Capítulo 13

Bajé las escaleras pesadamente, deseando que la fiesta hubiera acabado, seguramente me había perdido la llegada de Dougie, las sonrisas fingidas y los abrazos sin cariño. Me alegraba de habérmelo perdido. Quería dejar de fingir, me había cansado de todo eso.

Llegué al piso de abajo y vi a Tom en una esquina, hablando con Dougie, decidí ir a la cocina, necesitaba alcohol. Entre en la cocina entre saludos y sonrisas. Les odiaba, odiaba a todo el mundo, me daban ganas de gritar que todos se fueran a sus casas. Me abrí paso a través de la gente hasta la nevera, abrí, cogí una cerveza y cerré los ojos cuando las burbujas se deslizaron por mi garganta.

Dí un rápido vistazo a mí alrededor, encontré a Harry en una esquina, hablando con Gi, perfecto. Me acerque a ellos y a medio camino una mano me frenó, me di la vuelta. Frankie. Perfecto a la persona que menos me apetecía encontrarme, es a la primera que me encuentro. Maldito Murphy y sus jodidas leyes.

- Hey Danny, gracias por la fiesta, se que le ha hecho mucha ilusión – dijo Frankie. Cuanto dudaba que le hubiera hecho ilusión, Dougie odiaba este tipo de sorpresas.

- Si, bueno, no ha sido nada – contesté, regalando mí primera sonrisa falsa del día.

Pude ver como Vicky se acercaba por detrás de Frankie, creo que mi cara pedía un rescate y mi hermana lo entendió a la primera. Dio un toque en su hombro, haciendo que Frankie se diera la vuelta y yo huí de allí. Era agobiante, había gente en cada rincón de la casa. Me acerque a las puertas de la terraza y abrí. Estaban cayendo pequeñas gotas y el cielo negro tapaba todas y cada una de las estrellas.

Con mi segunda cerveza en la mano, decidí salir a la terraza, aunque le frío cortara mi piel y la lluvia destrozara mi camisa recién planchada. El aire me corto la cara y un escalofrío recorrió mi espalda. A lo mejor no había sido buena idea eso de salir a la calle en camisa.

La terraza tenía una parte techada en la cual Georgia había colocado un balancín blanco, como en una típica película americana. Me senté en él, cerrando los ojos, dejando que el viento despejara mi cabeza. Los truenos acallaban la música que salía de la casa. Siempre había adorado las tormentas eléctricas, la luz, los truenos, el agua cayendo, me relajaba.

Abrí los ojos y vi como Tom asomaba la cabeza por la puerta de la terraza mirando a ambos lados. Giro la cabeza a la izquierda y allí estaba yo.

- ¿Qué haces aquí fuera? Esta lloviendo – dijo mirando al cielo.

- Me he dado cuenta – conteste

- Entonces, ¿Por qué no entras? – preguntó acercándose a mi.

- No estoy con ganas de fiesta Tom

- Podías haberlo dicho, hubiéramos hecho esto en mi casa.

- No es por la fiesta Tom, soy yo, no estoy de humor – contesté.

- Puedo preguntar por qué.

Le mire a los ojos mientras se sentaba en el balancín, intentando decirle todo, sin decir nada. Hizo un pequeño asentimiento con la cabeza y dijo:

- Vale, ya sabes donde encontrarme cuando lo necesites.

- Lo se Tom y sabes que te lo agradezco, pero ahora mismo no me siento con fuerzas para hablar.

- ¿Quieres estar solo o te hago compañía un rato? – dijo mostrando su mejor sonrisa y su hoyuelo.

- Puedes entrar dentro, tranquilo – conteste devolviéndole la sonrisa.

- De acuerdo, ya sabes, si me necesitas dame un silbito – canto Tom poniendo su mejor voz de Pepito grillo. Sonreí, Tom siempre era capaz de hacerme sonreír, era un friki.

Y allí me quede yo, de nuevo a solas con mis pensamientos. Unos 10 minutos después salió Gio con una manta, me dio un abrazo y sin decir nada más volvió a entrar dentro. Siempre se podía contar con ella. Al poco tiempo la puerta se volvió a abrir y esta vez quien salió fue Harry cargando consigo un pack de cervezas.

Se sentó en el balancín, me tendió una cerveza y bebimos juntos, sin decir nada, a veces el silencio era el mejor acompañante y por primera vez me pareció que Harry me entendía. Acabada la primera cerveza me dio un suave golpe en pierna y entro en la casa.

A través del cristal pude ver como la gente se iba poco a poco, quedándose la casa vacía. Seguía sin haber hablado con Dougie y me daba miedo entrar y no encontrarle. Que se hubiera marchado con Frankie, dejándome, de nuevo, solo.

Me quite la manta de encima y me levanté del balancín, por desgracia no iba nada borracho, aunque bueno vistas las anteriores experiencias, tampoco me apetecía repetirlas. Mire de nuevo al cielo y vi como los relámpagos iluminaban el jardín.

Entre en la casa, pasando por alto todas las llamadas, no quería hablar con nadie. Subí al estudio y saque a los perros, al menos ellos me harían compañía. Casi corriendo salí de nuevo al jardín esta vez dejando atrás la zona con techo, mojándome con la lluvia. Los perros corrían de lado a lado y cuando un relámpago iluminó el cielo y mi figura se reflejó contra la casa.

Mire atrás y vi como Dougie hablaba animadamente con Tom dentro de la casa. Él feliz, yo amargado. Él lo había empezado todo, se suponía que él tenía que estar en mi lugar y no al revés. Habíamos cambiado los papeles y eso no me gustaba. Cruzamos una mirada y su sonrisa desapareció.

Me sentí miserable, solo yo era capaz de hacerle llorar, de borrarle la sonrisa. Mire al cielo dejando que las gotas corrieran por mi cara, empapándome, bañándome. Volví mi vista de nuevo al interior de la casa, llevándome una sorpresa, Doug estaba en la terraza, quieto. Mirándome.

Note como me escrutaba con la mirada, evaluándome, intente sonreír, fui incapaz. No sabía si acercarme, darme la vuelta, gritar o llorar. Antes de decidir mí siguiente paso, él actúo.

- ¿Se puede saber que cojones haces aquí fuera? Esta lloviendo por si no te has dado cuenta – grito desde la terraza.

- Al menos aquí me siento vivo – murmure para mí mismo.

- ¿Quieres entrar ya? Ya se ha ido todo el mundo – volvió a gritar.

- ¿Todo? – pregunté

- Si todo, solo estamos tus perros, tu y yo – dijo Dougie y añadió un bonito, nótese la ironía – Gilipollas.

- ¿Por qué no te has ido tú también? – pregunté confuso. Acercándome a la zona techada, estaba demasiado empapado y los escalofríos se sucedían unos tras otros.

- ¿Puede ser porque vivo aquí? – preguntó dejando notar el sarcasmo en su voz.

- Últimamente no lo parece – murmure.

- Pues sí, hasta que me eches o yo te lo comunique, sigo viviendo aquí. ¿Me vas ha echar? – preguntó levantando las cejas, gesto típico de Harry.

- No, claro que no. Pero como últimamente no dormías en casa…

- Que algunos días haya dormido en casa de Frankie no significa que me quiera mudar con ella – dijo cabreado.

- Vale, perfecto me alegro, ¿algo mas? – pregunté.

- Si, solo una cosa, eres estúpido – dijo dándose la vuelta y entrando en casa.

Bufé sonoramente, en una sola conversación me había insultado dos veces. Ya estaba harto de los insultos sin venir a cuento, de las miradas de superioridad. De todo.

- ¡Dougie! – grite antes de que entrara en la casa.

- ¿Ahora qué quieres? – preguntó dándose la vuelta lentamente.

- Hablar, si, necesito hablar, estoy hasta las narices ya – conteste casi gritando, intentando que mis palabras se escucharan por encima del ruido de los truenos.

- Pues entra y hablemos, si eso es lo que quieres – contestó con indiferencia.

- No me da la gana entrar – repliqué, si era absurdo, pero no quería hacer lo que él me mandaba.

- Te estás comportando como un niño, Danny.

- Pues si ¿y qué? ¿Algún problema? Soy un jodido inmaduro, ya lo se.

- ¿Puedo al menos entrar a por una chaqueta o tu propósito es matarme de una pulmonía? – preguntó otra vez con ese tono sarcástico que tanto estaba empezando a odiar.

Chasqué la lengua, jodido subnormal, me estaba sacando de quicio.

- Vale, hablemos dentro – conteste.

Entramos en la casa y me quite la empapada manta de encima, colocándola sobre el radiador, los perros entraron detrás de mí, sacudiéndose en la alfombra. Georgia me mataría cuando la viera. Dougie se sentó en el sillón, esperando a que hablara. Mire a ambos lados y decidí quedarme de pie. Si eso iba a ser la mejor opción.

- Bueno, ¿de que quieres hablar hoy? – preguntó.

- Tú ya sabes de qué quiero hablar – contesté.

- Si claro que lo se, la cuestión es ¿Qué es lo que hay que hablar sobre ese tema? Creo que las cosas ya están bien claras.

- ¿Claras? ¿Qué están claras? – pregunte incrédulo – No se donde ves tú la claridad, pero yo no la encuentro por ningún lado.

- Eso es que estás cegado – susurro.

Esa frase me cabreó y explote como solo yo soy capaz de hacerlo, diciendo todo lo que pasaba por mi cabeza sin pensar en ello.

- ¿Cegado? ¿Por qué? ¿Por no gritar a los cuatros vientos que bese a un chico? ¿Por no admitir que te bese y sentí algo? ¿Por no admitir que puede que este enamorado de mí mejor amigo? Pues si, entonces soy un jodido ciego.

Cuando me di cuenta de lo que acababa de salir por mi boca me lleve ambas manos a ella, en un intento de acallarme a mi mismo. Sentí pánico, mire a Dougie y su boca formaba una perfecta circunferencia. Oh dios, la acababa de joder y ya no podía retractarme. Di media vuelta y casi corriendo salí al patio de nuevo.

Necesitaba el aire, notaba que mis pulmones estaban cerrándose y no podía hacer nada para evitarlo, iba a tener un ataque de ansiedad, mi primer ataque de ansiedad, con 25 años. Acababa de decir en voz alta aquello que me daba miedo admitir en voz baja. Acababa de decirle a la cara que creía que estaba enamorándome de él. Surrealista, esto era surrealista.

Hace 3 meses yo estaba tan feliz en mi mundo, con mi novia, mis amigos, mi trabajo. Ahora tenía crisis existenciales, ataques de pánico, insomnio…

La lluvia casi había cesado, pero los truenos seguían sonando y los relámpagos iluminaban la noche londinense. Parecía una escena salida de una película. Yo, de cuclillas en medio de un jardín, con las pequeñas gotas que seguían cayendo, mojándome poco a poco, mi respiración acelerada, mis ojos acuosos. Solo faltaba el otro protagonista de la película.

Note como una mano se posaba en mi hombro. No, no por favor, no quería mirarle a la cara, quería que la tierra me tragase en ese preciso instante.

- Danny – susurro – Dan, mírame por favor.

No podía, no quería, sentía vergüenza, miedo.

- Por favor – susurro de nuevo agachándose delante de mí.

Su mano abandonó mi hombro para posarse en mi mentón. Me levantó la cabeza a pesar de mi intento de permanecer con ella abajo.

- ¿Puedes repetir una cosa? – preguntó en un susurro.

Negué levemente con la cabeza.

- Danny, por mi, dilo – rogó.

Mire sus ojos, su mirada suplicante.

- Creo que estoy enamorándome de ti – susurre sin cortar el contacto visual. Una tímida sonrisa cruzó su cara.

- Yo también quiero decirte algo – volvió a susurrar, esta vez mas cerca de mí.

Abrí la boca para preguntar, pero su mano me lo impidió cuando un dedo se posó en mis labios.

- Yo también te quiero – dijo Dougie colocando sus manos en mis mejillas y cerrando el espacio que nos separaba posando sus labios sobre los míos.


Hasta aquí el capítulo, decir que no subiré en un par de días, estaré de viaje.

Gracias por leer y marcar el fic en alertas o favoritos, voy a "notificar" que estoy subiendo mi otro fic a este mismo lugar, es un fic sobre Danny y la música, así que si queréis leerlo pasaros por mi perfil y lo veis.

Y también tengo que hacer una advertencia, el siguiente capítulo esta calíficado como (M) es decir, para mayores de 18, avisadas estáis.

Gracias y...comentar please *_*