El desayuno en la residencia Tendo transcurría con normalidad, o eso es lo que se aparenta al menos.
Unas miradas discretas cargadas de sentimientos y emociones adversas entre los dos parientes que tragaban y masticaban imaginando que era el otro ser, quién se trituraba con los dientes.
Una chica de cabellos azulados disgusta lentamente lo servido, y es que está preocupada, sí, claro que lo está, y muy nerviosa por cierto. Ese sería su primer día de clases y la sola idea le arranca la quietud y la envuelve en una inseguridad insostenible, casi, casi... desea irse luego para acabar cuánto antes con el suplicio.
Hace bastante que no comparte con chicas de su edad y teme parecer extraña, teme no encajar en la sociedad, ser un bicho raro al que nadie hable.
Emite sin quererlo, un suspiro prolongado.
Un par de ojos grisáceos y otros castaños, se centran en ella hallándola cabizbaja, con los palillos moviendo de un lado a otro los granitos de arroz como si algo entre ellos se le hubiese extraviado.
Nodoka, suponiendo el qué la trae así, se aventura a cuestionar:
-¿Nerviosa?
La chica alzó la mirada y se encontró con otra tan cálida, con una sonrisa dulce que le brinda confianza y busca ahuyentar su inseguridad.
Sonrió tímidamente y asintió, ¡Para qué negarlo! ..
-No deberías, de seguro te llevarás muy bien con todos...- comenzó a hablar Nodoka en un tono suave y conciliador- ...Además, Ryoga estará en tu clase. No estarás sola.
Dirigió su mirada al tímido chico que ante su mención, se sonrojó débilmente... Akane, pudiendo apreciar este gesto, le fue inevitable sentirse conmovida por la timidez que desborda.
-Además, también me tendrás a mí... -intervino el Saotome mayor, mirándola fijamente en una seriedad absoluta.
Asiente levemente y esboza una sonrisa amable...
...pero él continua observándola y largamente, sin discreción alguna y al parecer sin intención de decir algo más, únicamente la observa, indagando en su mirar castaño como queriendo encontrar en ella las respuestas que requiere, ¡esas que con urgencia necesita!..., y de paso, incomodarla y obligarla a agachar la mirada, de vuelta a ese arroz aún tibio...
Tanta distinción en las personalidades de ambos hermanos le es incuestionable.
Respiró hondo aquel quién consiguiera intimidarla, sin comprender todavía los motivos... Sí, reconoció que era bella, que tenía cierto encanto, así como también sabía que había otras tantas chicas más bellas que ella, de un encanto más femenil, chicas delicadas de gustos exigentes, ... No obstante, esta chica sentada frente suyo no tenía nada de eso...
Estaba seguro que a ella no le molestaría salir a la calle con un gi y sin maquillaje... ¡¿Entonces? Si en ella no existe ese factor necesario que decora a las chicas de feminidad..., ¡¿Entonces? ¡¿Qué es eso que la chica desborda que la hace tan encantadora, tan sutilmente atractiva? ...
Lo único claro que Saotome Ranma tiene, es que esa chica sería suya, que utilizaría todas sus tácticas de conquistador para atraparla... y de paso, sabotear esa confianza de ese chico sentado a su lado en cuyas mejillas todavía reposan los restos de su sonrojo...
-Akane, si no vas a comer más...- comensó a hablar Soun, mirando con interés el desayuno de su hija.
La aludida le miró enfadada y exclamó:
-¡No tengo hambre, pero me lo comeré sólo para no dártelo a ti!
Una discusión por lo que le quedaba de desayuno a la joven tuvo lugar.
Genma suspiró pesadamente cuestionándose si así serían todas y cada una de sus mañanas.
Nodoka consideró la actitud de Soun completamente inconcebible...
Y dos miradas brillaron de éxtasis, en una contemplación compartida y se relamieron de gusto...porque esa chiquilla Tendo, sin quererlo, les resultaba una criatura fascinante.
Si su sonrisa era dulce y encantadora, verla enojada y peleando por su comida era todo espectáculo digno de admirar.
Afligida es como observaba desde la ventana, el marchar de sus hijos más la chica había llegado el día anterior para quedarse.
Si una virtud la ha caracterizado siempre era la de adivinar, la de intuir... Pudo percibir ese deleite que se posesionó de sus dos hijos, pudo asegurar que ambos quedaron prendados de la encantadora presencia de la chica.
La posibilidad de quiebres familiares, rencillas, ... Ciertamente la joven no sabía lo que construía sin siquiera proponérselo...
Había sido testigo de unas miradas desconfiadas, celosas, que hablaban por sí solas, que anunciaban competencia.
Y ella, sería como una pared, testigo silencioso... porque no debiera estar de lado de ninguno, y por ende su intervenir sería limitado, en una situación neutral es como observaría desde hoy en adelante con muchísima más atención.
Juraría que esa jovencita de tierno mirar y bruscos hábitos, llegó a sus vidas para transformarlas, para poner a prueba la fortaleza de la unión entre sus dos hijos...
Suelta un suspiro y no se aparta de la ventana hasta que estas tres figuras son tres líneas lejanas e inalcanzables, que se alejan de ella a cada segundo.
La conversación de camino a la preparatoria se dio a base de temas banales.
Los dos chicos habían decidido hablarle a la chica cuestión de disminuir ese nerviosismo notable que le quitaba la sonrisa.
Por supuesto, que el hermano quién más temas tenía para plantear, era el que más personalidad tenía... y el otro, quién estuvo la mayoría del tiempo callado y apenas lanzaba uno que otro comentario cuando tenía ocasión, lo maldecía para sus adentros.
Ya habían llegado al edificio, y por fin Ryoga pudo decir las palabras que tanto anheló mencionar durante todo el recorrido:
-Muy bien, hermano, puedes irte a tu salón. Yo me encargaré de Akane desde ahora.
El chico entrecerró sus ojos y sonrió.
-Sí, ya me voy... -desvió la vista nuevamente a la chica y sus ojos brillaron al encontrarla mirando a todos lados con curiosidad y un susto infinitos. No pudo evitar conmoverse... acercó su rostro a la altura de la chica y suavemente le dijo con tal dulzura, como si con una niña pequeña estuviera tratando- ... Tranquila, todo saldrá bien y harás muchas amigas.
La chica perdió el aire durante unos segundos, al tener ese rostro tan cerca del suyo. Finalmente pudo sonreírle agradecida por la gentileza y comprensión recibidas.
Ranma se apartó y volvió a mirar a Ryoga quién no parecía muy a gusto con su proceder.
Enarcó una ceja y sonrió de medio, lanzándole con el gesto un mensaje implícito que únicamente su hermano fue capaz de captar.
-Adiós, Ranma...- salió de sus labios en un tono amargo y gutural.
Sin responder, es como se marchó por un pasillo terminando por perderse de vista entre los estudiantes.
El menor de los Saotome entró entonces en una especie de letargo, como si estuviera reflexionando seriamente en un asunto de importancia, seguramente relacionado con aquel que acaba de irse... y quién, por cierto, fue objeto de maldiciones e improperios indecibles en un pasado reciente.
-Esto... Ryoga...-le habló delicadamente la jovencita a su lado que observaba con curiosidad.
Él atendió y al enfocarla pareció algo sorprendido, como si hubiera olvidado dónde estaba y quién era su compañía, también de que -como él mismo había dicho- estaba a cargo de ella.
Se rió nerviosamente y se excusó con un:
-Lo siento, es que soy bastante distraído.
-Lo he notado -le sonrió la joven.
Un sonrojo volvió a adueñarse de sus mejillas, y una nueva sonrisa nació en el rostro de su compañera al notarlo.
Las campanas sonaron, y su sonido se oyó en cada rincón del edificio.
-Debemos apurarnos- sentenció el chico, y más sonrojado todavía, extendió su brazo enseñándole su mano. Akane parpadeó un par de veces al advertir es mano masculina que en caballerosidad le era ofrecida, y él se apresuró a explicar- Todos van a subir amontonados, no quiero que... que te vayas a perder.
La chica asintió y, sin comprender el motivo del sonrojo de su tímido compañero, acogió el gesto con naturalidad.
Ryoga se sorprendió por la diferencia entre las dimensiones, su mano grande envolvía por completo esa mano pequeña y femenina, suave y delicada, que gratamente se escondió en la suya.
El nerviosismo lo entorpeció por instantes, en los que le hizo dudar hasta qué camino tomar...
-¿Estás bien? - se aventuró a preguntar la chica, al ver la confusión del chico que miraba de un lado a otro con el rostro cubierto de un color carmín y la mano que sostenía la suya comenzando a lubricarse.
Él asintió enseguida, tragó con dificultad y respiró profundamente, antes coger la orientación y aventurarse por un pasillo llevándose a la chica consigo.
Tal y como dijo, muchos estudiantes corrían de un lado a otro,... mientras se dirigían al salón, Tendo inspeccionó a las chicas con que sus ojos se topaban a su paso.
-Ten confianza...- le sonrió Ryoga, ya al frente del salón.
Su receptora asintió, y exhaló un pequeño suspiro para liberar tensiones, y entró junto a él.
El maestro todavía no llegaba, y en el salón ya habían varios alumnos. Varios grupos reunidos dispersos..., uno de los chicos pareció notar esa nueva presencia, lo comentó en un cuchicheo y todo el grupo volteó a ver a la nueva chica que, tímidamente, avanzaba junto a Ryoga...
-Aquí, este puesto está vacío- le dijo Ryoga, y la invitó a sentarse dedicándole una sonrisa con el propósito de transmitirle tranquilidad y confianza.
Tendo le sonrió y agradecida asintió, tomó asiento en el lugar indicado, y el chico se sentó en el de adelante, de lado para que pudiese quedar a cara con la chica.
Ryoga comenzó a contarle anécdotas de su vida, con el fin de distraerla de esas miradas curiosas de las que era víctima.
Sacó a relucir sus más embarazosos momentos, relatando con las mejillas encendidas esos ridículos recuerdos con una confianza que su compañera supo apreciar.
Consiguió hacerla reír en una o dos ocasiones.
Sin embargo, la chica en un momento se enserió y a modo de indiscreción le cuestionó:
-¿Tengo que presentarme delante de todos?
Ryoga la observó unos instantes con lo que su receptora denominara de compasión. No le alcanzó a contestar, cuando una voz femenina intervino.
-Ryoga... oye...- los dos voltearon a ver a la chica de largos cabellos castaños y claro mirar, que tras su espalda llevaba una espátula que parecía no pesar - Perdonen que los moleste, pero ...¿Ryoga te importaría salir de mi asiento?
Algo molesto por la interrupción, le contestó:
-Ukyo, ¿Por qué no ocupas mi sitio?
La aludida entrecerró los ojos, e igual de molesta inquirió:
-¿Para qué si tengo mi asiento?
Respiró profundamente, y le lanzó una última mirada a Akane, más una sonrisa conciliadora que supo acompañar sus palabras: Estarás bien.
Tras decir esto, se levantó, y sin mirar a su otra compañera, se dirigió a su puesto que quedaba más adelante y en la otra fila.
Ukyo se sentó en dónde había estado Ryoga hace unos segundos, y volvió su cuerpo hacia esa chica cuyo rostro jamás había visto antes... y de ahí que surgió la curiosidad por enfocarla.
La observó inquisitivamente un rato, como queriendo adivinar algo... Akane se removió incómoda, y esa chica de finos rasgos, le sonrió finalmente.
-¿De dónde vienes? - lanzó de improviso.
-Vengo de China...
-¡Vaya! No me digas... -la sorpresa que anunciaron sus gestos le contaron que no esperaba una respuesta semejante- ¿Cómo te llamas?
-Tendo Akane.
-¡Lindo nombre! yo me llamo Ukyo, Kuonji Ukyo... - se presentó con cordialidad, y continuó con el interrogatorio- ¿Por qué viniste a Japón?
La chica que le disparaba preguntas una tras otra, y le ofrecía su entera y algo turbadora atención, aguardaba por su respuesta expectante.
Y dudó, dudó profundamente en dar una respuesta sincera, porque nunca se habló de dejar lo del compromiso en secreto, pero se imaginó que la divulgación de éste no sería favorecedor... y más, porque aún no sabía si alguno de los Saotome tenía novia...
Sólo entonces, se percató de otro lado. Ryoga, a lo lejos, la observaba advirtiendo sus acciones y sus gestos, vigilando...
-ORDEN - señala el hombre regordete que acababa de entrar al salón.
Todos volvieron a sus sitios en un santiamén, y Ukyo se volvió hacia delante.
-Siento la tardanza...- comenzó a hablar el hombre, en un tono grueso y potente, dejando sus libros encima de su mesón.
-¡Maestro, hay una nueva chica! -le avisó un compañero desde el fondo, e inmediatamente todas y cada una de las miradas se dirigieron a la chica que se encogió en su asiento, deseando fervientemente que no se le obligue a presentarse delante de la clase.
Inútil le fue implorar para sus adentros, porque ese hombre de duro mirar no tuvo compasión de la angustia que, sin quererlo, se adueñó de sus facciones.
- ¡¿Qué tal si te presentas delante de todos? - sugirió en un tono severo.
Tragó con dificultad y reuniendo valor, se levantó de su asiento y avanzó por el pasillo. Percibió miles de ojos clavadas en ella, murmullos esparcidos por todos lados...
Llegó al frente, y nerviosa procedió a ejecutar la orden vestida de sugerencia.
-Me llamo Tendo Akane y tengo 16 años. Un placer conocerlos.
-...Además viene de China...- complementó el maestro leyendo un librito color verde oscuro. Luego clavó su atención en el curso y completó -...Espero que sean muy amables con ella.
'Muy bien, ya terminó, tranquila que ya terminó" , se tranquilizó, y caminó por el pasillo nuevamente...
Otra ronda de miradas y cuchicheos indiscretos, tal pareciera que no tenían nada mejor que hacer que colocar su atención en la chica nueva..., pero entre esas miradas curiosas, halló una tremendamente conciliadora...
La hora del almuerzo había llegado, y apenas las campanas sonaron, Ryoga se levantó de golpe y ansioso dirigió sus pasos a la peliazul, y es que la mañana se le hizo eterna, el tiempo no comprendía que él necesitaba estar al lado de esa chica, ser receptor de su atención nuevamente... ¡Oh, pero ya basta! porque las horas de espera acabaron, y ahora saciaría su ansiedad en su compañía, se deleitaría con el oír de su voz, embebido admiraría su rostro, y mentalmente se recalcaría cuan bellas son sus sonrisas.
Akane al advertirlo de a su lado, no pudo más que suspirar aliviada. No estaría sola después de todo...
Antes de que pusiera de pie, Ukyo se dio vuelta y sonriendo con malicia y osadía comentó: Vaya... ustedes sí que hacen una bonita pareja.
Un bonito tono carmín decoró ambos rostros, y ante esto Kuonji soltó una carcajada y, ¿por qué no? Otro atrevimiento más, no haría gran diferencia.
-¡¿Son pareja acaso?
-No, no somos pareja - contestó Akane, riendo nerviosa y negando con las manos- Sólo buenos amigos...
Los azules ojos volvieron a centrar su atención en su cabizbajo compañero, y halló en él una respuesta distinta. Una sonrisa surcó sus labios, y volvió a enfocar a la peliazul para agregar:
-Ya veo... entonces, ¿por qué no vas a comer conmigo, Akane? Ryoga también tiene otros amigos, y creo que para una chica es mejor hacer amistad con otra chica, ¿No crees? ...Ya sabes, para después ir de compras, y esas cosas...- por poco, se le escapa una carcajada al notar la desaprobación en Ryoga, quién apenas al oírla hablar, alzó el rostro para fulminarla con la vista- ... Claro, a no ser que mi compañero Ryoga aquí presente, no esté de acuerdo...
¡Y ahí iba de nuevo! Siempre involucrándose en dónde simplemente no debe, desbaratando sus planes, entreteniéndose con su desesperación y mal humor, ¡precisamente inspirados por ella! , ¡Cuánto la detesta!
Pero bien, si ella tanto gustaba de jugar sucio, entonces él bien podría jugar el mismo juego.
-Qué raro, creí que otra vez perseguirías a Ranma.
Akane alzó ambas cejas ante tal mención, y curiosa quiso cuestionar al respecto, pero su airada compañera no se lo permitió.
-¡¿Quién rayos te crees? ¡Cómo es eso de 'perseguir'! - exclama ofendida- yo no persigo a nadie.
Tal vez debió haber reprimido la carcajada, como hiciera ella hace unos instantes, pero la verdad no pudo, y los más risorio del asunto es la seriedad con que la pasadas palabras fueron expuestas.
Kuonji pareció molestarse todavía más por ese estallido de risa. Akane guardaba silencio únicamente.
-¡Por favor! - comenzó a hablar, arrancando una lágrima- Siempre le sigues a todos lados.
-No lo persigo, y en todo caso, aunque lo hiciera es obvio. ¡Es mi novio!
Y ahí estaba, la respuestas llegaban solas, ¡Cuánta sorpresa! ,así que la bella jovencita es la novia del Saotome mayor. ¿Lo cuál significaba entonces que Ryoga sería su prometido? ...y por qué demonios, Ranma no lo mencionó antes!
Imposible le fue imaginar si hubiera contestado a la pregunta de "¿Por qué viniste a Japón?" con sinceridad, ¡JÁ! Imperdonable.
Sí, le permitió marcharse con ella... sólo porque su último comentario le dejó un dulce sabor en el paladar.
Ahora Akane creía que Ukyo es la novia de Ranma, y seguramente comprendería que el muy cretino había escondido su situación sentimental a propósito..., y claro, la idea de que él, Saotome Ryoga, sería su prometido cobraba más solidez.
Volvió a donde sus amigos, desde ahí vigiló cómo Ukyo y Akane salieron del salón.
Unos ojos sagaces se paseaban de un lado a otro, se alertaba su dueño al captar cualquier característica que le indicase que era Akane y se desesperaba cuando se enteraba de que no se trataba de ella.
Y de nuevo volvía a inspeccionar...
La exuberante compañía que tenía delante, pudo percibir ese esmero que tenía el joven por aislarse de la conversación. Lo vio moverse de un lado a otro, buscando a algo o a alguien entre la multitud, y al parecer ella le estorbaba en su búsqueda.
Molesta al saberse ignorada, es que bufó y buscó concentrarse en la platica sostenida entre los otros dos ocupantes de la mesa.
- Hey, Ranma... ¿Estás bien? - señaló Kodachi después de un rato, percibiendo lo distraído que había estado su compañero de clase.
No la miró, es más, ni siquiera advirtió que se le estaba hablando. Tan inmerso estaba en su búsqueda incansable...
Un puño aterrizó de lleno en su brazo derecho, y sólo entonces, se dio cuenta de que los tres individuos lo observaban y aguardaban algo de él.
Suspiró y llevó ambas manos a restregar su rostro, como queriendo volver en sí, como queriendo quitarse esa maldita obsesión que lo había tenido durante una hora completo en una pesquisa inútil.
Respiró hondo y se centró en su comida apenas tocada, para luego enfocar nuevamente a su expectante compañía.
-Lo siento,... lo siento, es sólo que... no lo sé, estoy... - apretó sus labios, buscando la palabra exacta que definiera su condición.
-¿Despistado? - le ayudó Mousse, sentado a su derecha, mirándolo con una ceja arqueada.
No era la palabra exacta, pero sí... le servía.
-Sí, despistado. - admitió derrotado, y probó un bocado de su comida con naturalidad, y el silencio volvió a reposar en ellos.
Ya no quedaban ánimos para continuar con la conversación, porque al parecer Saotome era un ser todavía más interesante.
Y no fue, tanto sólo después un rato, cuando se dio cuenta que ya no se hablaba y que esos tres individuos lo acechaban con un mirar curioso.
Algo perturbado e incómodo, pronunció: ¿Qué me ven? ...
Otra vez pareciera que aguardaban algo de él.
-Queremos que nos digas qué te ocurre - habló Shampoo, que sentada frente a él lo observaba directo a los ojos.
Entrecerró los ojos, porque tenía claro que una explicación no DEBIERA darla. Es su vida y el decide cuánto revelar y cuánto no.
-Es cosa mía- respondió con firmeza.
Otros instantes de silencio y otra vez la sensación le arremete la sensación de que se hubiera dicho una frase a medias, porque el silencio en la mesa era todavía sostenido y los tres no apartaban la vista de él.
Hartado, deposita bruscamente la lata de bebida de la que había sorbido parte de su contenido algunos segundos antes.
- No obtendrán nada de mí - fue lo único dijo.
Sentadas en el sector verde del patio, las dos chicas sentadas disfrutaban de su almuerzo a la vez que una plática daba rienda suelta a la vida personal de cada una.
Akane le relató, para sorpresa de su acompañante, una vida de entrenamientos arduos junto a su padre, que en la vida mucha falta le hizo una figura materna, pero esto no ha conseguido minimizar su dicha con la vida, y es que nunca se supo infeliz.
Kuonji, por su parte, le relataba con la más pura añoranza y melancolía de quién se ve obligada a conformarse con adornar su presente recuerdos dulces y adorables.
Recuerdos de su infancia..., y ahí, en un instante dado, la mención de cierto personaje que su compañera no esperó que sacara a relucir en memorias infantiles, ¡¿Hacía tanto que se conocían?
Disimuló su sorpresa, y continuó oyendo.
Al parecer el señor Saotome era amigo de su padre, y frecuentaban sus hogares con frecuencia, así fue que Ukyo y Ranma crecieron juntos.
Sin embargo, ese brillo que atraviesa su mirada al hablar de Saotome, le fue imposible pasarlo por alto, así como ese tono soñador que empleó cuando de pronto, la necesidad por confesar su más anhelado sueño, le nació.
Sí, un matrimonio entre ella y Ranma que se llevaría a cabo en la playa, en un atardecer que tiñera el cielo de matices rojizos; sería junto a sus familiares y amigos, y él haría público que la había amado desde siempre.
-Oye Ukyo...- comenzó a hablar la peliazul, un tanto curiosa- ... Tú dijiste que son novios, ¿verdad?
La chica asintió.
-¿Y por qué no estás con él ahora?
La oyó exhalar un suspiro mientras su mirar abandonaba ese brillo soñador y en su lugar de anidó la más profunda melancolía.
-Porque aún no lo asume - fue la extraña respuesta que finalmente lanzó.
No quiso cuestionar más, si hacerlo le costaría machacar el ánimo de su compañera, prefería no hacerlo.
Cambió el tema y otros rumbos fueron acogidos, Ukyo le respondía con ánimos renovados y Tendo se supo satisfecha.
La plática duró hasta que la campana volvió a dejarse oír, dando por finalizado el receso.
Continuará...
