Capítulo 21

La mañana siguiente fue inusualmente extraña. Me desperté pronto, al menos para mí era pronto, no eran ni las 11 de la mañana.

Baje a desayunar, la casa estaba silenciosa y no vi ni a los perros por ningún lado. Me asome al jardín trasero buscando alguna señal de vida. La encontré. En el jardín estaban los 3 sentados en el suelo, guitarras en mano y una pequeña caja rítmica.

Parecía un picnic, había bebida y tampoco faltaba comida, con la taza de café en mis manos abrí la puerta de la terraza. Tres cabezas se giraron a mirarme y dos perros atacaron mis piernas, reclamando atención.

- ¡Buenos días, Bella Durmiente! – exclamó Harry levantándose de su sitio. Mientras que Danny y Tom sonreían al fondo.

Llego a mi altura y me cogió en brazos como si de una niña pequeña me tratara, intente equilibrar la taza del café y a la vez soltarme de ese improvisado recibimiento. Fue una mala idea, la taza cayó al suelo, al menos no se rompió y la risa de Harry al ver mi mueca resonó hasta lo más profundo de mi tímpano.

- ¡Dios Harry, cállate! Acabo de levantarme y me vas a provocar dolor de cabeza – murmuré entre dientes.

- Perdón su majestad, pero si usted se hubiera visto la cara, también se reiría - me replicó Harry de nuevo.

- Bájame al suelo, ya has hecho la broma, todos nos hemos reído. Ya está- conteste.

- Yo no te he escuchado reírte - grito Tom desde el suelo

Solté la típica risa falsa. No funciono y de reojo pude ver como Danny se levantaba del suelo, apoyaba la guitarra y miraba a Harry. Conocía perfectamente ese cruce de miradas y lo que ello significaba.

- ¡No! – Grite – Nada de cosquillas, me niego. ¡Harry, bájame ahora mismo!

- Ni lo sueñes - murmuro pícaramente mientras me agarraba más fuerte.

Los siguientes minutos fueron un conjunto de gritos, patadas, manotazos, pero sobretodo risas, risas escandalosas de Danny, risas malvadas de Harry y risas de felicidad por mi parte.

La mañana fue increíble, como hacía años que no teníamos una, los cuatro juntos, versionando canciones, contando chistes malos, compartiendo esos momentos que nos caracterizaban. Nuestros momentos como 4 amigos, simplemente eso.

Todo parecía perfecto y lo era. Al medio día llamaron a la puerta y por la reacción de Tom, todos supimos de quien se trataba. Giovanna entraba por la puerta, seguida por ¿Frankie? Si esa era Frankie. Mire a ambos lados buscando una respuesta en cualquiera de mis amigos. Mire a Danny preguntándole con la mirada si había sido idea suya lo de invitarla. Pero su cara de sorpresa lo negó.

- ¡Doug! – gritó echando a correr hacía mí y abrazándome.

- Frankie - murmure yo sin tanto entusiasmo. No es que me molestara su presencia, simplemente no me la separaba.

- Siento aparecer así, pero he llamado esta mañana a Gi y bueno me ha contado el plan. Espero que no os moleste - dijo mirando a todos.

Todas las cabezas negaron aunque a ninguno le hiciera mucha gracia el tener a Frankie ahí, en lo que iba a ser un día familiar.

- No, claro que no importa. ¿Qué tal todo? – pregunté agarrándola del brazo y casi arrastrándola al salón.

- Muy bien y más ahora que estoy aquí. Dios, cuanto te he echado de menos. - susurro volviendo a abrazarme.

En verdad había pensado muy poco en ella, pero ahora que estaba ahí, si la había echado de menos. Habíamos pasado muchos momentos, algunos buenos y otros no tanto. Pero al fin y al cabo ella era parte de mi vida.

En ese momento con elle entre mis brazos los recuerdos llegaron a mí.

- ¿Dougie? ¿Estás bien? – preguntó.

No, no estaba bien, la cabeza me iba a explotar, me pitaban los oídos y estaba mareado. Me senté en el sofá agarrándome la cabeza con ambas manos. Quería que me dejara de dar vueltas la habitación. Escuchaba de fondo a Frankie llamando a mis amigos.

- ¡Eh Enano! – dijo Danny colocándose a mi altura.

- Me duele mucho la cabeza Danny – susurre.

- Escúchame, túmbate en el sofá y cierra los ojos, relájate – volvió a susurrar.

- ¿Frankie? – murmure mientras me tumbaba.

- Estoy aquí – dijo mientras se sentaba en el sofá apoyando mi cabeza en sus piernas – Estoy aquí – repitió acariciando mi pelo.

Mi cabeza seguía como si de una olla a presión se tratase, miles de imágenes se sucedían unas tras otras, conversaciones, sonrisas, lágrimas, recuerdos, muchos recuerdos. Buenos y malos. Con Harry, con Tom y con Danny, peleas, ignoración, Danny borracho, Danny besándome. Él a mí. Durmiendo juntos, una discoteca, un viaje en coche.

Demasiado, aquello era demasiado para mí, no podía controlarlo, no podía organizarlo, no era racional. Necesitaba aclarar las cosas, necesitaba preguntar y necesitaba preguntar a Danny.

- ¿Dan? – Murmuré

- Si, estoy aquí – escuché que decía desde el otro lado del salón.

- Danny, tengo que hablar contigo – murmure de nuevo.

- Espera un rato, relájate – dijo Danny acercándose a mí.

- No puedo, quiero hablar ahora – contesté abriendo los ojos e intentando incorporarme un poco.

En cuanto despegué la cabeza de las piernas de Frankie la habitación empezó a dar vueltas y tuve que tumbarme de nuevo.

- ¡Quieres parar quieto un rato! – me gritó Danny.

- ¡No! Joder, no quiero, quiero hablar ¡ya! – grite yo.

- Mira no me hagas atarte al sofá, relájate, 10 minutos y entonces te ayudo a subir y hablamos ¿de acuerdo? – preguntó

Hice un ruido mostrando mi desacuerdo, pero no tuve más remedio que hacerle caso, no me veía capaz de levantarme y subir solo al piso de arriba sin caer de bruces contra el suelo al primer paso que intentara dar.

- ¿Qué pasa Dougie? – preguntó Frankie.

- Que acabo de recordar unas cuantas cosas, necesito hablar con Danny – murmure.

- Claro, con Danny – murmuró y note su tono, estaba molesta.

Eso me sorprendió, no entendía el porqué de ese tono, como si estuviera celosa, era algo surrealista, nosotros lo habíamos dejado hacía muchos meses, en agosto y ella no sabía nada o eso creía yo, tampoco podía asegurar nada y eso me molestaba. No era dueño de mis recuerdos, todos sabían más que yo y eso me molestaba y frustraba de igual manera.

- ¿Han pasado ya 10 minutos? – pregunté incorporándome, esta vez sin mareos.

- Si pesado, si – dijo Danny acercándose a mí y tendiéndome la mano.

- Puedo solo – murmuré

- De acuerdo, Superman, tu solito – contestó Danny riéndose de mí.

Me levante del sofá y vi como estaban todos en el salón, mirándome.

- Estoy bien – dije mirando a Harry y a Tom, que se encontraban en la entrada de la cocina.

Di dos pasos hacía ellos y otro mareo sacudió mi cuerpo, en menos de un segundo Harry y Tom me agarraban de los brazos.

- A lo mejor deberíamos ir al hospital – dijo Tom

- ¡No! – Grité – No hace falta, en serio, solo estoy un poco mareado.

- Dougie, no son normales estos mareos – murmuro Harry.

- En serio chicos, estoy bien, han sido muchos recuerdos en pocos minutos, seguro que esto es normal – volví a contestar.

- Pero a lo mejor deberíamos asegurarnos – dijo otra vez Tom.

- Ahora en serio, si dentro de una hora sigo mareado, dejo que me llevéis al hospital, ¿de acuerdo? – pregunté mirando a los dos.

- De acuerdo, pero no vale mentirnos, si estas mal te llevamos aunque sea de los pelos – dijo Harry sonriéndome.

- Tu sabes que no puedo mentirte – dije guiñándole un ojo.

Subí las escaleras agarrándome a la barandilla, con la sombra de Danny a mis espaldas, vigilando todos mis movimientos. Cuando llegue arriba mire a ambos lados, no sabía a qué habitación ir así que me decidí por la que más cerca estaba de mí. La de Danny.

Entre a pasos lentos y me deje caer en la cama, reptando hasta colocar la cabeza sobre la almohada. Coloque otro almohadón debajo de mi cabeza intentando incorporarme un poco. Mire a Danny, estaba en la puerta, esperando.

- Puedes pasar, es tú habitación.

Entró y cerró la puerta a sus espaldas, acercándose a la cama y sentándose en ella. Sin despegar los ojos de mí, podía leer su preocupación.

- Estoy bien – dije de nuevo, quería que me creyeran que estaba bien, tal vez un poco asustado, pero eso lo encontraba bastante normal y más después de haber recordado tantas cosas.

- De acuerdo – murmuro - ¿De qué quieres hablar? – Preguntó

- No se por dónde empezar, creo que por el principio o lo que yo creo que es el principio – dije.

- Te escucho.

Y empecé. Empecé a contarlo todo, como si de un cuento se tratara. Le conté que recordaba la semana esa en la que me ignoro, que me rehuía, pero también le conté lo que sentí en esa semana. La frustración porque yo le había mentido diciéndole que no recordaba ese beso, pero lo recordaba perfectamente.

Le conté lo que recordaba de la noche en la discoteca, de lo borracho que iba, de lo que me dijo, la conversación en las escaleras, el viaje en el coche. Todo. Durante mi relato su expresión fue la misma, no decía nada, no cambiaba sus facciones y eso me puso nervioso.

- ¿Algo que aportar? – Pregunté

- Creo que lo has resumido todo muy bien, solo tengo una pregunta ¿Recuerdas el final de la noche? – preguntó traspasándome con la mirada.

- Si

- ¿Solo vas a decir "si"? – preguntó

- No sé qué más quieres que te diga. Si, lo recuerdo. Recuerdo que me besaste, que dormimos juntos y todo fue maravillo. Lo recuerdo con mucha claridad, pero también recuerdo perfectamente la mañana siguiente. El día siguiente cuando me restregaste por la cara que tú estabas con Georgia, ¿sigo hablando? – pregunté irónicamente.

- Si, lo hice y si, la cagué, lo sé – murmuro bajando la mirada.

- Claro que lo sabes, ¿pero acaso eso cambia el hecho de que te comportaste como un gilipollas? No, creo que no – contesté incorporándome de la cama.

- Dougie, tienes que entender que todo eso era muy nuevo para mí, tenía miedo…

- ¿Miedo? El mismo que tenía yo. ¿Nuevo? También lo era para mí. Pero yo no escondí la cabeza como una avestruz – dije mientras me levantaba de la cama.

- ¿A dónde vas? – preguntó abriendo mucho los ojos.

- A dar una vuelta – contesté

- No deberías salir solo ¿Qué pasa si te mareas de nuevo? – preguntó.

- Tú tranquilo, no iré solo, puede que invite a Frankie a dar una vuelta, hace mucho que no hablamos – contesté mirándole a la cara.

Note como su cara cambiaba, como algo dentro de él, cambiaba. Pero en esos momentos ni lo pensé, salí por la puerta, cabreado, directo al piso de abajo ignorando a todos, mirando a Frankie y llevándomela de esa casa.

Esa noche no volví y tampoco lo deseaba, los recuerdos de ese día me habían destrozado. No sabía cómo continuaba la historia, pero por ahora no tenía ninguna pinta de acabar bien y conociendo a Danny, menos todavía.