Alegoría

Renesmee estaba un poco nerviosa por lo que tenía que contarme sobre el anillo. El viaje a Forks me tardaría un par de horas pero aún tenía el tiempo suficiente para escuchar la historia que Renesmee me contaría sobre Esme y esos anillos que ella poseía. Estaba impaciente, quería que luego me dijera la verdad. En el camino hacia la playa ella no dijo nada, ningún comentario, ni una palabra, era como si yo estuviera sola en el auto pero al fin llegue a mi destino.

-Bien Renesmee… ahora, dime que pasa ¿Qué es eso del anillo que me pasaste? – apague el motor del auto y la miré fijamente. - ¿Es verdad?

-Verás… - dio una pausa. – Sobre lo que te dije del anillo es verdad, Esme tiene muchos como ese anillo que tienes en tus manos y lo sé por qué yo estaba ahí cuando pasó todo… ¿Recuerdas cuando te dije que Esme debe tener unos quinientos o seiscientos años?

-Sí.

-Bueno en esa época se practicaba la magia y la matanza de brujas… debiste oír de eso en el colegio o en alguna parte, hoy en día hasta en la televisión lo hablan.

-¿Sobre la inquisición?

-Sí, Esme de es esa época, ella vivió en Francia y por lo que sé ella era una simple plebeya, pobre y con casi nada de dinero, hasta dormía en camas hechas de paja. – sonrió. - La gente tenía que soportar las torturas y humillaciones de la iglesia. En ese tiempo si una persona decía que eras bruja, ellos no lo dudaban ni un segundo, sólo bastaba una acusación de herejía y los curas iban por ti para torturarte hasta sacar la verdad. Supuestamente según su doctrina matar era un pecado… y lo sigue siendo en estas fechas pero yo me pregunto si en esa época ellos cuando fallecían se iban al infierno… - dio una pausa. – Ellos mataron a mucha gente y querían matar a Esme.

-¿Esme era bruja? – mi voz fue de sorpresa.

-En su vida humana, no lo sé, pero ella estuvo huyendo de ellos porque obtuvo una acusación de brujería y juró vengarse de esa mujer que la acusó injustamente por tomar en sus manos un gato negro.

-Eso es estúpido…

-Lo sé, pero en esa época recoger o tener un gato negro era sinónimo de bruja y no solo te mataban por brujería, te mataban por varias razones.

-¿Cómo cuáles?

-Homosexualidad, herejía y blasfemias, etc.

-Que ridiculez.

-Sí, pero no se podía hacer nada… en esa época mandaba la iglesia y frente a eso todo el mundo estaba perdido. Murieron miles y miles de mujeres y hombres, los torturaban sin piedad para que confesaran sus pecados. Si decías la verdad, diciendo que no eras ninguna de esas acusaciones, te mataban por mentirosa haciendo la muerte lo más dolorosa posible y si les decías que si lo eras y aceptabas la acusación, aunque fuera mentira, igual te mataban por desafear a la iglesia uniéndote al enemigo que era el diablo. Era terrible y lo peor es que a las "brujas" las quemaban en las plazas para que todo el mundo viera, era algo aterrador. Y bueno Esme no estaba dispuesta a pagar por algo que no había hecho, no quería tener un final como las demás personas… con una muerte dolorosa. Corrió sin detenerse por los bosques tratando de llegar a un lugar seguro, tratando de esconderse entre medio de los árboles y sin aparecerse por los pueblos. Estaba maltratada, cortada por las espinas y con hambre de justicia, odio y rabia. Una noche vio un resplandor desde lejos y se dirigió hacia allá, al llegar se encontró con una pequeña casa escondida en lo más profundo del bosque. Miró por la ventana y vio a un hombre joven, no quiso entrar pero fue tarde, ese hombre estaba atrás de ella, había olido el olor a sangre.

-¿Cómo encontraste este lugar? – le preguntó el hombre.

-Lo siento… estaba huyendo y… - la interrumpió.

-¿Huyendo de quién?

-De la iglesia… - contestó sin balbucear.

-¿Bruja?

-Si acariciar un gato es ser bruja, si soy culpable.

-No te muevas… - el hombre se dirigió al cuello de Esme para matarla.

Pero al ver los ojos de Esme vio mucho odio, venganza y nada de miedo, eso le extrañó y sin dudarlo el hombre la mordió dejando que viviera. Estuvieron un tiempo juntos, viviendo en la oscuridad, aquel hombre le enseñó sobre casería, la entrenó y la cuidó. Esme regresó a su ciudad con la compañía del hombre. Mataron a todos los curas de esa ciudad para que jamás volvieran a matar y para que jamás la volvieran a perseguir a gente inocente como ella. La venganza de Esme ya había terminado pero ella quería más, buscó a la mujer que la acusó injustamente y la torturó hasta cuando ella pidió a gritos que la matara de una vez. Así pasó el tiempo y la inquisición aún siguió. Pasaron uno o dos siglos cuando su creador la dejó, para darle su libertad, sufrió… - sonrió de nuevo. – Esme se había enamorado del hombre que la había transformado y desde entonces ella lo ha buscado sin éxito alguno.

-Qué triste… - sentí un poco de lástima por Esme.

-Después de que su creador la dejara, Esme viajó a Massachusetts en mil setecientos quince, donde me encontró a mí en un baile de esa época, se había hecho amiga mía y cuando vio que yo poseía ese encanto de dulzura y esa chispa de vida en mi interior, me transformó en los jardines de mi propia casa. Supongo que lo hizo porque ya no quería sentirse sola, al principio lo encontré divertido, nunca me rehusé a sus reglas y lo único que quería era que yo fuera feliz, pero yo extrañaba algo y creo que es algo que tú también extrañas… la luz del sol. – me sonrió y siguió contándome la historia.

Yo era la mayor de cinco hermanos, hija de un marqués. Mi vida no era muy entretenida que digamos pero me encantaba ir a las fiestas y beber champaña hasta ver salir el sol, hasta hoy en día me gusta hacer eso. Claro que en esa época era distinto, nosotras íbamos a las fiestas con grandes vestidos y máscaras, me encantaba coquetear con los hombres de esa época, eran muy caballeros, no como ahora… Pasó un siglo y Esme y yo éramos unas de las mujeres con más dinero de esa época, y solo por robarle a la gente después de beber su sangre. Entrabamos a las casas y robábamos todas las joyerías y dinero. Jamás nos atraparon porque nos movíamos de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. Pero un día me enamoré de un humano, su nombre era Ben y aunque era igual de fiestero que yo, era un completo caballero, jamás lo he podido comparar con nadie y siempre que nos topábamos en las fiestas, bailábamos juntos todas las piezas de baile casi sin parar. – dio una pausa y siguió. – Pero… no pude salvarlo… fue devorado por una vampira cuyo rostro jamás pude ver… lo mató sin piedad… - dio un suspiro. – Pensaba en transformarlo en lo que yo era, pero llegué tarde… ya no tenía sangre en su cuerpo, estaba vacío… - su voz se quebró y se compuso de nuevo.

Una noche fui de casería junto a Esme y escuchamos algo que a pesar de estar lejos para cualquier humano, para nosotras estaba relativamente cerca, nuestros sentidos jamás nos traicionaban. Nos dirigimos hacia aquel sonido en lo más profundo de un bosque y nos encontramos con unas auténticas brujas justo haciendo magia a la mitad de la noche, vestían con unas túnicas negras y tenían velas que formaban un circulo a su alrededor. Yo no creía en las brujas y en la magia, pero si existen los vampiros ¿Por qué iba a pensar que la magia no existía? Esme se les acercó viendo sus ojos, las mujeres se aterrorizaron al vernos, una porque las pillamos haciendo brujería a la luz de la luna llena y segundo porque apenas nos vieron supieron lo que éramos, no me preguntes cómo… sólo lo supieron…

Esme las miró fijamente hasta que encontró a una con una mirada especial que yo también pude percibir cuando vi sus ojos. Se acercó a ella para pedir su ayuda haciendo un trato justo. El trato consistía en que la salvaría a toda costa de la inquisición y cuidaría de su descendencia, si ella venía con nosotras para ayudarnos a caminar bajo la luz del sol, la mujer con miedo aceptó su oferta y Esme la transformó en nuestra criada. Le pasó anillos, collares y aros para que los hechizara por si se le llegaba a perder alguna joya, se puso un anillo y otro me lo puso a mí. Los demás los guardó en una caja de plata que eran muy comunes en esa época. Pasó el tiempo y la bruja que se llamaba Irina tuvo un bebé, la llamó Zafrina. Esme la crió como si fuera su propia hija cuando Irina fue atrapada por la inquisición. Ambas luchamos por salvarla y negamos todo uso de magia diciendo que jamás vimos algo extraño, luchamos en contra los guardias, matamos a la mayor cantidad, de verdad fue una verdadera matanza, pero fue inútil la torturaron hasta morir y se llevó su secreto de ser una autentica bruja hasta la tumba. Al pasar los años Zafrina creció y tuvimos que explicarle del porqué no envejecíamos y su respuesta nos sorprendió a ambas.

-¿Por qué? - dije extrañada.

-Ella ya lo sabía, según ella su madre la visitaba en sus sueños y le explicó todo, le dijo lo que nosotras éramos antes de que Esme o yo le dijera una palabra, también le dijo a Zafrina que no nos tuviera miedo. Al pasar más años, Zafrina ya tenía la edad suficiente y reclamó un libro que Esme tenía guardado, ese libro pertenecía a Irina. Esme en ese momento sintió miedo y sin dudarlo le pasó el libro de brujería y hechizos que Irina había escrito para Zafrina. Desde entonces ella comenzó a practicar la magia teniendo tan solo quince años. La magia estaba en su sangre y ese libro pasó de generación en generación. Creo que la nueva descendiente de la generación de Irina y Zafrina tiene el nombre de Tanya… Tanya Denali y vive aquí mismo en esta ciudad, si es que no se ha ido.

-¿Y de verdad puedo andar bajo el sol sin quemarme?

-Así es… lo sé porque desde que Irina hechizó los anillos y collares hemos podido andar bajo el sol como cualquier humano. Ahora yo te pasé uno a escondidas de Esme.

-¿Por qué me ayudas Renesmee?

-Porque veo algo en ti que me agrada. Te veo como si fueras mi hermana menor a la que debo proteger y además eres diferente a nosotras.

-¿Diferente?

-Ninguna de nosotras… Alice, Rosalie o yo nos hemos enfrentado a Esme. Siempre hemos seguido sus reglas y hacemos lo que ella nos dice hacer, en cambio tú no y eso me llama la atención en ti. Tú pocas veces sigues sus órdenes y si algo no te gusta vas y se lo dices, es por eso que te he dado el anillo, porque de alguna forma quise tener por primera vez el valor que tú tienes. – me acerqué a ella y le di un abrazo.

-Gracias Renesmee.

-Buena suerte con ese hombre a quien sigues.

-Solo me invitó a pasar unos días en su pueblo.

-Cuéntame de eso.

-¿Recuerdas a ese hombre que me habló en la biblioteca aquella vez?

-¿Es enserio? Era muy lindo.

-Sí… bueno me lo volví a topar hace un par de días y me invitó.

-Que traviesa eres. – comenzó a reír.

-Tengo miedo…

-¿Miedo de qué?

-Tengo miedo a lastimarlo… a que me pase lo que le pasó a Alice… no sé. – suspiré.

-Tranquila Bella, todo saldrá bien, aprovecha…

-Eso es lo que quiero hacer…

-¿Te doy un consejo?

-Vaya una persona de casi trecientos años me dará un consejo, que fascinante. – dije riendo.

-Idiota. – ambas reímos.

-Si piensas que es el indicado, huye de él… aunque te duela.

-¿Por qué dices eso?

-Si te enamoras… deberás reconsiderar pensar en su futuro, digo… desearas quitarle su alma convirtiéndolo en un vampiro y estar juntos por el resto de sus vidas o permitir que el haga su vida como cualquier humano permitiendo que envejezca junto con su futura esposa. Yo pasé por eso… y no es muy agradable.

-¿Y qué sugieres?

-Que te diviertas los más que puedas sin enamorarte. Velo como un negocio… si tanto miedo tienes de lastimarlo. Controla tu sed y ve de casería por las noches.

-Gracias. – no me agradó lo que me dijo pero ella tenía razón.

-Buen viaje Bella… ¿te veré en dos días?

-No lo sé… puede ser un par de días más. – dije dudando.

-¿Pero volveremos a vernos?

-Claro que sí, no me iré para siempre, solo un par de días.

-Ve… ya perdiste demasiado tiempo aquí.

-Está bien. – se bajó del auto y me miró.

-Recuerda… no te saques el anillo por nada del mundo y cualquier cosa me llamas.

-Lo haré.