Reencuentro
Pasaron días, semanas, meses y al principio todo esto me parecía fenomenal. Pero ya se estaba tornando aburrido, todo era rutina y el recuerdo de mi primera víctima me atormentaba en mis sueños. Apenas oscureció salí a caminar para alejarme un poco de la rutina. Pensaba en aquel hombre que mordí y a pesar de que yo no bebí su última gota de sangre, yo había sido quien lo había condenado. No quería ese tipo de vida de aquí en adelante, no quería ser una asesina, necesitaba pensar en algún plan para beber sangre sin tener que beberlo directamente desde la fuente. Choqué sin querer con una persona.
-Lo siento…
-¿Bella? – me di vuelta a ver quién me llamaba por mi nombre. Lo miré extrañado. – Vaya puedo darme cuenta que no me reconoces. – sonrió. – Como vez… no me olvidado de tu nombre.
-Perdón… yo… - puse una mano en mi cabeza y lo miré confundida, tratando de recordar.
-¿Recuerdas ese día que veías un libro en aquella biblioteca?
-Ah, si… lo siento es que yo…
-Está bien… era obvio que no me recordarías. – me dijo dándome una sonrisa.
-Lo siento estoy algo apurada.
-Tu madre sí que te controla…
-No es mi madre…
-Entonces sale conmigo.
-No. Gracias.
-Por favor.
-Lo siento no te conozco.
-Y qué mejor ocasión para dos extraños conocerse.
-Lo siento, pero no.
-Entonces te invito un café.
-No, lo siento.
-Vamos… solo uno. – me quedé pensando.
-¿Me dejarás en paz si acepto?
-Es posible. – me sonrió. No me había percatado de lo dulce que era su sonrisa.
-Está bien… pero nada romántico ¿ok?
-Muy bien, nada romántico. – me sonrió.
-Lo siento como era que te llamabas.
-Edward. – me estiró la mano.
-Isabella. – le contesté tomándole la mano en señal de saludo.
-Y dime Isabella ¿Cómo es que andas por las calles sola a estas horas de la noche, sabes que es peligroso? – mandé una pequeña sonrisa.
-Puedo defenderme.
-¿Enserio? Digo… te veo tan femenina y delicada que no te veo pegándole a alguien. – sonrió nervioso.
-Enserio… soy muy peligrosa – bajé mi cabeza y lo miré a los ojos en forma coqueta.
-Si tú lo dices… te creo. – sonrió nuevamente. - A pesar de que solo te vi una vez, te noto diferente.
-¿Diferente?
-¿Puedo decirte algo?
-Ajá.
-No me mal entiendas, pero creo que eres muy hermosa.
-Gracias. – me sonrojé.
-Sé que te lo deben decir a menudo…
-La verdad es que no.
-Que mentirosa eres.
Sonreí.
-La verdad es que nunca vi a alguien como tú. ¿Eres modelo o algo por el estilo?
-No.
-¿De dónde eres?
-¿De dónde eres tú? – traté de evadir su pregunta.
-De Forks. Es un pueblo no muy lejos de aquí. ¿Lo conoces?
-No…
-Deberías ir uno de estos días, es hermoso, si es que te gusta la naturaleza.
-Sería bueno… pero tengo un secreto.
-¿Qué secreto?
-No te conozco… - le dije susurrando y sonriendo.
-Pero podemos conocernos mejor, ser amigos si lo prefieres. – me dibujó otra sonrisa.
-Tendré que pensarlo.
-¿Puedo llamarte algún día?
-¿Por qué tan confiado?
-¿Ahora soy confiado?
-Sí. – sonreí.
-¿Cómo me puedo comunicar contigo?
-No puedes. Lo siento.
-Dame tu número telefónico…
-No tengo celular…
-Vamos… ¿es enserio? Todo el mundo tiene.
-Digamos que se ahogó. – comenzó a reírse. – Y desde entonces no me he comprado uno.
-Eso está muy mal… ¿Cuándo puedo verte de nuevo?
-¿Es que no te rindes?
-No contigo.
-Bueno Edward, fue un placer tomar un café contigo. – di un suspiro.
Tomó mi mano cuando estaba a punto de irme.
-¿Cuándo podré verte otra vez?
-Jamás.
-¿Jamás?
-Jamás. – recalqué.
-¿Por qué?
-Porque tengo novio.
-No te creo.
-¿Y eso por qué?
-Hay algo en ti que me dice que lo del novio es mentira. – sonreí.
-Existe esa posibilidad.
-Cuando te dije que te deben decir a menudo que eres hermosa me respondiste que no. Si el posible novio que dices, no te dice lo hermosa que eres todos los días es porque es un patán o simplemente es ficticio, pero créeme, si yo fuera tu novio te diría todos los días lo hermosa que eres. – me sonrojé.
-¿Le dices eso a todas las mujeres que no conoces?
-No. De hecho eres la única persona a quien le he dicho las cosas de forma directa.
-No te creo.
-Pues es la verdad. ¿Cómo puedo ubicarte?
-No puedes.
-¿Por qué?
Sonreí.
-Porque soy como el viento. Voy y vengo cuando quiero.
-Te encontraré.
-Eso tengo que verlo.
-No me voy a rendir.
-Debes hacerlo. Adiós Edward. Por favor no me sigas.
Me zafé de sus manos y me fui corriendo a una parte oscura para poder desaparecer. La verdad fue que me quedé cerca de él todo el tiempo sin que lo notara, hasta cuando llegó a su casa. Ya sabiendo donde vivía, me dirigí a mi casa, me tiré en mi cama mirando el techo y recapitulé lo sucedido. Su mirada, su sonrisa, sus ojos… – No Bella. – me dije a mi misma. – No puedes. – Renesmee entró a mi dormitorio.
-Hola Bella, ¿Dónde estuviste?
-Fui a caminar un rato.
-¿Algo interesante?
-No.
-Estás sonrojada. – me sonrió. - ¿Vendrás a la fiesta?
-En un rato más.
Me acerqué a la ventana viendo la luna y sonreí. Tomé un papel y lápiz y comencé escribir. Salí de la casa tirándome por la ventana de mi cuarto y me dirigí a la casa de Edward. Dejé la carta debajo de su puerta principal y me fui.
Edward Pov
Ella era especial, diferente a todas las demás, tenía ese algo que es difícil de encontrar en una mujer, jamás había sentido esto por alguien y era extraño porque apenas la conocía. Una sola mirada suya me conquistó por completo, deseaba volver a verla pero ella se negaba. Cuando se fue corriendo quise seguirla, pero me contuve, solo vi cómo se alejaba de mí hasta cuando ya no la vi más. Caminé hacia mi casa que estaba cerca de donde me encontraba, porque la verdad ya no tenía nada más que hacer, solo pensaba en ella y en su aroma, sus ojos verdes y sus labios. Todo de ella me atraía, su voz, su olor y su mirada fueron como clavos en mi pecho. Sentía algo extraño cuando caminaba hacia mi casa, sentía que alguien me observaba, pero no le di importancia.
A la mañana siguiente me dirigí a la cocina para comer algo y vi una carta en la puerta, me pareció extraño, me dirigí a verla.
"Edward.
Te extrañará que te escriba una carta pero no sabía cómo contactarme contigo. Pero quería darte las gracias por lo de anoche. Sé que quieres juntarte conmigo una vez más pero me da miedo que salgas lastimado, no me lo perdonaría jamás si ocurriera eso. Debido a eso te quiero pedir un favor. No me busques y olvídate que existo. No soy una buena persona, debes alejarte de mí. Isabella"
No entendí el por qué quería alejarse de mí. ¿Por qué me aria daño, como me olvidaría de su existencia, por qué dice que no es una buena persona, por qué no debo buscarla? ¡Mierda! Ni siquiera podía comunicarme con ella, no sabía dónde vivía… ni siquiera sabía su apellido. Maldita sea. Sabía que algo no estaba bien. ¿Por qué ella deseaba que me alejara? ¿A quién le tenía miedo? O ¿a qué? Deseaba tenerla cara a cara para poder preguntarle.
Di vueltas por toda la casa tratando de buscar alguna solución pero nada se me venía a la mente. Comencé a pensar y en repasar todos los detalles, pero lo único que se me ocurrió fue en escribir una carta para ella, después de todo… ella sabía dónde vivía y estaba loco pero fue lo único que pensé en ese momento, quizás ni siquiera vendría pero debía comprobarlo.
Me senté a escribir, pero nada me gustaba. ¿Cómo podía escribirle algo a una persona que apenas conocía? Arranqué uno, dos, cinco papeles arrugándolos y tirándolos a la basura. Di vueltas por la casa tratando de pensar en algo y fue difícil pues no era muy bueno escribiendo. Salí a dar una vuelta con la esperanza de encontrarme con Bella. Busqué casi por todas las tiendas, café, restoranes de una, dos, tres, cuatro y cinco estrellas pero nada… no había señal de ella. Estaba atardeciendo, no podía creer que me pasé todo el día buscándola sin tener éxito alguno.
Me senté nuevamente sobre la mesa mirando el papel. Di un suspiro y comencé a escribir. Después que terminé seguí mi plan de dejar la carta en un trozo de madera y al lado una rosa. Sólo debía esperar hasta cuando ella la viniera a recoger para hablar con ella. Pasaron días y la carta seguía ahí. Todos los días cambiaba la rosa por una nueva, pero Bella jamás apareció.
Ya estaba oscuro y no había señales de ella. Perdí la esperanza de volver a verla, quizás era verdad lo del novio. La luz de la luna llena estaba en su máximo esplendor y fue cuando vi una sombra al medio de la calle pero de repente ya no estaba, se había ido, fuera quien fuera en un cerrar de ojos. Me di vuelta en dirección a la carta y aún seguía ahí, quise esperar un rato más, sabía que ella vendría pero las horas pasaron y la carta seguía donde estaba, me levanté al baño y al regresar, la carta con la flor ya no estaban.
-¿Bella? Sé que estás ahí, sale… - pero solo se escuchaba el sonido de los grillos haciendo sus canciones. ¡Mierda! Solo hay silencio.
Bella Pov
Todos los días esperé que llegara la noche. Como deseaba caminar en la luz del sol… un día o mejor dicho una noche, me dirigí a la casa de Edward porque sabía que él trataría de contactarse conmigo y a pesar de que le dije que se olvidara de mí, sabía que no lo haría. Fui con la luz de la luna llena que lo vi y sé que él me vio a mí pero en el momento justo salí de su vista, haciéndole creer que era producto de su imaginación. Esperé varias horas para que Edward se despistara y saliera de donde estaba pero no dejaba de mirar por la ventana, hasta cuando me percaté que ya no lo estuvo más, saqué la carta y la flor que estaba al lado lo más rápido posible y me dirigí a la casa.
"Bella.
Si me dices una buena razón para alejarme de ti, lo aré… pero de lo contrario seguiré buscándote hasta tener alguna noticia de parte tuya. Por alguna razón sé que tienes miedo ¿a qué? No lo sé, pero supéralo junto a mí.
Parece increíble que con una sola mirada tuya me hayas hechizado, porque en realidad eso fue lo que hiciste, me embrujaste por completo. Por favor déjame estar a tu lado, permíteme ser aunque sea un amigo para ti, si tan solo me permitieras verte una vez más…
PD: Aún sigue la invitación para que conozcas Forks, sola o acompañada por mí, eso no importa. No me rendiré contigo. Viajaré a Forks el fin de semana, espero que vayas. Edward"
Realmente él estaba decidido a no rendirse. Debía tomar una decisión y era difícil ¿Cómo podría engañar a Esme? ¡Ah!... ella era solo mi creadora y no por eso tenía control sobre mí. Busqué un bolso y metí ropa. Tenía que viajar ahora en la noche pero cuando estaba por irme tocaron a la puerta.
-Estoy ocupada…
-Bella soy yo Esme. - ¡Mierda! Fue tarde ella entró. - ¿Qué es ese bolso?
-Nada.
-¿Adónde irás? ¿No te gusta estar aquí?
-Sí, sí me gusta y estoy agradecida, pero necesito mi tiempo sola.
-¿Un tiempo sola?
-Compréndeme… he estado sola casi toda mi vida y extraño esa soledad.
-¿Y cuánto será ese tiempo?
-Esme no eres mi madre para que me preguntes donde voy y a qué hora regresaré.
-No soy tu madre, soy tu creadora y como creadora merezco saberlo.
-Pues te equivocas. – me puso una cara desafiante. – Además sólo serán dos o tres días.
-Está bien. – dio un suspiro. – Ten… te compré un regalo.
-No debiste…
-Por favor, acéptalo. Sólo quiero tu felicidad.
-Gracias. – abrí el envoltorio y era un celular.
-Contáctate con nosotras ¿quieres? Ya grabe nuestros números en tu celular.
-Ok. Gracias. Solo serán un par de días.
-Ve.
Tomé mi bolso y me dirigí al auto. Cuando estuve a punto de arrancar el auto vi a Renesmee corriendo hacia mí.
-¿Qué pasó?
-Toma… sé que vas por ese chico, se te nota demasiado pero no he hecho comentario alguno.
-¿Un anillo?
-Shh Bella… este anillo es especial, tiene magia
-¿Magia? – fruncí el ceño
-Sí… con ese anillo puedes caminar en la luz del sol. Esme no te quería dar uno todavía pero saqué uno de sus joyas que tienen los poderes.
- Renesmee…
-Bella, créeme tú cuando duermes nosotras estamos activas a la luz del sol. Sólo póntelo y no te lo saques jamás, sino te quemarás.
-¿Pero cómo es posible?
-Te lo explicaré cuando regreses.
-¿Y no puede ser ahora? Tengo tiempo. Súbete demos una vuelta.
Renesmee se subió al auto y yo di el contacto. Manejé hasta la playa.
