Capítulo III.

"El maestro y los Rangers"

Con los dos detenidos en ficticia libertad, la ciudad volvió a su rutina. El éxodo preparado en unas horas se quedó en nada y ambos Rangers siguieron con sus investigaciones cada vez más convencidos de que uno de los dos rancheros (si no los dos, por separado) pretendía expulsar a los mexicanos de Brownsville para quedarse con sus tierras.

Siguieron alojados en la posada. La dueña, Dalila, en agradecimiento por liberar a sus amigos, no aceptaba su dinero, "Podéis quedaros todo el tiempo que necesitéis, la habitación es vuestra, y siempre tendréis un plato de comida cuando lo necesitéis", de la misma manera tenían barra libre en el "Oasis Frontier" aunque hubiesen reducido sus visitas al salón.

Jared y el maestro habían logrado evitarse durante un par de días. La tercera noche el Ranger volvió a encontrarse al pistolero desarmado junto a la herrería de Cruz. Al parecer era su sitio de relax.

Jensen vio la sombra alargada del muchacho y se preparó para la conversación que había estado evitando. Podía ver perfectamente el odio del chico reflejado en cada mirada o cada gesto que le dirigía, por lo que no comprendía por qué los había liberado.

El joven Ranger tomó asiento a su lado en la empalizada que cerraba los establos de la herrería. "No llevas armas" le dijo. El maestro no respondió. Simplemente esperó a que le contara lo que hubiese ido a decirle.

- No te comprendo, Dallas – empezó por fin – no te vas del pueblo, impediste a tu amigo que nos atacase, no quieres llevar armas… ¿Qué pretendes?

- Mi nombre es Jensen ¿Qué quieres de mi Ranger?

Esa noche había luces en las casas y la oscuridad no era tan densa, el pistolero se quitó las gafas y se restregó los ojos antes de volver a colocárselas.

- Que dejes de fingir ser un buen tipo, eres un asesino – Jared dijo las tres últimas palabras con asco y convicción

- ¿Por qué me has dejado libre? – el maestro no lo admitiría, pero esa afirmación le había dolido, sobre todo porque sabía que era cierta.

- Me importa lo que le pase a esa pequeña, no he venido a crear una revuelta, he venido a evitarla.

Durante unos minutos ambos hombres permanecieron en silencio, sólo el suave sonido tras la empalizada que los caballos hacían al golpear el suelo con las patas, rompía la monotonía de la noche.

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Los forajidos montaron a caballo. El adolescente se separó del cuerpo de su padre con la pistola del muerto en la mano. "¡Voy a matarte! ¡Baja del caballo y enfréntate a mí!" dijo apuntando con ambas manos al joven rubio que lo había dejado huérfano.

Kid Dallas desenfundó y disparó al arma que salió despedida a varios metros. "Olvídalo chico" le dijo al muchacho que lo miraba desencajado a medio camino entre el odio y el miedo, "No empeores las cosas"

La partida de bandidos se marchó al galope, dejando atrás el rancho de Cooper y los dos muertos. "¡Te encontraré! ¡Algún día te encontraré y pagarás por todo lo que has hecho! ¡Recuérdalo Kid Dallas! ¡Te encontraré y te mataré!"

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Ambos recordaban una amenaza de hacía casi quince años como si hubiese sido formulada el día anterior. Jensen suspiró, y miró el gesto duro y concentrado del muchacho sentado a su lado.

- No me retes chico, no me pidas que me bata contigo en duelo – pidió sinceramente

- ¿Tienes miedo de que te dé tu merecido? – le escupió más que preguntó

- Soy más rápido que tú.

Antonio Cruz salió de su casa con un farol de aceite en las manos, la suave luz del mismo sacó helados destellos de los ojos del pistolero. Jared sabía que no le estaba amenazando, que sólo estaba haciendo notar un hecho que ambos conocían demasiado bien. El Ranger, en todo el tiempo que llevaba al servicio de la ley, no había visto a nadie más veloz con un arma en la mano.

- ¿Están bien? ¿Necesitan algo? – preguntó el herrero

- No Antonio – respondió Jensen – sólo estábamos hablando

- Buenas noches tenga entonces maestro, y usted también Ranger – dijo el mexicano volviendo a la casa.

Desafortunadamente llevaban el mismo camino. Jensen vivía en la posada de Dalila y Jared se alojaba allí. La vuelta fue tensa y silenciosa. Antes de entrar, mientras pasaban junto al cobertizo que hacía las veces de escuela Jared tomó al maestro por las solapas y lo sujetó contra la pared de madera.

- No he olvidado nada, asesino. Si ahora estás libre es porque no iba a permitir que esta ciudad se fuese a la mierda. Pero entérate, cuando termine mi trabajo aquí te detendré de nuevo, te llevaré dónde deben estar los tipos como tú.

- ¿En una fosa? - replicó desafiante el más bajo.

- No, encerrados en la celda más sucia de la prisión estatal – replicó el otro tan cerca de su cara que podía sentir su aliento en el rostro.

El Ranger soltó al rubio pistolero y subió a su habitación.

LLdKD

La identidad de Kid Dallas era ahora de conocimiento público en Brownsville. Aunque entre sus conocidos no fuese ninguna sorpresa (era un secreto a voces), a muchos sí les impactó la auténtica personalidad del maestro.

Las actitudes de prepotencia y superioridad de los vaqueros de Wayne y de los otros rancheros hacia el joven desarmado cesaron como por arte de magia. Quien no había presenciado el duelo tenía noticias de él de primera mano, ninguno se atrevería a retar a Kid Dallas… no de frente.

Kane entró en la oficina de telégrafos y envió un mensaje a su superior, el Coronel Finch, poniéndole al corriente de la liberación provisional del legendario pistolero y pidiendo un mes de plazo para resolver la situación antes de detenerlo de nuevo.

No quiso preguntarse a sí mismo por qué había evitado nombrar a Steve Carlson en ese mensaje. El tiempo le acabaría demostrando que, aunque irracional, esa omisión era lo mejor que podía haber hecho.

La contestación del Coronel no se hizo esperar. Le darían ese mes, y al término del mismo un grupo de Rangers se unirían a ellos para detener y trasladar a Kid Dallas a la prisión estatal. Pero, si en ese mes el pistolero desaparecía y no podían atraparlo, el mismo Kane sería el único responsable.

El Ranger más veterano se reunió con su compañero a las afueras de la ciudad antes de ir de nuevo a interrogar a Evaristo Lafuente, uno de los granjeros que más problemas había causado (siempre según las denuncias de Wayne).

- ¿Qué ha dicho el Coronel? – preguntó Jared

- Nos da carta blanca durante un mes, pero no podemos dejar que escape – Chris revisó su montura evitando la mirada de su sobrino.

- ¿Has dicho que "escape"? – el Ranger más alto hizo hincapié en la última palabra dicha por su amigo - ¿Chris?

- No le he mencionado a Carlson – admitió el mayor

- Eso conviene al trato que vengo a proponeros – El maestro estaba allí, ¿cuándo había llegado? ¿Cómo había sido capaz de acercarse a caballo sin que lo notasen?

Jared desenfundó aunque sabía perfectamente que el recién llegado no tenía armas. El pistolero puso sus manos a la vista de los Rangers, apoyadas sobre el pomo de su silla de montar.

- ¿De qué trato hablas? – preguntó con desprecio volviendo a enfundar su colt45

- No escaparé – El pistolero se explicó – dentro de un mes, cuando aparezcan vuestros compañeros, me entregaré sin oponer resistencia.

- No lo entiendo, Dallas – Kane montó y se acercó al maestro desde su caballo pinto - ¿Por qué ibas a hacerlo?

- No ha mencionado a Steve en ese telegrama – Jensen sonrió levemente ante la sorpresa de los representantes de la ley – el telegrafista es amigo mío, también.

- Eso es un delito federal – Rugió Jared

- No, si nadie se entera – el precioso caballo negro del maestro piafó ante la enorme yegua castaña de Jared – tengo fama de ser un pistolero de palabra ¿no?... No tienen por qué confiar en mí pero les juro que si dejan a Steven Carlson al margen yo mismo me colocaré las esposas cuando sea el momento.

LLdKD

Las chicas del salón servían las mesas con su habitual desvergüenza. El propietario secaba vasos tras la barra mientras pensaba en los vasos adecuados para la cerveza. Uno de sus amigos mexicanos le había enseñado cómo la bebían al otro lado de la frontera y planeaba elaborar la suya propia, pues importarla le saldría demasiado caro.

Esaú y Jacob Wayne entraron en el local seguidos de un grupo de empleados. Disimuladamente Steve dejó su Winchester a mano, no era hora de beber, así que esos tipos venían por otro motivo.

No se equivocaba, los problemas no se hicieron esperar, los hijos del acaudalado ranchero se acercaron a la barra con las manos ostentosamente cerca de las armas. Eran una copia repetida, joven y estúpida de su progenitor. Si el viejo Isaías Wayne era prepotente, al menos, su larga experiencia le hacía comprender con quién podía enfrentarse y con quién no.

Sus hijos no estaban ahí obedeciendo órdenes, sino queriendo demostrar, por su cuenta que podían deshacerse del maestro aunque fuese el mismo Kid Dallas. Antes de tomar su rifle, Carlson se encontró encañonado por varios revólveres.

- Queremos que le des un mensaje a tu "amiguito" – indicó Esaú, el mayor de los hermanos y también el más bruto

Yo tengo muchos "amiguitos", ¿Cuál de todos vosotros necesita que le dé un mensaje? – se burló el barman con ambas palmas de las manos sobre la mesa.

Esaú Wayne colocó el cañón de su Smith&Wesson en la frente del jocoso propietario del salón. Fue la señal para que las muchachas que trabajaban en el bar apareciesen de golpe en escena. Coleman, el veterano capataz jefe, compañero de armas del viejo Isaías advirtió a sus patronos que andaban en suelo resbaladizo.

Jacob, que apenas medía cinco pies y medio y era bastante más delgado que su hermano mayor, ordenó a dos de los Cowboys que sujetasen a Carlson. No fue fácil sacarlo de detrás del mostrador, de hecho, hasta que no envió a todo el grupo por él sólo obtuvieron un par de empleados con los dientes saltados.

La pelea no tardó en convertirse en un todos contra uno, brutal y sin concesiones. Coleman se vio obligado a evitar que los hijos de su patrón acabaran con el propietario del Oasis Frontier.

El veterano capataz era consciente de que si los dos inexpertos rancheros mataban a Carl Stevenson, el "Kid Dallas" que vieran el día anterior sería una anécdota comparado con el que tendrían que enfrentar si provocaban su venganza.

Y no es que hubiese leído (no sabía leer) u oído hablar de las novelas por entregas sobre el pistolero, ni siquiera de la venganza que durante diez años, el rubio pistolero llevó a cabo contra el destacamento de soldados azules que asesinó a su familia. Coleman sí había escuchado hablar de la banda de Carlson y sus integrantes, y todos los que sabían algo sobre la misma y habían hablado con él coincidían en que el más peligroso era el chico que seguía el hijo del jefe como una sombra, casi con adoración.

Así que detuvo a Esaú cuando comenzó a patear el estómago del hombre caído, apartándolo casi a la fuerza.

- ¡Déjame Coleman! ¡A este hijo de Puta se le van a quitar las ganas de reírse de nosotros! – Rugió el mayor de los Wayne

- Tranquilo muchacho, si te lo cargas no podrá dar el mensaje a su "amiguito" – Intentó hacer razonar el capataz

- Coleman tiene razón Esaú – El más joven se inclinó hacia Steve que yacía encogido en el suelo de madera – Dile a tu "putita" ¿O es al revés?... Que lo esperamos al amanecer junto a la funeraria, para meterle dos plomos en el pecho.

- Tendrás que especificar – tosió el barman aún con fuerzas para burlarse de los vaqueros que lo habían apaleado – nada más que en el salón tengo cinco "putitas" y vuestras hermanas tienen una entrevista conmigo a ver si las contrato también.

Como era de esperar se ganó un par de puñetazos más, esta vez del Wayne de menor edad. Los hijos del ranchero y sus hombres abandonaron el salón mientras las chicas de Steve se atrevían a acercarse por fin para socorrerlo.

- ¡Coleman! – llamó el propietario del Oasis Frontier - ¿tu patrón sabía los planes de los idiotas de sus hijos?

- ¿Y qué si lo sabía? – replicó el rezagado capataz

- Si lo sabía, no tengo nada que decir pero, si no… - La espera respetuosa del veterano vaquero le hizo comprender que no se había equivocado – si no lo sabía, los desperfectos del salón y mi orgullo herido tienen un precio: 500 dólares o la vida de sus chicos, que decida qué es menos importante para él.

LLdKD

Los dos Rangers y el maestro volvieron a la ciudad con la luna menguante en mitad del cielo. El Ranger más alto seguía, unos metros atrás, a los otros dos que conversaban tranquilamente sobre la investigación de los federales.

Aunque no lo reconociera en voz alta, Jared estaba bastante sorprendido y agradecido por la eficaz ayuda del maestro en los interrogatorios. Si no hubiese sido por él, prácticamente ninguno de los mexicanos hubiese accedido a contar a los Rangers si versión sobre las supuestas revueltas.

La represión contra la población civil cuando Nepomuceno Cortina se alzó contra Fort Brown, las masacres y la falta de diálogo de ejército y Rangers de Texas con los nativos que habían elegido permanecer en territorio de la Unión durante esos trágicos años, hacían que la sola mención de la palabra "Ranger" obtuviese ceños hoscos y puertas cerradas.

Pero el maldito pistolero era uno más entre los mexicanos. A Jensen lo escuchaban con respeto y gracias a sus palabras, después de unos minutos de prevención y dudas, accedían a hablar con ellos.

Jared se sintió molesto cuando el jinete de delante se quitó los lentes para soltar una magnífica carcajada. No había escuchado la última parte de la conversación, ensimismado como iba en sus propios pensamientos, pero la risa del pistolero parecía tan sincera, tan poco fingida, que se sintió excluido.

- No hombre – seguía riendo Jensen – como le digas que yo insinué algo así tendréis un problema para detenerme dentro de un mes…

- ¡Sabía que no podía confiar en ti! – Intervino el castaño furioso – Planeas escapar.

Las risas cesaron como por arte de magia. El maestro echó pie a tierra junto a los establos, y, sin decir palabra, metió su montura dentro. Jared lo siguió ignorando los esfuerzos de su joven tío que trataba de hacerle razonar.

- No te voy a quitar el ojo de encima "Dallas" y no te vuelvo a detener porque hoy has sido de utilidad, no tengo que encerrarte aquí, soy un Ranger, puedo solicitar la colaboración de Fort Brown.

- Estás en tu derecho – musitó el pistolero retirado – estaré en el Oasis Frontier, por si pasas por mi habitación a comprobar que no he huido.

Con un autocontrol envidiable Jensen salió del establo sin ningún gesto de ira, imagen de la dignidad. Kane sujetó a su sobrino de un brazo cuando éste hizo ademán de seguir al maestro.

- ¿A qué ha venido esa escenita chico?

- ¿Qué te pasa? – preguntó el Ranger más joven sorprendido por el evidente malestar del otro.

- Qué te pasa "a ti" ¿a qué ha venido todo esto? – preguntó furioso Chris

- ¿El qué? – se dio cuenta por fin - ¿la discusión? Tú lo has oído, ha admitido que escaparía.

- ¡Por Dios Jared! – el más bajo se echó el largo cabello hacia atrás en uno de los gestos impacientes que le caracterizaban - ¡Estábamos bromeando! ¿Has escuchado una sola palabra antes de suponer lo peor? ¿tienes idea de qué hablábamos o de qué nos reíamos?

- No, yo… - el castaño se justificó – a mi no me interesa lo que diga ese asesino tanto como a ti.

- Escucha damisela ofendida – Kane no supo porqué hablaba así al más alto hasta que una cómica cara de disgusto le dio la razón – hablábamos de Carlson, me cae bien y quería contratar a un par de sus chicas y tomarnos unos tragos, ¿de acuerdo?

- Oh…

- Sí, oh… y resulta que no le "van" las mujeres ¿entiendes? – el rubor cubrió el juvenil rostro del Ranger, haciendo que su compañero se compadeciese un poco de él – por ello me decía que si Carlson se enteraba de que él había dicho eso, no podríamos apresarlo…

- ¿Por qué lo mataría?

- O algo así – sonrió Chris

- Creo que le debo una disculpa – Jared salió corriendo en pos del maestro.

Kane acabó de acomodar a ambos caballos junto al bello ejemplar negro del pistolero y después volvió a la posada pensando que su sobrino a veces era igual que el crío que conociera hace casi quince años.

Jared alcanzó al maestro frente al salón cerrado. Estaba hablando con una de las empleadas y conforme se acercaba a ellos pudo apreciar como palidecía afilándose sus rasgos en una mueca peligrosa. Al llegar a su altura el hielo en los ojos del pistolero le hizo preguntarse mentalmente cómo el mismo verde podía a la vez ser tan cálido como unos minutos antes y tan frío como ahora.

- No tengo calma para tus acusaciones Ranger – le advirtió Jensen con el mismo tono helado en la voz, antes de que pudiera intentar disculparse – han atacado a mi amigo.

- ¿Quién?

- Un par de fiambres.

Continuará...