Nueva rutina

Después de que Renesmee se bajó del auto desapareció en unos segundos, ya eran las cinco de la mañana y aún tenía cosas que hacer, asique encendí el motor del auto. Antes de abandonar la ciudad fui a comprar un mapa y a recargar el auto con bencina. Miré el mapa tratando de encontrar aquel pueblo que Edward me había dicho y una vez encontrado tomé la carretera principal por la ciento once que era la más rápida para llegar y me fui. El tiempo no me acompañó mucho que digamos, comenzó a llover con truenos, rayos y relámpagos pero aun así me encantaba el tiempo así, lo encontraba fenomenal. Mientras manejaba pensé en lo último que me dijo Renesmee. "No te enamores", no pensaba hacerlo, solo quería divertirme un poco y salir un rato sin la supervisión de Esme, ella de repente me asfixiaba, asique que mejor para hacer algo espontaneo. Manejé un buen rato pero aún tenía esas palabras en mi mente "no te enamores", eso no pasaría, no me iba a enamorar del primero que me dijera "hermosa". Puse un pendrive que me dejó Alice de regalo, al ponerlo me di cuenta que la mayoría de la música era celta. Manejé escuchando esas canciones tan hermosas y tranquilas, realmente eran maravillosas.

Ya me faltaba poco para llegar al pueblo de Forks y ya estaba amaneciendo, parece increíble que haya hablado tanto con Renesmee antes de abandonar la ciudad y sería una mentirosa si dijera que no sentía miedo por la luz del sol. ¿Qué pasaría si Renesmee se hubiera equivocado de anillo y me entregó uno que no era? ¿Y si esto se trataba de alguna trampa? Bueno por lo menos sabría que moriría tratando de perseguir mi libertad, pero agradecía algo… y ese algo era que estaba nublado y era casi imposible que los rayos del sol penetraran las nubes. Ya pasaban de las seis de la mañana y el sol no me hacía daño. Paré el auto en la carretera unos momentos y me bajé. Nunca pensé que extrañaría la luz del amanecer, estaba tan emocionada, hasta estaba de buen humor. Quise comprobar algo que se me pasó por la mente, si estaba nublado el sol no podía lastimarme, asique fui deslizando el anillo de mi dedo lentamente y cuando me lo saqué comprobé que me quemé.

-¡Mierda! – me puse de nuevo el anillo rápidamente. – Mala idea… - después de todo los rayos de luz si pasaban las nubes y el anillo si tenía un hechizo. Comenzó a llover y me subí al auto para seguir manejando, pero me detuve a contemplar aquel anillo. A pesar de que era un poco grande, era muy hermoso, al parecer era de oro y poseía una gran piedra de color verde en su centro, parecía una esmeralda o algo por el estilo. ¿De qué época será, considerando que Esme tiene más de quinientos o seiscientos años? Debía ser muy antiguo y de mucho valor. Si el anillo llevaba casi trecientos años de magia y aún estaba en perfectas condiciones. Eché a andar el auto nuevamente ya solo me faltaba un par de minutos para llegar al pueblo.

"La ciudad de Forks les da la bienvenida. Población de Forks tres mil ciento setenta y cinco habitantes."

Ya me sentía entusiasmada. Por fin había llegado al pueblo, me pareció adorable, jamás había estado en una parte como esta. Me dirigí en busca de algún hotel o motel, pero todos estaban llenos por la temporada de pesca, pasé una o dos horas buscando alojamiento. Me estaba dando por vencida hasta cuando vi uno que se llamaba Miller Tree Inn que estaba a unos minutos del centro de Forks. El lugar era muy campestre, la casa era blanca de tres pisos si no me equivocaba, se veía pequeña pero me encantaba. Entré a la recepción para registrarme.

-Bueno días. – me dijo una señora de edad, se notaba muy animosa. Era de cabello rubio casi blanco, corto, de lentes y media rellenita o gordita.

-Hola. Quiero un cuarto por favor.

-¿Para uno?

-Sí.

-¿Traes alguna mascota?

-No.

-Mira ahora la mayoría de los cuartos están ocupados pero me sobran dos. Uno es el Elk View que es una de las habitaciones más amplias de la casa. Tienes dos habitaciones, cama matrimonial, chimenea a gas y una bañera de hidromasaje. También cuenta con televisión y DVD, baño privado, un pequeño refrigerador y microondas.

-Suena muy bien. ¿Y a qué vista da?

-A un antiguo granero y a los alces que de vez en cuando salen de las montañas para alimentarse.

-¿Y la otra habitación?

-Es la habitación Sunset. Desde ahí se puede ver la apuesta del sol mirando hacia el oeste. Tiene cama matrimonial, televisión, DVD, baño privado con bañera y ducha.

-Me gustó más la primera. – dije un poco emocionada.

-Está bien ¿Por cuantos días se quedará?

-Eh… no sé, por el momento hasta el lunes. Si deseo quedarme por más tiempo vendré a prolongar los días.

-Me parece bien. – me dio una sonrisa.

-¿Se paga ahora o después?

-Págame después querida. Ven sígueme a tu cuarto. – tomé mi bolso y seguí a la viejita.

-Es una muy linda casa.

-Sí, es una casa histórica que ha funcionado como alojamiento los últimos veinte años.

-Es muy hermosa.

-Llegamos, esta es tu habitación. – la señora sacó la llave y abrió la puerta que estaba cerrada y entró. Dejé mi bolso y mi cartera sobre la cama. – Querida el desayuno incluye frutas frescas, bar de cereales y pastelería, y un plato caliente que puede consistir en unos sabrosos huevos italianos, tostadas francesas de caramelo y durazno, o panqueques de jengibre con salsa de limón y durante el día hay café y galletas disponibles para ti, además en todo el establecimiento hay acceso a internet.

-Gracias. ¿Disculpe aquí sirven la cena o tengo que comer en algunos de los restoranes del pueblo?

-No, querida, no servimos la cena. Sólo damos el desayuno.

-Está bien. Gracias.

-Cualquier consulta o inquietud me avisas. – me dijo cuándo se iba retirando del dormitorio. – Ah se me olvidaba… la casa dispone de un ofuro en la terraza trasera y hay dos salas disponibles para ti, una tiene televisión y libros y la otra juegos de mesa y un piano.

-Suena excitante. Gracias por todo.

Encontré la habitación pequeña comparándola con mi habitación de Port Ángeles, pero aun así era adorable, al menos había una cama, un televisor, baño privado para mí con hidromasaje, una nevera y una chimenea a gas. No era la gran cosa, pero era muy lindo, sobre todo porque me encanta estar rodeada de naturaleza, desde que tengo memoria yo amaba el medio ambiente.

Abrí mi bolso de viaje y saque seis botellitas de sangre poniéndolas con cuidado en la nevera. Saqué también mi estuche de maquillaje poniéndolo en el baño y la ropa la puse en los cajones del closet. Tomé mi cartera y la di vuelta sacando todo lo que estaba adentro. Reuní todos los billetes sueltos y los junté contándolos cuidadosamente. Tenía lo suficiente como para alojarme durante todo un año aquí, si es que lo deseaba. Se me había olvidado lo que mi nueva vida me ofrecía. También había joyas, perlas y aros, pero una me llamó la atención. Tiré de la cadena y era un pequeño corazón. - ¿De dónde había salido este? – después de pensar un poco lo recordé. Era el collar que le había robado a esa anciana antes de convertirme en lo que soy ahora. No me dio remordimiento asique me puse el collar. No se me veía mal, asique me lo dejé puesto.

Puse todas las cosas que había sacado de forma ordenada nuevamente en mi cartera y esperé hasta que parara de llover, pero pasaban las horas y la lluvia seguía cayendo. Fui a investigar el lugar, era muy lindo pero quería salir de ahí. Regresé a la habitación por mi cartera y salí de ahí para irme al pueblo. Cerré la puerta con llave para que nadie entrara y me dirigí a mi auto para salir del recinto, estacionándolo en el centro del pueblo. Poco a poco comencé a mojarme pero no me importó, hacía frío pero yo no sentía nada por lo que estaba muy cómoda así tal cual estaba, pero estaba llamando mucho la atención por mi forma de vestir, asique me acerqué a una tienda y compré un abrigo con gorro para pasar desapercibida. Salí de la tienda y seguí viendo las demás, hasta cuando vi un paraguas encima de mí que me tapaba de la lluvia.

-Viniste… - me dijo una voz, me di vuelta a mirar.

-Edward… - me sonrojé un momento.

-¿Viniste sola… o acompañada por mí? – me dijo dibujándome una sonrisa.

-Sola… - di una pausa.

-Entiendo… - su voz fue de decepción e inclinó su mirada hacia abajo.

-Pero… necesito un guía. – le sonreí. – Necesito a alguien que conozca el pueblo, no quiero perderme. – dije un poco coqueta.

Me sonrió.

-¿Y supongo que yo soy ese guía? – dijo también coqueteándome.

-Puede ser. – ambos nos reímos.

-Pensé que no vendrías. – me puso su mano en mi rostro.

-Pues pensé en no venir.

-¿Y qué te hizo cambiar de opinión?

-Mi hermana… - lo dije refiriéndome a Renesmee.

-Entonces debo darle las gracias.

-Algún día. – sonreí.

-¿Tomaste desayuno?

-Aún no.

-Vamos conozco un buen lugar.

-Está bien. – de pronto me acordé. – Ando en auto… no sé si. – di una pausa confundida. – Vamos en él o a pies…

-Está cerca.

-Entonces a pies. – sonreí. Nos dirigimos al lugar para desayunar juntos y al llegar nos sentamos en una mesa al lado de la ventana. El lugar estaba calefaccionado y no tenía idea si sacarme el abrigo o no, asique imité lo que hacía Edward para pasar desapercibida. Cuando él se sacó su abrigo yo me saqué el mío cinco minutos después.

-Bella… estás empapada. – su tono de voz fue un poco preocupado.

-Sí… lo estoy, pero solo es un poco.

-¿No tienes frio? Te puedes enfermar. – dijo preocupado.

-No pasa nada. – me levanté del asiento.

-¿A dónde vas?

-A cercarme. – le sonreí. – Así no te preocuparás más.

-¿Y qué te ordeno?

-Un té y – di una pausa. - No sé lo mismo que tú. – me fui al baño para secar mi blusa y mi cabello. Me miré al espejo y estaba un poco sonrojada. Creo que no podía creer lo que me estaba pasando, me sentía feliz, sonreía de tan solo pensar que estaba aquí haciendo algo diferente bajo la luz del sol. Me sequé mi pelo con una máquina de secado de manos y después seguí con la blusa. No tardé tanto porque la blusa era delgada. Una vez lista salí del baño. Cuando llegué a la mesa, el desayuno ya estaba puesto y Edward no había empezado. – ¿Tardé mucho?

-No. Te esperaba para empezar.

-¿Llegó hace mucho rato? – dije media culpable.

-No, un par de minutos nada más.

-Lo siento.

-No te preocupes. – me sonrió. Comenzamos a comer. – ¿Dónde te estás alojando?

-En Miller Tree Inn.

-¿Y qué tal?

-Es muy lindo y la gente es muy amable. – sonreí.

-Ese hotel es uno de los más lindos de Forks. – me dibujó una sonrisa amable. - ¿Y hasta Cuándo piensas quedarte?

-Hasta el lunes.

-¿Tan poco?

-Por el momento. ¿Y tú cuando tienes pensado a irte a Port ángeles?

-Aun no lo sé. – dio una pausa. - ¿Estás notando algo?

-¿Qué cosa?

-Todo el mundo te está mirando. – di un pequeño vistazo y tenía razón.

-¿Y eso por qué?

-Pueden ser dos razones. Uno por ser turista y no conocida.

-¿Y la segunda?

-Por ser linda y atractiva. – me dio una sonrisa un poco coqueta. - Aquí en Forks no hay gente muy linda y tú al estar aquí llamas mucho la atención. – me reí y tomé un sorbo del té mirando a los ojos de Edward. Llegó una de las camareras.

-Hola Edward, hace tiempo que no te veíamos por aquí.

-Sí, bueno vine a visitar a mi familia. – dio una pequeña pausa pensando en lo que diría. - Senna ella es Bella. – dijo dirigiéndome hacia mí para presentarme.

-Hola.

-Hola. – me sonrió. – Sí que eres guapa, tenía que verlo con mis propios ojos. Kate llegó diciendo que habían visto a Edward entrar con una mujer muy hermosa. – me sonrojé.

-Gracias. – le sonreí. – Pero exageran… no soy tan hermosa.

-¡¿Qué? Por favor mírate. Pareces hecha por los mismos ángeles. – se agachó a mi altura, viéndome la cara. – Y que ojos tan preciosos, nunca vi unos ojos como los tuyos. ¿Son reales?

-Por supuesto que son reales. – sonreí.

-Siento envidia de ti. Tienes buenos genes, además hueles muy rico, ¿Qué perfume usas?

-Senna… - dijo Edward sin ganas, como diciendo que se callara. Senna miró a Edward.

-¿Qué? Es verdad, huele muy bien.

-No uso perfume… tengo… pero no los uso.

-¿Me regalas uno?

-Senna, ya basta. – se acercó otra de las meseras. – déjalos comer tranquilos, vete a atender otras mesas o haz algo útil. – Senna se retiró un poco molesta.

-Gracias Kate.

-De nada Edward. – ella se dirigió hacia mí. – Perdona a Senna de repente es un poco molesta.

-Está bien. No te preocupes.

-Realmente eres preciosa, Edward tiene buen gusto. – dijo sonriendo y mirándome.

-Ya deja de avergonzarme Kate.

-Está bien ¿quieren algo más? – Edward me miró en señal de pregunta para ver si quería algo más para comer.

-No, yo no, gracias. – respondí. – Estoy bien.

-Bien. Traeré la cuenta.

-Siento lo de Senna, siempre hay que frenarla antes de que deje en vergüenza a alguien. – me reí. Kate regresó.

-Listo, aquí está la cuenta. – tomé mi cartera para pagar el total de todo.

-¿Qué haces? – me preguntó Edward extrañado.

-Mm ¿pagar?

-¿Estás loca? Eso no sería caballero de mi parte, además yo te invité, asique pago yo. – me sonrío.

-Bueno… si insistes. – le sonreí y miré hacia la ventana, ya no estaba lloviendo y se veía mucha niebla hacia los bosques.

-¿Vamos?

-Ajá. – me levanté y me puse el abrigo. Al salir me adelanté un par de pasos y me puse frente a Edward. - ¿Y dime guía, que se puede hacer en este pueblo?

-No mucho cuando está lloviendo… pero mañana estará despejado.

-Pero no le tengo miedo a un poco de agua de lluvia asique dime ¿qué se puede hacer en un día como este? – sonreí mirándolo a sus ojos.

-Bueno podemos ir a la playa un rato. Es muy distinto de Port ángeles.

-Vamos. - nos dirigimos a su auto. Debo decir que me sorprendí al ver que manejaba un Volvo c30 plateado del año. Iba a abrir la puerta para subirme pero me detuvo. Lo miré extrañado, pero el solo me sonreía y me abrió la puerta del copiloto para que me subiera y cerró mi puerta, lo vi correr un poco para hacer partir el auto y comenzó a conducir. - ¿Y en donde queda esta playa? – pregunté un poco animosa.

-Se llama Second Beach. Es la más visitada por los turistas y la segunda playa más visitada por los surfistas, es la Push por sus grandes olas. Pero antes de ir hay que pasar a buscar algo.

-¿Qué cosa?

-Botas de lona, si no quedaremos empapados. ¿Cuánto calzas?

-Treinta y siete…

-Bien. Espérame. – estacionó el auto frente un almacén y se bajó del auto. Tardó unos diez minutos cuando regresó. – Toma.

-¿Qué es?

-Botas de lona, para que no te mojes.

-No debiste. – me sentí mal. – Yo pude haberlas comprado…

-No te preocupes, considéralo un regalo.

-Gracias. Son muy lindas. – sonrió por el cumplido que le di. Encendió el motor y volvió a conducir, pero esta vez fue directamente a la playa. Me puse mis botas de lona para no hacerlo sentir mal y puse adentro mis pantalones para no mojarlos. – ¿A cuánto estamos de la playa?

-Media hora, quizás menos.

-¿Es linda?

-Hermosa, sé que te gustará. – me sonrió.

Al llegar corría mucho viento pero la vista era fantástica. Edward tenía razón, esta playa no la podía comparar con la playa de Port Ángeles, la primera razón era por la fantástica vista que había y la segunda razón por los árboles del bosque a su alrededor. Era precioso. Me acerqué al agua mientras Edward me miraba apoyado desde su auto sonriendo. Después de un breve tiempo Edward se acercó a mí.

-¿Te gustó?

-Tenías razón… es muy hermoso. – crucé mis brazos y di un suspiro. Cerré mis ojos y traté de sacar mi cabello que estaba adentro del abrigo, pero era tan largo que me costó un poco.

-Espera deja ayudarte. – tomó mi cabello por debajo de mi nuca y comenzó a sacarlo lenta y cuidadosamente para no jalarlo con fuerza. – Tienes el cabello muy largo.

-Me gusta así como está.

-Listo. – una vez que lo sacó sentí que aún no me lo soltaba. Me puso una mano en mi hombro y se quedó conmigo viendo hacia el mar. Me puse nerviosa.

-¿Tu familia vive aquí? – que pregunta más estúpida pero no sabía que preguntarle.

-Sí. De vez en cuando vengo a visitarlos. A pesar de que mis padres viven aquí, yo tengo otra casa en este mismo pueblo.

-Y otra en Port Ángeles…

-Esa la arriendo.

-Ah. ¿Y por qué no vives con tus padres?

-Quería independizarme. ¿Y tú?

-No tengo mucho que decir.

-¿Qué hay de tu familia?

-Es una larga historia. – comencé a caminar por la playa.

-Bueno, tenemos tiempo. – me sonrió y yo di un suspiro.

-Mi padre me abandonó cuando yo tenía siete y mi madre también me abandonó pero a los dieciséis. Desde entonces me las he tenido que arreglar por mi cuenta hasta el día de hoy… A veces me preguntaba si yo era la del problema.

-No creo que tú hayas sido la del problema, ellos eran los anormales. Unos padres cuerdos no abandonan a sus hijos.

-Lo mismo me decía, hasta cuando ya dejé de pensar en ellos.

-Creo que fue la mejor decisión que tomaste. – me sonrió.

-¿Tienes hermanos?

-Sí, tengo dos más. Jasper y Jacob. Jasper es el mayor y Jacob el menor de todos. – de alguna forma sentía una cierta envidia de Edward. Él podía gozar de su familia y no la disfrutaba, que daría yo por poder hacer eso.

-¿Que hacen tus padres?

-Mi padre es dentista y mi madre es enfermera del hospital.

-¿Tus hermanos trabajan?

-Sí. Jasper es dueño de un restaurante. Se llama Smokehouse y Jacob aún no trabaja, pero es bueno arreglando motos, quizás más adelante abra un taller o algo.

-¿Y tú?

-Yo tengo un campo con caballos, ya sabes para los turistas.

-Impresionante. – pensé que quería ser médico o algo, ya que sus padres habían estudiado algo con medicina.

-Sí… tengo ocho caballos y también tengo mulas, los utilizo para hacer recorridos a los turistas por la selva cuando el tiempo está bueno. Quizás no es emocionante, pero a mí me encanta.

-Es interesante, quizás puedas invitarme. – ambos sonreímos. - Y si tienes prácticamente tu vida aquí… ¿Qué haces en Port Ángeles?

-Quiero expandirme, hago tratos con las empresas turísticas de Port Ángeles, les doy mis folletos, los convenzo que la expedición a caballo es lo mejor y ya tengo el trato hecho. – sonreí. - ¿Y tú?

-Yo robo. – comenzó a reírse. – No… yo trabajo en una discoteca, soy Barwoman.

-Impresionante. – me dibujó una sonrisa. - ¿Te gusta viajar?

-Bueno no sabría decirlo…

-¿Por qué?

-Porque es la primera vez que salgo de Port Ángeles.

-¿Y cómo te ha ido en esta primera vez?

-Está siendo una experiencia agradable. – reí. - ¿Tienes hambre? – se sonrojó.

-¿Por qué?

-Porque yo si tengo algo de hambre.

Sonrió.

-Vamos. – miré la hora en mi celular y eran las tres de la tarde, pensé que solo habían pasado dos horas. – Oye… ¿no que no tenías celular?

-Me lo compré ayer.

-En ese caso me lo tendrás que dar. – volvió a dibujarme esa sonrisa que me atontaba completamente.

Volvimos al auto pero en vez de ir por la playa nos fuimos por el bosque. Estaba maravillada mirando lo árboles, muchos de ellos tenían forma humana, eran muy grandes y altos. Jamás vi algo como esto. Estaba fascinada y Edward notaba eso.

-¿Escuchaste eso?

-¿Qué cosa? – me respondió un poco inquieto.

-Shh. – comencé a caminar hacia el lugar y quedé maravillada. – Es… un alce… – dije emocionada y sonriendo. – Que hermoso ¿no crees? – otra pregunta estúpida.

-Sí. – me clavó su mirada en mis ojos.

-Lo siento… se me olvidaba que esto es común para ti. Mi pregunta fue tonta. – comenzó a reír.

-Esto es lo que me gusta de este pueblo Bella. La naturaleza, los animales… este pueblo me tiene encantado y creo que a ti también te hechizó con su naturaleza, nunca vi a alguien tan entusiasmada por la naturaleza como tú.

-¿Y eso es malo? – le dije mirándolo a los ojos.

-Por supuesto que no… me es llamativo.

-Es que este lugar es impresionante. – seguí mirando el alce. – Ver a los animales en su estado natural… no sé, me encanta. – sonreí y me levanté para seguir caminando hacia el auto, el pequeño sonido de estómago de Edward me recordó que él tenía más hambre que yo.

Nos subimos a su auto y comenzó a manejar. Paramos en un restaurante no muy lejos de donde estábamos. Pedimos algo para comer y nos fuimos del lugar. Ya estaba atardeciendo y salimos del local.

-¿Cuál es tu prototipo de hombre?

-No tengo un prototipo…

-¿Y eso porque?

-No ando interesada en una relación. – mi respuesta fue fría, pero a pesar de que Edward era un encanto de hombre no podía tener algo serio con él.

-¿Alguna mala experiencia?

-No. – sonreí. – Pero no ando interesada. – Sonrió. - ¿Qué fue lo gracioso?

-Nada, es solo que... – dio una pausa. – Me pareces muy misteriosa.

-Pues… ¿gracias? – reí.

Llegamos al pueblo y Edward se estacionó cerca del centro.

-¿Dónde tienes tu auto?

-Mm no muy lejos de aquí. Creo que en la otra cuadra. – ya estaba oscuro y comencé a sentir sed de sangre.

Al llegar al centro había una gran multitud de gente en las calles.

-¿Qué está pasando?

-Se está celebrando una fiesta que hacen aquí. Se les hace una fiesta a los pescadores.

-Suena entretenido.

-¿Quieres ir?

-¿Se puede?

-Claro que sí. Vamos.

Nos acercamos a la multitud. Había tanto viejos como jóvenes que seguían la tradición de sus antepasados. En el medio de la calle, había una gran fogata, donde todo el mundo estaba a su alrededor, tomando, bailando y conversando.

-¿Quieres algo para tomar?

-¿Que sirven?

-Cerveza.

-Bueno, tráeme un vaso.

-Bien. Espérame. – se alejó de mí y lo perdí de vista. Los hombres de ahí se divertían tomando y bailando con otras mujeres que aceptaban bailar con ellos, lo encontré entretenido. Un hombre, casi de la misma edad mía, se me acercó a mí.

-Hola hermosa.

-Hola…

-¿Quieres bailar?

-No. Gracias.

-Vamos, baila conmigo, te vas a divertir.

-Ya me estoy divirtiendo así como estoy.

-Baila conmigo.

-Estás ebrio. Vete de mí vista. – Llegó Edward y lo quedó mirando. - ¿Qué acaso ella no baila?

-Quizás no quiere hacerlo. – se puso delante de mí, como para defenderme.

-Que aburrida es.

-Lárgate de acá.

-No me iré hasta cuando esa belleza baile conmigo. – sonrió.

Me corrí y lo miré a sus ojos.

-Vete. – le dijo por última vez Edward.

El hombre me miró horrorizado por la mirada que le di y sin decir nada comenzó a retroceder mirándome a los ojos. Cambié mi mirada cuando Edward se dio vuelta a mirarme.

-¿Estás bien? – me susurró en mi oído.

-Sí. Gracias. – le sonreí.

-Toma. – me entregó un vaso de cerveza. Estuvimos ahí un buen rato hasta cuando comenzamos a retirarnos de ahí. Caminamos hacia mi auto.

-¿Te gustan los animales?

-Eso está claro. – sonreí.

-Sé que te gustan los animales salvajes, pero yo hablo de los domésticos.

-Sí, pero nunca he tenido uno.

Se rió.

-¿En serio?

-Sí. No te rías. – también me reí y me tapé mi sonrisa. Traté de caminar más rápido hacia el auto.

-Habrá que cambiar eso… - susurró.

-Aquí está. – por fin había llegado a mi auto, quería llegar rápido a mi hotel para beber mi sangre.

-¿Este es tu auto? – me dijo un poco sorprendido abriendo sus ojos más de lo normal.

-Sí. Bueno… me voy. – me tomó la mano cuando me iba a subir y me dio un abrazo.

-Te veo mañana. – me susurró en mi oído.

-Bien… - aguanté las ganas de no morderlo y me separé de él lo más duce posible, siendo que por dentro estaba gritando por beber su sangre. – Adiós. – me subí al auto y me fui al hotel.