Capítulo 8
Subí a mi habitación y cerré la puerta de un portazo, no podía olvidar las sensaciones y eso me asustaba. Puse el pestillo y me tire en la cama, cerré mis ojos deseando dormir, deseando que mi cerebro desconectara, que todo lo que había pasado fuera un sueño o una pesadilla, me daba igual el calificativo, solo quería borrarlo.
Vi las horas pasar, parecía que el reloj iluminaba la habitación mas de lo habitual recordándome que los minutos pasaban y yo seguía ahí, con los ojos abiertos.
Vi amanecer desde la silla de mi escritorio, no tenia valor para salir de la habitación por miedo a encontrarme con él, por miedo a no saber que hacer o que decir.
Decidí llamar a Tom, le desperté pero me dio igual, necesitaba hablar con alguien, pero cuando cogió el teléfono el pánico se apodero de mi, no pude contárselo, simplemente le mentí, le dije que estaba enfermo que había pasado una mala noche y que ese día no pensaba ir al estudio, se ofreció para venir a mi casa y cuidarme, sin duda, decline la oferta y colgué.
Lo siguiente que hice, fue cobarde, muy cobarde, como nunca lo había sido, le envíe un mensaje a Dougie donde se podía leer: "no voy a ir al estudio hoy, no me esperes".
Me quede en la habitación escuchando como Dougie entraba en el baño, como se duchaba, como bajaba a la cocina y desayunaba, por último le escuche coger las llaves y salir de la casa, en ese momento salí por primera vez del que había sido mi bunker, fui al baño, algo que llevaba deseando mas de 3 horas y baje a la cocina a beber algo ya que mi estomago no iba a aceptar nada de comer, de eso estaba seguro. En todo el rato que estuve fuera de la habitación no perdí de vista la puerta principal de la casa por miedo a que Dougie volviera, me estaba comportando como un niño asustadizo pero no podía evitarlo, era un niño asustadizo que no sabía como manejar el hecho de haber besado a su mejor amigo.
Pase la tarde en la habitación, mirando por la ventana sin ser capaz de dejar de lado lo ocurrido la noche anterior, a media tarde decidí que tenia que hablar con él, tenia que aclarar las cosas, dejar claro que fue un impulso una manera de expresar la rabia, pero nada mas, que era algo que teníamos que olvidar, que dejar de lado, que eso no tenia porque afectar a nuestra amistad y mucho menos al grupo. Si eso fue lo que pensé que debía decirle cuando llegara a casa, baje al salón y me senté en el sofá, a esperar.
Pero las horas fueron pasando y Dougie no dio señales de vida. Empecé a ponerme nervioso mi miraba oscilaba entre el reloj y la puerta, no me moví del sofá en todo ese tiempo. Al final después de meditarlo unas cuantas horas decidí llamarle, ya que la preocupación y las ideas disparatadas empezaban a inundar mi mente.
Marqué su numero y antes de que diera el primer tono ya había colgado, mire el teléfono y volví a intentarlo, esta vez espere, tras dos tonos medite la idea de volver a colgar, pero su voz impidió que eso sucediera.
- ¿Si? - contestó Dougie.
- Doug, soy yo, ¿estás bien? –pregunté
- Si, claro que si, ¿Por qué?
- Bueno, son mas de las 12 de la noche y es lunes... – contesté
- Ya, estaba en casa de Harry, voy para allá, ¿ya estás mejor? - preguntó Dougie
Su pregunta me descolo, él me conocía, sabía que mi enfermedad era mentira, que simplemente me había escondido. Empecé a plantearme que no se acordara de lo sucedido y una pizca de esperanza afloró en mi interior.
- Si ya estoy mejor, ¿tú tienes mucha resaca o que? – pregunté, tanteando el terreno.
- Si, esta mañana me encontraba fatal, no recuerdo mucho de la noche anterior, pero bueno de eso quiero hablar contigo luego – contestó muy serio.
- Ehh, de acuerdo, ahora nos vemos.
Colgó y empecé a ponerme nervioso, esa frase sí sonaba a que se acordaba, al menos de la peor parte. Me dedique a dar vueltas por el salón esperando a que llegará a casa, cuando escuché las llaves en la cerradura, di un salto, ahora si que estaba nervioso.
Entro en la casa, tirando las llaves contra el cuenco de la entrada, se giró, hizo un saludo con la cabeza y fue directamente a la cocina. No sabía que hacer, si ir detrás de él, sentarme en el sofá a esperarle o ponerme a gritar como un loco.
Decidí sentarme en el sofá, ponerme serio y mirar a la pared. Pocos minutos después Dougie estaba sentado en el sofá, a mi lado, cerca, muy cerca, demasiado cerca como para que mi cabeza funcionara correctamente. Mi cuerpo se inclinó hacía el lado opuesto, buscando un poco de espacio. Ninguno de los dos hablaba, así que decidí romper el hielo.
- Bueno, ¿Qué tal en el estudio? ¿Qué habéis hecho? – pregunté. La verdad es que no me importaba nada, pero necesitaba un tema neutro, al menos para empezar.
- Bien, no hemos hecho mucho, algunos retoques a That's the truth – comentó Dougie.
- Mmm, mañana los veré- Notaba como la conversación era absurda, muy absurda, necesitaba tocar el tema, saber si se acordaba o no.
- ¿De que querías hablar? – pregunté. La curiosidad pudo conmigo.
- Si, eso. Bueno de ayer, claro, no se que te dije, no se como llegué a casa y lo que pudo salir por mi boca, primero, quiero pedirte perdón por lo que pudiera decir y segundo, quiero saber que dije – contestó Dougie mirándome fijamente a los ojos.
Abrí la boca y le mire fijamente, intentando descubrir si lo que me decía era cierto, no podía creerme que no recordara nada, ni la discusión, ni los empujones y mucho menos, que no recordara el beso. Un gran nudo se instaló en mi estómago. Si le decía la verdad, moriría de vergüenza ahí mismo, si le mentía y él también estaba engañándome, también moriría. Decidí arriesgarme.
- Tranquilo, no dijiste nada de lo que debas avergonzarte, cuando llegaste yo estaba a punto de irme a dormir, casi ni hablamos – contesté, sin ser capaz de mirarle a los ojos.
Pasaron unos minutos en los que nadie dijo nada, empecé a preocuparme, me había pillado y ahora vendría la peor parte, reconocer la mentira, poner excusas.
- Mmm – dijo Dougie.
- ¿Qué ocurre? – pregunté, con un tono de voz, que sonó bastante estridente.
- Nada, solo que recuerdo hablar contigo, discutir, por eso quería hablar contigo, tengo un flash en el que nos empujábamos, pero tampoco estoy muy seguro – contestó Dougie.
- Nada, fue una tontería, no tiene importancia, ni recuerdo porque fue, tú tranquilo, no paso nada – contesté-.
Me volvió a mirar fijamente, intentando entrar en mi mente, descubrir la verdad, sabía que le escondía algo, notaba que no se creía lo que le estaba diciendo, pero por más que me mirará así, de mi boca no iba a salir ni una palabra más sobre la noche anterior, lo mejor era olvidarla.
Me levanté del sofá alegando que ya era muy tarde y que con la noche que había pasado necesitaba irme a dormir, siguió mirándome fijamente hasta que desaparecí por las escaleras. Quería echar a correr, desaparecer, notaba que él lo sabía todo, que solo había tanteado el terreno y yo como un idiota no había sabido afrontar la realidad, me asustaba.
Los siguientes días no fueron mejores, notaba que me miraba todo el rato, esperando algo, que yo no podía darle, explicaciones. No, no podía dárselas, porque no había, ni yo mismo entendía mi reacción, era imposible que se la explicara a otra persona. Más de una vez estuve tentado de ir a hablar con Tom, más de una vez, rechace esa posibilidad. Era absurdo, si él no se acordaba, todo quedaría en mi cabeza y yo lo olvidaría, estaba seguro. Al menos eso me decía una y otra vez.
Las cosas en casa tampoco iban muy bien, debo decir que gran parte de la culpa la tenía yo. Estaba muy irritable, cualquier comentario me cabreaba y le daba dobles sentidos a todas las frases que salían de la boca de Dougie, me estaba volviendo, literalmente, loco.
Nuestro primer single estaba en el mercado, nos asustaba el cambio de sonido que habíamos tenido, nos asustaba su acogida entre las fans. Pronto comenzó la promoción, las entrevistas y el pasar horas, muchas horas juntos. Uno de esos días, después de una entrevista en un programa de Londres, salimos de la fiesta, no es que me apeteciera demasiado, pero casi era una obligación, la fiesta estaba organizada por la cadena de televisión que nos había entrevistado y era algo bueno para la promoción. Sacrificios por el bien del grupo.
Entramos en el típico local de moda de la noche Londinense, las sonrisas falsas, eran la tónica de la noche, las palmaditas en la espalda, se repetían constantemente y yo, solo puede abrir paso a la barra, apoyarme en ella y pedir la primera copa de la noche, pero sin duda no sería la última.
Llevaba alrededor de una hora sin despegarme de la barra, las copas iba cayendo una tras otra y mi cerebro empezaba a nublarse y yo, se lo agradecía, no quería pensar en nada más que en beber y mirar a la camarera, que no paraba de hacerme ojitos. Su gran escote llamaba demasiado la atención y yo aún estando comprometido, era un hombre.
Note como me tocaban el hombro, intentando llamar mi atención, no me apetecía hablar con ningún periodista, productor o lame culos, solo quería beber y olvidar la semana, la peor semana de mi vida. La mano volvió a apretar mi hombro, esta vez un poco más fuerte, decidí darme la vuelta, poner la típica sonrisa y dejarle caer que no quería hablar, eso si, con mucha sutileza.
Me di media vuelta y me encontré, con una cabellera rubia y un flequillo sobre unos ojos claros, Dougie. Sin duda, si no me apetecía hablar con un desconocido, con un conocido, mucho menos y si encima ese conocido era él, todavía menos. Volví a girar la cabeza hacía la camarera y pedí un chupito de tequila, ahora mismo necesitaba algo fuerte.
Dougie se hizo hueco en la barra, a mi lado, cogió el chupito y se lo bebió, le mire con rencor, ese trago era mío, yo lo necesitaba, él no, porque no se acordaba de nada, no tenía nada que olvidar o eso me dijo.
- Pídeme uno ya que te has bebido el mío – exigí.
- Mejor voy a pedir dos más – contesto sin mirarme a la cara.
Nos trajeron otros dos chupitos y sin decirnos nada, bebimos, note como el alcohol bajaba por mi garganta, quemándola lentamente hasta llegar a mi estómago. Cuando me di cuenta, delante de mí había otro chupito y Dougie ya tenía otro en la mano, sin decirnos nada, nuevamente, repetimos el proceso.
- ¿Por qué no te has movido de la barra Dan? – preguntó en cuanto dejó el chupito en la barra.
- Era donde me apetecía estar – conteste
- Pareces un alcohólico- me replicó.
- Me da igual lo que parezca, era lo que me apetecía hacer – volví a contestar, esta vez duramente.
- Bueno, tranquilo, me da igual que pases la noche agarrado a un vaso – contestó Dougie.
- Entonces, ¿Por qué me estás tocando los cojones? – pregunté
- De verdad Danny, últimamente estás insoportable – dijo Dougie alejándose de la barra.
Quise ir tras él, pero algo me lo impidió, mis piernas no funcionaban, llevaba tanta cantidad de alcohol ingerida que no me sentí capaz de levantarme. A los pocos minutos mi cabeza empezó a dar vueltas y un sudor frío empezó a cubrir mi espalda. Malas señales, necesitaba aire fresco, salir a la calle. Le hice una señal a la camarera del escote, le pregunté por la salida de emergencia, la trasera, sabía que en la entrada principal una legión de paparazzis me esperaba, decidí no darles las portadas del día siguiente. Después de que la amable camarera se ofreciera a llevarme, acto que denegué, me levante del taburete, intentando manejar mis piernas correctamente.
Me costo salir a la calle, mas de lo había pensado, fue una odisea en toda regla, pero cuando abrí la puerta y el aire me golpeo, note que había encontrado un pequeño paraíso. Me senté en los escalones, metí la cabeza entre mis piernas e intenté controlar mi respiración, cada vez más agitada.
No se cuanto tiempo estuve en esa postura, pero me negaba a moverme, cada vez que levantaba la cabeza, todo daba vueltas y mi estómago se ponía en pie de guerra, intenté cerrar los ojos, fue una mala idea. Siempre me habían dicho que cuando este momento llegara o vomitara o me distrajera, opte por la segunda opción, empecé a cantar, primero bajito, pronto subí el tono, la canción elegida fue Not Alone, era irónico que cantara esa canción en esos momentos, fue la primera en la que pensé.
La puerta se abrió a mi espalda y mi voz cesó, era ridículo ver a un borracho cantar, aunque ese borracho afinara y se llamara Danny Jones, preferí no tentar a la suerte y dejar mi cabeza quieta, unos zapatos se situaron a mi lado y pronto tuve a alguien sentado a mi lado. Mi cabeza seguía entre mis piernas y mis ojos eran incapaces de enfocar los zapatos, por lo tanto, era incapaz de reconocerlos, hasta que hablo.
- ¿Estás bien? ¿Te llevo a casa? – dijo Dougie. Dougie, siempre era Dougie, en los malos momentos y en los buenos, siempre estaba ahí.
- Necesito dos minutos más, por favor – conteste.
- De acuerdo, voy dentro a por los abrigos, no te muevas ¿vale?
- No tengo ninguna intención de moverme – volví a contestar, esta vez casi susurrando.
Los minutos pasaron volando o Dougie se dio mucha prisa, antes de darme cuenta, estaba de nuevo sentado a mi lado.
- ¿Vas mejor o no? – preguntó.
- No, mi cabeza da vuelta, no puedo enfocar, quiero vomitar, definitivamente, no estoy bien – respondí.
- Bueno hablemos, siempre han dicho que lo mejor es distraerse – contestó.
Aunque él no lo viera, una sonrisa se instaló en mi cara, demasiadas borracheras juntos.
- ¿De que quieres hablar? – preguntó
- ¿Por qué? – pregunté
- ¿Por qué, que?
- ¿Por qué habiéndote mandado a la mierda hace un rato, insultado, ignorado una semana? ¿Por qué no te enfadas, me pegas o algo? Me lo merezco – contesté.
Hice un esfuerzo y giré mi cabeza, lo suficiente para ver su cara. Miraba al muro de enfrente, no pude descifrar nada de su expresión y eso no me gustó, yo siempre había podido leerle, ahora ya no, no le conocía, había cambiado y yo, estúpido de mí, no me había dado cuenta.
- ¿Quién sabe? Debe ser verdad que soy un estúpido – contesto con tono neutro.
- Siento quitarte el puesto, pero creo que aquí el único estúpido, soy yo – repliqué – Mira Dougie voy a hablar claro, porque voy borracho y los borrachos nunca mienten. Esta semana me he comportado, como ya sabrás, como un estúpido, he huido de ti, te he ignorado, por miedo. Si tenía miedo, todavía lo tengo…
- ¿Miedo de qué? – preguntó mirándome fijamente a los ojos.
- Miedo de mi mismo, por primera vez me asusta ser Danny Jones y no se como manejarlo.
- Pero, ¿Por qué tienes miedo? – volvió a preguntar
- No lo se, eso es lo peor, no se nada, ¡Joder! – contesté. Aunque hubiera podido hacerlo, no lo hice, porque me daba miedo, como estaba empezando a odiar esa palabra.
- Si lo sabes Danny, de lo que tienes miedo es de admitirlo – dijo Dougie.
- No me presiones, por favor, no me presiones – dije en un susurro mientras mis ojos se anegaban de lágrimas.
- En ningún momento te he presionado, nunca, tú has empezado ha hablar – me contesto.
- Lo se, lo se. Es difícil ¿sabes? No reconocerme a mi mismo, es difícil.
- Ya lo se, pero date tiempo, no te presiones a ti mismo – contestó.
Su brazo me rodeo por la espalda y yo, rompí a llorar, me sentía débil, perdido, me sentía enfermo, más allá del alcohol bebido, notaba una presión en mi pecho, me oprimía. Note como me apretaba contra él y solo puede apoyar mi cabeza en su pecho y llorar, llorar como nunca lo había hecho, deseando que cada lágrima alejara mis miedos, que hiciera desaparecer esa presión. Y por un momento lo conseguí, allí en un callejón de Londres, por primera vez en más de una semana, me sentí seguro, a salvo. Es irónico pensar que el que provocaba mis mayores miedos, fuera a la vez mi salvavidas, el único capaz de espantar mis miedos y a la vez provocarlos, era la mayor contradicción del mundo, estar allí apoyado en su pecho, era el infierno y el paraíso.
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