Ficciones viables

Estuvimos cerca del auto y Edward me sujetó mi brazo para detenerme.

-¿Qué pasó? – Edward estaba extrañado por mi comportamiento.

-Nada. ¿Me puedes llevar al hotel?

-Primero dime que pasó, ¿por qué decidiste irte mañana?

-Fue una mentira… es que… quería salir.

-¿Por qué? ¿Te dijeron algo que te molestó?

-No, no es eso. – sonreí. - Te envidio Edward... – miré el suelo y tenía mis dos brazos caídos a mis lados. – Tienes una familia que te ama y yo… - di una pausa. – Yo había olvidado eso. Había olvidado lo que se sentía tener una familia… - se me quebró la voz. Él se acercó a mí y me abrazó. Por primera vez sentí sus apretados brazos rodeando mi cintura.

-Bella… no tienes que sentir envidia.

-No sabes cómo me sentí cuando tu madre volvió a invitarme. – sonreí y me reí. – Como si yo fuera alguien especial… - mis ojos se llenaron de lágrimas. Edward me soltó y vio mis ojos.

-Ey… tú eres especial… - me sonrió y secó mis lágrimas. – No llores, Bella. Puedes venir cuando tú quieras, pero tienes que subir al auto o si no te enfermarás.

-Bien.

-Vamos. – frotó sus manos en mis hombros y me dio un beso en la frente.

Me subí a su auto y dio media vuelta para seguir con el camino hacia el hotel. Sonó mi celular, no quise contestar pero volvieron a llamar.

-¿Quién es?

-Renesmee. – contesté, pensé que había pasado algo. – Aló, Renesmee. Estuvimos hablando y después colgué.

-¿Por qué le dijiste que no podías hablar ahora?

-Porque estabas tú. – reí.

-Ou… ¿cosa de mujeres?

-Algo así. – sonreí. Ya habíamos llegado al pueblo y fuimos por un camino diferente.

-¿Mira, ves esa casa de ahí?

-Sí. ¿Qué pasa con esa casa?

-Ahí vivo yo, por si algún día quieres hablar con alguien.

-No es necesario. – sonreí.

Llegamos al hotel. Edward paró el motor del auto y me tomó mis manos.

-Bella… estás helada.

-Soy de manos heladas. – intenté sacarme de encima esa afirmación. Edward frotó mis manos y las llevó a sus labios tirando el aire caliente de su boca.

-¿Tienes mucho frio?

-No. – sonreí. – Estoy bien. – nos miramos un par de segundos sin que ninguno reaccionara. – Bueno, adiós. – me bajé del auto sin hacer nada y entré a mi habitación. Dejé mis cosas en el suelo, me saqué la chaqueta y fui al baño para asearme.

-Bella… - Edward tocaba a la puerta.

-Edward… Pensé que te habías ido. ¿Pasó algo?

-¿Puedo entrar?

-Sí, claro...

-Uff que frio hace aquí. – se dirigió a la chimenea y la prendió para calentar la habitación.

-¿Qué pasó? – me senté en la cama y él también.

-Quería decirte algo… - dio una pausa larga y miraba el suelo.

-¿Qué cosa? – lo miré extrañada.

-Yo… - se levantó, puso ambas manos en su cabeza y se dio vuelta para mirarme. Caminó hacia mí rápido, me tomó mi rostro con una mano y con la otra me tomó de la cintura para darme un beso. Cuando lo hizo abrí mis ojos por la impresión, no me esperé que hiciera eso. Cerré mis ojos y me dejé llevar por el momento. Su beso fue duro pero apasionado. Me encantó que haya dado el primer paso de forma tan segura. – Yo… quería hacer eso. – clavó sus ojos en mí.

-Y yo quería que lo hicieras… - susurré. Sentí por primera vez cientos de mariposas revoloteando mi estómago y mis bellos de los brazos ponerse como gallina. Ambos sonreímos. – Tienes que irte.

-¿Es enserio? – me preguntó sorprendido.

-Sí. – me reí. – Anda vete…

-¿No puedo quedarme un poco más?

-No. – comencé a reír. – Ya vete.

-Está bien. – llegó a la puerta y besó nuevamente mis labios. – Te veré mañana. – susurró en mi oído y se fue casi corriendo al auto. Di un suspiro y mordí mis labios con una gran sonrisa. Me tiré sobre la cama y le devolví la llamada a Renesmee.

-¿Aló, Bella?

-¡Hola! Ahora si puedo hablar.

-Te noto emocionada, que pasó.

-Nada interesante.

-¿Por qué me dijiste que no podías hablar hace un rato atrás?

-Porque estaba con Edward. – reí.

-¡Lo sabía! ¡Te acostaste con él!

-¡Que! ¡Claro que no!

-Bella, tengo casi trecientos años, no soy tonta.

-Te digo que no… sólo lo besé un poco. – me sentía sonrojada.

-¡¿Cuándo?

-Hace unos segundos atrás.

-¿Está contigo ahora?

-No. Lo eché.

-¿Por qué hiciste eso?

-Porque me gusta hacerlo un poco sufrir. – se rió.

-¿Cuándo vendrás?

-No lo sé… ¿me puedes hacer un favor?

-Claro.

-Puedes elegirme más ropa de mi closet y ponerlas en un bolso grande… solo traje ropa para tres días y mañana es el cuarto… no tengo que ponerme. Yo iré para haya a buscarlo en dos horas más. ¿Puede ser?

-Está bien. Nos vemos. – colgué.

Pasó una hora y media, y yo me estaba preparando para salir para ir a Port Ángeles por busca de mi bolso con más ropa. Alguien llamó a la puerta y fui a ver quién podía ser a esta hora.

-¡Hola!

-¿Renesmee? ¿Cómo me encontraste?

-Bella… tu olor está casi por todos lados, no me fue muy difícil saber dónde te estabas alojando.

-¿Pero qué haces aquí? Digo… se suponía que yo iría para allá.

-Sí, pero Esme estaba un poco loca donde supo que te quedarías más días.

-¿Y esa que se cree?

-Bella…

-No es mi madre Renesmee, no tiene derecho a saber las cosas que hago.

-Ella te quiere mucho…

-No… ella no quiere que me aleje… que es distinto. – tomé el bolso y lo puse sobre la cama.

-Es muy linda la habitación. Con razón no quieres irte. – me sonrió. Comencé a sacar la ropa del bolso para guardarla. - ¿Cuánto tiempo más te quedaras gastando tu dinero aquí?

-No lo sé… la familia de Edward me invitó a quedarme con ellos un par de días y lo estoy considerando.

-¿Ya te presentó su familia?

-¿Eso es malo?

-No, pero se nota que no quiere dejarte ir. – sonreí.

-Él es muy amable… - dije casi avergonzada.

-¿Puedo conocerlo?

-Ajá.

-Por cierto… no lo sé, quizás te haga preguntas… tú eres mi hermana para él y para todos.

-¿Tú hermana?

-Sí… y nuestros padres nos abandonaron cuando yo tenía siete y tú… no lo sé ¿cinco?

-Está bien…

-Y nuestra madre nos abandonó cuando yo tenía dieseis y tú catorce.

-¿Por qué soy la menor?

-Porque yo represento más que tú.

-Tienes toda la historia armada…

-No… eso fue lo que me pasó antes de tener esta vida…

-Ou… lo siento. – miró el suelo.

-No te preocupes. – sonreí.

-Puedo acostarme muero de sueño… - dio un bostezo

-Si… acostémonos, también estoy cansada. – ambas nos acostamos en la misma cama y nos quedamos dormidas. A la mañana siguiente tocaron la puerta y Renesmee abrió la puerta, yo había despertado pero aún estaba cansada. Sentí la voz de Edward.

-Lo siento me equivoqué de habitación…

-¿Buscas a Bella?

-Sí…

-Está durmiendo…

-Lo siento… mmm

-¿Tú eres Edward?

-Sí.

-Yo soy Renesmee

-¿La hermana?

-Así es…

-Son casi parecidas.

-Que observador.

-Iré a comprar café mientras ella se despierta. ¿Quieres uno?

-Está bien. Un capuchino, por favor. – cerró la puerta y a pesar de que había escuchado toda la conversación traté de seguir durmiendo.

-¡Bella! – soltó sobre mi cama. - ¡No me dijiste que era tan guapo!

-¿A no…? – dije un tanto dormida.

-No. ¿Tiene hermanos?

-Sí… pero no vas a matarlos. – comenzó a reírse por lo que dije.

-No pensaba hacerlo. – dio una pausa. - ¡Levántate! Él pronto estará acá. – jaló las sabanas hacia atrás.

-Renesmee… estoy muy cansada.

-¿Has bebido sangre?

-Desde anoche que no bebo ninguna gota… - dije casi sin ninguna emoción.

-Pero ay niña. – se quejó. – Sabes que no puedes hacer eso… por eso estás así. – buscó en su cartera y sacó un frasco de sangre. – Ten… tómalo antes que él llegue. – tomó mi cabeza entre sus manos y me puso el frasco en la boca. No podía hacerlo por mi propia cuenta, estaba muy débil.

-Se supone que con la sangre ingerida no debería tomar sangre por un mes.

-Eso es con la sangre fresca Bella… tú tomas sangre que están en estos frascos. No es lo mismo.

-Me niego a matar gente… prefiero morir que volver a hacerlo.

-Puedes beber sangre de animales…

-¿Puedo hacer eso?

-Sí. – Edward está aquí, estaba tocando la puerta. Renesmee fue a abrir la puerta y yo me dirigí al baño para lavarme la boca con sangre. Al igual que Renesmee yo estaba con un pijama de seda y con el cabello un poco desordenado pero no me importó que Edward me viera así. Salí del baño y ahí estaba él.

-Buenos días dormilona.

-Buenos… Siento el desorden. – dije dando un bostezo.

-No te preocupes. Toma. – me entregó un café.

-Gracias. – sonreí y lo tomé de inmediato para ver si podía despertar un poco con eso.

-Esperaré afuera para que se arreglen, para salir.

-No… no se preocupen por mí. – agregó Renesmee. – Yo me iré en una hora más.

-¿No te quedarás un rato?

-No.

-Bueno. Ten cuidado en el camino, la carreta debe estar resbalosa.

-Lo tendré. Gracias. Adiós Edward.

-Adiós.

Cuando Edward salió, Renesmee me obligó a ducharme rápido para salir con él y así lo hice. No me lavé el cabello, por lo que ahorré tiempo en el secado. Salí del baño para buscar ropa pero Renesmee ya me la había elegido.

-Renesmee… esta ropa no es apropiada para la nieve.

-¿Por qué? Hay un sol increíble afuera y no corre nada de viento.

-Es una falda corta…

-Pero se combinan con estas botas peludas.

-Son plomas…

-Aceme caso por favor. – me rogó. Di un pequeño suspiro. – Además está de moda. ¡Por favor, por favor!

-Bien… - dio un salto de alegría cuando le permití vestirme a su modo. Además se lo debía por ser tan generosa conmigo. Me puse medias negras y la falda del mismo color, esas botas peludas plomas que parecían hechas por perros, una blusa negra y encima un chaleco plomo largo.

-¡Me encanta! – traté de convencerme de que me veía bien y sonreí para hacerla sentir que también me gustaba.

-Tienes buen gusto.

-A todo esto te traje ropa nueva. – me tomó de la mano y me sentó sobre la cama para maquillarme.

-¿Ropa nueva?

-Si… los días que no estuviste, me tomé la libertad de comprar más ropa para ti.

-Gracias. – sonreí. – Pero no tuviste que hacerlo.

-Me gusta cuando te vistes a mi pinta. – sonrió emocionada. – Listo, Bella. Puedes ir con tu príncipe. – comenzó a reír.

-¿De verdad no quieres venir?

-No… para cuando vuelvas yo ya no estaré aquí. – se acercó a mí y me dio un abrazo. – Pásalo bien. Ya tienes mi número en caso de cualquier cosa.

-Sí. Adiós.

-Oye… recuerda que tienes que cazar.

-Lo aré esta noche. – sonreí. Tomé mi abrigo y me fui. - Adiós.

Bajé las escaleras y noté que Edward me miró desde la ventana del auto un poco impresionado por mi nuevo estilo de vestimenta. Me subí al auto aun me miraba de esa

-No me mires así… dejé que Renesmee me vistiera… - sonreí un poco avergonzada.

-Te ves muy bien.

-Por favor… siento como si tuviera dos perros entre mis piernas. – comenzó a reírse dándome una sonrisa que jamás había visto.

-¿Entonces por qué dejaste que te vistiera, si no te gusta?

-Se lo debía…

-Oye… estaba pensando, bueno si a ti no te molesta… - puso una mano en su frente. – Que podríamos presentarle tu hermana a Jacob… y hacer los cuatro algo juntos…

Encontré su punto, supe de inmediato que Edward quería que le presentara a Renesmee a Jacob para que él me dejara tranquila y dejara de fastidiarme un poco. No lo vi como una mala opción para Renesmee, Jacob y Edward. Todos nos beneficiaríamos… Renesmee quizás se enamoraría por segunda vez, Edward mejoraría la comunicación con su hermano y a la vez Jacob me dejaría de coquetear para fastidiar a Edward, pero no quería que Renesmee tuviera algún tipo de contacto con esa familia y no por ser egoísta pero si llegaba a pasarle algo a Jacob, Edward me culparía a mí de su muerte. Era una situación difícil.

-No lo sé, Edward. Mi hermana se irá en poco rato, le dije que se quedara pero no quiso y para ella un no es un no.

-Que lastima, lo hubiéramos pasado bien. – sonrió.

-Quizás en otro momento. A todo esto… ¿adónde vamos?

-A almorzar donde los lobos. – rió.

-¿Y eso dónde es?

-En la reserva Quileute. De hecho la palabra Quileute significa lobo, se pronuncia Kwoli. Ellos viven de la tierra y la ven como su amiga. Te darás cuenta que no hay pueblo o ciudades.

-¿Cuantas personas conforman esa tribu?

-Unas trecientas o más. Todos viven lejos de cada uno, pero cuando llega una ceremonia, que no sé cómo se llama, algunos de los Quileutes que tienen la magia en su sangre, se reúnen para bailar con y como los lobos.

-¿Bailar con lobos? - miré un poco sorprendida.

-La leyenda dice que cuando llega es el primer día de invierno, los Quileutes se reúnen en la noche y comienzan a bailar alrededor de una fogata aullando como los lobos y transformándose en esos animales. Son una sociedad secreta, por lo que personas externas a su cultura nunca los han visto. Pero ellos hacen sus danzas y rituales… algunos dicen que es una tontería, pero llevan siglos haciendo ese ritual. Según ellos y la leyenda, su danza representa la iniciación de los nuevos aprendices que tomarán las sociedades secretas una vez que se hayan transformado supuestamente en lobos, para que la sociedad nunca muera y permanezca viva por siempre. Nadie sabe si esa historia es real o ficticia, pero siguen reuniéndose todos los primeros días de invierno sin saber los que ellos hacen.

-Parece una historia de terror en vez de una leyenda. – se me erizaron los bellos de mis brazos. Si yo era un vampiro existía la posibilidad de que esa historia fuera real y si así lo fuera estaría en problemas. Traté de no preocuparme demasiado por esa historia, quizás ya nadie tenía esa "magia" en su sangre. - ¿Sabes cuantos siglos puede tener esa tribu?

-Se habla de miles de años, pero más que eso no lo sé.

-¿Por qué sabes todo eso?

-Soy guía turístico ¿recuerdas?

-Ah, cierto. – se me había olvidado por completo ese detalle. No seguí haciéndole preguntas hasta cuando llegáramos a la Push. Me quedé callada un largo rato y me puso su mano en la mía.

-¿Te asusté?

-¿Qué? ¿Por qué?

-Estás muy callada.

-Ou… no para nada. –

Llegamos al restaurante.

Se acercó un indio de esa tribu que me había nombrado Edward antes de poder sentarnos, un Quileute.

-Edward. – se acercó a él dándole un abrazo. – Tanto tiempo sin verte por aquí. – el hombre estaba emocionado por ver a Edward.

-Hola Billy. – la voz de Edward se exaltó al verlo. Jamás había visto un Quileute. Su piel era morena, casi roja, muy parecida a las películas que hacen sobre indios. Su cabello era negro y tan largo como el mío, y vestía como un vaquero. – Billy ella es Bella. – lo iba a saludar de buena forma pero me miró un poco extraño y los pocos segundos reaccionó de nuevo saludándome casi de la misma forma que a Edward, pero menos exagerado.

-¿Vienes a almorzar? – se dirigió hacia Edward.

-Sí.

-Bueno siéntense y les traeré un rico salmón bien fresco. – me sentí un poco extraña cuando Billy me miró de esa forma, pero no le di importancia, supuse que todo era imaginación mía por el pequeño cuento que me contó Edward en el camino.

-Que hermosa vista. – le sonreí a Edward un tanto emocionada.

-Ves esa isla de ahí.

-Sí. – era una hermosa isla, de una altura impresionante y gracias al pequeño sol se veían unos árboles enormes en su superficie.

-Bueno en esa isla… - fue interrumpido por Billy.

-¿Le cuentas sobre la isla?

-Sí… ¿quieres contársela tú?

-No, por favor sigue.

-¿Seguro? Tú me la contaste, quizás puedas contarla mejor que yo. – miré a ambos y esperaba que uno de los dos me contara la historia o algo de esa isla que veía por la ventana.

-¿Ya le contaste sobre nuestro folklore Quileute? – Edward asintió con la cabeza. – Bueno me ahorraste un pasó. – sonrió.

-Bueno Bella, esa isla que estás viendo, se llama Isla James o "A-Ka-Lat" que en tu idioma significa "cima de la roca". Durante miles de inviernos, esa isla sirvió como fortaleza para resistir el ataque de otras tribus que se ubicaban a nuestro alrededor, visualizar a las ballenas para dar de caza y además de eso sirvió como cementerio para los jefes de la tribu. Para nuestro pueblo, esa isla nos proporciona una fuente de poder espiritual.

-Vaya.

-¿Crees en esto, Bella? Personas que se trasforman en lobos.

-Es la primera vez que lo escuchaba, pero no me cierro a las posibilidades de que haya pasado.

-Es como el mito de los vampiros… - casi me fui de espanto cuando dijo eso. ¿Acaso el sabría lo que yo era? Pero no hizo más que sonreírme, asique pensé que solo lo dijo por curiosidad.

-Es posible… mucha gente cree y creyeron en ellos… es cosa de ver los reportajes en la televisión sobre los vampiros. Muchas personas fueron sepultadas con una estaca en su pecho y boca para que no pudieran liberarse.

-¿Y por qué crees que la gente sigue creyendo en esas historias?

-La razón no la sé… pero es como ese caso en un pueblo de Rumania sobre que un vampiro atacó a su familia cuando este ya estaba muerto y su funeral fue visto por la misma familia en el dos mil cuatro. Causó mucha conmoción, tanto así que incluso salió en las noticias. – traté de tener mucho cuidado con lo que decía, por lo que basé mis fundamentos de vampiros sobre hechos que estaban en noticias y cosas por el estilo.

-¿Y tú crees en ellos?

-¿Usted cree en el mito de su tribu? – le dije con la voz más suave que pude poner, una voz que hasta Edward se sorprendió de escuchar. No puse expresión alguna, mi única expresión era la de una mujer delicada y sensible, relajada y siempre con una sonrisa en mis labios.

-Bueno creo que ambos pensamos en que es posible…

-Es posible. – traté de darle una sonrisa amable sin que pareciera ser forzada. Una mujer llamó a Billy y este se levantó de nuestra mesa dirigiéndose donde aquella mujer. Edward me miró fijamente un poco sorprendido por mi comportamiento un tanto defensora.

-¿Fui un poco insolente?

-No. – me dibujó una sonrisa, aun un poco impresionado por la voz que puse.

-Bueno, aquí tienen su almuerzo. – nos dijo Billy, trayendo los platos con una sonrisa un poco fingida para mi gusto.

Después de almorzar, Edward condujo hasta la playa y al llegar nos sentamos en la arena.

-¿Crees que el tiempo se pueda congelar? – me abrazó desde atrás apoyando su rostro

-Es posible… - estuvimos ahí hasta cuando el sol se perdió en el mar.

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