¡AVISO!
Este capítulo contiene escenas sexuales, si crees que eres sensible a ese tipo de escenas ¡No leas!
Avisadas estáis.
Capítulo 26
Ahí estábamos los dos, dando vueltas por la cama, sin que nuestros labios se despegarán, sin que nuestras manos se dejaran de buscar, de rozar. No teníamos prisa, no había ninguna prisa. Me separé de él lo suficiente como para quitarme la camiseta, sobraba.
Se incorporó un poco e hizo lo propio con la suya, cayeron al suelo, fundiéndose con la alfombra. Di media vuelta y conseguí tumbarme encima de él. Sentado sobre su cadera le observé. Miles de pecas cubrían su pecho, pase mi dedo por ellas, rozando suavemente. Y sonreí.
Agache mi cabeza hasta que mi flequillo rozó su frente, pegué mi frente con la suya y cerré los ojos, notando su aliento contra mis labios, sus manos en la zona baja de mi espalda. No me dio tiempo a acercar mis labios a los suyos, él lo hizo por mí. Volvimos a esa lucha de lenguas, esa batalla en la que ninguno perdía, una batalla que se antojaba perfecta. La velocidad fue aumentando y antes de que me diera cuenta nuestras posiciones habían cambiado.
Debajo de él, a su merced, perdido en sus ojos con mis manos quietas sobre el colchón, las suyas se pasearon por mi pecho y su cabeza bajo a la altura de mi hombro. Empezó a repartir besos por mi hombro, subiendo por mi cuello hasta la parte trasera de oído. Mi punto más débil. Se deleitó en esa zona hasta que consiguió que de mi boca saliera un gemido, mis manos reaccionaron, cogí su cara y la acerque a la mía, besándole con pasión.
Sus manos abandonaron mi pecho y empezaron a bajar, hasta llegar al botón de mi pantalón. Se pararon ahí, como si esperara una confirmación. Simplemente le volví a besar. Note como mi pantalón se aflojaba y empezó a bajarlo, lentamente, demasiado despacio. El simple roce de su piel contra mis piernas produjo descargas en todas mis terminaciones nerviosas. Suspire.
Se separó de mí, lo suficiente para que mis pantalones desaparecieran y me dispuse a hacer lo mismo con los suyos, sus manos me lo impidieron, sujetando las mías contra el colchón. Le mire con duda, intentando descifrar su sonrisa de medio lado.
Bajo su cabeza y sus labios rozaron mi abdomen, me arquee contra el colchón, no me lo esperaba, sus labios continuaron moviéndose por mi pecho y mis manos seguían aprisionadas por las suyas.
Danny – murmuré deseando que me soltará. Necesitaba tocarle.
Una pequeña carcajada se escapó de sus labios y continuó su camino, subiendo lentamente por mi pecho hasta llegar nuevamente a mi cuello, dejando un camino de besos a su paso. Se centró nuevamente en mi cuello y supe que al día siguiente tendría más de una marca en esa zona. Me daba igual.
Quería que me soltara, me picaban las palmas de la mano, quería tocarle. Necesitaba hacerlo. Me revolví debajo de él, intentando soltarme. Solo conseguí que sus manos apretaran más, que sus rodillas aprisionaran también mis piernas. Levantó su cabeza para mirarme y yo levanté la mía en busca de sus labios, me evito desviando la cabeza.
No sabía a qué estaba jugando, pero me estaba buscando. Baje mi cabeza de nuevo hasta posarla sobre la almohada. En cuanto mi cabeza se apoyó los labios de Danny vinieron a mi encuentro de nuevo, él besaba cuando quería, como quería, estaba dominándome y yo…me dejaba.
Compartimos un beso demasiado erótico para mi cabeza, estaba excitado y él tenía que notarlo y lo hizo. Empezó a mover ligeramente su cadera, rozándola con la mía y eso nubló mi mente. Se podía decir que no habíamos ni empezado y yo ya no podía ni pensar con claridad.
Con cada gemido que salía de mis labios, más rápido se movía él. Iba a volverme loco. Decidí que era mi hora de actuar. Puse toda mi fuerza y conseguí que nuestras posiciones cambiaran. Me miró entre sorprendido y sonriente. Esperando mi siguiente paso.
Fui directamente al botón de su pantalón y lo desabroché. No tarde tanto con él en desprenderme de esa prenda. Mis manos fueron subiendo por sus piernas, hasta la goma de sus boxers y me paré ahí rozando la tela elástica. Sabía lo que se sentía cuando alguien jugaba en esa zona y su cara lo reflejo. Cerró suavemente los ojos, dejándose llevar por las sensaciones y entreabrió los labios dejando escapar ligeros suspiros que se intercalaban con algunos gemidos más débiles.
Baje mi cabeza hasta que mis labios se posaron justo debajo de su ombligo, di un pequeño beso, acompañado de un pequeño lametón que hizo que sus gemidos aumentaran un tono. Sonreí contra su piel. Sus manos se enredaron en mi pelo y me obligó a subir la cabeza de nuevo, hasta que nuestros labios se encontraron. Sus caderas se elevaron rozándonos, demasiadas sensaciones que solo se amortiguaban por una ligera capa de tela.
Me agarró la cabeza con ambas manos y me separó un poco de él, buscando mis ojos. Me dio un suave beso en los labios y rodó hacía la derecha, escapándose de mis brazos, dejándome tumbado de medio lado. Le mire interrogante, preguntando con mis ojos su siguiente movimiento.
Estiró un brazo, agarrándome de la espalda y juntándome a él. Nuestros pechos se rozaban y todo nuestro cuerpo estaba pegado. Bajo su cabeza buscando nuevamente mis labios y yo salí a su encuentro, enredando nuestras lenguas en un juego sin final. Su mano bajaba por mi pecho, provocando un hormigueo por cada zona por la que pasaba, hasta que llego a la tira de mis boxers, entró por debajo de ella sin aviso y dí un ligero brincó, por la impresión, por las sensaciones que ese acto provocó en mí.
Un simple roce y mis piernas se habían convertido en gelatina, no podía controlar mis gemidos y su mano no paraba de moverse, provocándome sensaciones infinitas, imposibles de describir con meras palabras, era más mucho más. La forma en la que me besaba, el cuidado que ponía en todos sus gestos, el cariño que me transmitía. Era demasiado especial.
No se en que momento la última prenda abandonó mi cuerpo, estaba perdido en las sensaciones, nada más existía que sus caricias contra todos los rincones de mi piel. Cuando abrí los ojos él también estaba completamente desnudo. Decidí empezar a actuar y mi mano bajo a la parte baja de su cuerpo, centrándome en su placer, en lo que cada roce mío le provocaba, en sus suspiros contra mi cuello, su respiración agitada, sus suaves besos contra mi cuello.
Llegados a ese punto, Danny giró mi cuerpo, pegando su espalda a la mía, dejando suaves besos por toda su longitud mientras que con una mano me preparaba. No podía hablar, ni pensar, solo podía sentir. No paro de acariciarme durante todo el proceso, hasta que estuvo completamente dentro de mí. Fundidos como si fuéramos solo uno, dos personas en un mismo cuerpo.
Empezó a moverse suavemente, siempre cuidando de hacerme daño, siempre pendiente de mí. Un calor inmenso se instaló en mi pecho. Recordaba la otra noche con Danny, nuestra primera noche, no había sido así. Ni parecida. Si, había sido cuidado, había ido despacio, pero esta vez era diferente, con cada roce me dejaba ver su corazón.
Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones que Danny provocaba en mí. Paso su brazo por mi cintura, pegando más todavía nuestros cuerpos y pose mi mano sobre la suya, entrelazando nuestros dedos, comencé a hacer círculos en la palma de su mano. Mis gemidos iban aumentando y mi respiración estaba agitada. Notaba su respiración en mi oído y eso me excitaba más, sus labios se movían por mi nuca, mientras su mano se aferraba a la mía.
No hubo movimientos rápidos ni bruscos, todo fue despacio, alargando el momento al máximo, llevándome a lo más alto y sujetándome allí, sin dejarme caer ni un segundo. Aferrándonos a la pasión, a las sensaciones.
No se cuánto tiempo paso, no se si era de día o de noche. No sabía en que día estábamos, solo sabía que estaba donde quería, con quien quería. Solo se que la última palabra que salió de mis labios antes de alcanzar el orgasmo, fue un nombre y fue su nombre.
Cuando nuestros cuerpos dejaron de temblar y nuestras respiraciones se calmaron, me di la vuelta de nuevo, buscando sus labios, otra vez. Fue un beso dulce, lento.
- Te quiero – murmuró en mis labios.
Un nudo se formó en mi garganta, esta vez no había esperado a que me durmiera, me lo había dicho mirándome a los ojos, porque como una canción nuestra decía, "Just look into my eyes, because the heart never lies" Y así fue. No hacía falta que lo dijera, yo era capaz de verlo en sus ojos.
Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la almohada, en el hueco que el cuello de Danny dejaba. Su barbilla se posó en mi cabeza y su brazo me apretó fuertemente contra él, mientras agarraba el edredón y nos tapaba a los dos.
Era una situación, perfecta, de película. Su manos acariciaba mi espalda y la mía se encontraba en su pecho a la altura de su corazón, notando los latidos contra la palma de mi mano. Su piel era cálida, desprendía un calor confortante, relajante.
El cansancio empezaba a poder conmigo y mis ojos pesaban demasiado. No quería dormir, quería seguir notándolo a mi lado. Tenía miedo de abrir los ojos y que todo hubiera sido fruto de mi imaginación. Que nada fuera real.
- No quiero dormir – susurre contra su cuello.
- Shhh, duerme, es tarde – murmuró contra mi pelo, depositando un ligero beso.
- ¿Mañana estarás a mi lado cuando despierte? – murmuré más dormido que despierto.
Una ligera carcajada escapó de sus labios.
- Por supuesto, no me pienso mover de aquí, aunque haya un terremoto – contestó y supe que estaba sonriendo.
- ¿Lo prometes? – susurré. Sonaba infantil, estúpido, pero le necesitaba a mi lado al despertar.
- Lo prometo enano, lo prometo – contestó.
Note como su mano agarraba suavemente mi barbilla y la elevaba un poco para posar sus labios en un ligero roce, que me hizo sonreír como una colegiala a la que acaban de dar su primer beso.
Solté una risa estúpida, pero no pude evitarlo salió sola.
- ¿Qué te hace tanta gracia? – preguntó elevando de nuevo mi cabeza hasta que nuestros ojos se encontraron.
- Lo que siento – susurre sonriendo
- ¿Lo que sientes? – preguntó levantando las cejas.
- Si, las mariposas cuando me besas – contesté sin borrar la estúpida sonrisa de mi cara.
Soltó una carcajada y me acarició la mejilla dejando su mano sobre ella, acercando su cara a la mía hasta que nuestras frentes estuvieron pegadas.
- Pensé que solo las sentía yo – contestó con una de sus sonrisas en la cara. Una de esas que se trasladan también a los ojos y los hacen brillar.
Aún en la oscuridad sus ojos siempre brillaban. Volví a esconder mi cabeza en su cuello y busque su mano, entrelazándola. Era una imagen bucólica, de dos amantes en la cama, ajenos a todo lo que les rodeaba. Solo ellos dos.
Antes de que mis ojos se cerraran del todo, apreté fuertemente su mano contra la mía y lo dije. Era el momento, quería hacerlo y sabía que aunque él no lo buscará, en el fondo lo anhelaba.
- Te quiero Danny – murmuré en su oído.
