No tengo palabras para disculparme por el retraso, sólo espero que les guste el capítulo.
-No creo que esa técnica funcione conmigo- en realidad, no tenía idea si el Tsukuyomi me haría daño. Aún recuerdo lo que fue capaz de hacerle a Kakashi-sensei y no creo que sea una experiencia muy agradable.
-Si? Pues no pierdo nada con intentar- una sonrisa cínica apareció en su rostro.
Si sólo sonriera sinceramente, estoy segura de que sería un chico mucho más guapo. Sí, lo se. Estos no son los pensamientos que debería tener cuando están a punto de atacarme con una técnica que no se de que manera me afectará.
Tal vez por curiosidad, tal vez por miedo, no lo se. Pero mi mente no fue capaz de pensar cómo atacarlo, sólo pude quedarme quieta esperando por aquella técnica.
Todo pasó muy rápido, estaba viendo los ojos rojos de Itachi y al segundo siguiente estaba en mi hogar, en Konoha.
-Recuerdas este día?- la voz del Uchiha mayor parecía venir de todos lados y de ningún lado a la vez.
A pesar de que la frase podría parecer confusa o carente de sentido, yo la entendí a la perfección.
Estaba viviendo nuevamente el día en que mataron a mis padres.
-No voy a poder olvidarlo en mi vida- murmuré.
Mis ojos viajaban por la aldea, viendo a lo lejos mi hogar. Sin pensarlo mis pies empezaron a caminar, recorriendo un camino que conocían de memoria.
A pesar de que no lo veía, podía sentir a Itachi junto a mí, como si estuviera acompañándome, sin intención de herirme, sólo haciéndome compañía. Tal vez el dolor y la soledad que sentía en mi interior eran percibidos por el moreno.
Me detuve frente a una casa sencilla pero hermosa. Sus paredes de madera con rosas talladas daban una increíble sensación de bienestar. Recuerdo que a mi madre le gustaban mucho las flores, por lo que el jardín delantero estaba lleno con todo tipo de ellas. Desde las más pequeñas hasta las más grandes.
Crucé el campo de flores para llegar a la puerta que se abrió dejando ver el interior de mi hogar, tal cual estaba ese día. No había nada que indicara que mis padres no volverían.
Recuerdo que mi madre había dejado su anillo de bodas sobre la mesa, porque tenía miedo de perderlo en la misión. Yo le dije que me encargaría de cuidarlo, pero no tuve oportunidad de guardarlo porque Naruto apareció por la puerta diciendo que Kakashi-sensei nos llamaba.
Mi padre no era alguien muy ordenado, por lo que no le importó demasiado dejar su anillo junto al de mi madre, él sabía que yo lo guardaría.
Había ropa sobre el sofá, aquella que mi madre y mi padre acababan de quitarse para cambiarla por sus trajes ninja. Recuerdo haber pensado que tendría que lavarla, para tenerla limpia a su regreso.
Fui hacia la cocina y abría la puerta de refrigerador, encontrando dentro la comida que mi madre preparó para esos días en los que no estarían. Le dije que no se preocupara, que yo misma podía cocinar. Pero ella respondió que yo estaría muy ocupada entrenando, y no podría hacerlo. Con una sonrisa y un beso me dijo que para eso está una madre, para asegurarse de que su hija como saludable y no enferme.
-Esto es lo que piensas hacer? Recordarme todo lo que perdí?- mi voz sonaba estrangulada. Las lágrimas se derramaban por mis mejillas.
-Quiero mostrarte tu hogar. Aquello que amabas. Y que recuerdes que debes odiar a quién te lo quitó- Itachi hablaba suavemente, su voz era como una caricia.
-Tengo más que claro eso. No era necesario que me lo recuerdes de esta manera- quería salir inmediatamente de aquel sueño. No podía soportar más ver todas las cosas que conformaban mi antiguo hogar y todos los recuerdos que construí con mis padres en aquellas paredes.
Sin siquiera notarlo, una poderosa cantidad de chackra de una extraña tonalidad rosa comenzó a rodear mi cuerpo desde los pies hasta la cabeza. La energía fluía libre por cada rincón de mi cuerpo. Observé como poco a poco las imágenes de mi hogar iban desdibujándose, dejando paso al campo de batalla en dónde había estado peleando contra Itachi.
Pude ver como todos me miraban sorprendidos, pero con una sonrisa en sus rostros. Supongo que no esperaban que pudiera escapar de la técnica más poderosa del Uchiha.
-Cómo…?- Itachi estaba en frente mío, sus ojos abiertos en sorpresa y confusión.
-No tenías derecho a observar mis recuerdos- mi vos sonaba fría, podía sentir como la ira viajaba a través de mi cuerpo.
-Itachi solamente puede crear una realidad en tu mente, una que él puede manejar. No está entre sus capacidades el elegir un recuerdo de tu mente y mostrártelo, Sakura- la vos del Líder llegó calmada hasta mis oídos.
Qué significaba eso?…
-Fuiste tú la que manejó a su antojo la fantasía, tú elegiste ese recuerdo, no Itachi- aquella revelación me sorprendió en demasía.
-Eso no es posible. Cómo puedo tener control sobre el Tsukuyomi? Es una técnica manejada por los Uchiha, nadie puede modificarla o transformarla- susurré confusa.
-Eso forma parte de tu línea sucesoria. Puedes manejar los hilos de chackra a tu antojo. Y por si no lo recuerdas, hay hilos de chackra en la cabeza, y de ahí es donde se manejan las líneas sucesorias-
Eso explicaba cómo pude salir de la fantasía. Si puedo manejar a mi voluntad los hilos de chackra, puedo controlar todas las líneas sucesorias. Eso significa que puedo vencer a Sasuke?.
-Por eso quieren que me enfrente a Naruto? Pues no lograré vencerlo. El zorro de las nueve colas no se maneja con hilos de chackra, él es chackra pura, en su estado más salvaje- quería respuestas, no iba a dejar que manejaran mi vida nuevamente.
-Si lo lograrás. Acaso crees que tu ropa y tu ojos cambiaron solamente por tu línea sucesoria?- aquella palabras lograron confundirme.
Es que todavía existían más secretos? Mis ojos se dirigieron hacia mi ropa. Observando los detalles en ella. Mis dedos la acariciaron delicadamente, notando la suavidad que poseía. Era como si la más fina seda hubiera sido utilizada para crear este kimono. Los pétalos de cerezo lucían reales, su color era del rosa más delicado que hubiera visto en mi vida, estaban esparcidos por todo el kimono como si verdaderamente estuvieran flotando en el viento.
La ropa se sentía como una segunda piel, delicada pero fuerte a la vez. Era cómoda, cálida y estaba segura que no se rompería con facilidad. No tenía un espejo para ver mis ojos, pero estaba segura de que su color rosa era igual de hermoso que la ropa. Me sentía segura, veía con detalle todo a mi alrededor, desde el polvo hasta las hojas de los árboles más altos.
-Creo que este entrenamiento se terminó- habló el Dana.
-Sasori tiene razón. Sakura, tienes que leer esto. Aquí están las respuestas a tu dudas- el Líder me extendió aquel pergamino que había encontrado en el país del Rayo.
Sin dudarlo lo tomé. No entendía por qué, pero aquel simple pedazo de papel me tranquilizaba, era capaz de transmitirme el sentimiento de paz que hace tiempo estaba buscando.
-Si me necesitan estaré en mi habitación- les dije a todos.
A paso lento, tratando de que mis piernas no temblaran me encaminé hacia la guarida que cumplía la función de hogar para cada uno de nosotros. Contaba cada uno de los pasos que daba hasta llegar a mi destino, era la única manera de no distraerme y pensar miles de cosas a la vez.
Al abrir la puerta, no se encontraba nada que revelara que allí vivía la antigua Sakura Haruno.
La cama estaba en el centro de la habitación, sus sábanas eran de un tono marfil, sencillas pero elegantes. Había un armario en la pared frente a la cama, caminé y lo abrí. Había diferentes modelos de polleras y shorts todos y cada uno de ellos de color negro o gris. Había tops negros, remeras y sweaters sin mangas. Tenía zapatillas, botas altas o bajas, sandalias ninjas.
Cada una de las cosas allí dentro era de color negro, gris o blanco. No había rastro del color rosa que era tan común en mi guardarropa cuando era niña.
Hace un año que estoy fuera de la aldea de la hoja. Hace un año que no veo a mis amigos. Hace un año que mi vida cambió para siempre.
Cerré la puerta del armario y me senté en la cama. El pergamino permanecía fuertemente sujetado en mis manos, pero no encontraba el valor para abrirlo y leerlo. Sabía que allí estarían todas las respuestas a las preguntas que rondaron por mi mente desde que supe que mis padres fueron asesinados por sus propios compañeros, pero tenía miedo.
Si, miedo. Aquel sentimiento que desde hace mucho tiempo había desaparecido de mi corazón. Miedo a que las palabras allí escritas no fueran de mi agrado, miedo a saber cuan sola volvía a estar de nuevo.
Si lo que dijo el Líder era cierto, toda mi familia había muerto hace tiempo. Siempre fuimos mis padres y yo, no tenía otra familia a parte de ellos.
Lentamente, con cuidado, abrí aquel pedazo de papel.
Las palabras allí escritas eran de color negro, con una letra sumamente delicada. Seguramente una mujer escribió este pergamino. Respirando profundamente, comencé a leer:
"Estoy completamente segura que luego de esta batalla no serán muchas las personas que sobrevivan. El poder de nuestro enemigo es grande. Más es mayor su oscuridad.
Debido a esta razón nos vimos obligados a crear una técnica para luchar esta batalla. Nadie está de acuerdo en usarla para acabar con la vida de otro ser humano, pero no es algo que podamos elegir. Son ellos o nosotros, es la ley de vida.
Los Uchiha son arrogantes, engreídos y sumamente fríos. Son un clan antiguo, el más poderoso hasta ahora. Gracias a eso piensan que son indestructibles.
Pero nosotros somos los Haruno, somos luchadores. Somos un clan unido que pelea por sobrevivir. Un clan que evoluciona, que está constantemente en cambio. No nos gusta la violencia, pero cuando somos amenazados peleamos, nos defendemos con uñas y dientes.
Queremos que nuestros niños aprendan cómo sobrevivir en este mundo tan cruel no sólo usando la fuerza física. Que aprendan a curar en vez de herir.
Yo soy la ninja médica de esta aldea. Lo que he visto en esta batalla es la maldad que puede haber en las personas, el odio hacia sus congéneres es sólo igualado por su egoísmo y soberbia.
Mi hija Miko y yo diseñamos una técnica que nos permitiría controlar a nuestro deseo los conductos de chackra del cuerpo humano, logrando así manejar las líneas sucesorias de los diferentes clanes que nos ataquen. Sólo los ninjas con la sangre del clan Haruno pueden ser capaces de aprender y usar esta técnica.
Los ancianos del consejo se vieron muy orgullosos de nuestra creación y nos apremiaron a que les enseñemos a los shinobis cómo utilizarla.
Mi hija está embarazada, por lo que su esposo es el encargado de enseñar esta técnica a los que van a pelear. Kai es un buen muchacho, ama verdaderamente a mi hija y al bebe que están esperando.
Pero hay un sentimiento que permanece oculto en mi interior. El miedo.
Cada cien años, un poder fuera de lo normal nace en mi familia. Un poder capaz de hacer frente a los Bijuus, los seres demoníacos que son encerrados en cuerpos humanos para evitar que hagan daño.
Mi nieta es la que va ser poseedora de este gran poder. Sí, será una niña. Sólo una mujer es capaz de controlar este poder. Sakura. Ese es el nombre de la poderosa fuerza que pertenece a mi familia. Ese será tu nombre, pequeña.
Estoy segura que de alguna manera este pergamino te encontrará. Sólo espero que no nos odies por ocultarte tu pasado. Pero sólo así estarás a salvo en aquel lugar en el que vivirás cuando nazcas. Yo ya soy vieja. No sobreviviré a esta guerra. Tu madre y tu padre te cuidarán y espero que vivan lo suficiente cómo para que puedan explicarte cuidadosamente tus poderes.
Sientes la energía en tu interior, Sakura? Ella te protegerá de todo mal. No hay línea sucesoria que pueda contra tu propia línea, Seigyo. Control. Porque eso es lo que tú tendrás sobre ellos, mi niña, Control.
Debes recordar que tu poder evoluciona como tú te lo propongas. Crea, modifica, inventa. Tu imaginación es el límite, pequeña Sakura. Lamento no ser de mucha ayuda, pero nadie supo realmente cuáles eran las cualidades de aquel gran don. Sólo puedo decirte que practiques, con el tiempo verás qué es lo que eres capaz de hacer.
Recuerda, aún antes de nacer, todos en el clan te amábamos. No estás sola, siempre habrá alguien que te cuide y te ame, sólo tienes que aprender a mirar a tu alrededor."
