Permuta

Ya la noche había llegado, no sabía cuántas horas habían pasado pero en cierto modo me alegraba de haber tenido mi tiempo ocupado en algo que deseaba o sino me hubiera vuelto loca. Salí lo más rápido que pude del departamento y me dirigí a aquel lugar sin saber que hacer o que decir, sin saber que me esperaría, sin saber nada.

Me dirigí al antro de anoche a averiguar lo que me estaba pasando, me sentía confundida e indefensa, no sabía lo que hacía pero necesitaba ayuda y que mejor recurrir a la persona que me había mordido. Al entrar estaba vacío y solo habían cuatro mujeres tiradas en unos de los sillones, riéndose y tomando algo rojo.

-Vaya, Bella, viniste. – me dijo la mujer que había mordido mi cuello anoche.

-Quiero respuestas… - dije sin vacilar.

-Que emocionante es esto. – dijo otra de las mujeres, claro que ella era joven, casi de mi edad.

-¿Qué me hiciste? – me dirigí donde ella.

-¿No es obvio?

-¿Por qué yo?

-Porque eres hermosa.

-No soy hermosa…

-Si lo eres. Solo que te ocultas en esa ropa que no parecen nada más que trapos viejos.

-¿Qué me está pasando?

-Te estas convirtiendo en una de nosotras. – dijo sonriéndome. Se levantó del sillón y se dirigió a mí un poco asustada por mi reacción.

-¡No!... esto no es real… - comencé a llorar de desesperación por no comprender algo que no era comprensible, algo que solo existía en la imaginación, algo irreal.

-Shhh, no llores Bella…

-¡ISABELLA! – grité corrigiéndole.

-Shh, tranquila… toma. – me mostró en sus manos una copa de lo que ellas estaban tomando.

-¿Qué es?

-Algo que tu cuerpo está pidiendo a gritos.

Apenas sentí el olor a sangre mi boca se hizo agua. Traté de resistirme pero el deseo me mataba. Me acerque a la mujer un poco temblorosa y saque de su mano la copa.

-Bebe, Bella… con eso te sentirás mejor.

Miré la copa en mis manos y tenía dudas de hacerlo, pero mi apetito, deseo y ansias fueron mayores. Acerqué la copa hacia mis labios lentamente olfateando el dulce aroma de la sangre. Bebí y sentí como mi cuerpo se dividía en dos, sentí como mi corazón había dejado de latir, como mis sentidos se agudizaban, después de eso sentí un dolor agudo en mis dientes, era un ardor incomparable, era un dolor que tomaba hasta mi cabeza, toqué mis dientes y sentí algo puntiagudo, eran mis nuevos colmillos, mis uñas comenzaron a crecer de forma puntiagudas y tan filosas como cuchillos y tan fuertes como el acero.

-También recuerdo mi transformación, recuerdo que fue dolorosa al igual que la tuya. – dijo la mujer que me transformó en esto.

Ya el dolor al fin había terminado, podía sentirme más fuerte y con mucha más confianza en mí misma, me sentí poderosa.

-¿Cómo te sientes, Bella? – me preguntó otras de las mujeres que estaban ahí.

-Bien…

-Bella, ahora si podemos presentarnos, mi nombre es Esme, ella es Alice, Rosalie y Renesmee. Después las conocerás, ven, tienes que asearte.

Esme parecía ser la líder de las cuatro, la mujer que transformó a las demás al igual que a mí. Alice era de cabello anaranjado y estaba cortado en degradé siendo la parte de atrás más corto que adelante, de labios finos, tez morena y sus ojos eran de color celestes con pequeñas pecas alrededor de sus ojos, jamás había visto ojos tan hermosos como los de ella. Rosalie era rubia de pelo largo y liso, de ojos verde agua, de labios clásicos y su rostro era tan fino y delicado que era ver la delicadeza de una rosa. Renesmee por otra parte, también era muy hermosa. Su cabello era negro de piel morena perfecta y sus ojos eran grises claros, sus labios eran carnosos y de facciones muy delicadas. Realmente todas eran hermosas y yo no podía compararme con ninguna, ni con Esme, mi creadora.

Me llevó a una pequeña habitación donde estaba el baño y puso el agua de la tina.

-Listo, con esto podrás asearte. Si necesitas ayuda no dudes en llamar, te dejaré ropa sobre la cama. – cerró la puerta para que yo pudiera sacar la sangre de mi cuerpo.

Me metí a la tina de baño y no hacía nada más que pensar si todo esto era real, pero debía convencer de ello, que esto si era de verdad. Me limpié la sangre que tenía en mi cuello y me percaté que mi herida de la mordedura había sanado por completo, automáticamente mi cuerpo había sacado los piercing que tenía en mi nariz, oreja y ombligo, mi tatuaje de mariposa en mi cadera había desaparecido y mi cabello sacó el tinte negro, además de eso creció como por arte de magia hasta mi cintura. No podía creer mi cambio, era muy irreal para ser verdad.

Me salí de la tina porque no creía lo que me estaba pasando, me miré al espejo y me di cuenta que no solo mi cabello había cambiado de largo, también había cambiado a un color café chocolate y mis ojos ya no eran de color café oscuro, ahora eran de un color verde esmeralda, mi piel de ser morena pasó a ser tez dorada. Todo esto era real, nada era ficción o algo por el estilo, no podía creer lo que me había pasado. Me sequé el cuerpo con una toalla que estaba a mano y sequé mi cabello con el secador, salí del baño y me dirigí a la cama del dormitorio, donde Esme me había dicho que me había dejado ropa. Cuando me lo vi puesto me quedé sin palabras, era un vestido negro con escote en V de una cadena muy brillante que seguía por los hombros y se unían en la espalda haciéndose una sola cadena que caía llegando hasta por debajo de mis muslos. Le daba un toque fantástico al vestido, además se acentuaba a mi figura, como si me lo hubieran hecho a mi medida. Tocaron a la puerta, era Renesmee.

-¿Puedo entrar?

-Sí.

-Vaya Bella. – ya no quise corregir diciendo mí nombre, me acostumbré a que me digieran así y además me gustaba. – Te ves hermosa. Ahora entiendo por qué Esme te eligió.

-¿A qué te refieres?

-Esme puede ver la belleza interna de la gente y la hace florecer.

-O sea que todas eran…

-¿Feas y sin confianza? Sí… hasta cuando Esme llegó y nos cambió.

-¿Qué tan vieja es Esme?

-Lo suficiente como para saber demasiado del mundo y de las personas. – no le agradó mucho que hiciera esa pregunta, pero tenía dudas. - Ven deja maquillarte. – me sentó en una de las sillas del baño y comenzó a pintar mi rostro.

-¿A qué edad te transformó a ti?

-A los veintidós…

-¿Y qué edad deberías tener ahora?

-Eso no se pregunta Bella… es de mala educación. – me sonrió.

-Lo siento…

-Igual no tengo problema en decírtelo, pero no le preguntes a ninguna de las otras. Ahora yo debería tener trecientos años. Alice ciento dos, Rosalie ochenta y cuatro y Esme… - dio una pausa y agregó. – Esme debería estar cerca de los quinientos o seiscientos años… si es que no es más.

-¿Cuántos hay como nosotros?

-Si te digiera la cantidad no lo creerías.

-Trataré de creer.

-Entre hombres y mujeres… hay alrededor de doscientos en el mundo.

-¿Tan pocos?

-¿Creíste que éramos más?

-Pues la verdad si…

-No transformamos por transformar… - me sonrió. – Debemos pensar en nuestra comida. Estas lista. Ponte estas. – eran unos magníficos zapatos taco aguja de cuero del color del vestido.

-Son hermosos. Gracias.

Al mirarme al espejo cuerpo entero no podía ver lo que veía. Era como si fuera otra persona, mi cabello había tomado la forma ondulado. Ahora me parecía a esas mujeres que durante tanto tiempo veía sentada debajo de un árbol, ahora era una de ellas, al fin había algo que había cambiado mi mundo por completo y me sacó de la oscuridad en la que estaba viviendo. Ahora tenía libertad y poder, más que cualquier ser humano aquí en la tierra.

-Vamos Bella, las demás tienen que verte. – bajamos al salón donde ellas estaban y todas se dieron vuelta a observarme.

-No puedo creerlo… - dijo Esme acercándose a mí. – Eres más hermosa de lo que vi en tus ojos.

Sonreí.

-Gracias.

-Vaya, ella sonríe… - dijo Rosalie, casi sin emoción. – Pensé que estarías amargada prácticamente toda tu vida.

-No la molestes Rosalie. – le dijo Alice. – De verdad te ves fantástica.

-Vamos niñas… - dijo Esme.

-¿Dónde iremos?

-Necesitas ropa o ¿piensas usar ese vestido todos los días?

-No, supongo que no.

Salimos del lugar de donde nos encontrábamos y lo primero que vi fueron cuatro modelos de autos con los que siempre había soñado tener. Me quedé boca abierta cuando los vi.

-Toma. – me lanzó Esme unas llaves. – Ahí está unos de tus regalos. – era un quinto auto que estaba atrás de cuatro. Era un Volkswagen de color negro, cuando lo vi no supe que decir, solo grite de alegría. Esme tenía un Nissan GT-R, Alice conducía un Ford negro, Rosalie conducía un Audi R8 y Renesmee un BMW serie 6 convertible.

-¿Todos estos autos son…?

-¿Del año? Sí. – me respondió Alice. En realidad iba a preguntar si eran robados.

-Vaya… - realmente no sabía que decir.

-Cierra la boca Bella. – me dijo Rosalie. – Te entraran moscas. – dijo sonriéndome.

-Bienvenida a los lujos, Bella. – gritó Renesmee emocionada.

-Este mundo es fantástico. – dije casi sin aliento.

-Este es nuestro mundo… - me susurró Esme en mi oído. – Vamos y tú Bella solo síguenos.

Subí al auto y lo primero que noté fue el olor a nuevo. No tuve tiempo de seguir contemplando el auto, las chicas ya se habían ido dejándome atrás. Tomé la llave y la introduje haciendo contacto para prenderlo. Alcancé a las chicas en un cerrar de ojos, estaba realmente emocionada por mi nuevo mundo de lujos, cosas que jamás me hubiera atrevido a soñar y que ahora las tenía en la palma de mi mano. Seguimos manejando hasta cuando llegamos a uno de los centros comerciales de la ciudad. Todas nos bajamos de los autos y entramos como si nos hubieran estado esperando.

-Renesmee, Alice ayuden a Bella con la ropa. – ambas obedecieron a Esme y por otra parte Rosalie estaba en su mundo viendo ropa y joyas para ella.

-Ven Bella esto te quedará genial. – empezaron a tomar prenda por prenda para ponérmela sobre mi cuerpo, pensé que esto no me agradaría pero la verdad era que lo estaba disfrutando. Ya elegida la ropa fui a ver joyas y accesorios para mí. Vi a una gran variedad de joyas que me fascinaban, asique lo que hice fue agarrar todas esas joyas y poner la mayoría en una de las bolsas y otras en mi cuerpo para estrenarlo con mi vestido. También me probé muchas variedades de zapatos que eran de moda y comencé a combinarlas con la ropa que Renesmee y Alice me habían elegido.

Nos llevó un largo tiempo ahí adentro y una vez terminadas nuestras compras fuimos a los autos a dejar las cosas, nos subimos y volvimos a conducir. La libertad y el dinero era sinónimo de poder, me sentía poderosa y creo que no era la única en sentirme así.

Estacionamos los autos frente a unos de los mejores restaurantes de Port Ángeles, el llamado Chesnut Cottage de cinco estrellas. Nos ubicaron a las cinco en una de las mesas y pedimos nuestra orden. Rosalie sacó un cigarrillo y comenzó a fumar, mientras nosotras reíamos sin parar. Estaba realmente feliz junto a ese grupo, que increíble que con dinero todo es más fácil. De pronto un señor de la mesa de al lado nos interrumpió nuestra conversación.

-Disculpe señorita aquí no se puede fumar. – se notaba molesto. Rosalie lo quedó mirando y sin decir nada dio otra fumada a su cigarrillo y le tiró el humo prácticamente a la cara. Después de que el hombre casi ardía de rabia, Rosalie tomó su cigarro y lo apagó en su lengua. La cara del hombre era como si hubiera visto a un fantasma, se puso pálido se levantó de la mesa y se fue. Todas empezamos a reírnos de la reacción de aquel hombre.

-Si reaccionó de esa forma cuando lo apague en mi lengua quizás le hubiera dado un paro cardiaco si lo apagaba en mi ojo. – todas comenzamos a reír.

-No seas dura – le dijo Esme.

-Creo que fui lo bastante suave. Además hubiéramos tenido comida fresca.

Pasaron las horas y regresamos al lugar donde todas nos quedábamos. Era como nuestro pequeño nido de vampiros. Podíamos hacer lo que quisiéramos a la luz de la luna sin que nadie interfiriera. Comencé a ver el amanecer antes de que los rayos del sol tocaran mi piel y la quemaran por completo. Extrañaba broncearme en esa pequeña esfera lumínica. Entré a la habitación y cerré todas las cortinas para que no dañara a ninguna de nosotras. Comencé a tener sed, fui al pequeño refrigerador que tenía en mi dormitorio y bebí una de las botellas de sangre que se encontraban ahí. Era exquisito ese sabor y a pesar de que podía comer y beber cualquier tipo de alimento humano, no cambiaría la sangre ni por toda la comida del mundo. La sangre era mi energía, mi poder, mi libertad y mi fuente de juventud eterna. La sangre era mi todo, pero no me convencía de matar a alguien. Fui a la cama y dejé el tiempo pasar hasta cuando fuera una hora segura para mí y las demás.

Al despertar bebí otro de los frascos de sangre y volvimos a las locuras de la noche. Íbamos todas caminando actuando como humanas y yo me quedé atrás viendo uno de los ventanales de una librería.

-¿Te gusta leer? – dijo una voz de un hombre. Me di vuelta a mirar y no es por nada pero era muy atractivo para mi gusto y se notaba que era de familia adinerada. Pude notar que físicamente era de un 1,80, de tez morena, ojos azules, pelo castaño oscuro y corto, de espalda ancha, brazos y manos grandes y musculosas. A pesar de su ropa se notaba que tenía un buen físico o lo bastante para mí.

-Sí… algo así.

-¿Algo así? – se echó a reír. - ¿Cómo te llamas? – volvió a preguntar.

-¿Y tú?

-Edward. Edward Cullen. – sonrió. - ¿Y tú? - Iba responder cuando Esme gritó mi nombre.

-¡Bella!...

-Lo siento, debo irme…

-Está bien. No querrás que tu madre se enoje.

-No es mi madre… adiós.

-Adiós… Bella. – me di vuelta a mirar a ese hombre al decir mi nombre. Sentí las ganas de coqueiar un poco con él, pero Esme me frenó cuando menos me lo esperé, sin poder entablar una conversación. ¿Volvería a verlo? Me acerqué a mi grupo y todas me miraban un poco ansiosas con la esperanza a que les dijera algo.

-¿Quién era? – pregunto Alice entusiasmada.

-No lo sé.

-¿No lo conocías? – preguntó Renesmee.

-No.

-¿Y su nombre? – preguntó nuevamente Alice.

-No le pregunté… - mentí.

-Pero Bella…

-Vasta niñas… - dijo Esme en un tono medio molesto. Al decir esas palabras ellas dejaron de atacarme con preguntas. Llegamos a un pub cercano de donde estábamos y entramos. No hicimos nada, solo esperábamos algo.

-¿Qué hacemos aquí?

-Aprenderás a cazar. – me dijo Esme.

-Pero yo…

-Nada de peros…

-¿Podemos conversarlo antes?

-Aquí no.

-Esme no lo aré... – al decir esas palabras Esme me tomó de la mano y me llevó al baño. Alice, Rosalie y Renesmee la siguieron vigilando la puerta.

-Tienes que dejar tu humanidad de lado Bella ¿o piensas vivir siempre tomando sangre de los frascos?

-Si es necesario sí.

-No me hagas reír Bella, en algún momento matarás… fue lo que le pasó a Alice que se negó a beber sangre cuando le dije y mató a la persona que más amaba en este mundo, llevando la carga día tras día, por no haberme hecho caso y no saciar su sed en el momento en que le dije. – miré la reacción de Alice y ella agachó la mirada triste. ¿Habría matado a su amante o novio? Solo supe que no quería que me pasara algo igual a lo de ella.

-Tienes que hacerlo Bella. – me dijo Rosalie.

-Bella, tengo que enseñarte. Es necesario que aprendas.

-¿y si lo muerdo… puedo dejarlo vivo?

-Lo transformarías en uno de nosotros, es un peligro innecesario. – mierda ¿Por qué me estaba pasando esto? Antes robaba y ahora me transformaría en una asesina.

-Puede haber otra forma… - les dije tratando de encontrar una solución.

-¡Deja tu humanidad de una vez por todas!

-¡No mataré gente inocente!

-Entonces mata a los que no lo son… - Dijo Rosalie. Era un buen punto pero aun así mataría. – si no quieres matar gente inocente, mata a los asesinos o violadores, por la muerte de uno quizás salves muchas vidas.

-¿Te gusta esa idea? – me preguntó Esme ansiosa de saber mi respuesta. Rosalie tenía un buen punto, pero yo no era quien para decidir la vida de alguien.

-Está bien. – respondí.

-Bien… salgamos de aquí y busquemos la presa de Bella. – dijo Esme entusiasmada.

Salimos del lugar y comenzamos a caminar hasta encontrar a mi víctima. Me recordó a mi vida anterior cuando esperaba horas y horas para robar a cualquier persona. Sentí un grito proviniendo de un callejón no muy lejos de nuestra posición. Nos dirigimos hacia allá y había un hombre abusando de una mujer. Ambas cinco nos posicionamos mirando aquel hombre y el cuándo nos vio tiró a la mujer al suelo. Alice recogió a la mujer y le dijo que se fuera, mientras que nosotras rodeamos al hombre. El hombre tenía una navaja y dio un ataque tratando de defenderse. Esme dejó que el hombre la cortara con su cuchillo y le sonrió al hombre de forma maléfica.

-Observa. – le dijo al hombre. La herida ocasionada por él comenzó a cerrarse sin dejar rastro alguno de alguna posible cortada. El hombre se horrorizó al ver esa escena, para él fue como una película de terror. El hombre intentó escapar pero Esme se puso atrás de él sujetándole las manos.

-Muy bien Bella, es tú momento.

Apenas me dijo eso agarré aquel sujeto y me dirigí a su cuello pero me detuve.

-Después de esto sería una asesina…

-Piensa en que si no hubiéramos llegado, quizás aquella mujer hubiera estado violada. – me miró Esme.

-O quizás muerta… - dije tratando de convencerme. Tomé su cabello jalándolo hacia el lado y mordí su delicado y sucio cuello. La sangre salía por montones de su vena yugular haciendo que el hombre se desangrara más rápido de lo normal.

-Vasta Bella, ya bebiste lo suficiente. – me detuve y vi las demás que se acercaron a aquel hombre que aun agitaba sus brazos, todas lo mordieron en distintas partes de su cuerpo para beber su sangre. Poco a poco el hombre dejó de moverse, sus pupilas se dilataron y su corazón dejó de latir. Ahora estaba muerto y sin ninguna gota sin sangre. Me dieron ganas de gritar, pero traté de contenerme, se suponía que era un vampiro y que estas cosas debían ser normal para mí. Observé a aquel hombre morir succionado por nosotras, me sentí culpable. Me acerqué a aquel hombre, tomé su mano aun tibia y mis ojos se llenaron de lágrimas.

-Lo siento… - mi voz se quebró.

-Ya te acostumbrarás Bella, es cosa de tiempo. – mencionó Esme. – Hay que irnos.

Rosalie tomó un jarrón de parafina y lo desparramó al cadáver del hombre, Alice tomó un fosforo y lo lanzó al cuerpo del hombre para incendiarlo. Sequé mis lágrimas y todas nos fuimos de ahí. Manejamos devuelta a casa… aún sentía la sangre en mi boca y como recorría mi cuerpo. Al llegar las chicas intentaron hacerme olvidar de lo sucedido.

-¿Bella… quieres ver lo que puedes hacer ahora? – mencionó Renesmee.

-¿Lo que puedo hacer?

-Eres un vampiro Bella… ¿o creíste que no tienes poderes especiales? – me dijo Alice tomando una copa de trago.

-¿Qué es lo que puedo hacer? – dije un tanto emocionada.

Renesmee puso un pie en la pared y me observó dándome una sonrisa, un breve momento después puso su otro pies en la pared y comenzó a caminar, hice lo mismo pero no con mucha seguridad y sin creer lo que veía, hasta cuando ya tenía mis dos pies en la pared de la casa y no en el suelo. Renesmee comenzó a caminar hacia el techo mirando boca abajo. Intenté de seguir sus movimientos, ahora ambas estábamos boca abajo mirando a Alice, Rosalie y a Esme sentadas en el sillón. Me percaté que mi cabello no se movió ni un poco, seguía estando como si estuviera en el suelo. La gravedad no me afectaba en lo más mínimo, la gravedad estaba presente en donde yo diera mis pasos. Renesmee se arrodilló saltando al suelo y yo la seguí cayendo perfectamente. Quería más.

-¿Puedo volar?

-¿No te vasta con caminar por las paredes? – me dijo Esme con un tono un poco extraño.

-¿Entonces ese es un no?

-En teoría, si puedes, Bella. – me respondió Renesmee. – Puedes hacer cualquier cosa que se te plazca, puedes moverte a una velocidad que es indetectable para el ojo humano, saltar desde un avión una altura prudente… recuerda que eres una inmortal y como inmortales desafiamos las leyes de la gravedad y la lógica.

-Genial.

La noche aún era joven, no pasaba más allá de las tres y yo sentía que había pasado una eternidad. Quería hacer cosas nuevas, pero no sabía que. Era mi segunda noche como vampira y ya me estaba aburriendo. Mañana sería mi tercera noche y quizás haríamos lo mismo. Me senté con las demás y prendí un cigarro mientras bebía una copa de trago. Nadie decía nada y yo no tenía idea de que hablar hasta cuando Alice abrió la boca y preguntó algo.

-¿Esme, cuando?

-Aún no.

-¿Cuándo qué? – pregunté

-Alice quiere conocer vampiros para coquetear. – dijo Rosalie poniendo ojos blancos.

-¿Y por qué no se puede?

-No es que no se pueda, pero habría que viajar.

-¿Y porque no va sola? Digo ya es bien vieja como para que la manden… - Alice me frunció el ceño enojada por mi comentario.

-¿Cómo que vieja? – regañó.

-De edad… de cuerpo eres como de mi edad y serás siempre igual. – traté de arreglar lo dicho.

-Sí, ella puede andar sola…

-¿Pero? – dio un suspiro. – ¿Te da miedo que te deje…? - dije murmurando.

-Alice tiene el afán de matar no solo una persona si no que puede matar hasta diez personas y solo por su sangre. No se controla, nos pondría en peligro.

-¿Peligro? Por favor…

-¡Por favor que! Tú no tienes idea de cómo son los humanos Bella. Ellos matan las cosas sobrenaturales y ha sido así desde hace varios siglos.

-Hoy en día es diferente… - le dije. – Que tontería… - murmuré

-Nada cambia Bella, somos asesinas, somos los depredadores más peligrosos del mundo y nuestras presas son los humanos y ellos nos pueden cazar a plena luz del día, haciendo de nosotros unos vulnerables. No es una tontería… - ella tenía razón. Si los humanos descubrían nuestra existencia idearían un plan para matarnos.

-El sol ya está saliendo. – nos dijo Renesmee, para cambiar el tema.

-Vamos.