Capítulo IV.
"Lo que no aparece en las novelas"
Dallas, septiembre de 1865
El mayor Robert Carlson observaba a lo único de su familia que había podido salvar de la guerra. Cuando volvió a casa un par de meses atrás después de que el general Watie rindiera la última compañía, se encontró que de su hermosa familia, de su preciosa hacienda, sólo quedaba un crío de doce años trabajando como vaquero para el yanqui que se había apoderado de sus tierras.
Lo mató, pues aquel maldito norteño había provocado la muerte del resto de su familia por hambre. Atrás dejó la tumba de su bien amada esposa y los tres hijos menores (dos niñas de once y diez años y un chico que habría cumplido los ocho ese verano si hubiese sobrevivido)
Steve, el único de sus hijos vivo, cabalgaba en silencio, con la chaqueta de uno de sus soldados mitigando el sol aún molesto de septiembre. Ordenó descansar a su grupo junto a una granja quemada hacía tiempo. A pesar del abandono y la destrucción alguno de los muros de piedra de la casa principal continuaba en pie y podían proporcionarles algo de protección.
Duncan, el viejo sargento que cocinaba para el grupo, fue el que encontró el pequeño cementerio de la hacienda. Con extrañeza se lo mostró al hijo del jefe. Sólo había tres tumbas, una, la de una mujer tenía una preciosa cruz de mármol con su nombre y las fechas de nacimiento y muerte. Las otras dos sólo eran meros agujeros excavados en el suelo y cubiertos con piedras.
Sin embargo, la pequeña parcelita parecía libre de mala hierba y los raquíticos rosales junto a las fosas no tenían ni una hoja seca. Steve se arrodilló junto al amarillo, e hizo ademán de tocar uno de los pequeños capullos destinados a embellecer la tumba más pequeña.
Lo que creyó que era un animal salvaje le mordió la mano marcándole los dientes tan profundamente que el sargento casi no pudo quitárselo de encima. Mientras el viejo militar sujetaba a la furiosa criatura que gruñía bajo unas greñas rubias quemadas por el sol, el hijo de Carlson se dio cuenta de que su atacante era un niño, no mayor que el hermano que había perdido el año anterior.
- Suéltelo sargento, es sólo un crío – pidió al cocinero, y dirigiéndose al chico le dijo señalando el pequeño panteón – no iba a cortar esa flor, sólo miraba, ¿es para ellos? ¿son tu familia?
El adulto soltó al chiquillo que desapareció en cuestión de segundos. Pasaron unos días ocultos en el rancho abandonado. En las visitas que alguno de los hombres hizo a la ciudad para conseguir provisiones se enteraron de que había sido destruido un par de años antes por soldados de la Unión y que todos sus ocupantes habían muerto.
Steve pasaba el tiempo aprendiendo a disparar con su padre y Duncan, el muchacho disparaba bien, pero lo que realmente dominaba era el rifle, el grupo de ex soldados al margen de la ley que seguían a su padre, estaban comiendo carne gracias a él.
A veces el muchacho creía ver una sombra o sentía que alguien lo observaba. Pronto marcharían de allí. Su padre iba a asaltar la diligencia que llevaba los fondos para el banco principal de Dallas.
Como todas esas noches se acercó al pequeño cementerio con un poco de comida, dándose cuenta, satisfecho, de que la del día anterior había desaparecido. El niño no había vuelto a atacarle, aunque tampoco se había dejado ver. Pero esa vez estaba allí, esperándole.
- Hola, veo que tienes hambre – dijo ofreciéndole el trozo de pan y medio conejo asado
Cuando el chico alargó la mano para tomar la comida sujetó su muñeca. Estaba muy flaco, casi como Rob cuando murió. No iba a dejar que este niño se muriera, él lo iba a cuidar, no se volvería a morir nadie de hambre si él estaba cerca.
El pequeño se retorció y trató de morderle sin éxito, esta vez estaba preparado. Lo abrazó susurrándole que no le haría daño, que sólo quería ayudarle, hasta que se calmó. Cuando lo llevó con los demás el niño huyó otra vez.
Durante un par de noches siguió yendo a visitar las tumbas con la esperanza de encontrarlo, pero ni siquiera se había comido lo que le había llevado en días anteriores. El día previo a su marcha de allí lo volvió a encontrar.
Había estado cazando y mientras llevaba lo que había conseguido al campamento para que el viejo sargento las preparara encontró al chico inconsciente, al parecer se había caído y se había golpeado la cabeza.
Consiguió despertarlo y convencerlo de que fuera con él. Algo había cambiado en la actitud del pequeño que empezó a seguirlo desde ese mismo momento como si fuese su hermano o parte de su familia. Los miembros de la cuadrilla comenzaron a llamarlo Kid, aunque el chico al único que se acercaba aparte de Steve era a Duncan.
Carlson se negó en redondo a que su hijo se llevase al niño con ellos. Eran una banda de forajidos, de excombatientes que lo habían perdido todo, no podían ir por ahí con una guardería a cuestas. Pero el cocinero apoyó al chico, y salieron de Dallas con un nuevo integrante de la banda.
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La pequeña Mary había salido a buscar a Jensen, por suerte Jared la vio equivocarse de calle y la alcanzó cuando la niña empezaba a hacer pucheros, perdida en la oscura noche.
- Ey, pequeña, ¿vienes conmigo?
- No, tu eres malo, quieres llevarte a mi tío – le replicó la pequeña con un mohín disgustado y las lágrimas brillando en su carita
- Oh…
- Mary, no seas cruel con el Ranger – Jensen no sabía por qué, de repente, el otro había echado a correr, ahora se daba cuenta del motivo - ¿qué haces sola en la calle a estas horas?
- No quería que te pusieses triste y vine a avisarte, el tío Carl está en casa, y está bien – dijo la chiquitina de corrido
- ¿Qué? – el pistolero cogió a la niña en brazos y se encaminó con ella a la posada
- ¿Recuerdas cuando me caí de Runagate? ¿cómo te asustaste?
Ni el ex forajido ni el Ranger sabían dónde quería ir a parar la pequeña. Jensen asintió con la cabeza, claro que lo recordaba, quería a su caballo con locura, pero cuando vio el pequeño cuerpecito inerte bajo las patas estuvo a punto de pegarle un tiro en la cabeza.
- Es igual tito, asusta un poco porque tío Carl tiene sangre, pero no tiene nada roto y en seguida estará bueno otra vez, no pasa nada – le dijo tan convencida que Jared se la hubiese comido a besos, empezaba a entender la adoración del pistolero por la niña.
- Ok – dijo en pistolero roncamente dejándola con un ligero abrazo en el suelo frente a la puerta.
- ¡Mary! ¿Dónde…? – Delilah calló al ver a su amigo frente a ella – Jensen, no te alarmes ¿vale? Es mucho menos de lo que parece… Está en tu habitación.
Jared no supo por qué siguió al pistolero. La habitación era tan grande como la que compartía con Kane en el segundo piso y tenía una entrada independiente por la calle. El otro Ranger estaba allí charlando con el hombre apaleado que se incorporó bruscamente al ver entrar a su amigo.
- ¡Tranquilo chico! ¡No es nada!
- ¿No es nada y estás ahí? – Jensen parecía mucho más asustado que furioso
- Son un par de cobardes pero Coleman iba con ellos, ¿vale? No vamos a iniciar una guerra. No ahora – insistió el herido
- ¿Cuántos?
- Son sólo unos mandados Kid
- ¿CUÁNTOS?
- ¡CÁLMATE!
Steve se levantó pese a dolerle cada puñetero hueso del cuerpo y sujetó al muchacho por los hombros. Conocía esa mirada, la que tenía con once años cuando reconoció a uno de los hombres que mataron a su padre. La que tenía cuando robó el colt del viejo Duncan, ese que aún guardaba bajo llave, y retó a un hombre hecho y derecho matándolo de un tiro en la frente.
Jensen era su hermano, su responsabilidad, no iba a dejar que hiciera ninguna estupidez. No ahora con los Rangers encima y el nuevo destacamento enviado a Fort Brown para la reconstrucción del puesto militar.
El otro temblaba de furia bajo sus manos ajeno a todo lo que le rodeaba hasta que al notar el rictus de dolor en el rostro de su amigo la preocupación pudo con todo lo demás.
- Estoy calmado – respondió – échate un rato tío, no tienes buen aspecto
- Sólo si me prometes que no harás nada
- Pero…
- ¡Kid! No me obligues a recordarte tu juramento – lo haría, por mucho que a los demás les pareciese una chiquillada para ellos dos no lo era
- Steve, no…
- Lo juraste chico
El rubio salió de la habitación y se marchó al establo. Carlson se sintió un poco mal por haber tenido que recurrir al juramento que se hicieron de críos pero se había visto obligado a hacerlo. Pocas veces había visto a su amigo tan alterado como esa noche, ni siquiera la pequeña Mary había sido capaz de aplacarlo en su inocencia.
- ¿No le sigues o mandas a alguien? – preguntó Jared al dueño del "Oasis Frontier" un tanto descolocado
- Ya no hace falta – sonrió cansado el herido volviendo a acostarse – habrá ido a hacerle una visita a Runagate, no va a hacer nada por el momento.
- Yo no estaría tan seguro – replicó desconfiado el Ranger más alto.
- Jensen no ha roto una promesa en más de veinte años, cuando hace un juramento lo lleva hasta el final – replicó Steve – Cuando Kid tenía once años mató a un hombre con la pistola de nuestro cocinero
- ¿Duncan? – preguntó Kane, al ver la mirada de su sobrino replicó – me has contado tantas veces la historia que habías leído en las dichosas novelitas que algo se me tenía que quedar.
- Si, el viejo sargento Duncan Coyote, aunque esas novelas no son muy exactas que digamos, lo que os voy a contar no aparece en ellas – Steve estaba dispuesto a que al menos uno de los dos Rangers pudiese comprender a su amigo – Años después supimos que ese tipo era uno de los integrantes de la cuadrilla que asesinó a la hermanita de Jensen y fusiló a su padre, entonces sólo pensamos que aquel tipo se había metido con Kid, que llevaba unos meses muy agresivo. Huyó, estuvo casi dos días sin aparecer, yo estaba muy preocupado y Duncan estaba furioso porque le había robado su colt para matar a aquel tipo.
- Ya era un asesino de crío – replicó con desprecio Jared
- Tienes que reconocer que cuando matan a tu familia delante de tus ojos, tu forma de ver el mundo cambia – Steve calló de esa manera al joven empeñado en interrumpir y prosiguió su historia – A los dos días volvió y devolvió su revólver a Duncan. El viejo sargento le dio una paliza que por poco lo mata, tuve que pararlo para que no lo hiciera. El caso es que yo también estaba muy enfadado, pero ya llevaba con nosotros casi tres años y era más que mi amigo, era mi hermano pequeño.
- Qué tierno – Kane le dio un capón en el cogote a su sobrino - ¡Autch! ¡Chris!
- Él sólo podía contar con nosotros dos y le apartamos durante meses – prosiguió ignorando la nueva interrupción – una noche, se acercó a nosotros y nos dijo que no podía seguir así, creímos que se hacía el chulo y que quería pelea, pero sólo nos suplicaba que le perdonásemos. Tenía uno de los cuchillos del cocinero en las manos, y antes de que pudiésemos hacer nada se rajó la palma de la mano derecha y nos juró por su sangre que jamás volvería a defraudarnos.
- Qué bonito – opinó Jared apartándose del alcance de su tío
- No lo entendéis, en más de veinte años nunca ha roto su promesa, ni cuando murió el viejo Duncan ni más tarde – Steve se echó en la cama cansado – ahora estará cuidando de los caballos y limpiando el establo, es lo que suele hacer cuando no quiere pensar… Sé que no tienes motivos para creerme Padalecki, sé que ha hecho un trato, puedo imaginar cual y trataré por todos los medios de que no lo cumpla, y la única forma de que lo rompa es conseguir que lo rompáis vosotros primero.
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Jensen no necesitaba ninguna lámpara para orientarse en el establo, incluso era capaz de distinguir su propio caballo sólo por el olor. El pura sangre negro como la noche lo saludó a su manera, parecía dispuesto a un paseo nocturno.
- Esta noche no, amigo mío – Cogió un cepillo y se dedicó a eliminar todo el polvo acumulado sobre la brillante piel del animal – Steve es idiota, ¿sabes?
Cuando terminó con Runagate continuó con los de los Rangers, y los demás ocupantes de la posada. Había perdido la noción del tiempo, sacó el estiércol, barrió el establo, echó más paja seca al suelo… Estaba saliendo el sol cuando acabó de llenar los abrevaderos de agua y comida.
Apestaba a cuadra cuando terminó. Sería mejor que se limpiara un poco o Mary se encargaría de avergonzarlo ante todos. Calentó un poco de agua y llenó el viejo tonel que usaban los clientes de la posada para quitarse el polvo del camino. Durante un segundo dudó si lavar al mismo tiempo la ropa interior, se sentía observado ¿y si la pequeña había despertado ya? Achacó la sensación al cansancio por no haber dormido nada y se desnudó enjabonándose y metiéndose en el barril.
- Parece que tu amigo tenía razón – Musitó Jared saliendo de la penumbra dónde llevaba un buen rato oculto.
- ¿Me estás espiando Ranger?
- Eres maestro, pianista, camarero y también caballerizo, toda una joyita – respondió el más joven
- Se te olvida "pistolero" – replicó el rubio recostado en el borde de la particular bañera
- No se me olvida. Sólo comprobaba que Carlson no te encubriese y te largases a iniciar una batalla campal en la ciudad – el más alto no reconocería que en ese momento admiraba un poco la fuerza de voluntad del… "¿eso son pecas?"
- No tengo costumbre de faltar a mi palabra – salió del agua, si lo había espiado al meterse no iba a ver nada que no hubiese visto antes.
Se vistió sin añadir palabra, y el jodido Ranger tampoco decía nada, sólo lo miraba. Jensen se giró acabando de abrochar la camisa y ¿Había decepción en la enigmática mirada del chico?, pero ¿qué había hecho ahora?
- ¿Qué quieres Ranger? – el imponente muchacho se acercó invadiendo totalmente su espacio vital. Tomó su mano derecha y la observó como si no creyera lo que estaba viendo.
- Así que cumples tu palabra – la mano, estilizada, mostraba una antigua y profunda cicatriz que la atravesaba como si fuese la línea del destino.
- Estás demasiado cerca chico – susurró roncamente el pistolero, confundido por la actitud del agente de la ley.
Jared no comprendía por qué estaba actuando así, incapaz de soltar la mano de Jensen o de alejarse aspiró el olor a jabón de glicerina que desprendía el pistolero. Estaba asustándose a sí mismo por momentos. Nunca le había atraído ninguna mujer y siempre lo atribuyó a que sólo había conocido chicas de mala vida, ahora sentía… No quiso analizarlo, se alejó bruscamente y salió del establo, aturdido.
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Isaías Wayne entró en la posada acompañado de su capataz Coleman y de sus dos hijos. Fuera, aguardando a que el viejo ranchero resolviese sus problemas con el dueño del "Oasis Frontier" y su amigo, un grupo de vaqueros permanecían sobre sus monturas.
Steve y Jensen desayunaban junto a Delilah y Mary, en otra mesa, los Rangers hacían lo propio. El ranchero se acercó al hombre herido que lo saludó con una sonrisa irónica. El maestro indicó en silencio a madre e hija que abandonasen el lugar.
- Mis hijos tienen una disculpa que hacer – fue lo primero que salió de los labios del viejo
- Pero, Padre no… - Esaú se llevó una bofetada del viejo, ese era el motivo por el que sólo Coleman había acompañado a la familia Wayne en esa extraña reunión.
- Son bastante estúpidos, pero no necesitamos otra guerra en esta ciudad Stevenson – el ranchero parecía realmente enfadado con sus hijos – Son mi familia, y tenéis que entender que si los mataseis tendría que ir por vosotros.
- Entonces ve este problema como yo Wayne – suspiró el barman – entraron a mi local, lo destrozaron, me atacaron y amenazaron a nuestros amigos – al notar la sorpresa de Jensen ante ese último detalle que no le había mencionado prosiguió rápidamente – no podemos dejar que esto se soluciones sin una reparación, pero lo que pretendían sus hijos complicaría mucho las cosas para esta ciudad.
- Quinientos dólares, los he traído, pero es una fortuna, si se los doy ahora, tendré que vender prácticamente todo mi ganado antes de tiempo, quedaría en la ruina – Aún y así puso el dinero sobre la mesa
- También podemos darle el gusto a esos dos y dejar que intenten matarme – musitó Jensen tan fríamente que los hijos de Wayne fueron conscientes por primera vez del error que habían cometido.
- No va a hacer falta Kid – el propietario del "Oasis Frontier" cogió el dinero y lo contó – la reparación de mi local costará unos cincuenta dólares y el mantenerlo cerrado mientras se realiza y me recupero quince dólares diarios. Si me proporciona la mano de obra y un sustituto podríamos llegar a un acuerdo Wayne.
Al final quedaron en que se quedaría cien dólares en concepto de indemnización y que el viejo ranchero se encargaría de la reparación y aprovisionamiento del local, Wayne obligó a sus hijos a disculparse formalmente con Steve y el maestro. En la mesa de al lado los dos Rangers asistieron a la humillación de los jóvenes rancheros presintiendo que aquello no acababa ahí.
- Sabes que no se conformarán ¿verdad? – dijo Jensen cuando Wayne salió del local.
- Lo sé – Steve se levantó y Mary entró corriendo a ayudarle – ay mi niña, que tengo que ponerme malito para que me mimes como a ese gruñón
- El tito Jensen no es gruñón – le riñó la pequeña dándole la mano para llevarlo de nuevo a descansar – tú eres un quejica y si te mimo, pero siempre quieres que te mime a ti solo y tengo más hombres que cuidar.
- Sí claro, pero es que yo estoy enamorado de ti Mary – dijo el incorregible barman haciendo un puchero
- Pero tío, no puede ser, aún soy muy joven - la niña se puso muy pensativa, y tiró de quien consideraba también parte de su familia – voy a tener que buscarte un amor para que no sufras por mí. ¿Tito Jensen? ¿Te duele la barriga? Cuando deje a este gruñón en su cama te haré una zarzaparrilla… Ay que trabajo me dan estos hombres…
Steve estaba haciendo grandes esfuerzos por obedecer a la pequeña y no imitar a su amigo que se sujetaba el estómago con la cara oculta sobre la mesa con el otro brazo, ahogando la risa para que Mary no se enfadara.
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Para Jared Padalecki todo ese asunto no le parecía nada gracioso. No le parecía gracioso el cariño de la adorable pequeña por un asesino que era capaz de reír hasta las lágrimas por las ocurrencias de una cría de seis años charlatana y marisabidilla. No le parecía gracioso cómo esos dos criminales mantenían a raya una ciudad que ni el destacamento del ejército en Fort Brown había logrado controlar desde antes de la guerra y por supuesto, no le parecía nada, pero nada gracioso estar al lado del pistolero y pensar sólo en tocarlo.
Chris no dijo nada cuando volvió del establo, ni después cuando se quedó embobado con la risa del maestro. Pero cuando volvían de visitar a otro de los testigos mexicanos que ya (gracias también al condenado pistolero) si aceptaban hablar con ellos, la paciencia del Ranger más veterano llegó a su límite.
- ¿Pero qué cojones te pasa Jared? Si Dallas fuera una tía diría que te habías pillado de mala manera – gruñó
- No digas idioteces Chris – se defendió Jared, sin demasiada convicción
- No me jodas chico, ¿te gusta? – no necesitaba que el más joven le respondiese, podía vérselo en la cara - ¿Dónde queda todo eso de que es un asesino? Tú lo odias, no confundas las cosas más de lo que están
- Lo odio, no he odiado a nadie tanto como lo he odiado a él toda mi vida, no me gusta – se defendió esta vez con energía el Ranger
- Pues recuérdalo, porque en un par de semanas vendrán por él y si te implicas saldrás mal parado.
- Lo sé, pero… - cayó en la cuenta de que su tío no estaba escandalizado por la posibilidad de que le gustase un hombre – no soy maricón, Chris
- No chico, eres idiota – replicó el mayor con cara de fastidio
- ¡Chris! – resopló Jared ofendido
- A ver, a esos dos, si no te has dado cuenta, no les gustan las mujeres. Están al margen de la sociedad, hacen lo que les da la gana, y cuidan el uno del otro como si los uniese algo más que la sangre, ¿te parece eso peor que cuando iban por ahí cargándose a la gente? – soltó Kane con un poco de envidia
- ¿Chris? – el otro empezaba a estar muy confundido por el curso de la conversación - ¿estás bien? Oye, somos amigos y sabes que haría cualquier cosa por ti
El Ranger de más edad paró su montura en seco y se quedó mirando a su sobrino como si quisiera matarlo. Su expresión se tornó púrpura y bajó del caballo echando a andar con las riendas en la mano.
- ¿Pero qué he dicho ahora?
- Te estabas ofreciendo Jared, ¿Cómo has podido pensar eso de mí?
Ahora fue el otro el que palideció al darse cuenta de lo que el mayor había creído. Bajó de su yegua y cortó el paso del más bajo. Kane intentó esquivarlo pero no se lo consintió. No, que va, nadie se iba a mover de allí hasta que no aclararan las cosas y no hubiese malentendidos entre ellos.
Chris no se conformó, empujándole y tirándolo al suelo trató de seguir su camino, pero Jared no iba a dejar las cosas así, sujetó al otro haciendo presa con las piernas y haciéndolo caer a su vez. Kane pataleó soltándose y se puso en pie rápidamente, Padalecki ya estaba en pie y lo sujetó como si fuese un oso abrazando su presa.
- Ya vale Chris, yo no estaba insinuándome ni nada, sólo estaba diciendo que podías hablar conmigo de lo que fuera – jadeó por el esfuerzo de retener al otro - ¿Cómo se te ocurre que podía querer algo contigo?
- ¡Suéltame! – entonces procesó lo que había dicho el otro - ¿qué pasa es que no soy atractivo?
- ¿Te estás oyendo tío? – musitó alucinado el más alto soltándolo
Los ojos azules del mayor de los Rangers pasaron de la más absoluta perplejidad a la risa en cuestión de segundos contagiando al gigantón que asustó a los caballos con su risa.
- Esto no es normal chico – suspiró Kane – me preguntaste que por qué no mencioné a Carlson, creo que sabes la respuesta
- ¡Joder Chris!
- Lo tuyo es peor Jared
- No sé cómo va a acabar todo esto, hace unos días lo hubiese matado si me hubiese dado ocasión pero ahora no quiero ni pensar cómo voy a entregarlo – se había acabado el momento alegre, tocaba sincerarse con quien era casi un hermano aparte de su mejor amigo – creo que tienes razón, me gusta. Pero no puedo dejar que se acerque más, mató a mi padre, sigue siendo un fugitivo en busca y captura y dentro de dos semanas se lo llevarán a la prisión estatal.
Continuará...
