HOLA. HOLA.
Aquí llego con un pequeño epílogo para cerrar por completo la historia.
Espero que os guste, gracias por leer.
xx
25 de diciembre de 2016. Casa Danny Jones.
Llevaba una hora sin parar, la cocina estaba patas arriba, el salón lleno de regalos, villancicos sonando por toda la casa y yo comenzaba a estresarme, quedaba menos de una hora para que llegaran todos los invitados y todavía no había ni metido el pavo en el horno, aunque ese no era mi cometido, sino el de mi novio, Dougie, el cual estaba sentado en el sofá con una taza de té en la mano tarareando suavemente "Let it snow".
- ¡Doug! ¿Puedes levantar el culo y acabar de preparar la comida? – grité desde la cocina.
No hubo respuesta y dejé escapar el aire entre mis labios intentando calmarme, era Navidad, no quería tener una discusión, pero parecía casi imposible, parecía como si intencionadamente quisiera sacarme de mis casillas, le quería, pero en este momento me hubiera encantado estrangularle.
- ¡DOUGIE! – grité asomándome al salón, pasé mis ojos por la sala sin verle, giré la cabeza hacía el pasillo, nada, no estaba, me limpié las manos en el paño, lanzándolo contra la mesa de la cocina y salí de ella dispuesto a encontrarle y gritarle.
Di un paso fuera de la cocina y un par de brazos me rodearon por detrás, deslizándose suavemente por mi cadera, negué con la cabeza sabiendo lo que vendría a continuación, sabiendo que todo el enfado que tuviera se esfumaría en un segundo. Noté como unos labios se posaban en mi cuello dejando un rastro de suaves besos a lo largo de él.
- No te vas a salir con la tuya – murmuré mientras dejaba escapar un suspiro.
- Lo sé, no tenía pensado eso – susurró contra mi oído haciendo que un escalofrío recorriera mi columna.
- No estoy de humor, Doug, no estás ayudándome nada y en menos de una hora van a llegar todos y no hay nada preparado y…
- Lo se, lo siento, te prometo que ahora voy a ponerme el delantal y acabar todo antes de que lleguen, pero antes quiero darte mi regalo de Navidad – murmuró Dougie girándome entre sus brazos.
Cerré el espacio que nos separaba depositando un beso en sus labios, notando el sabor del té en ellos, mi mano se trasladó a su cuello, profundizando el beso y las suyas viajaron por mi cadera subiendo por mi espalda. Un calor se instaló en mi pechó, hinchándolo, recorriéndolo, sonreí contra sus labios mientras enterraba mi mano en su pelo.
- Te quiero – murmuré contra sus labios sin borrar la sonrisa de mi rostro.
- Lo se, yo también te quiero – susurró separándose poco a poco de mí.
Nos quedamos unos minutos en la misma posición, con nuestros brazos enredados en el cuerpo del otro, podrías haber pasado muchos años, pero todavía odiaba separarme de él, no sentirle cerca de mí, traspasándome su calor, porque cada vez que sus manos me rozaban sentía que todo estaba bien, que nada más importaba si él estaba junto a mí.
- ¿Dónde está ese regalo? – murmuré sonriendo.
Dougie giró la cabeza y me regaló una tímida sonrisa que no presagiaba nada bueno.
- Creo que voy a esperar un poco más a dártelo, hay mucho trabajo que hacer antes de que lleguen todos.
Resoplé negando con la cabeza, mientras él soltaba una carcajada y entraba en la cocina dejándome ahí parado. No es como si no lo esperara, porque sin duda lo hacía, le conocía desde hacía muchos años y una de sus aficiones era sacarme de quicio.
Pasamos la siguiente hora ocupados organizando todo a la espera de que llegaran a casa. Repartí todos los regalos debajo del árbol, colocándolos con cuidado, deseando que llegaran los niños. Sin duda, lo más mágico de la Navidad estaba en ese momento en el que los más pequeños descubrían los regalos bajo el árbol, sus sonrisas se contagian y una sentimiento de felicidad extrema se propagaba por todo tu cuerpo.
- ¿Ya está todo? – preguntó Dougie cerrando la puerta de la cocina llegando a mi lado.
- Si, creo que si, espero que hayamos acertado – murmuré levantándome del suelo.
- Seguro, sabes que somos los mejores tíos que unos niños podría tener, los tenemos malcriados – dijo Dougie mientras dejaba escapar una pequeña carcajada.
Sonó el timbre y caminé hasta la puerta con una sonrisa cruzando mi cara, abrí la puerta y me encontré con un par de ojos azules. Abrí los brazos y me fundí en un abrazo con Harry felicitándonos la Navidad mutuamente, me separé de él para saludar a su esposa, Izzy, la cual llevaba en brazos un precioso bebé de 8 meses, Chris, el cual estaba profundamente dormido. Pasé un brazo por sus hombros dándole un beso en la mejilla y entramos en casa donde Harry y Dougie estaban todavía saludándose.
- ¿Qué tal se porta mi sobrino? – dije tendiendo los brazos para que Izzy me lo dejara mientras ella se quitaba el abrigo.
- Es un cielo, mírale, no hace ni un ruido – dijo ella extendiendo los brazos.
Coloqué mis brazos en posición y 10 segundos después tenía a Chris apoyado en mi pecho, profundamente dormido, me senté en el sofá pasando una mano por su pelo, sonriendo mientras veía como el chupete subía y bajaba.
- Todavía me acuerdo de cuando Lisa y Mark eran así de pequeños, no podían parar quietos ni dormidos, siempre dando patadas o moviendo los brazos – dijo Dougie sentándose a mi lado.
Levanté la cabeza encontrándome con sus pequeños ojos claros, me sonrió y noté como las lágrimas acudían a mis ojos, sacudí la cabeza, negándome a llorar, hoy era un día para sonreír y no quería pensar en ese tema, porque dolía y aunque entendía la posición de mi novio, una parte de mí seguía deseándolo.
En ese mismo momento el timbré sonó y con ello los perros empezaron a ladrar, me levanté dejando a mi sobrino entre los brazos de su padre y me acerqué rápidamente a la puerta, abrí y sin darme tiempo a reaccionar dos pares de brazos se agarraron a mis piernas. Bajé la cabeza y me encontré dos cabecitas.
- ¡Tío Dan! – gritaron a la vez.
Me agaché al suelo levantándolos, Lisa y Mark, mellizos de 5 años eran dos pequeños terremotos, con los ojos miel igual que sus padres, pelo ondulado y unos preciosos hoyuelos en sus mejillas. Sonreí mientras ellos empezaban a hablar rápidamente contándome todos los regalos que Papa Noel les había traído.
- …y entonces bajé las escaleras y ahí estaban los regalos, papa y mama todavía estaban durmiendo pero entonces Lisa se puso a gritar – decía Mark
- ¡Yo no grité! – discutió Lisa.
- ¡Si que lo hiciste, siempre gritas por todo! – contestó Mark sacándole la lengua.
- Niños, no empecéis – murmuró Tom mientras entraba en la casa seguido de una embarazadísima Giovanna – bajad al suelo e ir a saludar a vuestros tíos.
Deje a los niños en el suelo pasando mis manos por sus cabezas, viendo cómo corrían hacía Dougie, el cual les esperaba en el pasillo con los brazos abiertos, los niños llegaron a su posición y rápidamente saltaron a su brazos, nuevamente, una punzada se instaló en mi pecho.
Volví la cabeza y me fundí en un abrazo con Tom, el cual llevaba su tradicional jersey de renos, me separé de él y saludé a Giovanna.
- Cada día estás más guapa, Gi – dije depositando un beso en su mejilla.
- Y más gorda, si no supiera que solo espero un niño pensaría que vuelvo a tener mellizos – rio suavemente.
Entramos todos a casa y miré a Tom mientras le señalaba el salón con la cabeza, sabiendo que entendería mi mensaje.
- ¡Lisa, Mark! – Grité viendo como dos pares de ojos miel me miraban desde abajo – Creo que en el salón alguien con barba ha dejado algo para vosotros.
En cuento las palabras salieron de mis labios el volumen de los gritos aumentó, caminamos siguiendo a los niños, los cuales ya se encontraban en el salón sentados debajo del árbol cogiendo todos los regalos entres sus pequeñas manos.
Empezamos a repartir los regalos entre carcajadas.
- ¡Lisa, aquí hay un paquete que lleva tu nombre! – dijo Dougie pasándole un gran paquete verde. Lisa empezó a desenvolverlo rápidamente rasgando el papel con sus manos, gritando cuando descubrió lo que había en su interior.
- ¡Mama! ¡Mama! ¡Es la casa de muñecas que pedí! – gritó mientras saltaba por el salón.
Sonreí a Tom mientras este negaba con la cabeza y se acercaba a mí, susurrándome al oído.
- ¿Cómo sabías ese regalo? Te dijimos que con los patines ya era suficiente – dijo Tom negando con la cabeza sin borrar la sonrisa de su rostro.
- Papa Noel lo sabe todo – contesté dándole una palmada en el hombro.
- Me los tenéis malcriados.
- Lo se, pero no puedo evitarlo, Chris todavía es muy pequeño – dije mirando como Dougie desenvolvía el resto del regalo y comenzaba a sacar la casa de muñecas con Lisa sentada en su regazo.
- ¡PAPA! – gritó Mark desde una esquina del salón
- ¿Qué pasa hijo?
- Ahí hay un paquete muy grande y pone mi nombre – murmuró Mark acercándose poco a poco.
Nos acercamos Tom y yo, cogiendo ese gran paquete y tumbándolo en el suelo, Tom levantó la cabeza sabiendo exactamente qué era, la forma no dejaba mucho a la imaginación y levantó las cejas preguntándome con la mirada, me limité a encogerme de hombros y a agarrar a Mark sentándolo encima de mis piernas.
- ¡Ábrelo hombretón! – dije colocando el regalo entre sus brazos, mientras levantaba la cabeza sonriendo a Harry el cual estaba grabando todas y cada una de las reacciones de los niños.
Mark comenzó a desenvolver el regalo y cuando el papel comenzó a desaparecer se quedó parado oscilando su mirada entre su padre y yo.
- Danny… - murmuró Tom incrédulo.
- ¡AAAAHHHHHHHH! – gritó Mark arrancando todo el papel que quedaba.
Delante de nosotros había una guitarra acústica, le susurré a Mark que le diera la vuelta dejándola boca abajo, pintado en negro había una inscripción que decía "Mark Thomas Fletcher" y justo debajo una serie de dibujos pintados a mano.
- ¡Tiene dragones pintados! ¡PAPA! – gritó Mark de nuevo.
- Ya lo veo hijo, sin duda Papa Noel ha leído tu carta – dijo Tom levantando la vista, con los ojos nublados, brillantes.
- Corre, enséñasela a tu tío Dougie – le dije a Mark ayudándolo a levantarse, el niño agarró la guitarra con fuerza caminando hacia Dougie que seguía jugando con Lisa.
Me levanté y un par de brazos tiraron de mí, fundiéndome en un abrazo con Tom.
- Joder Danny – dijo Tom apretándome más fuerte.
- ¿Crees que le ha gustado? – murmuré mientras sonreía.
- ¿Tu que crees? Lleva mas de un año diciendo que quiere una guitarra con dragones y yo le dije que eso no se podía que o había dragones o había guitarras y ahora llegáis vosotros y le conseguís esa maravilla, que a saber lo que os ha costado y que…
- No ha sido nada – murmuré separándome de él.
Negó con la cabeza y pasó un brazo por mis hombros apretándolos suavemente mientras nos girábamos a ver cómo Dougie, con Mark sentado en sus rodillas le ayudaba a tocar la guitarra.
- ¡Chicos, foto familiar! – dijo Izzy levantándose del sofá.
Las siguientes tres horas fueron una autentica locura, el pavo por poco se quema, Ralphie decidió que comerse el papel de los regalos era algo divertido, Lisa y Mark dedicaron gran parte de la comida a la lanzarse cachos de pavo por encima de la mesa, mientras Tom y Harry hicieron competición de polvorones.
Nos despedimos entre abrazos y sonrisas, y cuando la casa se quedó vacía el silencio se instaló y deseé que volvieran todos, escuchar a los niños corriendo por la casa jugando con los perros, escuchar sus risas y gritos.
- ¿Qué pasa? – murmuró Dougie sentándose a mi lado en el sofá, apoyando su cabeza en mi hombro, mientras su mano rodeaba mi cintura.
- Nada, como siempre ahora la casa se siente vacía – murmuré apoyando mi barbilla en su cabeza, acariciando su mano.
- Es cierto…
Nos quedamos un rato en silencio y mi cerebro comenzó a correr en la misma dirección de siempre, los dos adorábamos a los niños, teníamos tres sobrinos, habíamos pasado muchas noches con Lisa y Mark en casa dándoles a Tom y Gi alguna noche libre, sabía que éramos capaces de cuidar un niño y también sabía que tanto él, como yo, seríamos buenos padres, pero esta conversación la habíamos tenido durante un año entero y siempre acababa con la misma frase saliendo de los labios de Dougie.
"No estoy preparado para eso"
Y era mentira, por supuesto que lo era, estaba preparado, peros seguía teniendo miedo, pero ya no sabía de qué tenía miedo, hacia mas de 4 años que nuestra relación se había hecho pública, había sido una sorpresa, pero con el tiempo todo se tranquilizó y comenzó a ser algo normal, habíamos superado esa etapa, ¡por dios! ¡Pero si hasta estábamos casados! Y parecía como si el último paso nunca llegara. Le había intentado convencer, hablar con él, intentar comprender sus miedos y borrarlos, pero nunca había conseguido nada, asique me había conformado con lo que tenía y no me quejaba, pero algo dentro de mí deseaba eso, un hijo, nuestro hijo.
- Un penique por tus pensamientos – murmuró Dougie contra mi cuello.
- No es nada
- Mientes, ¿Qué pasa? – preguntó Doug levantando la cabeza y girando mi cabeza para que nuestros ojos se encontraran.
- Solo pensaba en cosas – dije molesto. Me levanté del sofá y me dirigí a la cocina, comenzando a recoger los platos, obligando a mi cerebro a centrarse en otro tema, uno que no doliera tanto.
- ¿Por qué si sabes que te conozco, me mientes? – dijo Dougie entrando en la cocina.
- Doug, no quiero discutir, no hoy.
- Yo tampoco quiero, pero con tus negaciones es lo único que consigues – comentó colocándose delante de mí.
Continué guardando los platos en el lavaplatos dándole la espalda, ocultando mi mirada de la suya, ocultando mis lágrimas. Escuché como se cerraba la puerta de la cocina y me permití el lujo de dejar que las lágrimas corrieran por mis mejillas, prometiéndome que serían las últimas, que no valía la pena seguir torturándome con este tema, porque lo único que conseguía era esto, discusiones, lágrimas, tristeza y ya estaba harto de ello.
Veinte minutos después salí de la cocina encontrándome el salón vacío, un pequeño regalo descansaba sobré el sofá, busqué con mis ojos a Dougie y noté como una ráfaga de aire entraba al salón, levanté la vista para encontrar la terraza abierta y al fondo, en la oscuridad, una figura sosteniendo entre sus manos una pequeña luz naranja, negué con la cabeza. Dougie seguía fumando, pero solo lo hacía cuando estaba nervioso, o cabreado o estresado y esta vez supe que sería la segunda opción, aunque creo que me equivocaba.
Me senté en el sofá y agarré ese pequeño paquete entre mis manos, mi nombre estaba pintado en el papel, reconociendo la letra de Dougie, lo sopesé con cuidado, parecía un libro o algo aún mas fino. Comencé a desenvolverlo y una carpeta de cartón negra apareció bajo el envoltorio. Levanté las cejas desatando las gomas y la abrí, cuando mis ojos leyeron la primera frase, mis manos comenzaron a temblar, levanté la vista del papel buscando a Dougie, que se encontraba en la puerta de la terraza mirándome fijamente, pude ver como sus ojos brillaban y comencé a notar las lagrimas corriendo por las mejillas.
Bajé de nuevo los ojos y saque un taco de papeles, leyendo detenidamente la primera frase, la mejor frase del mundo:
"Solicitud de adopción por parte de Dougie Lee Poynter y Daniel Alan David Jones"
Estado: CONCEDIDA.
Lo siguiente que recuerdo es un mar de lágrimas, unos brazos sujetándome por la cintura, unos labios contra los míos y un calor inundando mi pecho, un sentimiento de felicidad imposible de comparar con nada. Porque sin duda, Dougie acababa de hacerme el mejor regalo de Navidad.
FIN.
¿Os ha gustado? Espero vuestras opiniones y con esto, ya queda cerrada la historia.
Un placer :)
