Reyerta por amor

Pasaron días y semanas junto a Edward, por las noches, salía a cazar animales para estar con energía y por el día la familia de Edward me invitaba pasar el día con ellos. Me sentía tan feliz en esa familia y junto a Edward que olvidé de llamar a Renesmee, pero no lo encontré necesario, ella sabía que estaba bien y no me preocupé por las demás, ni por Esme, mi creadora. Rosalie, Alice y Renesmee le tenían un gran cariño y respeto, excepto yo, ella podría haberme convertido en un ser de la oscuridad e inmortal, pero no por eso iba a dejar que me controlara como si fuera su perrito faldero. Un día había recibido una llamada de Renesmee. Me preocupé un poco, ella jamás me llamaba si no era por una urgencia o algo por el estilo.

-Aló, Bella.

-Renesmee, ¿Qué sucede?

-Tienes que regresar

-¿Por qué?

-Digamos que Esme está furiosa contigo por no aparecerte durante casi un mes.

-Pero Renes… - me interrumpió.

-¿Recuerdas lo que hablamos sobre no enamorarte cierto?

-Sí. No lo he hecho.

-Bien. Tienes que regresar en cuanto puedas.

-Viajaré mañana.

-Te esperamos. Adiós.

Me extraño la forma en como me habló Renesmee, ella jamás me había hablado en ese tono tan frio. Ese día me iba a juntar con Edward como todos los días. Iría a su casa para el almuerzo. Traté de olvidarme de la llama de Renesmee para tratar de pasarla bien, sin tener que preocuparme. Me subí en mi auto y manejé hasta su casa.

-Mmm que rico huele.

-Gracias. Pasa. – era la primera vez después que entraba a su casa y es extraño porque pasábamos todo el tiempo juntos durante casi un mes. Quería decirle lo que pasaba, quería decirle que me iría y que quizás nunca más iba a verme, quería decirle la verdad sobre mí. Me saludo con un beso tierno en mis labios. – ¿Lista para comer?

-Claro. – casi no tenía ánimos después de aquella llamada. ¿Por qué Esme estaba tan furiosa? ¿Qué era lo que le causó esa furia?

-¿Estás bien? Estás muy callada… - tragó su comida.

-No es nada. – sonreí. – Te quedó muy bien la pasta.

-Gracias. – Miré el plato y no hacía más que mover el tenedor. Observé como comía, su esplendor y todos los años que podía vivir con un corazón siempre latente. Observé cada detalle de él y de verdad era hermoso para ser un humano.

-¿Qué pasa?

-Nada. - di un suspiro y le sonreí.

-Bella… no tienes que sonreír todo el tiempo para ocultarme que algo te está pasando. – su tono de voz fue triste. – Nunca me dices lo que te pasa, siempre me dices estás bien, pero no te creo, no me lo trago ni un poco. - cuando me dijo esas palabras, no pude sonreír, quedé en shock. Quería llorar, gritar y salir corriendo de ahí. Mis ojos se llenaron de lágrimas en ese momento. No dije nada. Me tomó mi rostro con sus dos manos y trató de encontrar mi mirada en mis ojos perdidos. – Bella… respóndeme… - no podía reaccionar. Mis lágrimas comenzaron a caer por mi rostro y Edward comenzó a secármelas con una servilleta de género que estaba en la mesa. Al cruzar mi mirada con la suya incliné mi cabeza y sujeté sus manos, no pude evitar acercarme a él. Instintivamente Edward se acercó a mí mojando mis labios con los suyos. Había cierta calentura entre nosotros dos, después de casi un mes. Me tomó en sus brazos y se dirigió a su dormitorio, poniéndose sobre de mí. Abrí mis piernas para estar los dos más cómodos, saqué su camisa para sentir y tocar sus pectorales. Se acercó lentamente a mí sin dejar de mirar mis ojos, llegando a mis labios. Sentí su lengua masajeando la mía, sujeté su cabello apretándolo un poco mientras él se dirigía a mi cuello para besarlo. Me estaba excitando. Todo cambió cuando llegué a su cuello instintivamente. En el último segundo antes de morderlo, recapacite de lo que estuve a punto de hacer. Me alejé duramente de él. Fue entonces que pensé con mi cabeza y no con mi corazón.

-No… - lo hice a un lado de mí y me senté en la cama.

- ¿Qué pasa? – se puso atrás de mí y besó mi hombro. Al sentir eso, me levanté de la cama.

-Yo no debo… - esa voz en mi interior "no puedes enamorarte" "no puedes" "aléjate" "le aras daño" "vete" "no te enamores Bella" "déjalo" "no puedes enamorarte" – No puedo… - "aléjate" "no puedes enamorarte" "vete". Cambie mi mirada, mirando hacia la pared. Edward se acercó a mí y me levantó de forma tan tierna la vista con su mano, que no dije nada.

-Ey… no pasa nada. Todo estará bien. Te quiero… – me susurró en mi oído y me dibujó esa sonrisa que tanto me gustaba de él. Abrí más mis ojos en señal de sorpresa.

-Yo… no ciento lo mismo por ti, que lo que tú sientes por mí.

-Que testaruda eres… ¿A que le temes? Bella… yo no voy a dañarte, jamás te aria daño.

-Lo sé…

-¿Entonces? -

-Yo temo dañarte a ti. – se me quebró la voz y mis lágrimas comenzaron a caer.

-Es la segunda vez que me dices eso… no me dañarás, Bella…

-No lo entiendes…

-Entonces explícamelo…

-Lo siento Edward… no puedo explicártelo. Lo siento, siento hacerte esto. Me alejé de él dirigiéndome a la puerta de salida.

-¿A que le temes tanto Bella?

-¡A mí! – salí lo más rápido e humanamente posible y corrí hacia el auto dirigiéndome al hotel para irme. Miré por el espejo retrovisor y vi a Edward salir de su casa con el torso desnudo, donde le saqué su camisa y lo perdí de vista cuando entró nuevamente a su casa.

Entré corriendo a mi cuarto, cerrando la puerta. Pesé que Edward se había rendido o que se había enojado conmigo por lo que le hice, pero no, escuché que tocaba a la puerta llamándome por mi nombre. Tomé mi ropa y comencé a ponerla en el bolso tirándola. Guardé todas mis pertenencias rápidamente, Edward seguía en la puerta gritando mi nombre, no tuve más opción que salir por la ventana.

Dejé el dinero del hospedaje en recepción y me fui a mi auto. Edward al ver que era yo se sorprendió y fue en mi busca, pero llegó tarde, ya me había ido, pero no se rendía. Él quería una respuesta por lo que se subió al auto y fue a mi encuentro. Una vez que lo perdí salí del pueblo por la ciento once y me fui. Manejé lo más rápido que pude y llegué en cuarenta minutos a Port Ángeles. Dejé de preocuparme por Edward cuando llegué a mi casa con las chicas. Me limpié las lágrimas y entré velozmente para no saludar a nadie, encerrándome en mi habitación. Dejé mis cosas al lado de la puerta y me tiré en la cama. No dejaba de llorar. Tocaron a la puerta, era Renesmee.

-¡Llegaste! – dijo de buen humor pero al verme que estaba tirada en la cama cerró la puerta y se dirigió a mí. - ¿Qué pasó? – me dijo preocupada, se sentó a mi lado y yo la miré. Lo supo de inmediato. – ¡Ay! Bella… te enamoraste…

-¡¿Por qué me hicieron esto? ¡¿Por qué me transformaron en esta cosa?

-Cálmate… eres nueva en todo esto. Es lógico que aun reacciones así, pero tienes que entender que eres un vampiro. Tranquila… - comenzó a acariciar mi largo cabello.

-Traté… te juro que traté, pero él… - se me quebró la voz de nuevo. – Él es diferente a todos… es un encanto.

-¿Tuviste sexo?

-¿Qué? No… casi…

-Mm… tranquila, Bella, ya pensaremos en algo. – entró Esme.

-¿Por qué lloras?

-Se enamoró... – respondió Renesmee un poco triste por mi estado.

-El amor es un asco cuando todo se termina, pero piensa que todo fue para mejor. – me pareció despreciable la forma en como lo dijo. – A veces es mejor terminar las cosas de raíz… - me sonrió. Observé a Renesmee. ¿A qué se refería a terminar las cosas de raíz? Creí que ya había hecho eso.

-Duerme un poco, Bella. Te sentirás mejor si lo haces. – me dijo Renesmee, aun acariciando mi cabello. Tal vez tenía razón, debía dormir un poco. Ambas salieron y me dejaron sola.

Por más que traté de dormir no pude, las horas pasaron y yo seguía despierta. No pude. Tomé una toalla y ropa limpia para darme una ducha. Abrí las cortinas y había dejado de nevar, el cielo se estaba aclarando y se veían pequeños destellos de luz. Me sentía extraña, tenía un mal presentimiento, tenía un nudo en mi estómago y garganta. Lo peor era que mi intuición me indicaba a Edward. Me puse ropa y salí de la habitación.

-¿Esme?

-No está. – me respondió Renesmee. - ¿Cómo dormiste?

-No dormí nada. ¿Dónde está Esme?

-No lo sé… salió con Rosalie y Alice. ¿Por qué?

-Tengo un mal presentimiento… algo va a pasar.

-¿A quién? – frunció el ceño.

-No sé… tengo un mal presentimiento con Edward. Renesmee acompáñame.

-Pero Esme me dijo que me quedara acá.

-¿Y por qué crees que te dejó aquí? – se quedó pensativa. - ¿Hace cuánto salieron?

-Hace poco rato.

-¿Te dijeron dónde?

-A un pueblo no muy lejos de aquí. ¿Por qué?

-Van por Edward… - dije casi en shock.

Fui a mi auto a la velocidad de la luz y Renesmee me siguió.

-Bella eso no es lógico.

-Si es lógico. Por algo no te llevaron… por lo menos iré a ver si está bien. – abrí la puerta del auto y miré a Renesmee. - ¿Vas o te quedas? – no dijo nada, solo se subió y conduje lo más rápido posible hacia la carretera.

-Bella, estás paranoica.

-Podré estarlo, pero quiero asegurarme. – el sol iluminaba el camino pero no había rastros de autos en la carretera. Estaba tan apurada en llegar, que aumente la velocidad a más de ciento cuarenta kilómetros. A esa velocidad el auto se me pudo haber dado vuelta por lo resbaloso que estaba la carretera por la nieve pero solo tardé treinta minutos o un poco menos en llegar al pueblo.

-¿Vas a la casa de Edward?

-Sí. – manejé hasta llegar y me bajé del auto tan rápido que se me olvido que tenía que actuar como humana. - ¿Edward? ¡¿Edward? Abre la puerta. – no había nadie. Di una vuelta por la parte trasera y al llegar a la puerta, esta estaba rota. Entré desesperada - ¡Edward! No había señal de él, solo sangre. Salí de la casa y me dirigí al auto.

-¿Qué pasó?

-Había un poco de sangre y también había otro olor que no era de Edward. ¿Puedes olfatear el olor de Esme?

-Bella… su olor está en todas partes…

-Guíame.

Comenzó a guiarme calle por calle y llegamos a la carretera, manejé mucho rato, casi llegando a Portland, pero me hizo meterme por una parte donde no había camino, solo tierra y nieve.

-El olor de Esme es más fuerte, no está muy lejos de aquí.

-También estoy captando el olor de Edward…

Llegamos a un campo abierto y ahí estaba Esme con Rosalie y Alice. Frené el auto no muy lejos de ellas y me bajé. Caminé hacia ellas manteniendo una distancia a no más de cinco metros.

-¡¿Qué hiciste Esme?

-Tranquilízate… te dije que había que cortar las cosas de raíz.

-¿Dónde está Edward?

-Ahí está tu Edward. – Las tres se corrieron para que lo mirara. Estaba amarrado y con la boca amarrada para que no gritara, estaba todo ensangrentado. Tenía rasguños por todas partes. Me miró aterrorizado. Sentí a Renesmee acercarse. – Cuando lo agarré, estaba con ese otro hombre de su misma edad, era casi igual a él, asique agarramos a los dos, porque no sabía cuál de ellos era tú Edward. – ambos estaban en las mismas condiciones. - Renesmee… ven acá.

-No Esme… esto es demasiado…

-¿Demasiado? Cariño esto no es nada… ¡que vengas acá!

-Tú fuiste… - Renesmee frunció el ceño. – Tú fuiste quien mató a Ben… - me sorprendí. – Viendo todo esto… fue como revivir aquella vez… solo que en la oscuridad… ¡Fuiste tú no es así! – jamás había visto a Renesme gritar de ese modo

-¿Y después de trecientos años, te vienes a dar cuenta?

-¡Perra! ¡Por qué lo hiciste!

-Porque sentías tanto amor por él que era un peligro. - interrumpí.

-Tú sabías que si Renesmee lo transformaba, ella se iría de tú lado… ¡y estás haciendo lo mismo conmigo…! - Rosalie y Alice miraron a Esme. - ¡Suelta a Edward y a Jacob!

-¿Eso es verdad Esme? – le preguntó Alice.

-Sí… ¿y que tiene? Ellos son solo comida. – Alice retrocedió de su lado.

-Renesmee tiene razón… eres una perra.

-No te hagas la inocente, tú también los miras a los humanos como comida ¿o me dirás que nunca has matado? Por favor, hasta asesinaste a tú único amor por no poder controlar tú sed por la sangre y con eso me ahorraste el trabajo de matarlo. – Alice comenzó a retroceder y Esme se dirigió dónde estaban ellos. - Me pregunto… ¿cuál de estos dos será Edward?

-¡No te atrevas! – grité, pero fue tarde, Esme se acercó a Jacob clavando sus asquerosos colmillos en su cuello. - ¡No! ¡Jacob! – corrí hacia ella y la empujé con toda mis fuerzas. – Tranquilo Jacob. Tranquilo... – Rosalie corrió hacia mí atacándome para proteger a Esme y Renesmee se acercó a Jacob para ayudarlo. Esme para tomar venganza se dirigió donde Edward, lo levantó de su cuello y lo sostuvo en alto para primero asfixiarlo y después beber su sangre hasta secarlo por completo. Peleé con Rosalie lo más rápido posible para proteger a Edward. Una vez que me pude librar con de ella por unos breves segundos, aparté a Esme de Edward antes que pudiera morderlo, hiriéndola un poco en su costado y quedando un poco atontada, me lancé sobre Esme para quitarle el anillo o el corazón, pero Rosalie me atacó nuevamente antes de que pudiera hacerlo.

Pelee nuevamente con Rosalie, hasta cuando le quité su anillo del dedo. - ¡Renesmee, pónselo a Jacob! – le grité lanzándole el anillo, pero Alice lo agarró, quedándose parada sin hacer nada.

-¡Alice! ¡El anillo! – sentí gritar a Renesmee para que ella reaccionara.

Esme al escuchar los desesperados gritos de Rosalie quemándose por el sol, corrió hacia mí velozmente para atacarme y acabar conmigo. La pelea había comenzado. A simple vista, el ojo humano no podía vernos, pero si Alice y Renesmee. Me desconcentré al escuchar a Jacob gritar y esa pequeña desconcentración le dio a Esme la oportunidad para atacarme clavándome sus uñas tan filosas como cuchillos en la parte lateral de mí estómago, no quise rendirme, traté de dar lo mejor de mí, logré zafarme de las manos de mi creadora, pero estaba perdiendo la pelea, ella tenía más fuerza que yo. En el minuto cuando Esme me iba a matar sacándome mi corazón, Renesmee intervino lanzándose sobre ella para salvarme la vida. Esme al ver a Renesmee peleando en su contra y a favor mío, se asustó y quiso huir, pero no la dejamos. Ambas la acorralamos y peleamos en su contra, pero no nos rendimos, Renesmee quería la venganza de su amado y yo quería salvar a Edward. Unimos fuerzas al estar pelando dos contra uno y Renesmee pudo sacarle el anillo de una vez por todas.

-Esto es por Ben, perra maldita. – Esme comenzó a gritar cuando se estaba quemando, hasta cuando por fin se estaba haciendo cenizas. – ¿Te sientes bien, Bella?

-Sí. Gracias por salvarme la vida.

-De nada.

-¿Cómo te encuentras tú?

-De lo mejor. – me sonrió. – Esperé trecientos años para obtener mi venganza y por fin lo conseguí.

-¡Chicas! – lo había olvidado… Jacob. Me dirigí allá tan rápido que Edward solo vio cuando ya estaba ahí.

-¿Se puede hacer algo para evitar esto? – pregunté.

-No… - me respondió Renesmee. – Lo siento Bella, él se transformará en uno de nosotros. – Edward estaba al lado de Jacob sujetándole la mano.

-¿En uno de ustedes? ¿Qué son ustedes?

-Vampiros. – le respondió Alice. La expresión de Edward en ese momento jamás podría olvidarla.

-¿Qué me está pasando? Tengo mucha sed. - Alice al escuchar eso, fue al a su auto y regresó con un frasco de sangre.

-¿Qué es eso? – preguntó Edward desesperado.

-Alice… no… - le dije. No quería que Jacob se transformara como nosotros.

-Bella, si no bebe sangre Jacob podría morir. – me dijo Renesme. Edward me observó asustado al escuchar esas palabras.

-Denle la sangre… - mencionó Edward. – Alice abrió el frasco y Jacob al oler el olor de la sangre sus pupilas se contrajeron. Edward tomó el frasco y se lo puso en los labios de su hermano. Al sentir el sabor tuvo la misma reacción que yo tuve. Esperamos unos minutos alrededor de Jacob. No obtuvo físicamente un cambio tan notorio por el momento, recuerdo que yo los tuve una vez que me metí al agua.

-¿Cómo te sientes? – le pregunté cuando abrió sus ojos.

-De maravilla. – se sentó y miró el dorso y las palmas de sus manos. – Me siento… fuerte.

-Eres fuerte – le corrigió Renesmee. – Jacob al observarla, me miró de inmediato a mí.

-¿Son hermanas? – ambas nos reímos.

-No.

-¿Por qué tengo un anillo de mujer en uno de mis dedos? – se sacó el anillo y comenzó a quemarse. Reaccioné inmediatamente poniéndole el anillo.

-No te lo saques o el sol te quemará y te convertirás en cenizas en pocos segundos. Trataremos de buscarte uno que sea de hombre.

-¿Alice? – preguntó Renesme. Alice nos observó dándonos una sonrisa.

-¿Alice que estás haciendo? – me paré.

-Yo ya terminé aquí…

-¿De qué hablas? – le dijo Renesmee.

-Maté a mi único amor y es hora de estar con él si es que me lo permiten adónde quiera que yo vaya. – sonrió.

-No Alice… no lo hagas… podemos ayudarte. – le dijo Renesmee.

-No pueden. – sonrió. Ya es hora de que parta, he vivido sesenta y dos años… sesenta y tres con este día y sigo igual… es tiempo de que me vaya. Yo no puedo vivir más con esto.

-Alice yo tengo casi trecientos años y he vivido casi tu misma historia, pero tienes que ser fuerte, por favor. No estás pensando con claridad.

-Renesmee… no me lo hagas difícil, lo tengo decidido. Además tú no fuiste quien lo mató. – tomó su anillo y lo arrojó a la nieve. Abrió sus brazos y nos miró mientras el sol la quemaba. – Adiós. – nos dio una gran sonrisa y en ningún momento gritó. El viento se llevó sus cenizas. Renesmee comenzó a llorar y la tomé en mis brazos. También lloré y miré a Edward.

-Vamos Jacob. – le dijo Edward.

-No puedo… no sé cómo sobrevivir y que tengo que hacer…

Al igual que Renesmee me sequé mis lágrimas, ella se quedó hablando con Jacob, mientras que yo me acerqué a Edward para darle algún tipo de explicación, si es que podía hacerlo…

-Asique este era tu gran secreto…

-Perdóname.

-¿Por qué nunca me lo dijiste?

-Porque temí a que me tuvieras miedo.

-Ahora entiendo del por qué te alejaste… - me miró desilusionado.

-Lo siento. No quería hacerte daño… nunca quise hacerte daño.

-¿Por lo menos fuiste sincera conmigo el tiempo que pasamos juntos?

-Siempre fui sincera… solo que… no te dije lo que realmente era yo… mi verdadera naturaleza.

-No confiaste en mí…

-No se trata de eso. Intenté protegerte.

-¿Protegerme? Ahora mi hermano es como tú. – se me llenaron los ojos de lágrimas.

-Sabes que traté de protegerlo… - me interrumpió de forma abrupta.

-Sabes Bella…

-Perdóname.

-Lo siento… siento repulsión hacia ti… hubiera preferido que murieras.

-No debiste haber dicho eso… - me dolió lo que me dijo. – Por desgracia, tú hermano es como yo… ¿también hubieras preferido su muerte?

-No… solo la tuya. – lo miré sorprendida y casi con odio.

-¿Has matado gente? Dime la verdad.

-¿Para que me preguntas esas cosas?

-Dime.

-cientos y cientos de personas – me acerqué lentamente a él, mirándolo fijamente a sus ojos sin desviar la mirada. – Mujeres… niños… ancianas… hombres y bebés. – no sé por qué mentí, pero el hecho es que lo hice solo para ver su mirada aterradora. – Y ahora que tu hermano es como nosotras, él hará lo mismo. – quise lastimarlo, después de lo que él me había dicho.

-No te creo…

-Pues créelo, este es mi mundo… alejado de la realidad, un mundo donde yo ahora estaré muerta para ti. – me acerqué a su rostro para resaltar mi enojo y asustarlo un poco. Al decir esas últimas palabras me alejé de Edward y regresé donde estaban Renesmee y Jacob, dejando a Edward completamente solo.

-Vámonos Renesmee.

-Jacob, tú debes venir con nosotras. – le dijo Renesmee un tanto emocionada, no por su voz, si no que por su reacción.

-P-pero yo…

-Jacob… tú ya no perteneces a este mundo…

-¿Jamás podré ver de nuevo a mi familia?

-Eso dependerá de Edward, si no te tiene asco o te desea la muerte como me la deseó a mí.

-Maldito infeliz.

-¿Jacob? – se acercó Edward. - ¿Te irás con ellas?

-Sí… no quiero que también me desees la muerte… adiós Edward.

-¿Qué les diré a nuestros padres?

-Ya se te ocurrirá algo… adiós.

Despues de aquella batalla para tratar de salvar la vida de Edward y Jacob, todo cambió en la relacion que tenia con Edward. Despues de que él tuvo ese gran desprecio hacia mí, Renesmee y yo nos llevamos a Jacob a vivir con nosotras, para que aprendiera de vampiros tal cual como tuve que aprender yo, la diferencia estaba en que yo no permitiría que Jacob matara personas, y con la muerte de tres integrantes y la llegada de uno nuevo a nuestras vidas, no sabemos que nos esperará de aqui en adelante.