Muchisimas gracias por todos los comentarios y lo prometido es deuda, aquí estoy de nuevo.

¡A leer!


Capítulo 24

Cuando note como el aire empezaba a faltar en nuestros pulmones me separe lentamente, apoyando mi frente en la suya. Seguía con los ojos cerrados alargando el momento. No quería que acabara, no quería abrir los ojos y volver a la realidad.

Note como Danny suspiraba, su aliento choco contra mis labios y decidí abrir los ojos. Sus pupilas se clavaban en mis ojos, azul contra azul. Tenía los labios rojos, muy rojos, podía contar sus pecas, una a una. Sonreí.

- ¿Qué es tan gracioso? – murmuró sonriéndome.

- Tienes tantas pecas que podría pasarme una vida contándolas y aun así nunca acabaría – murmuré de nuevo acercando mis labios a los suyos, sin llegar a tocarlos. Dejando que él diera el paso.

- ¿Crees que esto está bien? – preguntó y su aliento chocando contra mis labios, tan cerca que disparó los latidos de mi corazón.

- No lo estoy pensando, estaba, simplemente, actuando – contesté separándome de él y mirándole confuso.

- Solo digo, que tú no recuerdas todo y puede que esto sea un error…

- ¿Te arrepientes? – pregunté un poco cabreado.

- ¡No! Para nada, simplemente…tengo miedo Doug, de que todo salga mal – contestó mirándome fijamente a los ojos.

- Pues escúchame, deja de pensar, tú nunca te paras a pensar las cosas, no empieces ahora y…cállate un rato – murmure acercándome de nuevo a él.

Sonrió de medio lado y juntó sus labios con los míos, tomando la iniciativa, llevando el control. Me agarró de la cintura y me giró, pegándome a la encimera. Solté un quejido cuando mi espalda choco contra el borde de la misma y se clavó en mi espalda, mi quejido quedo ahogado en sus labios.

Una risotada se escapó de la boca de Danny y fruncí el ceño. Le mordí el labio con fuerza, intentando hacerle daño. Por el sonido que salió de sus labios, conseguí todo lo contrario. La velocidad del beso empezó a aumentar, más, todavía más. Estábamos pegados, el aire no era capaz de pasar entre nosotros y aun así me parecía que estábamos muy lejos.

Le apreté contra mí y acabe sentado en la encimera, con el cuerpo de Danny entre mis piernas, cadera contra cadera. Hacía demasiado calor y sus manos dejaban marcas de fuego a lo largo de mi espalda.

- Deberíamos parar – murmuro Danny contra mi cuello.

- Deberíamos, pero ¿queremos? – pregunté buscando sus ojos

- No se trata de querer, si no de deber y de verdad pienso que no es el momento – contestó muy serio.

Danny Jones rechazándome, si, no me sorprendía.

- Y no, no me mires así, porque sabes que no es por ti – contestó a mis pensamientos.

- No te estoy mirando de ninguna manera – contesté bajándome de la encimera.

- Si que lo haces, me miras como si lo supieras todo, como si estuvieras en mi cabeza y no es así.

- ¿No? Creo que se perfectamente lo que está pasando por tu cabeza en estos momentos – contesté.

- No Dougie, no te hagas el listo, porque no lo sabes – dijo dándose la vuelta.

- ¿Vamos a volver a pelear? ¿Otra vez? – pregunté.

- No estamos peleando, cambiamos impresiones – murmuró.

- Eso suena a pelea – contesté desde la otra punta de la cocina.

- Pues no te equivoques, no estoy peleando, ni cabreado, ni arrepentido, ni nada de eso – contestó dándose la vuelta y mirándome.

- De acuerdo, como tú digas – murmuré entre dientes

Salió de la cocina sin decir absolutamente nada más y eso me molesto, porque yo quería pelear, quería gritar, como antes hacíamos. Pero no, el Danny que yo conocía había desaparecido, dando paso a un Danny maduro, tranquilo, que hablaba las cosas y las pensaba.

Era frustrante. Cuando una persona quiere pelear y la otra no, todavía molesta más. Me quede en la cocina, pensando, queriendo recordarlo todo en ese mismo instante, volver a tener una vida "normal" siendo capaz de manejar mis recuerdos a mi antojo.

Se puede decir que los días que continuaron a ese fueron de una calma, molesta, la típica calma que precede a la tormenta. No había recordado nada nuevo y Danny no volvió a tocar la libreta. Aunque yo quisiera conocer sus pensamientos, él me los ocultaba.

Quería saber que había sentido él al besarme, si todo fue un juego o había algo más. Tom y Harry me ayudaban a mantener la cabeza sobre mis hombros. Danny aparecía y desaparecía de la casa, como un huésped en una pensión.

Era marzo y hacía un día particularmente bueno para la fecha en la que nos encontrábamos. Estaba en el jardín con mi taza de café en la mano y las gafas de sol puestas. Se respiraba tranquilidad, demasiada para mi gusto. Hacía una hora que Danny había salido con los perros y todavía no había vuelto.

Desde aquel beso en la cocina, nuestras conversaciones habían descendido. Ahora solo cruzábamos las palabras necesarias para convivir en paz. Eso me irritaba. Cerré los ojos disfrutando del calor que el sol me proporcionaba. Días como estos no eran habituales en Londres y eso te hacía disfrutarlos como si nunca fueras a volver a ver el sol.

Un pinchazo recorrió mi cabeza, de lado a lado. Me lleve una mano a la cabeza. Los flashes volvieron de golpe. Una discoteca, alcohol, Frankie, Danny. Me incorpore escondiendo la cabeza entre mis piernas, intentando ordenar esos recuerdos.

- Danny, tenemos que parar…

- ¿Por qué? ¿Acaso no te gusta? – preguntó Danny, acercando sus labios nuevamente a los míos.

- Si, Dan, demasiado – contesté soltando un pequeño suspiro.

- ¿Y eso es un problema? – preguntó de nuevo.

- Sí, porque tú como ya me dijiste no eres gay y siento decirte, que esto no es una demostración de cariño entre dos amigos, si no pregúntate por qué estás excitado – contesté escabulléndome de sus brazos y bajando rápidamente las escaleras.

Abrí mucho los ojos. ¡Oh dios! ¡Oh dios! Yo sabía que había habido algo más, pero nunca imagine que fuera Danny el que me buscara a mí y no al revés. Tampoco pensé nunca que sería capaz de rechazarle, dejándole ahí solo.

Me dolía la cabeza y los recuerdos no paraban de asaltarme. Recordaba como pagaba mi mal humor con Frankie, como la manejaba, como había llegado a usarla. Era repugnante, me sentía asqueroso. También recordaba la cara de Danny, su indiferencia, sus miradas.

- ¿Estás bien?

Me di la vuelta y ahí estaba Danny, en la puerta de la terraza, con una mirada de preocupación.

- Si…creo – contesté.

- ¿Qué pasa? – preguntó dando un paso hacía mí.

- He recordado algo más… - murmuré

Me miro esperando que continuara, pero no sabía que decirle. ¿Qué había jugado con Frankie? ¿Qué le rechace solo para provocarle? Todo eso él ya lo sabía.

- He recordado lo que pasó en la discoteca – contesté mirándole a los ojos.

- Mmm... pues eso – murmuró Danny.

No sabía que decir, por primera vez las palabras no salían de la boca de Danny y no fue capaz de aguantarme la mirada.

- ¿Hay más? – pregunté

- ¿Más? – contestó dudoso.

- Si más, más situaciones así, más veces, algo – contesté levantándome de la silla.

- Si, todavía quedan cosas, pocas pero importantes – murmuró sin mirarme.

- ¿Importantes? – pregunté confuso.

Importantes, más importantes que eso, solo podía imaginar una cosa y simplemente imaginarla me ponía nervioso. No podía creer que eso pudiera haber pasado de verdad. No, mi cabeza era incapaz de asimilarlo.

- ¿Nos acostamos? – susurre.

No contesto, no respondió con palabras, pero sus ojos me lo dijeron todo. Abrí la boca, impactado. No. No podía creerlo. Me di la vuelta, huyendo, huyendo de su mirada, por vergüenza, por miedo. Note una mano en mi hombro.

- Doug ¿estás bien? – preguntó.

- No, definitivamente, no estoy bien – murmuré sin darme la vuelta.

Me aleje de él caminando hasta la otra punta del jardín. Intentando alejarme de él. Al menos hasta que mi cabeza pudiera asimilar todo. Quería recordarlo y a la vez no, era demasiado embarazoso. Él lo recordaba todo y yo estaba ahí echando mano de la imaginación. Me di la vuelta para comprobar cómo había entendido mi mensaje y me había dejado solo, con mis pensamientos.

Entre en la casa y subí corriendo a la habitación. Evitando cualquier cara a cara con Danny, hasta que no recordara todo me negaba a hablar del tema. Quería estar en igualdad de condiciones con Danny y ahora mismo no era capaz de mirarle a la cara sin que mi imaginación volara.

Me senté en la cama, después de haber echado el cerrojo a la puerta. Puse un disco de Blink, intentando distraerme, pero cada canción, cada frase, me hundía. Parecía que en ese momento todas las canciones estaban hechas para mí. Odiaba sentir eso.

Apagué el reproductor y me acosté en la cama. No pensaba bajar a comer, no tenía hambre, un nudo se había instalado en mi estómago. Cerré los ojos y apoyé mi cabeza contra la almohada. Me tape la cara con los brazos e intenté relajarme.

Debí quedarme dormido porque cuando abrí los ojos, estos pesaban. No me notaba descansado, al revés, mi cuerpo estaba rígido y me dolía todo. Intenté estirarme levantando los brazos por encima de mi cabeza. Un nuevo pinchazo recorrió mi cabeza y me asusté.

Recuerdos, muchos. Demasiados. Besos, caricias, te quieros. Lágrimas, lluvia, tormentas, susurros. Sexo. Grité, un grito escapó de mis labios. Las imágenes de sucedía unas tras otras. Danny diciéndome que me quería, yo condensándole estar enamorado. Era demasiado.

Me levante corriendo y entre al baño, vomitando lo poco que tenía en mi estómago. Me dolía la cabeza. Me dolía el cuerpo entero. Las imágenes no paraban de acudir a mi cabeza, confusas, sin orden. Solo imágenes.

Nos habíamos acostado, había tenido sexo con mi mejor amigo, sin estar borrachos, sin ninguna excusa. Solo porque queríamos. Era demasiado, me superaba. Salí del baño, asomándome por el pasillo. Cuando comprobé que Danny no estaba en este piso corrí hasta su habitación.

Necesitaba la libreta y la necesitaba ya. Tenía que leerlo todo. Sobretodo necesitaba saber lo que había sentido Danny, lo que había pensado. Cómo habíamos llegado a esa situación.

Di un rápido vistazo a la habitación, buscándola. Ahí estaba, encima del escritorio. Avance unos pasos, rápidamente. Sentía como si estuviera robando un banco. Mi corazón iba a mil por hora y cada ruido me sobresaltaba.

Cogí la libreta y salí, otra vez, corriendo, esta vez derecho a mi habitación. Cerrando la puerta y echando de nuevo el cerrojo. Mi corazón seguía latiendo demasiado rápido y me obligué a tranquilizarme, apretando la libreta fuertemente con las manos.

Me senté en la cama y la abrí. Dispuesto a salir de esa habitación con todos los recuerdos ordenados y unas cuantas cosas que decirle a Danny. Porque había llegado el momento de hablar de esto.


¿Os ha gustado?

Poco a poco va recordando cosas...