por lo que volví andando a casa de Harry a recoger mi coche, me pasaría por el estudio a tocar algo, eso siempre conseguía que las horas pasaran volando y que mi mente quedará en blanco, ese conjunto era lo que necesitaba en ese momento.
Llegue al estudio en menos de 20 minutos, aparque el coche y busque en la guantera las llaves, por si no hubiera nadie dentro, algo muy probable en un día como hoy.
Tuve que abrir con llave, como había supuesto, nadie se encontraba en el estudio esa mañana, encendí las luces, dejando el abrigo en la primera silla con al que tuve el placer de tropezar.
Entre en la sala de los instrumentos y lo primero que vi, fue esa colección de bajos, multicolores, con lucecitas por todas partes, Dougie siempre había sido un hortera, le encantaban, cuanto mas llamasen la atención, mas le gustaban.
Me acerque al atril donde estaban colocados y pase una mano por ellos, cogí el azul, siempre me había gustado ese bajo, me traía muy buenos recuerdos de las giras.
Lo volví a dejar en su sitio, con mucho cuidado, ahora mismo eran los objetos mas preciados de esa sala y hasta que él no volviera, nadie iba a tocarlos, yo me aseguraría de ello.
Me senté en una silla y cogí la primera guitarra que encontré, era la eléctrica negra, siempre me decían que estaba destrozada, pero era mi guitarra favorita y hasta que no se cayera a cachos no pensaba jubilarla. Me puse los cascos y empecé a afinarla, era un ritual, nunca cambiaba mis gestos cuando tenía una guitarra entre las manos. En cuanto la tuve afinada, empecé a tocar algunos acordes sin ton ni son, la verdad que no sabía que tocar, simplemente quería hacerlo.
Los acordes iban fluyendo y no se parecían a ninguna canción que antes hubiera escuchado, por lo que deje llevar mis dedos por las cuerdas, creando una melodía que expresaba perfectamente mis sentimientos, cualquiera que toque un instrumento, sabrá que todo depende del estado de ánimo, cada nuevo acorde, cada nuevo punteo, era como una lagrima mas que expulsaba mi guitarra, la deje llorar conmigo.
No se cuanto tiempo estuve tocando sentado en la misma posición, pero mi espalda lo notó y tuve que moverme, al abrir los ojos, me encontré con unos color miel, mirándome a través del cristal de la puerta. Era Tom, en cuanto me vio abrir los ojos, abrió la puerta y entro a la sala, no decía nada y empecé a removerme nervioso en la silla, que Tom no hablara, no era buena señal, siempre tenía algo que decir, justo cuando decidí empezar a hablar me cortó.
- ¿Has apuntado los acordes? Es lo mejor que te he escuchado tocar en mucho tiempo.
No supe que contestarle, me esperaba cualquier frase, pero no esa.
- No, pero la recuerdo, al menos gran parte de ella – conteste un poco confundido.
- Mm... de acuerdo, ¿Qué haces aquí?
- Pues, lo que ves, nada, tocar, relajarme, ¿tu? – la verdad me imaginaba que él había venido a lo mismo.
- Pensaba hacer lo mismo que tú, no aguantaba más tiempo en casa, Gio está trabajando y la casa es demasiado grande ahora mismo.
No conteste, no hacía falta, le hice un gesto con la mano para que se sentara y no tardo mas de 1 minuto en coger una guitarra, afinarla y empezar a tocar. Nos miramos y sin decirnos nada, empezamos a tocar la misma canción, Tom era la única persona que podía leerme la mente en todo momento.
Pasamos alrededor de dos hora tocando sin parar, no cantábamos, mas que ligeros susurros y algún que otro silbido. Se acercaba la hora de comer y mi cuerpo lo noto, levante la vista de la guitarra y mire a Tom.
- ¿Te hace ir a comer algo al italiano de ahí abajo? – conocía a Tom, se que no me iba a decir que no, total estábamos hablando de comer.
- Claro, pero pagas tú, que siempre me toca invitar a mi – contesto con una sonrisa en sus labios y marcando ese hoyuelo tan característico, ese que volvía locas a mas de una fan.
Cogimos los abrigos y sin decir mucho, pusimos rumbo al restaurante, ya nos conocían, por lo que nos dieron nuestra mesa habitual y nos dejaron la carta en la mesa. En realidad siempre pedíamos lo mismo, una lasaña de carne para Tom, unos ravioles con setas para mí, un Carpaccio para Harry, siempre con las proteínas y una pizza de pollo marinato para Dougie. Dougie…
- Tom, ¿Hay alguna novedad? ¿Sabes algo más? – pensar en el menú me había echo pensar en Doug y si alguien tenía noticias de él, ese era Tom, Tom siempre lo sabía todo.
- No Danny, he hablado esta mañana con Sam y solo me ha dicho, que la noche ha pasado sin complicaciones, algo muy bueno en ese tipo de operaciones, ya escuchaste ayer al médico, las primeras 48 horas son las peores.
No sabía como reaccionar, no eran malas noticias, pero tampoco me parecía que fuesen buenas, me limite a asentir con la cabeza y a centrarme en mi comida.
El resto de la comida pasó sin muchas novedades, nos limitamos a hablar de temas sin relevancia y a comer. Cuando nos íbamos a despedir, me agarro del brazo y me dijo:
- La hora de visitas es de 4 a 8, Gio y yo iremos sobre las 6, cuando ella salga de trabajar, por si quieres venir con nosotros.
- No, tranquilo Tom, yo iré a primera hora, quiero estar todo el tiempo posible, quiero hablar con él, necesito hablar con él, aunque suene absurdo.
- No es absurdo Dan, aunque los médicos digan que no puede escuchar, yo estoy seguro de que en el fondo se entera de todo – su respuesta no me sorprendió, Tom tenía una visión de la realidad, que se podría definir como…mágica.
Le respondí con una sonrisa, nos dimos un pequeño abrazo y nos despedimos. Cada uno entro en su coche y pusimos rumbos distintos.
Llevaba una semana sin entrar en mi casa y se me hizo duro hasta abrir la puerta, esa casa me traía muchos recuerdos, bueno y malos, durante los últimos 5 meses Doug había estado viviendo en mi casa, hasta el día D, en que todo se nos fue de las manos. Deje de pensar en eso y me encamine directamente hacia la ducha, necesitaba despejarme, antes de volver al hospital.
Me di una larga ducha caliente, me puse ropa limpia y volví al coche, esta vez para ir al hospital. Seguía siendo duro entrar en él y mientras el ascensor subía planta a planta, un nudo se formo en mi estómago. Las puertas se abrieron y volví a ver esa sala que ya odiaba.
Salí del ascensor y vi a Frankie, apoyada en la pared, estaba sola, cosa que me extraño, me acerque a ella, nunca nos hemos llevado del todo bien, pero en estos momentos, eso no importaba.
- Hola Frankie – ella levanto su cabeza y me miró, con esos grandes ojos marrones, anegados por las lagrimas.
- Dan – no pudo decir mas y se abalanzó sobre mi, abrazándome con fuerza y mojándome el hombro de la camisa con sus lagrimas, le devolví el abrazo y la deje llorar.
Cuando consiguió calmarse un poco, se separo de mí y volvió a mirarme a los ojos.
- Lo siento, te he manchado toda la camisa de rimmel.
- Tranquila –conteste dándole una pequeña sonrisa - Tenía que echarla a lavar.
- ¿Estás mejor? – pregunte.
- Si, solo ha sido, no se, ver una cara conocida, necesitaba descargar, todo esto esta siendo demasiado duro – su voz era apenas un susurro. – Quedé con él hace unos días, quería hablar conmigo, darme explicaciones acerca de todo lo que nos pasó, en verdad no se que hago contándotelo, tu mejor que nadie debes saberlo todo.
- Lo siento, Frankie, nunca quise que todo acabara así – se que no le debía disculpas, pero mi conciencia no me dejaba tranquilo, nunca.
- Ya paso, hacía mucho que Doug y yo no estábamos bien, eso solo fue la gota que colmo el vaso, pero nunca te culpe de ello.
Me sorprendió su reacción, cualquiera podría echarme las culpas y ella tenia suficientes motivos para hacerlo, aún así no me culpaba y note como un peso se desprendía de mi alma.
- Bueno Dan, yo tengo que marcharme, ahora mismo está Harry dentro. Nos vemos, cuídate – dijo Frankie
- Lo mismo digo Frankie, suerte.
Me quede solo en la sala, viendo como la gente entraba y salía, su expresión siempre denotaba tristeza y desee esconder la cabeza en la tierra, como una avestruz asustada, odiaba la sensación de vacío que me provocaba el hospital. Decidí acercarme a la máquina de bebidas, sacar una coca-cola y darle tiempo a Harry, supuse que como yo, él también necesitaba un momento a solas con Dougie. Me apoye contra la pared, abrí la lata y le dí el primer trago.
Y recordé, recordé como antes siempre me peleaba con mi hermana para dar el primer sorbo a la lata, era algo absurdo, pero según nosotros, allí estaba el mejor trago de todos. Vicky, no la había llamado, aunque si que había recibido alguna llamada de ella mientras mi móvil estaba muerto, esa misma noche cuando saliera de aquí, la llamaría, la pediría que viniera a pasar unos días conmigo, la verdad, necesitaba su compañía.
Levanté la vista y observé como Harry salía por la puerta de la UCI, con una expresión sería y los ojos ligeramente brillantes. Tire la lata a la papelera más cercana y me acerqué.
Le dí una pequeña palmada en la espalda.
- Puedes pasar, hasta dentro de un rato no va a venir nadie más – dijo Harry.
- ¿Te vas a quedar por aquí o te vas a casa? – pregunté.
- Creo que me iré a ver a mis hermanos, supongo que quieren distraerme un rato, ya sabes – su tono no denotaba ninguna alegría, pero sabía que lo necesitaba y él también lo sabía.
Nos despedimos en la puerta del ascensor, me dí la vuelta y puse rumbo a la entrada de la sala, cumplí el ritual obligatorio y entre.
Esta vez no fue más fácil que la anterior, casi puedo decir, que esta vez, fue todavía, si cabe, mucho más difícil. Me senté en el mismo taburete que la última vez, le miré, le cogí la mano y empecé a hablar.
- Pollito, estoy aquí, dios mío, esto es muy difícil, tengo tantas preguntas que hacerte, ¿Por qué ibas a Bolton? ¿Qué le has contado a Frankie? ¿Por qué no me llamaste?, ves, tengo demasiadas preguntas y tu ya sabes que odio que no me contesten, así que, despierta por favor, te necesito a mi lado, sin ti no soy nada y lo sabes.
Volví a levantar la cabeza y le miré, una venda le cubría gran parte de su cabeza y los tubos le tapaban el resto de la cara, era una imagen desoladora, no sabía que decirle, solo quería que abriera los ojos, solo le quería a mi lado, quería enmendar todos mis errores, necesitaba que me perdonara.
Pase más de media hora hablando, más bien, rogándole que despertara, que había mucha gente que le necesitaba, le conté las muestras de cariño de las fans, los regalos que habían enviado. Le conté como lo estaban llevando el resto y en medio de mi discurso, volví a echarme a llorar.
Alrededor de 45 minutos después de que yo hubiera entrado, Sam, la madre de Doug, apareció por la cabina, me dio un suave apretón en el hombro y se sentó enfrente de mí.
- ¿Hay alguna novedad? ¿Has hablado con los médicos? – pregunte.
- Me han dicho que la operación ha salido bien, que no esperan complicaciones en las próximas horas, las más críticas ya han pasado, de no haber cambios mañana lo subirán a planta, ahora solo queda, esperar.
- Esperar – respondí en apenas un susurro – eso es lo más duro.
- Lo se, no sabemos si va a despertar, confió que sí, él va a volver con nosotros, estoy segura, nunca me dejaría sola, le conozco.
- Me gustaría tener la misma fe ciega que ella, siempre había sido una mujer muy positiva, su vida no había sido lo que se dice, fácil, pero nunca había perdido la esperanza y por lo visto, ahora mismo su esperanza seguía saliendo a flote, eso me hizo darle una pequeña sonrisa, asentir con la cabeza y salir de allí, para dejarla a solas con su hijo, no sin antes acercarme a ella y darle un pequeño beso en la mejilla.
Gracias por leer. ¿Algún comentario? xx
