Otro capítulo más. Como veis esto avanza poco a poco así que un poco de paciencia que llegar, llegará todo.

Y gracias.


Capítulo 5

La noche ya había caído cuando llegue a casa, después de una tarde, bastante productiva en el estudio con Tom, habíamos conseguido acabar dos nuevas melodías, una de las cuales era aquella que compuse el día después del accidente.

Pase a coger algo para cenar y entre en casa, allí estaba Vicky, tirada en sofá viendo uno de esos programas de marujeo que tanto parecen gustarle. Me dirigí a la cocina y ahí estaba, Georgia, preparando lo que supuse que sería la cena.

- ¿Georgia? ¿Como no me has avisado que llegabas hoy? – pregunte - Podría haberte ido a buscarte al aeropuerto.

Dio media vuelta, me sonrió y se acerco a mí dándome un pequeño beso en los labios, un simple roce de labios.

- No quería molestar, además una compañera me ha acercado hasta aquí – contesto.

- Bueno y ¿Qué tal el trabajo? ¿Todo bien? – pregunté, la verdad, no sabía que decir.

- Si, todo bien, ha sido…divertido – contesto con una pequeña sonrisa.

- Me alegro. He traído cena, pero no sabía que estabas aquí y bueno…podemos compartirla – dije.

- Tranquilo, estoy haciendo una ensalada, Vicky ya me dijo que trías cena, pero no nos ha dado tiempo a avisarte, acabo de llegar – con eso, se dio media vuelta y siguió preparando la cena, dando por terminada la conversación.

Cenamos, sin mucha conversación entre nosotros, Vicky se encargó de llevar todo el peso de la conversación, no sabía como me sentía teniendo a Georgia en casa otra vez, últimamente estaba empezando a cuestionarme mis sentimientos, yo la quería, pero ¿la quería como mi novia o como mi compañera y amiga? Los últimos acontecimientos de mi vida, me hacían dudar de todo y en mi cabeza había una gran maraña de ideas confusas, que sin duda, necesitaba resolver. Cuando Vicky decidió irse a dormir, más por compromiso que por sueño, Georgia y yo nos quedamos en el salón. No sabía por donde empezar, lo último que quería era hacerlo mal, hacerla daño, no lo merecía.

- Dan, creo que tenemos que hablar – dijo ella, sus palabras me sorprendieron, sabía lo que esa frase conllevaba y no me lo podía creer, se puede decir, que ella sin saberlo había abierto la veda.

- Si, yo también quería hablar contigo – dije.

- ¿Puedo empezar primero? – pregunto, clavando sus ojos en los míos.

- Claro, claro – la verdad, lo prefería, esperaría a ver que tenía que decirme ella.

- Estos últimos meses, han sido extraños – comenzó – lo nuestro, se está debilitando y eso me mata, no se como ha pasado, pero ha pasado. – note como se mordía la mejilla, intentando continuar y agarre su mano – La pasión se ha acabado, la confianza está desapareciendo, ya no hablamos horas, como hacíamos antes, no me cuentas tus problemas y se que los tienes. – apreté mi mano contra la suya, en un intento de apoyar sus palabras, todas eran ciertas – Quiero que sepas que no te culpo Dan, no es culpa tuya, es de los dos, yo también me he alejado, he interpuesto mi trabajo a esta relación, los dos lo hemos hecho y se que eso no es algo malo, pero no vamos a ningún lado… - dejó la frase a medias, no se si por falta de palabras o por falta de fuerzas, pero decidí que era mi turno para hablar.

- Lo primero Geo, lo siento, nunca quise que esto acabara así, sabes que te quiero, lo sabes – las lagrimas comenzaban a aflorar por sus hermosos ojos, me arme de fuerza y continué – pero es cierto, esto no esta yendo bien, somos más amigos que amantes y no te merezco, nunca te he merecido. – levanto la cabeza e hizo un gesto para cortarme, pero no la dejé, necesitaba continuar – Estos últimos meses he tenido muchos problemas que no te he contado y ese ha sido mi primer gran error, no hablar contigo, pero tenía miedo y lo sigo teniendo, tú eras mi novia, mi amiga y yo me aleje de ti, pensé que lo que necesitaba era estar solo, como siempre me equivoqué. No quiero que esto acabe mal para nosotros – continué – quiero estar seguro de que lo entiendes, de que los dos estamos de acuerdo, no quiero hacerte más daño del que ya te he causado.

- Dan, acuérdate, he sido yo la que te ha pedido hablar, así que ahora no hagas el papel de Danny Jones el rompecorazones que esta vez me toca a mí. – dijo con una sonrisa en la boca y yo solo pude reír.

La echaría de menos, de eso no cabe duda, pero también sabía que me había quitado un peso de encima, por llamarlo de alguna manera, llevaba semanas queriendo hablar con ella y nunca había tenido el valor, había tenido que ser ella la que marcara el camino y básicamente era ella quien me había dejado, sonaba un poco irónico, casi se puede decir que era la primera vez que me dejaban desde mis tiempos del colegio.

Georgia se quedo a dormir esa noche, ya era muy tarde para buscar un hotel y a mi por supuesto, no me importaba. Al día siguiente se iría a casa de su hermana, hasta que encontrara una casa, respecto a sus cosas, las iría recogiendo poco a poco, no había prisa.

Vicky no se sorprendió de nuestra decisión, me irritaba mi hermana, parecía saberlo todo antes de que sucediera, a veces pensaba que no podíamos ser hermanos, ella se había llevado toda la perspicacia y la audacia, a mi me había quedado prácticamente…nada.

Llame a Tom nada más levantarme, últimamente teníamos la rutina de desayunar juntos en un Starbucks que se encontraba a medio camino de nuestras casas. Esa mañana, decidí llamar a Harry e invitarle, más bien, obligarle a que viniera, necesitábamos un rato los tres juntos.

Media hora después nos encontrábamos sentados en una mesa, ocultándonos un poco, los tres juntos éramos presas fáciles. Todavía se hacía raro estar sin Dougie a nuestro lado. Mientras estábamos inmersos en una acalorada discusión sobre un tema, bastante absurdo, XFactor, para ser más precisos, recibí una llamada telefónica, era Sam, la madre de Doug. Había habido complicaciones.

Llegamos al hospital en un tiempo record, en la entrada estaba Jazzie fumándose un cigarro, sus manos temblaban y en sus ojos se podía leer la preocupación. Nos acercamos rápidamente a ella, no sabíamos que preguntarle o como reaccionar, pero como siempre, Tom supo exactamente que hacer.

- Jazz… - se acerco a ella y le dio un fuerte abrazo, su cigarro cayo al suelo y echo sus brazos al cuello de Tom, llorando contra su camisa. De su boca salían palabras que ni Harry y yo pudimos interpretar, por los gestos que Tom hacía con la cabeza, él si la entendía.

Nos acercamos a un banco cercano, justo en la entrada del hospital y cuando Jazzie se hubo calmado un poco, empezó a hablar.

- Esta mañana nos ha llamado su médico, a primera hora ha tenido complicaciones renales o algo así, sus riñones estaban fallando y han tenido que hacerle una diálisis o algo por el estilo, no me he enterado muy bien, no comprendo el lenguaje que usan esos matasanos. Bueno el caso, es que ahora, tiene otra máquina más enchufada, como si no hubiera pocas. – dijo Jazzie, esa última frase era un aporte personal, que todos compartíamos – Nos han dicho que no es algo grave, que suele suceder muy a menudo, que no tenemos que preocuparnos porque su cerebro sigue funcionando correctamente y que no prevén ningún fallo orgánico más. – concluyó.

Harry decidió quedarse con ella, fumándose un cigarro tranquilamente, mientras que Tom y yo subimos a planta, buscando a Sam, la cual estaría en la habitación con su hijo.

Nos contó lo mismo que Jazzie, que no había riesgo, que ya estaba controlada la situación y sus riñones parecían funcionar correctamente, también nos dijo, lo después de tantas malas noticias, era algo bueno, no existían lesiones medulares, por lo que el riesgo de quedarse paralítico o semejante, era nulo. Bueno algo es algo, Doug soportaría estar sentado todo el día.

Ahora solo faltaba que abriera lo ojos. Había tenido tiempo para investigar un poco sobre el tema del coma y había encontrado todo tipo de información. Algunos decían que los pacientes que despertaban del coma alegaban haber notado presencias, como cuando estás durmiendo y alguien entra en tu habitación, no te despiertas, pero cuando lo haces, sabes que alguien ha estado allí. Otros decían no recordar nada, un sueño profundo, lo llamaban, también había algunos que decían haber tenido sueños o visiones sobre la realidad que se asemejaban con lo sucedido realmente. Demasiada información, todo era muy confuso, como el médico nos dijo, era un tema del que se sabía muy poco.

También había encontrado casos de personas que permanecen en coma 10 años o más, otras que solo unos días, semanas o meses. Eso era desesperante, no saber cuando va a despertar, si lo hace y de hacerlo, ¿se acordará de mí? Ese era mi mayor temor, que no me recordara, que toda nuestra historia quedará en el olvido, por eso había decidido plasmarlo todo en papel y leérselo todos los días, para que no me olvidara.

Cuando todos se fueron a casa, yo me quede con Dougie, tenía que continuar contándole mi historia, tuve que pedirles a las enfermeras papel, ya que ese día yo no llevaba conmigo la libreta.

Me senté en el sillón y retome la historia.

Esa noche no pude dormir, a mi cabeza venía la imagen de Dougie corriendo hacía el ascensor, con sus hombros temblando y su cabeza agachada. En cuanto el sol despuntó por el horizonte, decidí levantarme, darme una ducha e ir a su habitación, teníamos que hablar antes de que esto se nos fuera de las manos y el grupo se viera afectado.

Llame a la puerta y espere, no escuchaba ningún ruido en el interior de la habitación por lo que era probable que continuara durmiendo, no como yo, a las 8 de la mañana y despierto, dando vueltas por un pasillo, meditando si volver a llamar o irme a mi habitación y volver a una hora mas prudencial. Opte por la primera acción y volví a llamar. Esta vez le escuche moverse por la habitación y empecé a ponerme nervioso.

No abría la puerta así que abrí mi gran bocaza.

- Doug, soy yo, ábreme por favor – medite si había hecho lo correcto, ahora era más probable que no me abriera, sabía que era yo y dudaba que quisiera hablar conmigo, me equivoqué.

La puerta se abrió dejando ver a un Dougie dormido, pasándose las manos por la cara y frunciendo el ceño a consecuencia de la luz que entraba por el pasillo.

- ¿Tú has mirado la hora que es? No son ni las 9 de la mañana, ¡por dios Danny! A la gente le gusta dormir, ¿sabes? – dijo Dougie, me sorprendió que su tono fuese tan amistoso, me descolocó que no hubiera frases bordes o sarcásticas.

- Lo siento, no podía dormir – contesté.

- Ya, claro, la maldita conciencia ¿no? – preguntó

Ya estaba, ya estaba otra vez ese tono tan irritante, que últimamente se había convertido en su mejor amigo.

- Bueno si, debe ser ella, a veces se pone un poco pesada – dije intentando quitarle un poco de peso a la conversación.

- Pasa, al menos déjame lavarme la cara – dijo mientras se dirigía al baño, frotándose los ojos como un niño pequeño.

Me senté en la cama desecha, pensando como iniciar la conversación, como había dicho Tom, odiaba pedir perdón, pero esta vez, sabía que tenía que hacerlo. Doug salió del baño secándose la cara con una toalla y se sentó a mi lado en la cama.

- Bueno ¿Qué es lo que no te deja dormir? – preguntó. Él lo sabía perfectamente, pero estaba buscando mi arrastre y por una vez en la vida, se lo iba a conceder.

- Quería pedirte perdón, ya sabes, por lo de ayer – dije atropelladamente.

- ¿Disculpa? No te he entendido bien – dijo. Me estaba buscando, otra vez.

- Me has escuchado perfectamente Doug, quiero pedirte disculpas por pegarte y por gritarte, no se que me paso – contesté.

- Ah, claro y con eso, todo arreglado ¿no? Esta vez no va a ser tan fácil – respondió y esa respuesta me sorprendió, ¿Cómo que no? Estaba disculpándome, yo Danny Jones, estaba disculpándome y él no me perdonaba.

- Entonces ¿Qué más quieres que haga? ¿Me arrodillo ante su señoría y le juro lealtad eterna? – pregunte, ya desquiciado.

- Hombre, no estaría mal, pero no, tampoco quiero eso, quiero que te ganes mi perdón, no te lo pienso regalar, gánatelo – contestó y con eso se levantó de la cama dando por terminada la conversación.

Salí de la habitación con un humor de perros, que me ganara el perdón decía, este niño estaba mal de la cabeza, ¿Cómo narices se ganaba un perdón? Tendría que preguntarle a Tom, él sabría como hacer entrar en razón al enano orgulloso ese que teníamos por amigo.

Cuando Tom me abrió la puerta, lucía una gran sonrisa, ¡dios mío!, acababa de levantarse, ¿Cómo podía sonreír así? Decidí no darle más vueltas, nunca llegaría a comprenderle.

- Buenos días Dan, ¿preparado para un gran día? – parecía salido de un anuncio de compresas, le aparté y entré directamente en la habitación, frunciendo el ceño.

- Si, si, Tom, necesito ayuda – conteste

- Tú dirás – dijo mientras se sentaba en la cama, por supuesto, ya hecha, aunque estuviéramos en un hotel y hubiera un servicio de habitaciones, Tom nunca quería causar molestias.

- He hablado con Doug y me ha dicho que tengo que ganarme el perdón. ¿Qué cojones significa eso? – pregunté.

- Pues exactamente lo que la propia frase indica, que tienes que ganártelo – me respondió Tom.

- Ya, pero ¿Cómo me lo gano? Es decir, que se supone que tengo que hacer, ¿beberle los vientos? - volví a preguntar.

- No se Danny, supongo que quiere que le muestres un poco de respeto, que no le trates como si fuera un niño, ese tipo de cosas – dijo Tom.

- ¡Pero es que es un niño! Al menos se comporta como tal – contesté.

- Bueno, tú no te quedas muy lejos tampoco.

Le mire mal y supe que no iba a sacar nada en claro de esa conversación, por lo que me tocaría descubrirlo por mi mismo, odiaba los misterios, siempre lo había odiado, con lo fácil que hubiera sido que me dijera que quería de mí y ya esta, sin más complicaciones, pero no, el niño quería ponérmelo difícil.

Baje a desayunar, mientras mi cabeza no paraba de darle vueltas al asunto del perdón, no sabía que hacer. Entre en el restaurante del hotel, eche un vistazo al salón y no vi a ninguno de mis amigos, me acerqué a la cafetera, me serví un café solo y me senté en una mesa vacía. Mientras me quemaba la lengua con el primer sorbo, se me ocurrió una idea.

Cinco minutos después, con la lengua fuera, me encontraba en la puerta de Doug con una bandeja llena de comida, un café y un zumo de naranja, solo faltaba la rosa, pero ya me pareció demasiado. Parecía estúpido, era estúpido, pero fue lo único que se me ocurrió. Llame a la puerta y esperé.

Cuando Dougie me abrió su cara fue todo un poema, miró la bandeja, me miró a mí y repitió la acción un par de veces, tuve que hablar para sacarle de la impresión.

- Servicio de habitaciones particular –conteste con mi mejor sonrisa. Su reacción fue…echarse a reír. Me sentí estúpido, muy estúpido. Cogió la bandeja de mis manos, la dejo en la mesita de la entrada y tiró de mi brazo.

Cuando entre en la habitación, me esperaba unas cuantas burlas, pero para nada me esperaba su reacción. Me abrazó, más bien puedo decir, que se colgó de mi cuello sin parar de reír y yo solo pude contagiarme de su risa.

Nos separamos sin parar de reír, sin duda había conseguido algo grande, le había hecho reír, hacía meses que eso no pasaba y se sentía tan bien que note cuanto lo había echado de menos.

- Voy a tener que tratarte mal más veces, no me esperaba esto, sin duda mr. Jones, usted me sorprende día a día – dijo con esa enorme sonrisa en sus labios.

Y yo le volví a abrazar, volvía a tener a mi enano conmigo y eso era más de lo que esperaba, desde ese día iba a llevarle el desayuno más veces si con eso conseguía que me sonriera a mí, solo a mí.


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Saludos xx