Aquí estoy de nuevo, avanzando poco a poco, a partir de ahora creo que se pone un poco más interesante así que espero que os guste.
Nada más que decir, gracias por leer.
Capítulo 7
10 días después de esa conversación, Dougie apareció en la puerta de mi casa, con dos maletas y un bajo. Había acabado con Frankie y aunque supuestamente habían acabado como amigos, la realidad era un poco diferente. Yo había hablado con Georgia y aunque sin muchas ganas, había aceptado, en realidad, no le quedaba otra.
- Bueno, pasa a tu nueva casa, te he arreglado la habitación del 3º piso, la que esta junto al estudio – dije.
- Gracias Dan, en serio, gracias – dijo mirándome a los ojos, últimamente lo hacía muy a menudo y a mi, me ponía nervioso. Notaba que me evaluaba, que me escrutaba.
- De nada enano, bueno pasa, vamos a inaugurar tu estancia en territorio Jones – dije cogiendo las maletas y dejándolas en el recibidor, ahora era tiempo de cervezas, ya se instalaría después.
Nos sentamos en el sofá, apoyando los pies en la mesita de café, ahora que Georgia no estaba para regañar y empezamos a beber, ni habíamos cenado, pero poco nos importaba. La conversación no era muy animada, pero no me podía quejar, que Dougie me hablaba ya era un gran logro.
Las horas fueron pasando y las cervezas iban desapareciendo, misteriosamente, Georgia llegó alrededor de las 10 de la noche, pensando en encontrarse una cena puesta en la mesa y una gran sonrisa, lo que en realidad encontró fueron dos tíos sin camiseta haciendo, lo que se podría llamar como, "lucha libre", muchas cervezas vacías por la alfombra y una bonita mesa de café, rota.
Entiendo perfectamente que se cabreara, era lógico.
- Daniel… – dijo Georgia, el que me llamara por mi nombre auguraba bronca- ¿Puedes explicarme por qué la casa parece un ring de combate? – pregunto
- Esto, bueno – las palabras no salían, efecto de las cervezas bebidas – estábamos celebrando la llegada de Dougie – dije, en un intento de excusa.
- Ya… ¿Había que destrozar la casa para eso? – preguntó de nuevo Georgia.
Mire a Doug buscando apoyo, pero solo encontré a alguien con la cabeza baja y las mejillas coloradas, en ese momento supe que no iba a ser de ayuda.
Me levanté del suelo, desenredando mis piernas de las de Dougie y caminé hacía ella, por el camino empecé a poner, lo que se puede conocer como, los ojitos del gato de Shrek. Su cara fue cambiando, el ceño ya no estaba fruncido y las comisuras de sus labios comenzaban a elevarse, era algo muy rastrero, pero nunca fallaba. Me quedo a dos centímetros de sus labios y susurré un bajísimo: lo siento.
Note como su cara cambiaba y acortó la distancia que nos separaba, nuestros labios se rozaron, agarré su cintura y profundicé el beso. Abrí los ojos y me separé un poco de ella, busqué a Dougie con la mirada, en realidad, no se porqué le busqué, pero lo hice. Estaba sentado en el sofá, mirando a un punto fijo de la pared, giro su cabeza y nuestros ojos se encontraron, lo siguiente que hizo fue levantarse del sofá, coger las maletas y subir las escaleras rápidamente. Ni saludó a Georgia.
Diez minutos después y con la cena preparada, subí a buscar a Dougie, llamé dos veces a la puerta y no contestó, por lo que entre. Estaba tumbado en la cama, dormido, cuando dormía sus rasgos de suavizaban, más, si eso era posible. Me acerqué a la cama con intención de tirarme encima o pegar un grito para despertarle, pero no lo hice, me senté en la cama y pase una mano por su pelo, en verdad era como un niño pequeño, era tan dulce que a veces te empalagaba, pero otras, otras veces no podías evitar mimarle.
- Doug – dije casi susurrando – la cena ya esta lista
- Mmm... – eso fue todo lo que contesto Dougie.
- Vamos enano o te quedarás sin nada – contesté al sonido que había salido de su garganta.
Volvió a emitir un sonido inarticulado y movió un poco la cabeza, pensé que al final tendría que gritar o despertarle de forma brusca ya que la forma delicada había fallado. Moví mi mano hacía su hombro y le dí un ligero empujón. Nada. Volví a intentarlo esta vez con más fuerza, eso pareció molestarle un poco más y se removió, pero seguía sin abrir los ojos. Me levanté de la cama y ya de pie me dispuse a darle otro golpe, esta vez lo suficientemente fuerte como para poder despertarle.
Coloqué mis manos sobre sus hombros y le zarandee, lo que no me esperé fue la reacción de Dougie, agarró mis manos y tiro hacía él por lo que acabe encima suya, dio media vuelta, todavía sin abrir los ojos y me abrazo como si de un peluche me tratara, mis ojos estaban abiertos como platos, mi cara a centímetros de la suya y sus brazos rodeándome acompañados de una pierna, era un perfecta llave de judo.
Empecé a ponerme nervioso, estábamos demasiado juntos, demasiado cerca, notaba su respiración en mi cara y su aliento se entrelazaba con el mío. No era normal que me pusiera tan nervioso, no era lógico así que decidí revolverme y despertarle.
- ¡Doug! – grite en su oído.
Abrió los ojos y nunca olvidaré su expresión, primero la confusión, después el pánico, por último la vergüenza, lo peor de todo, en ningún momento se separó de mí.
- Doug, necesito respirar, ¿puedes soltarme? – pregunté. Note como su cara se teñía de rojo y se separó rápidamente de mí, dándome la espalda.
- Ya esta la cena lista – dije
Seguía dándome la espalda, no se movía, no hablaba, puse mi mano en su hombro y saltó, supongo que no se lo esperaba, pero tampoco hice nada del otro mundo.
- No tengo hambre, creo que voy a darme una ducha y a dormir – dijo Dougie sin tan siquiera dignarse a mirarme.
- Deberías comer algo, hemos bebido bastante y lo necesitas – le repliqué.
- No, en serio, déjame solo – contestó.
Esa frase me sorprendió, ya no por el contenido, si no por la dureza con la que lo dijo. Di la vuelta a la cama y me pare delante de él, me agache hasta que mi cara quedó a su altura, le agarre de la barbilla y le levanté la cara. Estaba llorando.
- Ey, ey, ¿Qué te pasa, enano? – pregunté.
- Na-nada – contestó a media voz.
Le abracé, no sabía el por qué de sus lágrimas, pero me daba igual, si él necesitaba un abrazo, yo se lo iba a dar. No se cuanto tiempo estuvimos abrazados, pero notaba como mi camiseta empezaba a empaparse de sus lágrimas, notaba sus hombros temblar y por mas palabras de apoyo que le dije no conseguí que el llanto cesara, cada vez que le decía "estoy aquí, tranquilo" mas notaba como sus hombros temblaban, como su respiración se entrecortaba.
Creí que lloraba por ella, por Frankie, pero tampoco era capaz de comprenderlo, fue él quien lo dejo, pero quien sabe, a lo mejor la echaba de menos…Cuando conseguí que se tranquilizara y justo cuando iba a preguntar de nuevo el motivo de esas lágrimas, Georgia entró en la habitación, reclamando nuestra atención.
- Oye chicos, la cena lleva lista 20 minutos y se está enfriando – dijo Georgia.
- Ahora bajamos, dos minutos – contesté.
Mire directamente a Georgia por encima del hombro de Dougie intentando decirle con la mirada lo que ocurría, por suerte pareció entenderlo y se marcho sin decir nada más.
En cuanto Georgia se fue de la habitación, Dougie me empujo, haciendo que mi trasero chocará contra el suelo y salió corriendo por el pasillo, mi mente quedó en blanco y mis músculos se agarrotaron, no comprendía como después de estar abrazado a mi, llorando en mi hombro, despreciara de esa manera mi apoyo y se largara. Me cabreaba, últimamente Dougie era capaz de sacar mi peor perfil, me exasperaba que me tratara así, porque yo no le había hecho nada.
Me levanté del suelo y salí al pasillo, mirando a ambos lados, del baño salía un ruido, el grifo estaba abierto, supuse que sería él, me acerqué y golpee mis nudillos contra la puerta.
- Dougie, ábreme, ya – dije, mi tono era autoritario.
No paso nada, la puerta siguió cerraba y el grifo siguió abierto. Volví a intentarlo.
- Estoy hablando muy en serio, abre la maldita puerta o soy capaz de tirarla abajo.
Esa vez si que me hizo caso, la puerta se abrió muy despacio y me de dejo entrever su cara, sus ojos estaban rojos y las mejillas hacían juego con ellos.
- ¿Qué coño te ha pasado? Intento comprenderte, de verdad te lo digo, pero me pierdo – dije.
- Nada, Danny, déjalo, baja a cenar, Georgia te esta esperando – contestó Dougie.
- ¡A la mierda la cena! Quiero que hables conmigo – grite.
- Pero, YO, no quiero hablarlo contigo, ¿contento? – preguntó
- No, sabes que no estoy contento, todo lo contrario, ahora mismo te daría un puñetazo.
- Hazlo – dijo Doug. Mis ojos se abrieron como platos ante tal provocación
- No me provoques Dougie, porque te lo estas ganando – contesté – quiero que me digas por qué o por quien te has puesto así – presioné.
- No, Danny, no quieres saberlo, créeme – me contestó Dougie.
- Créeme que si que quiero, si no, no estaría aquí, estaría con mi novia cenando una maravillosa cena y dejando que te revuelvas en tus penas, solo.
- Vale, perfecto, te lo voy a decir. ¿Sabes por quien estaba así? ¿De quien es la culpa? – pregunto, yo hice un leve movimiento con mi cabeza y prosiguió.
- Por ti Danny, por tu culpa – dijo Dougie cerrándome la puerta en las narices, literalmente.
Y ahí me quede, parado delante de la puerta, con la boca abierta y los ojos haciendo juego con ella, no entendía la frase, no podía entenderla, ¿por mi? ¿Qué había hecho yo ahora? Era un misterio, un absoluto misterio que descubriría, si como que me llamaba Daniel.
Baje al piso de abajo, donde Georgia aburrida de esperar estaba cenando sola, por segunda vez en el día volví a pedir perdón, algo que se convertiría en un habitual en los siguientes meses.
- ¿Y Dougie? – preguntó Georgia.
- Le ha bajado la regla – contesté sarcásticamente.
- ¿Perdón? – dijo Georgia abriendo los ojos como platos.
- No se, esta de mal humor y me ha mandado a la mierda, después de haberme llorado en el hombro.
- Bueno dale tiempo acaba de dejarlo con Frankie, debe ser duro para él – contestó Georgia.
- Si claro, Frankie – murmure.
Decidí no darle mas vueltas y cenar tranquilamente, pero fui incapaz, sus palabras no paraban de sonar una y otra vez en mi cabeza, no las entendía y en realidad, me daba miedo preguntar.
Pasaron dos días en los que se puede decir, que aún viviendo en mi casa, no le vi, comía a deshoras, dormía a deshoras, básicamente, me evitaba, solo nos veíamos en el estudio y por obligación, allí tampoco fluían las palabras, era exasperante. Al finalizar esa semana Georgia volvió a salir de viaje, esta vez se prolongaría durante dos semanas, que se me iba a hacer eternas, Dougie y yo en casa, evitándonos, muy mal panorama.
Lleve a Georgia al aeropuerto y volví a casa, habíamos acabado con el disco y ahora solo había que esperar, que esperar a que empezaran las promociones, las entrevistas, etc.
Llegué a casa y la encontré cerrada, bueno al menos no tendría que esquivarle. Llevaba mas de dos horas haciendo zapping cuando escuche la llave en la cerradura, inconscientemente me senté en el sofá mirando en dirección a la puerta. Note como la llave intentaba entrar sin existo, tres veces seguidas, por la puerta entró un Dougie haciendo eses, estaba borracho.
- Hombre, pero si esta en casa mi gran amigo – dijo Dougie arrastrando las palabras - ¿Dónde te has dejado a la Barbie? - me preguntó.
Mi cara, debió ser un poema, ¿Barbie? ¿Había llamado a Georgia, Barbie? No me lo podía creer, estaba insultando a mi novia en mi cara, en mi casa.
- ¿Qué has dicho? – pregunté, antes de nada quería asegurarme.
- ¿Ahora eres sordo además de gilipollas? – preguntó Dougie – Te he preguntado que ¿Dónde te has dejado a la Barbie? ¿Ahora me has escuchado bien?
Me levanté del sofá y le encare, aprisionándolo contra la puerta.
- Tú eres gilipollas, Dougie, en serio – dije
- Si, eso creo, no más bien, lo aseguro – contestó
- ¿Qué pasa? ¿Acaso estas celoso? – pregunte con rabia, le jodía que yo fuera feliz con novia y él no tuviera, tenía que ser eso.
- Si, estoy celoso – contestó, aclarando mis dudas.
- Pues no haberlo dejado con ella, la dejaste por que quisiste, así que ahora no vengas dando pena – contesté.
- No Danny, te estas equivocando, no estoy celoso de ti, estoy celoso de ella – contesto.
En ese momento mi mente asoció su confusión de palabras a la borrachera, pero lo que sucedió segundos después me hizo dudar de la veracidad de esa frase.
Me beso, junto sus labios con los míos, en esos momentos no pude reaccionar, no pude moverme y su mano agarró mi nuca, profundizando ese beso, el cual no me podía acabar de creer, mis músculos no eran capaces de reaccionar y mis ojos continuaban abiertos, mirándole, sin llegar a creerme lo que estaba pasando. Dougie, mi mejor amigo me estaba besando, besando de verdad.
Le empuje contra la pared, alejándolo de mí.
- ¿Qué cojones haces? – pregunté-
Como contestación obtuve un brusco movimiento que hizo que mi cabeza diera contra la puerta, mi espalda choco contra la misma y mis brazos quedaron aprisionados por sus muñecas, que hacían de esposas.
- ¿Tu que crees que hago Danny? – preguntó
Su cara volvió a acercarse, su respiración se colaba entre mis dientes y un escalofrío me recorrió la espalda, de arriba abajo.
- Dougie, estas borracho, vete a dormir – dije.
- Si, es cierto, estoy borracho, pero no, no quiero dormir – contestó
Su cara bajo un poco y se acerco a mi oreja, notaba su frío aliento en ella y otro escalofrío se adueño de mi cuerpo.
- ¿Tú quieres dormir? – pregunto, cerca, muy cerca de mi oído.
No pude contestar, mi cerebro había desconectado al escucharle, tan cerca de mí, mandando descargas a todo mi cuerpo y solo pude hacer una cosa. Le busqué, busqué sus labios y le bese.
Fue un beso, duro, intenso, en el que peleábamos, nos hacíamos daño, nos mordíamos. Era una batalla que yo no pensaba perder, porque quería descargar mi rabia y él hacía lo mismo. Soltó mis manos y estas fueron directas a su cintura, acercándolo, pegándonos como si fuéramos uno solo.
Nuestra respiración iba muy rápido y empecé a notar la falta de aire en mis pulmones, me separé un poco y le miré, tenía los labios rojos, hinchados y los ojos brillantes, expectante. Era una imagen que se guardo en mi retina y que no he podido quitármela nunca.
Pero mi cerebro volvió a conectar y ahí se fastidió todo. Le empuje con todas mis fuerzas librándome de los brazos que me aprisionaban contra la puerta y subí las escaleras corriendo sin mirar atrás, no me podía creer lo que acababa de suceder, era surrealista. Dougie y yo besándonos.
Nadie me creería, ni yo era capaz de creérmelo, podía achacar lo suyo a los efectos del alcohol y la soledad, ¿pero yo? Yo no tenía ninguna excusa, le había besado porque había querido y lo peor de todo era, que me había gustado hacerlo.
Alehop!
