Lo primero gracias, he recibido comentarios preciosisimos y varias alertas, así que he decidido ser buena y antes de marcharme unos días subir este capítulo.
Avisé en el capítulo anterior y lo vuelvo a hacer aquí: advertencia de posible palabras y escenas no aptas para menores, por lo que leer bajo vuestra responsabilidad.
Gracias y ¡a leer!
Capítulo 14
Correspondí al beso ¿Cómo no podía hacerlo? Todo mi organismo me lo pedía, me lo exigía. Nos levantamos poco a poco, sin despegar nuestros labios. La lluvia volvía a caer, mojándonos, pero no me importaba, todo me daba igual.
Cuando el aire empezó a faltarnos, nos separamos poco a poco, con miedo. Miedo de que llegaran los arrepentimientos, la confusión, las dudas. Pero todo eso había desaparecido de mi cabeza, solo podía pensar en que no quería soltarle nunca, que era mío. Siempre lo había sido y esta vez no iba a salir corriendo.
Escuche de fondo como el reloj del salón daba las campanadas, las 12, oficialmente ya era día 30. Mire a Dougie, volví a acercar mis labios a los suyos depositando un suave beso.
- Felicidades enano – susurre contra sus labios.
- Gracias – contestó con una gran sonrisa.
Volví a besarle, me dejaba llevar por impulsos. Por lo que me pedía mi cuerpo, mi cerebro había sido desconectado momentáneamente y deseaba que no se pudiera en marcha, nunca. Al menos si lo hacía, deseaba que no lo hiciera con dudas o arrepentimientos. Porque no, no me arrepentía ni de lo que le había dicho, ni de lo que estaba haciendo.
Poco a poco fuimos entrando el la casa, paso a paso, sin separar nuestros cuerpos, estábamos en el salón. Mirándonos, mojados y sonrientes, sobretodo sonreíamos y eso es algo que no cambiaría por nada.
Mis manos fueron a parar a sus caderas acercándolo de golpe a mi cuerpo, una pequeña risa escapó de sus labios, una risa infantil, que hizo que mi sonrisa se ensanchara todavía más.
Le bese otra vez, esta vez con más fuerza, intentando fusionarme con él. Sus manos se colaron por debajo de mi camisa, mandando descargas a todo mi cuerpo. Suspire contra sus labios, dejando escapar poco a poco todo el aire de mis pulmones.
Mis manos fueron desabrochando un botón tras otro de su camisa, hasta que esta cayó al suelo. Mire su pecho, el tatuaje que cubría su hombro… acerqué mis labios y pase mi lengua por él. Me estaba llamando a gritos y yo le hice caso. Mi lengua bordeó su hombro subiendo por la curva de su cuello, mientras sus manos se encargaban de hacer desaparecer mi camisa.
Me entretuve en su cuello, mucho tiempo, besando, mordiendo, cada gemido que salía de sus labios me incitaba a no parar. Agarró mi cara con ambas manos y me beso, duro, rudo, buscando mi lengua, explorando mi boca.
Nuestros cuerpos se juntaron y pude sentir contra mi piel los latidos de su corazón, eran rápidos, casi frenéticos. Puse una mano contra su pecho, a la altura del corazón, notándolo latir. Las manos de Dougie abandonaron mi cara para acabar enredadas en mi pelo, en mi nuca.
Me separe un poco de él, agarre su mano y comencé a andar hacía las escaleras. Le mire buscando su consentimiento y subimos en silencio, las palabras sobraban en esos momentos. Abrí la puerta de la habitación y entramos, solté su mano buscando el interruptor de la luz pero Dougie me lo impidió, cogiendo mi mano y llevándome a la cama.
Me empujó sobre ella y se acercó a la ventana, abriendo las cortinas, dejando que el suave reflejo de las farolas entrara, junto con la luz que los relámpagos proyectaban. La habitación se ilumino levemente y mis ojos se acostumbraron a esa luz. Podía ver perfectamente a Dougie, en la ventana, mirando al patio. Me empecé a poner nervioso, tenía miedo de que se arrepintiera, de que dijera que todo esto estaba siendo un error.
Me levante de la cama, lentamente y me acerqué a él por la espalda, pasando mis brazos por su cintura, pegando mi pecho a su espalda. Apoye mi barbilla en su hombro.
- ¿Qué pasa? – susurre a su oído.
Podía ver su cara seria, su mirada perdida, su cerebro trabajando a máxima velocidad, sopesando los pros y los contras. Volví a tener miedo. Di la vuelta lentamente a su cuerpo y le mire a los ojos.
- Aquí solo va a pasar lo que tú quieras que pase – dije lentamente.
- Lo se Danny, de lo que tengo miedo es de lo que quiero – contestó desviando la vista.
- ¿Qué es lo que quieres? – pregunté cogiéndole del mentón y girando su cara, haciendo que nuestras narices chocaran.
- Todo – susurro.
No deje que dijera nada más, le bese de nuevo, arrastrándolo nuevamente hasta la cama, le tumbe en la cama depositando mi cuerpo sobre el suyo, apoyando mis manos contra el colchón procurando no aplastarle.
Sus manos agarrarón mi cabeza acercándola nuevamente a la suya y comenzó la danza. Nuestros labios solo se separaban cuando nuestros pulmones exigían oxígeno. Sus manos comenzaron a bajar hasta que llegaron a la altura de mi pantalón. Dejo de besarme y levante la vista, preguntando silenciosamente el por qué de ese paron. Buscaba mi aprobación, lo supe en cuanto le mire. Sonreí y le bese de nuevo dejando clara mi postura.
Cuando quise darme cuenta mi pantalón se fundía con la alfombra de la habitación y comencé a hacer lo mismo con el suyo. Cuando los dos estuvimos en ropa interior, Dougie dio un rápido giro colocando mi cuerpo debajo del suyo. Estaba serio, demasiado serio, pude leer el miedo en sus ojos.
- Si quieres parar sólo tienes que decirlo – susurre mientras acariciaba su pecho.
- No quiero, pero tengo miedo Danny.
- Yo también – contesté.
Era verdad tenía miedo, me sentía como un adolescente el cuál se enfrenta a su primera experiencia con el sexo y le verdad era así. Era la primera vez con un hombre y eso me daba pánico. Podía notar nuestra excitación, nuestros cuerpos desprendían un calor asfixiante y mis manos parecían tener vida propia.
Me incliné hacía delante, juntando nuestros cuerpos en un extraño abrazo. Quería infundirle seguridad, que nuestros miedos desaparecieran. Que todo fuera perfecto. Lo conseguí. Dougie volvió a tomar el control de la situación y cuando su mano me rozo quise morir de placer en ese preciso instante.
Dejé escapar un gemido desde lo mas hondo de mi garganta y eso pareció dar alas a Dougie, porque su mano se interno bajo mis boxers, provocando que mi cuerpo diera un pequeño salto, entre la expectación y el placer.
Mi cuerpo empezó a notar las primeras señales del placer, arqueando la espalda hacía él. Mi ropa interior desapareció y decidí tomar el control yo. Voltee mi cuerpo, colocándome de nuevo sobre el suyo, esta vez dejando que mi cuerpo reposara sobre él. Cada centímetro de nuestra piel se tocaba. Empecé a prepararle para la penetración poco a poco, dejando que su placer aumentara, llevándole al borde del orgasmo una y otra vez.
No podía dejar de mirarle, sus ojos vidriosos, medio cerrados, su pelo pegándose a la frente, perlada por el sudor. Las venas de su cuello se marcaban y yo solo podía mirarle y besarle. Cuando estuve seguro de que ya había llegado el momento, agarre su cara con mis manos, le di un suave beso y le mire, buscando su aprobación.
Suavemente gire su cuerpo, le besé el cuello y fui dejando besos a lo largo de su espalda. Mientras entraba en su cuerpo, mis manos no dejaron de acariciar su espalda, deseando que el dolor que pudiera padecer desapareciera. Cuando conseguí entrar por completo en su cuerpo, pare, baje mi cara hasta encontrar sus labios y besarle. Fue él quien empezó a moverse. Marcando el paso, el ritmo y poco a poco llevándonos a los dos hasta la cima.
Mi cuerpo se convulsiono por culpa del orgasmo, provocando casi al mismo tiempo el suyo. Deje caer mi cuerpo sobre el suyo, agotado. A los pocos segundos gire mi cuerpo hasta que este se coloco a su lado, pase una mano por su espalda acercándolo a mí, besándole de nuevo. No podía contar los besos que llevaba dados, pero nunca me cansaría de ello.
Cerré los ojos y relaje mi cuerpo, dejando que mi respiración se calmara y notando los latidos del corazón de Dougie sobre la palma de mi mano. Cuando recupere todo el aire que mis pulmones exigían, abrí de nuevo los ojos y le mire. Estaba con los ojos cerrados.
- ¿Te he hecho mucho daño? – pregunté temeroso
Tardo en contestar y pensé que podría estar dormido.
- No, tranquilo estoy bien – contestó – No, estoy mejor que bien – añadió mientras se daba la vuelta y juntaba su frente con la mía.
Sonreí de medio lado y le abracé, haciendo que su cara se hundiera en mi cuello, donde me dio un pequeño beso que hizo que toda la piel reaccionara. Un detalle tan ínfimo, tan pequeño, como un suave beso en mi cuello era capaz de aportarme tantas cosas que me resultaba imposible describirlo con palabras.
Mire por la ventana y vi como la lluvia repiqueteaba contra los cristales, haciendo que las gotas se deslizaran por ellos, mientras el cielo seguía con sus particulares luces serpenteantes. Levante la cabeza para mirar de nuevo a Dougie.
Estaba dormido, su respiración era pausada, su pecho subía y bajaba lentamente. Pase una mano por su pelo, di un pequeño beso en su frente, sonreí y susurre en su oído:
- Te quiero enano.
Espero no haber espantado a muchas lectoras, intenté que fuera más erótico que sexual, no se si lo conseguí.
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